Bienvenidos a otro capítulo del fic "Más vida", este fic se me está haciendo una adicción, no puedo dejar de escribir, me es muy interesante la trama, mezclando mi historia con las teorías, simplemente me fascina. Leí sus reviews y por lo que leí, y por lo que notarán, está historia seguirá permaneciendo como rated T, pero pondré las advertencias en cada capítulo que haya violencia, de acuerdo? Es para que todo público disfrute de esta lectura.

Bien, vayamos al capítulo.

Más vida.

-O-c-h-o—A-ñ-o-s—A-t-r-á-s-

¿Sabes, Scott? — Susurró la bella mujer que miraba a su hija a través del ventanal. La pequeña Amy jugaba con los animatrónicos con una hermosa sonrisa. Scott desvió su mirada de la niña y miró a la mujer que tanto amaba, sin embargo nunca se lo reveló. — ¿Eres consciente que si a nosotros nos pasa algo…? ¿Tú serás el que cuide y proteja a Amy con su vida?

El hombre frunció el ceño, confundido. Anne le sonrió al hombre con tristeza.

—… ¿De qué hablas, Ann? — Preguntó, claramente desconcertado.

De nada en especial. Solo… Quiero que tengas presente que queremos, tanto Jay como yo, que cuides a Amy como a tu propia hija.

—… Qué tontería. — Rió sin humor. — Yo ya la considero como mi hija. — La mujer le sonrió con picardía. Él se sonrojó. — ¡N-No lo malinterpretes…!

Tranquilo. — Se rió y volvió a mirar a Amy. — Solo… En caso de que nos pase algo… Cuídala, ¿sí?

—…— Sonrió. — Lo prometo.

-E-n-d-s-

— ¡Rápido, rápido! — Gritaban entre ellos los doctores mientras corrían llevando a la joven de 16 años en la camilla. — ¡Se nos está muriendo! ¡CORRAN!

Scott divisaba todo en cámara lenta. Los doctores se gritaban entre ellos, desesperados, Frank y Lisa se sujetaban las manos entre ellos, podía jurar que estaban a punto de echarse a llorar. Pero él no reaccionaba. El pequeño cuerpo que llevaba esa camilla… Esa criatura que estaba perdiendo la vida…

Era su hija.

La niña que él prometió proteger.

Le prometió a la mujer que amó que protegería a su hija a toda costa.

Sin embargo, ahí estaba ella, inconsciente, apenas respirando, sus ropas suturadas de tanta sangre. Pálida, los labios morados, inerte.

— Señor, siéntese y cálmese por favor…— Escuchó la voz de la enfermera, pero él seguía sin decir nada, no despegaba sus ojos de esa camilla que había desaparecido tras la sala de urgencias donde tratarían de salvar a su niña.

Había recibido una alarmante llamada de Lisa, diciendo entre tartamudeos que la habían encontrado, sin embargo en un estado realmente crítico. Había corrido hacia el hospital para encontrarse una escena como esa.

Sus vendas desechas, mostrando las cortadas y agujeros que habían comenzado a cerrarse por el cuidado que les había tomado. Su ropa desgarrada en el sector superior de su cuerpo, mostrando su sujetador manchado de sangre y los restos de su blusa que sirvieron de vendas para detener el desangrado de esa herida.

Dios santo, esa herida…

Una cortada más larga que 20 centímetros, profunda, abierta, sin dejar de chorrear. En la parte de sus tobillos también estaba rota la zona de sus pantalones, mostrando magulladuras, de seguro le habían apretado con fuerza.

Pánico.

Sí, pánico. Un espantoso temor se apoderó de él. Las heridas de sus brazos se las esperaba, pero… las de su torso y el resto no se lo esperaba. ¿Qué había pasado? Eso obviamente no pudo haberlo hecho un animatrónico de la pizzería.

Fue una persona.

¿Pero quién?

Y sea quien haya sido, había disfrutado de eso. Porque se notaba a leguas que su hija había sufrido un infierno en vida, lo más horrible que pudo imaginar. Pero tenía miedo de saber qué sucedió.

¿Y si la habían violado?

Porque cualquiera que hubiese visto a una chica con las ropas rasgadas, y regada de sangre hubiera llegado a una conclusión similar.

. . .

Se dejó caer sentado en los asientos pesadamente. Se cubrió el rostro con ambas manos. Solo rogaba a Dios que por favor no fuera eso, lo suplicaba.

Amy ya había pasado por suficiente dolor.

Sufrimiento que ella nunca se mereció.

Las lágrimas abandonaron sus ojos, desconsolado. Le había fallado a Jay, a Anne y a su propia hija.

