30 Vicios.
Tabla 30 besos | Reto 04. Nuestra distancia y esa persona.
Claim: Mimi T / Matt I.
Nota de autor: Con el objetivo de matar dos pájaros de un tiro, este capítulo es el regalo de cumpleaños de mi potra salvaje, ella me pidió lo siguiente: "quiero una escena de golpeas así bien a lo macho entre Matt y Tai, que Mimi haga pataletas en medio de un centro comercial por querer un chanchito de felpa gigante y que Sora se quede en blanco baboseando por Tai (?)" Entre Len y yo acomodamos las ideas para actualizar este pobre fic, espero que te guste Menymenita.
Advertencia: Un poco de Taiora, cosa nada mala. Groserías y golpes.
Nuestra distancia y esa persona
—Listo.
Exclamó con una amarga sonrisa frente al espejo. Observó su rostro; su maquillaje era natural y la hacía lucir radiante, como siempre tenía que estar.
Poco importaba si por dentro estuviera hecha trizas, no le daría el gusto a nadie y mucho menos a Matt de verla destruida. Estaba dispuesta a ir con la frente en alto, sonreír, lucir linda, andar de buen humor como toda una princesa.
Si Yamato Ishida pensaba que la vería llorando como Magdalena por su ruptura, estaba muy equivocado. El muy cobarde lamentaría toda su vida haber dejado ir a una dama tan especial espectacular y despampanante como ella, estaba segura que la vida no le alcanzaría para lamentarse.
Mimi, estaba dispuesta hacer sonar sus pasos. ¿La estrategia? Fingir que no le dolía, aunque por dentro se estuviese muriendo y asimismo ignorar los estragos que el rubio causaba en su alma y en su cuerpo.
Suspiró.
Era un gran plan. Uno magnífico. Donde ella quedaría como una dama y él como un pobre diablo que dejó ir a una dulce y tierna princesa.
El solo hecho de pensarlo, le hacía sonreír con malicia. Gran mentira. Dolía y mucho el hecho de que el rubio la dejó ir por una memez, pero si él se lo perdía, ella se lo ahorraba y otro se lo ganaba.
Bien decían por ahí, no hay mal que por bien no venga. Y si ya pasó por el bache de las lágrimas descomunales las veinticuatro horas del día, ahora se instalaría en el trayecto de la venganza y le restregaría en el rostro lo que dejó ir.
—Eres un imbécil —soltó sin ningún problema. El moreno clavó su vista en su mejor amigo, que ni siquiera se inmutó ante la ofensa, el rubio se mantenía sereno cosa que irritó más a Tai.
Frunció el ceño, estaba enojado, se contenía las ganas de partirle la cara de imbécil que tenía Matt, con su estúpido cigarro y con su estúpida frase de que "aquí no pasa nada".
¿Cómo mierda no pasaba nada? Francamente su actitud de chico rudo le estaba colmando la paciencia. —Conmigo no tienes por qué fingir —se mordió la lengua para no insultarlo.
—Es lo mejor que pude hacer —frío y sereno.
Imbécil.
Tai apuñó sus manos. —¿Cómo va hacer lo mejor? Quita la cara de niño bravucón y empieza a demostrar que en serio te dolió terminar con Mimi, que además sabes que fue el peor error de tu vida.
Matt se removió de su asiento. —A ver… por enésima vez estoy bien, no pasa nada y fue lo mejor —sonrió de medio lado —es más, hasta siento que me quite peso de encima.
—No te creo nada —entrecerró los ojos —tú bien sabes que eres un amargado de mierda y que nadie en este mundo te soportará como Mimi.
El rubio rodó sus ojos —Tai, tampoco estoy de humor para tu sermones.
—¿Ves? ¡Estás triste y abatido porque dejaste ir a una buena chica, que te querrá, te respetará y valorará como ninguna otra! Yo sé que en el fondo sabes que es lo peor que pudiste hacer —tomó aire —sabes que muchas de las lagartonas que se acercan a ti es solo por tu fama, en cambio MIMI tenía el más puro amor para ti.
—¿Terminaste? —comentó aburrido.
El moreno ignoró la cara que se aventó su amigo y prosiguió. —También sé que te está llevando la fregada pero no lo demuestras porque no quieres mantener tu imagen del chico rudo y malo ante el mundo.
—Si ya sabes todo. Por qué demonios preguntas —habló con sarcasmo.
—Si sigues así de orgulloso te vas a morir solo, no tendrás una fiel compañera que te pase el bastón cuando estés anciano.
El silencio reinó por unos minutos. Matt no le vio caso responderle ninguno de sus comentarios a su amigo, para ahorrarse saliva. Los motivos por los cuales él terminó con Mimi eran suyos y nada más que suyos. Nadie tenía por qué meterse. Y la amistad que ambos tienen, desde hace años, no le daba ningún derecho a Tai de meterse en su vida y en sus decisiones, era más como su amigo lo debía apoyar moralmente, no era para que anduviera escarbando y dándole cátedra de que era un lunático errado y estúpido por terminar su relación con una buena chica… aunque en el fondo, muy en el fondo, pensara casi igual que él.
El moreno mascullaba por lo bajo, miraba a Matt con desprecio, conteniéndose las ganas de agarrarlo y estrellarlo un millón de veces contra la pared para que se le quitara lo imbécil, terco y orgulloso. Si Matt pensaba que él, como su mejor amigo, iba a quedarse quieto mientras que destruía su vida por sus malas decisiones, estaba muy, pero muy, equivocado.
—¿Mimi estás segura de esto? —preguntó muy seria. La pelirroja dudaba en serio de los planes de su mejor amiga.
