Olaaaaaaa! Antes de empezar con el capitulo, kiero avisar que estoy un poco atascada en este fic. Tengo las ideas, pero me cuesta hacerlas encajar. Lo que quiero decir es que es muy posible de que tarde un poco más en actualizar de lo normal.

Pos nada, espero que os guste!

Dubbhe

PD: Gracias a todos los que han comentado, de verdad que os lo agradezco. También os doy las gracias a los que leeis i no comentais… yo soy de ellos XD!

CAP 7- SALIR CON UN POPULAR

En el capítulo anterior…

- Cómo crees que pasaremos nuestro primer día como pareja en el instituto? Siendo quien eres… crees que se hará mucho espectáculo?- preguntó Kagome.

Inuyasha se rió misteriosamente y contestó:

- No.

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El hecho de que el gran Inuyasha Taisho saliera con Kagome Higurashi fue un bombazo en el instituto. La pareja llegó temprano al centro, ya que ese día el autobús había sido muy puntual. Al entrar por la puerta del edificio, Inuyasha le pasó un brazo por encima de los hombros.

- Vamos- dijo, en medio de un bostezo.

Empezaron a caminar por los pasillos, dirigiéndose a las taquillas. Por el camino, todo el mundo se giraba expresamente para mirarlos con descaro. Había miradas de ilusión y sorpresa, pero también de decepción y envidia. La mueca que hizo Kikyo al verlos fue graciosamente indescriptible.

Kagome no pudo evitar sonrojarse al verse tan observada, como si el hecho de ser la nueva novia del chico popular fuera el mejor cotilleo de la historia. Inuyasha se percató del nerviosismo de su chica y le preguntó:

- Qué pasa?

Ella alzó una de sus manos y la posó encima de la de él, cuyo brazo reposaba en sus hombros.

- Todos nos miran…- respondió, turbada.

Inuyasha sonrió con arrogancia y la besó en la cabeza. Contestó:

- Todo el mundo nos mirará hoy, Kagome, y es probable que tú seas el principal tema de conversación de la semana. No dejes que te afecte.

- No se trata de que me afecte o no. Es que se me hace raro.

Él volvió a reírse y su brazo bajó de los hombros a la cintura de la chica, con toda la naturalidad del mundo.

- Ya te acostumbrarás- se limitó a decir.

Al llegar al lado de las taquillas, fueron primero a la de él. Mientras el joven abría el compartimento y buscaba los libros de texto correspondientes a las dos primeras horas, Kagome apoyó su espalda en la taquilla de al lado. Desvió su tímida mirada de un grupo de odiosas pijas, que la observaban descaradamente con unos clarísimos celos, a los ojos ambarinos de su novio, que miraban con atención el horario de ese trimestre, escrito en un papel y pegado al fondo del armarito.

Él se percató de que lo estaba mirando. Con una sonrisa coqueta, terminó con los preparativos de su mochila y cerró la taquilla, cuya llave se guardó en el bolsillo. Después dejó caer la mochila en el suelo y se puso frente a ella. Se apoyó sobre un brazo, que puso al lado de la cabeza de Kagome. Ésta lo miró con ternura y preguntó:

- Qué?

- Dame un beso muy largo- le pidió, su vista fija en la boca femenina.

Kagome se sonrojó y miró a ambos lados.

- Aquí en medio? Delante de todos?- preguntó, como si estuviera esperando que él le dijera que estaba bromeando.

Inuyasha se rió de forma seductora. Sin esperar otra respuesta por parte de ella, se humedeció los labios y se fue acercando a su rostro. Kagome perdió sus deseos de ser discreta cuando sus labios fueron besados con suavidad, un roce enloquecedor que la obligó a pedir más. Casi por inercia, le rodeó el cuello con los brazos y lo besó, siendo correspondida en medio de una risita masculina de satisfacción y victoria.

Kagome se separó rápidamente pero sin brusquedad de sus labios, cuando el mismo grupo de chicas que antes la miraban pasaron por su lado, haciendo sus comentarios de envidia en voz alta. Inuyasha se deshizo en carcajadas cuando ella se sonrojó.

- A mí no me hace gracia- replicó ésta, pero a la vez no pudo evitar sonreír.

- Pues a mí sí, qué quieres que te diga- se mofó, ya acostumbrado a ese ambiente.

La tomó de la cintura y la estrechó contra su cuerpo. Ella, que mantenía el abrazo en el cuello de su novio, se dejó besar en la frente, sin poder evitar sonrojarse más. Tres alumnas pasaron por su lado, y una de ellas dijo:

- Miradla. No es más que una niña de mamá.

La aludida siempre había sido buena ignorando insultos, por lo que no le afectó demasiado el comentario de esa odiosa chica. Sin embargo, Inuyasha frunció el ceño: eso sí que no había tenido gracia. Sin dejar de abrazar a su hermanastra, clavó su penetrante mirada en la joven que había insultado a Kagome y le dijo:

- Si tienes algo que decirle, hazlo en su cara. No te recomiendo meterte con ella en mi presencia, bruja cotilla.

