Bien como todos ya sabemos los personajes de CCS no me pertenecen si no a las fabulosas CLAMP. La ihistoria tampoco es mía, se llama "Por que eres mía" y le pertenece a Lisa Keypas, que es una increíble escritoria. Hago esta adaptación sin fines de lucro y pues… "X" a leer!

Declaimer: Sakura está decidida a librarse del matrimonio que sus padres concertaron para ella, y la única manera de hacerlo es acostándose con el mejor actor de todo Londres, Shaoran Li.


Porque tú eres mía…

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Al día siguiente se produjo la inesperada visita de lord Hiraguizawa que, enterado de la enfermedad de su viejo amigo, acudió a la mansión sin perder tiempo. Estaba de pie en el vestíbulo, hablando con la señora Bee, cuando casualmente vio pasar a Sakura transportando una pila de ropa sucia.

—Ah, la mocita del teatro —exclamó lord Hiraguizawa, e hizo un gesto con la mano hacia Sakura para que se acercara. Una sonrisa burlona, que en nada alteró la preocupación de su mirada, cruzó el rostro del aristócrata—. ¡Típico de Xiao el tener una preciosa enfermera que le atienda!

-¿Xiao?

—No siempre ha sido Shaoran Li, ¿sabe?

La señora Bee se hizo cargo de la ropa que llevaba Sakura.

—Le libraré de esto, señorita Kinomoto —murmuró, fijándose en el despeinado aspecto de la joven—. Podría intentar descansar un rato.

—Sí, puede que lo haga —contestó Sakura, frotándose las sienes doloridas—. Si me disculpa, lord Hiraguizawa...

—Espere—dijo el aludido, dejando de lado sus maneras chulescas. Cuando Sakura le miró a la cara, hinchada y pálida por el mucho alcohol y el poco sueño, le pareció que bajo la fachada de disipación se ocultaba una preocupación sincera por su amigo—. He venido a ofrecer mis servicios... a preguntar si podía hacer algo por Xiao. Es mi más antiguo amigo, y jamás en su vida había estado enfermo. Sabía que tenía que ser algo grave para mantenerlo alejado de su maldito teatro. Dígame qué necesita, cualquier cosa, y se la traeré.

—Gracias—contestó Sakura, conmovida por la sinceridad que se desprendía de la voz de lord Hiraguizawa—, pero creo que nadie puede hacer gran cosa por él. —Se interrumpió con un nudo en la garganta y sólo pudo mirarlo con desesperación e impotencia.

La expresión de su rostro hizo comprender a lord Hiraguizawa lo crítico de su estado.

—¿Es tan grave?—preguntó, y blasfemó en voz baja—.Quiero hablar con él.

Sakura sacudió la cabeza.

-Delira, Señor Hiraguizawa.

—Tengo que verlo.

—Pero puede contagiarse...

—Me importa un bledo. Xiao es como un hermano para mí. Lléveme hasta él..., por favor.

Tras dudar un buen rato, lo condujo escaleras arriba. La intensidad de la lámpara del cuarto era menor que la del resto de la casa. Carente de expresión, la cara de Shaoran parecía una máscara. Un irregular aliento atravesaba la sequedad de los labios. Con el cuerpo inerte e indefenso, casi no parecía él mismo.

—¡Dios mío!—oyó murmurar Sakura a lord Hiraguizawa al acercarse éste a la cama. Se quedó mirando la figura inmóvil de Shaoran y sacudió la cabeza, aparentemente desconcertado—¡Caray, Xiao —murmuró—, no vas a morirte! —Sonrió torciendo la boca —Para empezar,te debo toda una fortuna. Además, eres mi única esperanza. Suspiró y revolvió los castaños y largos mechones de Shaoran con la mano, en un gesto que a Sakura se le antojó extrañamente familiar. Había visto a Shaoran tirarse del pelo de aquella misma forma cuando estaba tenso o distraído.

—Te lo advierto, viejo amigo... procura recuperarte, o tendrás que responder ante mí.

