Disclaimer: Todo lo relacionado con Crepúsculo obviamente pertenece a Stephenie Meyer, si fuera mío no estaría publicando aquí, los más probable sería que estuviera despilfarrando el dinero en juegos de azar y hombrezuelos (?)
Se busca: Bella Swan.
Summary: "Para el amor no hay edad, ni límites, ni leyes… Eso dijo mamá luego de tirarse a Phil, el energúmeno de la tienda de vídeos. El amor llega cuando le da la puta gana, oficial Masen. Traiga sus esposas, felizmente me entrego como su prisionera" TH. OoC. Bella&Edward.
Gracias enorrrmes a Sarai GN, Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) por ayudarme con los errores de esta nueva locura (para que vean lo floja que me he vuelto en revisar y ella es uno de los dulces más que me ayuda)
Capítulo 6: Espionaje.
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"Usted queda bajo arresto por violación de la privacidad".
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—Entonces… ¿dónde irás con Elijah ésta tarde?
No levanté la mirada del papeleo que tenía frente a mí sobre el escritorio, aunque no necesitaba hacerlo, sabía que Isabella me observaba fijamente tras las rejas, probablemente ella también tenía esa listilla sonrisa bailando en sus labios. A veces se me hacía molesto ver esa mueca, solo por el simple hecho de que normalmente me sonreía así siempre, como si estuviera burlándose de algo, como si supiera algo que yo no. Ella no me respondió inmediatamente, y yo realmente estaba tratando de no mirarla y parecer desinteresado con el tema.
No es que esté celoso de un mocoso de trece años, aunque él claramente esté más cerca de los diecisiete de Swan.
Solo tenía curiosidad, con un demonio, ¡solo era eso!
—¿Vas a mirarme al menos? Me gusta ver tus ojos.
Suspiré, y como el jodido mandilón que no sabía que era, levanté la vista para posarla sobre su persona.
—¿Ahora responderás mi pregunta?... ¿Y qué demonios estás haciendo encerrada ahí otra vez?
—Le quité estos a Stanley. —Me mostró los Skittles que sostenía en su mano derecha—. Se lo merecía. —Se encogió de hombros y se echó un puñado de esos dulces de colores a la boca—. Iremos a Port Angeles por una película, creo que están dando el remake de Godzilla… O tal vez X-Men… —Sonrió—. No sé cuál elegir, pero cualquiera estaría bien…, nunca he ido al cine…
Fruncí el ceño y me puse de pie lentamente, sin poder creer sus palabras.
—¿Realmente nunca has ido al cine? —pregunté asombrado, acercándome a la celda. Ella volvió a encogerse de hombros y desvió la mirada, sus mejillas de un tenue rosa debido a la vergüenza. Me arrepentí de mi estúpida pregunta. ¡Era obvio!, ¿quién iba a llevarla?, ¿los intentos de padres que tiene?
—Siempre había tenido curiosidad, supongo, al escuchar hablar a mis compañeros y eso… Nunca tuve el tiempo, o el dinero. —Entornó sus ojos—. Port Angeles es el lugar más cerca con un cine… Gastos, oficial Masen, gastos en el autobús, en la entrada… En fin, gastos que no puedo permitirme.
—Yo puedo llevarte todas las veces que quieras, Isabella. —Ella sonrió dulcemente y yo dejé de observar su rostro porque supe que me había sonrojado como un marica. Me giré y volví a mi puesto tras el escritorio—. Tú solo… Uh, debes decirlo, ¿sabes?
—Masen. —Me irritaba un poco la alegría que escuchaba en su voz.
Les dije que ella amaba incordiarme.
—¿Qué? —gruñí.
—Ven aquí, quiero darte un beso, te lo mereces.
Observé por sobre mi hombro su rostro, como quien no quiere la cosa. Ella estaba sentada recta sobre la camilla, sus manos cruzadas sobre su regazo prolijamente a la espera de que me acercara. Su labio inferior sobresalía levemente. Gemí en mi interior. ¿Quién era yo para negárselo? Era imposible resistirse a esa maldita mueca adorable que portaba en su rostro. Entorné mis ojos y retomé mi camino hacia ella, como si fuera una de las cosas más difíciles que tuviera que hacer. Ella rio al ver mi gesto de fastidio, traté de suprimir la sonrisa que quería escaparse pero fue inútil. Cuando estuve dentro de la celda, Isabella se puso de pie sobre la camilla y abrió sus brazos. Alcé mis cejas inquisitivamente.
—¿Qué estás haciendo?
—Así puedo quedar de tu altura, ven.
Ella no lo hacía, me pasaba por una cabeza o tal vez un poco menos.
Enrolló sus brazos en mi cuello y bajó su cabeza lentamente hasta que nuestras frentes estuvieron finalmente unidas. La diferencia de estatura era abrumante, así que, sin siquiera darle un aviso, tomé sus muslos con mis brazos e hice que abriera sus piernas, solo para tomar asiento en la roñosa cama y tenerla a ella a horcajadas sobre mí. Bien, bien, ahora sí que sí.
—Así está mucho mejor, ladronzuela.
—Concuerdo con usted, oficial. Es una postura realmente buena. —Dejó un tierno y rápido beso sobre mis labios—. Quedan solo cinco días. ¿Qué es lo que quieres para tu cumpleaños?
—No necesito que me des nada. —Sonreí y dejé un beso sobre su barbilla, para luego dejar un camino de pequeños besos a lo largo de su mandíbula—. Y deja de recordarme mi maldito cumpleaños. —Ella soltó un suave suspiro y asintió a mis palabras.
—Lo haré de todos modos. —Solté una pequeña risita y escondí mi rostro en la curva de su cuello—. Lo sabes, ¿no?
—Diviértete con Eli —murmuré sobre sus labios, cuando alcé mi cabeza y miré fijamente sus insolentes ojos—. Pero no te diviertas tanto… —Hice una mueca que la hizo reír. Isabella junto nuestros labios una vez más, pero ahora por más tiempo. Lo disfruté, demonios—. ¿Tienes dinero?
—No me darás dinero. —Frunció su ceño y alejó su rostro de mí—. No eres mi padre y no es tu deber hacerlo.
—Bueno, soy tu… —Ella alzó una de sus cejas con diversión—. Uh, tu… ¡Ah, carajos, soy tu algo!
