Capítulo VII: A una pared de distancia
-¡Por favor, que las parejas participantes den un paso adelante!
Unas diez parejas dieron un paso adelante, incluidos Harry y Hermione, y Draco y Ginny. Los demás juzgaron que harían el ridículo en el concurso y se contentaron con hacer de espectadores.
-¡El concurso es bastante simple! –anunciaba el anunciador-. ¡Nosotros ponemos el ritmo y ustedes lo bailan! ¡Así de fácil! ¡El jurado será compuesto por los mismos espectadores! ¡Ustedes deciden quién se va y quién se queda! ¡El que reciba menos aplausos se irá con las manos vacías!
Harry y Hermione se miraron, y ambos asintieron en señal de mutuo entendimiento. Sonrieron al ver a Ginny y Draco mirando al techo, como buscando concentración. Y ambos supieron que iban con ventaja; ellos iban sólo a pasarlo bien, en tanto que Ginny quería poner celoso a Harry. Se concentraron sólo en disfrutar cada paso y cada roce como si fuera el último.
-¡El concurso comenzará cuando comience a sonar la música! ¡Buena suerte a todos!
E intempestivamente, segundos después que el anunciador terminara de hablar, la banda comenzó a tocar. Harry y Hermione reaccionaron al instante, tomándose de una mano y haciendo un trompo de forma violenta. Inmediatamente los aplausos se hicieron audibles en medio del salón. A metros de ellos, Draco y Ginny estaban enlazados por ambas manos, haciendo complicados giros. Harry alzó una ceja; no lo hacían nada mal.
-¿Desde cuándo que Malfoy sabe bailar? –preguntó Hermione, mientras giraba sobre si misma con la mano en alto, la cual era sostenida por Harry-. Por lo que tengo entendido, es más tieso que un tronco de sequoia.
-Seguramente Ginny le enseñó unos trucos –dijo Harry, ahora él girando sobre su brazo derecho, sostenido por Hermione-. Apuesto que ella lo convenció de algún modo para que fuera hasta acá.
-Y parece que quiere el premio tanto como nosotros –añadió Hermione, ahora haciendo ese complicado movimiento que hicieron Draco y Ginny al comienzo, sólo que a ellos les salió más grácil y fluido-. Vamos a usar la estrategia. No tratemos de lucir mucho, sólo lo suficiente como para mantenernos en la pista. Se nota que los demás no lo están haciendo bien.
Hermione estaba en lo cierto. En los últimos cinco minutos se habían ido cuatro parejas, y en ese momento, dos más ya estaban en la cuerda floja.
De repente, la música cambió. Ya no era el mismo ritmo de antes. Los músicos habían pasado de merengue a salsa a la velocidad del rayo, lo cual tomó a varios desprevenidos. Una pareja más fue descalificada por el público y ahora, con sólo diez minutos de competencia, la mitad ya no tenía posibilidad de tener un viaje gratis en el barco.
-¡Es uno de mis ritmos favoritos! –exclamó Hermione, pero sólo Harry la oyó. La algarabía era tal que las voces se confundían y la música se imponía por sobre todos los sonidos del salón-. Pégate más Harry, así, y trata de acoplarte a mis pasos. Imita todo lo que yo haga pero a la inversa, como lo ensayamos en la tarde.
Pero no era fácil. Al menos lo era en un cuarto donde nadie estaba mirando y la música provenía de un equipo de sonido. En el salón, con diez personas contra las cuales estaba compitiendo por un premio equivalente a cien mil dólares y una música estridente, era otra cosa totalmente distinta…
Era más divertido.
Y Harry hizo todo cuanto Hermione le indicó. Entre dos parejas que bailaban lo mismo, vio a Draco y Ginny pasándola en grande, ambos pegados al otro como si les hubieran rociado con pegamento en las ropas. Hermione sonrió cuando Ginny la miró y se dieron un guiño mutuo antes de volver a posar sus miradas en sus parejas de baile.
