¡Hola hola hola! (¿que les parece si voy aumentando un "hola" a medida que avancen los capítulos? jeje) Bueno, lamento mi retraso, pero comencé una historia hace poco y me dediqué más a ella, aparte de terminar otra que tenía de hace tiempo. Además, que creen, tengo crisis de inspiración… pero me dije a mí misma…"no los puedes dejar esperar. Hay gente que cuenta contigo en esta historia"…ehhhhhhh… bueno…basta de mi monólogo, ok? Respuestas a los reviews:
cheesefair: ¡Hola! ¡Gracias por tu review! En cuanto al duque...pues es simplemente alguien que ya verás hará algo próximamente que sí amenazará verdaderamente la relación de muestra parejita, y respecto a Helga…ni yo lo sé, solo se lo dejó a mi imaginación que al momento de escribir se pone "on" y funciona…
always mssb: jiji gracias tephita… sí, su mapache es bello, y no sé que diablos los va ayudar a los 4…¿y qué? jajajajajaja… depende, ¿qué estas pensando de la conversación?
Amis cr: ¡amigui! gracias por tu reviejito…jajajaja todo lo que me dices… y bueno, aquí está el nuevo capítulo, ¿que más quieres? jejeje ¡mapache al poder! (¿no suena riículo?)
bkpets: con lo del punto de dejar el capítulo tienes razón, y gracias por responder mis preguntas…me encantó lo de Miriam que "escribiste" en tu review, jajajajaja. ¿Qué más habrán hablado? Ni yo lo sé…nah… se me ocurrirá después…
acosta perez jose ramiro: gracias por tu review… y sí, mi mapache es más lindo apodo… me acabas de dar la idea de que Helga tenga uno…no…mejor no, Helga es simplemente Helga…jeje, creo que hice una acusación falsa demasiado pronto, tienes razón con lo de Phoebe y Gerald…sorry!
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Capítulo 7. Un lugar especial
Arnold y Helga habían recorrido casi la mitad de la pradera y el bosque que rodeaban el castillo. Helga estaba maravillada. Nunca había pasado por esa parte del reinado, y nunca había conocido lo hermoso que era el lugar. Miró hacia el frente y reconoció una silueta negra muy familiar.
- ¿Qué es eso? – preguntó, deteniendo a Arnold sin dejar de tomar su mano.
- Es un carruaje. El lugar al que te llevo es un poco alejado.
Helga ya no hizo más preguntas. Se dejó conducir por Arnold hacia la carroza tirada por caballos y se sentó adelante junto a Arnold en el lugar del conductor, como nunca lo había hecho antes.
- Creo que tendrás que agarrarme muy fuerte – dijo Helga – no estoy acostumbrada a venir aquí.
- No te preocupes, no dejaré que nada te pase – Arnold tomó las riendas e instó a los caballos a empezar a trotar – Además, siempre es bueno probar algo nuevo.
Helga sonrió.
- A propósito – dijo - ¿de donde sacaste este carruaje?
- Vivo con mi abuelo. Él tiene un alojamiento en el pueblo y alquila carruajes, y me prestó uno. Si quieres te puedo llevar algún día a mi casa. Conocerás también a la abuela y probarás la comida que sirve en su posada. También conocerás a Apner, mi mascota, y a todos los clientes de mis abuelos. Son algo extraños, pero te caerán bien.
-Entonces, todos ellos son como tu familia.
- Sí.
- Como lo dices parece que tienes una familia muy bonita, que te quiere mucho – Helga ladeó su cabeza y la apoyo en el hombro de Arnold – la mía… es todo lo contrario.
- No creo que sea tan mala.
- ¿No? Entonces piensa en un padre loco por el poder que tiene sobre su reinado, una madre exagerada e histérica y una hermana mayor que siempre está de viaje conociendo y ayudando al mundo, como toda la señorita perfección que es…Lo único bueno que me ha sucedido hasta ahora ha sido conocer a Phoebe y ahora tenerte a ti a mi lado…Arnold, no sabes cuánto te quiero.
Arnold abrazó fuertemente a Helga por la cintura y acarició su pelo.
- Yo también te quiero mucho, Helga.
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Había transcurrido cerca de una hora cuando Arnold detuvo el coche. Sin embargo, ninguno de los dos había notado el pasar del tiempo. Habían hablado todo el viaje acerca de todo tipo de cosas y de personas. Por primera vez, Helga no se había aburrido en un viaje en carruaje.
- ¿Ya llegamos?
- Así es.
- Pero yo no veo nada, solo hay una enorme roca y muchos árboles alrededor.
- Es porque desde aquí tenemos que caminar. Vamos.
Arnold bajó suavemente a Helga del coche tirado por caballos y los dejó a un lado del camino para que pastaran. Luego tomó su mano y empezaron a caminar. Dieron la vuelta a la roca y pasaron los árboles. Lo que vio Helga después la dejó sin palabras.
