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Suspiré, lentamente caminé hasta una de las primeras bancas justo en medio del salón. Hibari seguía junto a la ventana aunque no le prestaba atención. Me miraba con tanto recelo que comenzaba a quemarme la piel. Me incliné exageradamente para después sentarme y recargarme en el respaldó, como mostrándole que era inofensivo.
-No pensaba en nada del otro mundo. –Contesté calmadamente. Él siguió callado. –En realidad no lo he pensado demasiado, pero se me ocurren algunas cosas muy sencillas. ¿Quieres escucharlas?- Le hice la propuesta, dejando que tuviera tiempo de arrepentirse de hacer un trato conmigo. Entendía que a sus ojos era algo así como un delincuente y la verdad esperaba que dejara de pensar eso. Soy un buen chico después de todo, pero tengo un carácter difícil.
Le vi meditar su respuesta. Movió un poco la boca sin abrirla en gestos molestos. Tal vez me maldecía por lo bajo. Luego miró un segundo la ventana y volvió a verme.
–Escucho. –Habló. Y su sola frase pareció una especie de sentencia por el aire de resignación mal habida en ella. O al menos eso me pareció. De todos modos asentí satisfecho. Total yo nada perdía y, con suerte, me libraba de un par de castigos a la larga.
–Se me ocurría que nos viera juntos de vez en cuando. –Solté por toda explicación. Hibari se tensó perceptiblemente. Tal vez le había caído de sorpresa la sugerencia. –Y aprovecharía en hablarte de él, sus gustos y hobbys, cosas así. –Completé después de que me pasara por la cabeza que quizá eso le hubiera molestado por que sonaba a propuesta o burla, o ambas. –Digo, Yamamoto es de esos que siempre tiene que estar con alguien, se pega mucho a mi. Cuando le de por su lado, se va a sentir solo y va a venir a buscarme. Si nos ve juntos, va a empezar a interesarse en ti. Eso es lo mejor, ¿no? Y tu con la información que yo te de, te haces camino. Ya el resto es responsabilidad tuya.
Hibari se quedó callado.
A estas alturas pensaba que era muy desconfiado y analizaba todas las desventajas de cada cosa que yo decía, o era un tanto lento… cosa que no volveré ni a pensar por seguridad física.
–Tu no le hablarías de mi. –No me quedó claro si era pregunta o aseveración. Hice un gesto inseguro.
–Eh… Mira, Yamamoto responde mejor cuando actúas y no le explicas las cosas sino hasta después. Es un tanto entrometido (lo que será bueno para ti) y va a querer saber por que te estoy prestando mas atención a ti que a él.
–Creí que… –Se detuvo, corrigiendo su muestra de entusiasmo. –Siempre se están peleando. –Desvió los ojos, como única explicación.
–¿Qué? Ah, no es que me caiga mal; pero no me gusta que la gente me toque, y siempre… –Me detuve.—Oye, ¿por que no hablamos en otro lado? –Él frunció el ceño mirándome, me dieron algo de escalofríos pero igual contesté.—Ya cumplí mi castigo y me gustaría salir de aquí. Y si quieres comenzar de una vez, vamos a comer por ahí.
Silencio.
Tras un momento de gran suspenso, el caminó hasta la puerta. Creí que ahí había terminado todo sin ir más lejos. Salió y desde el pasillo, casi en murmullo, escuché.
-Voy por mis cosas.
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¿Hola? ¿Hay alguien por ahí?
Tengo la impresión de que me leen, pero me gustaría saber si les gusta como van las cosas.
Saludos. XD