La música volvió a cambiar. Esta vez era tango. Con esto, dos parejas más se fueron eliminadas de la competencia y ahora, veinte minutos de competencia habían transcurrido y quedaban sólo tres parejas. Draco y Ginny cambiaron de movimientos casi al instante, mientras que a Harry y a Hermione les tomó unas cuantas décimas de segundo para adaptarse. Hermione era una experta en tango, y le había enseñado a Ginny a bailarlo, por lo que tenía una ligera ventaja sobre ella. Pero Ginny gozaba de más soltura, lo cual equiparaba las cosas. Y ambas parejas supieron que el premio oscilaba de una pareja a la otra, pues los aplausos se iban apagando para la tercera pareja y, cinco minutos después, abandonaba la pista de baile, quedando sólo Hermione y Harry, aparte de Ginny y Draco, quienes mostraban lo mejor de sí para ganar.
Ambas parejas sabían que el cambio de ritmo se avecinaba. El sudor corría raudo por las pieles de los concursantes y ya comenzaban a jadear. Media hora de baile ininterrumpido estaba haciendo que las piernas de Harry comenzaran a vibrar y a doler. Delante suyo, Hermione resoplaba un poco, pero era poco notorio. Y, como ellos esperaban, el cambio de ritmo llegó, con una sorpresa que desequilibraría la balanza a favor de una de las parejas.
-¡Es lambada! –exclamó Hermione, jubilosa y excitada por alguna razón desconocida-. ¡Ginny no sabe bailar esto!
Y Harry, supo que el concurso era de ellos. Habían practicado también ese ritmo erótico de último como un complemento, pero nunca creyeron que saldría en la competencia. Y los ánimos se encendieron entre los asistentes, contemplando los movimientos del de cabello negro y la del cabello castaño, realizando movimientos candentes y subiendo la temperatura del local. Frente a ellos, Draco y Ginny hacían lo que podían, pero ya no estaban llamando la atención como antes, sino que todas las miradas de los espectadores se dirigían hacia Harry y Hermione, quienes desprendían un aura de sensualidad que hizo que varios chicos patalearan en señal de envidia, al igual que unas cuantas chicas. Y el anunciador se dio cuenta rápido de esto, porque tomó el micrófono e hizo parar la música. El ganador estaba decidido.
-¡Señoras y señores! ¡Ustedes han decidido al ganador! ¡Y… la pareja ganadora es… ésta pareja! -gritó, señalando a Harry y a Hermione, quienes se habían detenido y jadeaban pesadamente, cansados como pocas veces. –Señorita, ¿puedo preguntar su nombre?
-Hermione… Granger.
-Mmm… lindo nombre –halagó el anunciador-. ¿Y el caballero, puede darnos su nombre, para que las chicas presentes lo recuerden?
Harry no respondió al instante. Esperó a recuperar el aire para contestar.
-Harry Potter.
Se sintió extraño cuando ninguna de las personas murmuró ni dirigió su vista hacia su frente, viendo como obsesos la cicatriz en forma de rayo que ostentaba desde que tenía memoria. Sin embargo, algunas chicas le silbaron exclamando cosas que sólo le gritarían a alguien muy apuesto y desde luego, Harry no se consideraba lindo en lo absoluto. Sus encantos eran internos, no externos.
-Bueno, ¡pues ambos se han ganado un pasaje gratis a bordo del Queen Mary II con todos los lujos imaginables incluidos! ¡Recuerden que pueden hacer uso del beneficio dentro de un periodo de dos años! Sus nombres quedarán registrados y, todo lo que tienen que hacer es mostrar estas tarjetas que voy a entregar ahora en cualquier oficina de reservaciones y decidir la fecha de su viaje. ¡Disfruten el premio, señor y señorita!
Harry y Hermione guardaron celosamente las tarjetas y, después de mirarse con sendas sonrisas en sus caras, se dirigieron a la salida del salón, pero fueron interceptados por Ginny, quien tenía cara de haber aceptado la derrota con deportividad.