Según Sora, Mimi no se caracterizaba por tener grandes planes luego de sufrir una fuerte desilusión. Y aunque la castaña pudiese engañar a todos con que estaba bien, a ella jamás podría convencerla, su amiga estaba sufriendo y mucho.
—Sí Sora —sonrió ampliamente —aunque yo le haya dado mi corazón a Matt y éste me lo entregó todo destrozado, trato de salir adelante. Además, yo estoy más tranquila y quiero pasar un buen rato con todos mis amigos.
La pelirroja achicó los ojos.
—Mira, sé que es difícil de creer y todo. Pero quiero que sepas que lo único que quiero hacer es vengarme, quiero que ese tarado sepa que estoy bien y también que le pese el hecho de haberme dejado ir —miró directo a los ojos de la su compañera —amiga, yo no merezco estar llorando todos los días, tú bien me dijiste que necesitaba distraerme y divertirme y eso es justo lo que haré.
—Pero el causante de todo va a estar ahí.
—Sora, tenemos los mismos amigos, tenemos que acostumbrarnos a tolerar nuestras presencias. Tranquilízate, todo saldrá bien.
Mimi le regaló una sonrisa, misma que le fue correspondida por su amiga, que analizó en breve la situación; la castaña no le había hecho ningún daño a nadie y no merecía sufrir. En dado caso, el que se merecía todos los males es el rubio por terco e imbécil. Su mejor amiga, debía aprovechar las buenas cosas y en efecto, demostrarle a Matt que la vida seguía después de él.
Decidida y confiada entró al bar en compañía de su mejor amiga. Rápidamente ubicó a los chicos, incluyendo a la indeseable cabellera rubia, pero igual no se iba a achicar frente a él y frente a nadie.
Cuando se acercó a la mesa empezó a saludar efusivamente a su moreno amigo, quien no los conociera, dijera que tenían meses, incluso años sin verse. Pero la única realidad era que la castaña no lo veía desde la noche pasada, sin embargo todo formaba parte de su infalible plan.
Entre un abrazo afectuoso, beso en la mejilla, exclamaciones de qué gusto es verte. Mimi fue saludó a Tai, dejando, obviamente, a lo último a su presa, fue amorosa y elegante con el moreno que bien merece su cariño… y amistad.
El asunto cambió por completo cuando se arrimó al último por saludar… Matt, el chico la miraba fijamente ¿En verdad esperaba que lo saludara como a los demás? ¡Qué errado estaba, ni se lo merecía! La castaña lo miró menospreciándolo, haciendo que el chico se sintiera incómodo, según ella.
—Hola Matt —saludó a una distancia considerablemente corta desde la perspectiva del aludido y relativamente larga para ella.
Sonó indignada, que lo estaba. Todos miraron extrañados la escena. Sora sonrió, conocía a Matt y el solo hecho de pensar que se sintió marginado le dio gracia. Tai observó a su amigo, con su pose tan serena y quieta, hasta una estatua de mármol expresaba más que él, achicó los ojos, de nuevo se estaba haciendo el chico duro…
El susodicho solo se limitó al alzar levemente la cabeza, correspondiendo al saludo, indiferentemente, serio, calmado… en plan aquí no pasa nada.
El primer latigazo de desprecio por parte de la castaña caló en su corazón pese a que demostrara todo lo contrario, por qué andaba tan afectuosa con todos y a él le dio una patada en los testículos… Ah pero qué idiota, de tanto que le dicen ya se le estaba quedando, era cierto ¡El fue el pendejo que terminó con ella! Mimi al menos tuvo la cortesía de saludarlo, como niña remilgada, pero lo hizo… tan mal acostumbrado lo dejó, porque esperaba alfombra roja y caravanas para el saludo de su ahora ex-novia.
Pero qué descaro de Matt. Maldito cínico pelafustán. Ese gesto por parte de él fue como una patada a sus ovarios, y luego esa cara de "¡NO ME IMPORTA LO QUE HAGAS!" Era un desgraciado, pero ella se encargaría de que esa carita cambiara a una llena de dolor por sentirse discriminado por ella. ¡JA! Él, la extrañaría, de eso estaba segura.
Tomó asiento a lado de Tai, quedando él en medio de Sora y ella, trataba de que su rostro no reflejara la ira descomunal que sentía con el rubio y tenerlo cerca, no le estaba ayudando. Debía haber algo en ese bar que la haga olvidar y aguantarse unos cuantos insultos. ¡Claro el alcohol!
Sin preguntar de quién era la cerveza que estaba ahí, la agarró y empezó a empinarse la botella, siempre elegante. Primero dio un pequeño sorbo provocando que todos la vieran.
—¡Mimi tú no tomas! —gritó fuera de sí el moreno —y es mi cerveza —intentó quitársela, pero la castaña fue más rápida y siguió sorbiendo de aquella refrescante y relajante bebida.
—Ahora sí —sonrió —no tengo a nadie que me lo prohíba —tono de reproche —además, el chiste es divertirse.
Yamato la miró y bien extrañado, trataba de hilar algún argumento coherente para justificarla, la castaña no era del tipo de chicas que se andaban cayendo de borrachas y si llegaba a beber alguna bebida embriagante no iba hacer cerveza, sino algo más elegante y de niña… como una piña colada.
Trató de guardar la calma, él no era nadie para regañarla por sus nuevos hábitos. Ni moral tenía. Pero… mierda que era raro verla así. Esa actitud jamás la tuvo el tiempo que duraron de novios, aunque fue poco habían salido en múltiples ocasiones a bares y antros y la princesita jamás mostró esa faceta. De hecho, ni antes de su relación la había visto beber cerveza.
—Iré por otra botella —puso sus ojos en blanco, el causante de que le quitaran su botella tenía pies y manos y no era Mimi… era rubio, idiota y se llama Matt —¿Quieres algo amor? —galante y caballeroso le preguntó a Sora.