Lord Hiraguizawa se volvió y se alejó de la cama. Se detuvo junto a Sakura y le habló con dificultad:

—Si está segura de que no me necesitan, iré a ver si agarro una buena curda.

—Eso no ayudará a nadie —le reconvino Sakura.

—Me ayudará a mí, señorita Kinomoto, se lo aseguro. —Se frotó la frente—. No hace falta que me acompañe.

...

El doctor Broome visitó al enfermo por la noche y, mientras examinaba a Shaoran, Sakura esperó fuera del cuarto en compañía de la señora Bee. El doctor no tardó en salir.

—Parece que ha hecho usted un magnífico trabajo de enfermera —observó, y el tono de su voz fue más de consuelo que de tenía el rostro sereno y mostraba los mismos agradables modales de días anteriores, Sakura percibió algún cambio.

—¿Cree que la fiebre desaparecerá pronto? —preguntó—. Ya no puede durar mucho más.

—No, no puede, señorita Kinomoto; no sin que lo mate. Su estado no es bueno. Deberían prepararse para la contingencia de que no se recupere.

A Sakura le llevó un rato asimilar lo que había dicho. Esperó a que la señora Bee respondiera, pero el ama de llaves guardó silencio. Sakura apreció en la cara de la mujer la misma expresión glacial que debía tener la suya.

Volvió a mirar al médico. Una poderosa sensación de rechazo manaba en su interior.

—Recétele algo, entonces. Dígame qué hemos de hacer.

—Se escapa a mis posibilidades o a las de cualquiera, señorita Kinomoto. En este punto, lo único que puedo sugerirles es que recen.

—¡Rezar! —exclamó Sakura con amargura, necesitada de algo más consistente.

—Volveré mañana por la mañana. Continúen suministrándole líquidos y refrescándole todo lo que puedan.

—¿Eso es todo? —le preguntó Sakura con incredulidad—. ¡Decían que era el mejor médico de Londres... que usted le curaría! No puede irse sin hacer algo.

El doctor Brooke suspiró.

—No hago milagros, señorita Kinomoto, y tengo bastantes más casos como éste que atender. La mayoría ha sobrevivido, pero en algunas ocasiones la fiebre no puede vencerse. Podría intentar hacerle una sangría, pero aquellos pacientes con los que lo he intentado no han experimentado una mejoría sustancial.

—¡Pero... estaba sano hace tan sólo tres días! —gritó desconcertada y furiosa, como si el doctor fuera el responsable de que la vida se escapara del cuerpo de Shaoran.

El doctor Brooke miró fijamente la pálida tez de Sakura y buscó la manera de consolarla.

—Es un hombre joven, con muchas ganas de vivir. A veces, eso hace que todo cambie. — Se estiró el abrigo e hizo un gesto con la cabeza al lacayo que había venido a acompañarle a la salida.

—¿Para qué tiene que vivir? —dijo desdeñosa Sakura, entrando a grandes zancadas en el cuarto del enfermo con los puños cerrados—. ¿Para el teatro? Sólo es un edificio, un sitio donde podría perderse. No tiene familia, ni una amante, nadie a quien le haya dado su corazón.

Pensó entonces en las montañas de flores y obsequios acumulados en el recibidor, enviados por amigos y conocidos que habían querido expresar su preocupación. Había incluso una cesta de gelatinas de la señora Lang con un vistoso lazo azul. ¿Cómo un hombre que conocía a tanta gente, tan admirado y celebrado, podía acabar agonizando solo?

No se dio cuenta de que había expresado su último pensamiento en voz alta hasta que oyó la contestación de la señora Bee.

—Ése ha sido siempre su deseo, señorita Kinomoto. Y no está solo. Le pidió que se quedara, ¿no es cierto?

—No quiero verlo morir.

—Entonces, ¿va a marcharse?

Sakura negó con la cabeza y se acercó lentamente a la cabecera de la cama. Shaoran se retorcía y murmuraba en su delirio, como si intentara escapar de un infierno.

