A Hogwarts

Antes que nada, debo de decir que Harry Potter y sus personajes NO son míos, son pertenecientes de la bellísima Diosa J.K Rowling.

Nota: Les pido, por favor, que si cometo un error en la ortografía, nombre de personajes, entre otras cosas… no me maten.

Aclaración: Esta es mi versión de cómo sería la vida de nuestro pequeño Teddy en Hogwarts.


Capítulo 7: ¡Cursando Segundo Año en Hogwarts!.

1 de septiembre de 2010

Una vez más, se hallaba corriendo con su equipaje y su lechuza por toda la estación de Tren, con su padrino y sus tres hijos siguiéndole y pregúntale un millón de cosas a la vez, que apenas lograba contestar con una que otra afirmación o negación con la cabeza. Nunca antes había deseado tanto encontrarse con sus tres amigos.

Ya en King's Cross, Harry se puso a repetirle la mayoría de cosas que ya le había dicho cuando estuvo en ese lugar la primera vez, y nuevamente no pudo evitar sollozar en silencio mientras contemplaba como sus retoños se aferraban al cuerpo de Ted, diciéndole que no se olvidara de ellos.

- Harry, gracias por todo – lo abrazó con cariño, siendo instantáneamente correspondido – trataré de salir mejor en Vuelo.

- Solo da lo mejor de ti, Teddy – quitó velozmente una lagrima que bajaba por su mejilla – estoy muy orgulloso de todo lo que has hecho y harás. No te preocupes por mí, diviértete lo más que puedas.

- Lo haré.

- Cuídate mucho, Edward. Escríbenos cuando llegues.

- Cuenta con eso.

Procedió a subir su carrito al tren, dejando atrás a su familia.

Caminó un poco, buscando un vagón vacio para esperar tranquilamente a sus amigos, que seguro no tardaban en llegar, pero cuando iba a entrar en uno, un grito lo distrajo.

- ¡Ted, ven!.

Desde uno de los ultimo compartimientos, su amigo Leighton le estaba llamando con uno insistente movimiento de mano. A su lado, Daniel se asomó y le saludó con una gran sonrisa en el rostro.

Se movió rápida y se introdujo en el vagón de sus amigos, saludándolos a ambos con un choque de puños. Mientras era abrazado por Valeria, el Gryffindor y el Ravenclaw acomodaban sus cosas en la parte de arriba como siempre.

- ¡Te extrañé tanto, Ted!.

- Yo también te extrañé, Vale – al percatarse de la amenazante mirada de sus amigos, decidió corregirse – a todo, les extrañé a todos.

- Nosotros sabemos, brother – Daniel le pasó un brazo por lo hombros.

- Cuando estuvimos en Argentina, adquirió la extraña costumbre de llamar a todos "Brother" o "Sister".

- Yo pensé que terminarías hablando a lo argentino – bromeó Leighton, sentándose en uno de los dos asientos. Lupin se sentó a su lado y los Mich frente suyo.

- Yo también pero no. Además, Valeria no habla tampoco nada argentino.

- Porque prefiero tener un vocabulario neutro y respetuoso.

- Los argentinos son respetuosos al hablar… la mayoría – susurró Leighton, encogiéndose de hombros.

- Cambiando de tema: ¡Ted, como has cambiado!.

- Vamos, Valeria, no es para tanto… - murmuró avergonzado. Su cabello adoptó ese curioso color rosado que le llevaba acompañando desde sus primeros días en Hogwarts.

Sin embargo, Teddy solo era modesto. Realmente si había cambiado, o bueno, solo su apariencia física. Su altura y cabello crecieron un poco, pero se era notable el cambio, sus fracciones se formaban más y su voz se hizo un poco más gruesa.

- No soy el único. Ustedes también cambiaron – aseguró con una sonrisa. Los varones inflaron el pecho orgullosos y la hembra solo se sonrojó y desvió la mirada con una sonrisa nerviosa en los labios.

Daniel también había crecido, y su pelo se puso un tanto más oscuro. Sus resaltantes cachetes disminuyeron, y su voz dejó de ser chillona al igual que Ted. Por otro lado, Leighton duplicaba el tamaño de los otros dos niños, y su pelo seguía igual; su voz pasó a ser un tono más bajo y medio monótono, pero conservaba su aire de bromista.