-¡Los felicito! –dijo, con una cara roja como su cabello, pero sonriente-. Draco no está tan contento, pero le haré cambiar su carita por una más alegre.
-¿Qué piensas hacer? –quiso saber Hermione, aunque Harry ya conocía la respuesta. La sabía al mirar a Ginny a los ojos, los cuales brillaban como diamantes.
-Conozco formas de subir la moral –dijo simplemente, y los dejó, yendo donde su prometido para consolarlo por la derrota. Harry y Hermione siguieron su camino, todavía respirando agitadamente.
-Esto hay que celebrarlo –dijo Hermione, agitando su mano como lo haría con un abanico-. Y no creas que lo vamos a hacer con champaña y galletitas. Lo vamos a celebrar a lo grande.
-Hermione… creo que no…
Pero ella no estaba para indecisiones. Tomó la mano de Harry y se dirigió a las escaleras mecánicas, subiéndolas de dos en dos, ignorando los ascensores. Harry no entendía nada. Aunque supo qué quería hacer Hermione, no creía que fuera una buena idea, estando al lado del cuarto de Ginny, quien debía de estar pensando en lo mismo que Hermione. Pero, lo quisiera o no, iban a haber dos parejas en el último piso cuya noche se iba a alargar bastante.
Hermione apaciguó su marcha y ahora caminaba. Harry miró hacia atrás y, para su sorpresa, vio a Draco y a Ginny. El rubio parecía haber olvidado que había perdido el concurso de baile y sonreía de forma burlona a Harry; sabía que iba a comer del fruto que él nunca pudo sacarle siquiera una mascada y eso hizo que Harry se incendiara en celos. Hermione notó que su amigo estaba apretando su mano con más fuerza y se acercó a él, de forma que pudiera susurrarle al oído.
-Ella tampoco ha comido de su fruto –dijo Hermione en voz baja, lamiendo subrepticiamente la oreja de Harry-. Sólo compórtate como un objeto y disfruta del efecto.
Harry supo que Hermione tenía razón. Compuso una sonrisa maliciosa, mirando traviesamente a Ginny, quien hizo el mismo gesto. Mientras caminaban por la alfombra del último piso, mientras veían desfilar cuadros cuya temática era el océano, Harry y Ginny supieron que estaban por jugar un juego peligroso, el truculento juego de los celos y sabían que uno de ellos iba a salir herido de la batalla. Harry vio a Draco y su prometida desaparecer por una puerta, mientras que él y Hermione entraban a su dormitorio. Apenas entraron, Hermione lo agarró por el cuello de su camisa y lo arrojó a la cama, mientras que ella se bajaba la cremallera de su vestido y lo arrojó lejos, al igual que su ropa interior. Al otro lado de la pared, Ginny hacía lo mismo.
-Te dije que no habría champaña –dijo Hermione, avanzando a gatas sobre la cama, quedando encima de Harry, quien miraba a su amiga con una cara mezcla de susto y emoción-. El baile va a continuar, pero la música esta vez será el deseo.
-Hermione –dijo Harry, sin poder evitar tomar a su amiga por la cintura-. No creo que sea una buena idea… Ginny está justo al otro lado de esta pared, haciendo lo mismo con Draco.
-¿Y crees que no lo sé? –dijo Hermione, acercando su boca a la de Harry-. Piensas que puedes ocultarme cosas, pero siempre has sido transparente para mí, Harry Potter.
-¿Qué quieres decir?
-Qué sé que te gusto y sé que quieres que yo sea tu novia –dijo Hermione, ahora acercando su cuerpo al de él-. Y yo digo, ¿por qué no? ¿Por qué no podemos ser novios? Ya estoy harta de ser sólo tu amiga, cuando podemos ser algo más que eso. Nos conocemos lo suficiente como para aventurarnos más allá, ¿no crees?
Todo eso lo dijo muy lentamente y en un ronroneo seductor.