—Bien, algo, no necesito tu dinero…, puedo obtener el mío propio. —Rebuscó entre los bolsillos de su canguro amarillo y sacó un pequeño monedero de color púrpura que tenía algunas brillantinas—. ¿Ves? Puedo valerme por mí misma.
—Claro… —Le arrebaté el monedero rápidamente y ella trató de quitármelo—. Manos atrás, ladronzuela… Y aquí está… ¿Sue Clearwater? —Suspiré y negué con mi cabeza—. ¿Le quitaste su bolsa a Sue?, ¿a mi Sue, niña? —Isabella hizo sobresalir su labio inferior por la reprimenda que se estaba llevando.
—En realidad se lo quité a su hija…
—¿A Leah? —Asintió, una mueca de fastidio en sus labios—. Bien, tienes que devolver esto.
—¡No lo haré! —chilló, arrebatándome el monedero y guardándolo en ese lugar especial que utilizan las mujeres para que no les roben o una mierda así, entre sus pechos—. El viejo Uley le dará más, ¿para que lo necesita ella de todos modos? Cosas insulsas, como su horrible manicura o el intento de alisado permanente al que sometió a su cabello. ¿La has visto?
—No, realmente no.
—Bien, eso está bien, no tienes por qué verla tampoco. Y si ella vuelve a insinuársele a Newton de manera vulgar, juro que haré mucho más que tomar prestada su bolsa. ¡Newton es un bebé! Esa vieja no tiene por qué mancillarlo mostrándole sus no-atributos.
—Ella tiene mi edad, sabes…
—Lo sé, Edward, ella fue tu novia, también sé eso. —Entornó sus ojos señalando lo obvio.
—Bueno, la acabas de llamar vieja… Por ende, me estás llamando viejo a mí…
—Y lo eres. —Eso dolió en mi yo adolescente que aún era, maldito ego—. Acepta tu destino, Masen.
—Yo no soy viejo —refuté ofuscado—. ¡Uley es un viejo! Yo soy un… Bueno, aun no estoy tan viejo... No, ¡qué va!, ¡no estoy viejo!, ¡aún estoy en los veintisiempre! —Ella se largó a reír y tomó mi rostro entre sus manos—. Tú eres la que babea por éste viejo, de todos modos.
—Sip, esa soy yo.
Sonreí, abrazándola desde su cintura y volviendo a esconder mi rostro en la curva de su cuello.
La dejé ir cuando mi turno acabó, a la hora de almuerzo. Estuvimos charlando un rato más después de eso, Isabella nunca dejó mi regazo, estuvimos en la misma posición hasta que el oficial McCarthy y Newton cruzaron la puerta de la comisaría. Puede que haya lanzado a Isabella al suelo al levantarme rápidamente en mis dos pies sin tomar en cuenta que ella estaba sentada sobre mi regazo. Mi ladronzuela soltó un gran resoplido y se quedó sentada de culo, observando con rencor a los dos hombres que habían aparecido y no sabían por qué demonios se habían ganado esa mirada de su parte.
—Siento que me estoy perdiendo de algo aquí… ¿No sientes esa vibra en el ambiente, novato? Algo pesado… —Emmett comenzó a olisquear el aire y a fruncir el ceño— Sí, ahí está… Es el horrendo aroma de la frustración sexual. —El muy bastardo sonrió ampliamente, lleno de malicia—. ¿Te imaginas por qué ese olor domina el ambiente?
Newton lo observaba con su ceño levemente fruncido.
—Uh… —Michael copió lo que Emmett había hecho, olisqueando suavemente el aire en torno a él—. Uh, en realidad, oficial McCarthy, solo huelo a humedad y… tal vez fresas. —Volvió a olisquear y colocó su mano sobre su barbilla a modo pensante—. Definitivamente fresas, o fresias.
Emmett gimió y cubrió su rostro bruscamente con su gran manota. Isabella soltó una pequeña risita y se puso de pie perezosamente, no sin antes darme una mirada del demonio, les digo. Ella le sonrió a Newton y besó su mejilla, con demasiada dulzura diría yo.
—Culpable de las fresas. —El novato frunció el ceño y se acercó levemente a ella, inclinándose para volver a olisquear el aire. Él estaba malditamente cerca, demonios.
—¡Novato! —grité cuando Newton estuvo a una distancia del cuello de Isabella que me ponía de los nervios.
A la mención de su nombre, él se paró recto y colocó su mano sobre su frente a modo de saludo.
—¡Señor, sí señor!
—No invadas el espacio personal de la ladronzuela. —Lo apunté con mi dedo índice, y él, aun en la misma postura, asintió con fervor.
—¡Entendido, señor!
—¡Y deja de chillar, carajo!
—¡Señor, sí señor! —Abrió los ojos cuando se dio cuenta de que había gritado una vez más y su rostro se cubrió de rojo. Bajó la mano que aun sostenía en alto pegada a su frente y sonrió con timidez—. Eh, lo comprendo, oficial Masen, me disculpo por mi arrebato. —Luego se giró a Isabella—. Siento haber invadido tu espacio personal, Bella.
—No invadiste nada, Mikey, él es un exagerado. —Me apuntó con su dedo pulgar y entornó sus ojos—. Será mejor que me vaya, tengo que arreglarme para un muchachito que me llevará al cine por primera vez. —Ella le guiñó un ojo a McCarthy, quien alzó su pulgar en aprobación—. Nos vemos, oficiales… Ah, y Mike, si Leah vuelve a incordiarte, tú podrías simplemente decirme acerca de ello.
Las orejas de Newton cambiaron de color a un fuerte carmesí.
—Yo… Yo…
—No es normal que una mujer de su edad ande mostrando sus pechos, créeme. Si intenta tocar tus partes, tú simplemente puedes… No lo sé, ¿torcerlos? —Isabella estiró sus manos, simulando que estaba agarrando unos pechos—. Defensa personal, Newton, ¿nadie te enseñó sobre eso? Deberías saberlo, ¡toda chica sabe sobre defensa personal!
Nos quedamos en silencio luego del discurso que Isabella le dio al novato. El rubio muchacho cambió su peso de un pie al otro, removiéndose incómodo en su lugar. Se quitó la gorra con nerviosismo y rascó su nuca, observando a Isabella de refilón.
