EL LADO OBSCURO DE TU CORAZÓN

Antonio sostuvo a Tortuga frente a él, cargando al gato para que este estuviera a su altura y pudiera mirarlo fijamente; como era de esperarse, el felino le devolvía la mirada sosteniéndosela firmemente.

-Escúchame bien Tortuga- comenzó a decirle con voz autoritaria –No podemos seguir viendo a Lovino ¿Entiendes?-

El gato soltó un maullido como si estuviera cuestionando la orden.

Antonio relajó su semblante y bajó al gato poniéndolo en sus rodillas para luego acariciarle suavemente la cabeza y las orejas mientras suspiraba lánguidamente.

-No me mires así, es por nuestro bien. Recuerda que Lovino ya tiene a alguien más… sería malo molestarlo si está con esa otra persona así que ya no nos acerquemos más a él- explicó Antonio al tiempo que bajaba un poco más la voz y el cansancio que ya sentía todos los días se volvía más intenso haciéndolo encorvar sus hombros y espalda.

El gato volvía a maullar y por un momento pareció una réplica por esta decisión.

-Esto es lo mejor, estamos a tiempo de olvidarnos de Lovino antes de que se haga algo más serio; no te preocupes, estaremos bien… siempre estamos bien ¿Cierto?- le dijo tomándole las patas delanteras y pintando en su rostro la sonrisa tan característica en él, de nuevo daba aquella imagen de falsa felicidad que podría engañar a cualquiera, excepto a uno.

-Qué asco- dijo Antonio con el tono impregnado de desprecio, cosa que contrastaba notablemente con su expresión feliz.

Lentamente sus labios desdibujaban la sonrisa y sus ojos una vez más se tornaban opacos, un vacío se marcaba en sus iris verdes. Dejó ir al gato que saltó de sus rodillas y él se desplomó en su sillón con desgana dejando sus brazos colgar inertes.

-Estaba tan enfermo de toda esta mierda y otra vez tengo que hacerlo… ¿Cómo se supone voy a ver a Lovino cada vez que me encuentre con él?- el castaño volvía a incorporarse en el sillón otra vez sonriente y resplandeciente.

-Hola Lovi ¿Cómo estás? Espero que bien. ¿Cómo estoy yo? Oh muy bien, tú sabes, cada día sigo queriendo morir un poco más pero no lo he hecho otra vez porque pensaba que algo bueno por fin me estaba pasando pero veo que no es así, por lo tanto estoy retomando la idea de que mi vida es solo una asquerosa colección de porquería, una tras otra ¡Ah! No te preocupes, tal vez la siguiente semana vaya de campamento y en medio del bosque sin que nadie me moleste esta vez logre colgarme de un árbol para terminar de una vez por todas con esto- recitó el español con aquella mueca alegre que de no ser por sus palabras podría tomarse aquello como un discurso feliz.

Por segunda vez se dejó caer en el sillón esta vez boca abajo y ahogó un largo grito que le llevó a sacar todo el aire de sus pulmones, tras esto se quedó en su misma posición tratando de recuperar dificultosamente el aliento.

-De verdad pensé que algo bueno venía para mi… creo que después de todo soy muy estúpido por creerlo. Dios, solo mátame- se dijo ahogando su voz en el sillón sintiendo las punzadas en su pecho cada vez que recordaba a Lovino en su cama y esas manos desconocidas paseando por su espalda.

Junto con el dolor se mezcló un cosquilleo en la palma de sus manos, movió ligeramente sus dedos tratando de imaginar cómo se sentiría esa piel, pero este pensamiento solo lo hizo sentir aun peor.

-Deja de pensar en eso- se dijo a si mismo pero le fue imposible, así que comenzó a pensar que aparte de un pobre diablo deprimido también se estaba convirtiendo en un masoquista.

Por otro lado y no muy lejos de ahí, Lovino estornudaba repetidas veces mientras estaba sentado en la mesa almorzando en compañía de su hermano.

-Ve~ ¿Estás resfriado?- le preguntó Feliciano al mayor que negó con la cabeza mientras se frotaba la nariz.

-Entonces alguien está pensando en ti- comentó ahora el menor con un tono juguetón haciendo que su consanguíneo frunciera el ceño y estuviera a punto de decir que esas eran tonterías.

Era imposible que algo así se pudiera saber solo por un estornudo además de que no había nadie en toda la faz de la tierra aparte de Feliciano que pensara en él a menos que se tratara de…

-Ese tipo- dijo en voz alta Lovino sin quererlo pues recién había caído en la cuenta de que ya habían pasado dos días sin que fuera a verlo, lo que era todo un record considerando el hecho de que ya casi habían pasado casi dos meses con el español haciéndole visitas diarias sin faltar un solo día así lloviera o relampagueara.

-¿Otra vez ese con el con que me engañas?- le cuestionó Feliciano ganándose por ello un golpe en la cabeza por parte del mayor.

