Muajaja, estoy cumpliendo los plazos, no me lo creo ni yo XD
En fin, aqui teneis la conti, espero que os gustee guapos, gracias por los reviews y por leer esto XD
Law no sabía qué decir de todo aquello. Aquella tarde, después de comer, unos golpes habían sonado en la puerta de la habitación alertándoles. Kidd había estado echándose una siesta en el sillón al lado del fuego, por lo que no se había dado cuenta de nada, pero tanto él como los niños habían detenido al instante lo que estaban haciendo y simplemente habían observado la puerta.
Al instante Law les había indicado que se escondiesen en la otra habitación, y cogiendo la espada se había dirigido a la puerta preocupado.
Y allí estaba su versión adulta mirándole con una cara impenetrable.
Law pensó que le chillaría, pensó que le empezaría a restregar su victoria y luego les sacaría de allí y les enviaría de una patada al submarino. Pero en su lugar solo había murmurado dos simples palabras
—Lo siento—
Law se había quedado mirándole en shock y sin entender. ¿Estaba enfermo?¿Era una broma?¿Otra de sus retorcidas artimañas? Pero el otro había fruncido el ceño y se había movido nervioso pasándose una mano por el pelo. No, lo decía en serio. Law volvió a cuestionarse lo de la enfermedad cerebral.
—Siento...lo de ayer y lo estos últimos días—repitió— sé que debería haber pensado más en vosotros dos, y sé que, desde lo de Kidd, he estado insoportable—
Law siguió mirándole con los ojos como platos.
—Pero no puedo seguir así. No puedo seguir discutiendo contigo por mucho que me moleste que estés con el idiota—explicó por fin levantando los ojos y mirando a Law serio—necesito protegeros, necesito que estemos juntos y sobrevivamos a esto. Y sé que Eustass Kidd quiere lo mismo y que no hará nada que te perjudique—
Law comenzó a comprender un poco mejor la situación y asintió despacio mientras bajaba la espada que había estado apretando desde que le había visto.
—Así que...—siguió el mayor tomando aire como si estuviese resignado alcanzando el final de su discurso—...me gustaría invitaros a ti y a los niños a dar una vuelta y a comer algo para hacer las paces o lo que sea—sentenció.
Law levantó una ceja sarcástico ya convencido de que aquello era una broma.
—¿A los niños?—preguntó.
—Si—
—¿A los dos?—
Y por fin Trafalgar entendió el escrutinio y la desconfianza. Kidd-kun.
—...Si— respondió al fin.
Pero Law no se lo creía. Cruzándose de brazos se situó protectoramente en medio de la puerta bloqueando la entrada.
—¿No será esto alguna clase de estratagema para secuestrar a Kidd-kun, utilizarlo contra Eustass y devolvernos a nosotros dos al barco no?—
Esta vez fue Trafalgar el que levantó la ceja sarcástico.
—Me ofende tu falta de fe en ti mismo—
Law siguió impertérrito esperando una respuesta. Trafalgar rodó los ojos.
—Si hubiese querido secuestraros ya lo habría hecho— respondió— ya sé donde os alojáis y podría haberos atacado si quería—
Y Law había asentido conforme viéndole la lógica. Luego había llamado a los niños, reunido algunas cosas y salido con el mayor tras dejarle a Kidd una breve nota explicándole por donde iban a ir.
Y allí estaban, en otro parque con un inmenso campo de arena donde los niños hacían castillos. Law suspiró aburrido, a este ritmo se iba a conocer todos los malditos parques del archipiélago antes de irse, pero no se le ocurría qué otra cosa hacer con los niños. Aun así Law-chan y Kidd-kun parecían estárselo pasando bien con los juguetes y los columpios.
Pero Law quería volver al hotel y quería volver a contemplar la cara dormida y relajada de Kidd. Aquella mañana ya se había tirado horas observándole antes de decidirse a levantarse y ir a buscar un desayuno, pero juraba que podía tirarse toda la vida así.
De repente Trafalgar se levantó de su asiento a su lado y Law se tenso involuntariamente.
—Tengo habré, voy a buscar algo de comer ¿Quieres algo?—dijo simplemente el mayor.
