RUROUNI KENSHIN NI NINGUNO DE SUS PERSONAJES ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ HECHO COMPLETAMENTE SIN FINES DE LUCRO.
Ella viajaba errante buscando una identidad. Kenshin Himura tenía sólo unos días para volver a enamorarla. ¿Podrá Kaoru recordar que ese triste pelirrojo de envolventes ojos azules es el hombre que ama?
ENAMORARTE DE NUEVO
Claudia Gazziero
No supo cuanto tiempo pasó, pero cuando terminó, ambos estaban agotados. Kenshin apoyó la cabeza en su regazo y la abrazó. Akari acarició su cabello y su espalda. –Eres genial. No sabía que podía sentirme así. – Exhaló.
-Tú eres deliciosa, Kaoru.
Akari no se percató de inmediato. De repente, sintió una bofetada de estupidez y un pesar cayó sobre cuerpo, entumiéndola. -¿Cómo me llamaste?
CAPÍTULO VII
DECISIONES
Un frío intenso la abrumó y vacío su corta existencia. En los dos años que llevaba su corta y frágil memoria nunca se había sentido tan insignificante y sola. Había superado el hecho de no tener ningún recuerdo demasiado fácilmente en comparación a lo que sintió en ese instante, cuando Kenshin la excluyó sin anestesia y sin remordimiento de su vida.
Lo miró con reproche, como si la vida se le fuese en ese pesar, pero Kenshin no se dio por aludido. Su corazón tintineó en el pecho, mientras unas terribles ganas de llorar subían por su garganta, mientras él seguía reposando en su regazo. Se sentó en la alfombra, corriendo a Himura con desdén.
-Me llamaste Kaoru.
Kenshin Himura no se había sentido tan estúpido hacía años. Sintió la abominable sensación de tenerlo todo en un momento y perderlo en el siguiente. Miró sus manos, había roto todo tipo de intimidad. Entonces, con un suspiro desesperado supo que tenía sólo dos opciones: decirle la verdad de inmediato, o perder a Akari para siempre. Las cartas estaban sobre la mesa, pero cuando ella lo miró con su infinito escrutinio, no pudo abrir la condenada boca.
-Me llamaste Kaoru, otra vez. –Repitió, pero Kenshin parecía no escucharla, estaba demasiado metido en su mundo como para notarla. No pudo evitar lagrimear sutilmente.
-Yo… Akari. Quiero decir… lo que pasa es… -Parafraseó como si volviese a ser un adolescente.
-¿Qué pasa? –Inquirió violentamente Akari.
Kenshin dudó un momento. –Nada…
Cerró los ojos. No quería ver lo que le depararía el futuro en adelante. Kenshin Himura había sido un cobarde otra vez. ¿Qué tan difícil podía ser decirle que ella era Kaoru? ¿A qué le temía tanto? ¿Es que acaso se había vuelto tan dependiente de ella en apenas una semana? ¡Por Dios, había pasado dos años sin ella! No recordaba haber muerto por ello. Si ella lo dejaba, el mundo seguiría existiendo. Dudó. No era cierto.
Nada iba a volver a ser lo mismo.
Akari se levantó de la alfombra y se vistió demasiado rápidamente. Kenshin no la observó. No fue capaz de mirarla. -¿Sabes una cosa? –Murmuró Akari al pie de la escalera. Su voz estaba cortada. –Me aterra pensar que pude haber engañado a alguien contigo. Alguien que me espera ansioso… y por nada.
Subió corriendo a su habitación sin poder evitar llorar y dio un portazo que hizo que todas las ventanas de la casa tambalearan. Con el golpe, uno de los cuadros que había en la pared cayó, dejando al descubierto un retrato que estaba detrás, de Kenshin y una mujer. Kenshin y Kaoru. Se perdió en los ojos azules de ella. Cuando se dio cuenta de que esa mujer era demasiado parecida a ella lo primero que pensó fue en justificar a Himura por confundirla con Kaoru, y en ese pensamiento, descubrió la verdad.