Le importaba una mierda que dijeran que no eran relativos de sangre. Ella era SU hija. Nada se comparaba con el dolor que estaba sintiendo ahora, sentía que él mismo había matado a Jay y a Anne con esta situación, y que había dejado morir a Amy.

—… Scott.

Él no alzó la vista. Escuchó a Lisa sentarse a su lado mientras apoyaba una mano en su hombro, que temblaba violentamente.

Escuchó a una enfermera salir de la sala y miró a los presentes.

—… Discúlpenme, pero… Necesito transfusiones de sangre, es urgente…

— No son compatibles. — Dijo Lisa. — Él es su padrastro, nada más.

— ¡Pero…! Si no conseguimos su relativo, ella morirá…-

Scott sollozó.

No, no, no, no, no.

No así.

¡Amy no se lo merecía!

— ¡Yo lo haré!

Scott alzó rápidamente la vista al oír la voz de Frank. El rubio miraba firme a la enfermera.

— ¿Estás seguro? Es demasiada la cantidad, y ¿acaso eres…?

— Soy tipo universal, servirá, ¿verdad? Tome la que quiera. — Dijo rápidamente. No quería perder más tiempo. Amy era su amiga, su hermanita.

—… ¿No habrá problema con la prótesis? — Preguntó refiriéndose a su brazo artificial.

— No, lo prometo.

— Bien, sígame.

Frank estuvo a punto de hacerlo, pero miró a Scott, que le miraba agradecido.

— Ella estará bien, Scott. Amy es fuerte, ¿recuerdas?

Y aunque él también temía que Amy no se salvara, debía aunque sea darle esperanzas a Scott. Su estado era crítico, tanto el de su hija como el suyo propio.

.

.

.

Ese día, la pizzería no abrió. El accidente de Amy había sido a una cuadra del local, así que habían restringido el paso. Entraron para buscar algún indicio en la pizzería, sin embargo…

No encontraron nada.

—… Qué curioso. — Dijo un oficial. Los otros lo miraron. — La forma en que atacaron a esa joven, se parecía mucho a la muerte de ese niño en el restaurante de unos años atrás…

Todos se miraron, sorprendidos.

. . .

La marioneta escuchaba la conversación en silencio y negó con la cabeza.

¿De verdad Amy estaba muerta?

Según escuchó de Golden Freddy, había llegado para salvar a Amy, dijo que su estado era grave, la había dejado en la oficina, y para cuando él había traído al resto de los animatrónicos viejos con él para ver a la joven, ella ya no estaba, había dejado unos enormes charcos de sangre que daban camino a la salida. Decidieron limpiar para que no sospecharan, estaba seguro de que Amy hubiese querido que la pizzería no fuera involucrada.

No comprendió por qué los Toys no reaccionaron esa noche, hasta que se dio cuenta de que fueron desactivados. Le preguntó a cada uno quién había sido el culpable de su desactivación. Y ellos describieron a un hombre de sonrisa espantosa.

Vincent.

Cubrió su rostro con ambas manos.

Había dejado a otra persona morir en las manos de ese maldito loco.

Salió silenciosamente de su posición para acercarse al cuarto personificado. Necesitaba ver las expresiones de los animatrónicos viejos, necesitaba saber en qué estado se encontraban.

Lo que vio no le sorprendió, pero tampoco lo hizo sentir mejor.

Los cuatro estaban sentados, mirando la nada, como si de verdad fueran objetos inanimados, sin vida, muertos. Se veían miserables, podían ver el dolor de lo sucedido. Se acercó. Ellos ni se inmutaron.

—… Yo desaparecí la noche anterior. Asumiré la culpa por lo sucedido con Amy, no pude vigilar los pasos de ese hombre.

Ellos no dijeron nada, seguían mirando un punto muerto del lugar.

—… ¿No me dirán nada?

—… Fue nuestra culpa. — Murmuró Freddy.

— No tuya. — Susurró el conejo.

—…

— Nosssotrros…— Trató de hablar Chica. —… Pr-Promet-timos hace m-mucho tiempo… Pr-protege-gerla con nu-nu-nuestra propia vi-da.

— Y no cumplimos…— El oso negó con la cabeza.

Un largo silencio se hizo presente. La marioneta no podía creerlo, de verdad se acusaban de algo que no fue para nada culpa de ellos. Freddy miraba la pared, Bonnie no parecía ver nada, después de todo ni tenía rostro. Chica miraba el suelo en un aire ausente, y Foxy también, solo que miraba su garfio.

—… Lo encontraré y haré justicia.

—…

— ¿Looo… m-mat-tarás? — Pregunto Chica. Él asintió con la cabeza. Foxy finalmente alzó la vista y lo miró.

— Entonces estoy dentro.