—No, pero podrías traerle algo de beber a los niños—
—Vale—
Law le observó alejarse y a continuación volvió a observar a los niños jugar. Les encantaba jugar con castillos, ya era la segunda vez que les veía hacer aquello, y esta vez parecían aún más coordinados. Kidd-kun estaba cavando un pozo con las manos mientras vigilaba a Law-chan que construía una torre con dificultad.
De repente la torre se cayó y cubrió a Law-chan de arena que soltó un chillido de sorpresa y horror. Law se fue a levantar al instante a ayudarle, pero Kidd -kun ya estaba a su lado limpiándole y intentando animarle con su sonrisa. Law-chan se secó las lágrimas al instante y le devolvió al pelirrojo una sonrisa brillante mientras tomaba la mano extendía que este le ofrecía. Al instante siguiente ambos estaban construyendo el foso entre risas.
Law sonrió observando la escena. Kidd-kun era tan adorable, se preocupaba tanto por él que simplemente viéndole sonreír hacía surgir algo cálido en su pecho y le hacía querer abrazarle hasta la estrangulación.
—Pero mira lo que he encontrado aquí en el medio de ninguna parte— dijo de repente una voz en su oreja—¿no es mi querido Law-chan el que escapo de mi lado?—
Law sintió su sangre helarse.
Solamente había una persona que le llamaba aun así y que aun seguía viva.
Girándose encaró a Donquixote Doflamingo.
Pero había algo que no cuadraba, era Doflamingo, pero era como si tuviese diez años menos, sus rasgos demasiado juveniles y su ropa ligeramente diferente.
Oh no. No le podía haber pasado lo mismo que a él. Porque aquello significaba que aquel sería el Doflamingo de antes de...
El rubio sonrió al ver el miedo en sus ojos y se posicionó enfrente suyo ocultándole la luz. Law sentado en el banco con los codos en las rodillas y el otro de pie arrogante delante suyo. A continuación Donquixote alzó una mano y le tomó de la barbilla alzándosela para que le mirase a la cara.
Como si pudiese dejar de hacerlo, pensó Law.
—Hola Law—susurro el rubio desde encima de su cabeza— veo que has crecido mucho. Te has convertido en alguien bastante...interesante—
Y para recalcar sus palabras apretó el pulgar contra su labio inferior obligándole a abrir la boca.
—Sí, definitivamente interesante—
.
.
.
Doffy realmente no se había escapado, solo era un paseo de reconocimiento para explorar el lugar. Por lo que, si Doflamingo le pillaba, no tendría ningún derecho a echarle la bronca.
O al menos esa pensaba que sería su defensa.
Porque en realidad reconocimiento no estaba haciendo. Solamente estaba paseando por las calles de Sabondy curioso de la gente y cosas que encontraba. Porque no había aguantado más siguiendo a Doflamingo como un perrito obediente y sin hacer.
Pero, aunque estaba dando una inocente vuelta por el lugar para distraerse, realmente se estaba aburriendo como nunca. Si, había visto cosas interesantes como el enorme parque de atracciones, las extrañas burbujas voladoras o los imbéciles de los Tenryubito y sus esclavos, pero realmente se estaba aburriendo.
Fue entonces, mientras rodeaba uno de aquellos enormes manglares, que diviso a otros dos niños jugando en un parque de arena y paró en seco de golpe.
Los dos niños debían ser más pequeños que él por varios años, uno tenía un brillante pelo rojo y el otro cubría su cabeza con un divertido gorro blanco.
Doflamingo se quedó mirando a este último ligeramente sorprendido.
El moreno no debía tener más de cinco o seis años, tenía la piel tostada y unos misteriosos ojos grises, pero lo que sorprendió al chico fue la enorme sonrisa en su cara. El niño sonreía felizmente mientras ayudaba al otro chico a construir un foso para el castillo de arena que hacían, y la sonrisa era tan brillante y pura que Doffy solamente se le quedo mirando atontado.
¿Cómo podía alguien sonreír así? ¿Con tanta felicidad y alegría? ¿Como si nunca le hubiese pasado nada malo? Pero al fijarse más el rubio pudo vislumbrar las ojeras bajo sus ojos, y algunas marcas en su cuerpo. No, el niño sí que había sufrido...¿Y aun así sonreía?
