El agua corriendo por su cuerpo actuaba como una manta invisible que la protegía de todos los pensamientos negativos. Su mente había quedado en blanco una vez que puso un pie dentro de la bañera y giró la llave. Sentía cómo sus músculos tensos por la preocupación y el estrés comenzaban a relajarse poco a poco. El agua estaba ligeramente caliente y con el pasar del tiempo se volvió mucho más fría. Suspirando, abrió sus ojos y cerró la llave, envolviendo su cuerpo con la toalla. Su cabello mojado se adhería a su rostro y sus hombros desnudos. Su mirada se fijó en el celular que estaba al lado del lavamanos, era la primera vez que llevaba su celular cal baño mientras se bañaba. La pequeña pantalla táctil estaba oscura, sin ninguna notificación nueva. En ese momento su mente fue aturdida por todas sus preocupaciones y por un instante quiso regresar a la bañera y volver olvidar.
Cuando había subido al tercer piso para buscar a Jane, Frost le informó que la detective ya se había ido a su casa porque había decidido hacerle caso (según ella) e irse a casa porque no se sentía bien. Le había parecido extraño en el momento; desde que despertaron esa mañana le había dicho a la detective que no fuera a trabajar, que tomara el día de descanso. No podía evitar preguntarse una y otra ve ¿qué había cambiado para que en ese momento le hiciera caso a Frost? después de casi terminar toda su jornada. No tenía ningún sentido. El carro de Jane no estaba estacionado enfrente de su apartamento cuando pasó después del trabajo, pero para asegurarse de que no estuviera, bajó y subió las escaleras hasta llegar a la puerta del apartamento. Estaba nerviosa en ese momento, suponía que se trataba por la posibilidad que los resultados que había encontrado en la oficina de Susie eran de Jane. No la sorprendió cuando no tuvo una respuesta. Jane no estaba en su apartamento y tampoco estaba en la casa de invitados donde estaba viviendo Ángela.
Después de secarse el cabello bajó a su cocina vistiendo una falda azul marino y una blusa blanca con una chaqueta del mismo color. Unos toques en la puerta trasera llamaron su atención y se alarmó, pensando que se trataría de la detective. ¡Ya era hora!
–Ángela – intentó no sonar decepcionada al ver a la madre de la persona que deseaba ver.
–Maura –la mujer sonrió y miró por encima del hombro de la rubia–. Quería saber si Jane está aquí. Frankie me llamó y me dijo que había salido más temprano porque no se sentía bien.
Maura la observó, ladeando la cabeza. Tenía que ser muy cautelosa con la mujer, no sabía si Jane había hablado con ella o si la había visto durante el día. Pero por la pregunta que había acabado de hacer supuso que no sabía nada, especialmente del paradero de su hija; que era lo que más le importaba saber en ese instante.
–Sí, Jane se sentía mal pero no es para preocuparse –al menos eso esperaba ella–, le ha caído mal la comida que tuvimos en el juego –intentó sonreír al notar el cambio de expresión en el rostro de Ángela–. Pero Jane no está aquí en el momento, puede ser que esté en su apartamento –no era una mentira en su totalidad…no sabía si ya había regresado.
–Estaba segura que estaría aquí, como suelen estar juntas los fines de semanas.
Maura asintió. Ángela tenía razón, mucho antes de que establecieran la relación romántica que ahora mantenían, siempre intentaban estar juntas los fines de semanas, incluso salir a doble citas. Había sido una nueva rutina entre ellas que se creó sin que ninguna de las dos se percatara de ello. Simplemente sentían la necesidad de estar juntas, tanto tiempo como pudieran, eso era lo que les importaba. La diferencia ahora era que Maura no tenía idea de dónde se encontraba la morena. Tampoco quería alarmarse, no quería dar la impresión de que fuera una mujer controladora, nunca lo había sido en una relación y no era algo que cambiaría con Jane. Jane tendría su libertad para hacer lo que deseara. Lo que más le extrañaba y preocupara era que no se había comunicado, tenía su celular apagado y no estaba en su apartamento ¿dónde podría estar?
