Estos personajes no son míos si no de la grandiosa Rumiko Takahashi y la historia es una adaptación de Sarah Holland espero que les guste, se despide su humilde servidora.
Bueno aquí les va, disculpen por la falta de ortografía pero como informe anteriormente mi sistema de ortografía no es muy bueno sin más que agregar a leer…
Recuerden dejen review es la mejor paga para esta escritora sin fines de lucro jajjaja gracias de nuevo y nos vemos en las estrellas …
Capitulo 5
Relaciones peligrosas
Al día siguiente, Kagome se despertó sintiendo que su vida había cambiado de manera profunda, ya no se sentía la misma. La habitación le parecía diferente, sentía su piel renovada, hasta los sonidos para ella eran diferentes.
Recordó la conversación que había tenido con Sesshomaru la noche anterior en la cama, y su cuerpo vibro de pasión y deseo. El pareció comprenderla muy bien. El recuerdo del cuerpo masculino junto a ella basto para que sintiera que se acaloraba y que volvía a sentir sus caricias y la dureza viril junto a los muslos. Pero de pronto recordó lo que le había dicho:Sigo haciendo todo lo posible para asegurarme de que algún día te amaré como es debido El cariño y el deseo de ella desaparecieron al instante. No pudo habérselo dicho con más claridad. Él había hurgado en su doloroso pasado sólo por un motivo: el sexo.
Kagome se levantó, decidida a no permitir que él lograra hacer lo que quisiera con ella. Se ducho, se vistió y se dirigió al salón en busca de su amiga.
Buenos días – dijo Kagome al verla en la terraza.
Hola… - dijo Rin – disculpa por lo de anoche…
No te disculpes – dijo Kagome con el rostro encendido por la pena-. No fue culpa tuya y, además, solo me preocupa que te hayas molestado por lo que viste. se sentó en una silla frente a su amiga y la observo con recelo-. Debió ser terrible para ti verme en…
Ay, no, Kagome – Rin sonrió -¡Estoy encantada de que tú y Sesshomaru os entendáis!
¿De veras? – se extraño Kagome al escucharla
Si, sabía que le interesarías. Eres un coctel letal de todo lo que más admira en una mujer.
Ha… - Kagome dejo caer la cucharita del té-. Ay, lo lamento – se disculpo.
¿Sucede algo malo? –Rin vio que se agachaba para recogerla y que al enderezarse de prisa y nerviosa se golpeaba la cabeza con la mesa.
No, nada – respiro hondo -. Yo… por cierto, ¿Dónde esta él?
En el trabajo, por supuesto. Y eso me recuerda que me ha pedido que te diga que el almuerzo está confirmado.
¿De veras? – A Kagome se le aceleró el corazón. ¿Qué almuerzo? pensó
Si, ha dicho que tienes que llegar a la una y que le digas tu nombre al recepcionista. Enviaran a alguien para que te lleve a su lado.
Kagome se sintió como si fuera un sacrificio y se enfado. ¿Qué le hacía pensar a Sesshomaru que ella se presentaría para almorzar con él? Ni siquiera le había preguntado si ella quería hacerlo ni si tenía otro compromiso.
No creo que valla – mascullo ella.
¿Qué…? – pregunto Rin intrigada -. No lo dices en serio. A él no le agradara, Kagome pocas veces cita a alguien para almorzar, odia que lo interrumpan y mucho más si hacen que pierda el tiempo en el trabajo. Además… creía que todo marchaba bien entre vosotros.
Bromeaba – se obligo a sonreír -. Vio la cara de temor que había puesto Rin al decirle todo eso-. ¿Has dicho a la una? Me encontrare con él. Mientras tanto, ¿Qué haremos por la mañana?
Kagome escucho a medias mientras observaba a su amiga. ¿Qué tenía Sesshomaru planeado para ella durante el almuerzo? Seguramente no trataría de seducirla en la oficina.
Más tarde, Rin y ella dieron un largo paseo por el muelle, dejando atrás los brillantes yates con el trasfondo de la roca de Mónaco más lejano.
Luego subieron por un empinado sendero hasta el Museo Oceanográfico. Llegaron jadeando.
El museo era impresionante e interesante con los esqueletos de peces de aspecto extraño, algunos de ellos atemorizantes por su gran tamaño. Vieron una exhibición del equipo de buceo de jaques costea que incluía a su submarino. Terminaron la visita en el sótano, donde el gigantesco acuario estaba iluminado en tonos de azul y verde, parecidos a las partes más profundas del mar y donde nadaban peces raros y maravillosos.
