NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO.

¡Hola!

¿Como están? ¡Ya les traigo al fin este nuevo capítulo! :D No es muy largo, pero si es muy profundo, al menos eso pienso yo. Ya vamos en la recta final del fic, a punto de terminar debo decir. No me quedan ya muchas cosas que contarles, aunque he estado pensando en alargar la trama hasta cubrir el capítulo "el despertar" y ya, finito. Lo que sigue en el "Pañuelo en la Cabeza" ya no me corresponde xD

Comentarios:

Kabegami Amaterasu: lo sé, en un principio pensé que Katara se enfrentaría a una tropa de Maestros Fuego, pero la idea del calamar me pareció más intensa, sobre todo por la escena en que se va hundiendo... ¡Amé esa parte! :) Me alegro que los POV si me salgan bien, es siempre mi principal objetivo. Muchas gracias, igualmente espero ver pronto tus actualizaciones :D

Emilia-Romagna: ¿sabes? ¡Le atinaste! disfruta el POV... :)

Nieve Taisho: Toph es Toph y me he rendido a esa situación ¡La carne es delicioso! tolero a la gente que no le gusta pero... jamás lo podré comprender.

¡Disfruten!


Capitulo 6

.

.

POV de Hakoda.

.

Katara venía a toda velocidad sobre el agua deslizándose grácilmente. Ella se impulsó en lo que parecía un pequeño remolino y descendió sobre la proa. Con un sencillo movimiento de su mano el agua que mojaba sus pantalones se desprendió y la dejó caer sobre el océano.

Ella lucía de forma diferente. Había una nueva chispa en sus ojos. Como si todo este tiempo hubiera estado dormida y ahora acababa de despertar. No era algo fácil de explicar, aunque sí de ver. Noté de reojo a mi hijo deduciendo lo mismo.

Estaba impresionado. Por no decir en shock. Cuando me fui del Polo Sur, Katara a duras penas podía mantener un pequeño flujo de agua entre sus manos. Se la pasaba horas y horas ejecutando movimientos con la esperanza de que sus poderes se desarrollaran. Ansiaba aprender Agua-Control más que nada en el mundo y siempre me sentí impotente por no poder darle la posibilidad de desarrollar su potencial.

Cuando me fui lo hice pensando que quizá, con mucha suerte, encontraría en la guerra algún Maestro que pudiera enseñarle a mi hija los misterios del dominio de su elemento. Conocía bien a mi hija, y aunque no estuviera con ella en el Polo Sur, todas las noches de luna llena me figuraba verla sobre el mar tratando de crear olas con sus movimientos.

Sokka me había contado toda la historia que ellos habían vivido. Desde que encontraron a Aang encerrado en el iceberg, hasta la pelea que Katara sostuvo con el Maestro Pakku para que le enseñara a dominar su elemento. No me había sorprendido en absoluto. Mi hija era terca, si ella quería aprender Agua-Control, lo haría, sin importar quién le dijera que no.

Al final resultó que Pakku fue el prometido de mi madre años atrás. Esa declaración sí que me sorprendió. Accedió a enseñarle y día a día entrenaba constantemente desde el amanecer hasta el anochecer. Nadie la paraba. En noches de luna jamás descansaba, siempre practicando, esforzándose por hacerse una con su elemento.

Lo consiguió. No solo Sokka, si no todos me habían dicho que ella era una gran Maestra Agua. De esas que son para temer, por su dominio preciso y fluido.

Pero nunca la había visto en acción. Lo que acababa de hacer, pelear contra ese calamar, fue impresionante. Nunca había visto algo parecido. Me hizo recordar cuando mi difunta esposa le decía constantemente a Katara que practicara todo el tiempo, aunque supiera pocas cosas, porque una fuerte determinación sería la clave de cualquier éxito.

Kya tenía mucha razón, como siempre.

Katara ya no era mi niña. Es decir, lo sabía, pero ahora podía verla convertida en una gran guerrera. Jamás imagine que mi dulce y sonriente hija pudiera convertirse en tal fiera. Todo por defender lo que ella quería.

"¿Alguien está herido?" preguntó, recorriendo la proa con su mirada.

"Papá lo está" Sokka me señaló.

Lo miré fijo.

