BUENAS NOCHES CHICAS, LES PIDO UNA DISCULPA POR LA TARDANZA CON ÉSTE CAPÍTULO.
COMO SIEMPRE LES DOY LAS GRACIAS POR TODOS SUS COMENTARIOS.
DE VERDAD ESPERO QUE ESTE CAPÍTULO LES GUSTE.
NOS LEEMOS PRONTO.
VENGANZA
CAPÍTULO VII
Neil llegó a la mansión ya entrada la noche, subió la escalera que lo conducía a su habitación tratando de hacer el menor ruido posible.
Estaba sumamente cansado y molesto, pues a pesar de las muchas horas de negociación que había tenido con sus socios, aún no había logrado convencerlos de cerrar aquel importante negocio, situación que lo obligaría a salir de la ciudad por varios días.
Tomó una ducha, se puso el pijama, y se recostó, para tratar de descansar, sin embargo, había un asunto que había rondado por su cabeza durante todo el día y que lo tenía muy preocupado.
FLASHBACK
—Sé puede saber ¿qué es lo que quieres? Creí haber dejado muy en claro que no pueden presentarse aquí sin antes avisar…
—Te recuerdo que soy tu madre y puedo venir aquí cuando me venga en gana sin importar si estás en condiciones de recibirme o no… -dijo, dando a Neil una mirada significativa a sus ropas que aún estaban algo desaliñadas a pesar de sus esfuerzos.
-Así que… se terminó el periodo de duelo… -dijo Sarah, sarcásticamente.
—Eso no es asunto tuyo.
—Pues más vale que te encargues de hacer que Candice quede encinta pronto.
Neil se aclaró la garganta.
-Lo que mi esposa y yo hagamos o no en nuestra casa, no es de tu incumbencia. –dijo el moreno de manera tajante.
Sarah rió de manera burlona.
-¿No me digas que te has enamorado de ella?
-Por supuesto que no, pero creo que a Candy no le agrada tenerlas aquí de improviso
-Como sea, no estoy aquí para hablar sobre tus… actividades maritales…
- ¿A qué has venido entonces?
-Ésta mañana me encontré con
Annie Britter ¿Sabías que está embarazada?
-Neil adoptó una actitud pensativa, sí, tal vez Archivald lo mencionó, pero eso… ¿Qué tiene que ver con tu visita?
Sarah endureció el gesto.
-¿Estás seguro de que no tiene nada que ver contigo?
—Neil, no soy ninguna tonta, sé muy bien que has estado revolcándote con esa mujerzuela desde hace tiempo… ¿es que no ves que ese niño podría ser tuyo…?
-¿Qué…? Por supuesto que no… yo siempre he… tomado precauciones.
-Hace tiempo llegó a mis oídos el rumor de que Archivald no puede concebir, si eso es verdad, existe una alta probabilidad de que ese bebé sea hijo tuyo... ¿Cómo pudiste ser tan imbécil?
- ¿No veo cuál es el tu afán de venir a armar un escándalo por eso?
- Acaso no ves que si Candice se entera, querrá anular el matrimonio y entonces tendremos que decirle adiós al dinero de su herencia.
- No hay nada de qué preocuparse, si es verdad que ese niño es mío, Annie tendrá que cerrar la boca, no es conveniente para ella que se sepa que el futuro heredero es en realidad un bastardo.
FIN DEL FLASHBACK
Sí, se dijo a sí mismo, tratando de convencerse él de que aquel asunto no tenía importancia, pero en los últimos días, Annie se había mostrado un tanto extraña, tal parecía que no le importara que se supiera que mantenía una aventura fuera del matrimonio, y eso era algo que no podía permitir de ninguna manera, ahora que finalmente Candy era su esposa, no permitiría que nada ni nadie la apartara de su lado.
Candy salió de la mansión Leagan muy temprano aprovechando que Neil había tenido que salir de la ciudad para atender asuntos de negocios.
Antes de salir, dio precisas instrucciones a la servidumbre acerca de lo que debían decir si Sarah o Eliza se presentaban en la mansión, como hacían cada vez que Neil debía salir de la ciudad y dejarla sola.
Una vez en el carruaje, Candy pidió al cochero que la llevara a casa de Annie.
—¡Candy! ¡Qué sorpresa!
Candy se limitó a abrazar a la morena.
—Neil me contó la buena nueva.
—¡Oh! Fue lo único que Annie logró decir.
—Sucede… ¿algo malo?
Annie miró en todas direcciones, cómo si temiera que alguien fuera a escucharla.
—Vayamos a la biblioteca.
Candy la siguió por los pasillos de la casa.
Una vez en la biblioteca, Annie ordenó un servicio de té, y pidió no ser molestada mientras estaba con Candy.
—dime, ¿cómo va tu... matrimonio?
Candy suspiró, va todo lo mejor que puede ir, tú mejor que nadie sabe lo que es estar al lado de alguien a quién no se ama, pero dime ¿cómo estás tú? Te noto algo… Nerviosa…
—Hay Candy… Yo… Hice algo terrible…
—Oh Annie, estoy segura de que es algo que puede resolverse.