—Uh, ladronzuela, soy un chico.
Cierto, él era un chico.
…
—Come tus verduras, Edward.
—Ya no las necesito para crecer, ma' —murmuré, sin dejar de revolver la comida sobre mi plato.
Había llegado a casa luego de mi turno, después de una relajante ducha había bajado para comer el delicioso almuerzo que mamá había preparado para mí. Lo digo, nunca dejaré esa casa si podía tener de ésta comida eternamente. Ella había preparado un rico filete con verduras cocidas. Tenía un hambre del demonio, pero por una extraña –no tan extraña realmente– circunstancia, no podía dejar de revolver la comida sobre mi plato de un lado hacia otro, simplemente pensando.
Mamá se sentó junto a mí y colocó su mano dulcemente sobre mi brazo.
—Hijo, ¿estás bien?, ¿algo que quieras decirle a mamá?
Era un hijito de mami, demonios. Suspiré y dejé el servicio sobre mi casi repleto plato, para así apoyar mi cabeza en el hombro de mamá. Estaba… molesto. No, no molesto, estaba malditamente enfurruñado. ¿Podía estar comportándome más como un maldito niño malcriado? Joder, no.
—¿Dónde está Jasper de todos modos?
—¿Jasper? No lo sé, ya sabes cómo es tu hermano. —Negó lentamente con su cabeza—. Tal vez anda con Isabella por ahí, son como uña y mugre, ¿no? Estoy segura de que esos dos terminarán juntos pronto, ¡ya vas a ver!
Entorné los ojos por sus palabras, si simplemente ella supiera, ah.
—No está con Swan, ella tiene una cita con Elijah.
—¿Elijah?
—Si —gruñí involuntariamente—, mi ahijado, mi Elijah, el Eli de Rose y Emm.
—¿Elijah?
Me alejé del hombro de mamá y observé con diversión su estupefacto rostro, tenía su boca abierta en una gran "o" y pestañeaba más rápido de lo normalmente debido. Esme sentía un gran amor por el mocoso rubio de Rosalie, ya que su hijo mayor no quería darle los nietos que tanto deseaba, había adoptado a mi sobrino como su nieto postizo. Y Elijah se dejaba querer, ¿quién no lo haría si te hornean unas deliciosas galletas de naranja? La especialidad de la señora Cullen.
—Deben ir saliendo hacia Port Angeles a ésta hora. —Miré el reloj de pulsera que llevaba en la muñeca derecha, quedaba justo sobre el término de mi tatuaje—. Deberías haber visto a Rosie, mamá, ella parecía una puta bruja porque su bebé iba a ser corrompido por la hija del demonio.
—Ella no debería tratar a Bella de ese modo, es una niña. —Mamá suspiró, negando con su cabeza—. ¿No crees que Elijah es muy joven para ella? ¡Tiene apenas trece añitos! Pensé que Bella terminaría con tu hermano. —Esme hizo un puchero que me causó mucha gracia—. Yo quería que terminara con tu hermano.
—¿Por qué te gusta tanto Swan, ma'?
Siempre me había causado curiosidad cómo le importaba la ladronzuela a mamá.
Esme sonrió dulcemente y le dio un suave toque a la punta de mi nariz con su dedo índice.
—Porque ella no es la culpable de la vida que le tocó, y pienso sinceramente que es una niña maravillosa. Bastante inteligente y con comentarios agudos, ella me encanta. —Se puso de pie y le dio un apretón a mi hombro con su pequeña mano—. Es una muchachita que no se deja morir, es una luchadora. ¡Sería un honor tenerla en la familia! ¡Pero tu hermano es un ciego!
—¿Qué fue lo que hice ahora?, ¡recién vengo llegando a casa y ya hice algo! Cualquier cosa que sea… —Jasper, que apareció en el umbral de la cocina con su mochila colgando desde un hombro, me apuntó con su dedo índice—. Edward tiene la culpa.
Entorné los ojos y le di un bocado a mi comida.
—¿Sabías que Isabella está en una cita con Elijah?
—¿Elijah? —preguntó mi hermanito, frunciendo el ceño—. ¿Qué hace ella con el enano?... Espera, espera, ¡¿acabas de decir en una cita?! —Mamá asintió sonriendo y Jasper juntó su entrecejo aún más, casi formando una sola ceja.
—Alguien se te está adelantando…
—Mamá… —gimió y se dejó caer sobre el taburete que estaba a un costado mío—, no me gusta Bella.
—Pues debería, Jasper Cullen, es una buena muchacha, un excelente partido… ¡Mejor que esa Mariana!
—¡María, mamá!
—¡Da igual, jovencito! —Sonreí sin dejar de comer mis verduras. Mamá era una mujer de temer cuando se lo proponía, y ahora mismo estaba usando ese tonito de "soy tu madre, cierra la puta boca y no me alces la voz" con Jasper. Me recordaba a las tantas veces en que lo utilizó conmigo, especialmente cuando llegué a casa con el brazo tatuado—. Deberías ser más inteligente.
—Mi propia madre diciéndome lo estúpido que soy… —Mi hermano suspiró teatralmente.
—Alguien tiene que decírtelo, cariño, lo siento.
—¡Oye!
Esta vez no pude aguantar la carcajada llena de burla que abandonó mis labios por las palabras de mamá a Jasper. Yo amaba a ésta mujer con todo mi corazón y más, era la mejor jodida mamá del mundo. Jazz me golpeó las costillas con su codo, quitándome el aire por un segundo y haciendo que me ahogara en mi propia risa. Lo miré mal cuando traté de recomponerme del ahogo, él se hizo el inocente. Entrecerré los ojos cuando una maliciosa sonrisa apareció en sus labios.
—Ya, bien, aquí tienes tu almuerzo corazón.
—Mami. —Jasper comenzó a comer lentamente, yo aún sospechaba de ese maldito crío porque la mueca en sus labios seguía allí—. Si tanto quieres que Bella sea parte de ésta familia, ¿por qué no le dices a Edward que haga algo al respecto?