Ahora, Valeria poseía unos cambios más resaltantes que sus amigos. Su cabello había crecido y tenía un aspecto ondulado, sus pestañas engrandecieron y sus labios medio enrojecieron; sus fracciones eran más femeninas y su ropa se acomodaba acorde a su figura.

- ¡Sí! ¡ahora somos hombres grandes y fuertes! – exclamó con entusiasmo Daniel. Leighton solo le seguía la cuerda, poniendo poses triunfantes.

- ¿Y tú, Valeria? – le preguntó juguetonamente Teddy - ¿Qué eres ahora?.

- Suponiendo que ustedes tres son "hombres grandes y fuertes" – hizo comillas con los dedos – tendré que ser entonces la Reina de los "hombres grandes y fuertes" – volvió hacer comillas, riendo por sus propias ocurrencias.

- Dale, entonces eres "una mujer grande y fuerte" – especificó Wells, mirándole con una sonrisa en los labios. Valeria se la devolvió.

Ted giró a mirar a su amigo Daniel, que estaba rojo de furia y gruñendo.

- ¿Qué no les dije que no los quería ver tan cariñosos? – ladró con recelo.

Ambos chicos le mandaron una mirada seria y matante, donde se podía notar claramente el ¿Por qué no te callas mejor?. Teddy rió, le encantaba presenciar esas típicas peleas de sus amigos.

Para aquellos que se lo estén preguntando, vamos a armar los cabos sueltos:

La secreta razón de porque los Mich no respondían el correo que les enviaba el Lupin, era porque, además de estar viajando hasta Argentina, estaban en busca de materiales nuevos para crear pociones con funciones impensables, tal es el caso de la poción para hacer invisible a una persona por veinticuatro horas.

Leighton, luego de insistirle mucho, terminó por confesar que en su familia, por parte de sus tíos, había parte muggle. Y que su querido primito de apenas cuatro años lo seguía de arriba abajo, puesto que cuando tenía dos años, le vio haciendo magia accidental, y aun no se le quitaba esa idea de la cabeza.

Entre otras cosas, Teddy se volvió a sentir lleno tras la esperada carta de sus amigos que llegó justo cuando el año nuevo tenía apenas segundos de llegada. Incluso, cuando los hijos de Harry despertaron ya en su casa, les habló de los orígenes de Daniel y Valeria, comentando un poco de la vida de Leighton, omitiendo partes dolorosas.

Continuaron hablando hasta que una voz dio el informe de su ubicación, haciendo que todos supieran que Hogwarts estaba casi que a la vuelta de la esquina, o bueno, a la vuelta del riel.

Valeria, como la buena estudiante que era, apresuró a sus amigos para que se cambiaran la ropa por el uniforme del Colegio, y que de paso practicaran el movimiento de muñeca de los hechizos y recitaran un montón de cosas que ya habían visto en primer año.

- ¿Cuándo aprendimos un hechizo para cambiar el color de las cosas por tres horas? – susurró Daniel a Ted, que veía el párrafo con una mueca de confusión.

- ¡Yo que sé! Ni siquiera me acuerdo de haber dicho este hechizo… potri… pollia… Potrizta- Valeria le cortó, con una fuerte mirada.

- Se dice PotriSTATD, no Potrizta – dijo lo último con un tono cansón e irónico. Cogió su varita y le dio leves golpes en la cabeza a su primo y al peliazul - ¿y cómo que no acuerdan?.

- Ya Valeria, bájale a tus humos – pidió enojado Daniel, quitándole con un rápido movimiento la varita - ¿Por qué no mejor ayudas a Leighton? Parece que se le dificulta… lo que sea que esté haciendo.

- Él no necesita mi ayuda – declaró – de hecho, me corrigió unos cuantos errores que tenía en cuanto a la pronunciación de algunas palabras y nombres en el libro que utilizamos para Historia de la Magia. Ahora, aprendan eso de nuevo, que seguro nos lo preguntan en las primeras clases – y sin más, regresó a su sitio y siguió compartiendo la silenciosa lectura con el Ravenclaw.

- … ¿Él? ¿Corrigiéndola… a ELLA? – hizo énfasis en sus palabras, teniendo la mandíbula bien abierta.

- Es un Ravenclaw, ¿Qué esperabas?.

Daniel solo gruñó nuevamente y se cruzó de brazos, sin despegar su celosa mirada de su prima y Leighton.