Doffy se acercó al par fascinado ligeramente por aquel chico.
—Hola—dijo cuando estuvo lo suficientemente cerca.
Y al instante los dos chicos levantaron los ojos de lo que estaban haciendo y le miraron a él curiosos. Entonces el pelirrojo se colocó delante del moreno en una estúpida pose defensiva mirándole con odio.
Doffy levanto una ceja sarcástico ante el gesto. En el fondo sabía que podría con el chico de pelo rojo fuego si se lo proponía. Pero no quería asustar al chico de ojos grises, así que, por ahora, se contuvo y en su lugar solo intento entablar conversación.
—¿Puedo jugar con vosotros?—preguntó inocentemente. Aunque en realidad no tenía ningún interés por ensuciarse y meterlas manos en aquel barro y arena asquerosos.
El pelirrojo le siguió mirando con la sospecha en sus ojos.
—¿Quién eres?—preguntó.
—Puedes llamarme Doffy— respondió rápidamente sin querer que le cuestionasen más.
Y al instante siguiente el niño moreno se levantó del suelo, se sacudió la arena de las rodillas y apartó al pelirrojo para dirigirse hasta él. Sus ojos brillantes del color del hierro forjado le miraron de pies a cabeza.
Y por primera vez en su vida Doffy se puso nervioso mientras aguantaba su escrutinio.
—¿Doffy?¿De verdad eres Doffy?—preguntó el chico con voz curiosa y mirada emocionada—Pero… ¿por que eres tan pequeño?—
Y a esto Doffy solo pudo abrir los ojos sorprendido.
¿Le conocía? ¿Tal vez conocía a alguna de sus versiones adultas y por eso reconocía el nombre? ¿Entonces le conocería en el futuro? Doffy sintió un cumulo de emociones en su pecho al pensar en ello. Alivio por una parte al saber que aquel niño formaría parte de su vida, y una extraña inquietud al saber que alguien tan puro como el niño estaría con alguien tan sucio como él.
El niño seguía mirándole con la emoción y felicidad en sus ojos.
Doffy sonrió tristemente mientras se pasaba una mano por el pelo sin ser capaz de mirar al niño a la cara.
—Soy pequeño porque soy un niño—respondió simplemente sin querer indagar en la cuestión.
Y el niño le volvió a dedicar una enorme sonrisa que iluminaba el mundo al reconocerle por fin.
—¡Doffy!—gritó mientras se abalanzaba a abrazarle fuertemente.
El rubio durante un momento no supo qué hacer. Nunca le habían abrazado. Al menos no de aquella forma. El niño parecía tan feliz y contento por el mero hecho de verle, no era cortesía o el estúpido deseo de engatusarle para el beneficio de otro. Era un abrazo de verdad.
Doffy quiso llorar.
Alzando también sus brazos abrazó al chico contra su pecho mientras hundía la cabeza en su peludo gorro.
Y allí la encontró. Una razón para vivir y afrontar la mierda por la que estaba pasando. Encontraría y esperaría a aquel chico, y una vez que le encontrase se aseguraría de que nadie nunca más le hiciese daño y le borrase aquella sonrisa de su cara. A partir de ahora lucharía, pero no por venganza y por sobrevivir como había hecho hasta ahora, sino por crear un lugar donde el chico pudiese vivir feliz.
—Ven Doffy, tú me ayudaras a construir la torre, luego empezaremos la batalla contra Kidd—siguió el niño sonriendo malignamente con sus planes y tirando de el otro totalmente ajeno a lo que pasaba por la mente del rubio.
Doffy se dejo guiar sin oponer resistencia. Y se arrodillo, metió las manos en el asqueroso barro. Y ayudo al chico a apilarlo en un montón y darle forma. Y mientras lo hacía no dejaba de mirar al chico y su brillante sonrisa.
Le esperaría, le buscaría y desde aquel momento el volver a verle sería la única razón de su existencia.
Y los tres chicos siguieron trabajando durante un rato. Dos de ellos trabajando en equipo, y el tercero mirando a Doffy con odio y murmurando algo entre dientes enfurruñado.
.
.
.