"No es nada" respondí "Apenas un raspón"

Si, el que te causa una punta de lanza incrustada en tu brazo. Todo durante la pelea con los tentáculos de ese calamar.

Katara volteó hacia mí y vio la sangre que se desplazaba por mi brazo hasta el suelo; estaba formando un pequeño charco. Cubría la herida con mi mano tratando de detener el sangrado. Dolía, pero ahora que la adrenalina estaba dejando mis venas podía sentir el palpitar espantoso de la sangre y la carne expuesta.

Los ojos de mi hija se abrieron desmesurados y ella corrió hacia mí. Se inclinó inmediatamente sobre la herida.

"¿Quién tiene un vaso con agua?" preguntó ella ansiosa.

Sokka le tendió su cantimplora. Katara la abrió y el flujo de agua limpia salió suavemente hasta posarse sobre sus manos. Ella las colocó sobre mi herida haciendo que el agua brillara.

En ese momento se sintió extraño. Primero dolió, pero después comencé a sentir que la piel se curaba y la sangre caliente se enfrió de repente. Los dolorosos palpitares cesaron y pude notar el agua, con su brillo, desapareció. Mi herida ahora estaba cerrada y apenas una línea rosada poco hinchada cruzaba mi brazo.

"En dos días, creo, no te quedará nada" me dijo Katara "Era un poco profundo"

"Katara…"

Le agarré su mano para verla a los ojos. Quería decirle lo orgulloso que estaba.

Pero Katara entrecerró sus ojos azules en una expresión enfadada y se alejó de mí con un movimiento rápido.

"Tengo que curar a Aang" dijo "Llámenme si necesitan otra cosa"

Entró rápidamente al barco.

.

POV de Iroh.

.

"Es hora de que se acostumbre" me dijo el soldado, ajustando fuertemente las esposas de metal sobre mis muñecas "Las llevará por el resto de su vida"

Jaló de la cadena casi tumbándome y obligándome a arrastrarme tratando de seguir su apresurado paso hacia la prisión del barco. Otro grupo de soldados me rodeaba intentando cerrarme las opciones. Ellos sabían que yo no era un prisionero común y corriente. En este momento, si quería, podía crear unas llamas que rompieras las cadenas y salir de aquí.

Ba Sing Se ahora estaba conquistada por la Nación de Fuego. Pero salir de ahí no sería difícil para mí, conocía bien el lugar y además las estrategias de mis conciudadanos. No obstante, no era el Reino Tierra el que me necesita ahora. Lo es Zuko.

Creí que la metamorfosis sufrida hace unos días le había hecho cambiar más profundamente. Empujándolo a tomar la decisión correcta. No fue así. Al parecer, Zuko todavía tenía que escalar un poco más en esa montaña de sus errores para poder caer en el prado de su verdad. Me dolía darme cuenta que mi sobrino pasaría por mucho más sufrimiento.

Aunque podía ver el lado bueno dentro de todo esto. En la Nación de Fuego, Zuko se haría frente a una tremenda realidad: no era el mismo príncipe que dejó el Palacio tres años atrás. Él había visto la crueldad de la guerra de una forma que Azula, Ozai o cualquier otro jamás contempló. Estaba cambiado. Y podía jurarlo porque había permanecido a su lado en todo este tiempo.

Los planes que tracé años atrás estaban dando un giro inesperado, pero mejor. Ahora no tendría que contar toda la historia, Zuko podría descubrirla. Pero para abrirse a cambios tan bruscos se necesita estar dispuesto… o caer lo más bajo posible.

Zuko había aceptado la redención de Azula. Él la conocía. Y yo conocía perfectamente a mi sobrina. Ella tramaba algo. Quizá sus planes eran ambiguos y no tan pensados como para saber el desenlace. Me esforcé en entender por qué ella querría la ayuda de Zuko, aún cuando nos estuvo persiguiendo para encarcelarnos pocos meses atrás.

"Disfrute su habitación, General" dijo el soldado con mofa, abriendo la puerta hinchada de metal que me conducía a la sucia celda "Y háganos saber si se le ofrece algo"

Los demás soldados se echaron a reír mientras me empujaban, tumbándome al sucio y maloliente suelo donde estaría semanas antes de llegar a la Nación de Fuego, y a mi verdadera prisión. Ozai no era idiota. Él no me mataría, después de todo aún había demasiadas personas que seguían creyéndome el verdadero heredero. Pero encerrarme era otra cosa.