¿Eh?

— También yo.

— Supongo que todos. — Dijo Freddy al final. El resto asintió. Los ojos de cada uno eran sombríos, apagados y carentes de sentimientos cálidos, irradiaba el dolor y la sed de venganza. —… Estamos dentro de tu plan. Te ayudaremos a atraparlo y a matarlo.

—… ¿Están seguros?

— Mató a Amy. — Pronunció lentamente el pirata.

— Es suficiente justificación para matarlo. — Concordó Bonnie.

—… Amy no hubiera querido eso. — Trató de persuadirlos.

Este era su problema, no el de ellos. Amy jamás hubiese permitido que participaran en una atrocidad como esa. Y no lo podía permitir, a menos de que estuvieran completamente de acuerdo, porque quizás, por el momento estaban cegados de rabia y ya, pero podían arrepentirse, y ese era el problema.

—… Venganza o justicia. Ya no importa, tú mismo lo dijiste. — Dijo Foxy.

Los demás asintieron.

Ya tenían señalado sus caminos.

.

.

.

.

.

.

Scott le había pedido a Vincent si podía fingir haber trabajado desde un principio como guardia de seguridad la semana que Amy estuvo trabajando. El hombre asintió, sin quejarse y una extraña felicidad lo rodeaba. Pero eso a él no le importó. Además, el hombre de púrpura sería el nuevo guardia, y seguiría siéndolo hasta que los policías dejaran de relacionar a Amy con la pizzería.

Es más, comenzaban a sospechar por las heridas de la joven, que eran similares a las del niño asesinado años atrás.

Scott suspiró, visitaba el hospital todas las tardes. Su hija llevaba tres días sin despertar. Era lunes y las temperaturas descendían más. Las enfermeras lo reconocieron y corrieron hacia él.

— ¿Es usted el padre de Amy…-?— Fue interrumpida por un sonoro grito proveniente de una de las habitaciones.

Scott reconoció enseguida esa voz. Salió corriendo y abrió bruscamente la puerta. Dos enfermeras sujetaban los brazos de Amy, quien se sacudía y movía intentando escapar mientras gritaba y lloraba. El doctor que estaba a su cargo, le inyectó un calmante. La castaña se calmó un poco, pero seguía llorando desconsoladamente mientras tomaba las sábanas y se cubría hasta la cabeza con ellas.

—… ¿Doctor? — El anciano lo miró.

— Acompáñeme. Nunca tuvimos la oportunidad de hablar. — Suspiró y lo guio a su oficina personal. Ambos se sentaron. Suspiró nuevamente. — Estuvo a punto de perderla, ¿sabe?

—… Sí, lo sé.

— ¿Puedo preguntar qué sucedió?

—… No lo sé…— Contestó honestamente. — De repente desapareció, no supimos de ella por horas… Luego sus amigos me llamaron diciendo que la habían encontrado en ese estado. Créame que ni yo pude soportar verla así… No sé qué le sucedió.

—… Está en un severo estado de shock, sufre de un trauma psicológico. Antes de despertar, solía gritar aún dormida por las noches. ¿Le había pasado eso antes? — Scott negó con la cabeza.

—… ¿Puedo preguntar si…? ¿Usted sabe si…? ¿A ella…? Bueno…— Le aterraba preguntar, temía saber la verdad…— ¿Sabe si…? ¿Abusaron sexualmente de ella?

El doctor lo miró directamente a los ojos, comprendiendo su preocupación y pánico.

— No. — Scott estuvo a punto de suspirar, pero contuvo el aliento ante lo siguiente. — Pero intentaron hacerlo, no hay que ser genio para saberlo. Y es serio, porque debería ser un alivio para su hija que no haya sido violada.

—… Pero ella sigue… Asustada.

— Sí, está aterrada. Y a juzgar por las heridas de su cuerpo, debió ser torturada, y luego, estuvo a punto de ser abusada, quizás allí logró escapar. — Scott trataba de analizar la información mientras el doctor sacaba unos papeles y los comenzaba a leer en voz alta. — La herida más profunda fue lo más preocupante, fue provocada por un arma blanca, de eso no hay duda, pero fue lo suficientemente profunda para hacerla perder una gran cantidad de sangre, sin embargo no tocó ningún órgano. Y eso es lo que desconcierta. — Scott frunció el ceño. — Porque algunos órganos internos también sufrieron lesiones, en el área del intestino, el hígado y un poco en el estómago. Pero no eran de un arma.

—… ¿Está diciendo que…?

— Lo más probable es que hayan tratado de introducirle algún objeto para causarle daño o para…— No quiso terminar la frase.