—Sí, si quiere… tráeme un caballito de tequila y a Sora una margarita —sonrió.
—¡MIMI! —regañó histérico Tai.
Si acaso su linda amiga llegaba a convertirse en una alcohólica para olvidar sus penas, causadas por la necedad de Matt, iba a querer matarlo.
—Oh qué poco aguantas —frunció el ceño viendo a su amigo.
El rubio seguía atento a la conversación, ocultaba la preocupación ante el comportamiento de la castaña, esas bebidas eran muy fuertes para ella. Por lo mismo, no tenía por qué preocuparse, Mimi era una delicada niña que no soportaría la bebida de machos. Y de seguro esa ansiedad por tomar alcohol era solo un caprichito de la mimada princesa.
El moreno alternó su mirada hacia Sora, que solo sonrió en señal de que le hiciera caso a su amiga y alzó los hombros para despreocuparlo. Sin decir más, se alejó para pedir las mentadas bebidas.
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No lo va hacer.
Pensó erróneamente cuando la castaña, en menos de dos segundos, tomó el vaso que contenía el tequila que minutos atrás había pedido.
Es una delicada dama, no lo hará.
Siguió formulando dentro de su cabeza.
Mimi lo miró de reojo, de hecho había sentido las miradas expectantes de Sora y de Tai, sonrió y no se diga más. Empinó su codo para tomar el tequila, sintiendo como éste quemaba su garganta. Hermosa sensación de ardor y calidez. Aguantó como los machos la quemazón, no hizo ninguna mueca de desagrado, quizá era la situación por la que hizo tal cosa lo que le dio la fuerza y el valor interior para tomarlo y querer pedir otra.
Sora abrió los ojos por completo, su mejor amiga tomó el vaso como las grandes expertas; apuñó sus ojos y agitó ligeramente la cabeza de un lado a otro, quien la viera dijera que tenía mucha práctica con la botella de tequila. Tai quedó boquiabierto… lo único que pasaba por su cabeza era la sola idea de que la castaña ya tenía que ir a un centro de rehabilitación porque Matt la arrastró a la mala vida.
Este último, anonadado, abrió sus ojos y algo se removió dentro de sí. Mimi no era alcohólica, y conociendo lo tierna, niña y decente que era, en otras circunstancias jamás hubiese hecho eso… Si ella fuese su novia, no hubiese permitido eso de ninguna manera, no iba con ella ¡SIMPLEMENTE NO IBA!
—Amiga, ¿me acompañas al tocador? —y no aceptaría un no como respuesta, tenía que hablar seriamente con Mimi.
La castaña asintió levantándose de su puesto. Una vez que las chicas estaban lejos, el moreno aprovechó para acercarse a su mejor amigo.
—Estarás contento —le reprochó. El rubio puso cara de menso, no tenía idea de qué diablos hablaba Tai —¡Mimi es una borracha por tu culpa!
—Es solo un capricho de ella.
—¡Por tu culpa! —exclamó Tai —¿Cuándo la has visto tomar tequila o robarme mi cerveza? ¡MI CERVEZA! Es por tu culpa, si tú estuvieses a su lado, ella jamás me hubiera hecho eso.
—¿Te estás dando cuenta que las copas de ella se te están subiendo a ti en la cabeza? ¿Por qué no dejas de culparme?
—Porque todo es tu maldita culpa —estaba irritado —una, no haría eso porque tú la detendrías y si se le hubiese antojado beber algo hubiese sido TU cerveza, no la MIA. Hasta tú te impactaste. Bien sabes que ella en sus cinco sentidos jamás haría tal cosa. Está sufriendo al igual que tú.
El rubio meneó su cabeza de un lado a otro. ¿Tai estaba empeñado a culparlo de todo? Si todo era por una puta cerveza, él le compraba otra y ya. Mimi era una niñita mimada, de seguro esto era puro capricho para que hacerlo sentir culpable por haberla dejado, solo eso… Una rabieta y una pataleta, como aquel día en el centro comercial…
Entrelazó sus dedos con los de ellas. Era grato compartir esos comentos con Mimi, su novia desde hace casi un mes. Juntos, habían pasado buenos momentos; se divertían y podían compenetrarse muy bien. Bien decían por ahí que los polos opuestos se atraían y se complementaban. Y sobre todo, la quería y se sentía correspondido.
Ambos caminaban con las manos agarradas por el centro comercial, habían ido a comprar un helado, curiosamente en esos momentos no hablaban de nada, el silencio reinaba y para nada era incómodo sino todo lo contrario; le hacía sentirse bien, le agradaba y mucho estar así en compañía de ella.
De pronto sintió como la castaña paró de caminar y dejó de sujetarle la mano. Vio como partía como rayo para pegarse en una vitrina. Él sonriendo la miró y se acercó a ella, ese arrebato la hizo parecerse una niñita de seis años.
—¡Matt ves ese oso de felpa enorme! —el chico asintió —¡ESTÁ HERMOSO! Quiero abrazarlo y dormir con él. Míralo es divino.
El rubio lo analizó. Era un oso de peluche grande y blanco… tenía ojos de plástico y era igual que el de lado, solo que este era café. ¡Todos son iguales! Solo cambiaba el color y el tamaño del oso.
—Lo quiero —sonrió, sus ojos se iluminaron más de la cuenta. Había usado la carita de borreguito a medio morir con el que siempre lograba convencerlo.
—Pero tendría que cargarlo por todo el centro comercial —optó por desviar su mirada, si seguía viéndola directo a los ojos caería ante sus encantos.
—¡Pero si ya nos vamos! ¡Cómpramelo! —se acercó a él. Estando pegada al cuerpo del chico tomó su rostro para que la viera directo a los ojos. Provocando que éste se sonrojara y los cerrara con fuerza, estaba a punto de ceder.