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Eran cerca de las cinco de la madrugada. Una sombra se aproximó a una de las ventanas del palacio. Miraba con indiferencia el amanecer cercano, y cuando empezaba a dar la vuelta para volver a la cama, distinguió a lo lejos una figura que se movía cerca al roble de las inmediaciones del palacio. Reconoció pronto dos formas, la de un hombre y la de una mujer. Al ir clareando el día, pudo ver en la joven doncella a alguien muy familiar. Vio como bajaba, con la ayuda del muchacho, del carruaje que instantes atrás había visto llegar y cómo se despedía cariñosamente de él con un beso y un abrazo. Vio a la doncella comenzar a caminar con dirección al palacio. Se quedó unos segundos ahí, a pensar. Luego se dio la vuelta y se volvió a acostar.
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Helga abrió la puerta de atrás del palacio y entró con cuidado. Se fue lentamente a su habitación y al llegar se tiró a la cama, alegremente, y se puso a soñar despierta. A pesar de llegar a esa hora no tenía ganas de dormir. Veía como el sol salía por entre las montañas y su mente empezó a divagar, recordando lo que hace momentos antes había sucedido.
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Helga vio el inmenso mar frente a sus ojos por primera vez en su vida y llena de euforia se quitó sus zapatos para correr a través de la playa y sentir la arena entre sus dedos. Arnold la siguió por detrás y al no poder alcanzar su paso, uno impulsado por la alegría de un nuevo descubrimiento, se sentó a ver como Helga disfrutaba de ese momento.
Ella daba vueltas y más vueltas, regocijada con el sonido de las olas acompañado de su suave vaivén iluminado por la tenue luz de la luna. Pronto remangó su vestido y lo amarró a la altura de su rodilla, y sin dudar un instante se acercó al mar y dejó que las olas acariciaran sus piernas. ¡Cuánto había deseado conocerlo por primera vez, con todas las historias que había escuchado sobre él! Con la excentricidad y sobreprotección de sus padres nunca habría podido hacerlo. Siempre estaba confinada al palacio, a aburridas salidas por los terrenos del reino, y raros y escasos paseos al pueblo…pero nunca a la playa. Dio media vuelta y miró a su amado.
- Gracias – pronunció levemente. Un "gracias" que quizás había sido el más sincero de su corta lista.
Arnold sonrió y se encaminó hacia donde estaba ella. La rodeó con sus brazos por la cintura y de manera suave en su oído, contestó:
- No tienes porqué agradecerme. Con tu presencia aquí a mi lado me basta.
- Es que…no sabes cuán feliz me has hecho. Desde niña he soñado con conocer el mar...
- Yo lo sé. Por eso te traje aquí. Sabes, cuando amas a alguien tanto como yo te amo a ti, se pueden saber los deseos más ocultos de esa persona tan especial solo mirándola a los ojos.
Helga acercó sus labios a los de Arnold y le dio un pequeño beso.
- Yo sé que es lo que deseas – dijo – tan solo probando tus labios. Tu quieres que…déjame ver, no está muy clara la idea… - se acercó y le dio otro beso, más profundo que el anterior – veamos…tu quieres que vaya a visitarte a tu casa uno de estos días. Y mientras más pronto mejor.
Arnold comenzó a reír y la miró directamente.
- Tus ojos me dicen que tú quieres ir, y lo deseas con todo tu corazón.
Helga le dedicó una gran sonrisa y se soltó de su abrazo comenzando a caminar hacia el mar.
- ¿Siempre son las noches tan bellas en la playa?- preguntó.
- No lo sé. Creo que uno las ve así porque siempre las comparte con alguien muy especial.
Helga levantó su cabeza y miró las nítidas estrellas y la brillante luna.
- La noche es tan hermosa… a veces quisiera poder visitar todas aquellas estrellas y cometas para ver desde ellas que el mundo no es tan pequeño como todos creen.
- No puedo darte una estrella o un cometa – dijo Arnold – pero si puedo darte algo para que, siempre que lo veas, recuerdes toda la paz que ellas te traen.
Helga volteó y para su sorpresa vio como Arnold sacaba de su bolsillo un hermoso colgante en forma de corazón con incrustaciones de piedras preciosas que brillaban más alumbradas por la luz de la luna.
- Date la vuelta – dijo Arnold, y le puso alrededor del cuello tan exquisita joya.
- Arnold... – Helga tomó el corazón entre sus manos y lo apretó junto a su pecho – yo no sé que pueda darte…¡espera! – se sacó el prendedor esmeralda que sujetaba su pelo y se lo entregó.
- Acéptalo como una parte mía que siempre llevarás a todas partes. Este prendedor es muy especial para mí, y siempre que lo veas me recordarás. Yo lo haré al ver tu colgante.
Arnold lo agarró con delicadeza y lo guardó en su bolsillo.
- ¿Quieres quedarte un poco más? – le preguntó, mientras se sentaba en la tibia arena adivinando ya su respuesta.
- En este lugar y a tu lado, permanecería toda la vida… - se sentó junto a él, y apoyando su cabeza en su hombro, ambos compartieron la delicada belleza de la noche.
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Finalmente, después de aquella memoria, lenta e inconscientemente, Helga cayó dormida en un sueño profundo.
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Jejejejejejejejejejeje... ¿y que les pareció? Bueno, espero sus comentarios en un review...
¡Nos vemos!