Observaban divertidos las expresiones de terror de los niños de primero, que entraban en un solo grupo al Gran Comedor. Era tan difícil no recordar que ellos también pasaron por misma situación, casi igual de difícil que no avergonzarse al intentar compartir la experiencia con otro compañero.

El sorteo se llevó a cabo tranquilamente. Hubo muchos Gryffindor y Slytherin, Ravenclaw también recibió gran parte de los niños que entraron, y el resto quedó en Hufflepuff. Aunque no fueron más de diez niños, Teddy y Valeria aplaudieron tanto como sus manos les permitieron, estaban seguros que eso ocasionaría un gran alivio en los chiquitines inseguros.

La Directora les dio la bienvenida a todos, informando unas cuantas normas básicas y unas que otras palabras extrañas, para luego por fin dar el inicio al banquete tan esperado por los estudiantes.

- ¡Ted, con lentitud! – le decía su impresionada amiga, que le veía comer con los ojos bien abiertos.

La verdad es que Teddy también estaba esperando ese bendito banquete, repleto de un sinfín de delicias dignas de un Rey, que deleitaban a cualquier paladar con tan solo una minúscula probadita.

Apenas apareció la comida, tomó todo lo que pudo y lo estampó contra su plato, comenzando a degustar todo a lo brusco, como si se tratara de un depredador con su presa.

- Lo siento Valeria – dijo luego de tragar con dificultad – es que… es delicioso.

- Lo sé, pero tienes que tener más modales. Ni que la comida fuera a desaparecer de pronto, hombre – rugió, pasándole un poco de sumo – ten, y ahora come con más tranquilidad.

- No veo que le digas algo a Leighton o a Daniel – se defendió, picándola un poco con una sonrisa perversa. Ambos niños miraron en dirección a la mesa con adornos rojos.

El Mich estaba devorando sin piedad los alimentos, sin importarle en lo más mínimo ni los modales ni en el que dirán. Tomó con velocidad un trozo de pastel y mordió la punta, para luego masticas un trozo de carne y al final meterse a la boca una papa entera. La boca no le daba para aguantar tanta comida sin mostrarla al exterior.

Y sin mencionar que Leighton estaba por las mismas, solo que con un poco más de normalidad. Su respectivo plato estaba repleto de los manjares de la mesa, tanto así que parecía que se le iba a caer. Él por lo menos comía con tranquilidad, hablando animadamente con el primo de Valeria.

- Ted, se sensato, chico. Están demasiado lejos como para que yo les diga algo.

- Conociéndote, no creo realmente que eso sea un impedimento para que les riñas.

- Bueno, tu sabes que Daniel, ni aunque le grite las peores cosas, vaya a cambiar – dijo, comiendo de su empanada y observando al susodicho – es un zopenco sin pudor. Eso es todo.

- ¿Y Leighton? – cuestionó juguetón. Su sonrisa se amplió más al ver como las mejillas de su amiga ardían.

- No le conozco bien, me da pena decirle tales cosas – se excusó, desviando la mirada y girando su rostro. Ted sabía perfectamente que eso era mentira, ella no tenía eso en cuenta cuando se trataba de corregir a alguien, sin embargo la dejó tranquila, no quería ganarse un golpe.

- ¡Chicos! – un ligero peso les cayó sobre los hombros a ambos.

En medio de la Mich y del Lupin, se había sentado de golpe y con gran felicidad su compañero de Casa y buen amigo Matthew Miller, más conocido como Matt. Olivia Jones también se acercó a saludar.

- ¡Matt! ¡qué gusto me da verte! – confesó el rubio (de azul a amarillo) muy contento, provocando que los más cercanos a ellos, principalmente los chicos de primero, abrieran los ojos de par en par.

- Digo lo mismo arcoíris – miró a la rubia de su lado - ¿Cómo has estado Valeria?.

- Estoy bien, gracias – se quitó con desagrado el brazo ajeno - ¿y tú? ¿Cómo te fue en las vacaciones?.

- Me fue excelente, si soy sincero.

- Que bueno.

- ¿Y qué nos cuentas tú, Olivia? – preguntó animado Ted – ¿Cómo han estado las vacaciones tuyas?.

- Pues… normales, creo. Igual que todos los años. Aunque… recibí uno de los regalos más felices de la vida – sonrió abiertamente – mi mamá está embarazada.