La chica se sonrojó y bajó la mirada, avergonzada al haber sido reprochada por el chico popular, quien seguramente le gustaba, como a todas. Sin mirarlos se fue, casi corriendo, seguida por sus amigas.

- Increíble… gracias- le dijo Kagome a Inuyasha, alucinada por su influencia.

- Keh! Esa estúpida se lo pensará dos veces antes de volver a meterse contigo- se limitó a responder él.

Kagome sonrió y lo besó de improvisto.

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Cuando entraron en la clase de Historia cogidos de la mano, todo el mundo se giró para mirarlos, como en los pasillos. Kagome sonrió tímidamente, sonrojada.

- En fin, te dejo- dijo él, divertido- me parece que tienes para un buen rato de charla con Sango- le susurró al oído, ante la curiosa mirada de todos.

La chica miró a la aludida y se echó a reír: Sango miraba, sorprendida, sus dedos entrelazados con los de Inuyasha. Su mirada exigía una explicación detallada.

- Nos vemos luego- dijo éste. La besó rápidamente en los labios y se fue a su sitio al final de la clase, al mismo tiempo que el profesor aparecía por la puerta, hablando con otra profesora.

Mientras los dos profesores charlaban animadamente, Kagome fue a sentarse en su sitio. Kikyo ya se encontraba allí, en el asiento de al lado, mirándola con la expresión deformada por la rabia. No le daba la gana estar cerca de Kagome, a pesar de que todas las mesas estuvieran separadas, por lo que se levantó bruscamente de su sitio, cogió su mochila y se dirigió a la otra punta de la clase, donde se sentaba una estudiante pelirroja.

- Me cambias el sitio?- le preguntó, aunque su tono de voz no admitía un "no" como respuesta.

La tímida joven asintió ante la chica popular, intimidada. Recogió con rapidez sus cosas y se trasladó al lado de Kagome. Ésta, que le había estado explicando a una emocionada Sango su nueva relación con Inuyasha, la miró extrañada.

- Hola, Ayame!- la saludó, amigablemente- qué haces aquí?

- Kikyo me ha pedido que le cambie el sitio- respondió ésta.

Dicho esto, se concentró en sus apuntes. Sango miró a Kagome y le preguntó:

- Qué le pasa a Kikyo? Estáis enfadadas?

- Te lo resumiré: te acuerdas de que Kikyo nos dijo que no haría fiesta por su cumpleaños?

- Sí, y así fue.

- Pues no. El sábado dio una fiesta en el Shikon.

La expresión de Sango se entristeció de repente. Sorprendida y dolida, se giró para ver a Kikyo a la otra punta de la clase. Ésta le sonrió, pero la de pelo castaño frunció el ceño y le enseñó el dedo corazón de su mano derecha, que hizo que la expresión de la chica popular cambiara, sin entender el por qué de la actitud de su, ahora ex amiga.

Sango se giró de nuevo como estaba antes, frente a Kagome.

- Cómo te enteraste?- le preguntó.

- Inuyasha me lo dijo. Se ve que todo el mundo estaba invitado, pero él no fue.

- Y con razón- Kagome le había contado a Sango la infidelidad de Kikyo hacia Inuyasha días atrás.

- Vamos, chicos, sentaros todos! Tengo algo que anunciaros!- exclamó el profesor, interrumpiendo la conversación de las dos amigas.

Todos acabaron de sentarse en sus pupitres y atendieron al profesor. Antes de concentrarse en la clase, Kagome miró discretamente hacia atrás y le sonrió coquetamente a Inuyasha, que le regaló su sonrisa arrogante pero a la vez tierna que sólo tenía para ella y le guiñó un ojo.

- Tengo que daros un par de noticias. Una buena y una mala- decía el profesor- Empezaré por la buena. El baile de primavera está programado exactamente para el veintiuno de marzo, ya que este año nos ha coincidido con un sábado. Los del claustro sabemos que aún faltan semanas, pero os lo decimos con anticipación para que podáis empezar a buscar pareja. A medida que se vaya acercando, os iremos dando más información acerca del baile.

La gente empezó murmurar, entusiasmada. El hombre siguió hablando:

- Silencio!- pidió- La mala noticia tiene relación a mi asignatura. Estas semanas hemos estado estudiando la Segunda Guerra mundial. No habrá examen, pero tendréis que entregarme un trabajo por parejas, que serán mixtas esta vez, de acuerdo? Os voy a dar cinco minutos para buscar pareja. El tiempo empieza ya.

Todo el mundo se levantó para buscarse un compañero de trabajo. Las miradas de casi todas las chicas se clavaron en Inuyasha, pero éste las ignoró a todas. Se acercó a Kagome por detrás, que estaba intentando rechazar a Hojo (un pretendiente suyo)y la abrazó por la cintura.

- Te pones conmigo, guapa?- le preguntó, mirando fijamente a Hojo mientras lo decía. Su tono de voz consiguió sonar posesivo, ya que el chico bajó la mirada y se fue.

- Claro que sí. Gracias por librarme de él- le agradeció con una sonrisa. Se giró en el abrazo para mirarle, y recibió un dulce pico en los labios.

