Día 7: Dressed/naked
Tararea una pequeña melodía de camino al ascensor y sonríe al tiempo que hace pequeñas reverencias saludando a todo aquel que se cruzaba en su camino. En condiciones normales él no tenía nada que hacer dentro de la impresionante edificación que era las Corporaciones Choi pero aún con su apretada agenta encontraba pequeños ratos libres en los cuales podía trasladarse solo para tener un encuentro casi efímero con su prometido.
Escondido bajo un par de gafas de sol que cubrían parte de su rostro, pasa desapercibido y por momentos infla las mejillas tratando de alejar el dejo de vergüenza que sentía de forma subconsciente. Juega con los bordados de su ropa y se acerca hasta la secretaria con paso lento.
—Estoy aquí para ver al señor Choi. —Comenta suave en susurro sin mantenerle la mirada a la secretaria. La mujer le dedica una mirada fugaz sin caer con detenimiento de quien se trataba.
—Lo siento señorita, en este momento es señor Choi se encuentra ocupado. Tengo órdenes estrictas de no molestar.
—Lo sé. —Ante la expresión, la mujer se extraña y despega la mirada del computador para observar con atención a la figura que tenía enfrente; un pronunciado sonrojo sube a sus mejillas y se esconde tras una mano avergonzada. Ante ella no se encontraba nadie más que el prometido del señor Choi, aunque por su vestimenta daba a creer que se trataba de una jovencita.
—Taemin-sshi —Taemin sonríe a medio lado con malicia luego de con un delicado gesto le hace mantenerse en silencio, la chica asiente varias veces con premura y se dedica a permanecer enfocada en su trabajo más luego que el chico toca con cuidado la puerta y se pierde en las paredes de la oficina, ella no puede evitar lanzar una risita acalorada.
Que afortunado era su jefe.
Minho se encontraba de espalda a la puerta en su silla, hablaba por teléfono con lo que él se imaginaba debía ser algún nuevo cliente, armaba reuniones y almuerzo de trabajo; él espera paciente a que el mayor termine. Le escucha suspirar cansado y ríe sin sonido mordisqueando su labio inferior para luego llamar su atención dando toques a la madera del escritorio.
El mayor frunce el entrecejo al saber que se no se encontraba solo, había dado instrucciones a su secretaria de dejarle para terminar el trabajo atrasado, él simplemente no entendía por qué le desobedecía.
Sus ojos se abren de par en par por la impresión, la garganta se le seca y cree escuchar el sonido seco de su celular caer contra el suelo.
Taemin en verdad se había esmerado en esta ocasión.
El más pequeño modelaba un vestido de seda azul cielo con lunares blancos, las mangas levemente abombadas sobre sus hombros y en el centro sobresalía un coqueto lazo que daba realce a sus clavículas; si silueta se contemplaba suave y por encima de sus rodillas caían unos amplios volados dando un aire de frescura. Las piernas del chico se veían acentuadas por unas largas medias blancas que se perdían debajo de la tela del vestido en conjunto con unas adorables zapatillas igual blancas.
El cabello azabache caía con ondas sutiles un poco más abajo de sus hombros, Taemin le sonreía entre apenado y satisfecho ante la reacción sorprendida y atontada.
Camina hasta llegar a su lado y Minho solo se gira en la silla para contemplarle mejor.
—¿Ocupado oppa? —Se traga un comentario mal intencionado y prefiere dejarle ser mientras le sigue con la mirada. —¿Puedo ayudar? —Sin esperar respuesta por parte del castaño queda sentado sobre en su regazo y gira la silla quedando frente al escritorio, ojea varios papeles al tiempo que Minho posa sus manos en la pequeña cintura que se le presenta y crea círculos con sus pulgares en un toque sutil.
—Por favor —susurra contra su oído dejando un casto beso detrás de su cuello.
—No lo sé, oppa, quizás solo deberías tomar un descanso. —Mueve sus caderas en modo sugerente.
—Quizás tengas razón. —Atrapa la extensión de piel entre sus labios y deja una marca rojiza contra el hombro del moreno por encima de la ropa mientras una de sus manos se escabulle debajo de la suave tela de su adorable vestimenta; siente el contacto de las altas medias y se siente sorprendido una vez más al percatarse de las bragas de encaje que traía su prometido, decoradas al igual que su vestido con un pequeño lazo justo en el centro. Tantea el adorno con la punta de los dedos y ríe grave entre susurros al sentir como Taemin arqueaba la espalda.