Harry pensó que todo esto estaba fuera de lugar. Allí había algo raro. Hermione jamás se había comportado de esa forma con él, ni cuando salían juntos como meros compañeros de cama. Jamás, en los trece años que se conocían, se le había insinuado de esa forma, tan abierta, tan desvergonzada… tan obvia. Hermione jamás hacia cosas sin propósito, así que, por lógica, lo que estaba haciendo ahora debía esconder algún motivo, uno distinto al que pretendía exteriorizar con palabras. Podía oír a Ginny con voz velada cosas como "me aseguraré que esta noche quede grabada en piedra en tu mente" o "vas a arder, mi dragoncito". Todo eso no hacía más que echar leña al fuego.
-Hermione… ¿qué pretendes?
Ahora la castaña estaba moviendo sus caderas, frotando su cuerpo con el de él, haciendo que sintiera unas extrañas ganas de quitarse la ropa lo más rápido posible.
-Te amo, Harry Potter.
Eso ya era demasiado. Harry, sacando fuerzas de flaqueza, se sacó a Hermione de encima, pero no resultó como lo había imaginado. Ahora él estaba encima de ella, lo cual actuó como una poderosa droga, vaciándolo de pensamientos, de dudas o de temores. Lo único que importaba era besar, lamer y calentar ese cuerpo, ese invitador cuerpo que sentía en toda su extensión en ese momento.
Hermione acercó su boca a la oreja de Harry otra vez y le dijo… sólo sígueme el juego.
Y Harry comprendió en un instante las intenciones de Hermione. Debió haberlo sabido hace siglos ya qué era lo que pretendía su amiga. Y se maravilló de la sutileza con la que actuaba.
-Yo también te amo Hermione –dijo, besándola al fin, mientras se quitaba sus prendas una por una-. Quiero tu cuerpo, quiero tu sexo, quiero todo de ti –añadió, echándole más pimienta a la situación, y asegurándose que Ginny pudiera oír todas y cada una de sus palabras.
Y, sin margen de error, oyó a Ginny decirle a Draco-. Quiero que me devores, que me quemes, hasta que me consuma en llamas…
Y, a partir de ese momento no hubo más palabras. Harry se había despojado de toda su ropa y volvió a su lugar junto a Hermione, besándose y tocándose como si sus manos fueran independientes de ellos, como si fueran capaces de sentir deseo también. Hermione, al parecer, no quería esperar mucho tiempo para sentir placer, porque envolvió en un abrazo apretado a Harry y lo obligó a hundirse en ella, y Harry quería explorar, una vez más, sus profundidades.
-¡Ay, Harry! –exclamó Hermione, arañando un poco la espalda de su amigo. Harry sintió las uñas de la castaña morder su piel, y se hundió más en el cuerpo de ella, y Hermione gimió fuerte, sujetando los postes de la cama con sus manos y aferrándose con fuerza a la espalda de Harry. Él pudo escuchar a Ginny gemir del otro lado de la pared, incluso podía oír cómo los postes de su cama chocaban contra la madera y el metal. Al parecer, lo de ella y Draco parecía ir en serio.
Sin embargo, ni Harry ni Hermione dijeron algo, al menos en tono de conversación. A veces gritaban cosas, para que la pareja de al lado pudiera escucharlos.
-¡Párteme el alma, Harry! –clamaba Hermione-. ¡Hazme vivir de verdad!
Harry se sintió más animado y redobló la intensidad con la cual brindaba placer a su amiga. Ahora era ella la que estaba encima de Harry y su cabello húmedo de sudor se derramaba sobre la cara de Harry. Hermione lucía hermosa, mirándolo con unos ojos de intenso deseo, su boca entreabierta, lista para besarlo, lista para llevarlo a una dimensión donde la felicidad era la regla universal. Era secundario el propósito de poner celosa a Ginny: el verdadero motivo era pasarlo bien, de una mejor forma en que lo hubieran hecho en el pasado. Lentamente, abandonaron el juego de los celos y pasaron a uno más íntimo, más de los dos.