De pie, apoyada en la puerta, su corazón empezó a palpitar violentamente, tanto que sus oídos se llenaron del sonido. No pudo percibir que Himura estaba afuera golpeando y disculpándose con ella. En lo único que pudo pensar fue en Kaoru. Se llevó las manos a los ojos para detener el llanto desesperado que subió a la superficie, y cayó sentada.
Kaoru era pintora, era madre y era esposa de Himura. Había encontrado a su familia, Kenshin lo era. ¿Por qué no se lo dijo? Y si lo hubiera hecho, ¿le habría creído? Estaba segura de que no. Se maldijo por su inmadurez. Ella se sentía como una adolescente, y de repente descubría que era una mujer con la vida resuelta. Se sentía aturdida.
Observó el pie del cuadro detenidamente. Decía: "¡Para mi amado esposo K.H. Feliz Navidad!" Leyó las iniciales con temor. –Kenshin Himura… -Musitó para sí misma. Era un regalo para su esposo Kenshin Himura. Ella misma lo había pintado. Miró el atril, en él estaba el cuadro casi terminado que estaba pintando para regalárselo en Navidad. Era la misma técnica y el mismo uso del color.
Afuera, Kenshin murmuraba y mentía. Decía que había sido un error y que de verdad estaba enamorado de ella. Declaró querer a Akari y que Kaoru estaba en el olvido. No supo cómo sentirse por ello.
No sabía cómo había sido Kaoru durante su vida, pero ella era Akari. No quería ser Kaoru. Ella sabía cómo afrontar las cosas a su manera. Abrió la puerta y Kenshin casi cayó sobre ella. Se veía perdido y desesperado.
-¿Por qué no me lo dijiste? –Interrogó con voz dura.
-¿Decirte qué? –Quiso saber Himura. Miró dentro de la habitación y vio un cuadro de Kaoru. Supo de inmediato, que Akari lo había descubierto. Por un minuto el mundo se detuvo para él también. No sabía cómo reaccionar ante ello. No estaba preparado.
Akari recordó su primer encuentro con Kenshin, y cómo él había derramado su café al verla. Él la llamó Kaoru, pero ella no sospechó. La llamó Kaoru muchas veces, pero ella sólo se había molestado. Recordó el cuadro en la habitación de Kenshin. Él tenía una fotografía de su esposa en el velador, pero ella no quiso verlo.
Corrió hasta la pieza del pelirrojo un piso más abajo, sin detenerse a pedir permiso a Kenshin. Ahí, en el velador y boca abajo, estaba la prueba que necesitaba confirmarlo todo. Su foto. En ella, estaba Kaoru con dos niños, demasiado feliz y demasiado madre para ella.
-¡Por qué no me lo dijiste! –Gritó furiosa.
-Yo… Tuve miedo. –Murmuró Kenshin en la entrada, bajo el umbral de la puerta. –Tenía miedo de que no te quisieras quedar conmigo.
Después de mucho pensar la frase del pelirrojo se atrevió a responder. – Y tuviste razón, Himura. No me quiero quedar.
Sus palabras zumbaron en los oídos de Kenshin. Ella no quería quedarse con él. Había fallado.
Kaoru se acercó al espejo y se levantó la ropa. En él, pudo ver un vientre plano y magullado sin razón alguna. El vientre de una madre. Un vientre que había dado a luz a dos niños, y que tenía leves secuelas de embarazo. ¿Por qué no lo había notado? Más lágrimas cayeron por sus mejillas.
-¿Sabes Kenshin? Me habría encantado ser Kaoru. No puedo mentir.
Kenshin escuchó con atención, la voz de ella parecía más calmada. –El hecho es que no puedo serlo. No soy una esposa, ni mucho menos una madre. Yo… - El pelirrojo se acercó a ella y la abrazó por la espalda, mirando el reflejo de ambos en el espejo.
-Yo no puedo recordar nada.
Se separó de ella de inmediato. Había estado seguro de que ella había recordado todo al ver el cuadro, pero al parecer, aquello sólo pasaba en las películas. Sintió una profunda decepción albergarse en su corazón. Kaoru no estaba de vuelta. Seguía teniendo a Akari. Akari y sólo Akari. Kaoru ya no existía más. Se sentó en la cama y no pudo volver a levantarse. Sentía que cada parte de su cuerpo pesaba una tonelada. Se sintió devastado.