—…— Estaba paralizado, no podía moverse. — ¿Q-Quién podría…?— Sus ojos quemaron por las lágrimas. Respiró profundamente. — Pero… ¿Cómo está tan seguro de que también pudo haber sufrido un posible abuso?

— Por los hematomas de sus piernas, la sujetaron con violencia. Hay heridas en los brazos, aunque esas fueron tratadas hace mucho...-

— Ella había sufrido un pequeño accidente en su taller de mecánica. — Mintió.

—… Bien. — Asintió. — También notamos rasguños y otros cardenales por su pecho y en sus caderas. — Pausó. —… Además, por el trauma, puede que no quiera hablar del tema, es más, dudo que quiera moverse de allí, su mente necesita aceptar lo sucedido y superarlo, pero también necesita un leve empujón, y usted contribuirá en ello.

—… ¿Yo?

— Sí, es su padrastro. Debe ser lo que más quiere en la vida. — Él asintió, no muy seguro de esas palabras. — Debe hablarle suavemente, no importa de lo que hable, si quiere, dígale lo que le pasó, sea honesto, pero de la forma más sutil posible, así acortará su proceso de mejora. Vaya a verla, de seguro ni se durmió con el calmante. — Scott se levantó, pero el doctor sujetó su muñeca. Le miró y el anciano le miró con tristeza. — Lo lamento mucho.

—… Gracias, por salvarle la vida.

Dicho esto, volvió a la habitación de Amy. Como predijo el doctor, ella seguía despierta, de había destapado un poco. Miraba un punto muerto de la habitación con una expresión nula y vacía. Sus ojos mieles ya no resplandecían como antes, estaban muertos. Scott se arrodilló y apoyó sus codos en la cama para mirarla de cerca. La joven estaba recostada de lado abrazándose las piernas.

—… Amy… Quiero que te recuperes pronto, ¿de acuerdo? — Ella ni lo miró, solo pestañeó. — No sé qué te sucedió, pero estoy seguro de que eres más fuerte que esto, ¿verdad? Soportaste la muerte de tus padres, no puedes rendirte ahora, ellos se decepcionarían mucho.

—… No.

—…— Abrió los ojos sorprendido.

— No se decepcionarán. — Susurró con una voz que él apenas logró reconocer. — Estarán felices… De recibirme del otro lado.

—… ¿Qué hay de mí? ¿De Lisa? ¿Y Frank?

Amy no contestó.

—… ¿Qué hay de los chicos? ¿De Freddy, Bonnie, Chica y Foxy?

La castaña no contestó, ni lo miró tampoco.

—… Dijiste que tenías algo que decirme cuando terminaras tu turno. — Bajó la voz. Amy abrió más los ojos. — ¿Qué era?

Amy mostró sorpresa, luego miró hacia todos lados, como si apenas se estuviera dando cuenta de dónde se encontraba.

—…— Sus ojos se empañaron de lágrimas y se cubrió con las sábanas.

— Está bien, no te molesto más. Volveré mañana, tengo una conferencia, así que no puedo hablar con Freddy y los otros. ¿Ellos saben que estás bien? — Más silencio. —… Supongo que debo irme. Hasta mañana, hija. — Se levantó y abandonó la habitación.

La castaña se destapó levemente y llevó su mano hacia la herida que ahora estaba cerrada. Cerró los ojos mientras intentaba no llorar, aún podía sentir las manos de Vincent en su interior. Por un momento su mente estuvo en blanco al despertar, solo sentía el dolor y el miedo, pero luego de escuchar la voz de Scott había reaccionado en todos sus sentidos.

Y hablando de ellos…

Se paralizó al instante cuando sintió la temperatura de la habitación descender, o así la sintió. Vio con terror como el hombre vestido de púrpura entraba en la habitación con unas flores marchitas. La imagen le parecía irreal, no podía gritar, su garganta ardía y no podía subir la voz luego de haber gritado tanto antes. Le miró, asustada, esperando lo siguiente.

Vincent solo la miró y sonrió. Le fascinaba esa niña, era pequeña pero hermosa. Valiente, fuerte, porque había pasado por grandes dolores. Como lo que le había hecho hacía algunos días, grande fue su sorpresa cuando supo que había sobrevivido.

Esa joven era especial.

Y por eso no iba a matarla…

Tan pronto.

— Veo que te recuperas rápido. — La joven no contestó. — ¡Vamos! No puedes recibirme de esta forma, es descortés. — Dejó las flores muertas a un lado. — Solo vine a… Decirte algo. No es una amenaza, porque lo cumpliré si tú no cooperas. — Su sonrisa se borró y la agarró del cabello. Amy soltó un jadeo, los latidos de su corazón se habían vuelto muy fuertes. — Estoy segura de que sabes lo que hice años atrás. — Amy recordó a la marioneta. — No sé cómo lo supiste, y tampoco me interesa saberlo, pero si abres la boca, no solo tú morirás de la forma más horrible que jamás te has imaginado, sino que también acabaré con el idiota de tu padre y de ese imbécil de Scott.

