Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo juego con ellos.
La trama es mía.
Canción recomendada: Wild world – Skins o Cat Stevens.
¿Alice Cullen o Brandon?
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—Yo... Este... bueno —tartamudeo.
—Será mejor que demos un paseo— le sugerí al notar su nerviosismo. Ella asintió en silencio, se fue a su habitación y traía otra ropa. Salimos de la casa y nos fuimos caminando en silencio hasta el parque.
Había un enorme sol, un poco de brisa, era un día hermoso.
—Sí, lo es — musito triste.
—Y me lo dices ahora... — suspire un poco dolida. Me dolía saber que nunca confió en mi.
—¿Por qué nunca me lo dijiste? — pregunte ante su silencio.
No respondió de inmediato, parecía que lo estaba pensando. Menos mal que este parque era enorme, ya que teníamos mucho de que hablar.
—Porque hasta este momento sigo molesta con él — su respuesta no me decía mucho.
—¿Entonces me porque me diste su dirección? — ella se encogió de hombros.
—No sabía que el vivía ahí — bufó.
—Tendrás que reconciliarte alguna vez con él — murmuré pensativa.
—No es tan fácil, Bella — dijo triste. — Yo lo quería mucho, pero el se dejó llevar por Hollywood y modelos con silicona.
Quizás la pequeña Alice tenía razón y Edward nunca cambiaría. Quizás nunca debí encariñarme con él, como lo estoy ahora.
Me pare y me pensé en caminar sola, necesitaba pensar, y mucho.
—¿Dónde vas? — me pregunto acercándose a mi.
—Necesito un tiempo a solas — le respondí alejándome.
Ella corrió hacia mi.
—Bella, ¿dónde te quedaras? — pregunto mientras jalaba de mi brazo. Me solté de su agarre y suspire.
—En hotel — camine — adiós — grité mientras me iba.
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Salí buscando a Alice, primero debía averiguar donde diantres vivía. Para eso iría a la casa de mis padres, Carlisle y Esme Cullen.
Me subí a mi Aston martin, y partí a la casa de ellos. Me demoré como unos veinte minutos en llegar al hogar de mis progenitores.
Me baje del auto, y corrí a la entrada. Toqué el timbre y espere que me abrieran.
—¡Edward! — grito mamá y me abrazó con fuerza.
En eso bajo mi padre, quien espero que mi madre dejara de asfixiarme con su amor.
—Mamá... — la alejé un poco, desde que me volví famoso evitaba todo tipo de contacto físico, pero en sus ojos vi tristeza y la abracé de nuevo.
—Hijo... — papá era un poco más reservado, así que sólo le di la mano, sorpresivamente él me abrazó.
—¿Dónde has estado hijo? — pregunto pasando su brazo por mis hombros. Mamá cerró la puerta y nos siguió hasta la sala.
—Sólo... Yo sólo vine para saber dónde está Alice — solté de pronto.
La sala se sucumbió en un silencio. Las miradas de ellos se tornaron frías y me calaban en lo más profundo de mi ser.
—Por favor... — rogué, necesitaba el perdón de la duende.
—Ok... — dijo mamá. — Vive en la avenida Starlight #492.
Salí corriendo de la casa sin siquiera despedirme, tenía que encontrarla. Mi auto iba a unos 190 km/hr. Pero no me importaba. Si no mal recordaba esa calle quedaba cruzando el parque a pie.
Deje el auto estacionado como pude y comencé a correr. En el camino los paparazzis me reconocieron y me siguieron, corrí más rápido y un par de chicas igual me reconocieron gritado histéricas y siguieron los mismos pasos que los fotógrafos.
En eso mi respiración se detuvo al reconocer esa pequeña figura sentada en una banca, con la misma elegancia de siempre.
—¡Alice! — grite, ella volteó y su rostro demostraba una clara sorpresa. Me alegraba verla de nuevo. Ella se puso de pie con claras intenciones de marcharse, acelere el paso y corriendo la abracé.
La di vueltas por todo el parque, abracé su diminuto cuerpo, y besé toda su cara de pigmea.
—¡¡Alice!! — la apreté más — ¡Oh, Alice! — besé su mejilla por última vez.
La baje y ella me miraba sorprendida. Los paparazzi no dejaban de sacar fotos, así que ella me guió hasta su casa.
—¡¿Vienes a burlarte de mi?! – grito enojada y dolida.
—Yo, lo siento mucho Allie — sus ojos cambiaron cuando le dije Allie.
—¿Me llamaste Allie? — asentí — tenía tiempo de no oír ese apodo.
Suspiro y supe que se había calmado, ella no era de las personas que guardaban rencor. Ella era mi pequeña duende loca.
—¿Me perdonas? — susurré un poco avergonzado por pedirle eso, luego de haberle echo la vida imposible.
Ella pareció pensarlo un momento, y una macabra sonrisa apareció en su bello rostro.
—Claro que te perdono...Con una pequeña condición... — se acercó a mi oído y me susurró lo que tenía en mente. Dios en que me metí.
—Si lo hago...¿Tú le hablaras bien de mi a Bella? — me sonroje.
—¡Por supuesto! — rió. — Prepárate Edward, te quiero aquí mañana temprano.
Mañana será un día terrible.
¡Hola! Espero que les haya gustado el capítulo y decirles que mil gracias por sus RR. Nos leemos.
¿Qué cosa le habrá pedido Alice?
Descúbranlo.
Liah.
