- - -
CAPÍTULO SEXTO:
Cumpleaños feliz
- - -
Haibara sostuvo el paquete rojo frente a la puerta hasta que por fin una mano se alzó para recogerlo. Conan estaba allí, oculto por las sombras y los abrigos que colgaban del perchero, mordiéndose el labio inferior en una expresión de culpabilidad. Ran venía a darle un regalo y ¿qué hacía él? Esconderse, ¡menuda idea! Ai también parecía opinar que era una estupidez, pero no dijo nada; ya parecía bastante martirizado sin falta de que le ayudase.
Arrastrando los pies, giró sobre sí misma y emprendió el camino hacia el instituto Teitan sin decir una palabra. Conan reaccionó y salió tras ella al cabo de un rato, teniendo que correr un poco para igualar el - sorprendentemente - rápido paso de la chica. El papel bermellón crepitó al apretarse contra los libros en la mochila del muchacho, llamando la atención de Ai.
- ¿No lo vas a abrir? - preguntó. Edogawa tropezó con una piedra y se quedó unos pasos atrás; sus mejillas estaban sonrojadas.
- Más tarde... - murmuró. Haibara puso su característica media sonrisa:
- Ah... ¿Te da vergüenza abrirlo delante de mí? No te cortes, hombre, si yo ya no me asusto por nada...
Conan estaba a punto de replicar a eso cuando escucharon un grito, y antes de que les diera tiempo a reaccionar, Ayumi, Mitsuhiko y Genta aparecieron a sus espaldas. Conan se volvió, muy sorprendido al ver a los dos chavales acompañando a Ayumi.
- ¡Hola! - exclamó - ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal? - y reparando en que los chicos no llevaban uniforme, añadió: - ¿Y la ropa? ¿No tenéis clase?
Los cinco retomaron el paso. Mientras tanto, Mitsuhiko se explicaba:
- No exactamente... Los de Secundaria Superior de nuestro instituto están de exámenes, y algunos de nuestros profesores también son suyos. Teníamos un par de horas desocupadas...
- ...Así que decidimos tomarnos el día libre y venir a veros - terminó Genta alegremente.
- Haciendo novillos, ¿eh? - apostilló Haibara, abriendo la boca por primera vez y acompañando su sarcástico comentario con una mirada de soslayo. Mitsuhiko se sonrojó, avergonzado.
- Bueno...
- ¡Ey! - interrumpió Ayumi, dirigiéndose a Conan y Ai (pero sobre todo a Conan) - ¿Qué os parece si nos saltamos nosotros también las clases? Hace mucho que no estamos todos juntos...
Y puso ojos de corderito degollado. Se miraron dubitativos; ellos dos no tenían problema con las notas, pero los otros tres...
- Pero bueno, ¿y qué pasa con el uniforme? - replicó Conan, inseguro - Vamos a cantar de lo lindo vestidos así en horario escolar...
Los tres chavales les miraron pícaramente; - Por eso no te preocupes... - dijeron, y Mitsuhiko y Ayumi sacaron algo que no eran libros de texto de sus mochilas.
- ...Esto cuenta como crimen premeditado, ¿sabéis?
Y los tres asintieron sonrientes.
- - -
- ¡Vamos, Ai, sal ya! - dijo Ayumi, golpeando repetidamente la puerta del servicio portátil. Genta, Mitsuhiko y Conan (vestido con unos vaqueros y una sudadera indudablemente confeccionados para alguien más alto que él) esperaban ya en la calle a que la chica terminara de cambiarse. Un bufido salió del cubículo.
- Yo paso - protestó ella; su voz sonaba sofocada a través del plástico. - ¡Quiero ir a clase!
A pesar de sus quejas, abrió la puerta y salió, ligeramente abochornada. Ayumi enseguida rió y corrió a colgarse de su brazo.
- ¡Mirad! - dijo - ¡Somos hermanas!
Ai suspiró, Genta y Mitsuhiko sonrieron apocados y Conan... se tapó la boca para no estallar en carcajadas. La verdad era que Haibara estaba muy mona vestida con la ropa de Ayumi, pero realmente era algo que ella jamás se compraría. Para empezar, los colores pastel nunca habían sido lo suyo...
- En fin, qué se le va a hacer - rezongó Ai mirando su reloj de pulsera - Ya llegamos tarde a la primera hora...
- ¡¡Sí!! ¡Vámonos! - exclamaron los tres adolescentes, saltando emocionados. Se giraron y comenzaron a andar... cada uno en una dirección. Conan y Ai se dieron un golpe en la frente.