- No hay de qué- dijo él después del beso.

Kagome apoyó de lado su cabeza en el pecho de su novio y vio a Sango sola, buscando a alguien.

- Quieres aliarte conmigo?- le preguntó a Inuyasha, que la estrechaba entre sus brazos con ternura.

- Tú dirás.

- Ayúdame a emparejar a Sango con Miroku.

Y así fue. Inuyasha fue a buscar a su amigo, y Kagome a Sango.

- Te apetece hacer el trabajo con Sango, Mir?- le preguntó el chico a Miroku.

- Sí… por qué no?- respondió éste, mirando tímidamente a la joven de castaños cabellos.

- Sango?- preguntó Kagome, pasándole el brazo a su amiga por encima de los hombros.

- Está bien- respondió ésta, desviando la mirada para que nadie se percatara de su enrojecimiento.

A medida que tenían hechas las parejas, tenían que pasar por la mesa del profesor para que les apuntara y les dijera el tema que tenían que tratar. A Inuyasha y Kagome les tocó los campos de concentración nazis.

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Eran las veintitrés cero-tres. Esa era la hora que indicaba el despertador digital de Kagome, que compartía silla con Inuyasha, sentada en su regazo frente al escritorio y buscando información en el ordenador para hacer su trabajo.

- Esta web es interesante, apúntala- sugirió Inuyasha, mirando la pantalla. Tenía el mentón apoyado en el hombro de la chica.

Ella escribió el nombre de la página en un papel, junto a otras direcciones electrónicas previamente apuntadas. Tenían cinco webs en total, por lo que ambos estuvieron de acuerdo en que ya tenían referencias suficientes. Ambos se levantaron, y el chico se dispuso a irse a su habitación, no sin antes abrazar a su novia y besarla con pasión, un gesto que la pilló desprevenida, pero correspondió.

Al separar sus labios, Inuyasha se acercó juguetonamente a su oído y le susurró:

- Kagome Higurashi, quieres ser mi pareja en el baile de primavera?

Kagome abrió mucho los ojos y la boca, como si acabaran de decirle que Kikyo era en realidad virgen. La exagerada sorpresa la hacía parecer idiota.

- Qué pasa?- le preguntó él, divertido por su reacción.

Ella siguió sin contestar. Vale, Inuyasha era ahora su novio pero… no dejaba de ser el gran Inuyasha Taisho! Cada año, al acercarse el marzo, todas las chicas esperaban ansiosas y hasta angustiadas que les pidiera ser su pareja en el baile. Y es que, el chico popular y su pareja eran siempre el centro de atención la noche del baile. El joven había asistido todos los años, acompañado por chicas superficiales a quienes les gustaba más la popularidad que no el mismo Inuyasha. Al acercarse esa fecha, había incluso peleas entre las chicas del instituto, y hasta se hacían apuestas para ver quién sería la afortunada de ese año.

Y ahora se lo estaba pidiendo a ella. Se lo estaba proponiendo a Kagome dentro de quinientas alumnas en total de las que le posibilitaba el instituto.

- Kagome, necesito una respuesta- empezaba a impacientarse.

- Yo… Inuyasha, sólo sé bailar moderno- se moría por decirle que sí, pero sabía que si aceptaba, sería el centro de atención de la noche, y no quería hacer el ridículo.

- Es sólo para divertirse, yo tampoco sé bailar.

- Eso es mentira.

Inuyasha sopló hacia arriba, haciendo que su flequillo se moviera cómicamente, un gesto muy habitual en él.

- Vale, sí, pero muy poco- reconoció- he ido aprendiendo con cuatro años seguidos de asistir. Y sí, he recibido algunas clases.

- En serio?- no pudo evitar soltar una risita- de quién?

- Mi madre era profesora de baile de salón. Le pedí que me enseñara lo básico del vals, que es lo que se hace en el baile de primavera. Lo mínimo para no hacer el ridículo, vaya.

- Tú sabes bailar, aunque sea poco. Yo no sé nada de vals, sólo sé jazz y hip-hop- dijo ella, abatida. Y era verdad, Kagome hacía años que bailaba moderno. Cada año, el día antes del baile de primavera, se hacía una exhibición de extraescolares, donde los de baile preparaban una coreografía. Y sólo faltaba una semana para eso- y la exhibición es el día antes del baile de primavera. No sé si podré estudiar y ensayar todo esto al mismo tiempo.

- Vamos!- la animó a aceptar, estrechando el abrazo.

Kagome lo miró y levantó una ceja.

- Te propongo un trato- dijo- Yo te acompañaré al baile, pero tú tendrás que enseñarme.

- Trato hecho- aceptó él, sin pensárselo dos veces.

- Dame la mano, entonces- la chica le tendió una mano para que se la estrechara.

- No podemos sellarlo de otra forma?- le preguntó Inuyasha, mirándole los labios fijamente con una sonrisa burlona.

- Dame la mano primero, idiota- respondió ella, entre carcajadas.

El joven la tomó de la mano y luego la besó, sellando el pacto.

FIN DEL CAP 7!