Escuché el chirrido de la puerta cuando se cerró el golpe del cerrojo. Los soldados se fueron haciendo más bromas, intentando humillarme. Cosa que jamás podrían hacer.

Me senté recargándome en la pared y me quedé pensando en más detalles de ese día, que Zuko tomó su decisión. Azula dijo necesitarlo, para el día más glorioso de la historia. Luchar contra el Avatar.

El Avatar era una persona tremendamente poderosa, pero Azula lo era más. Además, el pequeño no dominaba bien los elementos. El tiempo que pude conocerlo supe que aún albergaba muchas dudas en su interior. Era completamente comprensible, tendría apenas doce años o trece y ya debía enfrentar a un país entero para ponerle fin a la guerra. Leía a través de sus ojos grises el brillante destino que tenía… marcado también con tragedia y dolor.

Azula no era tonta, ella sabía que podía enfrentarse al muchachito usando su arma más letal: el miedo. Después de todo, no hay manera más sencilla de controlar a las personas, especialmente a los niños, que con aquella espantosa emoción. Si quería a Zuko debía ser por otra cosa ¿La Maestra agua?

Katara, recuerdo haber escuchado que la llamaban. Era una Maestra formidable. La había visto usar sus dones antes, una persona muy poderosa para su joven edad. Ya podía imaginarme su poder cuando creciera. Me recordaba en eso a mi sobrina, quizá Azula tendría miedo de perder ante ella. Pero no. Azula había heredado de mi hermano su sentimiento ególatra. Jamás consideraría que podía perder o fallar.

Y contaba con la ayuda de los Dai Lee. No. Era incapaz de encontrar explicación de porqué Azula quería después de años de peleas una alianza con su hermano. Por favor, lo que más deseaba era la corona y sabía que Zuko era su único obstáculo. Si pensara en matarlo no me sorprendería tanto como…

Era eso.

Había tratado de matar al Avatar, con ese rayo. Pero sabía lo suficiente sobre el Espíritu Avatar y además los métodos de sanación de los Maestros Agua para saber, que el Avatar no murió aquella noche. Pero si le decía a los demás que sí… y Zuko de por medio.

Le echaría la culpa.

Debo admitirlo, mi sobrina es astuta. Y mi pobre sobrino aún no ha podido superar todos los fantasmas de su pasado. Yo ya había ayudado con lo que pude, le había marcado el camino correcto. Zuko se estaba desviando de nuevo, pero porque lo conozco y además, porque puedo imaginarme el regreso que tendrá, sé que volverá a su destino.

Aún recuerdo la noche en que descubrí todos los secretos ocultos de la Nación de Fuego. Y que me sentí avergonzado de mi propia Nación. De mi linaje. Pero además comprendí porqué Zuko siempre fue desde niño una persona tan dual. Era su herencia espiritual.

Sentí que el barco se tambaleó cuando comenzó a mecerse al ritmo del mar. Empezaba mi travesía. Ahora tendría el tiempo de ser el anacoreta que desde hace años necesité ser. Quizá aislándome para meditar más en mis acciones podría encontrar la forma de guiar más correctamente a mi sobrino. Yo sabía que no había acontecimiento en el mundo que pudiera ocurrir sin que tuviera propósito. Algo bueno debería salir de todo eso.

Escuché unos pasos y me tensé. Levanté mis manos encadenadas, tratando de adoptar una posición parecida al ovillo. Miré furtivamente hacia fuera de la celda y al fondo del pasillo, oculto por las sombras, vislumbré una silueta. Llevaba una capa roja que me impedía ver su rostro. No obstante, su fisonomía la conocía a la perfección. Así como el resplandor de ojos dorados.

Este sería un largo viaje…

.

POV de Toph.

.

"Hey, Reina Azucarada" dije, para captar su atención.

Sentí que ella se tensó, pero no se movió en absoluto. Estaba sentada, ahora sobre una silla, sobre la cama donde estaría Aang. Sokka a mi lado se adentró caminando hacia ella.