—Te conozco y sé que entrarás a todas las tiendas de ropa y zapatos que hay. Y yo no quiero andar cargando ese mega oso, en otra ocasión será —repuso sin titubear, sacó toda su fuerza universal acumulada para negarse a la petición de su tímida y reservada novia.
—Matt —sonrió con dulzura y pestañó con coquetería —a todas las mujeres, nos gusta que los hombres nos regalen rosas, chocolates y osos de peluche —acercó su rostro al del chico.
El rubio se tensó y tragó saliva. Estaba nervioso, si Mimi seguía así no podría negarle nada. —¿Me lo compras por favor?
—Otro día, hoy no —trató de manejar sus nervios para enfocarlos en algo positivo: una negativa que lo salvaría de hacerse el ridículo novio cursi.
—Pero yo lo quiero —hizo un puchero —por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor… —aún era linda, cariñosa y delicada.
—Otro día, te lo prometo —ahora era él quien sujetaba el rostro de su novia para que lo viera. Matt le sonreía, pidiendo que le tenga fe y confianza de que algún día la consentirá comprando su oso.
—Yo lo quiero ahora —frunció el ceño, ahora no tendría delicadeza para conseguir ese peluche —¿Me lo compras? Cómpramelo, cómpramelo —infló sus cachetes molesta.
—No, Mimi… no quiero cargar eso todo el día, otro día te lo regalo, es más te compró el oso café también.
La castaña se cruzó de brazos… —Mira el osito Matt, te está pidiendo a gritos que lo compres, ¿por qué no le haces caso? ¡Así quedamos felices él y yo! —lo miró tiernamente.
—¡NO! —genial, ahora su novia hablaba con los osos de peluche. Mimi siguió haciendo pucheros —ven vamos —intentó tomar su brazo para alejarla de esa vitrina pero la castaña retiró el brazo tan pronto había hecho contacto con él.
—Lo quiero —pateó el piso en señal de berrinche —yo quiero ese osito.
La pataleta de Mimi en el centro comercial fue monumental. Pateó, lloriqueó y dejó en claro que si no tenía ese osito iba a morir. El rubio aún se sorprendía al recodar cómo es que la pudo convencer de que no le compraría ese regalo ese día, por poquito seguridad llegaba y la sacaba del centro, porque toda la gente se le quedaba viendo. A lo mejor se había quedado sin energía o se había resignado a tener un novio patán que no podía mimarla siempre.
Esa era la principal razón por la que decidió terminar su relación con la castaña. Él no podía ser el hombre cursi y cariñoso que ella tanto buscaba, le costaba mucho abrirse y dar muestras de amor. Entendía que su amigo le dijera que era un idiota, pero prefería eso a salir lastimados más adelante. Quiso ahorrarle lágrimas a Mimi al darse cuenta que él no era su idealizado caballero de brillante armadura, él no sería quien le diera rosas todos los catorce de febreros, tampoco sería quién le enviara mensajes de textos dándole los buenos días, no le diría en facebook que la amaba, no… Mimi buscaba eso en una relación y él no podía dárselo, por eso prefirió terminar con ella, antes de que se volviera más indispensable para él.
El moreno puso en blanco sus ojos ante la nula reacción de su amigo, al parecer el rubio se había quedado trabado viendo algo, de inmediato buscó con su mirada lo que había llamado la atención de Matt y por una extraña razón ya no se sorprendió ante la escena; Mimi bebiendo más tequila en la barra del bar, Sora estaba de lado como siempre. Esas dos eran unas cómplices.
—A mí no me parece una rabieta…
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—Amiga, ¿no crees que has tomado mucho? —preguntó preocupada ante la actitud tan desinhibida de su amiga. La castaña rápidamente negó con la cabeza —si quieres irte de este lugar sabes que yo te acompañaré y estaré apoyándote siempre. Sé que es duro para ti.
Mimi sonrió con amargura. —Por un momento creí que podía manejar la situación, pero me temo que no —hizo una pausa para tomar aire —llegué empeñada a herir a Matt haciéndole ver que estoy bien, pero no puedo.
—Porque todavía lo quieres.
La castaña rodó sus ojos. Lo meditó por unos segundos… —No, no es eso —mintió. Sumando los tragos de tequila que tenía encima y su sensibilidad, si abría la boca con su mejor amiga lo más seguro es que terminaría gritándole a Matt que quería volver con él y que lo amaba mucho.
La pelirroja la miró no muy convencida. La mirada de su amiga reflejaba dolor y el muy idiota del rubio debe pagar con lágrimas de sangre lo que le hizo a su amiga. Por eso apoyaba la actitud de su fiel compañera; que le demostrara al mundo que estaba bien, que hombres sobraban y que después de él, el mundo seguía su curso.
En sus adentros pidió que apareciera otro hombre que ayudara cerrar las viejas heridas y a olvidar, además que le diera en la llaga del orgullo masculino al rubio rockstar.
—Quiero que sepas que yo te apoyaré en todo para que Matt escarmiente —sonrió, sus códigos femeninos la obligaban, además del cariño que le tiene a su mejor amiga —si quieres lo quemamos en leña verde.
Y Mimi sonrió divertida.
—Disculpen señoritas —interrumpió un muchacho guapísimo —¿Mi amigo y yo podemos sentarnos a lado de ustedes?
Sora agradeció mentalmente a todos los Dioses, la ayudadita milagrosa y bendita que le mandaban: dos muchachos de entre veintiuno y veinticuatro años, altos, guapos, bien formados, ojos verdes.
—No hay ningún problema —contestó.
