Cuando Bradley llegó al día siguiente a la oficina se encontró a Prentiss, JJ y García riendo como colegialas. No muy lejos, Morgan y Reid discutían aunque más bien parecía que Morgan trataba de callar a Reid que se había emocionado contando no se qué teoría histórica.

El joven agente dejó sus objetos personales y su mochila encima de la mesa y revisó a ver si tenía algún informe. Al ver que esto no era así, se volvió hacia sus compañeros.
- ¿Es qué nadie piensa trabajar hoy?

Pero todos parecían ignorarle. Fitz se encogió de hombros y se quedó sentado mirando alrededor. Pasados diez minutos y profundamente aburrido, cogió uno de los bolígrafos que tenía y lo desarmó.
Prentiss andaba cuchicheando con JJ cuando a ésta le golpeó algo.
- ¡Ay! ¿Qué ha sido eso?
Las tres se volvieron a mirar. Al no dar con ello, volvieron a lo que estaban haciendo.
De nuevo, JJ sintió que algo le golpeaba atrás.
- Pero ¿qué...?
Nada. Como si fuera un fantasma. Esta vez, la agente tardó más en darse la vuelta, como si recelara de que aquello volviera a suceder.
Efectivamente. Nada más darse la vuelta y dirigirse a García, otra bolita de papel le golpeó la cabeza.
- PORQUE ERES DON PERFECTO Y LO SABES TODO, HE AQUÍ PORQUÉ - Morgan gritó a pleno pulmón y dejó a media oficina anonadada.
- ¡¡MORGAN!! - gritó JJ enfadada.
- ¿QUÉ?
- Disimulas muy mal.
- ¿Qué?
- Que dejes de tirarme lo que sea que me estés tirando.
- Pero si yo no he hecho nada...
- Coge fama y échate a dormir - dijo Reid.
- Calla, sabelotodo - bufó el otro agente.
- Me estás tirando bolitas.
- Yo no te he tirado nada. Estaba gritándole a Reid, por si no te has enterado.
- Porque no puedes rebatir que en el medievo los...
- Que sí, que sí, que eres el mal listo.
- ¿Y entonces quién ha sido? - preguntó JJ confusa.
- Yo no, desde luego.

Las tres mujeres se miraron hasta que la rubia cayó en la cuenta.
- ¿te parece gracioso? - dijo volviéndose hacia Fitz.
- ¿La verdad? Sí. - pero al ver que la mirada de la otra era glacial se apresuró a añadir - Era una broma.
- Críos. - bufó Prentiss.
- Y hablando de crías, ¿no hay nada qué hacer?
- ¿Te vas a poner a molestar cuando no tienes trabajo en la mesa? - preguntó JJ visiblemente molesta.
- Si te vas a enfadar como ahora... sí.
- ¿Qué narices te pasa?
- Tu cara mejora con ese mal humor - rió Fitz.
La agente terminó por entender que no había nada que hacer y que aquello no iba a llevar a nada. Se despidió de sus compañeros visiblemente molesta y se marchó a su despacho.
- Vas por buen camino, así. - le reprochó Prentiss a Fitz.
- ¿Verdad? Me encanta hacer enfadar a las agentes más guapas.
- ¿Ah, sí? ¿Te hace sentir importante?
- En realidad no me hago un perfil de mi mismo, solo sé que me gusta y lo hago.
- Se supone que vas a tener que trabajar con ella. Lo aconsejable sería que os llevarais bien.
- Pero si yo no me llevo mal con nadie.
- Si empiezas a tocarle la moral, la liarás y créeme no te conviene tener a JJ enfadada
- ¿No?
- No.

Al cabo de cinco minutos, Fitz estaba jugando al buscaminas en su ordenador cuando una serie de carpetas aterrizaron en su mesa.
- ¿No querías trabajo? - JJ había vuelto vengativa.
- Oh, gracias, es todo un detalle. En realidad iba a pasarme por tu oficina para...
- Mejor que no lo hagas, créeme.
- ¿Por qué?
- Pues porque no.
- Oye, si es por lo de antes, ya te dije que se trataba de una broma - comenzó a disculparse Fitz - No tienes porqué tomártelo así.
- Mira, no es por nada pero en esta agencia trabajamos con adultos, no con críos. Y ahora, si no te importa, tengo otros asuntos que atender.
- No sé quien está siendo más crío ahora.
Pero parece que la agente no había escuchado esto último.