Kenshin Himura estaba arruinado.
No se levantó ni mucho menos dijo algo cuando Akari se fue a su habitación sin volver a mirarlo. ¿Y ahora qué? Esa pregunta era todo lo que podía pensar. Sintió como ella cerró la puerta de su habitación en el piso de arriba y gritó unas maldiciones, pero aún así, no se levantó.
La noche pasó demasiado larga y demasiado silenciosa para Kenshin Himura. Aún sentía el calor del cuerpo de Kaoru en su piel, y en cuán feliz había sido de tenerla de nuevo, aunque había sido sólo por un instante. Sintió que la vida le había dado una sola oportunidad de volver a poseerla y que no iba a volver a repetirse. Estaba confundido, no sabía si estaba decepcionado realmente por el hecho de que Kaoru no recordara nada. Después de todo, aunque ella no recordase, la verdad seguía palpitando en su cuerpo. Ella era Kaoru y no podía evitar ni negar aquello.
La misma Akari quería saber su verdadera identidad, pero había reaccionado como una niña al saberlo. Había negado lo que era, y en Tokyo, a cientos de kilómetros de ahí, había dos niños que únicamente soñaban con su regreso. De hecho, un piso más abajo de ella había un hombre al cual no le importaba realmente si ella lo recordaba o no. También le gustaba Akari. Era como Kaoru adolescente. Era fresca y divertida, impetuosa y atrevida. También había sido tímida y valiente. Akari no era tan diferente a Kaoru, sólo que ella no lo sabía.
Quizás, ambos podrían empezar una nueva vida juntos, quiso ir a proponérselo en seguida, pero pensó que probablemente aquello era demasiado optimista para la situación en la que estaba y lo desechó. Akari estaba dolida. Ella estaba lastimada, por que el único hombre en el cual había confiado tanto como para entregarle su cuerpo la había traicionado. Kenshin al fin lo había entendido. Todas las veces que Kaoru lo había besado, y cuando hicieron el amor, ella le había profesado su amor: el amor de una chica sin pasado ni destino. Akari era suya también, pero él no recibió su corazón, estaba cegado por la estúpida idea de recuperar a su esposa.
Kaoru nunca iba a regresar. Tragó saliva, sintiendo como su corazón se rompía en mil pedazos. Empezar de nuevo con Akari, era como volverlo a intentar con otra mujer. Sin embargo, era lo único que podía hacer. Esperó que saliera de la habitación. Estaba seguro de que ella saldría cuando pudiera ordenar sus ideas. Existía la posibilidad de que ella, al saber su verdadera identidad, y luego de mucho pensar, decidiera darle una oportunidad. No obstante, Akari no salió esa noche de su recámara, ni a la mañana siguiente. Tampoco lo acompañó en el almuerzo.
Estaba volviéndose loco. La sola idea de que Akari se suicidara o de que se hubiera escapado por la ventana lo atormentaba. Llamaba a su puerta sigilosamente, pero ella no respondía. No había podido dormir en toda la noche, y no sabía cuando ella afrontaría lo sucedido. Decidió darle su tiempo y esperar. Ella tenía que salir alguna vez de la habitación, y él estaría ahí esperando por consentir todo lo que ella propusiera. Si ella quería intentarlo de nuevo, aceptaría; y si ella se quería marchar…
Por muy esposo, amante y amigo que fuese de Kaoru y Akari, él no podía tomar decisiones por ella. Cerró los ojos, intentando aceptar lo que su mente proponía. Le resultaba muy difícil la idea de dejar que se marchase y no volverla a ver, pero era sabio hacerlo. El amor conyugal no podía ser forzado.
Se retiró a su recámara a reposar el almuerzo. Intentó no dormirse, pero el sueño le trazó la cuenta de una noche entera en vela. Cuando Kaoru superó la impresión y decidió salir de la habitación Kenshin no despertó en seguida. Escuchaba su voz dentro del sueño. Un sueño en el que él y Akari vivían felices.