-Ya te dije que no hables como si fuéramos novios, idiota- le regañó Lovino escuchando los lloriqueos de su hermano por culpa del golpe.

-Pero hermanito, es raro que hables de otras personas. Ve~ y yo que pensaba que era el único hombre en tu vida- dijo con una exagerada decepción apoyando su rostro en las palmas de sus manos.

-Tú en serio quieres que te deje un ojo morado- le amenazó el mayor ahora golpeándolo en el brazo con el puño cerrado haciendo saltar al otro.

-¡Ouch! No tienes por qué golpearme- volvía a chillar Feliciano viendo a su hermano levantándose de la mesa soltando resoplidos.

-Voy a salir un momento, no tardo- avisó entonces Lovino dirigiéndose a la puerta preguntándose qué diablos estaba haciendo e ignorando a su hermano que le preguntaba a donde iba mientras se frotaba el brazo recién golpeado.

Se suponía que todo ese tiempo Lovino había estado rogando para que la sanguijuela de Antonio se consiguiera algo mejor que hacer aparte de ir a molestarlo siempre, así que no entendía porque diablos ahora estaba pensando justo en él, resintiendo su ausencia, eso no estaba bien, no era algo que fuera con su personalidad, sencillamente él no era así.

Pero ahí estaba, caminando hasta la puerta de su casa y saliendo solo porque se sentía intranquilo por el hecho de llevar dos días sin saber del ojiverde. Aunque también se excusaba diciendo que solo se cercioraría de que el español no se hubiera ido a matar y arrastrado con él a su gato. Claro, solo se trataba de eso, de asegurarse de que el bastardo seguía vivo. Nada más.

Sus pies rápidamente lo dirigieron hasta la puerta vecina y se sintió como un completo estúpido por haber tenido que ir hasta ahí, pero su cuerpo parecía no obedecer a su mente así que para cuando acordó ya estaba llamando a su puerta mientras se maldecía una y otra vez.

Tardaron unos minutos en abrir, minutos que Lovino pudo usar para largarse de ahí y fingir que nunca le había pasado por la mente la sola idea de estar preocupado por Antonio, pero era muy tarde Antonio estaba abriendo la puerta poniendo los ojos como platos.

¡Lovino! ¿Qué hace él aquí? Justo cuando menos quiero verlo.

En el momento en que este pensamiento salió de Antonio (que fue en el instante mismo de abrir la puerta) Lovino no pudo evitar fruncir el ceño y sentir algo parecido a un extraño malestar, como si le hubiera presionado el pecho con mucha fuerza.

Claro, había sido un imbécil en ir, nadie nunca se alegraba por verlo, solo Feliciano pero él era otra cosa. Imbécil ¿Cómo es que por un segundo creyó que el otro se alegraría de verle? Con todos era lo mismo, ya debería haber aprendido la lección.

-Ah… hola Lovino- saludó Antonio y como si estuviera activándose en él un interruptor se sonrió – Qué raro que tú vengas a mi casa ¿Sucede algo?- preguntó tan casual como siempre viendo como la arruga entre las cejas del italiano se iba haciendo más profunda conforme hablaba.

No no no… no vengas aquí ¿Por qué tuviste que venir? Vete rápido a casa.

-No… en realidad no- contestó Lovino ahora buscándose una excusa –es solo que no he visto a Tortuga en estos días y estaba empezando a pensar que te habías matado esta vez y tal vez a él le había pasado algo- dijo y su voz cortante se escuchaba ligeramente desganada.

Pudo ver que por una fracción de segundo la sonrisa de Antonio se debilitaba.

Solo vienes por el gato, solo eso te importa de mí. Ya deberías irte y dejarme seguir hundiéndome solo.

-Está bien es solo que creo que no ha tenido ánimos de salir, ahora procuro alimentarlo siempre. ¿Se te ofrece algo más?- preguntó hablando como hacía con él todos los días, sin mostrar un solo atisbo de lo que realmente estaba pasando por su mente haciendo que Lovino se enojara más y se sintiera traicionado… aunque no sabía exactamente porqué.

Ya había pasado por eso muchas veces, el momento exacto en donde descubría que la amabilidad de la gente era solo un papel a interpretar, que las sonrisas y las buenas acciones eran parte del protocolo… no tenía por qué sorprenderle el hecho de que Antonio ya se hubiera aburrido de seguir con el acto, a pesar de que días atrás sus pensamientos dictaban todo lo contrario a eso que ahora mismo pasaba por su cabeza.

-Es todo, nada más quería saber eso- respondió Lovino sin relajar su ceño sin dejar de ver a Antonio con algo parecido al recelo.

-Está bien, entonces nos vemos después-

Anda, vete y no vuelvas más, deja de seguir haciéndome esto.

Antonio estaba a punto de cerrar la puerta pero antes de hacerlo Lovino interpuso su pie y su mano en esta impidiéndole cerrarla por completo.