Caminaron de regreso a Montecarlo y se dirigieron al Hotel Shikon, que se encontraba en la primera sección de la avenida.
-¡Ya hemos llegado! – Anuncio Rin en el rellano inferior de los escalones blancos que conducían al prestigioso hotel, con sus puertas de cristal y adornos dorados y portero vestido de librea-. Es el segundo hogar de Sesshomaru esta es la parte del Hotel donde están las oficinas administrativas donde fuiste ayer era el área de los restaurantes. ¡El negocio de la familia es muy grande, el hotel Shikon tiene muchas instalaciones alrededor de la isla! – se rio y se volvió-. Hasta luego. Y la dejo junto a las anchas escaleras, dudo un rato si entrar o no, pero ella no se caracterizaba por ser cobarde así que respiro profundo y entro. Por un minuto paso por su mente que haría Sesshomaru si ella faltaba o llegaba tarde a la cita, bueno no podría ser peor que tratar de llevársela a la cama y sonrió pero al entrar al vestíbulo todo pensamiento se fue de su mente y se encontró con columnas de mármol, techos altos y arañas de luces brillantes. De una pared colgaba el gran retrato del padre de Rin y Sesshomaru y otro de su madre. La brisa exterior hacia ondear la bandera monegasca roja y blanca.
Kagome se sorprendió al ver de dónde había sacado la expresión fría y seria Sesshomaru tendría que habérselo imaginado de su padre era igual a él en cambio Rin se parecía más a su madre amable y dulce solo con mirarla podía notarse la calidez en sus ojos en cambio en los del señor Taisho eran fríos e inexpresivos se pregunto como una mujer así como ella podía haberse enamorado de un hombre así como el señor Taisho, decidió no seguir pensando en eso y llego hasta donde estaba un hombre el cual la miro de manera coqueta.
-Kagome Higurashi – anuncio al llegar al escritorio del recepcionista-. Tengo cita con Monsieur Sesshomaru Taisho.
El hombre se le borro la sonrisa del rostro y abrió mucho los ojos.
-Haga el favor de tomar asiento, madeimoselle Higurashi -. Dijo de forma seria - Inmediatamente avisare a Monsieur Taisho.
Ella se acerco a un bello sillón antiguo y se sentó para observar a los huéspedes ricos y bronceados del hotel que se encontraban en el vestíbulo. Recordó el artículo que había leído sobre Sesshomaru, donde hablaban de su habilidad en los negocios, su ambición y el empuje que tuvo para convertirse del heredero de un hotel fabuloso en Mónaco a uno de los hoteleros más importante del mundo, en solo diez años. ¿Cómo era posible que un hombre tan tenaz y admirable en los negocios fuera un cerdo con las mujeres? Era un vulgar seductor que no pensaba en nada más que el sexo cuando se trataba de mujeres. La noche anterior se lo había demostrado con mucha claridad.
¿Madeimoselle Higurashi? – le pregunto un hombre alto de traje oscuro -. ¿Hace el favor de seguirme? Monsieur Taisho la espera.
La condujo a través del suelo de mármol alfombrado al ascensor del presidente del hotel y por un piso lujosas oficinas hasta que llegaron al salón de conferencias.
Tome asiento, por favor, madeimoselle Higurashi – dijo su acompañante al tiempo que abría la puertas -. Monsieur Taisho no tardará en venir.
Ella entró al salón con paredes de madera y oyó que la puerta se cerraba. Una mesa gigantesca de caoba dominaba el salón. Dos de las paredes eran ventanas con vista a Montecarlo de un lado y al mar del otro.
Era la una en punto. Kagome se sentó a la cabecera de la mesa y su corazón perdió el ritmo mientras esperaba para verlo de nuevo.
De pronto, la puerta de la derecha se abrió y Sesshomaru entró.
¿Ca va, chérie? – pregunto con tranquilidad, formidable con un traje gris claro-. Estas preciosa con ese vestido. ¿No te alegra verme? Dame un beso…
Bajo la cabeza y el pulso femenino se desboco cuando le dio un beso en los labios.
¿Por qué me has invitado a venir aquí? – pregunto Kagome cuando él se enderezo-. ¿Sin previo aviso?