—Alguien ha de informar a la duquesa de Leeds —dijo—. Querrá saberlo. Fue hasta el escritorio, extrajo una hoja de papel y mojó la pluma en la tinta. Mientras escribía la dirección, sentía los dedos rígidos y agarrotados. «El estado del señor Li ha empeorado... —escribió. La siempre cuidada caligrafía, aparecía ahora apretujada—. Según el doctor, no cabe esperar que el señor Shaoran...» Dejó de escribir y miró detenidamente las letras, que parecían bailar ante sus ojos. —No puedo...—dijo, y volvió a poner la pluma en el tintero.

La señora Bee fue hasta el escritorio y terminó la tarea por ella.

—La haré llegar de inmediato —comentó, y abandonó la habitación como si no pudiera permanecer allí ni un momento más.

Cerca de la medianoche, llegó un nuevo doctor, el médico personal del duque y la duquesa de Leeds. Se trataba de un hombre amable, mayor que el doctor Brooke, cuyo competente aspecto hizo despertar en Sakura un rayo de esperanza.

—Con su permiso, la duquesa me envía para que examine al paciente —le dijo—. Quizá pueda hacer algo por él.

—Espero que sí —dijo Sakura, haciéndolo pasar a la habitación. Permaneció dentro durante la exploración del doctor. Para entonces estaba tan familiarizada con el cuerpo de Shaoran que ya no sentía vergüenza. Conocía el largo recorrido de cada hueso, las curvas pujantes de los músculos bajo la piel, la fuerza oculta, que le hacía pensar en un lobo dormido.

Las esperanzas de Sakura no tardaron en esfumarse cuando se percató de que el médico no podía recomendar nada que no se hubiera hecho ya. Antes de irse, el doctor dejó algunos de sus elixires, pero Sakura tuvo la sensación de que él mismo no confiaba demasiado en la eficacia de los mismos.

—Señorita Kinomoto —dijo la señora Bee, acercándosele—, ha estado todo el día con el señor Li. Yo le cuidaré durante algún tiempo y, después, Zetzu me sustituirá.

Sakura sonrió al ama de llaves, que parecía agotada.

—No estoy cansada —contestó Sakura, aunque estaba dolorida y exhausta. Notaba los ojos hinchados y escocidos, y tenía los brazos en carne viva hasta el codo por el contacto con el hielo y las cataplasmas—. Me quedaré un poco más.

—¿Está segura?—preguntó la señora Bee. Sakura asintió.

—Quería estar a solas con él.

—Muy bien. Si necesita ayuda, avísenos a Zetzu o a mí.

La puerta se cerró. Sólo la llama de una lámpara y las brasas de la chimenea iluminaban la habitación. El resplandor incidía en la cara de Shaoran con un tono burdeo y le otorgaba a su perfil una cualidad vidriosa. Sakura apretó un paño con hielo contra la frente del enfermo, pero él se lo quitó; sus movimientos eran cada vez más violentos.

—Tranquilo —repetía Sakura, acariciando la piel caliente. Perdida la contención a causa del delirio, Shaoran recitaba de manera incomprensible párrafos de obras y hablaba a gente invisible.

Sentada casi en la penumbra, Sakura empezó a sonrojarse. Li empleaba palabras desconocidas para ella, decía cosas que la conmocionaban y excitaban, y que le puso el vello de los brazos de punta. El actor llenó el aire de obscenidades y Sakura decidió que tenía que hacer algo para detenerlo.

—Por favor—murmuró, colocándole un paño frío en la frente—, debe tranquilizarse. Sakura dio un grito ahogado cuando él la agarró por la muñeca, cerrando la mano con tanta fuerza que los frágiles huesos de la chica amenazaron con romperse. Al sonido del suave grito, Shaoran aflojó la presión y pareció confuso. Decía el nombre de una mujer... Kaho... su voz adquirió un tono ponzoñoso. Quería matarla, decía, ella le había privado de todo. Shaoran lloraba y maldecía, y era tal su sufrimiento, que Sakura se sintió desgarrada por los celos.