-¡Espera!- exclamó en un extraño arranque que sorprendió un poco a Antonio que se detuvo antes de machucarle una mano o el pie a Lovino que de nuevo no sabía qué diablos estaba haciendo.

El italiano respiró profundo pero dificultosamente, con la mano que tenía la puerta rasguñó ligeramente la madera y volteó a ver al español que dio un respingo cuando vio los ojos achocolatados clavarse en él desarmándolo por completo, haciéndole sentir que estaba vulnerable frente a esos ojos que se enterraban en lo más hondo de él.

-¿Tú no tienes algo que decirme?- preguntó Lovino haciendo que el otro se estremeciera por la pregunta y de inmediato desviara la mirada a todos lados pero lejos de Lovino.

-¿Yo? Pues no…- contestó Antonio con la voz temblorosa.

¡Claro que tengo cosas que decirte! Tengo mil y un cosas… pero no vale la pena ni mencionarlas, al fin y al cabo me has repetido hasta el cansancio que no te importa nadie más… además ¿Porque te preocupa lo que un tipo como yo tenga que decirte? ¿No estás muy ocupado con alguien más?

-¿Estás seguro?- insistió Lovino que puso presión a la puerta cuando sintió como Antonio intentaba cerrarla de nuevo.

-Claro que si ¿Qué tendría que decirte? Fuiste tú el que vino a mi casa, yo estoy bien- dijo clavando sus ojos en el piso pero se notaba el trabajo que le costaba decir esta última frase.

-No me mientas- dijo Lovino entre dientes en casi un gruñido sin soportar que Antonio le dijera tremenda mentira como un "estoy bien". El otro castaño por fin levantó la cabeza de nuevo sus labios se curveaban en esa mueca alegre y enervante.

-No te miento- afirmó Antonio –Y no es por ser grosero pero deberías regresar a casa, creo que hay alguien esperándote- dijo Antonio escuchando como Lovino golpeaba la puerta esta vez realmente enojado.

-¡Mi hermano puede esperar lo que a mí se me antoje! No me voy a ir sin que me digas que te pasa- dijo Lovino alzando la voz y notando que Antonio se le quedaba viendo de una manera extraña, como si no terminara de procesar lo que acababa de decir.

-¿Hermano?- preguntó el ojiverde -¿La persona que ha estado en tu casa estos días es tu hermano?- preguntó un poco incrédulo.

-Sí, ¿Eso que importa?- cuestionó ahora Lovino.

¡Por supuesto que importa! ¿Acaso crees que me voy a tragar eso de que tu hermano duerme contigo y te abraza de esa manera? Eres un pésimo mentiroso Lovino.

-Es solo que… bueno… pensé que se trataba de alguien más como tu…- pero antes de terminar la frase con un "tu pareja" alguien llego a interrumpir el momento.

-¡Hermanito!- llamaba Feliciano que había salido a buscar al mayor. Lovino se separó de la puerta e intentó parecer normal al momento en que Feliciano llegó.

Antonio lo miró con ojos desmesuradamente abiertos, era cierto, ahora recordaba bien que Lovino tenía un hermano, él mismo lo había visto cuando recién se conocieron tras el incidente en la cafetería, sin embargo nunca reparó en que eran tan parecidos.

-¿Pasó algo? Se me hizo raro que salieras así de casa- preguntó el menor acercándose a Lovino y como si fuera la cosa más natural del mundo le pasó los brazos por la cintura abrazándolo por detrás pegando su pecho a la espalda de su mellizo mayor y apoyando la barbilla en el hombro de este.

Más que hermanos parecían una pareja, sin embargo el parecido entre ellos recordaba constantemente que eran consanguíneos.

Para sorpresa de Antonio no vio a Lovino reaccionar, ni hacerse a un lado o mostrar repudio por esta acción como haría si se tratara de cualquier otra persona, aceptaba el gesto con total confianza y naturalidad… justo como vio hacerlo cuando lo miró desde la ventana que daba a su habitación.

Feliciano enlazaba entonces sus manos frente al vientre del mayor y ahora dirigía sus ojos almendrados a Antonio que por mero reflejo enderezaba su espalda al sentir ahora dos pares de ojos sobre él. Uno de ellos, el más obscuro seguía viéndolo de esa manera que parecía estarlo perforando, el más claro… ese tenía una mirada indescifrable, no era hostil pero no por ello dejaba de ser intensa.

-Él es mi hermano, Feliciano- presentó Lovino que ladeaba ligeramente su cabeza para dejar que el mencionado recargara bien su barbilla en su hombro.

-Mmmmmm… hermanito, creo que he visto a este chico antes- comentó Feliciano apenas dándose permiso para parpadear pero sin dejar de observar fijamente a Antonio.

Entonces… de verdad se trataba de su hermano… ¡Me dijo la verdad! Qué alivio, es solo su hermano, nada más.