—…— Abrió los ojos sorprendida. —… Tú...

— ¿No es genial? — Se rió maravillado al admirar su expresión de pánico. — Tu padre en un estado de coma, dormido por largos ocho años. Pero tú tienes esperanza de que despierte, ¿verdad? Pues adivina, preciosa. Si llego a saber que me has delatado, le cortaré la garganta a tu viejo, y por supuesto, te obligaré a que veas la muerte de Scott, lenta y dolorosamente. ¿Comprendes? — Ella asintió, con ganas espantosas de llorar. — Perfecto. — La soltó. — Confío en que no abrirás la boca.

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.

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Amy suplicó fervientemente a Scott que la sacara del hospital, que por favor se recuperara en su casa. Este asintió, un poco incómodo. Su padrastro le dijo a su niña que no se presionara. Si no quería decirle lo que pasaba, él seguiría esperando hasta que estuviera lista. Amy lo agradeció, porque no tampoco podía decir nada al respecto.

. . .

Ya se estaba terminando la semana, y Scott dio un respingo cuando Vincent entró pálido a su oficina.

— No lo soporto más.

— ¿De qué hablas?

— ¡Esas malditas cosas se mueven! Me incomoda que quieran meterse en mi oficina.

—… ¿Podrías ser más específico?

— Esos animatrónicos. Tanto los juguetes como esas porquerías viejas que tienes, se mueven y no con muy buenas intenciones. — Se cruzó se brazos. — Me miran como si quisieran matarme.

—… Ah, eso. Verás, los animatrónicos tienden a confundirte por un endoesqueleto, es todo.

— Mencionaste un sistema de ensamblaje. — Scott se estremeció, recordando lo sucedido con Amy.

— Nunca ha habido accidentes, pero estuve hablando con los otros un tiempo. Estábamos sugiriendo una cabeza de Freddy Fazbear, para que no te reconocieran de momento.

— No es suficiente, ya suficiente susto pasé. — Vincent se cruzó de brazos, molesto.

— Bien. — Rodó de ojos. — Serás el guardia de día, de todos modos el último renunció porque se iría de la ciudad. Deja tu uniforme aquí, ya buscaremos a alguien. Puedes irte.

Vincent sospechaba que a Scott le rodeaba un aura de desconfianza. Sonrió, él también poseía un don extraño, pero no tenía intenciones de averiguarlo. Dejó el uniforme de su color favorito y se fue con una sonrisa. Se le había ocurrido algo divertido. Sin embargo, pasó al lado de un hombre más o menos de la edad de Scott y entró a la oficina.

. . .

— Oí que andas con deudas de nuevo.

Scott subió rápidamente la vista para mirar al hombre que había entrado. Tenía el cabello negro, un poco largo y los ojos castaños oscuros. Sonrió enormemente.

— Jeremy…— Este solo sonrió, divertido. — ¿Qué haces aquí…? ¡¿Y cómo sabes que tengo deudas?! — Le acusó.

— Escuché rumores, y unos muy interesantes. — Se encogió de hombros. Scott frunció el ceño.

—… ¿Hablas del accidente de hace dos años más o menos?

— Lo que le pasó a tu hijastra fue noticiado como alerta nacional. No todos los días encuentras a una chica casi violada y torturada. — Scott le dirigió una mirada asesina. — De acuerdo, lo siento. Lo dije sin escrúpulos, perdóname. Pero vine aquí, porque sabes lo inteligente que soy, puedo ayudarte a resolver este problema.

—… No lo sé, Jeremy, es peligroso…-

— Me la debes.

— ¿Y eso por qué? — Se cruzó de brazos. Jeremy solo tendió a sonreírle con honestidad.

— Porque pagué la deuda del hospital. Ya no debes nada en cuanto a la operación y tratos que tuvo tu hija.

—…— Abrió desmesuradamente los ojos, desconcertado. —… ¿Tú… hiciste eso por mí? P-Pero, ¿por qué?

— Somos amigos desde que somos niños, nunca tuve el tiempo de volver al país para darte el pésame de la muerte de Anne y de Jay. — Una sombra de tristeza cubrió ambos pares de ojos. —… No lo merecían.

—… No.

— Me pareció noble que cuidaras a la niña. ¿Cómo es ella? Me fui a Francia antes de que ellos se casaran, solo supe de ella por correos. — Scott se rió suavemente.

—… Es bella, es igual a su madre.