—Edward es más de diez años mayor que ella, cariño. —Mamá entornó los ojos—. ¿Doce? Son doce años, ¿o me equivoco? No importa… Isabella y tú tienen la misma edad, Edward podría ser su hermano mayor si lo vemos de ese modo. —Esme soltó una risita que amortiguó poniendo su mano sobre sus labios—. Lo siento, es solo… descabellado.
—Vale, ¿por qué sería descabellado?, ¿tan viejo estoy? —Resoplé y me puse de pie rápidamente, sin apetito—. ¿Acaso esos hijos de puta allá en Hollywood son los únicos con el derecho de tener una chica joven para ellos? ¡La edad es solo un jodido número!
—¿Edward? —La confusión en el rostro de mamá fue la gota que rebalsó el vaso.
Yo debería haberme quedado callado, demonios.
—¡No tengo hambre!, ¡y me pagarás ésta, Jasper!
Antes de salir de casa como un marica despavorido, tomé mi chaqueta de cuero y mi gorra.
Llegué al restorán de los McCarthy montado en mi preciado Camaro, al entrar me encontré con una divertida imagen. Rosalie paseaba de un lugar a otro sosteniendo a Bree Ann entre sus brazos, la pequeña hermosa jugueteaba con los rizos rubios de su madre, quien ni siquiera le estaba prestando atención porque esa cabeza de pollo debía estar rondando en cierto señorito que había heredado su color de cabello y sus ojos. Ella había cerrado su fuente de trabajo por el día de hoy, así de la mierda estaban sus nervios.
Cuando me apuntó con su puntiaguda uña, alcé las cejas sin entender.
—Es tu culpa.
—¿Perdón?
—¡Es tu culpa que mi bebé esté con esa muchachita del demonio!
—No es mi culpa. —Fruncí el ceño—. ¿Por qué sería mi culpa que tu hijo tenga un enamoramiento con ella?
—¡Porque te copia! —chilló—. Tú estás absurdamente loco por esa ladrona. ¡Eres su padrino! —Ella cubrió a Bree, juro por Dios que sus ojos eran desquiciados. Íbamos a tener que internarla en un loquero después de éste día—. ¡También eres el padrino de Bree!
—Estás loca, Rosalie Hale, malditamente loca.
—¿Mami está loca? —preguntó Bree, haciendo círculos con sus deditos en torno a su sien—. ¿Estás cucú, mami? Bella dice que su papi está cucú.
—¿Cuándo has hablado tú con esa… con esa… niña? —Yo podía ver claramente el derrame cerebral que le estaba dando al enterarse que su pequeña había estado en contacto con el enemigo—. Escúchame bien, cielo, no hablarás nunca más con ella, ¿entendido?
—¡Bella me da Skittles! —Y para sus seis años, eso convertía a Isabella en un héroe.
—¡Hablamos sobre no recibir dulces de extraños, corazón!
—¡Pero ella es la novia del tío Edd! —gritó la niña, sorprendiéndome por eso.
Rosalie me observó con esos ojos psicóticos suyos, casi me dio miedo.
Si no fuera el hombre grande y fuerte que soy, probablemente estaría cagado de miedo.
—¡Te dije que todo era tu culpa! —Ahí estaba ella gritando otra vez. Dejó a Bree sobre sus dos piernas y tomó una cartera vaya a saber Dios de dónde—. Está decidido, tú y yo iremos a ver qué están haciendo esos dos, Masen. No puedo más con la angustia… ¿Y si está enseñando a mi bebé cómo robar? —Abrió los ojos y cubrió su boca con una de sus manos—. ¡No puedo permitirlo!
Y mamá se pregunta por qué a mis casi treinta años aún sigo soltero, ¡las mujeres solo gritan!
…
—Deja de moverte… ¡Demonios, Rosalie!
—¡Es mi bebé el que está ahí!, ¡no se te ocurra gritarme, Edward Anthony Masen!
—Tú eres la que tienes que dejar de gritar —resoplé y acomodé mi gorra nuevamente sobre mi cabeza, para guardar las apariencias—. ¡Nadie te está gritando!, ¡loca!
Bien, éramos dos adultos escondidos tras unos arbustos, espiando a los mocosos en su cita. Dos adultos. Por todo lo santo, Rosalie estaba en sus treinta y dos años y yo pronto me uniría al club de los ancianos, y henos aquí, como unos adolescentes escondidos tras unos putos arbusto porque Rose no quería dejar a su bebé solo en manos de mi ladronzuela. Ella había pegado el grito al cielo cuando Emmett le había contado la osadía de su mocoso, no se atrevió a aplacar el entusiasmo del muchacho solo porque McCarthy le hizo prometer que no diría nada al respecto y que dejaría a Elijah encargarse de ello como un hombre. Eso fue el día de ayer, obviamente, el día de hoy fue todo completamente distinto.
Porque aquí estábamos, claramente.
—Mami, me aburro. —Bree hizo una adorable mueca con sus labios y se cruzó de brazos— ¿Podemos ir por un helado? ¡Vamos con Eli! —Ella apuntó a la mesa donde se encontraba Elijah junto a Isabella disfrutando de un helado de copa.
—Shh, nena, recuerda que estamos en una misión espía. —Rosalie puso su dedo índice sobre su labio y Bree siguió su ejemplo, asintiendo y frunciendo su pequeño ceño—. Así está bien, princesa, luego podrás tener todo el helado que quieras.
—Eso es chantaje.
—Cállate, Masen, tú no sabes nada sobre esto así que no tienes permitido opinar… ¡Caracoles!, ¿dónde están ahora? —Dejé de mirar a las dos mujeres junto a mí y clavé mi vista donde, previamente, Elijah e Isabella habían estado charlando y comiendo su helado.
En el asiento ahora vacío.
—¡Esto es tu culpa Rosie! —Me puse de pie abruptamente y volví a acomodar la puta gorra sobre mi cabeza. Maldita gorra, era peor que la de policía. Ya la estaba odiando también—. ¿Dónde demonios están ahora?
—No es como si fuera un pueblo grande, cálmate. Dios, ¡es mi hijo el que está con esa delincuente!, ¿por qué te veo a ti más preocupado? —Alzó una de las cejas a la vez que se ponía de pie con Bree en brazos. Rasqué mi nuca y desvíe la mirada.
—Me preocupa Elijah, claro que sí… ¿Por qué más si no?
