Capítulo 6 Posible invitación

Tras haber escrito la carta se sintió más aliviado pero seguía pensando en Candy.

La esperanza de volver a verla, a instancias de la ayuda de su madre, era la motivación para retomar el personaje de Hamlet con mayor fuerza y disposición.

- Esta vez estarás orgullosa de mí, Candy- se decía- Hamlet renacerá como el ave Fénix en mi cuerpo y podrás percibir en él el dolor y a la vez la potencia de ese personaje a través de mis miembros. Y así, estoy seguro que volveré a enamorarte.

Entonces tomó de nueva cuenta el libro de teatro y comenzó a leerlo, cuadro a cuadro, para ensayarcada una de las escenas y captar la esencia del joven Hamlet en cada instante, especialmente en los más dramáticos.

Sentía en cada una de las líneas un renacer, como si Hamlet se fuera encarnando en su cuerpo, tomando vida de su propia vida, en cada latido de su corazón, en cada célula de su persona.

Y un poco exhausto de ensayar, se quedó dormido un rato. Había sido un especial pero también agotador día.

-

Al día siguiente, Candy despertó más tranquila y animada.

Tenía que preparar algunas cosas para que la hermana María y la señorita Pony fueran al pueblo a conseguir víveres para los niños.

Ella se quedaría un rato cuidándolos hasta que ellas volvieran.

Afortunadamente, los chicos se habían comportado bien hasta ahora. Todos se dedicaban a ayudarla en lo que podían y ella, como buena enfermera, se encargaba también de atender aquellos pequeños o grandes problemas de salud de los niños: raspones, cortaduras, caídas...e incluso le parecía que cuando ella estaba, los accidentes tendían a duplicarse, a fin de que cierta enfermera fuera quien remediara aquellas molestias.

Un rato, cuando ya los chicos jugaban y ella se dedicaba a estudiar un poco, releyó una carta de Anthony. Aquellas reminiscencias eran tan hermosas, pero el dolor de haber perdido a aquel muchacho de ojos azules que la quería tanto aparecía de vez en cuando en su noble corazón.

-¡Cómo quisiera que pudieras verme convertida en enfermera, Anthony!- musitaba.

Y muy dentro de su corazón le parecía escuchar la voz de Anthony diciéndole:

- Candy...mi niña pecosa...yo puedo verte y estoy muy orgulloso de ti...

- Lo sé, Anthony- se respondí a sí misma.- Sé que tú me puedes ver...que puedes escucharme...y si es así, pide a Dios que continué mi camino hasta estar totalmente segura de lo que voy a hacer. Pídele a Nuestro Señor que me ayude a aclarar mis sentimientos...por favor.

El resto de la tarde se dedicó a estudiar y cuando se hacía algún espacio, recordó aquel día.

Aquel día fue terrible para Candy. Había tenido que ir a buscar a Albert. Sabía que lo encontraría, según lo que él mismo le había dicho, tras haberle enviado una carta en una botella. ¿La razón? Ser acusada injustamente de haber golpeado a Neil Leagan.

Siguió la botella hasta donde la corriente se lo permitió, y por fin, exhausta, se quedó dormida.

Al despertar, se encontró frente a frente a Albert y le contó su problema. Luego, él la invitó a conocer a sus amiguitos del bosque.

- Antes de entrar- dijo Albert- tendrás que pasar una prueba. Aguarda aquí.

De pronto, varios animales del bosque corrieron a saludarla. Ella sonrió feliz de haber sido bien recibida por los pequeños amigos de Albert. Éste sonrió satisfecho.

- Haz pasado la prueba brillantemente- señaló.

Y pasó el resto de la tarde con él , hasta que los guardabosques llegaron a la casa. Ella se quedó sola y se fue con ellos hasta que encontró a Anthony, quien dijo que era su mejor amiga.

Anthony fue con ella a la orilla del lago Michigan. Ahí Candy pudo lavarse un poco la cara y mojarse los pies. Anthony la acompañó, mientras la miraba sin pestañear y le preguntaba:

- ¿Qué fue lo que pasó, Candy?
- Neil me acusó de haberlo golpeado. Pero quien realmente lo hizo fue Albert. Él trató de defender a César de beber el aceite Castor que Neil le diera.
- Neil es un odioso. Yo no lo soporto. Tampoco Archie ni Stear lo soportan.
- ¿Y a Elisa?
- A ella menos que a él. No entiendo por qué son así.

- Quizás es que no pueden querer a nadie. ¡Qué felices habríamos sido si Elisa hubiera querido ser mi amiga!
- ¿Para qué te llevaron a casa de los Leagan, Candy?
- Como compañera de Elisa, para platicar con ella.
- Y supongo que eso nunca sucedió, ¿verdad?

