Hola queridos lectores y lectoras, aquí les traigo el nuevo capítulo. Espero que se diviertan y disfruten leyéndolo. Álvaro, va dedicado a ti en especial, anímate jajaja, también dedicado a Eikaros y a Erdia.


El tiempo volaba, ya había pasado gran parte del mes final del curso y habían terminado todos los exámenes finales. Aquel día era un maravilloso sábado por la mañana, coronado por un cielo azul careciente de nubes y un sol radiante, todos los estudiantes estaban levantándose con la luz del sol iluminando sus rostros y el cantar de los pájaros felices.

Ya no había estrés, fuera los agobios y bienvenida la vida loca y plena. Por primera vez en mucho tiempo, podían tomarse todo el tiempo que quisieran para abandonar las sábanas y vestirse. Poder disfrutar del grandioso tiempo y no tener que mirar el reloj a cada cinco minutos era todo un placer divino y extraño en aquellos estudiantes que terminaron todos sus deberes. Ya solo quedaba la graduación, la cena de fin de curso y la noche del baile.

Sonaba extraño, pero en su instituto, la graduación y la cena tenían días distintos, solo coincidían la graduación y el baile, por lo que necesitarían dos atuendos diferentes. Toda una pesadilla para los padres y para los que odiaban probarse ropa y el paraíso en la Tierra para aquellos fantásticos que disfrutaban luciendo atuendos extravagantes.

Toda la pandilla había quedado ese día para ir de tiendas, comprar los trajes e ir a comer a algún restaurante y pasarlo bien, hace tiempo que no salían en grupo.

Eren despertó y estuvo jugando con el móvil un buen rato hasta que se dignó a salir de su letargo e ir a ducharse. Su ducha fue rápida y tras ella, se afeitó y salió del baño solo con una toalla envuelta en su cintura, encontrándose con la mirada depredadora de Mikasa que acababa de despertarse. Ella acarició su rostro con las yemas de sus dedos, para después bajar por su cuello y recorrer todo su torso con sus uñas, él suspiraba y temblaba, se sentía demasiado bien, tanto que la acercó a él por la cintura y la besó.

Se separaron cuando escucharon como la habitación de Levi se abría, ella entró al baño y él se fue a vestirse, pensando en qué hacerle al enano mientras dormía, siempre andaba jodiendo sus momentos.

—Parece que las bestias están en celo de buena mañana…

—Nosotros también nos alegramos de verte, Levi.

—Tan agradable como siempre, deberían inventar una categoría de Premio Nobel solo para ti.

—Pero si soy Mª Teresa de Calcuta, vivís conmigo, eso es motivo suficiente para darme un premio.

—Creo que es al revés, hay que premiar a quien te aguante.

—¿Qué has dicho, cretino?

—Que voy a mandar construir una estatua de tu figura para tenerla en casa…

—Entonces tendría que ser en miniatura.

—No hace falta, siendo de tamaño real tampoco molesta. —terminó con la conversación saltando por la ventana, tal y como solía hacer, entraría a su cuarto por la ventana también, era la ruta más segura.

Miró su armario con desinterés, odiaba arreglarse, pero claro, no era cuestión de ir el chándal, Mikasa podría matarlo por ello. Suspiró y se decantó por una camiseta de manga corta blanca algo suelta con el logo de Adidas en negro, una camisa de cuadros negros y rojos abierta, unos jeans negros y unas zapatillas blancas. Se contempló en el espejo, su cabello volvía a ser de longitud normal, se lo había cortado al perder una apuesta. Tenía que besar a Mikasa delante de todos los profesores, pero jamás podría hacerlo, ella era la presidenta del consejo y tenía una reputación que mantener, además, tampoco quería morir tan joven.

Mikasa le agradeció el detalle y comentó que se veía más maduro y más hombre con él, renunció al placer de poder cepillar su cabello, a cambio de verlo más varonil, además, con el efecto del sol en sus iris, se habían tornado de un color dorado, similar a un lobo.

Ella se vistió con unos jeans ceñidos de color verde miliar, una camiseta ceñida de media manga blanca y negra y unas Converse negras. Decidió maquillarse levemente, solo con la línea del ojo inferior y un poco de rímel, quería estar natural.