-¡Kenshin! –Alzó un poco más la voz. Himura se revolvió entre las mantas, para despertar sobresaltado.
-¡Kaoru!
Akari hizo caso omiso. Ya no podía culparlo. Ella era Kaoru Kamiya.
-Disculpa, no sé cómo llamarte… -Murmuró confundido, intentando despertar completamente.
-Llámame Kaoru, si así gustas. De todas formas lo harás… -Su voz sonó molesta, incluso asteada de la situación repetitiva y dramática a la cual se había enfrentado hacía días. Estaba cansada de Himura y sus errores.
-¿Qué necesitas? ¿Quiéres hablar ahora? –Le propuso. Se levantó de la cama y fue hasta donde Kaoru, pero ella no dejó que se acercase a más de un metro.
-Quiero ver a mis hijos. Quiero conocerlos. -Kaoru se sentó en la cama y puso sus manos en su rostro. Parecía atormentada. –Quiero conocer sus caras, y escuchar su voz.
-¿Te quedarás con nosotros? –Temió preguntar.
No tardó en responder. –No lo haré.
Kenshin se enfureció, trató de controlarlo, pero le fue difícil de todas formas. -¡¿Qué?! ¿Por qué no?
-No lo haré, porque no quiero hacerlo.
La verdad era que Kaoru quería ver a esos niños más que a cualquier cosa en el mundo. Pero no se sentía preparada para nada. No todos los días descubres que tienes una vida completa.
-Quieres hacerlo, pero eres cobarde. –Aseguró Kenshin, sin medir las consecuencias.
-¡Cobarde yo! –Se exhaltó Kaoru. –¡No soy yo la que tuvo miedo de decirme la verdad! No tienes el derecho, Kenshin Himura. No tienes el derecho de juzgar mis decisiones. ¡Tú no eres nada mio!
-¡Cómo que no lo soy! ¿Acaso hacer el amor significa nada para ti?
-¡Tú no hiciste el amor conmigo, lo hiciste con tu esposa!
-¡Tú eres mi esposa! –Kenshin se llevó la mano a la cabeza y revolvió su cabello complicado. Estaba exasperado.
-¡No lo soy! ¿Qué no me ves?
Guardó silencio. Se sintió segura de ello. Ella no era Kaoru Kamiya, aunque su ADN dijera que si. Akari era una muchacha que tenía la vida por delante. No aspiraba a grandes cosas, sólo sabía que no era una madre. Akari no era más que una niña.
Himura la tomó de los brazos violentamente e intentó reflexionar con ella. -¿Tienes miedo? ¿Tienes miedo de que los niños no te reconozcan? ¿o es porque estás asustada? Si estas asustada, te puedo asegurar que estaré contigo y te ayudaré. Ser mamá es tan difícil que podría morir, pero muchas mujeres lo son y no han muerto. Esos niños son lo más maravilloso que me pudo haber pasado. –Suspiró. –Que NOS pudo haber pasado… Estaré contigo.
La suave voz de Kenshin inundó sus oídos de promesas. Akari no quería promesas, Akari quería certezas. No estaba segura de si podría hacerlo bien. Kenshin tenía razón. Estaba asustada como nunca lo había estado durante su corta vida. No era como si se hubiera embarazado y tuviera nueve meses para asimilar la llegada de un hijo, tampoco como si hubiera adoptado uno. Los dos niños que la esperaban eran parte de ella frutos de su vientre. Si fallaba, no sería el error de cualquier mujer, sería el error de su verdadera madre.
-Yo… lo decidiré cuando los vea. ¿Puede ser? –Titubeó, al borde del colapso.
Kenshin la soltó de inmediato y le dio la espalda. –Lo haremos como tú quieras. Sólo te pido que pienses dos veces lo que sea que decidas.