Lovino en ese preciso momento podía dar por hecho que no entendía a Antonio, así de fácil, no entendía ni comprendía lo que pasaba por su cabezota. ¿Porque pasaba de estar tan enojado a ahora aliviado? ¿Qué había de bueno con presentarle a su hermano? ¿Qué esperaba escuchar?

-Mu... mucho gusto, soy Antonio, el vecino de Lovino- dijo entonces Antonio esta vez su tono volvía a la normalidad, podía vérsele más relajado incluso.

Feliciano por su parte no respondió inmediatamente al saludo, solo se quedó mirándolo atentamente. Por supuesto su mirada era diferente a la de su hermano, pero ambos coincidían en que sus ojos eran igual de profundos, Feliciano también parecía estar intentando ver todo de Antonio poniendo un poco nervioso al ojiverde.

-Vamos hermanito, se hará tarde si sigues aquí y yo tengo que irme pronto- dijo Feliciano separándose por fin de Lovino pero lo tomaba por la mano en un gesto muy infantil que Lovino no rechazó.

-¿Estás seguro que no tienes nada que decirme?- le insistió una última vez Lovino cuando Feliciano le jaló la mano para indicarle que se iban.

Esta vez Antonio sonrió de verdad.

-Estoy seguro- respondió.

Creo que nunca me había sentido tan aliviado en toda mi vida, me siento tonto por haber hecho todo ese drama por un malentendido. Perdón Tortuga, otra vez podemos seguir viendo a Lovi.

-¿"Lovi"?- masculló el aludido entre dientes al escuchar la abreviatura de su nombre pero le restó importancia cuando intentó entender todo el contexto de ese pensamiento. Sinceramente el español, de entre toda la gente que había "conocido" y escuchado era el más extraño y al que no podía comprender.

-Así que él es ese tipo del que habías estado hablando- dijo Feliciano cuando iban caminando de regreso a casa del mayor. -¿En dónde lo he visto antes?- se preguntó mientras columpiaba su mano y la de Lovino de adelante hacia atrás.

-En la cafetería, la última vez que fui a la ciudad… él estaba ahí- contestó sin más Lovino sin soltar la mano de Feliciano pero sí intentando que este dejara de columpiarla.

-Oh cierto, ya lo recuerdo... fue una de esas personas que pensaba cosas malas de ti- comentó Feliciano en su tono cantarín de toda la vida a lo que Lovino se detuvo en seco y por ende también hizo a su hermano pararse.

-No confundas las cosas Feliciano, en ese momento el imbécil ese no me conocía todavía. No hagas juicios adelantados- le regañó el mayor retomando el camino.

No me gusta.

Lovino escuchó a su hermano pensar de pronto, así que mientras caminaban volteó a verlo y pudo notar que este sabía perfectamente que su pensamiento lo había descolocado ya que le sonreía mientras lo miraba.

-No me gusta la gente que te lastima, aunque lo hagan sin conocerte- completó Feliciano esta vez con su propia voz apretando la mano de Lovino cuando por fin llegaron a casa de este.

A Lovino no le gustaba ese lado de Feliciano, esa parte de su mellizo que le recordaba tanto a él mismo. Feliciano era diferente, él aun creía en las personas y en que podían ser buenas… pero cuando se trataba de alguien que atentara contra Lovino de cualquier manera posible, esta filosofía cambiaba y se volvía justo como su mellizo… después de todo, eran hermanos.

El mayor de los Vargas pasó la tarde enfrascado en sus propias cavilaciones, aun intentaba encontrar la razón del extraño comportamiento de Antonio y de sus pensamientos. No podía creer que la gente lo llamara raro a él cuando había personas como el español que eran realmente extrañas, contradiciéndose a ellas mismas en solo cuestión de instantes.

Debería empezar a darse por vencido en eso de intentar comprender al ojiverde pero había una persistente curiosidad que le perforaba la cabeza y era muy molesto sentirse de esa manera.

-Hermano, es hora de irme- Feliciano lo sacó de sus pensamientos, parpadeó un par de veces al ver a su hermano pasándole la mano de arriba abajo enfrente de su rostro para que saliera de su ensimismamiento.

-Te acompaño a la parada del autobús- dijo Lovino espabilándose por fin aunque el menor rechazó la oferta.

-No te preocupes, me voy con Ludwig, justo acaba de pasar por mí- dijo riendo como tonto a lo que Lovino fue a poner sus puños a ambos lados de la cabeza del menor enterrando sus nudillos en las sienes de este.

-¡¿Y qué mierdas hace el imbécil ese viniendo hasta acá por ti?! Dile que mantenga la distancia contigo- le regañaba enojado Lovino aun lastimando al otro que soltaba lloriqueos y gritos escandalosos.

-Pero no tiene nada de malo, él es mi amigo y le pedí ese favor- decía entre gimoteos y sollozos Feliciano luchando contra su mellizo para que este lo dejara en paz y así fue. Dando sonoros bufidos Lovino por fin se separó de él mirándolo con un gesto estricto.