Armin se había levantado antes que sus amigos y debido al buen tiempo, le apeteció ir a correr por toda la ciudad para despejarse con el aroma a rocío y el fresquito del viento de buena mañana, adoraba correr por el río, porque parecía que sus preocupaciones se iban siguiendo la corriente de sus aguas. Llegó a casa, se duchó y se vistió para la ocasión con una camiseta gris de Tommy Hilfiger unos jeans azul tejano, una chaqueta de cuero sencilla negra y unas zapatillas blancas y negras.

Si mal no recordaba, habían quedado en una cafetería para desayunar e irse una vez que estuvieran todos, así que puso rumbo a dicho establecimiento. Al entrar fue recibido con el delicioso aroma a bollería recién horneada, a café y a pan tostado, enseguida pudo ver a sus amigos sentados en una mesa del fondo, charlando mientras esperaban.

Fue recibido con una gran sonrisa por parte de todos los presentes, es decir, Eren, Mikasa, Jean, Annie y Bertolt. La rubia estaba de espaldas y pudo contemplar como la camisa blanca sencilla que llevaba, dejaba parte de su espalda al descubierto, también llevaba una falda vaquera y unas Converse blancas, le resultaba extraño verla así; y el moreno de altura considerable vestía una camisa gris simple y suelta con unos pantalones y zapatos negros; y el cara de caballo, digo, Jean, llevaba una camiseta negra con el estampado de la bandera de Gran Bretaña, unos jeans gris claro y unas D&G negras.

—Hola chicos, es un placer poder pasar tiempo con vosotros. —saludó el rubio con una cálida sonrisa.

—Tomemos algo mientras llegan los demás, me muero de hambre. —propuso el joven de ojos ámbar, siendo seguido por el rugido de sus tripas.

—Por primera vez concuerdo con él, siéntate Armin, ¿acaso pretendes estar de pie todo el tiempo? —contestó la rubia, mirándolo con diversión.

—Supongo que tenéis razón, ¿habéis pensado en lo que pedir? —cedió ante su propuesta, sentándose al lado de ella. Ahora Annie estaba rodeada por un rubio y un moreno, ambos con un interés romántico por ella.

—Yo pediré un cappuccino y una tostada de jamón y tomate. —Annie fue la primera, siendo seguida por Eren, Mikasa, Bertolt y Jean.

—Yo un café americano y un bollo de crema de nueces y chocolate. —habló Eren, sorprendiendo a todos por el contraste entre su café tan fuerte y su gusto por lo dulce en extremo.

—Yo un té verde y una tostada de aceite.

—Yo un batido de frutas y un donut.

—Yo tomaré un batido de chocolate y un croissant.

— Vaya Jean, no sabía que los caballos pudieran comer chocolate, ¿no prefieres agua y heno?

—¡Cállate idiota!

—Yo solo te advertía, no quiero saber nada si te quedas ciego por ello.

—Supongo que yo quiero un café con leche y unas tortitas con sirope de arce, están deliciosas.

Después de que todos llegaran y desayunaran, fueron en metro hasta el centro comercial más grande de la ciudad. Su día acababa de comenzar y llevaban las carteras a reventar, se recorrerían todas las tiendas hasta encontrar algo que les gustara.

Los chicos nunca pensaron que aquellas mujeres pudieran comprar tanto, antes de ir a comer, ya eran ellos quien debían llevar sus bolsas repletas de vestidos de fiesta, tacones, complementos, perfumes y maquillaje. Quizá era por su amor, pero no les molestaba tener que cargar con todo eso, solo con ver su sonrisa recuperaban sus fuerzas.

Para comer a mediodía, fueron a una hamburguesería y pizzería. La mayoría de ellos pidieron pizza para compartir, excepto Annie y Eren, quienes pidieron hamburguesas con queso.

Verlos comer era todo un espectáculo, parecían disfrutar más de esas hamburguesas que Sasha con toda la comida en general. Todos sonreían divertidos, porque eran más parecidos de lo que creían.

—Mikasa, tienes un poco de tomate en la cara. —dijo el castaño de ojos de ámbar, tocándose una zona de su rostro para guiar a la pelinegra.

—¿Ya?

—No, déjame. Yo te ayudo. —susurró con una voz maliciosa y hechizante.

Aprovechó que todos estaban inmersos en sus propias conversaciones para acercarse a ella peligrosamente, podía sentir su respiración en sus labios, y con una lentitud hipnótica lamió la comisura de los labios de la chica, provocando que se estremeciera deliciosamente.