—No lo sé… ¿Por la ladronzuela?
—Oh, cállate. —Entorné los ojos y resoplé. Creo que estaba siendo muy obvio—. Estoy haciendo un bien aquí, prestándole mi ayuda a una amiga en necesidad y me sales con esas cosas. ¿Así es como me agradeces que esté cuidando el trasero de tu hijo para que no siga los rumbos de Swan?
—Sí… —murmuró, dándome una miradita de esas que siempre le daba a la gente cuando no le creía nada de nada, como a Riley, por ejemplo, el tipo que siempre le prometía pagar la deuda que tenía en el restorán a fin de mes, de eso llevaba cerca de un año—. Lo que tú digas, Masen… ¡Allá están!
Rosalie apuntó hacia la entrada del centro comercial, donde los dos iban caminando y riendo sin parar. Los seguimos a una distancia prudente, haciendo callar de vez en cuando a Bree que soltaba una que otra exclamación cuando veía gatitos o algo rosa en las tiendas. Los chicos iban por la escalera mecánica, directo al pequeño cine que había en Port Angeles. Ya estando en la taquilla ellos compraron sus tickets y se dirigieron al interior, pararon en la confitería donde Isabella y Elijah tuvieron una pequeña discusión, supongo que estaban viendo quién compraba las palomitas de maíz.
—Queremos…
—¡Queremos dos tickets a lo que sea que hayan comprado ellos! —gritó la loca de mi amiga. Entorné los ojos y observé a la chica que vendía las entradas con un tanto de vergüenza. Ella entrecerró los ojos y nos dio dos tickets para la nueva película de X-Men.
—La niña no puede entrar —murmuró a través de la ventanilla, apuntando a Bree.
—¿Y qué se supone que haga?, ¿dejarla por su cuenta?, ¡¿qué clase de basura es esa?! —Rosalie casi pegó su rostro al cristal que nos separaba de la cría que nos vendía los boletos—. Escúchame, niñita, ¡danos esos malditos tickets ahora!
—La película es para mayores de trece años, señora.
Oh Dios, la había llamado señora.
Santa mierda, vi la vena de Rosalie sobresalir en su cuello con temor absoluto.
—¡Está bien! —grité cuando la rubia estaba a punto de comerse viva a la menuda chica—. Entonces solo un ticket. —Le entregué el dinero rápidamente y tomé la entrada, jalando del brazo de Rose para alejarla de ahí—. Tendré que sacrificarme por el equipo.
Ella suspiró.
—Bien, iré a dar unas vueltas con Bree Ann, nos juntamos allí… —apuntó un lugar a lo lejos, cerca de una tienda de videojuegos—, en dos horas más. ¡Cuida de mi bebé, Masen! Si no sales en dos malditas horas entraré a ese cine y te sacaré yo misma… Y de paso me llevo a Elijah conmigo…
La vi alejarse de la mano de la pequeña niña.
Suspiré y desordené mi cabello, sacándome la gorra antes.
Mientras caminaba hacia la entrada del cine, me regañaba mentalmente por ser un cabrón estúpido. Me estaba comportando de manera absurda, demonios, debería ser yo el que lleve a Isabella a una maldita cita, no… ¡no Elijah! ¡Se me había adelantado un mocoso de trece años!, ¡¿cómo era eso siquiera posible?! Me escondí tras el cuerpo de Magneto cuando vi que Elijah e Isabella aun no entraban a la sala que correspondía, desde mi posición podía ver como el niño removía su pie con exasperación… Isabella hablaba con alguien…
Oh, no, joder, no.
¡¿Qué hacía el hippie de mierda ese aquí?!
—¿Otra fiesta?
Puede que me haya acercado un poco, tratando por lo que fuera de esconder mi rostro y mí cabello dentro del jockey que llevaba. Yo quería escuchar lo que estaban hablando esos dos, demonios. Elijah… Compañero, entiendo completamente tu animosidad a ese espécimen de cabello largo. Le di un billete al chico que vendía las palomitas, él estaba cubierto de acné. La pubertad era una mierda.
—El fin de semana que viene tal vez podríamos terminar lo que empezamos, Bella, ¿qué dices?
Podría golpearlo, justo ahora.
—Hablaré con Jasper sobre esto, ya sabes, vamos los dos o no va ninguno, así es con nosotros JJ. —Miré por el rabillo del ojo como ella le sonreía amistosamente—. Espero que ésta vez puedas tocar, me gustaría verte realmente.
—Oh, ¡claro que sí! —Él se acercó a ella, demasiado—. Escribí una nueva canción, esa será para ti, por eso quiero que vayas.
—Estaré ahí entonces. —Le guiñó un ojo y le dio una de sus sonrisas torcidas.
Ella le estaba malditamente coqueteando a ese idiota.
—Uh… ¿Señor?
—¡¿Qué?! —gruñí, mirando al muchacho que sostenía las palomitas para mí. Él dio un pequeño respingo y abrió sus ojos con temor. Ah, Masen, estás siendo un idiota—. Yo… Lo siento, chico, quédate con el cambio. —Tomé mi paquete de palomitas y fui tras los chicos, a una distancia relativamente prudente.
El maldito hippie se les había unido en su salida.
Elijah tenía una cara enfurruñada, no era el único infeliz aquí.
La sala de cine estaba casi vacía, solo había uno que otro espacio ocupado. Eligieron la hilera de sillas que quedaba justo en medio, Isabella se sentó entre ambos muchachos, Elijah a su lado izquierdo y James a su lado derecho. Yo tomé lugar dos hileras más arriba que ellos. Creo que el punto de esto era ponerle un ojo a Eli encima pero, no, demonios, Isabella era la que necesitaba de mi cuidado de ese muchachito que tenía pinta de vagabundo.
Las luces se atenuaron en la sala y la película comenzó a rodar.
Todo estuvo de lujo en un principio.
Incluso la película estaba jodidamente buena. ¿Hace cuánto que no venía al cine? Creo que la última vez fue cuando Leah me obligó a ver "Votos de Amor". Me estremecí con el simple recuerdo de esa película de mierda. Pero claro, uno cuando está de novio tiene que aguantar esas cosas, por ejemplo, ver películas cursis. Había algo bueno en ello, como le había dicho a Elijah, era el momento exacto para "consolar" a tu chica, y así recibir algo a cambio. ¡No pueden culparme! Es lo mínimo que merecemos luego de estar sentados por dos horas, con el culo plano, viendo una película donde los "te amo" se regalan por montón.