Tome la decisión de la noche a la mañana- respondió al sentarse en el borde de la mesa frente a ella con una pierna doblada -. Después de nuestra conversación de anoche en la cama…
El rostro de Kagome se encendió por el enfado; sabia que exactamente así lo había recordando ella esa mañana y le molesto.
Hazme el favor de no decirlo así, como si fuéramos amantes.
¿No lo somos, chérie? – murmuro sonriendo con malicia-. Estoy seguro de que recuerdo que anoche me arrancaste la camisa…
Mira… la verdad es que casi no nos conocemos y no tenías derecho a obligarme a venir aquí hoy -. Dijo de forma altanera.
Pero estas aquí – sus ojos brillaron -¡Además, estas sentada en mi sillón! -. Dijo de manera divertida.
Desde luego, ocupare otro – curvo las manos con furia sobre los brazos del sillón en la cabecera de la mesa -. Y se proponía a levantarse cuando él la tomo por el brazo.
No, quédate ahí – sonrió burlón-. Me gusta estar encima de ti. Por ciento, ¿ya has almorzado? A mí la comida me parece un poco mundana, pero puedo pedir que te suban algo. El chef es excelente. Lo saque de un Hotel de París, con lo que agregué unos puntos a mi infame reputación – se rio.
No tengo hambre – le respondió de forma prepotente.
Entonces, ¿una bebida?
No, gracias, dime de una buena vez para que me hiciste venir aquí -. Le replico de manera cortante y mirándolo con odio en sus verdes ojos.
Hoy estás de muy mal humor – sonrió tranquilo-. Estoy impaciente por ver con cuánta fuerza me darás una bofetada cuando veas los regalos que he comprado para ti.
¿Regalos…? – repitió ella despacio y se le quedo viendo con sorpresa.
Si – a Sesshomaru le brillaron los ojos y sonrió – pediré que los traigan, ¿de acuerdo? – extendió el brazo hacia el teléfono.
¡No te molestes! – la chica hecho chispas por los ojos -. ¡No quiero regalos de un hombre como tú! ¡No podrás comprar el camino hacia mi cama!
Hazme el favor de no insultarme – dijo él con severidad-. ¿Acaso parezco el tipo de hombre que necesita comprarse el camino hacia la cama de las mujeres bellas? ¿Qué te pasa? – le dijo de manera ofendido y en su voz se noto la furia. Kagome se estremeció y bajo la cabeza.
No he querido decir eso. Pero sabes que no te deseo y parece que estas decidido a poseerme. ¿Qué se supone que tengo que pensar cuando has dicho que me has comprado unos regalos? -. Y volvió a mirarlo.
Tienes razón – entrecerró los parpados -. Estoy decidido a poseerte, pero debo tomar en cuenta todo lo que dijiste anoche. Te causaron mucho daño. Destrozaron la confianza en tu sexualidad. Tu seguridad en ti misma como mujer es casi inexistente.
¡Por favor, deja de decir eso! – grito, sintiéndose humillada -. ¿No te das cuenta de que eso hace que me sienta peor?
Ah – sonrió -. Ahí es donde mis regalos son efectivos – volvió a extender una mano, levantó el teléfono y marcó un número-. Taisho…si, tráiganmelos.
Kagome pensó que sus cambios de humor la volverían loca primero se comportaba tierno, luego seductor y coqueto, de repente estaba furioso y finalmente estaba siendo sarcástico, ah claro sin olvidar cuando se comportaba como un estúpido tarado sin sentimientos y de manera fría y calculadora.
Sean lo que sean, no los aceptare – lo observó a través de las pestañas.
Entonces tendré que pedir que los lleven al apartamento. Chérie.
Llamaron a la puerta y la abrieron después de que él ordenó que entraran. Aparecieron dos hombres y cada uno de ellos llevaban una gran caja cuadrada que dejaron sobre la mesa, al lado de Sesshomaru y frente a Kagome antes de salir en silencio.
Toma – Sesshomaru le acercó una de las cajas -. Ábrela y sonrió.
La caja era grande y pesada. Kagome le quito el envoltorio con curiosidad y vio que contenía un estuche chanel. Abrió la cerradura dorada y reveló un surtido de productos, todo Chanel Núm. 5.
Ah… - se quedó mirando las botellas de aceite para el baño y aceite para el cuerpo, y dijo con la boca apretada-: ¿Para qué se supone que es todo esto, Monsieur?