-Lo digo en serio Feli, marca bien tu distancia con ese desgraciado- le advirtió a Feliciano que asintió con la cabeza aunque Lovino sabía perfectamente que solo le estaba dando por su lado para que no siguiera molestando.

-No te preocupes por eso, no te voy a cambiar por nadie- bromeó Feliciano limpiando las lagrimitas que se le habían escapado por la agresión anterior y retomando su risa aniñada, la cual, segundos después relajó llagando al punto al que su rostro se volvió algo estoico.

-Aunque me pregunto… ¿Qué haré si me llego a enamorar… o si tú lo haces?- comentó de la nada el menor.

No permitió que Lovino respondiera a aquello pues antes de que el mayor pudiera considerar esta posibilidad, corrió a atraparlo en un abrazo.

-Nos vemos después, no dejes de contestarme el teléfono o vendré cada fin de semana a verte- le advirtió aparentándolo para luego soltarlo y tomando sus cosas dirigiéndose a la puerta.

Al abrirla Ludwig ya estaba ahí, saludó a Lovino con un movimiento de cabeza que el otro no correspondió, solo se despidió de Feliciano despeinándolo ligeramente. Lo vio ir al encuentro de Ludwig, también se enganchaba a él en un cálido abrazo que ponía al rubio colorado. Su mellizo otra vez lo encaraba y ondeaba su mano despidiéndolo por última ocasión antes del subir al auto del ojiazul.

Al ver a ambos alejarse, Lovino se dio el permiso de soltar un suspiro de alivio al encontrarse en su cómoda soledad de nuevo, lejos de complicados pensamientos y lo que conllevaba todo tipo de relaciones; así estaba mejor, sin tener que preocuparse por esas difíciles maneras de estrechar lazos… después de todo, no los necesitaba.

Su rutina había vuelto a la normalidad, una vez más los días pasaban sin ningún cambio en ellos, esto incluía por supuesto, la presencia de Antonio en su casa; Lovino ya ni siquiera se molestaba en enfadarse, había terminado resignado a que el español se volviera otro mueble en su sala de estar.

-Oye Lovino ¿Puedo pedirte un favor?- Antonio dijo en una noche mientras que el mencionado buscaba en el periódico algún empleo, ya llevaba demasiado tiempo sin trabajo y sus ahorros se terminaban.

Lovino alzó sus ojos obscuros por encima del diario para ver al ojiverde.

-No, no puedes- contestó fríamente.

-¡¿Eh?! Pero ni siquiera te he dicho que favor necesito- se quejó el moreno.

-Y no necesito saberlo, ya te dije que no- volvía a decir Lovino a lo que Antonio fue hasta el e hizo hacía abajo el periódico que el italiano todavía llevaba en las manos, su rostro se mostraba suplicante.

-No seas así, tú eres el único con el que puedo contar.

-Pídeselo a tus amigos, que por una vez en su vida hagan algo por ti- discutió el de ojos obscuros escuchando al otro quejarse como si estuviera haciendo alguna especie de puchero.

-Es que no puedo ¡Necesito que seas tú!- insistía Antonio.

¡Vamos Lovino, no me dejes solo en esto!

-¿Para qué diablos me necesitas a mí? ¿Planeas enterrar un cadáver o matar a alguien?- cuestionó irritado Lovino, ahora el ojiverde parecía muy apenado mientras buscaba las palabras para explicarse.

-Verás, lo que pasa es que mi madre viene de visita y con ella también otros parientes así que...-

-Así que quieres que vaya a conocer a tu mami y al resto de tu familia para que junto contigo finja que llevas una vida de ensueño, que eres un chico ejemplar desbordante de felicidad y optimismo y sigan viviendo en esa bonita mentira- completó Lovino con un tono que sonaba por mucho, sarcástico.

Pudo ver la manera en como aquel comentario cruel afectó a Antonio ya que este se puso cabizbajo y comenzó a jugar con sus dedos.

-No… de eso puedo encargarme yo solo- contestó en voz baja -Solo necesito que estés conmigo para no terminar golpeando a todo el mundo en la cara con una silla o al menos para poder aguantar todo el día sin quebrarme. Tengo que mantenerme bien por mi mamá pero cada vez es más difícil aunque creo que si estás ahí podré hacerlo- se confesó Antonio sin dejar de retorcer sus dedos y sin mirar a Lovino que arrojó el periódico a un lado de él.

-Tengo una mejor idea: Dile a todo mundo como realmente te sientes y de paso diles que Santa Clous tampoco existe. Olvídate de mí solapando tus mentiras- exclamó Lovino realmente molesto alterando un poco a Antonio.

-¡No puedo hacerlo! No conoces a mi familia, Lovino por favor, esto es importante, si me quedo ahí solo con todos ellos me voy a volver loco.- lloriqueó Antonio.

