¡Hola a todos! ¿Cómo están? Aquí un nuevo cap. Como de costumbre sobra aclarar que solo me pertenece la historia, lo demás a sus respectivos dueños. Este cap está dedicado a abips, dado que a mis caps les falta dialogo te imagino obligándote a leerlo completamente, espero que este cap también te guste; y a montser257, tengo una vena sádica y dejar los caps así es un pequeño placer culpable.
Los review se agradecen muchísimo.
Alec estaba seguro que Magnus mejor que nadie entendía como se sentían los gatos. El cómo los humanos, como raza en general, era incapaz de entender el lenguaje de los ojos gatunos. Porque Alec, como todos los Lightwood excepto el primo Thomas, era un negado en eso de los lenguajes. En especial del no verbal.
Los ojos de Magnus eran camaleónicos. A veces verdes, a veces avellana y a veces tan oscuros que parecían negros. En ese momento oscilaban tan rápido entre esos tonos que temió estar alucinando por lo hipnotizado que estaba.
Magnus solía decir que Alec era el impredecible, pero no podía saber lo que pasaba por su cabeza ni aunque se le fuera la vida en ello. Gracias a Jace y sus saltos imprudentes, había aprendido que los dos segundos mientras te preparabas para saltar podían durar una eternidad. Quería que la guillotina cayera de una maldita vez y dejar de cavilar por lo que lo llamó.
Lo que no esperó fue su respuesta.
Un beso.
Un maldito beso.
Un maldito y jodidamente perfecto beso.
Debería apartarse, de veras que sí. Sabía que cuando se separaran todo iba a ser peor. Que retrocedería a la bola de miseria que había sido el primer día. Que las cicatrices en falso que estaban por encima de su corazón y que evitaban que se desangrara en agonía iban a ser arrancadas de cuajo y que tendría que volver a curar de nuevo. Y dudaba tener la suficiente fortaleza para lograrlo de nuevo. Debía ser fuerte y resistir… debía resistir… debía resis… debía re… debía… quería… más.
Ni siquiera lo pensó. Lo acerco más hacía si, y cuando quería envolverlo completamente en sus brazos, tuvo que recordarse que estaba sangrando y que no iba a llenar de sangre a Magnus también. Aunque eso no le impidió acercarse tanto a él como fuera posible.
Ese beso no era como ninguno que hubiera recibido antes. Era crudo, furioso, hablaba de necesidad y miedo. Fue como si abrieran su corazón en dos y le hubieran inyectado éxtasis. Era bueno. Era doloroso. Era… Magnus. En toda su maldita, misteriosa, sarcástica y repleta de brillantina, gloria. Will estaría orgulloso, Dantés había tenido razón.
Pero como todo lo bueno y lo malo, debía terminar.
Y contrario a la vez anterior, no quería que Magnus dijera algo. Era estúpido y patético. No quería que ese momento concluyera definitivamente. Agradeció el dolor sordo de su mano por recordarle que esto era real, no una salvaje fantasía, aunque este no podía competir con el dolor y el vacío cada vez más grande en su pecho.
Acercó su nariz al borde de la mandíbula de Magnus y frotó su mejilla contra su cuello. Trató de memorizar su olor a sándalo y especias. De apropiarse de la calidez de su piel y su sabor a coco y a sol. Lo sintió removerse y ahogó un sollozo.
—No digas nada, por un momento, solo, por favor… —sabía que lo que decía no tenía ningún sentido pero sin importar que su cerebro gritara que debía callarse y dejar de humillarse, no pudo evitar que su corazón siguiera suplicando.
Que ese pequeño momento durara un segundo más.
N/A: Cuando dice que Dantés había tenido razón, me refiero al Conde de Montecristo, una de sus mejores frases dice: "La alegría causa a veces un efecto extraño; oprime al corazón casi tanto como el dolor." Me imagino a Alec sintiéndose identificado con la frase.