«¿No ha estado enamorado nunca?», le había preguntado no hacía mucho. «Una vez—había contestado—, y no funcionó.»

Parecía evidente que la tal Kaho era la mujer que había amado y que le había traicionado. Sakura le acarició el pelo, hablándole en voz baja y utilizando su peso para dominarlo, hasta que, finalmente, Shaoran relajó el cuerpo bajo la presión.

—Si tuviera una oportunidad, nunca te abandonaría—susurró, el pecho apretado contra el de Shaoran—. Nunca te haría daño. Te amo. Besó la cara caliente y los labios resecos de Shaoran con pasión.

—Te amo —repitió y, desesperada, deseó poder derramar su energía dentro de él. Shaoran emitió un incoherente sonido y se quedó inmóvil, sumido aún más en la fiebre.

Sakura se incorporó y apoyó la mano en el pecho del actor: su respiración era sólo un débil movimiento bajo las costillas. Tuvo la sensación de que a Shaoran se le escapaba la vitalidad y sintió terror de quedarse dormida. «Va a morir en mis brazos», pensó, y un nudo de fría desesperación le atenazó las entrañas.

Sakura se postró de rodillas lentamente. A pesar de haber acudido con regularidad a la iglesia durante toda su vida y de haber recibido instrucción religiosa semanal, nunca había sido persona de una gran fe. Siendo rebelde por naturaleza, el hecho de que su madre le hubiese asegurado que el matrimonio con lord Masamune era un «designio del Señor», no había hecho más que acrecentar su resentimiento. Parecía que los deseos de Dios consistían siempre en hacerle la vida lo más aburrida posible. Pero si Él era realmente misericordioso, aceptaría su oferta... y nunca más volvería a pedirle nada.

Juntó las manos con suavidad y rezó, y puso el alma en cada palabra. Resultó ser un alivio inesperado sacar fuera todo su miedo y su añoranza. Por primera vez en su vida rezar no era sólo un rito inútil, sino una confesión hecha a un amigo cariñoso.

—... y te pido perdón por mis pecados —susurró en la débil luz del cuarto—. Seré una hija obediente y cumpliré los deseos de mis padres. Me casaré con lord Masamune y le serviré en todo sin quejarme... a cambio de que hagas que se recupere. Nunca más me preocuparé de lo que me ocurra, todo lo que quiero es que viva. No merece morir tan joven. Debes dejarle vivir...

No supo cuánto tiempo estuvo rezando. Cuando por fin se puso en pie, tenía las rodillas entumecidas y aplastadas y se sintió algo mareada. Cuando volvió junto a Shaoran, llenó más bolsas con hielo y las colocó alrededor del cuerpo enfermo. Sus labios imploraron muchas más súplicas en el transcurso de la noche. Se sintió como instalada en un sueño infinito. Trabajó sin parar de manera mecánica, ya obligando a Shaoran a beber, ya calmando sus desvaríos delirantes hasta que, al fin, se sumió en un silencio absoluto.

Sakura apenas se percató del momento en que la luz morada del amanecer entraba a través de las puertas de cristal que se abrían al pequeño balcón.

—Señorita Kinomoto.

Se estiró con una sacudida y se volvió hacia la voz. La señora Bee y el ayuda de cámara se acercaron. El temor confería a sus caras una expresión de perplejidad.

—¿Cómo está el señor Li? —preguntó el ama de llaves, acercándose hasta la cama y mirando la figura inmóvil de Shaoran.

Balanceando el cuerpo, Sakura observó en silencio, mientras agarraba con fuerza un trapo chorreante. El ama de llaves puso la palma de la mano en la frente de Shaoran. Transcurrido un buen rato, se volvió hacia Sakura: la serenidad y el alivio se habían adueñado de su rostro.

—¡Gracias a Dios! La fiebre ha desaparecido. —Con una esquina seca de la sábana enjuagó con suavidad las gotas de sudor de la piel de Shaoran.