Para aromatizar tu piel – murmuró observándola -. Báñate con el aceite de baño Chanel y después, quizá te animes a espolvorearte el bello trasero… No lo sé, chérie, juega con eso a tu antojo-. Le dijo de manera divertida.
Monsieur, no creo que esto sea un regalo apropiado – declaró mirándolo.
¿No? Lástima. Insisto en que lo aceptes. Y ahora…- le quito el estuche del regazo, lo puso es la mesa y levantó la otra caja para dársela-. Éste es tu segundo regalo.
Era grande y ligero. Kagome rasgó el papel que lo envolvía y vio una caja con el logotipo dorado de uno de los fabricantes más exclusivos de ropa interior.
¡Dios mío! – exclamó fuera de sí -. ¿Ropa interior? ¿Cómo te atreves a comprarme ropa interior?
No te enfades – sonrió él -. Toma… - tiró de la tapa de la caja-. Ábrela. ¿No quieres ver cómo es? Anda… ábrela y mira, chérie, lo que he elegido para ti.
¡Esfúmate! – masculló al empujar la caja hacia él -. Nunca en mi vida me habían insultado tanto – se puso de pie -. ¿Cómo te atreves, cómo?
¡Siéntate! – él también se puso de pie y le agarró una muñeca.
¡No, no puedes comprarme este tipo de cosas, casi no te conozco! Apenas te conocí…
¡Y ya me has revelado más de lo que le has contado a otro hombre en toda tu vida! Anoche me revelaste tus secretos más íntimos. ¿Puedes decir, con toda franqueza, que no me conoces?
Kagome no pudo contestar.
Ahora, siéntate, chérie. Anoche dejé de ser un extraño para ti cuando me convertí en tu amante.
Kagome sintió que su corazón se encogía por la emoción. Bajo los ojos hacia los de él sin poder confirmar o negar lo que él había dicho; solo era consciente de que era verdad y de que no podía retractarse de la intimidad que habían compartido.
Se sentó temblando y él la acaricio antes de soltarla. Sesshomaru volvió a sentarse en el borde de la mesa y la observo en silencio.
Tu regalo, chérie…- levantó la caja y se la entregó.
Kagome la miró enfadada durante un segundo y la abrió con actitud rebelde. Sólo vio el papel de china, el cual desplazó.
Contuvo el aliento al ver las bellas prendas de seda y encaje, en colores que quedarían perfectamente con el tono de su piel y su pelo: marfil, rosa pálido, azul, celeste, crema, rojo e incluso negro.
El la observo sonriendo.
Yo mismo he elegido cada una de las prendas. A las diez tan pronto como abrieron las tiendas esta mañana.
No has debido hacerlo – murmuró si dejar de mirar, con disimulado placer, las exquisitas prendas interiores.
Ah, chérie – dijo con lentitud-. Hacía mucho tiempo que no compraba ropa interior para una mujer bella.
No finjas que esto no es sólo un juego que has jugado cientos de veces. No te creeré – lo miro a través de las pestañas con temor de creerle.
No te culpo – esbozo una sonrisa al deslizar los dedos por la seda y el encaje de las prendas-. Pero disfruté al elegirlas para ti, chérie.
Las odio y no las aceptaré – se le acelero el pulso.
Más te vale aceptarlas porque, ¿Qué haría yo con ellas? – le dijo de forma divertida -. Y dándole un beso en la frente.
Podrías dárselas a tu pelirroja – sugirió irritada y se alejo de él al ver que quería besarla de nuevo en los labios.
¿Mi pelirroja…? – pregunto intrigado.
¿Tan pronto la has olvidado? – la acometieron unos celos salvajes-. Demuestra que eres muy distraído puesto que anoche la estabas besando en el vestíbulo de la Salle Empire.
¿Anoche? – se le quedó mirando -¿Nos viste…? ¿Por qué no lo has mencionado antes?
Porque no me interesa si tienes diez millones de pelirrojas, siempre y cuando me dejes en paz- levanto la cabeza.
Chérie – sonrió - ¿Diez millones? ¡Exageras! Permite que te hable de Kagura Delavault. Es una vieja amiga de la familia y no tienes motivos para tenerle celos.
Por favor – dijo riendo, enfadada-. No estoy ni remotamente celosa y no creo que ella sea sólo amiga tuya.