Los dos hombres se miraron a la cara fijamente. Law serio, observó al rubio de ojos violetas mientras maldecía internamente por haberse dejado a Kikoku en la habitación del hotel con Kidd. Donquixote por su parte solo sonreía mientras, cruzado de brazos e inclinado hacia él, le observaba.
—Así que tú también viajas en el tiempo—afirmó con el odio en su voz Law.
Donquixote solo amplió su sonrisa.
—Tan agudo como siempre Law-chan—dijo el rubio felizmente—sí, hay tres de nosotros en este mundo actualmente—
Law maldijo por lo bajo. Un Doflamingo ya era un dolor en el culo. Tres a la vez era su peor pesadilla. Sin embargo, antes de empezar a sonsacar información , había un tema que tenía que aclarar.
—No me llames Law-chan—siseó.
Por que odiaba aquel mote, le recordaba lo joven que era en comparación con el rubio, le recordaba su inexperiencia, sus años bajo la tutela del otro. Le recordaba que todavía seguía siendo inferior a los ojos del otro.
—Fufufu, tan rebelde como siempre—siguió el rubio divertido.
Pero de repente todo dio un giro, y el rubio volvió a acercarse a él y a tomarle del mentón con brusquedad y sin pizca de diversión ni respeto. Y Law se contempló incapaz de soltarse.
—He oído que dejaste la familia y te has ido de mi lado—dijo el rubio mortalmente serio mirándole directamente a los ojos—¿Por qué?—preguntó bajo.
Y Law entonces pudo ver el enfado y la furia a través de los cristales morados de sus gafas. Y como siempre el miedo y temor se esparcieron por sus venas como hielo líquido. Nunca era bueno cabrear a Doflamingo, nunca acababa bien.
Sin embargo Law no dejo ver el temor que le afectaba de ninguna forma. Ahora era fuerte, ahora había mejorado y aquella versión de Donquixote Doflamingo no iba a poder con él, aquella vez demostraría quién era el mejor.
Moviendo la cabeza para soltarse del agarre del otro con brusquedad y desprecio, le miró fijamente a los ojos desafiante.
—Me fui porque te odio, porque no aguantaba ver tu asquerosa cara ni un segundo más—respondió.
Una bofetada cruzó su cara al segundo siguiente.
—Veo que tu pequeña aventura te ha hecho olvidar todos tus modales y respeto, y te ha vuelto un salvaje—dijo el rubio mirándole con la barbilla alzada arrogantemente—...pero no importa. Va a ser divertido volver a educarte—finalizo con una sonrisa.
Law le miró con odio.
—No puedes conmigo—siguió defendiéndose— en esta época soy más fuerte que tu—le aseguró con la confianza en su voz.
—Lo dudo—respondió Donquixote haciendo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto— puedes que sea más joven, pero aun en este estado no me supones ningún desafío, sigues siendo demasiado ingenuo—
Law se alzó en toda su altura y apretó los puños furioso. Pero no podía dejarse llevar por la rabia, nunca con Donquixote. Nunca debías dejar ver ninguna debilidad o la aprovecharía hasta acabar contigo.
—¿Quieres que te lo demuestre?—amenazó Law con la muerte en sus ojos.
Pero Donquixote solo rió divertido ante su intento de provocarle.
—¿Para qué? No pensaba pelear contigo en un primer momento—explicó el rubio encogiéndose de hombros—...después de todo hay formas mucho más fáciles de hacerte cooperar—
Law abrió los ojos sorprendido entrando en alerta. ¿Otras formas?¿Que estaba planeando? La adrenalina corría por sus venas mientras intentaba encontrar una explicación y adelantarse a los planes del otro.
Donquixote amplió su sonrisa al ver su cara de alerta y confusión.
—¿Quieres que te dé una pista?—preguntó divertido.
Law tenso su cuerpo mientras el rubio levantaba una mano. Se esperaba cualquier cosa, un golpe, las cuerdas del otro estrangulando su cuerpo...pero en cambio solo se escucho un ligero jadeo de sorpresa.
Asustado Law se giró a donde los niños jugaban.