Cuando la película estaba por la mitad comencé a ver rojo.
Primero fue al ver el patético truco que usó el hippie. "La técnica". Él no podía estar usando ese viejo truco que me sabía como si fuese la palma de mi mano. James hizo como que bostezaba y estiró sus brazos, bajándolos sutilmente luego, claramente su brazo izquierdo descansó sobre el respaldo de la silla de Isabella. Pero no terminó ahí, oh no, el maldito pendejo de mierda ese comenzó a acariciar su cuello con suavidad. ¡Y ella no hacía nada para detenerlo! Él pasaba el dedo pulgar lentamente por su nuca mientras que con el resto de sus dedos sujetaba la base de su cuello. Luego de un rato de ver aquella amorosa interacción entre ambos, verificar que Elijah estaba malditamente metido en la película sin darse cuenta de lo que sucedía junto a él, JJ acercó su rostro al oído de mi ladronzuela, donde susurró algo que la hizo estremecerse.
¡Ella no tenía permitido estremecerse con otro hombre!
¡A la mierda!
Cuando me puse de pie abruptamente, mi paquete de palomitas cayó al suelo, los tipos que estaban tras de mí se quejaron y yo les levanté mi dedo medio para que callaran sus putas bocas. Salí de la sala y fui al baño de hombres rápidamente. No había nadie, claramente, yo era el único idiota capaz de perderme una película justo en la mejor parte. Pero tenía que salir de ahí o me lanzaría encima de ese muchacho, por primera vez en mi vida agradecía no estar portando mi pistola, la hubiera usado sin pensarlo por poner sus manos sobre lo que es mío.
—No matarás al muchacho, Masen, no matarás al muchacho. Tú eres el policía, no el asesino…
Desordené mi cabello y miré mi rostro en el espejo. Era patético, malditamente patético. ¿Cómo una niña doce años menor podía mantenerme en éste estado? Creo que por su culpa me veía más viejo. Enjuagué mi rostro un sinfín de veces tratando de calmarme, apoyé las manos en el borde del lavabo y dejé caer la cabeza, observando fijamente mis pies.
—Existe algo que se llama privacidad, oficial Masen.
Un escalofrío recorrió mi columna vertebral al escuchar su voz tras de mí.
Me giré solo para encontrármela apoyada en la puerta del cuarto de baño, cruzada de brazos y con una de sus cejas arqueadas. Recién caí en la cuenta de que ella no estaba utilizando su característica sudadera amarilla, ella llevaba un simple suéter de hilo color gris, algo tenía Isabella con la ropa, siempre utilizaba el triple de su talla. Era en forma de campana y caía libremente hasta la altura de su ombligo, en la parte trasera era más largo. Andaba con unos jeans de color negro a la cadera, dejando así un poco de la piel de su estómago al descubierto. Se veía hermosa, ¡y ella se había arreglado así para alguien que no era yo!
—Rosalie estaba preocupada por Elijah. —Esa fue mi patética excusa.
Isabella sonrió, ¡esa maldita sonrisa que siempre me daba!
—Lo sé, los vi… ¿Tras los arbustos?, ¿cuántos años tienen? —Hizo un gesto lleno de exasperación y tuve la decencia de avergonzarme—. Yo no le haré nada a Elijah, por Dios, ¿quién creen que soy?, ¿algún tipo de enferma violadora o qué? Se me hace sumamente adorable que le guste a Eli, es un niño demasiado tierno, solo no quería romper su corazón rechazando su invitación… —Arrugó su pequeña e insolente nariz—. También venir al cine era un plus. Estoy verdaderamente molesta con usted, oficial Masen.
—Podrías… Diablos, ¿podrías no tratarme de usted? —Me enervaba cuando hacía eso.
—No —respondió rotundamente—. ¿No existe algo con que nombrar esto?, ¿violación a la privacidad? Sinceramente, oficial Masen, pienso que debería llevar su trasero de regreso a Forks y encerrarse en ese calabozo suyo que tiene.
Hice rechinar mis dientes y me acerqué a ella. Apoyé ambas de mis manos contra la puerta que estaba atrás de su cuerpo, con demasiada fuerza. Isabella ni siquiera se inmutó cuando la tuve prisionera entre mis brazos. Incliné la cabeza y observé con atención sus ojos, entrecerrando los míos en el proceso.
—¿Para qué quieres que me vaya a Forks?, ¿para que puedas seguir coqueteando con el hippie de mierda ese? —Ella sonrió al escuchar el ronco tono de mi voz. Estaba molesto, joder, malditamente molesto—. Tal vez si me encierro en el calabozo tires la llave lejos. ¿Dejarás que siga acariciándote? —Mi ladronzuela se encogió de hombros.
—Se sentía bien… —murmuró, tragando saliva cuando mi cuerpo se presionó a su menuda anatomía.
—¿Se sentía bien? —gruñí, acercando el rostro a su cuello y acariciando esa parte de su cuerpo levemente con la punta de mi nariz. ¡Solo yo podía hacer eso, joder!—. Así que se sentía bien… —Una de mis manos dejó su lugar para bajar por su cuerpo, mis dedos apenas y la rozaban cuando delineé su contorno. Cuando la posé sobre su cadera, mis dedos rozaron deliberadamente la piel descubierta de su estómago, la cual se erizó. Sonreí contra su cuello—. ¿Se sentía así de bien?
—¿Sabes? —Pude apreciar el movimiento que hizo su níveo y largo cuello cuando volvió a tragar—. Se sentía mucho mejor, Masen, mucho mejor.
Solté una maldición por lo bajo y me apoderé de sus labios salvajemente.
¡Le encantaba provocarme a la jodida mocosa!