–Si logró comunicarme con ella te aviso, estoy segura que está bien.
–Gracias Maura, estaré en la casa de invitados ¡Recuerda que el domingo es domingo familiar en el apartamento de Frankie!
–Frankie me dijo, estaré el domingo puntual.
Maura cerró la puerta una vez que la mujer regresó a la casa de invitados. Caminó hacia la mesera y abrió una botella de vino que tenía guardada para alguna ocasión especial. Esta no era una ocasión especial, en lo absoluto, pero necesitaba un buen trago para "aclarar la mente" su mente científica le decía que eso no tenía ningún sentido pero no importaba.
Una vez que se había bebido mitad de su copa, escuchó un sonido familiar; su celular. Dejó la copa sobre la mesa y miró a todos lados, buscando el pequeño aparato hasta que lo encontró sobre el sofá.
"¿Puedes venir a mi apartamento?" releyó por segunda vez.
"En camino" escribía a la vez que agarraba las llaves del auto con la otra mano y salía de la casa.
A diferencia de unas horas antes, ahora el auto de Jane estaba estacionado enfrente de su apartamento. Maura se estacionó detrás del auto y descendió sintiendo una nueva ola de inquietud. De alguna forma tenía que saber de quién era los resultados que había visto, y estaba casi segura que Jane le daría esa respuesta. El frío de la noche golpeó su cara sin piedad, había salido de su casa sin pensar en las bajas temperaturas, en sí, el único pensamiento que tenía en ese momento era una persona: Jane Rizzoli.
No pensó en tocar la puerta, su mano giró el pomo y para su sorpresa estaba abierta. La sala estaba iluminada por una lámpara que había en el rincón al lado de la ventana. La morena no estaba en el salón ni en la cocina.
–Jane –miró hacia la puerta de la habitación. Era el único lugar que quedaba, tenía que estar ahí.
–Maur
La puerta se abrió de repente, un segundo más y la hubiera golpeado en la cara. Jane sonrió al ver la expresión de sorpresa en el rostro de la forense y la abrazó con fuerza, sorprendiéndola. Le tomó unos segundos para reaccionar pero una vez que su mente procesó lo que estaba ocurriendo, sus brazos rodearon las morena y la estrechó a su cuerpo con la misma fuerza.
–Pensé que te había pasado algo…no sabía si estabas bien…
–Estaba en casa de Bertha, el móvil se quedó sin batería.
–¿Cómo te sientes? –se separó para mirarla.
–Estoy bien Maur –tomó la mano de la rubia y caminó hacia el sofá, guiándola con ella para que se sentara–. ¿Quieres algo de beber? ¿Vino?
Maura hizo un gesto de negación con su cabeza; con la copa que se había tomado en su casa había sido suficiente.
–¿Tú no tomaras nada? –preguntó cautelosamente.
–No, Bertha me preparó una de sus especialidades y aún estoy reposando la comida.
Jane se sentó al lado, girándose para quedar cara a cara. Maura notó que estaba inquieta; se frotaba sus manos inconscientemente.
–Maur, necesitamos hablar…
Los labios de Maura se presionaron, creando una fina línea y sintió su garganta secarse.
–¿Te arrepientes de lo que pasó…? –preguntó, aguantando su respiración.
–¡No!...no, nunca me arrepentiría de lo mejor que me ha pasado.
La rubia volvió a respirar, aliviada al escuchar esas palabras. Jane se mordió el labio inferior y se giró, tomando una bolsa de papel sobre la mesa de centro. Su mirada estaba enfocada en la bolsa.
–Esto podría cambiar todo en nuestra relación... –dijo después de unos segundos.
La voz entrecortada no pasó desapercibida de la forense y se preparó mentalmente para cualquier cosa que la morena le podría decir.
–Entiendo si quieres dejarlo… –le entregó la bolsa, observando su rostro.
Maura frunció su ceño y abrió el paquete introduciendo su mano en él, el único contenido de la bolsa era un objeto pequeño. Al enfocar su mirada en el objeto cayó en cuenta de lo que era y se quedó sin aliento. Sus labios se separaron intentando articular los miles de pensamientos que pasan por su cabeza pero había perdido la capacidad para hablar. Alzó su mirada, notando los ojos cristalinos de la morena y sintió como su pecho se restringía.