Candy bajó la cabeza. Anthony le levantó la barbilla dulcemente.

- Pobrecita, mi linda pecosa...yo quiero hacer algo para que seas feliz...

Candy tembló. Aquellas palabras la emocionaron.

Anthony hizo una pausa.

- Dime, Candy, ¿por qué Albert no dice la verdad?
- Teme que sea peor y que la señora Leagan no me crea, y mi situación en la casa sea más delicada.

- Quizás tiene razón. ¿Y dónde estabas?
- En la casa de Albert. Bueno...hasta ahora.
- Es extraño...nunca he sabido en qué parte vive. Si hubiera pedido la casa a alguno de nosotros se la habríamos dado.
- ¿Conoces esa casa?
- Sí...ahí jugamos en alguna ocasión cuando más niños. Era como un castillo encantado.

Candy recordó al príncipe de la colina. Pero luego miró a Anthony y sonrió.

El chico Brower le dijo:
- Si no quieres regresar a la casa Leagan, no lo hagas, Candy. Ven, vamos al jardín.

Candy sintió la mano de Anthony que la ayudaba a ponerse de pie y luego la tomó en brazos.

- Anthony...peso mucho.
- Para nada...eres muy liviana...y me gusta cargarte. Me siento como un príncipe, cargando a su princesa...

Candy se sonrojó vivamente.

La subió al caballo y llegaron al portal de las rosas.

Ahí, la ayudó a bajar con cuidado. Anthony dijo a Archie y Stear.
- Chicos, ¿ya está listo el plan?
- Listo, Anthony- respondió Archie.- No puede fallar.

Candy preguntó.
- ¿De qué se trata?
- Tú no preguntes, Candy. Es más...no digas una sola palabra. Nosotros hablaremos por ti.

- ¿Y si dicen algo que no me guste?

Anthony le preguntó.

- Dime...¿no confías en mí, Candy?
La pecosa sonrió admitiendo que ellos hablaran.

Entraron a la casa y la tía abuela bordaba un hermoso mantel.

- ¿Qué quieren?- preguntó, dándose cuenta de que los muchachos insistían en llevar a Candy a la casa.

- Tía abuela- dijo Archie.- Queremos pedirte que traigas a Candy a la casa. Toda la sociedad y toda la familia Andley te lo premiaría. Ella necesita alguien que la eduque...realmente es una chica malcriada y terrible.

- ¡Archie!- comentó Candy.

Pero Stear la interrumpió.

- Sí, tía. Candy es violenta. No es una buena chica.
- ¡Oigan!- insistió la niña.
- No sirve ni como sirvienta.- dijo Anthony.

Candy estaba sumamente desconcertada. Archie siguió:

- Tía Elroy, la familia te respetará si la educas y la conviertes en una dama.

La señora estaba tratando de pensar con claridad, cuando Elisa llegó y dijo:

- No les creas, tía. Te están engañando. Es una burda mentira.

La tía se negó.

Candy dijo a los muchachos.

- No se preocupen. No tienen por qué estar tristes.

Stear señaló.

- No pudimos ayudarte ahora, Candy. Pero ya verás que algo se nos ocurrirá.

Anthony dijo a Candy.

- Ven conmigo...

La llevó hasta el jardín. Ahí se acercó y le ofreció una Dulce Candy.

- Es todo lo que puedo darte por ahora...

Candy respondió:

- No digas eso, Anthony. Tú has sido muy bueno conmigo. Eres un buen chico.

- No es suficiente. Elisa es más mala que el diablo.
No pude ayudarte. Yo no quiero que estés con ellos...no quiero que estés sola.

- No digas eso. Yo por lo menos tengo dónde vivir. Hay que preocuparse por quien realmente está solo en el mundo- dijo, pensando en Albert.

Anthony dijo:

- Candy...yo también estoy solo...este jardín lo plantó mi madre...

- Por eso, amas estas rosas.
- Sí- dijo Anthony.- Yo siempre la paso aquí por eso...

Candy sintió tristeza.

- Yo también las amo...tanto como Anthony.

Los ojos de Anthony se cristalizaron. Candy lo abrazó suavemente. El muchacho sintió un dulce escalofrío, al igual que ella. Anthony, entonces, le pidió.

- ¿Quieres cabalgar?

Candy asintió.

La dulce pecosa subió, ayudada por Anthony, a su caballo, para sentir el galope del animal, abrazada del muchacho.

El calor que el jovencito le daba era tierno y hermoso...Anthony le tomó la mano y recostó el cuerpo de Candy sobre el pecho del jovencito y suspiró hondamente.

- ¿Quieres galopar?- preguntó Anthony.

Y así, al galope, sintieron que su corazón se liberaba de la soledad y la tristeza.