- ¿¡Adónde vamos!? - preguntaron acalorados. La Liga Juvenil de Detectives se reunió para deliberar.
- ¡A Shibuya, al 109! - propuso Ayumi, alzando un dedo al cielo.
- ¡No, no, vayamos a Akihabara! - replicó Mitsuhiko.
- ¡Me da igual, a cualquier sitio a comer! - Genta, por supuesto.
- ¡A Harajuku, a la tienda de Louis Vuitton!
Cuatro miradas incrédulas se dirigieron inmediatamente hacia Ai, quien se ruborizó.
- ¿Qué? Tiene cinco pisos...
- - -
La estación de trenes estaba llena de gente, algo normal en Tokio cuando la hora punta todavía no había terminado. Los cinco chavales consiguieron pasar a duras penas el torno de los billetes debido al gran número de trabajadores y estudiantes que sí iban a clase. Todo lo rápido que pudieron, se acercaron a un gran panel de plástico a mirar el número de paradas. Ayumi iba canturreando alegremente porque había ganado a piedra, papel o tijeras y Shibuya les esperaba.
¡Din-don! El altavoz anunció la llegada de su tren y, efectivamente, unos segundos después el convoy verde y plateado se detuvo en el andén y abrió sus compuertas con un chasquido. Enseguida empezó a tragarse oleadas de gente y en cuestión de segundos estaba casi completo; ¡lo que era la ciudad a esas horas de la mañana! Los cinco intentaron aproximarse, pero estaba todo demasiado lleno de personas empujándose las unas a las otras y se hacía demasiado difícil acercarse a las puertas. Conan y Ai se quedaron atrás.
- ¡Chicos! - gritaron - ¡El siguiente pasa en dos minutos! ¿Qué más da esperar?
Pero en ese instante sonaron unos familiares pitidos que anunciaban la próxima partida del tren y que apagaron sus gritos. Cuando se quisieron dar cuenta, Ayumi, Genta y Mitsuhiko les hacían señas desde el interior del último vagón para que se dieran prisa. Ai rezongó y aceleró, y consiguió entrar sin muchos apretujones. Conan, dos pasos por detrás, se agarró al asidero exterior del tren y puso un pie en el mismo, confiado.
Y de pronto, alguien le empujó. Ai se abalanzó sobre él en un acto reflejo y consiguió agarrarle de la chaqueta, pero sólo durante el breve tiempo que tardó la puerta en cerrarse de golpe, dejándole la tela pillada entre las planchas. Los ojos azul lavanda de la muchacha, abiertos de puro pánico, se encontraron con los de él un segundo antes de que el tren se pusiera en marcha. Él reaccionó velozmente intentando quitarse la chaqueta, pero el convoy arrancó de un tirón y Haibara vio cómo perdía el equilibrio, cayendo de espaldas sobre el frío mármol del andén y su cabeza golpeando con fuerza el suelo.
Su cuerpo cayendo a las vías del tren fue lo último que los chicos pudieron ver antes de desaparecer en un túnel.
- - -
Despacito, muy despacito, despegó los párpados. Olía a hospital, y unas luces blancas bailotearon delante de sus ojos... O mejor dicho, sólo de uno. Estaba desorientado y se notaba más lento de lo normal. Quiso palpar la cosa que tenía sobre el ojo derecho, pero se encontró con que no podía mover ese brazo; una escayola, y también un dolor agudo y persistente se lo impidieron. No entendía nada, ¿qué había pasado? ¿De dónde salía todo aquello, y por qué le dolía el cuerpo entero?
Levantó la mano izquierda; aparentemente en ella no había sufrido daños, pero un tubito de goma salía de su muñeca. Tampoco tenía problema en mover los pies... El cuello era otra historia. Con cuidado, tocó el collarín que le habían puesto, luego el parche del ojo y la venda alrededor de su cabeza. Notó que tenía también unas cuantas tiritas por todo el brazo, pero ésas apenas le dolían.
Después procedió a echar un vistazo a la habitación: blanca, sosa y con olor a desinfectante. Las cortinas, blancas, sosas y con olor a desinfectante. Su cama también era blanca, sosa... y por suerte no olía a desinfectante, porque Ran estaba dormitando a sus pies. Sentada sobre una silla, se había inclinado sobre el colchón de manera que su cabeza estaba apoyada sobre sus brazos, teniendo cuidado de no aplastar las piernas de Conan (sólo faltaba que le rompiera otro hueso). El chico intentó incorporarse para verla mejor, pero tenía el cuerpo dolorido y totalmente agarrotado.