La morena negó con la cabeza.
—No esta vez…
-¿A qué te refieres?
- Él hijo que espero… No es hijo de Archivald…
Candy abrió los ojos como platos.
—Pero Annie… ¿cómo… ? ¿Él lo… Sabe?
—Por supuesto que no, pero ya se sabrá… siempre se sabe…
—Pero… ¿por qué?
Annie suspiró.
—Al principio fue solo un juego estúpido, pero yo... me enamoré…
—¿Por qué no se lo haces saber? Si te ama…
Annie volvió a negar…
—Él jamás dejará a su esposa… supongo que… sólo me queda callar, y esperar que el niño no se parezca a su verdadero padre.
Después de la larga plática con Annie, Candy se dirigió a la oficina que Anthony Brown tenía en la ciudad e informarle de los recientes movimientos de Neil.
—¿Candy? - dijo Anthony sorprendido de ver a Candy en su despacho.
—Recibí tu carta…
El semblante de Anthony cambió.
—Candy… yo… Me siento como un idiota cada vez que vienes aquí y no puedo ofrecerte nada nuevo… Ese canalla es muy astuto, y hasta ahora ha cubierto muy bien sus pasos. - dijo el rubio apretando los puños.
—No es culpa tuya, pero tal vez hoy yo tenga algo que ofrecerte. - dijo Candy mientras sacaba de su bolso unos documentos, que entregó a Anthony.
—Estos… Son los documentos de una propiedad en Newcastle.
Anthony se quedó pensativo por un momento.
-Esa es la propiedad del doctor Robson… — dijo finalmente
—Estoy segura de que Neil planea chantajear a Robson con estos documentos.
—Por Dios Candy, ésto es lo más contundente que hemos tenido… Sólo espero que no te hayas arriesgado demasiado.
Candy esbozó una sonrisa triste.
—Sabes que no es necesario que sigas con ésto, estoy seguro George y yo podríamos protegerte.
Candy negó.
—Yo… Juré que no descansaría hasta ver a Neil recibir un castigo.
—Está bien, será como tú quieras.
Ésta misma tarde saldré a Newcastle para hablar con la sobrina de Clais, tal vez ahora sí tengamos algo de suerte…
Candy asintió, y después de acordar que se mantendrían en contacto, Candy salió del despacho.
Anthony la miró alejarse con cierta preocupación, durante el tiempo que llevaba de conocerla había llegado a estimarla como a una hermana.
Sabía que la venganza no traería nada bueno a la vida de Candy, eso lo había comprobado en carne propia hacía mucho tiempo, por esa razón, decidió que por el momento le ocultaría cierta información que había recibido recientemente y que tenía que ver con la muerte de Terrence…
Terry y Tyson llevaban meses planeando una estrategia para lograr que Terry saliera de aquel agujero en el que estaba hundido.
En ese lapso de tiempo, Tyson se había enterado de que pronto habría un cambio de administración en la prisión, aquella se convertía en la oportunidad perfecta, en un inicio Tyson habían creído conveniente aprovechar la vasta experiencia de Terry en el arte militar para armar un motín que causará una confusión tal, que pudieran escapar sin ser detectados, sin embargo pronto se dio cuenta de que ese plan tenía fallas, puesto que en el proceso tendrían que involucrar a muchas personas más, y Tyson no deseaba de ninguna manera que alguien peligroso aprovechara la oportunidad para escapar también, así que en secreto trazó un plan que consideraba mucho más arriesgado, pero más seguro.
Así pues, Tyson convenció a Terry para que le confiara todos los detalles del plan, diciéndole que cuando todo estuviera preparado, iría por él a su celda y juntos enfrentarían a los guardias para escapar, también le hizo prometer que pasara lo que pasara confiaría en él.
Terry se había extrañado un tanto por aquella petición, sin embargo no dudó en aceptar, pues había descubierto que tras la fachada de hombre rudo y cruel, Tyson era un hombre leal y un gran amigo.
Pronto el día que habían estado esperando llegó.
Cómo de costumbre, los guardias comenzaron a realizar su rondín por los pasillos y rincones del edificio, se percataron entonces de que los prisioneros estaban en sumergidos en una calma inusual, razón por la cuál decidieron ir a verificar que todo estuviera en perfecto orden.
Grande fue su sorpresa, cuando se percataron de que muchos de los reos yacían en sus celdas completamente dormidos, aquella situación causó gran extrañeza, por lo que se dio aviso, e inmediatamente se activaron todos los protocolos de seguridad, sin embargo no se dio aviso al encargado de la prisión pues era bien sabido que detestaba ser molestado, y acostumbraba castigar a quién interrumpía sus horas de ocio.
En cambio, se llamó inmediatamente a un grupo de guardias que habían recibido alguna clase de entrenamiento médico, entre los cuales se encontraba Tyson.
Mientras tanto, Terry aguardaba pacientemente el momento en que Tyson lo sacara de ese lugar.
Finalmente, al cabo de una hora, la puerta de la celda se abrió.