Delinea la piel de su nuca con su nariz y aspira el sofocante aroma de su prometido, esencias florales, silvestres y el característico sentido de Taemin. Crea un camino de besos desde su mandíbula hasta su hombro y de cuenta nueva tienta la unión de piel con un mordisco intencionado a dejar más zonas amoratadas; con sus uñas marca leve su vientre y ríe quedo una vez más al sentir como la ropa interior comenzaba a volverse pegajosa.
Alza las caderas y Taemin respira acalorado su nombre.
Toma entre su mano el aun dormido miembro del moreno y bombea de él unas cuantas veces hasta que la espalda de Taemin choca contra su pecho por completo y le rodea el cuello con los brazos por encima de su cabeza.
Su pequeño se deshacía entre jadeos y gemidos entrecortados, Minho le mantiene callado dejando tres dígitos en su boca a lo que el más joven toma la señal y comienza a dejarlos húmedos con su lengua.
—Minho —atrapa un manojo de cabello del mayor entre sus dedos al tiempo que sus caderas comienzan a moverse con rapidez para encontrarse con las estocadas fantasmales que el hombre le dedicaba y por sus mejillas y cuello se extiende un abochornado sonrojo.
—Está bien, Minnie. —Sube el vestido dejando al descubierto la prominente erección del pequeño que sobresalía por encima de la ropa interior. —Te tengo. —Le incita a subir las caderas con un movimiento de las propias y desliza la prenda hasta quedar colgando en sus talones, con sus mano diestra se posiciona justo donde la espalda pierde su nombre y tantea con suavidad la atractiva y rojiza entrada del menor.
Acaricia el anillo de nervios hasta que Taemin ladea el rostro y le apresura a hacer algo, lo que fuese. Uno de sus dedos se adentra en el cálido pasaje, estrecho y pulsante. Con movimientos constantes comienza a relajarle y sella sus labios con lo que maltratados de su prometido; sus lenguas salen a su encuentro en una batalla por dominación y logra con éxito distraer al moreno.
Un dígito pronto se vuelve dos y a poco tiempo se convierten en tres, Taemin se derretía entre los brazos del mayor, sus caderas se mueven con prisa y su vista se nubla una vez que se ve envuelto en placer intenso al sentir como Minho atacaba sin piedad lo más profundo de su ser.
Con un movimiento apresurado desplaza por encima de los hombros del menor el vestido dejándole con nada más que las medias y ataca la piel expuesta de sus hombros y parte de su espalda con los labios. Posa ambas manos en su cintura ganando un quejido de protesta ante el dejo de vacío con el que quedaba Taemin y en fugaces movimientos logra bajar sus pantalones al igual que su ropa interior; su clara erección queda libre y un escalofrío le recorre la espalda.
En un acto de rebeldía Taemin alza las caderas y puede sentir el contacto resbaloso de su piel contra la de Minho, el mayor le guía por la cintura y despliega besos tras su oreja y cuello.
Ambos gimotean en conjunto ante la idea de formar uno y Taemin posa ambas manos sobre el escritorio tratando de mantener el equilibrio mientras se desplaza en rumbo descendiente.
—Despacio, Minnie. No te lastimes. —Minho sentía una desesperada necesidad de acortar la distancia con una sola y fuerte estocada, la idea se sentir la estrechez de su prometido le hacía delirar pero aun en su estado necesitado la seguridad del pequeño estaba primero.
Suspiran satisfechos una vez que tienen el contacto de sus pieles, juntas, sofocando sus corazones.
Una probada experimental de sus caderas les tiene jadeando a ambos y una vez que Taemin se ha acostumbrado a la sensación comienzan un vaivén fluido.
El espacio se hace viciado, sus respiraciones se acortan y de sus gargantas solo se escucha una mezcla de jadeos y gemidos, sollozos y quejidos seductores.
Obvias marcas coloradas se hacen presentes en la cintura de Taemin mientras Minho mueve sus caderas en un ritmo errático destinado a llevarles a ambos al más alto nivel de placer. Con un grito de su nombre Taemin pierde la cordura, toda fuerza escapa de su cuerpo y cae rendido contra el cuerpo del mayor.
Suelta una risita acalorada ante la calidez expuesta en su cuerpo como fuego líquido.
Del último cajón de su escritorio Minho saca unas toallas y comienza a limpiar el desastre que han creado en la habitación. Taemin con paso inestable va en busca de su ropa y una vez arreglado le lanza una sonrisa al castaño.
Minho solo le observa desde su escritorio con una mano posada en su rostro como apoyo y le responde el gesto con dulzura.