–Estás embarazada… –susurró pausadamente, desconcertada.
Jane asintió, incapaz de admitirlo en voz alta…aún no lo podía creer…
–No sé qué hacer… –se dijo a sí misma en voz baja.
La mirada de Maura se alternaba entre el pequeño objeto en sus manos y el rostro asustado de la morena. Ella tampoco sabía qué hacer…o decir; por primera vez no tenía una respuesta.
–Por favor di algo –rogó, llevando sus manos a su cabello, desesperada.
–No…no sé qué decir Jane –admitió.
Jane comenzó a caminar de un lado a otro. No sabía qué hacer, si seguir con el embarazo o si detenerlo sería la mejor opción. Trabajaba en homicidios ¿cómo iba a hacer su trabajo si estaba embarazada? Y la pregunta que más le preocupaba en ese instante era cómo afectaría su nueva relación con Maura.
–¿Has hablado con Casey? –preguntó, guardando la prueba de embarazo en la bolsa antes de mirar a la morena a los ojos. La pregunta había escapado de sus labios antes de siquiera pensarlo.
Jane se detuvo y la miró con una expresión confusa; no esperaba esa pregunta para nada. Y considerando las circunstancias, era muy tonto de ella el no hacerlo.
–Intenté comunicarme con él pero no fue posible. Su sargento me dijo que mañana estará disponible…
–Le acabas de dejar las cosas claras… ¿qué harás si quiere ser parte de la vida de ese bebé…de tu vida?
–Ni siquiera sé si habrá bebé, Maura
–¿Estás insinuando que no lo tendrás? Lo llamaste. Si no estuvieras considerando la posibilidad de tenerlo no lo hubieras llamado, Jane –no era consciente de ello pero su tono de voz se hacía cada vez más fuerte.
–No estaba pensando, no estoy segura de que lo esté haciendo.
–Siéntate –le dijo a la vez que ella se levantaba–. Siéntate Jane –repitió cuando notó que la morena no se había movido un centímetro. Una vez que se había sentado, Maura caminó a la cocina, buscó un vaso y lo llenó con agua.
–Necesitas calmarte, sé que es difícil pero inténtalo –le aconsejó, entregándole el vaso para que bebiera. Ella también necesitaba una bebida pero de vino o cualquier cosa que contuviera alcohol.
Jane bebió toda el agua y suspiró recostándose en el espaldar del sofá.
–¿Los resultados de laboratorios son tuyos –ya no necesitaba preguntar.
–Sí…necesitaba estar segura.
–Según los resultados tus niveles de hCG tienes de seis a ocho semanas…
–Ocho…pensé que se me había atrasado, no sería la primera vez, pero entonces empezaron los otros síntomas…
Maura bajó la mirada por unos segundos frotándose la frente. Sentía la mirada de Jane sobre ella. Jane la necesitaba ahora más que nunca.
–Jane –sostuvo sus manos entre las suyas y al alzar su mirada sintió su corazón romperse en mil pedazos al ver lágrimas rodar por sus mejillas–. No importa qué decidas…estaré a tu lado –limpió las lágrimas con delicadeza, conteniendo las suyas.
–Maur…
–Mis sentimientos por ti no cambian por…estaré a tu lado Jane –se acercó a la morena apartando un mechón de pelo para depositar un beso sobre su frente.
Maura agarró el vaso y caminó hacía la cocina. Necesitaba distanciarse para pensar. Jane la siguió con la mirada, observando cómo la rubia fregó el vaso antes de dirigirse al cuarto baño y encerrarse en él.
Esta era una de las pocas veces que se ha sentido sin control. Sus manos sostenían con fuerza el borde del lavamanos y sus lágrimas se derramaban sin control. Se maldijo a sí misma por no tener el control necesario en ese momento tan crucial para ella y para Jane. Su mente le jugaba sucio y no podía sacarse de la cabeza el hecho que Jane estaba embarazada de ese hombre. Sentía algo en su interior que simplemente no entendía qué era, era una combinación de enojo, impotencia y mil cosas que ni ella, la aclamada Doctora Isles, podía entender. Pero sólo una cosa tenía claro y era que sus sentimientos por Jane no cambiarían por nada.