— No hay tiempo que perder ¡bebe ésto! ordenó Tyson, entregándole un pequeño frasco de vidrio con un líquido verdoso.
—¿Qué es?
—Prometiste qué confiarías en mí. - dijo el hombre, y Terry destapó el frasco.
Un olor nauseabundo inundó la habitación.
—¿Estás…? - dijo Terry una vez más, pero Tyson no respondió, se limitó a darle una mirada reprobatoria a Terry, quién al verlo no tuvo más remedio que beber todo el contenido del frasco.
No pasaron más de cinco minutos cuando Terry comenzó a sentir que se mareaba, sus músculos habían empezado a adormecer se, y un sueño terrible comenzaba a apoderarse de él.
—Pero que…
Fue lo último que pudo decir él antes de caer estrepitosamente al piso.
—¿Qué crees que estás haciendo? ¿Acaso estabas tratando de sacarlo de su celda? - dijo una voz a espaldas de Tyson.
—Por supuesto que no, es sólo que creo que a éste ya se lo cargó la huesuda.
—¡déjame ver! - ordenó el hombre, apartando a Tyson de un empujón.
—¡Mon Dieu! Dijo el hombre, mientras verificaba el pulso de Terry, tengo que avisarle al comisionado Dubois.
—Tyson, continúa con tu labor… Yo me haré cargo de éste.
Tyson asintió y salió de la celda para perderse en los pasillos de la prisión, sólo esperaba que la pócima del boticario fuera lo suficientemente fuerte y que Terry no despertara antes de que pudiera ir a buscarlo.
—¡Señor Dubois! ¡Hay un preso muerto!
—¿Qué es todo ese escándalo?
—El preso de la celda 743 ha muerto, además otros presos están en condiciones similares, al parecer, fueron intoxicados.
—¿Qué? Esto… Debe ser una broma… - dijo él hombre, que salió rápidamente de su oficina para verificar lo que su empleado le había dicho.
Tyson por su parte, se dirigió a su cuarto, allí recogió todas sus pertenencias, puesto que no planeaba continuar como guardia de la prisión, luego se dirigió a la parte trasera, dónde se encontraban enterradas las pertenencias de su familia, como una forma de rendirles homenaje.
Finalmente se dirigió al lugar dónde trasladaban los cadáveres para ser incinerados después de su muerte.
Por fortuna, el cuerpo de Terry estaba aún inerte.
—¿Qué haces aquí? - preguntó August, el hombre encargado de los "hornos" cómo se llamaba a esa área de la prisión.
August era un hombre corpulento y malhumorado, nunca nadie se atrevía a ir hasta su sitio puesto que corría el riesgo de terminar entre los cadáveres, así que se le permitía disponer de ellos a placer.
—Dubois me envió, al parecer el 743 estaba infectado con una rara enfermedad y no puede ser incinerado con los demás cuerpos.
—¿si? Pues me importa un carajo, lo que Dubois ordené, dijo mientras se echaba al hombro el cuerpo de Terry, como si de un costal de papas se tratara.
—No quería llegar a esto pero no me dejas alternativa. - dijo Tyson, golpeando con toda su fuerza el cuerpo de aquel hombre, que ni siquiera se inmutó.
—¡Tonto! - dijo arrojando el cuerpo de Terry al piso, ¿vas a arriesgar tu pellejo por un muerto?
—No, la arriesgarse por lo que es justo. - dijo, y asestó un golpe a la mandíbula de August, que rápidamente repelió el ataque,
Terry despertó entonces, completamente desorientado.
Por un instante, el pánico lo invadió, al verse rodeado de cadáveres y un terrible olor, sin embargo al recorrer el lugar con la vista se dio cuenta de que estaba muy cerca de la salida, también se percató de que Tyson estaba en el piso, en ese momento August se dio la vuelta.
—Así que no estás muerto… murmuró August.
Bueno, en realidad no importa, porque pronto acompañaras a ese traidor. - dijo, señalando a Tyson.
—¿Qué le hiciste? - dijo Terry furioso.
—Nada que no mereciera.
Sin pensarlo, Terry se lanzó contra aquel hombretón, sin éxito alguno.
El hombre lo agarró por el cuello y comenzó a apretarlo, fue entonces que Terry se percató de que del cuello del hombre colgaba una llave dorada… comprendió que si quería salir de ahí debía obtenerla, la pregunta era ¿cómo?
Terry comenzaba a quedarse sin fuerza, fue entonces que tuvo una clase de "revelación".
Estiró lo más que pudo el brazo, y extrajo de la bolsa de su pantalón una navaja que Tyson le había dado "por si acaso".
Con las fuerzas que le restaban enterró el objeto en la garganta del hombre que chilló de dolor.
Aprovechando el breve instante de distracción, Terry se safó del agarre de August, sin embargo supo que aquel más todo te no estaba vencido, comprendió entonces que si deseaba tener una oportunidad real de escapar tenía que concluir lo que había empezado, así que sin dudarlo, cortó la garganta del hombre.
Una vez que comprobó que estaba realmente muerto, tomó el cuerpo inconsciente de Tyson y la llave que lo conduciría a su libertad.