Con la mano que aún estaba recargada contra la puerta tomé su cuello para acercarla aún más a mí, acompañando el movimiento con la otra que estaba sobre su cadera. Soltó un suspiro contra mi boca y aproveché ese momento para jugar con su lengua. Dulce señor, ésta niña iba a matarme. Nuestros labios juntos eran una adicción, ella trataba de seguir el ritmo del beso a duras penas, yo solo… quería dejarle en claro tantas malditas cosas, como que era mía, por ejemplo. Su labio inferior era mi favorito, sobresalía como un puchero permanente ya que era más lleno que el superior. Le di un suave mordisco y me fui a la mismísima mierda cuando ella soltó un delicioso gemido contra mis labios en respuesta. Ahí fue cuando perdí el juicio y la levanté desde su trasero para que enrollara sus piernas en torno a mis caderas. Isabella era bastante obediente, lo hizo sin rechistar. La madera de la puerta crujió cuando el cuerpo de Swan azotó ligeramente contra ella. Cerré los ojos y recargué mi frente contra la suya, tratando de regular la respiración y alejando la nebulosa que nublaba mi raciocinio. El calor que emanaba el punto entre sus piernas me estaba volviendo loco, y no ayudaba el que estuviera en contacto con mis partes inferiores.
La puta peor idea de mi vida.
—Estamos… —carraspeé sin abrir los ojos aun—, estamos en un maldito baño público.
—Tú me atacaste, yo soy la menor de edad aquí —contestó ella, tan insolente como siempre. Su voz salió entrecortada debido a su acelerada respiración. Cuando abrí los ojos, vi lo brillantes que estaban los suyos, y la pequeña sonrisa satisfactoria que bailaba en sus labios.
—Lo hiciste a propósito, ¿no es así?
—Sip. —Marcó la "p" con exageración y cruzó sus piernas tras de mí, haciendo que me acercara más a su cuerpo. Siseé por lo bajo cuando mi hombría hizo contacto con su entrepierna—. Y déjame decirte que esto realmente se siente mucho mejor, tenías razón.
Apoyé la cabeza contra su hombro y negué lentamente. Ella pasó sus dedos a través de mi cabello con dulzura, aun no tenía la fuerza para dejarla sobre sus pies, y tal parecía que no le molestaba en absoluto estar en ésta posición.
Definitivamente ella iba a matarme.
Salí del cine exactamente dos horas y treinta minutos después. Isabella y yo regresamos a la sala de la película juntos, pero ambos tomamos nuestros respectivos asientos. Traté de enfocar mi atención en la pantalla pero no tuve mucho éxito, ese niñato seguía tratando de conquistarla con sucias artimañas. Íbamos a tener una seria conversación al respecto, una vez toda ésta parafernalia de la cita terminara. Cuando dejé el cine antes que ellos, tuve miedo por mi integridad física. Rosalie me esperaba junto a Bree Ann, que sostenía un globo de helio en una de sus manos y un helado de fresa en la otra. Rose lucía molesta y repiqueteaba con su zapato de tacón en el piso. Estaba de brazos cruzados y, a medida que me acercaba, habrá mirado cerca de cinco veces el maldito reloj de pulsera que tenía.
Cuando me vio suspiró con exasperación.
—¡Dije dos horas!
—¡La película terminó ahora!
—¡No sabes hacer nada bien, Masen, y…! —Frunció el ceño y luego entrecerró los ojos—. ¿Por qué estás despeinado?
Oh, mierda.
—Oh, policía de la moda, discúlpeme por no usar una puta peineta, ¡no sabía que tenía que dar explicaciones de por qué mi maldito cabello tiene vida propia! —chillé, desordenándolo aún más cuando pasé mis manos por él. Bree me observó con sus ojitos asustados.
—¿Tiene vida? —preguntó, apuntando con temor mi cabello. Solté una risita y me agaché a su altura.
—No, princesa, es solo un decir. Mira, tócalo, está bastante muerto. —Ella pasó la mano que sostenía su globo por mi cabello y sonrió.
—¡Es suavecito! —chilló con su dulce y aguda voz.
—¡Edward Masen!, ¡¿dónde caracoles está…?!
—¿Mamá?
Rosalie calló a mitad de su frase, internamente agradecí la aparición de Elijah ya que no tendría que seguir aguantando los gritos de su madre. Mis oídos iban a morir en cualquier momento gracias a esa mujer. Me erguí en mi lugar, observando a Elijah e Isabella que habían llegado hacia donde nosotros nos encontrábamos. Rosalie estaba jugando al congelado o algo, Elijah la miraba reprobatoriamente, e Isabella solo sonreía.
—¡Mira, Eli, tengo un globito! —La mirada del mocoso cambió radicalmente cuando su atención estuvo sobre su pequeña hermana. Él sonrió con dulzura y desordenó los rubios rizos de la niña, quien infló sus mejillas por el gesto.
—Es genial, Bree, ¿quién es?
—Frankie Stein. —Mi princesa rodó los ojos, como si fuera de lo más obvio—. ¡Es de las Monster High!
—Oh, vaya, claro. —Eli entornó los ojos y golpeó su cabeza con la base de su palma—. ¡Soy un tonto!, ¡es bastante obvio! —Isabella soltó una risita por la interacción entre los muchachos, Elijah se sonrojó y desvió la mirada, escondiendo sus manos dentro de su campera—. Uh, entonces… mamá, tío Edd… ¿qué hacen aquí?
Rosalie se sonrojó y comenzó a balbucear.
—Tu padre, él nos pidió que, uh, sacáramos a Bree a dar un paseo. Sí, eso. —Sonreí para que me creyera pero fue completamente en vano, porque, demonios, incluso yo no me creí nada de lo que dije.
—Ya, claro. —Entrecerró los ojos sin creer mis palabras.
—Entonces, ya que nos encontramos aquí… —Rosalie junto sus palmas y sonrió con demasiada efusividad—. ¿Por qué no nos vamos todos a casa juntos?, ¡será divertido! —Dio pequeños aplausos. Entorné los ojos y guardé las manos dentro de los bolsillos traseros de mi pantalón.
¡Yupi!
¡Qué malditamente divertido!
…
Rosalie, Bree y Elijah se bajaron del Camaro en fila cuando estacioné frente a Heaven. Éste último se quedó parado en su lugar por un largo rato, incluso ignoró a Rosalie cuando ésta, un tanto histérica, llamara al muchacho. El rostro de Eli estaba sonrojado, él estaba haciendo esa cosa de esconder su cara entre su rubio cabello. Isabella, que estaba sentada en el asiento del copiloto, sonrió conmovida y se inclinó por el espacio de la ventana para así dejar un pequeño beso en la mejilla del chico.