Escuchando todo lo que esperan de mí, haciendo todo lo que ellos quieren, teniendo que ser la persona que buscan ver… tú no sabes lo que es tener toda esa presión sobre ti.

Oh, claro que lo sabía, Lovino lo sabía mejor que nadie ¿Acaso creía Antonio que él no sabía lo que era pretender, actuar como alguien normal cuando sabía que no lo era en ningún aspecto? ¿Lo que era callarse un secreto durante los 23 años de su vida? Sabía lo que era la presión, sabía lo que era el actuar… lo sabía…

-Está bien, pero no me vuelvas a pedir otro favor nunca más-

Y como lo sabía perfectamente bien, también estaba consciente de cuanto se necesitaba al menos a alguien a tu lado para no terminar desmoronándote. Él tenía a Feliciano… pero Antonio ¿Él a quién tenía?

-¡Gracias Lovino! Eres el mejor, en serio gracias-

Y es así como Lovino se veía a si mismo metido en la casa de Antonio, al borde de una segura migraña que no lo iba a dejar de molestar durante todo el día de seguir así. Apenas hacía media hora que había llegado y ya no soportaba estar otro minuto más ahí. Las voces había empezado a acumularse conforme esos invitados llegaban. Tíos, primos, amigos de la familia y por supuesto su madre.

Por fin conocía a la tan mencionada señora Carriedo, era como ver a Antonio en una versión femenina y con unas cuantas arrugas más, envuelta en un viejo vestido y una chalina floreada con su cabello recogido en un moño alto con una peineta dejando ver que incluso el tono de su pelo era igual al de su hijo excepto por un par de mechones canos, además de que esos ojos verdes y la sonrisa eran exactamente la misma, ambas se veían igual de falsas…

Lovino había saludado, seco y cortante escuchando los pensamientos de esa pobre mujer que había tenido que mudarse por cuestiones de salud dejando a su hijo metido en ese hoyo solo con el pretexto de que no quería vender ni abandonar la casa en la que había vivido con su difunto marido y visto a su hijo crecer.

Este chico debe creer que soy una mala madre y una egoísta, pero es aún muy joven para entender.

Le había escuchado en el momento en que estrechó su mano rápidamente. Claro que la pensaba una mujer egoísta y ella lo supo por la manera en que Lovino la miró con esos ojos gélidos, igual que había visto a todo al que le presentaron.

Uno por uno todos ellos eran como víboras en un serpentario, escupiendo veneno con solo sus pensamientos, era increíble que todos compartieran la misma sangre.

Así que aquí es donde vive Antonio, este lugar no cambia, cada vez se ve peor. ¿Es que ese muchacho no hace nada? Este chico no parece aspirar a mas, mira que seguir viviendo en este lugar, ni siquiera se ha propuesto terminar la escuela. No tiene un buen trabajo y deja que su madre siga viviendo del seguro de vida de su padre, que deplorable. Cuando era pequeño era un niño muy bueno pero ahora se ha quedado estancado, que triste. Si hubiera tenido a su padre tal vez esto no hubiera pasado, aunque no parece que su madre haya hecho un buen trabajo.

Lovino había escuchado todo ese recitar cada vez que pasaba de familiar en familiar, pero fue tanto su asco y su hastío que terminó por refugiarse en la cocina, sentado en un banquillo rasguñaba con saña la mesa todavía escuchando el murmullo de la charla entre los parientes que se hablaban con nostalgia, que decían "¡Cuánto tiempo sin verte, mira cómo has crecido!" Se abrazaban con fuertes apretones, recordaban viejos tiempos y Antonio, como si fuera el títere de todos sonreía abiertamente, recibía las palmaditas en la espalda, los pellizcos en las mejillas, los comentarios por lo alto que se había vuelto.

Todo esto mientras el español rogaba porque todo terminara y cada quien se fuera a su casa… Lovino lo sabía, llevaba esos mismos treinta minutos escuchándolo gritar desde dentro.

Estando en la cocina, sentado en el banquillo alto, se mordía con fuerza la punta de la lengua pues esto le hacía olvidar por segundos que su cabeza se sentía a punto de estallar, al mismo tiempo ya había hecho un buen número de rasguños a la mesa con sus uñas; murmuraba cosas entre dientes, todas ellas relacionadas con que se callaran de una vez por todas así que la gente que pasaba a la cocina se alejaba considerablemente de él al escuchar dichos susurros.

Dolía, sus sienes palpitaban, las palabras cargadas de hipocresía parecían taladrar en su cerebro y todo otra vez se convertía en ruido apabullante que zumbaba de lleno en sus tímpanos. Basta basta basta ¿¡Acaso no podían callarse!?

El italiano se encorvó hasta que su cabeza tocó la mesa, rasguñó con tanta fuerza el mueble que la uña de su dedo índice que rompió y lo hizo sangrar, sus mandíbulas también comenzaban a doler por el esfuerzo que hacía al apretarlas para intentar soportar el malestar pero todos seguían hablando al mismo tiempo.