Sakura miraba sin comprender. El ayuda de cámara se acercó hasta ella y le habló con un ligero acento francés.

—Todo va bien, mademoiselle. Se pondrá bueno enseguida. Mareada, Sakura se volvió hacia él sin atreverse a creer lo que oía. Intentó recordar el nombre del criado.

—¿Zetzu? —preguntó a través de sus labios resecos, y pareció que el cuarto se inclinaba a un lado. Sintió cómo los nervudos brazos del hombre se cerraban alrededor de su cuerpo y, por primera vez en su vida, se desmayó.

...

Al despertarse, Shaoran tuvo la sensación de que era empujado por la corriente hacia arriba atravesando pesadas capas de agua y oscuridad, sintiendo el cuerpo más y más ligero hasta que, por fin, emergió a la superficie. Se sentía aletargado y débil. No le habría costado mucho hundirse de nuevo en la bruma del sueño, pero un pensamiento, repiqueteando en su cerebro, le obligaba a mantenerse despierto:

Sakura.

Abrió los ojos y esperó a que la masa borrosa que percibía se aclarase. Ella no estaba allí. Separó los labios, pero lo único que consiguió fue emitir un gruñido discordante.

—¡Ah, señor Li! —Al sonido de la voz le siguió la familiar cara del ama de llaves—. Nos ha tenido a todos bien preocupados durante los últimos días —dijo con una sonrisa—. Gracias al cielo, ya se encuentra mucho mejor. Querrá beber algo, ¿verdad?

Le levantó la cabeza y le ofreció unos sorbos de caldo tibio. Shaoran bebió el líquido, que tenía un ligero gusto metálico y salado. Pensó en preguntar por el Capital pero, en ese momento, se le antojó de una importancia nimia ante la otra pregunta que ocupaba su mente. Recordaba la permanente presencia de Sakura durante la fiebre, el contacto de sus manos, su dulce aliento en la cara cuando ella lo rescataba de sueños atroces. «Mi cerezo», pensó, deseándola, ansiándola. Pero se había ido.

¿Había estado allí o sólo la había imaginado?

Escuchó sin interés el parloteo del ama de llaves, entendiendo vagamente que el doctor Brooke pasaría a visitarlo más tarde; la enorme preocupación de los duques de Leeds, que habían enviado a su médico particular; que todo el personal de servicio celebraba su recuperación... Sus dedos tiraron de las sábanas recién cambiadas y se concentró en el rectángulo de luz que entraba a través de las cortinas. Entonces, la señora Bee dijo algo que atrajo su atención.

—... quizá más tarde venga a visitarle la señorita Kinomoto, aunque sospecho que hay más posibilidades de que lo haga mañana por la mañana.

—¿Está aquí?—Luchó por enderezarse sin quitarle los ojos de encima a la mujer.

—Señor Li, no debería hacer ningún esfuerzo...

—¿Dónde? —aulló, consiguiendo incorporarse y maldiciendo al descubrir lo débil que se encontraba.

—La señorita Kinomoto está durmiendo sólo unas cuantas puertas más allá. Y dudo que pueda despertarla, señor. Insistió en cuidar de usted durante los tres últimos días y sus correspondientes noches, sin apenas descansar o comer. Finalmente, esta mañana, después de enterarse que se le había pasado la fiebre, el pobre corderillo se ha desmayado. —Al apreciar la mirada de Li, la señora Bee se interrumpió—. Ah, no tiene de qué preocuparse, señor —dijo a toda prisa—, no está enferma, sólo agotada. Estoy segura de que después de dormir unas cuantas horas estará como nueva.

Shaoran sintió una sed acuciante. Alcanzó un vaso de agua de la mesilla de noche y se la acercó a la boca con pulso incierto.

—¿Por qué no la obligó a descansar? —inquirió con aspereza—. No había necesidad de dejarla trabajar hasta el agotamiento.