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—Oye Matt —Sora fue quien se acercó a él para extender su mano y darle una cámara digital —Mimi dice que si puedes tomarle una foto con sus nuevos amigos, que son modelos y además son italianos.
El rubio miró la mano de Sora y luego mandó su vista hasta donde estaba la castaña, en efecto estaba en medio de dos muchachos posando para que él tomara la fotografía. —¿Está loca?
La pelirroja alzó los hombros y sonrió. Ella también tenía sed de venganza contra Matt, todo se parecía a la película "Todas contra John" donde el chico guapo tenía que pagar con creces haber jugado con los sentimientos de las chicas. Además, Mimi era su mejor amiga en todo el mundo y la apoyaría toda su vida, y con más razón si se trataba de darle en el estúpido ego masculino al cantante sensación del momento. Placentero era demostrarle al rubiecito que su amiga estaba bien, aunque no lo fuera verdad, todo por hacerlo sufrir. Y por la cara que se cargó, supo que el plan estaba funcionando.
El plan infalible era revelarse y demostrarle que hay otros hombres que la pretenden. ¡Darle celos!
Aunque Matt era su amigo también. Pero, tenía que pagar penitencia por ser imbécil y lastimar a su amiga. ¡Al diablo! ¡Viva el feminismo! ¡Vivan los códigos de ética entre las mejores amigas del mundo!
—Sora —la sonrisa maliciosa que la pelirroja traía pintada en el rostro se borró inmediatamente al ver que el moreno la miraba fijamente.
Tai movió su cabeza en forma de negación lentamente. Fue aquí cuando Sora se maldijo mentalmente por el control que tenía sobre sus malas intenciones. Lo observó; esas masculinas facciones, su piel morena, su mirada. El desgraciado imitó la pose del gato con botas para salirse con la suya. Era la peor traidora de todas, ya que su novio con su piel irresistible sabor chocolate le hizo frenar el complot contra el rubio.
Lo miraba fijamente, así como boba enamorada, casi ocupando una ollita para la baba. Qué guapo era su novio y qué bien estaba hecho. No le podía negar nada y menos con semejante imagen enfrente. El moreno le sonrió, cosa que estremeció el mundo de Sora… con esa pequeña línea curva puso de cabeza el universo. Galán, guapo, piel de chocolate… Era una traidora, pero lo más seguro es que Mimi no recordaría mañana lo que pasó debido a que había tomado mucho.
Saliendo de su trance… Bajó su brazo.
—Gracias —le susurró el moreno suavemente a su oído, provocando que un escalofrío recorriera toda la espina dorsal de la pelirroja, éste rió por lo bajo cuando observó que la piel de su novia se había erizado ante la cercanía… Y con dulzura besó su frente —ve por Mimi, creo que hay que irnos.
Y obedeció rápidamente.
"—Matt, solo quiero que sepas que como tú y yo ya no somos nada y no le soy indiferente a los demás chicos, empezaré a salir con ellos. Para que no te ofendas después."
Pese a que la castaña estaba notoriamente pasada de copas, ese enunciado retumbaba en su humilde cabezota, ni el tabaco podía hacerlo olvidar eso. Él sabía que tarde o temprano ella encontraría otro que SÍ pudiera tener esos gestos que tanto esperó de su parte y que nunca tuvo y que jamás iba a tener, después de todo Mimi era una chica linda. Pero jamás creyó que fuera tan rápido… y que doliera tanto.
Fue como una daga directa a su corazón.
Cuando la vio con esos dos tipos del bar, las ganas de sacarla y alejarla del lugar invadieron su ser. Sintió celos de esos modeluchos de mierda. Admiró el autocontrol que poseía, porque por más celos y rabia que sintió esa noche, no se movió. Ya que recordaba el motivo por el cual la dejó… la distancia que había entre los dos era corta, literalmente, vamos daba solo unos pasos y podía sujetarla y besarla y restregarles a los italianos que esa CASTAÑA ERA SUYA y nada más que SUYA. Y al mismo tiempo era larga, profunda y llena de obstáculos que les impedían estar juntos, esa persona… ¡El italiano con aires de divo, que de seguro era gay!
En conclusión, observó por mucho rato la escena, midió la distancia que se acrecentó cuando la castaña, media borracha le dijo que saldrá con otros. Qué de bueno e interesante podía tener ese hombrecito… Era modelo, el sueño de toda chica y si Mimi amaba la ropa, tendrían un tema de conversación. La distancia aumentó, y ahora la personita obstruye buen tramo.
La castaña estaba a cien años luz de él.
—No puedo creer que seas tan idiota —resopló el moreno ante la actitud serena de su amigo. Estaba harto, verdaderamente harto, de su relajada actitud ante haber metido las cinco patas.
—Es lo mejor que pude hacer. Soy libre —exclamó sin pesar, mentía pero era mejor pensar positivo.
—Oh, Tai —habló Izzy —deja que disfrute su soltería, que es lo mejor para el hombre.
¡Cínico! El moreno le recriminó todo con la mirada.
—Vuelve con Mimi, ella te quiere y tú a ella —pidió el desesperado Yagami, rogando que sus amigos tuvieran el valor de apoyarlo.
—Ni por todo el dinero del mundo renunciaría a mi libertad —se acomodó en su sofá, dispuesto a terminar su cigarrito.
—¡Te vas a quedar solo por orgulloso!
—Seré libre.
—Tai, relájate —habló el superior Joe —aún es joven y además es popular para conseguir otra chica. Es bueno que se dé un tiempo para él solo…
—¡Al fin alguien dijo algo coherente! —se levantó del sofá —buscaré más cervezas en la nevera.
Cuando el rubio abandonó la sala de estar, el moreno fulminó tanto a Izzy como a Joe con la mirada.