-Ey Antonio, ven aquí, conversa con nosotros un momento- un hombre fofo de voz rasposa le pidió señalando un lugar libre en el sofá, y el obediente perrito ahí iba, sonriente como había estado todo el tiempo, justo como lo habían entrenado.

-Ponnos al corriente de tu vida, no te hemos visto desde que eras un chiquillo. Dinos ¿Te has conseguido una novia ya?- preguntó el hombre pensando para sus adentros si su sobrino después de todo era como los rumores en la familia decían y se había vuelto un "rarito"

-Eh… pues no, no he tenido esa suerte- contesto entre risitas nerviosas y algo sonrojado el ojiverde.

¿Por qué a esta gente solo le importan esas cosas? Solo buscan otra cosa que criticar… nada más a eso se dedican.

-Es una pena, con lo guapo que eres- otra de sus tías agregó –Debería presentarle a las hijas de mis amigas-

No gracias, si todas son unas arpías como tú prefiero quedarme solo.

-Eso sería agradable, espero tener tiempo un día de estos- respondió Antonio siguiendo con el juego.

-Oye Isabel ¿Cómo es que no estás preocupada porque tú hijo siga soltero a su edad? Creo que nunca le hemos conocido una novia- el mismo hombre desagradable le preguntaba esta vez a la madre de Antonio que se mostraba con una sonrisa gentil.

-Mi hijo es muy reservado en esas cuestiones así que procuro no entrometerme mucho en su intimidad- respondió con voz tranquila y educada acercándose a Antonio para tomarle dulcemente la mano entre las suyas.

Mamá, si supieras en realidad todo lo que le pasa a tu hijo… hace años hubiera preferido que te entrometieras en mi vida, pero creo que ya es tarde para pedírtelo.

-Yo solo busco que sea feliz de la manera en que él quiera… ¿Eres feliz ahora mismo, verdad cariño?- le preguntó la señora Isabel a su único hijo.

Lovino escuchó la pregunta y alzo sus ojos solo para ver a Antonio, resplandeciente con todas las miradas sobre él. Y el muy mentiroso asintió con su cabeza.

-Si, soy muy feliz-

Alguien deme un tiro en la cabeza por favor. Ahora mismo.

Su madre lo besó con ternura en la mejilla y se enganchó a su brazo sin dejar de tomarle la mano y todos fingieron estar tan enternecidos por la dulce escena fraternal… todos menos Lovino que podía escuchar los pensamientos escondidos tras todos esos guiones pre elaborados, el que todos se habían memorizado a la perfección para esa ocasión, para la escena de la gran familia feliz… que nausea… podría vomitar ahí mismo en cualquier momento.

-Perdón mamá, voy a ver cómo está Lovino, creo que lleva mucho tiempo sin salir de la cocina- se excusó Antonio, o mejor dicho, puso eso como pretexto para huir de ese ambiente que se estaba volviendo sofocante.

Cuando llegó a la cocina pudo ver a Lovino encorvado sobre la mesa pasando sus manos una y otra vez sobre la madera como si fuera un gato desesperado por afilar sus garras.

-¿Lovino, estás bien?- preguntó al ver como el chico parecía estar temblando. El mencionado de inmediato reaccionó enderezándose y volteó a ver a Antonio.

Sin esperárselo, Lovino tomó de la mano a Antonio y prácticamente lo jaló arrastrándolo casi corriendo hasta las escaleras que daban a la segunda planta.

-¡Espera! ¿A dónde vamos?- preguntó asustado Antonio por la manera tan fuerte en como el italiano lo tomaba de la mano, sentía que le iba a desprender el brazo en cualquier momento.

El italiano iba abriendo violentamente cada puerta de cada habitación hasta llegar a la que parecía ser el cuarto principal, todavía dándole de jalones a Antonio lo metió y se dirigió hasta el gran closet que estaba ahí, de un brusco empujón metió al español en él y después lo siguió cerrando la puerta. Ya no hizo más, solo quedarse ahí parado todavía temblando.

-¿Qué… qué hacemos aquí?- se atrevió a preguntar Antonio después de un rato en el que el otro castaño se había quedado silencioso pero sin dejar de tomarle la mano apretando sus dedos tan fuerte que ya estaban rojos y fríos.

-Es para que no los escuches- respondió Lovino y su voz se escuchaba forzada –No tienes por qué escuchar lo que toda esa maldita gente dice de ti-

Antonio no contestó en el instante pero logró tranquilizarse tras escuchar la respuesta.

-Creo que después de todo mi familia no es muy discreta. Si, su pasatiempo favorito es hablar de mi madre y de mí, y creo que al parecer no lo hacen en voz baja- dijo entre risitas. No, no se trataba precisamente del volumen de su voz.

-¿Por qué lo permites? ¿Por qué dejas que digan todas esas cosas de ti?- preguntó Lovino sintiendo su respiración acompasarse de nuevo, el otro se quedó algo pensativo.