Akari asintió. No podía negar que estaba aterrada. ¿Qué pasaría al ver a los niños? ¿Los recordaría? ¿Ellos la reconocerían, o la habían olvidado ya? Al menos, tenía la esperanza de que al verlos los recordaría. Había escuchado que el amor de una madre era el más grande del mundo, y quizás ese mismo amor podría hacer un milagro para ella. Quizás si recordaba, ya no querría dejarlos nunca, y podría retomar su vida. Una vida con Kenshin Himura.
Mientras tanto, no podía quedarse con él. Sin sus recuerdos, Kaoru Kamiya no era más que Akari, una vagabunda errante sin identidad. Kenshin no estaba enamorado de Akari. Él amaba a Kaoru más que a cualquier persona en el mundo. Lo veía en sus ojos, lo escuchaba en su voz y lo sabía cada vez que él le dedicaba una sonrisa o hablaba sobre su esposa.
Kenshin Himura también decidió apostarlo todo al efímero momento en que ella viera a Misao y a Yahiko. Si ella no recordaba, entonces podría decidir lo que fuese mejor. Él no iba a oponerse.
Arreglaron todas las cosas para partir de inmediato a Tokyo. Kenshin calculó que podrían estar allá antes de la medianoche. La noche de Navidad. Afuera, la nieve caía tranquila, llena de magia navideña. Las cabañas aledañas tenían pequeñas lucecillas adornando las fachadas. El espíritu de la fecha daba alegría a todas las casas del pueblo, menos a la de Kenshin Himura. La cabaña de Himura estaba vuelta un caos de sentimientos coartados.
Kaoru bajó con la ropa vieja con la cual había llegado ese día al stand de Kenshin, en busca de su perfume favorito. Kenshin le dio una manta para que se cubriese las piernas durante el viaje y no sintiese el frío de las montañas.
Akari no mencionó palabra durante horas. El camino siempre oscuro y lleno de nieve los conducía lentamente hacia la casa de Himura. Kaoru lucía nerviosa y llena de dudas. Estaba asustada. Kenshin también lo estaba. Estaba aterrado de que Kaoru lo abandonase. No podía vivir sin ella, ya no. Maldecía el día en que ella había tenido el accidente. Maldecía su suerte y su cobardía. No había podido enamorarla. En lugar de eso, se había enojado con ella en repetidas ocasiones, la había ofendido y recordaba incluso haberle cerrado la puerta en la cara. Quizás, no merecía volver a ser feliz.
Kenshin Himura era tan endemoniadamente complicado. Se enojaba por nada, le cansaban las conversaciones densas y tenía miedo de la verdad. Él no valía la pena. Se sentía como una alimaña. Sin embargo, a Akari, no podía dejar de parecerle el hombre más atractivo del mundo, con sus penetrantes ojos azúlez, su cabello largo exquisito y su voz exageradamente masculina. Por más que quisiera evitarlo, estaba enamorada de ese hombre. Aquello era lo único que Kaoru Kamiya y Akari tenían en común.
-Si me marcho… ¿qué pasará contigo? –Murmuró Akari, mientras Kenshin conducía, también sumido en sus pensamientos.
-¿Qué puede pasar conmigo? Seguiré con los niños. –Aseguró. Aquella era la respuesta obvia, pero Akari no se refería a eso.
Insistió. -Me refiero, a qué harás.
-Seguiré con mi vida, supongo. -Susurró con pesar.
Kaoru no respondió. Cuando el auto se detuvo fuera de la casa de Himura, Akari pudo ver claramente a cuatro personas haciendo una figura en la nieve. Cerró los ojos antes de distinguir a cada uno de ellos. No quería ver más. Kenshin tomó su mano y la invitó a salir del coche. Kaoru salió con los ojos cerrados. A lo lejos, escuchó la voz de un niño.
-¡Es papá! –Gritó Yahiko, y corrió hasta Keshin.
-¡Papá! –Chilló emocionada una chiquilla.