- ¿Qué narices pasó antes? - Derek Morgan, calmado y tras hacer las paces con Reid se había acercado hasta el cubículo de Fitz.
- ¿mm?
- Con JJ. Saltaban chispas.
- Ah. Eso. - Fitz apartó la mirada de los informes con alivio - Estaba probando su aguante.
- Ten cuidado. Tiene un genio muy vivo - le previno Morgan.
- Eso me dijo antes Prentiss.
- JJ es una persona encantadora. Rara vez se la ve enfadada. Siempre está haciendo favores y cumplidos. Pero si se cabrea, bueno, tiembla todo Quantico, ¿sabes? Es mucho peor que Hotch. Y su trabajo es muy importante para la unidad.
- De acuerdo. Lo he pillado. No hacer enfadar a JJ - dijo Fitz a modo de nota mental - De todas formas, mereció la pena por verle ese mohín en la cara.
Derek se rió.
- Eres raro, tío.
Fitz se encogió de hombros.

Era ya prácticamente la hora de cierre cuando JJ salió del despacho de Hotch para volver al suyo y terminar con las tareas de aquel día. Iba cargada de informes, como casi siempre y resoplaba. Llegaba tarde a su cita con Will y su hijo, por San Valentín. Will había reservado mesa para un restaurante. La agente Jareau no es que fuera demasiado emotiva por San Valentín pero el detalle de su novio le gustaba y salir, para variar, estaba bien. Con Henry, rara vez salían a partir de las siete. Eso quería decir que rara vez salía después de su llegada del trabajo porque su hijo estaba ya dormido.

Su mesa parecía un batiburrillo de cosas, papeles y carpetas vacías. Mierda. Tenía que recoger eso antes de irse, si no al día siguiente no sabría donde estaba cada cosa.
Llevaba ya un rato y eran los últimos informes que le quedaban por ordenar cuando una hoja de papel que estaba encima de una carpeta se deslizó de la mesa y cayó al suelo. JJ la recogió para ver en qué carpeta iba pensando que era otro informe más hasta que se dio cuenta de que tenía un poema escrito. Curiosa, trató de leerlo pero no entendía la mitad de lo que ponía.
Frunció el ceño. No tenía tiempo para eso, ya averiguaría que narices quería decir. Entonces también se fijó en algo similar a un trébol que reposaba sobre los últimos informes.
Intrigada, salió del despacho para ver si averiguaba quién había colocado aquello y a qué venía. Morgan se había quedado rezagado con el trabajo y Reid parecía esperarle.
- Hey, ¿alguno ha visto a alguien entrar en mi despacho con esto?
Morgan miró la planta y la nota y negó con la cabeza.
- Parece un trébol de cuatro hojas.
- En realidad es un canónigo. - dijo Reid.
- ¿Un qué?
- Es de la familia de los tréboles pero no es un trébol. Como veis, tiene cuatro hojas y es mucho más grande y deforme. Durante la época medieval era común que los rebaños del rey pastaran en campos donde hubieran muchos ejemplares. Se creía que era muy bueno y que proporcionaba abundancia. Luego, con la tradición irlandesa se empezó a usar contra los malos espíritus. Decían que daba suerte y se le confundía con el trébol de cuatro hojas, aunque éste, de existir se trataba de una mutación y era difícil de encontrar.
- Vaya. ¿Y esto? - JJ le tendió a Reid el poema. - No he podido entenderlo.
- Parece... - Reid examinó el papel con atención. - Debe de ser... un poema...
- Sí, hasta ahí he llegado yo. - reconoció la agente.
- Es una poema medieval escocés.
- ¿Escocés?
- Sí. En mis clases de literatura leí algunos de estos. Este concretamente es anónimo. Los trovadores se lo cantaban a sus amadas. Les decían que esperaran, que rechazaran a sus pretendientes y que se fugaran con ellos en la próxima luna nueva.
- ¿Eso decían?
- Sí. - asintió Reid.
- ¿Y quién narices le manda a JJ un poema de esas características? - preguntó Morgan en voz alta.
- Es San Valentín - le recordó Reid. - Es común enviar poemas por estas fechas. Aunque es poco común que se remonten a la era medieval.
- Ya. - asintió Morgan. - ¿Es de Will, entonces?

JJ creyó hacerse a la idea de quien podía haber sido. Se volvió hacia el cubículo del más joven de los agentes pero allí ya no había nadie. Si Fitz tenía algo que ver probablemente había aprovechado el momento en que le dejó los informes terminados a JJ en su despacho, cuando ella no estaba.
Este chico es una caja de sorpresas. Pensó la agente mientras salía de las oficinas rumbo a su coche. Y, a pesar de los recelos de aquella mañana, tuvo que reconocer que el detalle le había gustado.