— Ah, ya veo por qué la quieres tanto.

— ¿Puedo contarte algo aunque suene descabellado? — Suspiró. Jeremy solo asintió. — Dos días antes de sus muertes, Ann me pidió que la cuidara y protegiera, como si ella supiera que pronto llegaría su hora. Es raro, ¿no?

—… No. No lo es. — Le sonrió. — Hay personas que sientes o saben más que otras, quizás Ann sintió que le quedaba poco, nada más. — Scott hizo una mueca de tristeza. — Ay, no te pongas así. Por eso Ann nunca se enamoró de ti, eres muy llorón. Jay era el hombre. — Se burló. Scott solo se rió con suavidad.

— Eres un imbécil. Es bueno tenerte de vuelta. — Suspiró. — ¿Y bien? ¿Qué quieres?

— Quiero que me dejes trabajar aquí, pero necesito que finjas no conocerme, para que no se te note el favoritismo. — Scott lo consideró unos segundos y se tornó serio.

—… Hay puesto para guardia de seguridad, pero… No será fácil.

— ¡Ja! — Se rió con burla. — Me encantaría verlo.

— Te arrepentirás.

— No lo haré, lo estoy haciendo para ayudarte. Para eso están los amigos.

Scott lo siguió mirando y solo suspiró.

— Comienzas el lunes, Jeremy FitzGerald. Déjame hacer un anuncio en el periódico y vienes como un ignorante en busca de dinero, ¿sí? — Bromeó. Jeremy se rió.

.

.

.

— ¿Dejarás el instituto?

Amy asintió, mirando triste a Lisa y a Frank. El rubio solo suspiró y la abrazó, la pelinegra siguió mirando a su amiga en un semblante molesto, hasta que hizo una mueca de cansancio y melancolía.

—… Harás falta en clases. — Amy sonrió.

— Gracias, chicos. Pero podré seguir viéndolos, no se preocupen.

—… Bien. — Suspiró nuevamente. — Más vale que sigamos en contacto, de lo contrario iré a buscarte a esta casa y te traeré de vuelta al instituto. — Amy se rió y asintió.

— Lo agradezco mucho, y no se preocupen, con esa amenaza será imposible olvidarlos.

—… Me hubiera gustado alcanzar a pedir el puesto de guardia para hablar con tus amigos, Amy. — Dijo Frank, angustiado. — Scott ha estado mucho tiempo en la empresa y no ha tenido tiempo de ir a la pizzería, no ha podido hablar con tus amigos y… De seguro creen que te pasó algo malo.

— Scott dice que será mejor que vaya cuando me vea mejor, a ellos no les gustaría verme con tantas heridas. — Les sonrió con melancolía. — Además, un amigo suyo está trabajando allí. Dice que se llama Jeremy.

—… Parece ser otro cazafortunas para crear más historias de la pizzería. — Bufó Lisa.

— No lo sé, fingen no conocerse, aunque no sé por qué. Scott dijo que podré conocerlo pronto, cuando pueda levantarme. — Se rió, viéndose sentada en la cama.

—… Respecto a eso… La policía ha estado relacionando tu accidente con el del niño. — Dijo la pelinegra, en un semblante sumamente serio. Amy se tensó. — Son rumores muy malintencionados al local, es probable que lo cierren.

—… No fue mi intención involucrar a Scott, fui consciente cuando fui atacada esa noche, que estaba demasiado cerca del lugar.

No les diría que fue dentro de la pizzería, porque eso sería hablar de más. Ya tenía suficientes problemas. Además, ellos se habrían escandalizado.

— No te preocupes por eso, Amy. No fue tu culpa, fue culpa de ese miserable que te hizo daño.

—… A propósito, ¿cómo era?

—… Pues… Había terminado mi turno y el lugar seguía oscuro, no lo distinguí bien. — Mintió.

Ellos se mantuvieron en silencio, analizando la información.

.

.

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Los rumores y las investigaciones habían perjudicado mucho la pizzería, el último evento que celebrarían era el cumpleaños que realizarían este día. Amy y Scott estuvieron la noche anterior completamente despiertos porque Jeremy se había quedado una noche de más a pesar de que Scott le había enviado un memo acerca de la clausura del lugar. Su padrastro estuvo estresado toda la noche, pensando que Jeremy no lograría sobrevivir la noche.

Y es que… Desde que ellos habían dejado de ir a la pizzería, les contaban que el comportamiento de los Toys era inusual y muy perturbador para algunos. Y eso les había preocupado, Scott nunca tuvo tiempo de verlos y Amy estaba en recuperación, caminaba, pero no podía hacer actividad física, de lo contrario su herida se abriría.