Supo que no tenía más opción que abrir los ojos. A un pie del auto, Akari vio en esos dos niños algo tan grande que no pudo describirlo con palabras. Cada uno de ellos era como un poco de vida dentro de si misma. Esos niños habían salido de su cuerpo. Una lágrima cayó por su mejilla, sin poder retenerla. Ellos no se habían percatado de su presencia aún; abrazaban a Kenshin, y le preguntaban cosas. Kaoru los miró con detención. El mayor, parecía bastante grande, sus ojos eran como los de Kenshin, la menos, era apenas una niña pequeña, aún se tropezaba al caminar, y no podía decir todas las palabras. Su voz era tan dulce como los besos de Himura.
Sin embargo, aún con ellos enfrente, Kaoru no pudo recordar. Había apostado todo a ese momento, y no lo había conseguido. Cayó al piso y tapó su rostro de vergüenza, intentando evitar los sollozos que salían por su boca.
Los niños notaron su presencia, y Kenshin dejó de juguetear con ellos. No estaba seguro de qué hacer, y cómo presentarles a su propia madre. No supo que decir.
-¿Quién es ella? –Quiso saber Misao, la pequeña. Se acercó a akari, en el piso e intentó correr sus manos para poder ver su cara. -¿Por qué llora, papá?
Yahiko, el mayor, estaba en silencio. No podía moverse. Recordaba a esa mujer, a pesar de que no podía ver su cara, sabía quién era. Estaba asustado. ¿Era un fantasma de su mamá? Se aferró a la pierna de Kenshin.
-¡Kenshin! ¡No sabíamos que llegarías a cenar! –Interrumpió la voz de una mujer. Kaoru levantó el rostro de inmediato.
-¿Kaoru? ¿Qué…? –Se alarmó Megumi Takani, la madrina de los niños. ¿Cómo era posible?
-Megumi, ¿nos dejas un momento? Te explicaré luego, pero lleva a los niños adentro. –Le rogó Himura con la mirada.
Takani asintió y desapareció con los pequeños. Hubo un largo silencio entre Kenshin y Akari. Finalmente, ella decidió romperlo, y con él, el corazón de Himura.
-No puedo recordarlos.
Kenshin supo de inmediato, que ese dolor que sintió en su pecho, no se apagaría nunca. Había puesto toda su esperanza en ese momento, pero no había pasado nada. Kaoru nunca regresaría. No sabía qué hacer.
-¿Estás segura?
-¡Sí! ¡Cómo voy a mentir con respecto a eso! ¡Son mis hijos y… no los puedo recordar!
Seijuro Hiko estaba mirando la escena desde lejos. No podía creer lo que sus ojos veían. Kaoru estaba viva, pero parecía devastada. Su hijo también lo estaba.
-Akari… yo… -Kenshin no sabía qué responder a ello. Quería retenerla a como diese lugar. ¿Qué pasaría a partir de ese momento? ¿Ella se marcharía? ¿Era el final para ambos? –Yo te amo.
Akari se levantó y caminó lejos del auto, dando vueltas mientras frotaba su cabeza contrariada. -¡No puedo aceptarlo! ¡Tiene que haber algo más!
-¿Y si no lo hay qué? –Solucionó Kenshin. –Podemos intentarlo de nuevo, aunque no recuerdes nada. Yo sé que tú me quieres.
-No es posible, yo… tengo que irme.
Finalmente, Kaoru había dicho esas palabras, a las que Kenshin Himura tanto temía. –No puedes dejarme… -Rogó.
-No puedo quedarme, Kenshin… entiéndeme. ¿Qué madre no recuerda a sus propios hijos? Me siento tan… avergonzada. –Lloró, como no se había permitido nunca llorar frente a él.
-No llores… -La cobijó en un abrazo intenso. –Estaré contigo. Te ayudaré en todo. Por favor no te vayas. Tú perteneces a este lugar.
Kenshin Himura estaba apostando su propia vida en el intento. Si Akari volvía a la triste vida de una mujer errante nunca podría perdonárselo.
-¿Quién era esa mujer? –Quiso saber, antes de tomar una decisión errada.
-¿Quién? ¿Megumi?
Akari recordó su nombre. Ella era la mujer con la cual Kenshin esperaba rehacer su vida, el real motivo de su viaje a las montañas. Olvidar a Kaoru para empezar de nuevo con ella.