- La soledad no nos vencerá- señaló Anthony.
- No...siempre adelante, deslumbrante Anthony...¿puedes oír latir mi corazón?
- Oigo latir tu corazón, Candy...sujétate fuerte...

- Me sujeto fuerte...siento tu pecho latir también, Anthony...- dijo ella.

Antony musitó:

- Me gustas, Candy...me gustas...

Y Candy despertó de su recuerdo. El dolor desapareció temporalmente, aunque sabía que la pérdida de Anthony siempre sería para ella irreparable.

Y entonces pensó en Archie y Stear.

- Estoy segura que hablar con ellos me hará mucho bien. Voy a avisarle a Albert que iré a Lakewood para verlos.

-

Nueva York

Terry se dirigió con cuidado a ver a la doctora Kelly. Debía recuperarse de los golpes que había sufrido en aquella pelea.

Se cubrió con bufanda y gorro. Llegó a buscar a la doctora Kelly. Ella lo recibió.

- ¿Quién es usted?- preguntó.

Terry se quitó la bufanda y el sombrero.

- Lo lamento, doctora. Es que ...no quiero que me reconozcan, soy actor, ¿sabe?
- Me imaginaba que se escondía por algo. Venga, lo revisaré.

Mientras lo revisaba decía:

- Me hace mucha falta una enfermera...

Terry pensó:

- Ya somos dos...

Luego dijo a la doctora:

- Yo conozco a quien sería la enfermera perfecta.

- ¿En serio?- preguntó la doctora.- No lo creo. Yo también conozco a una, pero ésta es totalmente fuera de serie. Precisamente, cuando usted llegó cubierto, me hizo recordar una ocasión cuando tuve que ocultar que soy mujer para ir a trabajar a una mina, en un lugar perdido, en las montañas.

- ¿De verdad?- preguntó Terry.- ¿Y por qué se ocultó?
- En ese sitio no podían entrar mujeres- dijo la doctora.- Y ahí, precisamente conocí a esa amiga mía, que es enfermera. Ella también sufrió pero hizo todo lo posible para ayudarme y ayudar a mi hermano.

Terry pensó:

- Candy habría hecho lo mismo.

Luego insistió:

- Y dígame...¿cuál es el nombre de esa enfermera?

- Se llama...-iba a decir el nombre cuando Arthur interrumpió.

- Hola, Kelly- dijo Arthur.- Lo lamento...creo que estás muy ocupada.

La doctora saludó a su hermano. Arthur miró a Terry y dijo:

- Yo le conozco...¿no es usted...Terry Grandchester?

Terry hizo un gesto de que guardara silencio.

- Sí, soy yo- dijo en voz baja.- Por favor, que nadie me reconozca.

- No se preocupe- comentó Arthur.- Será secreto profesional.
- Se lo agradezco.
- No tiene por qué- añadió Arthur- le vi en un afiche de Macbeth. Lástima que no pude asistir...pero un amigo mío me contó que es usted un excelente actor.
- Su amigo exagera- dijo Terry.- Aún así, le agradezco.

La doctora terminó.

- Listo, con esas vendoletas ya no le quedarán marcas.
- Gracias, doctora. Creo que su amiga la enfermera no le ha hecho mucha falta.

Terry sonrió.

- Ustedes son muy parecidos. Casi gemelos. Sólo que la doctora no puede ocultar su belleza.

- Gracias- dijo la doctora- pero no me impresiona su cumplido.

- Lo siento, sólo era una atención. No quise ofenderla. Soy un caballero inglés.

Arthur señaló.

- No se preocupe. Así es mi hermana. Ojalá pudiera verle en alguna obra.

Terry dijo:

- A mí también me gustaría verlos. Vaya a verme a ésta dirección, Arthur. Les daré boletos para Hamlet. Y no podrán dejar de ir.

Arthur sonrió y agradeció al igual que Kelly.

Cuando Terry se marchó, Kelly preguntó:

- ¿Qué querías decirme , Arthur?

- Hablarte de Candy, Kelly. La invité a Nueva York. Espero que venga. La invitaré al teatro. Sabes que me encanta Shakespeare.

- Lo sé, Arthur. Por cierto...no sé si deberías ilusionarte con Candy.

- ¿Por qué?
- No lo sé...debes conquistarla primero, pero ser prudente. Candy es muy especial, pero es muy sensible . Y me da la impresión de que ha sufrido mucho.

- No te preocupes, Kelly. Yo quiero sólo que ella sea feliz.

En tanto, en la compañía, Terry se preparaba para el estreno de Hamlet.

Mientras ensayaba, un muchacho le llevó un telegrama.

Terry lo leyó rápidamente.

- ¿Qué? Sólo ésto me faltaba...ahora sí enloqueciste, Richard Grandchester...