Comieron, rieron, bebieron, disfrutaron e incluso vieron una película de acción y artes marciales en el cine. Los chicos imitaban muchas de las escenas, teniendo éxito en algunas y fallando estrepitosamente en otras, realmente necesitaban una salida para desconectar.

A pesar de haber pasado todo el día juntos, nadie dijo nada sobre lo que se habían comprado, el día de la graduación y el día de la cena serían algo inesperado y muy comentado.

Ver a las chicas con hermosos vestidos cóctel, largos, griegos… y a los chicos vestidos de traje completo, con su pañuelo, corbata o pajarita, rosa en el bolsillo. Solo con pensar en ello ya se sentían emocionados, todo el año de esfuerzo constante había merecido la pena. Todos lograrían graduarse y estudiar lo que se habían propuesto, estaban un paso más cerca de cumplir sus sueños y, lo más importante, habían disfrutado de su compañía y hermandad.

Si algo tenían claro, era que nadie los separaría, eran una piña.

Aprovechando que era fin de semana, decidieron hacer una fiesta de pijamas, eso sí, masculina o femenina, necesitaban ponerse al día en cotilleos amorosos y no permitirían que sus sujetos de observación estuvieran a su lado.

Ellos lo comprendieron y decidieron hacer un maratón de series policiacas con palomitas de maíz y refrescos, quizá ellos también charlaran sobre ciertos temas.

Todas las chicas se reunieron en la casa de Historia y ellos se agruparon en la casa de Armin, ya que sus padres estaban de viaje de negocios.

—Bueno, ahora que estamos solas… ¿qué os ha parecido el día? Los chicos han estado más que perfectos, ¿no creéis? —habló la anfitriona con su voz dulce.

—Eren siempre es perfecto, no tengo quejas.

—¡Yo he estado mucho mejor que ese armario empotrado de Reiner!

—Supongo que ha estado bien…

—Annie, si solo ha estado bien, ¿por qué te sonrojas? Confiesa, estás enamorada de alguien, se te ve a la legua. —Historia seguía con sus investigaciones.

—Sinceramente, no lo sé. Es algo extraño, cuando estoy cerca de él, mi corazón se acelera y me siento extraña, insegura.

—Eso es amor, ¿verdad que sí, Mikasa?

—Es una pregunta complicada, no todos sentimos igual, aunque me siento de forma parecida cuando estoy con Eren. —decía sin mucho interés, no quería que se metieran en su vida.

—¿Y quién es el afortunado?

—¡No pienso decirlo!

—Puedes hacer lo que quieras, solo diré que he visto como te miran Armin y Bertolt.

La joven se tensó y abrió los ojos como platos al escuchar el nombre del rubio, ¿él enamorado de ella? ¡Imposible!

—Parece que alguno de ellos te llama la atención, esto comienza a interesarme más de la comida. Confiesa ya, quiero poder masticar y disfrutar de mi comida sin preocuparme por no escuchar bien. —decía la castaña, después de haber tragado sus snacks correspondientes, es decir, todos los que cabían en su boca.

—¡De verdad que no lo sé!

—¡Oh, vamos! Comienzas a ponerme de los nervios y yo no pierdo la paciencia con facilidad. He visto cómo miras a Armin y he visto las miradas que te dedica. Nunca había visto que prestara atención a ninguna chica, le gustas y él te gusta. ¿A qué esperas para decirle algo? ¿Acaso quieres sufrir tanto como yo? —la asiática perdió parte de su paciencia y comenzó a hablarle con una mirada desafiante. Era cierto que no eran las mejores amigas, pero no quería que nadie sufriera por amor, solo su sufrimiento había sido suficiente.

La acusada se ruborizó y apartó la mirada, intentando no dar pistas de sus sentimientos y fallando inmediatamente. Todas rieron al unísono, parecía que la rubia de mirada de hielo era bastante tímida para algunas cosas.

—Ya que sabemos algo sobre Annie, ¿qué hay de ti, Mikasa? —ahora era Ymir quien intentaba sonsacar información, siendo seguida por todas.

La joven se sintió contra la espada y la pared, por lo que suspiró resignada. Ellas habían ganado un combate, pero ella ganaría la guerra.

—De acuerdo, supongo que podré deciros algo. No esperéis que me sincere con totalidad, hay ciertas cosas que me reservo para mí misma. Atacadme con vuestras preguntas, os doy un máximo de cinco.