—Lo pasé muy bien el día de hoy, Eli, muchas gracias por la invitación.
—Yo… Yo… Uh, t-también lo pasé genial. —Él sonrió levemente—. Eh, Bella, ¿t-te gustaría…, uh, no lo sé, andar por ahí…?
—Me encantaría, solo búscame y pasamos el rato cuando quieras. —Le guiñó el ojo y Elijah asintió fervientemente, una gigantesca sonrisa estaba sobre su rostro ahora.
El enano se despidió de mí con un movimiento de mano.
Eché a andar el Camaro una vez más para ir a dejar a la ladronzuela a su pseudo hogar. El trayecto fue silencioso, ella me había pedido poner un poco de música, dejé que hiciera lo que quisiese, inclusive que escuchara esas bandas independientes que solía escuchar. Cuando posé mi mano sobre la palanca de cambios para que cumpliera su función, Isabella colocó la suya sobre ésta. Sonreí y le di a tercera, luego entrelacé nuestros dedos y seguí manejando, una extraña melodía sonaba de fondo, una canción que nunca había escuchado en mi vida. Yo era más de bandas como Kansas, AC/DC, incluso un poco de Jamie Dunlap… Pero ésta me gustaba, era algo progresivo, no lo sé, esas mierdas que escuchan los chicos hoy en día.
—¿Cómo se llama?
—¿Uh? —Ladeó la cabeza, interrogante.
—La canción, ¿cómo se llama?
—Oh, Feel The Love (1)… —contestó sonriendo—. ¿Te gustó?
—Está bien. —Me encogí de hombros y estacioné junto a la calzada. Suspiré y desordené mi cabello con la mano libre—. Demonios… —Isabella me observó nuevamente con ojos inquisidores—, olvidé la gorra en el baño del cine. —Ella rio suave—. Bien, ladronzuela, hemos llegado.
—No quiero bajarme.
—Lo sé —suspiré, acariciando su mano con mi dedo pulgar. Ella le dio un suave apretón, entrelazando así aún más nuestros dedos—. ¿Dónde dejaste al mocoso de Seth?
—Él iría a jugar a la casa de uno de sus amiguitos, los padres del niño vendrán a dejarlo en… —se detuvo, miró la hora en el reloj del auto—, media hora más. —Asentí a sus palabras—. Edward, dame un beso.
—¿Por qué?
—Porque lo quiero. —Su tono fue como "¿por qué más si no, idiota?"—. Y deberías hacerme caso, después de tu comportamiento infantil el día de hoy ni siquiera debería dejar que cogieras mi mano. —Me incliné hacia ella y besé su mejilla, sonriendo contra su piel.
—Demonios, niña, tú estabas coqueteando con ese idiota.
—Una causa para llegar a un fin. —Sonrió y giró el rostro, nuestras narices se rozaron por el movimiento—. Te dije que me gustaba JJ de todos modos, no veo el alboroto en esto. —Tomé su barbilla firmemente con mis dedos y fruncí el ceño.
—No juegues conmigo.
—No lo estoy haciendo. —Se encogió de hombros—. Ahora bésame.
Iba a hacerlo, iba a besarla para demostrarle que solo podía gustarle yo, con un demonio. Pero una chillona voz nos interrumpió justo cuando estábamos en el proceso, ella incluso había lamido sus labios mandando una agónica punzada a mi entrepierna con el gesto. Fue increíble el cambio en mi ladronzuela, cómo su característica personalidad juguetona pasó a segundo plano y en cambio frente a mí ahora solo había un frío robot. Su boca formaba una línea y su cuerpo estaba completamente tenso.
La persona que habló anteriormente golpeó la ventana del carro con insistencia.
—Vaya, vaya, ¡así que la nena siguió los pasos de mamá! Siempre tuve fe en ti, tesoro, aunque… Bueno, veo que has invertido los roles, ¡te gustan los maduros, nena!, ¡eso es genial! —La extravagante mujer le guiñó un ojo—. ¡Para el amor no hay edad, límites ni leyes!, ¡estoy orgullosa de mi patito feo!
Y esa, damas y caballeros, era Renée Swan.
(1) Feel The Love - Rudimental ft John Newman. (Esta canción me hace feliz (?)
¡Buenas noches!
¡Ya les traje capítulo, Dios! ustedes, ustedes son muy impacientes XDDDDDDDDDD Pero aquí ha llegado, y les traje bastante contacto entre estos dos, eh, hahaha. ¡Espero el capítulo haya sido de su agrado! Y, finalmente está aquí la señora Renée Swan. Sarai me dijo que mañana estará el cap de Forks Ink así que ahí tienen, no tendrán que esperar tanto tampoco hehehe y con respecto a 3, 2, 1, estoy terminando el capítulo para enviárselo a Zaida, así que tal vez al termino de esta semana tienen capítulo si no es para la siguiente. Bien, bien, sé que a muchas las confunde Bella con su actitud, pero para todo hay una razón, como en el capítulo pasado cuando preguntó a Masen por Tanya, y aquí, cuando le dice que le gusta JJ (eso es verdad) la chica es honesta con él, y nuestro oficialote es un bobo que piensa que solo quiere agarrerle el pelo. Hay un motivo de por qué ella es así, un tanto extraña, con la aprición de la madre del año aparecerá su "verdadero" yo a flote, por así decirlo. Y creo que eso sería todo por hoy. Uh, por cierto... Siento demorarme tanto en actualizar, tal vez algunas chicas piensen que es porque tengo tres fics en proceso, pero generalmente es porque yo soy una floja de nacimiento y hago las cosas simplemente cuando me da la gana, por ejemplo, si me da la gana de escirbir claramente lo hago, pero puedo estar todo un día tirándome las bolas que no tengo y... Ahí está word, vacío XDDD así que me disculpo, y me compadezco de ustedes porque les tocó una autora bien jodida (?)
btw, lo dije en el grupo, pero, Marisol, tu manipulación del oficial me encantó un montón, y sirvió de inspiración porque ya estoy escribiendo el otro capítulo, que conste, hahaha, ¡muchas gracias por eso! :3
¡Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos!, ¡nos leemos luego!
Lamb~
