Hola Todos ¿Cómo están? Espero que bien. Continuando con los capítulos de este fic, que participa en el reto especial semana OTP.
Este drabble tiene la temática de Paternidad.
Espero haberlo interpretado de manera correcta, no exactamente con el niño presente sino esperandolo. Espero que les guste. Si tienen comentarios, críticas, sugerencias, etc. se los agradecería mucho.
Hetalia no me pertenece.
Disfruten su lectura.
Alfred miraba extrañado el paquete que tenía Lien en sus manos. No era su cumpleaños, no era San Valentín, tampoco era su aniversario. Sabía que hace algunas semanas había pedido por internet una nueva cámara profesional para su trabajo y le había llegado hoy, pero dentro de ese paquete había otro paquete muy chiquito.
‒ No recuerdo haber pedido otra cosa‒ dijo él observando el paquete que tenía su nombre y dirección.
‒ Bueno, tal vez sea algún regalo de la página de internet, eres un cliente frecuente‒ dijo Lien sonriendo divertida.
Alfred no entendía el extraño humor de su esposa ‒ ¿sabes lo que es? ‒ preguntó curioso
‒ Tal vez‒ dijo ella absorbiendo su jugo de limón ‒ pero ni pienses que te diré algo al respecto‒
‒ eres tan mala conmigo‒ respondió haciendo un puchero como un niño pequeño.
Alfred había desempacado con cuidado su cámara nueva, la colocó en la mesa de café de la sala de estar, y empezó a abrir el nuevo y pequeño paquete. Se encontró con una pequeña cámara digital de color verde. Era de la misma marca de su cámara nueva. No entendía. Hasta que la puso junto a la más grande, y se le vino una extraña imagen.
La imagen de él con un pequeño a su lado, idéntico a él mismo. Una especie de Mini Alfred jugando con la cámara imitando a su papá.
‒ Lien, cariño... ¿estás embarazada? ‒
Lien tomó un sorbo de su jugo de limón, dejó el vaso con toda la tranquilidad del mundo a un lado de las dos cámaras, y regresando a ver a su esposo con la cara de ansiedad y emoción que mostraba solo respondió.
‒ sí‒
‒ ¡OH POR DIOS! ‒
Alfred gritó y se abalanzó hacia ella. La abrazó, la alzó en brazos, le dio muchas vueltas y la besó por todos lados. Luego la deposito con delicadeza en el sillón de nuevo. Con lágrimas en los ojos no podía dejar de agradecerle este milagro. Después de unas horas de estar así. Alfred se separó de su esposa para preguntar.
‒ ¿Yao sabe que va a ser tío? ‒
‒ Aún no, pero si quieres hablarle... ‒
‒ Eh no, díselo tú y yo digo al resto‒
Lien tomó el teléfono y marcó a su hermano. Sabía que estaba en casa y que tenía la tarde libre. Él contestó muy extrañado.
‒ Hola Lien, ¿qué sorpresa que me llamaras? ‒
‒ Hola Yao, quería contarte que al parecer tendrás a alguien más a quien cocinar‒
‒ No entiendo Lien... ‒
‒ vas a ser tío‒
‒... ¿tío? ... ‒ Yao tardó unos segundos en comprender lo que su hermana decía.
Lien se apartó del teléfono para que el grito de Yao no la dejara sorda. Él estaba tan feliz que prometió que la ayudaría con su alimentación. Aunque a eso le causara problemas a su cuñado.
Mientras Lien le comunicaba a Yao la noticia, Alfred lo hacía con su hermano Mathew.
‒ Hey, Al. ¿Qué tal todo con Lien? ‒ preguntó Matt al oír la voz de su hermano por la otra línea.
‒ Todo aquí de maravilla, más aún cuando nos llega un paquete de París‒
‒ te he dicho que comprar internacionalmente es complicado... ‒
‒ No Matt, el paquete llega en 9 meses‒
‒ ¿tanto? ‒ dijo Matt sin entender ‒ tal vez debas quejarte ¿quién espera 9 meses para...? ‒Matt calló de inmediato y Alfred solo esperó ‒ ¿Dices que viene de París, y tarda 9 meses? Al, Lien esta... ‒
‒ Matt, esa cosa te llamará tío...‒
‒ DIOS MIO SANTO‒ gritó Mathew. Era la primera vez que Alfred lo oía gritar. Estaba tan feliz.
Las siguientes semanas fueron una angustiosa espera. Primero Alfred se enfrentó a los antojos extraños de Lien. Yao, en contra de su voluntad se aseguró de llenar la alacena de su cuñado con todo lo necesario, dejó incluso uno que otro recetario por si las moscas; Alfred le estaba realmente agradecido aun cuando jamás se lo diría. Luego el segundo reto fue el tremendo cambio hormonal que sufría su esposa seguida. Mathew supo ayudarlo indicándole que simplemente asienta y diga sí. Eso le fue complicado. Mucho.
Pero en cuanto la pancita de Lien empezó a crecer, Alfred disfrutaba de escuchar los movimientos de su niño o niña, y solía hablarle con tanta dulzura que el bebé pateaba o se movía solo por escuchar a su papá hablar. Cuando Lien cumplió los 7 meses, Alfred armó el cuarto del bebé.
Cuando llegó el momento, Alfred estaba más nervioso que Lien. Pero valió la pena. En cuanto el doctor puso en sus brazos, al pequeño niño de cabello castaño y lindos ojos azul grisáceos. Que no paraba de llorar. Alfred derramó muchas lágrimas. Esa pequeña cosita era suya y de Lien, lo habían hecho tan perfecto que no se podía mover por miedo a que algo le pasara.
‒ Se llamara Daniel‒ dijo Lien cuando Yao preguntó.
‒ Daniel F. Jones‒ dijo Alfred aseverando lo que su esposa había dicho.
‒Es un lindo nombre‒ dijo de improvisto Mathew soltando en el regazó de su cuñada un pequeño oso pardo de peluche, después de hacer que su sobrino lo viera.
El primer día en casa mantuvo a Alfred en vela, yendo de aquí para allá, con miedo de que el bebé no respirara, o le pasará algo. El monitor no mostraba ningún disturbio y eso le angustiaba. Sin poder soportarlo, al siguiente día Alfred desarmó la cuna y la colocó cerca a la cama.
‒ Alfred... ‒ dijo Lien
‒ No me quiero perder ni un solo momento de su vida‒
Y Lien no pudo objetar nada a eso.