-¿Recuerdas una vez que te dije que eras el mejor con el que he salido? –susurró Hermione, haciendo una breve pausa en su danza sensual. Harry la tomaba por las caderas cuando se vio sorprendido por la interrupción.
-Sí, me acuerdo. Pero…
Hermione hizo un gesto de silencio y Harry no dijo nada más.
-Pues es verdad –dijo ella, esta vez en su oído para que sólo él pudiera escucharla-. Eres el mejor. Y por eso mereces estar con la mejor, y ambos sabemos que ella es Ginny.
-Pero dijiste que no debía involucrarme con ella, porque su situación era muy complicada y que no quería verme y todo eso –dijo Harry, sin una pista acerca de adonde quería llegar-. Lucías seria cuando lo hiciste. ¿Por qué quieres que vaya por ella ahora?
Hermione seguía mirándolo fijamente.
-Porque te la mereces Harry –dijo simplemente-. No importa con quién se vaya a casar, no importa con quién comparta su cuerpo, sea para poner celoso a alguien o no. Ella piensa todo el tiempo en ti. No me lo dice, pero lo puedo intuir, lo veo en sus ojos, en la forma en que te mira a veces. Ella quiere estar contigo, pero las razones por las que está lejos de ti son tan difíciles de entender y de sobrepasar que la sientes a océanos de tus brazos.
Harry había perdido el deseo en un abrir y cerrar de ojos. Se sentía como si una extraña a la que no conocía estuviera encima de él, desnuda y con ánimos de tener sexo. Quería levantarse, tomarse una ducha y dormir, pero Hermione no se movió de su sitio. Al parecer, quería continuar lo que había dejado inconcluso.
-Pero eso no significa que tengamos que dejar esto a medio acabar –dijo Hermione, retomando la actitud de antes, la que los había llevado a la cama en primer lugar-. ¿Quieres continuar, o quieres dejarlo hasta aquí? Aceptaré lo que decidas.
Harry quería dejar el juego, pero algo en la mirada de Hermione hacía que yaciera inmóvil en la cama, como que sus pensamientos y sus deseos no quisieran las mismas cosas. Después de unos minutos de silencio, algo dentro de él decidió que sus deseos debían quedar satisfechos antes de dormir. Tomó las caderas de Hermione una vez más; ella lo tomó como que deseaba continuar y se inclinó hacia él de nuevo y la danza se reanudó, con más calma, menos impetuosa, pero no con menos pasión.
Al otro lado de la pared, Ginny tenía acorralado a Draco entre su cuerpo y la cama. Él lamía sus pechos mientras ella ondulaba su cuerpo como si bailara danza árabe, él tomaba su cintura con firmeza, saboreando su cuerpo, imaginándose que ese Potter estuviera sentado en una silla frente a ellos, atado de manos y pies, viendo cómo su enemigo tenía sexo con su ex novia. Sentía un macabro placer en su interior cada vez que Ginny se movía, ver sus labios relucientes y húmedos, su boca entreabierta, su cuerpo trémulo y deseoso de más. Era suya, totalmente suya, no importaba cuántos gemidos escuchara desde la pared, no importaban las palabras que pronunciara esa odiosa sangre sucia, no importaban los juramentos que ese cabeza rajada pronunciara al aire; sabía que deseaba a la mujer con la que estaba disfrutando y esa era una buena venganza por haber perdido el concurso de baile.
Sin embargo, ciego por el placer que sentía Draco al comer del fruto que a Harry le fue negado, no era capaz de ver los sentimientos que inundaban a Ginny, y que la estaban disuadiendo lentamente de lo que estaba haciendo.