Agarró unas servilletas y se limpió su rostro, componiéndose antes de salir.
Cuando salió al salón Jane no estaba sentada en el sofá y tampoco en la cocina.
–¿Jane? –notó que la puerta de la habitación estaba abierta.
–Aquí estoy Maur
–¿Te sientes bien? –se apresuró a su lado, notando que la morena se había cambiado de ropa y ahora vestía su ropa de dormir.
–Sí, sólo un poco agotada.
–Deberías dormir…has tenido un día muy largo y agotador…
Jane asintió, girándose para caminar hacia la cama pero en ese pequeño instante en que sus miradas se encontraron, notó la rojez en sus ojos y sintió un gran peso sobre su pecho. Maura había estado llorando.
–¿Puedo quedarme?
Jane giró su cabeza bruscamente ¿había escuchado bien?
–Tu ropa está en la segunda gaveta –dijo, sentándose al borde de la cama sin desviar sus ojos de la rubia que abría la gaveta y comenzaba a desvestirse.
–¿Has olvidado encender la calefacción? –preguntó una vez que se metió debajo de las sabanas.
–Creo que sí –detuvo la mujer antes de que se levantara para encenderla y se recostó sobre su pecho sintiendo como Maura las cubría con las mantas–. Con tu calor es suficiente.
Unos minutos después sintió los brazos de la mujer acariciar su espalda lentamente, estrechándola más a su cuerpo. En ese momento sintió su cuerpo relajarse por completo y por primera vez en ese día, su mente quedó libre de preocupación.
Despertar con una persona a su lado era algo nuevo de lo cual aún no se acostumbraba. Pero despertar con los brazos de Maura alrededor de su cuerpo era la mejor sensación que había sentido en toda su vida. Era despertar con una sonrisa en su rostro, y por muy terrible que sea su día sabía que cuando llegara la noche dormiría tranquila con su mujer a su lado. Ella era su fuerza, no importaba el frente que ponía para sus compañeros y su trabajo, no necesitaba ser fuerte con la mujer. Maura conocía todas sus facetas y la había visto y apoyado en sus peores momentos.
–Hola –susurró la rubia al sentir el cambio en la respiración de la morena. Había despertado unos minutos antes y había permanecido con sus ojos cerrados, sintiendo la respiración de la mujer sobre su piel.
–Buenos días –ronroneó, escondiendo su rostro en su cuello.
–¿Te sientes bien, no tienes náuseas? –preguntó, apartando los rizos de su rostro.
–De momento no.
–Te prepararé desayuno, ¿te apetece algo en especial?
–No creo que pueda tomar café…un té estaría bien.
–Tienes que alimentarte mejor –dijo, alzando su rostro con delicadeza, besando sus labios suavemente.
Maura se levantó de la cama y Jane extrañó su calor al instante. Observó cómo la rubia se recogió su cabello con sus manos, peinándolo con sus dedos antes de salir de la habitación.
Se sentó acercando sus rodillas a su pecho. Muchas cosas estaban por decidir…era consciente de que la situación era difícil para Maura también.
–Eso fue rápido –dijo con una sonrisa.
–Bagel tostado y un té.
–Eres la mejor.
–Eso me han dicho –le guiñó, sentándose al borde de la cama, observándola–. Tu mamá debe estar preocupada…
–No te preocupes, le mandé un mensaje, ya he recibido unos cinco, así que lo he silenciado…
En ese instante el celular comenzó a vibrar y las dos lo miraron, esperando que se detuviera.
–No dejará de hacerlo Jane, la preocuparás por gusto.
–Ya después hablo con ella Maur…aún no estoy lista.
Las vibraciones no se detenían y la rubia no pudo contenerse.
–Contestaré yo y le diré que estás conmigo, así no se preo… –sus palabras se ahogaron en su garganta al leer el nombre en el ID.
–Es Casey…