—¡Son unos cínicos! —gritó horrorizado —todos dijimos que Matt está cometiendo el peor error de su vida ¿No lo recuerdan?
Los implicados agacharon la cabeza. —Es que como sus amigos tenemos que respetar sus decisiones —habló con sabiduría el pelirrojo a lo que el otro asintió.
—Aunque esté cagando su vida, qué buenos amigos son. Si los tengo a ustedes para qué quiero enemigos —fue sarcástico.
—Sabemos lo difícil que es el carácter de Matt y por lo mismo, no nos queda más que apoyarlo —ladeó su boca.
—Pero Joe, tú sabes y tú también —señaló al pelirrojo —que se va a quedar solo, que no es una perita en dulce para que una mujer lo tolere con todos sus defectos.
—¿Así o más discretos son? —entrecerró los ojos el rubio —¿tan difícil es de creer que fue lo mejor que pude haber hecho?
Un incómodo silencio reinó la sala…
—Lo extraño amiga —lloriqueó la castaña.
—¿Por qué no hablas con él y le dices esto? —preguntó.
Durante la noche tuvo una charla bastante larga con Tai, en donde su novio le dejó en claro que Matt también estaba sufriendo y que la quería. Que él se encargaría de hacerlo entrar en razón con los demás chicos.
—Me sentiría tonta en abrir mi corazón y que él no sienta lo mismo por mí. No quiero salir más lastimada.
—Amiga, ya sabes que Matt no se caracteriza por ser muy expresivo. Eso que corra por tu cuenta, en esta situación tú eres la que tiene que tener la iniciativa.
—Solo necesito una señal de que me quiere… aunque sea un poquito.
Recordó con dolor como es que el rubio permaneció quieto mientras socializaba con dos chicos en el bar, como la dejó beber más de la cuenta y como era indiferente con ella. A lo mejor eso se debía porque ella fue muy mala con él, y no lo saludó afectuosamente como saludó a Tai.
Se golpeó mentalmente por el pensamiento tan estúpido que tuvo. La ausencia del rubio, le estaba pegando bien fuerte.
—¿Ahora tendrán el valor para decirle a este pobre ingrato en su cara que terminar con Mimi fue lo peor que pudo hacer en su vida? —el moreno encaró a sus amigos mientras se cruzaba de brazos.
—¿Tienen algo que decirme? —los miró de forma fría, tanto que les dio miedo.
—Este… que como tus amigos te tenemos que apoyar en tu decisión —aclaró su voz y trató de sonar lo más creíble posible. Tai y Matt los pusieron entre la espada y la pared, ahora como carajo escapaba de la zona de guerra.
—Además —interrumpió Izzy —que si tú crees que es lo mejor, nada podemos hacer.
—¡Son unos traidores! —gritó Tai.
—Esto demuestra que tú eres el aferrado a una tonta idea.
Le dijo aburrido.
En alrededor de unos veinte minutos los chicos alegaban lo mismo, Izzy y Joe trataban de ser lo más neutrales posible apoyando a Matt, según Tai. Y el moreno trataba e impulsar a los chicos a que le gritaran en la cara al rubio lo idiota que estaba siendo. En todos los idiomas, trató de hacerlo ver la realidad, le explicó casi con peras y manzanas porque tenía que estar con Mimi, le empezó hablar de cuando estuvieron juntos tratando de remover sentimientos en lo más profundo de su corazón.
Sin embargo, nada servía. Matt seguía más inflado que nunca, gracias al apoyo de los demás, estaba firme por fuera, pero por dentro las palabras de Tai llegaron a su alma, pero igual no se movía, hasta el mismo se estaba golpeando mentalmente por ser tan inútil y dejarla ir.
Fácil
Primero tenía que hacerlo reconocer que la quería, luego que hablara de los motivos por los cuáles la dejó, después lo impulsaría a superar todos sus obstáculos y por último recalcaría porque quiere que estén juntos.
La cosa sonaba difícil, mas tratándose de Matt, una piedra con estos temas. Definitivamente era más fácil hacer hablar a la pared o pedirle peras al olmo. El ogro de su mejor amigo era un cabrón difícil de tratar.
Aunque tenía un as bajo la manga.
—¿Qué opinas del modelo italiano de ayer? —preguntó con la lengua llena de cizaña.
—Nada —frío y sin oportunidad de descifrar la verdad tras su respuesta.
Es un pendejo. Pensó.
—Sora dice que a Mimi le pareció muy simpático y que va a salir con él —lo miró fijamente para obtener el más mínimo detalle.
Ahora la distancia era inmensamente grande. Y esa persona también.
Tragó saliva, no cambió su expresión facial, por dentro todo era temor, celos y rabia. Izzy y Joe pasaron hacer expectantes ante la conversación de sus amigos, era mejor no meterse en sus asuntos ya que solo ellos se entendían.
Era un duelo de miradas, el ambiente estaba pesado. —Duraste casi tres meses con Mimi, en realidad no sentiste algo por ella. ¿No te importa en lo más mínimo? —prosiguió el moreno ante el inminente silencio de su mejor amigo.
Dio en el punto, todos sabían que Matt no era de la clase de personas que se expresaban fácilmente y confesaban sus sentimientos. Y si no hubiera estado seguro de los sentimientos hacia la castaña, no iniciaba una relación en balde, sin contar que mucho menos la mantiene.
—Que sea muy feliz —fue claro. Su voz salió algo ronca —y en dado caso, deberías de empezar a preocuparte por tu relación, si Sora te dijo eso es porque a ella también le pareció "lindo" —hizo una mueca de desagrado.
Tai achicó los ojos. ¡Mierda!
Maldito Matt manipulador de mentes. Ahora el sentía coraje de una mentira ¡Qué el mismo inventó! De seguro solo quería desviar el tema de conversación intenando darle celos ¡y le funcionó!