—No hubo manera de impedírselo. Insistió en cuidar de usted...

—Tráigame la ropa.

—¿Señor? —La consternación se dibujó en el rostro de la señora Bee cuando se dio cuenta de que Shaoran intentaba levantarse de la cama—. Señor Li, no puede pretender... porque sería una locura...

—Avise a Zetzu —dijo Shaoran, sin otra cosa en la cabeza que no fuera ver a Sakura con sus propios ojos—. Y envíe a por el doctor.

—Pero señor, ya le he dicho que vendrá más tarde...

—Quiero... —Una violenta tos, que arrancaba en su pecho, le impidió continuar. Bebió otro trago de agua—. Quiero ver a la señorita Kinomoto. Ahora. —Tenía que asegurarse de que Sakura estaba bien, que había sido el agotamiento, y no la etapa inicial de la enfermedad, lo que le había ocasionado el desvanecimiento.

La señora Bee se retiró hacia la puerta.

—Mandaré llamar al médico —dijo con resolución—, pero no le hará ningún favor a la señorita Kinomoto despertándola, después de todo lo que ha pasado. Y antes de que intente levantarse, le sugiero que coma algo. Diré a una de las doncellas que le suba unas natillas y tostadas.

Cuando la mujer desapareció de su vista, Shaoran se dejó caer sobre la almohada, aunque apenas fue un acto voluntario. Temblaba como un potrillo, y sus extremidades, escapando a su control, parecían no pertenecerle. Para un hombre que siempre había disfrutado de una salud y agilidad inusitadas, aquella debilidad resultaba exasperante. Maldiciendo en voz baja, se recostó hasta que la cabeza dejó de darle vueltas.

A pesar de la insistencia del doctor Brooke en que Sakura no estaba afectada por la fiebre, Shaoran no se sintió satisfecho.

—Amigo mío —dijo riendo el doctor Brooke—, no tiene necesidad de gastar energía preocupándose por la señorita Kinomoto. Le aseguro que goza de una salud bastante buena; tan sólo se encuentra un poco cansada. Mañana por la mañana volverá a verla en su estado normal. En aras de su propia salud, preocúpese de usted mismo. No debe volver aún a su actividad habitual, o su recuperación tardará el doble de lo que debiera. Guarde cama al menos dos semanas y evite cualquier esfuerzo. —Guiñó un ojo al tiempo que añadía—: Esto incluye cualquier deseo amatorio, aunque tengo que admitir que, si estuviera en su lugar, también sentiría grandes tentaciones. La señorita Kinomoto es un criatura encantadora.

El comentario del doctor enojó a Shaoran, que sintió un extraño arrebato de celos. Con el ceño fruncido, tamborileó con los dedos sobre la colcha, mostrando bien a las claras que estaba impaciente porque el médico se marchara.

—Muy bien —murmuró el doctor Brooke—, no hay necesidad de que vuelva, a menos que sufra una recaída. Siga mi consejo e intente no exigirse demasiado. Shaoran asintió con un gruñido y continuó con el tamborileo de los dedos hasta que el hombre se marchó. Entonces estiró el brazo hacia el tirador de la campanilla y llamó a Zetzu.

Sin hacer caso de sus objeciones, Shaoran le ordenó que le ayudara a ir hasta el dormitorio de Sakura, quedando sorprendido por el tremendo esfuerzo que le supuso. Cuando cruzaron, por fin, el umbral de la puerta, el corazón y los pulmones de Shaoran trabajaban incansablemente para adecuarse al esfuerzo exigido a su organismo. Tras soltarse del hombro del ayuda de cámara, se encaminó hacia la cama de Sakurita él solo.

—Vete —dijo con brusquedad—. Si te necesito, ya te llamaré.

Oui, monsieur —contestó Zetzu en un tono que destilaba escepticismo—. Aunque me parece que, con ustedes dos en semejante estado, un rendez-vous no es una buena idea...

—Fuera, Zetzu.