Scott terminaba de ponerse su traje mientras que Amy se colocaba un vestido azulado y un abrigo negro. La joven quería conocer a Jeremy, después de todo, él había conocido a sus padres, de verdad quería hablar con él respecto a ellos. Y Scott también quería verlo, claro, para darle un buen puñetazo por la estupidez que Jeremy hizo como desobedecer sus órdenes de no asistir a su sexta noche.

Amy terminó de ponerse las botas negras y salió con Scott directo a la pizzería. Al llegar, muchos recibieron aliviados a Amy, quien solo les sonreía en agradecimiento. Caminaron hacia un hombre, que les sonreía amablemente a los niños. Scott fue el primero en llegar y lo empujó. Jeremy se rió.

— De acuerdo, lo siento. Pero debí hacerlo, esta situación es muy extraña e interesante para mí.

—… Eres un idiota. — Dejó de fruncir el ceño, aliviado. Al menos, su amigo estaba a salvo. Miró a Amy, que miraba con curiosidad a Jeremy. — Hey, Jeremy. Ella es Amy. La hija de Ann y de Jay.

Jeremy sonrió ampliamente. Era como ver a Anne nuevamente.

— Hola, linda. Eres idéntica a tu madre. — Acarició su cabello. Amy le sonrió.

—… No recuerdo que me hayan hablado de ti.

— Lo sé, les pedí que no lo hicieran. Si lo hubieran hecho, estoy seguro de que hubieses esperado con ansias conocerme. Soy demasiado genial. — Se rió. Amy le imitó ante la broma. — Definitivamente, eres como una mini Ann. — La miró fijamente. — Tu madre fue como una hermana para mí, una de las mujeres más valientes que he conocido.

— ¿Valientes?

— ¡Sí, vaya que sí! Una vez quisieron asaltarla, pero ella casi les sacó los dientes a todos. — Soltó una carcajada. — Podría decirse, que si no fuera por Jay o por Anne, nosotros hubiéramos muerto hace mucho. Nos salvaron el pellejo muchas veces. Si Anne ya era la violencia en persona, Jay era una completa bestia. Podía dejar a cinco tipos en un hospital en solo cinco minutos.

—… No sabía que mis padres fueran tan violentos.

— ¡Eran héroes! — Aclaró Jeremy. — Los mejores, definitivamente. Eran como la pareja maravilla, siempre al rescate. Nunca abusaron de su fuerza, ellos eran… Muy nobles. — Amy sonrió. — ¿Y tú? ¿Qué haces?

—… Pues… Sé esgrima…

— ¡Esgrima! Maravilloso, te pediré algún día que venzas al idiota de mi vecino. Acabo de llegar aquí, y tengo un vecino que sabe esgrima y es realmente odioso. ¿Me ayudas?

La joven soltó una carcajada y asintió. Scott solo sonrió, feliz de que la castaña se haya recuperado emocionalmente.

— Jeremy, recuerda vigilar a… Tú sabes. — Jeremy se tornó serio y asintió. — Amy. — La castaña lo miró. — ¿Puedes vigilar a Balloon Boy y solo en caso de que aparezca, a la marioneta también? — Ella asintió. — Bien, yo vigilaré a Mangle. — Se retiró, un poco tenso.

La castaña miró a Jeremy, que estaba igual de serio que su padrastro.

— ¿Jeremy? ¿Es cierto que también aparecieron los otros para tratar de matarte durante tu turno?

—… Sí, ¿por qué?

La castaña sintió una punzada de dolor. No, no podía ser cierto. Freddy, Bonnie, Chica y Foxy JAMÁS harían algo como eso. Tratar de matar a alguien… No, ellos no harían eso… Entonces… ¿Por qué?

¿Qué les pasaba?

Apenas terminara el cumpleaños, iría a verlos y les preguntaría directamente. Quería saber por qué estaban haciendo esto. No lo comprendía en absoluto.

En el cuarto de juegos, veía a lo lejos a Balloon Boy, que les sonreía a los niños y se reía ante las bromas. La marioneta no fue vista en ningún lado, suspiró, desconsolada. Necesitaba hablar con el títere, urgentemente. Porque si se había atrevido a manipularlos…-

Se giró ante el ruido.

Una radio frecuencia, fuerte, llegaba causar daño en los oídos ese ruido tan espantoso.

—… ¿Qué…?— Siguió ese ruido acelerando el paso, pero sin correr.

Vio a lo lejos la habitación donde un niño miraba sonriendo curiosamente a Mangle, que irradiaba ese sonido tan incómodo y escalofriante. Entonces Amy se paralizó, esa radio frecuencia…-

Ese sonido, le pertenecía a Mangle. Y ella fue atacada por el animatrónico que interpretaba ese ruido. Recordó haber sido golpeada y caer inconsciente.