- ¡Felicidades, hermana mayor!.

- ¡Epa! Felicidades Olivia.

- ¡Increíble!.

Un montón de halagos y felicitaciones le llovieron a la morena, quien solo sonreía y hablaba muy feliz de cómo le dijeron y de las visitas al hospital. Mientras, todos escuchaban atentamente, y los que tenían hermanos menores comentaban sus propias experiencias con los menores.

Ted también comentó varios acontecimientos con los pequeños Potter, porque después de todo, ellos eran sus hermanitos y eran dignos de presumir.


5 de septiembre de 2010

Como todas las noches se era acostumbrado, el cuarteto de infantes se escaparon de sus cuartos para irse de aventura por el Bosque Prohibido, dispuestos a encontrar nuevos ingredientes para agregar en las pociones y ayudar a Leighton a complacer a Peeves.

Atravesaron una buena parte del lugar, llegando a un sitio donde no había tantos árboles, permitiéndole contemplar la brillante luna. Los tres niños se quedaron mirándola, metidos en un trance por su belleza natural, pero ese no era el caso de Ted, que solo se removió las ropas incomodo por la presencia del satélite.

- ¿Pasa algo, Edward? – curioseó Dan, absorto todavía por el blanquecino color del la presencia natural.

- No… no pasa nada. ¿Nos podemos mover, por favor? La luna me trae… malos recuerdos.

- De acuerdo.

Avanzaron con cautela, cuidándose de encontrar con los centauros y acabar en la oficina de la directora otra vez. Acabaron descansando de su caminata en un lugar con varios tronques de lado, donde aprovecharon a sentarse y ver con calma el panorama.

- ¿Saben? El Bosque no es tan feo como lo pintan a veces – se aventuró a decir Daniel, decidiendo terminar el silencio que se formó entre ellos – solo es que… es oscuro.

- Si, y sin decir de las criaturas que habitan aquí – añadió irónica Valeria, que estaba sentada en un mismo tronco que Leighton.

- Dejando eso de lado, por supuesto. Pero ni siquiera con las criaturas me siento amenazado ahora – dijo con un tono soñador, como si verdaderamente el estar allí sentado le trajera paz.

- Además, no todos son malos. O por lo menos, los centauros – comentó Teddy, recordando al actual profesor de Adivinación.

- Sé que estas pensando en el Profesor Firenze, pero eso no significa que todos los centauros sean buenos – discutió Valeria. Por una vez en su vida, se sentía bien al discutir un tema como ese con alguien.

- No solo hablo por él. Existen otras especies que no son malas.

- Nómbrame una y dame un ejemplo – retó, con su castaña mirada en la del joven Lupin.

- Los hombres Lobo. Ejemplo: mi papá, Remus Lupin – sentenció, callando repentinamente a la muchacha y dejando sorprendido a los muchachos.

No supieron que más decir para acabar con el perturbador e incómodo silencio que reinó entre los estudiantes. Nunca se hubieran esperado esa declaración, incluso Ted estaba sorprendido de sí mismo, no analizó su comentario, solo lo dijo.

- Deberíamos regresar a Hogwarts, se hace más tarde de lo usual – recomendó repentinamente Leighton, levantándose.

- Leighton tiene razón. Vamos, no vaya a ser que nos metamos en problemas por esto – Valeria se colocó de pie.

- Prima, no me digas que te sigue preocupando algún castigo – rió irónico Daniel, acomodando su cabello de lado.

- ¡No me preocupa un castigo! – aseguró, pero todos sabían que era mentira. Ella era muy apegada a las reglas.

- Ajá, si claro, ¡y yo soy el numero uno de Gryffindor! – bromeó Dan, enojando más a la chica, que mientras se retiraban del lugar le proporcionó un golpe en la parte trasera de su cabeza.

Justo cuando Teddy se dispuso a seguirlos, un susurro lo detuvo.

- Hijo…

Aquella simple frase le puso los pelos de punta. Se giró, pero se encontró con la oscuridad del Bosque nada más. No era un murmullo normal, parecía más bien un lamento o un llamado de una madre hacia su retoño. Sonó triste y divertido a la vez, confundiendo mucho al Lupin.

- Ted, vamos que se hace tarde – recordó Valeria, jalando delicadamente de su brazo.

- ¿Eh? Si, si… vamos.