—En realidad no me dijo nada de ese maricón —la cagó de nuevo —todo eso lo inventé para darte celos y así abrieras tus malditos ojos.
El rubio puso en blanco sus ojos y caminó hacia el sofá. —Pásenme el control remoto —dijo como si nada hubiese pasado. El moreno lleno de ira apuñó sus manos con fuerza, haciendo que sus nudillos se pusieran blancos por el esfuerzo. Rechinó los dientes, molesto por la actitud de fracasado maricón de su amigo.
¿Será el momento de usar la fuerza bruta?
Al diablo con este pendejo, que solo entendía a golpes.
En tres zancadas llegó hacia Matt, tomándolo por el cuello de la camisa logró levantarlo del sillón, donde estaba sentado, el rubio sonreía con cinismo y seguía tranquilo. Lo molería a golpes hasta que le entre en su cabezota llena de paja que SE EQUIVOCÓ y que ESTABA A TIEMPO DE ENMEDAR SU ERROR.
—¡ERES UN COMPLETO IDIOTA! —le gritó en su cara, el rubio mantenía la misma expresión de tranquilidad —¡LA CAGASTE LINDO Y BONITO! Eres un amargado de mierda, un insensible, un maldito, estúpido y un pobre huevón sin sentimientos, hasta una piedra siente más cosas que tú. Con tu carácter que lo único que vas a lograr es quedarse solo, ninguna mujer te soportaría, tú solo te encargas de alejar a las personas que se interesan por ti.
Los chicos comprendieron que aún no era el momento para separarlos, Tai tenía la boca llena de razón y de alguna forma o de otra el rubio debía entender de una maldita vez que estaba haciendo mal. Esperaban una respuesta por parte de él… pero no, Matt no emitió sonido, ni cambió su expresión.
Seguía con esa sonrisa cínica en su rostro, la cara de indiferencia… El moreno harto y cansado del grado de estupidez de su mejor amigo alzó su puño para impactarlo con mucha fuerza en la mejilla de Yamato, que yacía en el piso.
—Estás muy equivocado si crees que yo voy a permitir que te hagas esto a ti —observó a su amigo en el suelo incorporándose, limpiando con su dedo el hilo de sangre que salía de su boca —date la oportunidad de ser feliz, aparece una chica linda y buena ¡QUÉ ENCIMA ES LA ÚNICA QUE TE VA A SOPOTAR! Y la botas… ¿Es lo que quieres? ¿Quedarte solo?
—Chicos —habló el superior Joe, ahora era el momento adecuado para apaciguarlos.
Matt suspiró. Y los movimientos del rubio fueron demasiado rápidos para la vista de todos. Ahora era él quién tenía a Tai tomado por el cuello y pegado a la pared.
—¿Y tú que sabes? —al fin se dignaba a hablar —a ti no te incumbe este asunto —la mirada de Matt cambió a una totalmente malévola. El moreno negó con su cabeza ¿cuántas veces y en qué idioma se lo tenía que explicar? —lo de Mimi y yo no puede ser —susurró, ni siquiera él se explicó cómo es que pudo decirlo.
Abrió completamente sus ojos y alzó las cejas, no dijo nada. Cuando la caja fuerte, llamada corazón de Matt se abría, era mejor no hacer nada, solo ver qué tantos secretos contenía.
—No soy la clase de chico que ella sueña. Yo no voy a ser ese que le esté diciendo todo el tiempo que la ama, que la llene de falsas promesas, que tenga detalles con ella —habló con dolor —y era mejor terminar eso por lo sano…
—¡PENDEJO! —cayó el segundo golpe de la noche, era Tai quien de nuevo golpeaba la mejilla de Matt. Quería golpearlo hasta el cansancio, ahorcarlo, agarrar su cabeza y estrellarla miles y millones de veces contra la pared. Quería patearlo, escupirle… ¿Así o más pendejo?
El rubio seguía sin responder. —Te admiro, en serio… todos los días digo no se puede ser más idiota, pero te veo y me sorprendes —lo tomó, nuevamente, por la camisa —si Mimi aceptó a ser tu novia es porque sabía la clase de pendejo insensible que eres. ¡Ya sabía a lo que se atenía! —recalcó esas últimas palabras —¿No pasó por tu cabezota la sola idea de que te quería igual pese a que eres un macho bruto, rebelde, frío incapaz de amar a las personas más que a Megadeth?
Y cada uno de los golpes e insultos que recibió por parte de su mejor amigo, se lo tenía más que merecido…
Era lo último que le faltaba a su lista para ser el más pendejo sobre la faz de la tierra. ¡Andar cargando un oso de peluche!
El mentado osito esponjoso y hermoso que ella tanto pidió aquel día en el centro comercial. Todo para reconquistarla, según Tai tendría suerte. Ahora estaba más firme en su pensamiento de que las cosas no se resolvían hablando, más bien se resolvían de forma salvaje: ¡A golpes! Si se te trababa la computadora, había que golpearla. Si tu mejor amigo andaba metiendo las cuatro patas, había e golpearlo hasta que entiendiera.
Aprendió su lección.
Estaba frente el departamento de Mimi. Tenía que hablar con ella, lo antes posible. Nervioso tocó el timbre, no se escuchaba ruido proveniente de la casa que siempre era alegría total. Los padres de la castaña eran muy activos…
Quizás no estaban.
¿A caso tenía que regresar con ese oso hasta su departamento y volver más tarde? Momento, lo recordó: ¡Su chica era la razón! Estaba dispuesto a irse y volver más tarde, investigar sobre el paradero de la Meems y…
—Pase —escuchó un susurró tras abrirse la puerta. Al parecer no se había dado cuenta de que era él. Bien, tenía escasos segundos para repasar lo que tenía que decir —. Póngalo a lado del otro oso, en ese sofá.