-No lo sé… realmente no me importa o será que ya me acostumbré a eso, mientras siga aparentando que no sé nada de lo que dicen todo está bien- dijo sin más riendo otra vez.

-¡NO ESTÁ BIEN!- gritó entonces Lovino –Ellos no saben nada, nada, nada de ti. No tienen ni una sola idea de todo lo que has pasado y porque estás así ahora mismo ¡No saben nada y aun así se atreven a hablar de ti tan a la ligera!... No saben… no tienen el derecho de referirse a ti de esa manera, como si fueran los jueces de tu vida, como si ellos pudieran juzgarte por algo que tú no elegiste- decía Lovino y sin saber realmente porque los ojos se le llenaban de lágrimas dejando a Antonio completamente mudo.

Ya no sabía si estaba hablando de Antonio o si comenzaba a hablar de él mismo.

-Tienes razón, no debería ser así- coincidió Antonio el cual poco a poco se iba poniendo en cuclillas aun sin soltar la mano de Lovino haciendo que este se tuviera que agachar un poco.

-Sin embargo es algo que no puedo remediar… pero ¿Sabes Lovino? En realidad ahora mismo me siento muy feliz- dijo mientras escondía su rostro entre sus rodillas pero el italiano podía alcanzar a ver como las orejas del ojiverde se pintaban de un intenso rojo.

-¿Qué? ¿Por qué?- preguntó totalmente desencajado el moreno.

-Porqué te has puesto así de enojado por mí, eso significa que aunque sea un poquito yo te importo, te importo por quien realmente soy no por la imagen que tienen todos de mí, eso me hace feliz aunque es algo tonto considerando la situación- dijo todavía escondiendo su cara.

Ninguno de los dos dijo algo más se quedaron en completo silencio, si siquiera el español se atrevió a romper con esa atmosfera silenciosa y fue solo hasta muchos minutos después que se levantó, su rostro ya retomaba su color normal y solo un ligero rubor quedaba en sus mejillas.

-Tengo que terminar de atender a mi familia, si quieres puedes irte a casa ya. Gracias por haber venido- dijo una vez más sonriente soltando lentamente la mano de Lovino.

-Creo que me voy a quedar un rato más aquí, si no te molesta- dijo el italiano un poco avergonzado mientras que el otro negaba con la cabeza, todavía se mostraba alegre.

Antonio entonces salió de closet y Lovino se quedó, un sentimiento de nostalgia le atacó cuando se vio a sí mismo en ese estrecho closet que poco a poco se ponía cada vez más obscuro conforme cerraba las puertas pues Antonio había pensado que se quedaría en la habitación no ahí.

El castaño se sentó en el piso cruzando sus brazos que apoyaba en sus rodillas, dejando que el silencio absorbiera absolutamente todo; apoyó su frente sobre sus brazos cruzados y se dedicó a respirar varias veces muy profundamente, inhalando y exhalando rítmicamente para que su cabeza dejara de doler tanto y su corazón de una vez por todas dejara de latir de esa manera tan anormal.

Feliz… Antonio había dicho que estaba feliz y no había mentido. Feliz… felicidad… que alguien se sienta feliz… que Lovino fuera capaz de hacer a otra persona feliz, siempre lo había creído algo imposible por la sencilla razón de que era él, era Lovino Vargas.

-Feliz- repitió y su corazón golpeó contra su pecho tan fuerte que le hizo soltar un quejido y encogerse cada vez más en su lugar, esperando que la obscuridad y el silencio también lo devoraran a él pues no sabía qué diablos le pasaba.

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¿Pueden ver los feels escurrir por su pantalla? ¡¿Los ven, los sienten?! Porque yo sí, estoy vomitando arcoíris y todo.

He vuelto del exilio y no me resistí a un capitulo en donde Lovino empiece a sentir cambios en su ser, ustedes saben, esos que solo otro organismo puede hacerte sentir. También Feli que sigue haciendo acto de presencia; quise un encuentro entre él y Toño porque me vino a la mente esto de que a Lovi no le agrada Lud así que me cuestioné a mí misma y me dije ¿Cómo sería si a Feli no le agradara Toño? XD ideas mías que nacen cuando estoy en medio de la nada.

Ahora si, mil millones o trillones de gracias a todos los que siguen leyendo esta cosa, a los que mandan reviews hermosos y a los lectores silenciosos por los favs. También mil gracias a los que se comunican conmigo por cualquier otra red social porque eso los hace mas cool de lo que creen. Espero seguir entreteniéndolos con esta cosa y sigamos leyéndonos.

PD: Respuesta para SanMartinus a su review y sobre todo su última pregunta (por cierto, gracias por el review de verdad que valoro mucho cada uno de los puntos de vista que escribiste) retomando lo de tu última pregunta, no te preocupes, esa cuestión de la intimidad está contemplada, pero se verás adelante conforme la historia avance (no quiero spoilear XD)