- ¿Estás bien, brother? – preguntó preocupado Daniel – estas… pálido.

- Pareces una hoja – comparó con una mueca insegura Leighton.

- No es nada – quiso fingir seguridad, pero en esos momentos no le era posible mentir. Estaba demasiado desconcertado.

- Mejor vamos al Colegio. No vaya a ser que te coloques peor y sospechen en donde estábamos – dijo Valeria, empujando al peligris (de negro a gris) para que caminara.

Mich y Wells tomaron iniciativa y pusieron los brazos del metamorfomago en sus hombros, medio cargándolo para ayudarle en su andar, que eran lento y torpe… más de lo usual.

- Teddy…


6 de septiembre de 2010

Le dio la vuelta al reloj, haciendo que la arena comenzara a bajar lentamente.

- ¡Comiencen!.

Los alumnos giraron la hoja y a toda velocidad anotaron las respuestas que ellos creían que eran las correctas. Si, pocos días luego de haber vuelto a clases, al profesor de herbología le pareció buena idea evaluar el aprendizaje de los niños, para saber si se acordaban de lo visto en primer año.

Suerte para cierto Hufflepuff que tuvo una amiga que le hizo estudiar todo los libros que usó el año pasado en el vagón del tren antes de ingresar al Colegio. Por eso, se le hizo demasiado fácil el examen de las plantas, sobre todo porque Neville le regaló un libro con los detalles más resaltantes de las plantas.

Valeria fue la segunda en terminar de resolver los ejercicios tras Leighton, que tuvo que esperarse unos minutos para salir al mismo tiempo que la rubia. Daniel tenía razón, esos dos andaban muy pegados.

- Señor Lupin, ¿de qué se ríe?.

- ¿Eh? – miró desconcertado al profesor, hasta que se dio cuenta que se estaba carcajeando solo en su sitio – lo siento, profesor Longbottom.

- De acuerdo – le quitó la mirada de Ted y la puso en toda la clase - ¡Faltan quince minutos, apúrense muchachos!

Escribiendo los últimos detalles de los beneficios de la mandrágora, soltó con orgullo la pluma y le entregó la hoja al mayor, que ojeó las respuestas y le sonrió, asegurándole una buena nota con la mano.

Se despidió y salió del salón, encontrándose con sus dos amigos esperándole afuera del invernadero.

- Y ¿Cómo te fue? – preguntó esperanzada Valeria, quien siempre esperaba lo mejor de sus amigos.

- Solo puedo decir que probablemente no me vaya mejor este año – sonrió, y los otros dos niños le devolvieron el gesto.

Se encaminaron hasta el salón de pociones, donde poco después salió un traumado Daniel. Ya los cuatro, se fueron a sentar en su típica mesita que utilizaban para conversar sin interrupciones.

- Daniel, ya quita esa cara de idiota – le dijo con fastidio su prima - ¿no ves que nos estás haciendo pasar vergüenza?.

- Voy a raspar el año, Valeria, déjame en paz – chilló melancólico, golpeando su cabeza con la mesa.

- Apenas vamos empezando Daniel… - le consoló Wells, dándole un reconfortante apretón de hombro.

- Además, esta solo es una prueba para evaluar que nos acodamos de las cosas del año pasado – recordó en tono reconciliador Ted. Su amigo Gryffindor le miró con odio.

- Suerte que ustedes les pase eso, ¿no?. ¡El Profesor Slughorn nos hizo un examen de las primeras pociones del libro!.

- ¡Te dije que estudiaras! – le recriminó la Mich, pegándole un buen golpe a la mesa con las manos y levantándose con el ceño fruncido – Pero tú me dijiste "¿Quién estudia en vacaciones?".

- … Yo estudio en vacaciones – comentó en voz baja Leighton. Daniel le miró feo.

- Ya sabemos que eres exactamente igual que Valeria, no hace falta que lo repitas – dejó salir un bufido cansado. Ted le contempló, parecía realmente perturbado.

- Tranquilo, el Profesor Slughorn no es de raspar a la gente, tranquilízate amigo.

- Teddy tiene razón.

- Pues yo no coincido – debatió Valeria, cruzándose de brazos – la nota uno se la tiene que ganar, no se la pueden regalar los profesores.

- En eso estamos de acuerdo Vale, pero los profesores tienen que entender que…- Leighton fue cortado por el grito de Olivia, que corría en su dirección.