—¿Qué se esconde bajo el uniforme o unas ropas anchas?

—Un físico titánico, esculpido a base de sudor, sangre y lágrimas.

—¿Cómo se comporta contigo?

—Es muy dulce, atento y apasionado, aunque a veces, demasiado aprovechado.

—¿A qué te refieres con aprovechado?

—Respuesta denegada y pregunta desperdiciada.

—¿Qué es lo que más te gusta de él?

—Todo, jamás podría elegir algo de él, me quedaría con el pack completo.

—¿Lo habéis hecho?

Mikasa agradeció no haber estado bebiendo, de lo contrario hubiera muerto ahogada. El rubor teñía sus mejillas y tenía una expresión complicada.

—La respuesta es no, pero…

—¿Pero, qué?

—Se terminaron las preguntas.

—¿Os habéis quedado cerca? ¿O quizá quieres hacerlo?

—¡He dicho que ya basta! —estalló en cólera, roja como un tomate y lanzando su almohada a la cara de perversión de Ymir, haciendo que callera al suelo y comenzara una ardua guerra de almohadas en la que casi terminan sacando todo el relleno de éstas. A ese paso, terminarían durmiendo en la calle.

Los chicos estaban en un estado deprimente, después de que la protagonista de la serie recibiera un disparo cerca del corazón y quedará gravemente herida, lo peor es que era el fin de temporada y tendrían que esperar para saber la continuación.

Todos suspiraban y el silencio estaba presente hasta que Eren lo rompió, era el alma de la fiesta y sus camaradas necesitaban entretenimiento.

—Chicos, cambiando de tema, ¿habéis pensado en quién elegiréis como pareja para el baile?

—Pues… había pensado en pedirle a Sasha que fuera mi pareja de baile, después de todo es mi mejor amiga.

—… yo quería pedírselo a Historia, pero con Ymir va a ser imposible.

—A mí me lo ha pedido una chica de otro curso bastante linda, acepté.

— Así que el caballo por fin ha aceptado su lugar y ha dejado de interesarse por mi chica.

—No es eso, si sois novios no había forma de que aceptara a ir conmigo. Y deja de llamarme caballo, prefiero que me digas corcel, tiene más clase.

—Entonces te llamaré Penco. —bromeó con una sonrisa malvada, le encantaba sacarle de sus casillas.

—Armin, ¿tanto te ha afectado la serie para no decir nada? No has intentado apaciguar la situación, ya sé, estás pensando en alguien, ¿verdad?

Eren se lanzó sobre el rubio y comenzó a revolver su cabello hasta que deshizo su peinado, para después comenzar a hacerle cosquillas, era la única forma de asegurar confesiones con el cerebrito.

—¡Ya basta! ¡Me rindo! ¡Estaba pensando en Annie! —gritaba entre carcajadas mientras intentaba liberarse, pero le era imposible, Eren era más alto y fuerte que él.

—¡¿Annie?! —habló Bertolt en alto, sorprendiendo a todos. Sin duda alguna, estaba celoso.

—¿Qué pasa, amigo? ¿Te sientes amenazado? —preguntó burlón Reiner.

—Sí, Reiner, se siente como tú. —contestó el novio de la asiática por el moreno, provocando que él se le abalanzara. Eren lo esquivó con una voltereta lateral, sin contar con la presencia de la pata de una de las camas y golpeándose con ella en la cabeza.

—Bertolt, ella será quien decidirá, hasta entonces, demos lo mejor de nosotros.

—Esto tiene un desenlace muy sencillo, invitarla al baile. —propuso Jean con desinterés mientras jugaba con su móvil.

—Oye Eren, una duda existencial.

—Suéltala, Reiner, te escucho. —dijo antes de comenzar a beber de su lata de cerveza.

—¿Te has acostado con Mikasa?

Al escuchar esas palabras, Eren bañó a su fiel penco, digo, corcel en cerveza y casi muere atragantado. No sabía si estaba tan rojo por la falta de aire en sus pulmones o por la indirecta tan directa del armario empotrado.

—¡No Reiner! ¡No!

—¿Está buena?

—Demasiado… ¡Jean! Creía que habíamos dicho que nada de insinuaciones.

—Lo siento, ha sido un lapsus. —se excusó con una risa nerviosa.