- ¡Despertó la Bella Durmiente!
Conan dirigió la vista - que no la cabeza porque no pudo - hacia la voz que reconoció como la de Haibara. Efectivamente, la chica que acababa de entrar en su cuarto era ella, y pese a que intentaba disimularlo tenía todo el aspecto de haber pasado muchos nervios; dos cercos violáceos bajo los párpados lo denotaban.
- ¿Dónde estoy? ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo? - preguntó confuso mientras Ai caminaba hasta su cama y se apoyaba en el borde.
- En el Hospital General de Beika - respondió ella solemnemente. - Llevas cinco años en coma.
Conan pestañeó repetidas veces, siempre sin despegar la vista de la joven. Al fin frunció el ceño y respondió en tono grave:
- Mentira. Todavía llevas puesta la ropa que te dejó Ayumi...
Haibara se permitió reír un poco. - Vaya, hombre... Así se pierde el efecto. No tienes ningún sentido del dramatismo. Vale, vale - concedió -, llevas aquí sólo unas horas...
Le lanzó una mirada a Ran, que seguía dormitando en una postura bastante incómoda.
- Pero ya puedes estarle agradecido. Dejó las clases y todo para venir aquí a no hacer nada... Eso debe de ser verdadero amor - añadió con sorna, provocando que Shinichi enrojeciera.
- Mmmm... - murmuró solamente. - ¿Ayumi, Genta y Mitsuhiko? ¿Dónde están?
- Afuera, hablando con el médico.
- Ah...
Comenzaba a ver las cosas desenfocadas y los ojos se le volvían a cerrar. Haibara agitó frenéticamente la mano delante de su cara.
- ¡No te irás a dormir otra vez! Encima de que nos pegas ese susto de muerte...
- Ah, perdón... - murmuró, soñoliento. Esta vez le salió una voz totalmente infantil. - ¿Qué fue lo que pasó...?
- Se te enganchó la chaqueta, ¿recuerdas? Por suerte se rompió y gracias a eso no te arrastró el tren, pero con el impulso rodaste hasta caer en las vías. Nosotros bajamos en la siguiente estación y cogimos el tren de vuelta, y cuando llegamos nos dijeron que alguien había bajado a rescatarte. Suena tan estúpido que por pirar clase casi te hicieran papilla... - se interrumpió al ver que el detective roncaba suavemente. - ¡Oye! Será posible...
Algo indignada, se puso en pie para salir del cuarto, aunque antes de hacerlo se giró para mirarle y suspiró aliviada; moriría antes que admitirlo, pero se alegraba de verlo sano y salvo.
Cerró la puerta con cuidado.
- - -
La siguiente vez que se despertó fue al entrar la doctora en la habitación. Era una mujer bajita y redondeada con una cola de caballo que le sonrió todo el rato mientras le examinaba. Después apuntó unas cosas en su carpeta y le palmoteó cariñosamente el hombro con una mano, haciéndole sentir como si tuviera cinco años.
- ¡Perfecto! ¡No tienes nada, caballero! Es decir, aparte de lo obvio... - se corrigió ante la mirada escéptica del chaval. - Pero todo va bien, lo más grave que tienes es ese brazo roto, lo demás son lesiones de poca importancia... En un par de semanas estarás fuera. ¡Suerte que tenéis los niños, parecéis de goma!
La señorita ya se iba a ir, pero él todavía tenía preguntas que hacer: - ¡Oiga! ¿Por qué me han puesto un parche? ¿Me pasa algo en el ojo?
- Un moratón enorme solamente... - sonrió la mujer, pero a Conan no se le escapó que no apartaba la mano del pomo - Pero será mejor que descanses la vista y no te lo quites.
- ¿Y el collarín? Me duele la cabeza... ¿Por qué me han puesto suero? ¡Oiga...!
- Ya está bien de preguntas - cortó la doctora sin perder la sonrisa -. Enseguida te vendrán a visitar tus amigos, no te preocupes por nada.
Shinichi puso mala cara pero no dijo nada, aunque solo fuera porque estaba siendo bastante agradable con él. La médico no abandonó la sala hasta que éste se hubo tapado hasta la nariz con la sábana, y nada más hacerlo, pudo escuchar que se ponía a hablar con alguien que esperaba afuera. Intentó aguzar el oído, pero la mujer hablaba muy bajito y no se entendía bien: ¿Hemorragia..., esguince cervical...? De pronto la conversación se interrumpió y Ayumi, Genta y Mitsuhiko entraron corriendo en la habitación, causando un gran revuelo.