Kidd estaba en la arena jugando con otros dos niños, uno de los cuales se parecía al rubio que tenía delante. A Law se le heló la sangre, pero no porque un Doflamingo de diez años estuviese jugando con su versión en miniatura y la de Kidd, sino por la cara confusa de Kidd mientras miraba su mano alzada en el aire por encima de su cabeza de la que chorreaba un fino hilo rojo.
El chico entonces bajo la mano lentamente y se miró el corte, luego se lo chupó para parar la sangre y con cara de resignación volvió a tomar la pala que había salido volando. Al rato seguía construyendo el castillo como si nada hubiese pasado.
Pero a Law se le paró el corazón.
Law sabía que el golpe y la herida la había hecho uno de los hilos de Donquixote. Lo sabía por la sonrisa triunfal que apareció en la cara del rubio al ver el espanto en su cara. Así que así iba a ser. O hacia lo que quería o mataría a Kidd y a saber quien más, allí mismo sin que pudiese hacer nada.
Law tomó aire lentamente mientras su mente entraba en pánico como hacía cada vez que se topaba con el rubio. Si Kidd-kun moría allí él nunca vería a Kidd. Y aquello le horrorizaba aun más de lo que lo hacía el rendirse ante Donquixote.
No dejaría que Kidd-kun muriese. Y aun menos por su culpa.
—¿Que quieres que haga?—dijo al fin mientras bajaba la cabeza derrotado.
Donquixote río satisfecho y acercándose aun mas le revolvió el pelo y le dio un fugaz beso en los labios.
—Fufufu, siempre has sido tan ingenuo y predecible Law-chan—empezó el rubio pasándole un brazo por los hombros y levantándole la barbilla de nuevo con una mano. Al parecer tenía una obsesión con aquello— quiero algo muy simple Law—
Si, Law lo sabía, desde el principio había sabido lo que Donquixote quería de él.
—¿El qué?—pregunto de todas formas.
—Quiero que vuelvas a mi lado Law—susurró con voz baja y mortalmente serio— quiero que vuelvas a ser mío—
Sus ojos le miraban fijamente, como retándole a decirle que no. Law cerró los ojos asintió levemente con la cabeza derrotado.
—Buen chico—susurró Donquixote mientras apretaba sus labios sobre los suyos como para cerrar el pacto y comprobar que de verdad se había rendido.
El beso como siempre fue posesivo y dominante. Pero esta vez era un poco más agresivo que los de costumbre, como si aún siguiese enfadado por su impertinencia. Sus dientes apretaron vilmente sus labios hasta que tuvo que soltar un quejido desesperado y abrir la boca como el otro quería.
Donquixote volvió a explorar su boca con ganas, como si nunca pudiera cansarse de él. El rubio era más bajo que su "yo" de aquella época, lo que le permitía un mejor acceso y dominio. Sin embargo siguió mordisqueando le y provocándole para que respondiese y enfadándose poco a poco ante su falta de motivación.
La mano del rubio volvió a apuntar a los niños como de casualidad.
Law cerró los ojos y pensó en Kidd. En el intento de beso que casi se habían dado, en su amabilidad y en su preocupación por cada cosa que Law hacía. Law pensó en su futuro yo y en la mirada oscura que tenía, pensó en el odio que le profesaba a Kidd y en lo dolido que el pelirrojo parecía cada vez que se veían.
Y pensó en el niño que jugaba inocentemente vigilando que Law-chan no se hiciera daño con la arena, y que, hacía un momento, le había secado las lágrimas con cuidado mientras el moreno lloraba por su torre caída.
No merecía morir. Pasase lo que pasase. Nunca.
Cerrando los ojos y aguantando las lágrimas que le picaban los ojos movió sus labios contra los del otro y le respondió al posesivo beso.
No se por que pero adoro a Trafalgar, tiene un orgullo tan grande que le va a hacer explotar un dia, y es tan sarcastico XD
Pero en fin, ¿Que va a pasar?¿Que le hara Doffy a Law?...Creo que eso esta muy claro. Pero bueno en este cap queria centrarme en Doffy y en como y cuando comenzaba su obsesion por Law. A quedao un poco rosa, pero no se me ocurria otra forma de escribirlo.
En fin, espero que os haya gustado, dejen review malandrines que se que leeis esto XD
