Los siguientes días Eragon y Brom establecieron una rutina. A la mañana Brom le enseñaba al chico a escribir y antes de la cena luchaban. Saeth se dio cuanta que aún que no tenían un horario marcado, siempre lo hacían a la misma hora, y lo aprovechó para escaparse de la casa. No era que no le permitieran salir, pero Saeth estaba acostumbrada a su independencia y libertad, disfrutaba de la compañía de sus amigos, pero también necesitaba tener su espacio.

Sonrió ante la reprimenda que le esperaría y salió a la calle. El cielo comenzaba a oscurecerse, no era la mejor hora para salir, pero si no la encontraban en la casa, pensarían que se había ido a dormir temprano.

¿Te parece correcto escaparte a estas horas?

Saeth miró a todos lados, pero no vio a nadie. Se dio cuenta de que la voz había resonado en su mente, pero no era Saphira, conocía el toque cálido y vigoroso de su voz, como fuego. Aquella voz le era desconocida.

¿Quién eres?

Al menos eres más inteligente que el otro jinete.

¿Se refería a Eragon? De seguro que si.

No soy un jinete

Claro, la marca en tu mano te la hiciste con pintura

Un gato enorme saltó desde el techo y clavó en ella sus rojos ojos.

Un hombre gato

Bien, definitivamente eres más lista que el otro jinete.

El hombre gato entró el la herboristería contigua a la casa de Jeod y la chica lo siguió con curiosidad.

En el interior estaba una mujer baja con cabello rizado, detrás del mostrador, escribiendo un largo pergamino. Ella levantó la vista al verla entrar.

-Valla, esto es una sorpresa, dos en tan poco tiempo. Solembum no suele hablar con la gente –señaló al hombre gato –has de ser una muchachita muy especial.

Saeth sonrió y se acercó al mostrador.

-Soy Angela –se presentó la mujer.

Ella dudó, si el hombre gato estaba con la mujer significaba que era de fiar, no por que los hombres gato fueran seres puros y bondadosos, sino por que de otra manera la consideraría indigna de su presencia.

-Saeth –resolvió darle su verdadera identidad.

-Muy bien Saeth, puesto que has hablado con Solembum tengo un ofrecimiento para ti. Si así lo quieres puedo leerte la suerte.

Sacó una bolsa de abajo del mostrador y la extendió una gruesa tela sobre este, luego sobre ella arrojó unos huesos que Saeth reconoció como huesos de dragón.

Tragó saliva, allí estaban los huesos pertenecientes a un dragón, sintió un escalofrío al imaginarse de qué forma habrían terminado adivinando la suerte. Por otra parte la idea le seducía, no creía que le pudiera decir algo muy relevante, pero era una persona curiosa y aquello le llamaba demasiado la atención. Asintió lentamente.

-Si, léeme la suerte –dijo con seriedad.

-Muy bien –Angela sonrió –Tienes que sentirte alagada, sólo a tres personas más se los he ofrecido, las tres únicas personas que hablaron con Solembum. El primero fue un pordiosero ciego, él no aceptó mi ofrecimiento, después una mujer con un futuro muy triste, y por último un jovencito con una suerte única.

Eragon, Saeth sonrió, definitivamente su futuro debía de ser único, después de todo era el primer jinete de la nueva generación.

Angela tomó los huesos con una mano y los agitó emitiendo un murmullo que Saeth no alcanzó a entender, luego los arrojó sobre la tela diciendo con voz potente:

-¡Manin! ¡Wyrda! ¡Hugin!

Luego se inclinó sobre los huesos y tardó un momento revisándolos.

-Muy bien… empezaré por aquí –señaló el último hueso de la derecha con una lágrima grabada y chasqueó la lengua con tristeza –Está lágrima representa el dolor espiritual, está junto a este otro –señaló un hueso con una línea horizontal y un círculo encima –sólo una vez salió este símbolo, quiere decir que tendrás una larga vida, pero la cercanía con la lágrima significa que tu larga vida estará sembrada de tristeza, aún que cabe una posibilidad de que sea hasta cierto punto.

"¿Cuánto más puedo sufrir?" Se preguntó Saeth sintiendo un pequeño nudo en la garganta.

-Tal vez esa tristeza tenga que ver con este –señaló el que le seguía –la calavera inminentemente se trata de una muerte que se avecina –se puso los dedos en las sienes con concentración.

Una nueva muerte, no era posible, su mente se centró en sus tres amigos, los únicos que le importaría perder, y sintió la conocida sensación de que le estrujaban el corazón.

-Este árbol representa a la familia. Tu familia reaparecerá en tu vida y conocerás una parte de ella que desconocías. Pero estarás demasiado angustiada en ese momento –repentinamente Angela sonrió –Este es mi favorito –señaló uno con una rosa –El amor, amor muy poderoso que regirá un futuro cercano, será el centro de tus pensamientos. Sin embargo este otro quiere decir que deberás tomar una difícil decisión, no se si será acerca del amor o se trata de otra cosa, lo importante es que del resultado de tu elección dependerá el último… no lo comprendo muy bien, es difuso… ¿Un reencuentro? ¿O una segunda oportunidad?… no lo comprendo –miró el hueso con frustración –es imposible descifrarlo, nunca me había sucedido. Es como si algo me impidiera entenderlo, pero es algo que ocurrirá cuando tomes tu decisión.

Saeth guardo silencio, se había arrepentido de pedir que le leyeran la suerte.

-Lamento que tu destino sea tan triste –dijo Angela comprensiva.

-Descuide… estoy acostumbrada –sonrió pero una lágrima rodó por su mejilla.

-Toma querida –le ofreció un odre –te hará sentir mejor.

Saeth bebió.

-No te preocupes, dije que habría tristeza en tu vida, no que no fuera a haber alegría –la consoló –y tu tristeza no durará para siempre, cabe la posibilidad de que seas recompensada.

-Supongo que tienes razón –miró hacia afuera y cayó en la cuenta de que había estado mucho tiempo fuera de la casa, si ya no habían notado su ausencia no tardarían en hacerlo –Debo irme, notarán que me escapé.

Angla sonrió.

-Muy bien, pero no dejes que el futuro te impida disfrutar el presente.

Saeth se marchó y luego entró en la casa sigilosamente, Brom y Eragon acababan de terminar su práctica y nade había notado que no estaba.

Unos días más tarde lograron entrar en el castillo par revisar los documentos, y casi los habían pesado de no haber sido por la oportuna advertencia de Solembum. Sin embargo todos los esfuerzos valieron la pena, puesto que consiguieron lo que querían, el escondite de los Ra'zac. Luego de eliminar ciertas ciudades a las que habían sido enviados cargamentos con aceite de sithr, los razonamientos de los cuatro en conjunto les llevaron al único punto en el mapa de Algaësía frente a ellos, en el que se podrían esconder los ra'zac: Dras-Leona.