-¿Te casarás con ella? –Lloró, aún en su regazo.
Kenshin derramó una lágrima también. Ella estaba tan asustada. Lo único que quería era protegerla. No había manera de que se casara con Megumi, no después de amarla tanto. Kenshin Himura estaba seguro: amaba a Akari incluso más que a Kaoru.
La amaba porque había sido ella la que lo había sacado de una agónica viudez, la que lo había hecho creer en los milagros nuevamente. La que lo había transformado en un hombre joven, desesperado por cortejar a una muchacha. Era ella la que lo hacía desearla hasta el infinito, querer una vida entera juntos y tener muchas primeras citas en muchos lugares y sorprenderse en cada una de ellas. Akari le había dado vida nuevamente, y traía esperanza para su familia. No lo había entendido hasta el momento en que ella decidió marcharse, y esperaba que no fuese demasiado tarde.
-Por supuesto que no. –Dijo férreamente. –No podría casarme con otra mujer que no seas tú. Siempre te querré sólo a ti, seas quien seas y cómo seas.
Akari dejó de sentir por primera vez, envidia de Kaoru. Ya no podía sentir envidia de lo que ella misma había significado para Kenshin. Después de todo, Kenshin le estaba ofreciendo una vida, aunque no recordase nada. Una vida en la que no había lugar para el miedo ni para las dudas, una vida con Himura. –También te amo. –Musitó.
Cuando entraron a la casa, el abuelo ya les había explicado a los niños. Yahiko se lanzó sobre ella y ansioso le dijo todo lo que la había extrañado. Conoció a Misao, y estuvo segura de que no había cosa más linda en el mundo que esos dos niños. Los besó y se dejó besar; abrazó y se dejó abrazar por ellos. No podía creer que existiera felicidad tal. Había tomado la mejor de las decisiones.
Se quedaría con Kenshin, y empezarían de nuevo. Si en su vida pasada, ella amaba a ese hombre, Akari lo amaba aún más, por haberla hecho encontrar a su familia, aceptarla sin sus recuerdos, y darle una nueva oportunidad de tenerlo todo. Después de todo, ella era Kaoru Kamiya, la amada esposa de Kenshin Himura, y lo amaba más que a cualquier cosa en el mundo.
FIN.
NA: HOLA! Espero que les haya gustado este capítulo final feliz :D
Admito que este fic ha sido terriblemente dramoso, pero qué le puedo hacer, creo que el drama es mi especialidad, y las cursilerías. Después de todo, en el fandom hay de todos los géneros :) Así que asumo que si llegaron hasta acá, es porque son fanáticas del drama al igual que yo.
Estoy muy agradecida con todas las personas que siguieron este fic, incluso después de tanto tiempo, ya que esta historia estuvo abandonada mucho mucho tiempo. También a todos los que me dieron ánimos, y me dejaron reviews. Traffic stats me dice que muchas más personas de las que dejaron review efectivamente lo leyeron. Me alegro por que sea así, y muchas gracias también a esas personas anónimas. Aunque esta vez quiero pedirles de todo corazón que dejen de ser lectoras anónimas y me dejen aunque sea su nombre. Esto porque, le tengo mucho cariño a esta historia, y me gusta saber quién me lee, ver sus perfiles, leer sus historias también, etc. Eso nos da muchas ganas de seguir escribiendo, las que decidimos escribir corroborarán lo que digo.
En fin, al fin se quedaron juntos, a pesar de que Kenshin tenía muchos muchos defectos, Kaoru lo amaba tal cual era, y Kenshin aceptó a akari, aunque ella no recordó nada. Espero les haya gustado el final. y si tienen ganas de que escriba algo más denme sugerencias jajaja (ahora no se me ocurre nada nuevo :C)
Les deseo una vida feliz, agradezco sus reviews, su tiempo y nos leemos en el futuro!
Muchas gracias!
p.d: Si te gusta la apreja de Rin y Sesshomaru, adapté esta historia en ese fandom (No me denuncien, por favor. Es que amo esa pareja también :c
Nos leemos!
Buena suerte a tod s!