Ginny estaba sintiendo sólo placer físico, un placer que se acaba cuando el sexo se acaba. Aunque su actitud externa expresara que la estaba pasando en grande, la verdad era que otros pensamientos se inmiscuían sin misericordia dentro de ella, haciendo que el sexo con Draco fuera un veneno que la fuera adormeciendo despacio. Sí, era cierto, se movía como si en verdad deseara pasar una noche con su prometido a la fuerza, pero los gemidos, los juramentos y los gritos que provenían del otro lado de la pared la hacían sentirse como si fuera una prostituta en lugar de una mujer que estaba a punto de convertirse en esposa de alguien. No quería lo que estaba haciendo, no deseaba el placer que sentía en sus entrañas. Quería que el hombre que estaba debajo de ella fuera otro, uno que la hiciera sentir una mujer de verdad, que tuviera sexo con ella porque la amara y porque la deseara de verdad, no por un acuerdo ni por un contrato. El verdadero amor no necesitaba pautas escritas en un papel para florecer ni para brillar. Y pensar que un arrebato suyo la había alejado del hombre que debería estar besando sus pechos en ese momento…
Pero la inercia estaba ejerciendo su efecto sobre ella, y era la inercia la que la hacía moverse encima de Draco, una inercia que comenzó con el baile de Año Nuevo. Nada la había hecho pensar que la arrastrarían a la cama, con el personaje con el cual jamás compartiría lecho.
Pero allí estaba, deleitando a su prometido con algo que quería darle a otro.
Su deseo se fue apagando de a poco, moviéndose con menos ímpetu que antes, cada vez más cansada, no por la larga noche, sino por los pensamientos tormentosos que la acosaban. Al final, cuando eran las cuatro de la mañana, Ginny se derrumbó sobre el pecho de Draco y se quedó dormida. Afortunadamente, él creyó que había bailado mucho y no dijo nada. Sólo se limitó a tomar su cabeza y quedarse dormido también, con el agradable pensamiento de haber poseído al fin a la ex novia de Potter.
Harry y Hermione yacían abrazados sobre la cama, agitados, buscando respirar libremente. El sudor corría por sus pieles, haciéndolas brillar a la luz de los candelabros. Eran las seis de la mañana y era evidente que ambos la habían pasado muy bien.
-Te lo digo una vez más, Harry. Eres el mejor –dijo Hermione tras aspirar un gran bocanada de aire. Su corazón todavía palpitaba fuerte y la corriente de endorfinas ya estaba asentándose en su cuerpo-. Pero ésta será la última vez que hagamos el amor.
Harry acariciaba el cabello de Hermione, respirando todavía de forma superficial.
-Tienes razón –dijo-, ésta es la última vez que lo haremos. ¿Dijiste eso de que estabas cansada de ser mi amiga sólo para poner celosa a Ginny?
Hermione suprimió unas ganas locas de reírse.
-Es cierto, pero no le digas a nadie que lo hice.
Harry hizo un gesto de cerrar una cremallera a lo largo de su boca, señalando que podía contar con su silencio. Hermione sonrió.
-Ahora, antes que nos quedemos dormidos, una ducha.
-¿Juntos?
-Como quieras.
Hermione se puso de pie y se encaminó al baño, contoneándose levemente, como queriendo invitar a su amigo a que la acompañara. Harry también se puso de pie, siguiendo a su amiga, pero algo lo detuvo. Un pedazo de pergamino en el suelo. Harry, intrigado, lo tomó. Estaba plegado en dos y vio que estaba cerca del lugar donde el vestido de Hermione había caído.
-¡Hermione!
Pero ella no escuchaba. El sonido del agua caer de la ducha amortiguaba cualquier sonido. Harry tomó el trozo de pergamino, lo extendió y lo examinó detenidamente. Parecía ser una simple cuenta por algún libro que compró Hermione…
Pero no era ninguna cuenta de Hermione.
Era algo mucho más complejo que eso.
Al parecer, era una de las razones por la cual Ginny debía comprometerse con Draco. Nunca, en todo lo que llevaban separados, se pudo haber imaginado que aquello pudiera significa una vida junto a alguien indeseable.
Nota del Autor: Para la escena del concurso de baile me inspiré en un concurso de baile real en el que participé y gané junto a mi ex novia (que en paz descanses, amor mío) la noche en que la conocí, claro que fue en una discoteca y sólo se bailaba reggaetón.. jajaja…
Los saluda desde la Torre Sears… Gilrasir