"¿Estás bien?" dijo el Capitán Boomerang "No has salido de aquí en toda la tarde"

"No he salido de aquí en días" replicó, con una voz extrañamente más sana "No entiendo por qué les preocupa mucho"

"Tu sabes porqué" le dije "Estuviste increíble allá afuera, peleando. O al menos eso me han dicho" agregué lo último como broma, pero Katara no rió. Ella solo asintió "¿Novedades con él?"

Sokka se volteó hacia mí, pero no supe qué tipo de expresión intento que yo entendiera.

"Ninguna" Katara sonaba afligida "Creo que ya no puedo hacer nada…" ahora estaba contenida, reprimiendo sollozos "Aang está…"

"¡Ni lo digas!" grité "No es el fin del mundo ¿entendido?"

"Lo que Toph quiere decir, Katara, es que Aang es un muchacho fuerte y saldrá de esto. Créenos" pude apreciar que colocó una mano sobre su hombro, tratando de darle consuelo.

Katara en vez de eso se llevó las manos a la cara, como si estuviera llorando. Alcancé a escuchar sus sollozos ahogados por el eco sin que por eso sonaran menos intensos.

"No sé que hacer" nos confesó, por primera vez en todos estos días "Ya no sé que hacer…"

Escuché la voz de Katara como jamás creí escucharla en toda mi vida: desesperanzada.

Ella era la reina de la fe. Siempre que estábamos desanimados, vacíos, sin querer continuar o simplemente demasiado cansados y dispuestos a rendirnos, Katara aparecía con una voz amable y conciliadora, colocando sus suaves manos sobre nuestros hombros o mejillas buscando infundirnos la esperanza necesaria para sobrellevarlo todo. Incluso creo que fue por eso que Pies Ligeros está tan enamorado de ella.

Pero ésta vez, parecía que la esperanza había huido de mi amiga. Sokka me había explicado burdamente su teoría. Katara siempre encontró fortaleza, desde niña, en su ilusión de que el Avatar regresaría para darle paz al mundo. Y fue esa fe a la que se aferró durante todo este viaje para convertirse en la mejor Maestra Agua y darle forma a ese sueño, hacerlo realidad.

Aang no estaba. El Avatar no estaba. Tan simple como eso. Yo debía añadir algo más a la teoría de Sokka: cómo el corazón de la Reina Azucarada se lanzaba disparado de latidos cuando Aang le decía frases tiernas o se daban un abrazo. Era una exacta coincidencia con las reacciones corporales de Pies Ligeros ¿me debería sorprender? Nunca lo hizo. Eran muy obvios.

Podía tratar de visualizarme ese panorama. Katara había perdido no solo a su roca de esperanza, si no al chico del que estaba enamorada. Dos golpes hacia su corazón, que seguro hundirían a cualquiera. Sobre todo a la sentimentalista del Azúcar.

"Yo si" le dije, dando un paso hacia Katara "Puedes limpiarte esas lágrimas y salir a la proa un rato. Aang está herido, pero no está muerto. Y cuando despierte no querrás que te vea llena de ojeras ¿Oh Si?"

"Toph…"

"No me salgas con excusas, sabes que es la verdad. Ahora, enfrenta a la realidad. No estás sola. Estamos contigo. Siempre lo hemos estado y lo estaremos"

Sentí sus brazos delgados abrazándome. Esta parte es la que menos me gusta de las charlas motivacionales…

"Gr-a-ac-i-ias" me respondió entrecortadamente.

"De nada"

"Buen trabajo" me dijo Sokka.

¿Qué hice? Solo le dije la verdad…lo que ella necesitaba.

Al menos ya no estaba como una zombie. Pero de tenerla todo el día encerrada y callada a llorando sobre mi blusa… quizá la primera opción era mejor.


El primero, POV de Hakoda, me pareció necesario para mostrar también que él se siente orgulloso de Katara, en la serie lo vi como un padre cariñoso y protector. Quise reflejar ese sentimiento para con Katara.

El POV de Iroh puede que sea algo confuso, pero es que el mismo personaje tiene sus incógnitas. Es una reflexión sobre lo que pasará más adelante y personalmente, me encantó cómo me quedó, hasta sospechoso.

La escena final me debatí si poner un POV de Sokka o un POV de Toph. Pero me incliné hacia la Bandida Ciega porque no hay nadie mejor que ella para hacer que uno se enfrente a al realidad cara a cara.

Espero que les haya gustado :) Muchísimas gracias por leer.

chao!