Oh, no.

¡Ese niño estaba en peligro!

Alarmada, comenzó a correr en dirección al niño. Pero se detuvo abruptamente al sentir unas enormes ganas de vomitar y un punzante dolor en la herida de su abdomen. Cayó al suelo y tosió sangre.

¡Maldita sea! ¡Había olvidado que no podía correr…!

¡Tenía que…!

— ¡CUIDADO!

— ¡AMY!

Sintió la mano de Scott en su hombro cuando alzó la vista. Fijó sus ojos mieles en Jeremy, que corría hacia Mangle y al niño. De un abrir y cerrar de ojos, sucedió.

. . .

Scott contuvo el aliento.

Amy aguantó las ganas de vomitar nuevamente.

Mangle había enterrado sus filosos dientes en la cabeza de Jeremy, quien soltó un sonoro alarido de dolor. Seguido de esto, miles de gritos de espanto llenaron la pizzería. Niños comenzaron a correr y a llorar, alejándose de allí. La sangre no tardó en caer al suelo y también empapaba el rostro del hombre, que seguía gritando. Scott salió corriendo hacia su dirección, gritando su nombre. Trató de separar con todas sus fuerzas a Mangle, pero no daba resultado. Amy sintió su abdomen mojado, estaba sangrando. No podía moverse.

Entonces, una idea surgió en su mente.

— ¡Scott! — Alzó débilmente la voz. Su padrastro la miró, angustiado. — ¡D-Desactívalo…!— Sostuvo con sus manos su estómago. Dios santo, iba a vomitar, de eso no cabía duda alguna.

Su padrastro le obedeció, y con ayuda de otros trabajadores, ayudaron a quitar a Mangle del rostro de Jeremy, quien cayó al suelo, inerte. Scott se acercó a él y lo levantó con cuidado.

— ¡Jeremy! ¡JEREMY! ¡NO PUEDES HACER ESTO! — Sintió sus ojos llenarse de lágrimas. — ¡Llamen a una ambulancia!

Amy sintió su vista borrosa, el desangrado aumentaba y no podía tragar el líquido rojo que tenía atorado en la garganta.

Sus ojos se llenaron de lágrimas. ¿Por qué estaba pasando todo esto…?

Con esa última pregunta en mente, se dejó caer al suelo, débil.

— ¡Dios mío! ¡Señor Scott! ¡Su hija…!

Scott reaccionó y fijó su vista en su hija que yacía en el suelo, abrazándose el estómago mientras sollozaba.

— ¡AMY!

A lo lejos, Balloon Boy se había acercado ante los gritos, pero se desconcertó al oír ese nombre viniendo de una voz familiar.

—… ¿Amy?

Creyó que ella estaba muerta…

¿Acaso no era así?

Continuará…

Está un poco largo, lo siento. Y en caso de que les fascine los capítulos largos, de nada. Ya está, presenté la mordida del 87. Una vez más INSISTO que yo solo me baso en teorías, nada concreto, y así será mi historia.

Amy está siendo amenazada por Vincent (Purple Guy), si habla, las vidas de Scott y la de su padre en coma estarán en grave peligro.

Jeremy fue amigo de Scott, de Anne y de Jay por mucho tiempo, pero tuvo que irse de viaje, y cuando volvió, le llegaron los rumores de la pizzería, así que, aprovechando que su amigo también trabajaba allí, decidió investigar para saber la verdad, a costa de su vida.

Amy quiere saber la verdad, quiere saber si sus amigos animatrónicos desean matar. Y la mayor pregunta es… ¿POR QUÉ? Claro, todos los animatrónicos, incluyendo a los Toys, creen que ella murió en el accidente.

Aunque claro, con este capítulo, Balloon Boy tiene sus sospechas.

Espero que les haya gustado, que les den ganas de leer más. Esta historia me fascina de verdad, y espero que a ustedes también, si necesitan cualquier información de mí de forma rápida y precisa, visiten mi página de Facebook, allí contesto mucho más rápido. "Rossana's Mind", escriban eso, y me encontrarán. También allí anunciaré mis actualizaciones de fan fics, también de otras historias y cómics.

Bien, les repito que espero con muchas ansias que les haya gustado, creo que el capítulo anterior fue donde recibí más reviews, y se sintió genial, je je.

Ya saben, mientras más comentarios, mayor es la inspiración. Bueno, eso dicen en algunos fics que leo, es gracioso.

Pero de cierto modo es verdad, el apoyo de ustedes hacen sentir al escritor mejor.

Bueno, me despido

Rossana's Mind

Reviews?

Mientras más, mejor.