- ¡Conaaaan!
- ¿Estás bien?
- ¡Tío, vaya susto! ¡Casi te abres la cabeza!
De sopetón, el joven se encontró con Ayumi lloriqueando en sus brazos, con Genta contándole detalles escabrosos que no quería saber y con Mitsuhiko chistándole para que callara, todo a la vez; ya no sabía ni cómo se llamaba. Por suerte tenía a tres chicas para salvarle el pellejo: la doctora, Haibara y, por supuesto, Ran. Las tres irrumpieron en el cuarto en cuanto oyeron el jaleo y consiguieron, para alegría de Conan, que los chicos se calmasen y saliesen tranquilamente de allí. Ya iba siendo hora de volver a casa...
- Adiós, Conan. ¡Mejórate! - se despidieron todos, y Ayumi se quedó rezagada para darle un beso en la frente (probablemente el único lugar que no le dolía demasiado). Y si no hubiera estado drogado, el chico habría jurado que al salir le había lanzado una mirada hostil a Ran.
La puerta volvió a su lugar con un suave quejido, quedándose los dos a solas. De pronto se oía hasta el gotear del grifo del baño contiguo de lo silencioso que quedó todo. Ran se sentó cerca de la cabecera de la cama y sin previo aviso le abrazó sin decir nada. A Shinichi le habría gustado corresponderle, pero no podía moverse apenas... Los hombros de Ran convulsionaron; la joven empezó a llorar lágrimas calientes que caían rodando por la espalda de Conan y mojaban su bata, y él nuevamente intentó abrazarla sin éxito: Un brazo lo tenía totalmente inmovilizado y el otro no se atrevía a moverlo por la palomilla de la muñeca.
Cayeron unas cuantas gotas más hasta que, transcurrido un rato, la joven se secó las mejillas con el reverso de la mano; Conan la miraba con pena sin decir nada, pues no se le ocurría el qué. Desvió la mirada y entonces vio que sobre la mesilla de noche alguien había dejado su regalo de cumpleaños aún sin desenvolver. Ran sonrió débilmente al seguir su mirada.
- Todavía no lo has abierto... - sollozó, inclinándose para cogerlo. A pesar de encontrarse tan mal, Shinichi no pudo evitar echar un vistazo a su escote, y sonrojarse. Por suerte ella no lo notó. En cambio, se le quedó mirando el brazo en cabestrillo.
- ¿Quieres que lo haga yo por ti? - preguntó en tono amable, ahora ya sin lágrimas ni hipidos. Conan asintió mecánicamente y los dedos de Ran, temblorosos, rasgaron el papel satinado.
Era un libro. La joven lo observó unos instantes con la mirada desenfocada, de tal forma que más bien estaba mirando a través de él; pero enseguida lo posó en el regazo de Conan con manos nerviosas. "El Archivo de Sherlock Holmes", decía la portada marrón. Sonrió: ya lo tenía, aunque esta edición parecía más cara.
- Muchas gracias - dijo igualmente. Ran se encogió de hombros.
- Supongo que ya lo habrás leído, pero estuve mirando en tus estanterías y no lo vi, así que...
- Muchas gracias, Ran. - repitió, y esta vez ella no replicó nada, porque Conan le tocó la cara con la mano que hasta ahora no se había atrevido a mover y con delicadeza unió sus labios con los suyos.
- - -
Durante su breve romance ilegal, Shinichi recordaba haberla besado en tres ocasiones: una, la noche en que se lo confesó todo; otra, un día cualquiera mientras la veía cocinar (ése había sido espontáneo); y la última, a modo de despedida. Ese fue el momento en que se dio cuenta de que tres era un número demasiado bajo. Por eso se alegró al notar que no había olvidado a qué sabían los besos tímidos de Ran. Un mes no había bastado para borrar esos recuerdos.
Ella rompió a llorar de nuevo cuando notó sus pestañas cosquilleándole en la mejilla. Ver a Shinichi en ese estado, amoratado y envuelto en vendas dentro de un cuerpo que no le correspondía, y a la vez ver al niño que había sido como su hermanito durante largos años eran las dos partes de esa cruel tortura. Ya entendía qué quería decir Shinichi con "protegerla"... Que la ignorancia da la felicidad.
Sus labios se despegaron lentamente y de la misma forma lo hicieron sus párpados. A través de las gruesas pestañas Conan pudo ver el agua azulada de sus ojos brillar.