La puerta se cerró tras el ayuda de cámara. Shaoran contempló la inmóvil figura en la cama. Sakura yacía de lado, como una niña, las manos cerradas sin fuerza, el pecho cubierto por un sencillo camisón blanco que le llegaba hasta el cuello. Shaoran se sentó a su lado y tocó uno de los amielados mechones castaños que se esparcían por la almohada. La joven se removió y volvió a acomodar la cabeza; la respiración recobró el ritmo profundo. Shaoran se fijó en las manos enrojecidas de Sakura, testimonio de los días que le había estado cuidando, y sintió que el rubor le entibiaba el rostro. No era de vergüenza el sentimiento que lo embargó —en cuestiones de desnudez e intimidad física, carecía de pudores—, sino más bien la sensación de que ella había adquirido algo de él que ya no podría recuperar... Se sentía atado a ella. Mientras una parte de su ser repudiaba tal sentimiento, otra lo celebraba.

Se preguntó qué iba a hacer con ella. Una cosa era segura: ahora no podía alejarla de sí. Sakura se había colado de rondón en su vida, metiéndose en cada rincón de su intimidad. Y al parecer no había más remedio que aceptarla. ¿Por qué no disfrutar del placer que le ofrecía? Era joven, bella, intrépida y poseía un irreductible optimismo que lo tenía admirado. Recorrió con la mirada la silueta del cuerpo de Sakura, recogido por las sábanas y las mantas de lana como si fuera una crisálida en su capullo. Le tocó el pecho con dulzura, los dedos lo contornearon hasta que la suave elevación ocupó casi por completo su mano. El pulgar rodeó el pezón trazando pequeños círculos hasta conseguir hincharlo. Sakura murmuró en sueños, la ropa de la cama crujió cuando levantó las piernas ligeramente.

Shaoran sonrió y acarició el pelo sedoso esparcido sobre la almohada. Durante un momento se permitió pensar en las cosas que enseñaría a Sakura, en los placeres que compartirían...

Hasta que la excitación empezó a dominarlo. Se levantó de la cama con una mueca irónica: demasiado pronto para tales pensamientos. Habría tiempo de sobra cuando ambos se recuperaran. Entonces satisfaría todas las fantasías de Sakura... y unas cuantas más de su propia cosecha.

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¡Hola, chicos! (:°)-

He decidido que quería subir el capítulo para hoy por que siento que me estoy retrasando con la historia. En pocas palabras sabrán más de esta historia, si se puede, para antes de éste fin de semana.

Resulta que no me fui con mi tía. Por eso la actualización de ahora. Ella vive en Argentina, ¡imagínense si hubiera ido...! Pero lo bueno es que estoy aquí con ustedes, por que la verdad es que estaba ansiosa por subir este capítulo. :) (Realmente quiero viajar a Argentina, me muero por conocerlo. Esta sería la primera vez que viajara a ese lugar)

Pero bueno, ¿Cómo les fue en sus fiesta Navideñas? a mi curioso, pero bueno, lo importante es que aquí está el capítulo.

Ahora contestaré mi único review (Jajajajajajajajajajajaja ese sonó un poco #FOREVERalone...)

caramelito: que te parece la rápidez con la que subí el capítulo? jajajaja, trataré de complacerte un poco más subiendo el capi de "El secuestro de Sakura" en esta semana :D después de todo, esa era mi idea. (Es que estoy ideando un buen lemmon) bueno. te deseo una linda noche o día, depende del tiempo en el que leas esto, y procuraré ya no tardarme más. ¡Palabra de Damallero!

Otra cosa, si el capítulo está muy corto es porque estoy muy cansada y tuve un día súper ajetreadisimo y ahora mismo estoy muy cansada. :(

Sepan que agradezco a todos aquellos lectores que dejan reviews y a los que no por igual. Son muy importantes para mí. Y sólo para aclarar, la historia no es mía sino de Lisa Keypas.

Bueno chicos, me despido de ustedes.

Nos vemos...

Atte:. Dalian Monthgomery.

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