- ¡Teddy, el Señor Potter está aquí!.

- ¿Harry? – cuestionó extrañado.

Y con una última mirada a sus amigos, salió disparado tras su morena amiga por todo el pasillo a toda velocidad. Era tan rápido, que a duras penas se detectaba el color amarillo de su bufanda y su camisa blanca perfectamente planchada, cortesía de Ginny.

Llegaron a la entrada del Colegio, donde se podía divisar a un hombre de cabello negro, lentes y sonrisa encantadora. Traía puesto su uniforme de Auror, es decir: una camisa blanca con corbata, pantalones negros y la varita en la mano.

El Lupin no perdió tiempo y se aproximó a abrazarlo con efusividad, sorprendiendo a su padrino.

- Harry, que placer es verte aquí.

- Es cierto, Teddy, es un enorme placer verte aquí con tu uniforme y eso – acomodó la ropa del menor con la mano, que venía muy agitado por el maratón que hizo.

- ¿Por qué estás aquí?.

- ¿No te gusta?.

- ¡No, no, para nada! ¡Me encanta verte aquí! – se corrigió con un tono alegre, abriendo los brazos para dar hincapié en su frase - … solo que es raro, digo, no creo que hayas venido a visitarme a mí.

- Cincuenta y cincuenta – respondió, caminando al lado del peliazul – la Directora McGonagall me llamó para que viniera, supuestamente tiene algo que hablar conmigo y es muy importante.

- Para la Directora ¡todo es muy importante!.

- Puede que tengas razón, pero es una señora muy ocupada; si me pidió que viniera para decirme algo debe ser muy importante.

- … O secreto.

- O secreto – concluyó, deteniéndose en seco.

- ¿Qué pasa, padrino?.

- ¿Esos no son tus amigos?.

Efectivamente, los Mich y el Wells venían corriendo hasta ellos, para luego plantarse en frente con la respiración agitada y la lengua por fuera. Se veían muy chistosos. Valeria tenía el cabello todo volado y su ropa mal arreglada, Daniel llegó sudando y Leighton se quitaba la túnica por el calor.

- Definitivamente no vuelvo a correr de esa forma – sentenció la niña, ganándose el asentimiento de los dos niños más.

- Hola niños, ¿Cómo están? – preguntó amablemente Harry, ayudándole a Leighton a quitarse la túnica puesto que tenía el cuello de la tela enredado en la ojera. Al quitársela, el Ravenclaw miró con asombro al Auror.

- ¿Usted es el Jefe de los Aurores, Harry Potter?.

- En carne y hueso, un placer – le extendió la mano, que aceptó gustoso.

- Leighton Wells.

- Harry, ellos son mis otros amigos Valeria de los Ángeles y Daniel Mich – presentó Teddy, al percatarse que por sí solo no lo harían. La rubia estaba esperando a que el niño los presentara, pero este estaba metido en su mundo, admirando internamente a Harry.

- Un gusto verlos a todos. Soy Harry Potter.

- El gusto es nuestro, Señor Potter.

- Muy bien – miró a su ahijado – La Directora McGonagall me espera. Luego te busco para que veamos a Hagrid ¿Qué te parece?.

- ¡Perfecto!.

- Correcto, cuídate y no faltes a clases, que no quieres que Ginny se enoje ¿cierto? – el niño negó – nadie quiere. Gracias por estimar a Teddy, son bienvenidos en mi casa cuando quieran – se despidió de los amigos del metamorfomago y se fue caminando lentamente.

- Tu padrino es increíble – le susurró Daniel al verlo doblar en la esquina.

- Lo sé.

Y claro que lo sabía, si era su padrino…


Buenas, buenas Queridos lectores.

Espero que les esté gustando mi historia, y repito: no contaré por completo los años en Hogwarts de nuestro querido Teddy, solo las anécdotas más importantes en mi mundo paralelo.

¿Qué hace Harry alli? Pues la verdad a menudo pienso que él se la pasaba en el Colegio, viendo si necesitaban algo con respecto a la construcción o a seguridad o algo… O no sé, tal vez… ¿profesorado?.

Manifiesten su agrado con la historia con un Review. Todos los comentarios constructivos son aceptados, ya sean negativos o positivos.

Nos observamos luego, lectores felices ;).

¡Un beso!