- Pensé que te ibas a morir - logró decir Ran con apenas fuerzas. - Y que me ibas a dejar sola... Que me ibais a dejar sola los dos, Conan y tú. O... Shinichi y tú. - se llevó una mano a la frente. - Ya no sé quién es quién. Pero... la verdad es que no me importa. Me da igual qué cara tengas o con qué voz me hables, sólo quiero que te quedes conmigo.
Esta vez fue ella la que se acercó a su rostro buscando su boca y acariciando el revuelto pelo negro con cuidado de no tocar los puntos que le habían puesto. La habitación era blanca, sosa y con olor a desinfectante, pero las mejillas de ambos estaban sonrosadas como tomates.
- ¡Hola, K...! ¡¡Uoh!!
Ambos miraron hacia la puerta sobresaltados. Ésta se cerró de un portazo y escucharon poco más tarde dos voces familiares discutir detrás. Conan se limpió la boca con la manga de la bata como un segundo antes de que Kazuha entrase en la sala mirando irritada a Hattori y se detuviera bruscamente con la sospecha pintada en su cara.
- ¿Ho-hola? - saludó extrañada. - ¿Qué pasa? ¿Por qué cerraste la puerta de golpe, Heiji?
El joven se encogió de hombros y rió estúpidamente. Kazuha, ya acostumbrada al comportamiento extraño del chico, suspiró y luego cambió el semblante totalmente para sonreírle alegremente a Conan.
- ¿Cómo te encuentras? - le preguntó afablemente. Conan se señaló el brazo roto y dijo que "así, asá..." con cara de "¿no es evidente?". Kazuha no se desanimó y le enseñó una caja de color azul marino. - ¡Mira! ¡Te hemos traído bombones! - Conan tenía la sensación de que la chica no sabía cómo tratar con adolescentes, pero prefirió agradecérselo de todas formas.
- Oye, bonita, ¿no te da vergüenza? ¿Cómo va a comerse eso sin nada de beber? - interrumpió de pronto el detective del Oeste, empujando a su novia hacia la salida pese a sus protestas - ¿Por qué no le traes un zumo al chavalete? He visto una máquina de refrescos a la entrada... ¡Mira, ya de paso id las dos juntas! - y también echó a Ran. Con una última sonrisa, les cerró la puerta en las narices.
- ¡Pero bueno! - protestó Kazuha indignada, con los brazos en jarras, una vez se encontraron fuera de la habitación. - ¿Qué se traen entre manos esos dos?
Ran simplemente soltó una risilla incómoda.
Heiji esperó hasta que escuchó los pasos y la voz malhumorada de Toyama alejarse por el pasillo del hospital para girarse luciendo la mayor sonrisa que Conan le hubiera visto jamás. Con cara de picardía, Hattori se acercó al convaleciente y le pinchó en la mejilla con un dedo acusador.
- ¡Tú! - exclamó - ¿No me habías dicho que te había dejado la chavala? Ya veo lo bien que lo llevas, ya...
Shinichi se sonrojó furiosamente y miró de reojo a su amigo. - Sí, bueno, ¿qué pasa? Supuestamente tú también habías roto con Kazuha, y ya se os ve... ¿Cuánto aguantasteis? ¿Una semana?
- Bah, ya sabes cómo es esto... Un día discutimos y al otro estamos tan amigos. El caso es que no podemos estar separados.
Conan miró con un poco de envidia al sonriente muchacho.
- ¡Ja! ¿Y con ésta cuántas rupturas van, querido Hattori? - preguntó con tono de guasa. El otro rompió a carcajadas y le desordenó el pelo como venganza.
- ¡Tantas como tú, querido Kudo!
- - -
CONTINUARÁ
- - -
N. de la A: Sospecho que a Ammiel le va a gustar esto último. XD
Todo el capítulo fue una soberana tontería, lo sé, pero algo tiene que pasar entre medias... 8D Prometo que en el siguiente la trama irá por donde debe ir. Y además, ¡qué puñetas!, Conan herido es el sueño de todas las fangirls. Disfrutemos. BD Por cierto, casi me vuelvo loca haciendo cuadrar sus lesiones para que no tuviera que pasarse medio año en el hospital, así que espero que nadie opine que son demasiadas cosas para un simple golpe... porque está comprobado y requetecomprobado que no. XD
Y también me volví mica mirando las paradas de la línea circular de Yamanote y buscando información sobre cada prefectura de Tokio, así que más os vale disfrutar. XD
Colecciono comentarios, a todo esto. : D R&R!