Momento. ¿Otro oso? Asomó su cabeza para ver que había otro peluche sobre el blanco sofá de los Tachikawas y encima ¡Medía como tres metros más! ¿Quién fue el bastardo que envió ese?
—Matt —murmuró la castaña, viendo extrañada que el chico estuviese ahí. Dirigió su vista hacia lo que cargaba. Sonrió ampliamente… ¡El oso que quería aquel día! —Lo recordaste.
El chico seguía quieto, los nervios lo consumían. Respiró agitadamente. Intentó decir algo, todo el discurso que tenía planeado se le había olvidado… sentía que el cuello de la camisa le estaba ahorcado. Las gotas de sudor estaban haciéndose notar en su frente, no podía soltar palabra alguna, solo estaba parado viendo directamente a los ojos a la castaña, ella estaba alegre, y él que no podía ni moverse. Si que era un idiota.
Se sintió pequeño, diminuto, insignificante ante el gran oso de felpa que estaba sobre el sofá. ¿Cómo regresar el tiempo para elegir uno más grande? ¿Cómo borrar eso de la mente de la castaña? ¡Era vergonzoso!
—Toma —finalmente dijo.
La ojimiel mordió su labio inferior. —Gracias —reinó el incómodo silencio. De pronto el rubio señaló aquel enorme peluche que reposaba en el sofá, haciendo que la castaña fijara su vista hacia él —es un regalo de Luca, el chico del bar —observó que eso no le hizo nada de gracia a Matt y no pudo evitar reír.
—Entiendo —se dio media vuelta. La había perdido. La perdió.
—No, espera —lo sujetó haciendo que volteara a verla —Matt... yo, este… ¡¿Pero qué te pasó en la mejilla? —preguntó preocupada, haciendo que el corazón del rubio palpitara con fuerza.
—Nada importante —solo que Tai me pegó por imbécil y una y otra vez por haberte dejado ir. Completó mentalmente —una pequeña discusión con Tai.
Ella negó rotundamente. —Ustedes nunca cambiarán. ¿Pero estás bien? ¿Te duele mucho? —miró con tristeza el golpe en la mejilla del rubio, estaba rojo y muy inflamado. Él asintió.
—No te preocupes —con su dedo pulgar acarició la mejilla de ésta ante la evidente tristeza.
Ante el ligero contacto, sintió un cosquilleo en su piel y automáticamente sonrió. Lo único que supo es que quería estar con él y él quería estar con ella.
—Mimi —susurró. Tenía que decirlo, ya abrió su corazón con Tai y recibió golpes. ¿Por qué le costaba hacerlo con Mimi? ¡Ella no lo golpearía! —. Terminar contigo fue el peor error de mi vida —gracias Tai por decírselo tantas veces y dejar el mensaje MUY claro —fui un idiota, bueno lo soy. Te quiero, quiero regresar contigo, te extraño y…
La castaña posó su dedo índice en los labios de Matt para que guardara silencio. Sabía que estaba siendo complicado para él. Era un tonto, el solo hecho de traerle el oso que tanto pidió aquel día era justo el detalle que necesitaba para que él le demostrara su amor. Ahí comprendió todo, Tai lo golpeó hasta el cansancio para que abriera los ojos. ¡Pobre Mattie que tuvo que soportar insultos y puñetazos! ¡Lo bueno que ella lo llenaría de amor para hacerlo sentir bien y que nunca se separara más de su lado!
Sin decir más, se paró de puntillas para chocar sus labios contra los de él. Abrazó su cuello para estrecharse más a su cuerpo y él la abrazó por la cintura. El rubio comprendió que la única persona que no lo dejaba ser feliz era él y nadie más que él.
Eliminando la distancia, haciendo que ESA persona dejara de estorbar.
—Quiero un helado —susurró entre los labios del chico, ocasionándole cosquillas. Él río, le tocaba consentirla después de todo…
Tal como debió ser.
aksdmasd NO se me ocurrió una manera mejor para terminar. Espero que se haya comprendido el punto, dejando a un lado las condiciones de Meny. La distancia era corta y la persona era el pendejo de MATT, no el italiano. El mismo se estaba impidiendo ser feliz, le quedó muy claro el mensaje, si la caga mandamos a Tai. Y Mimi pues, quise dejar como que las cosas no le saldrían tan fáciles a Matt, le llevó el osito, lindo detalle y pues... la tiene que consentir no? XDDD wuajja
Espero que le haya gustado a la niña del tambor. La quiero y espero que cumpla más años, que me llene de sensualidad unos cuantos siglos más y quee siga ahí con sus trencitas voladoras... Meny menita. Agradecimientos a la pequeña Len que sin ella nada de esto hubiese pasado en dos días, me da ideas, aguanta mis cosas, me motiva ES MI MUSA! las cosas se solucionan cuando yo le cuento mis enredos :D Bueno pues, lamento la demora, escribí 16 hojas en dos días y mandé dos reviews que parecen capítulos que además el joto de fanfiction corto .i. soy una diosa xDDD
Agradezco los comentarios a: 0809m, Faty, Pyaa(L) perdió el COLOO mujajaja, Krayteona, Saku y la descarada de Len que me debe review y la descarada de Meny que también me de otro. ME DEBEN DOS REVIEWS, todavía tiene el cinismo de exigirme que le comente xDDD.
BESOS! ajksndasd MAÑANA SE JUEGA EL CLÁSICO DEL FÚTBOL MEXICANO! VAMOS AMÉRICAAAAAAAAAAA :D ESTA TARDE TENEMOS QUE GANAR!
Felices pascuas.