De cualquier manera…-esbozo una sonrisa-. Insisto en que te quedes con las cosas bellas que te he comprado. Uno de mis hombres las llevará al apartamento más tarde…
¡Ya te he dicho que no las quiero!
Quizás cambies de opinión si te vas a casa y juegas con ellas durante la tarde.
Lo dudo – hecho chispas por los ojos -. De hecho, si pides que lleven esas cosas al apartamento en contra de mis deseos, las tirare al cubo de la basura.
Hazlo – mascullo él entre dientes-…. Y me verás realmente enfadado. Y no te agradará, te lo aseguro.
Kagome sintió que él la intimidaba, pero se negó a hacérselo notar.
¡No me acobardaras, ni permitiré que me intimides hasta el punto de seducirme! Sin embargo, comprendo que te has tomado muchas molestias y que sería muy grosera si echara todo eso a la basura.
Él sonrió burlón.
Pero no creas que me has vencido porque yo…- agrego Kagome fuera de sí.
¡shhh! – le toco la mejilla con una mano-. No más discusiones. Vete a casa y espera a que lleguen los regalos. Piensa en el placer que tuve al elegirlos para ti.
Kagome lo miro nerviosa y asintió.
Me dará más placer aún ver que esta noche, cuando regrese a casa del trabajo, me las enseñes puestas.
Debes estar loco – masculló-. ¡No me pondría ninguna de esas ridículas prendas y menos me pasearía con ellas para ti!
Creo que me darás ese gusto, chérie – murmuró y deslizo la mano al cuello de la joven-. Sobre todo si pasas la tarde pensando en ello. Y quiero que me prometas que no pensarás en nada más.
¡Las meteré al fondo del armario!
Pero antes las sentirás junto a tu piel.
¡No, nada de esto me gusta! No me gusta lo que está sucediendo entre los dos…
Se debe a que luchas contra ello. Es normal tener miedo cuando se llega al último obstáculo. Muchos de los caballos de carreras más veloces también se rebelarían. Sobre todo aquellos muy nerviosos a quienes han maltratado.
Los ojos verdes se clavaron en el fuerte rostro masculino.
Necesitas que te guie una mano experta – murmuró él-. Vete a casa, chérie, y piensa en lo que te he dicho. Observa las cosas que te he comprado y espérame en tu habitación a las siete.
Kagome se puso de pie y salió sin decir nada más, cerró la puerta con furia a su espalda y pensó para ella misma que Sesshomaru Taisho estaba loco si pensaba que ella se pondría esas prendas para lucírselas a él, aunque no podía negar de que eran bellísimas tal vez se probaría alguna para ver como se le veía en su cuerpo pero por ningún motivo se las modelaría a él. Con ese pensamiento estaba cuando la luz del sol la cegó cuando salió del Hotel. El mar se divisaba al fondo y las calles estaban llenas de vehículos.
Cuando llego a la casa no encontró a Rin, y le pregunto a Madame Kaede si sabía a donde había ido.
Al club de campo para un partido de tenis – le informo la Sra. Kaede-. Creo que estará afuera toda la tarde.
Ok gracias – dijo Kagome algo decepcionada.
Esperaba que Rin estuviera allí para no poder pensar en lo que le había dicho Sesshomaru. Se preparo un ponche de frutas y salió a la terraza para contemplar Montecarlo y darle rienda a suelta a su furia contra Sesshomaru por su increíble insolencia.
Veinte minutos después sonó el timbre de la calle. Kagome se tentó, consciente de que era posible que fuera una entrega para ella, y como era de esperar, madame Kaede grito:
Una entrega para usted, madeimoselle. ¿Dónde pongo las cajas?
En mi habitación, por favor – contesto con el rostro encendido.
Trato de quedarse en la terraza y olvidar la curiosidad, pero después de media hora la tentación la llevo a su dormitorio, donde no tardo en acercar la bella ropa interior a su piel para sentir la seda, el encaje y pensó bueno él no regresaría a casa antes de la siete. Kagome dirigió la vista al estuche Chanel. Hacía años que no se había bañado con tanta sensualidad hedonista. De pronto tuvo unas ganas imperiosas de hacerlo.
A las tres, se metió en la bañera con el aceite de baño chanel y dejo que su cuerpo absorbiera el olor del aceite, le pareció escuchar a lo lejos el teléfono pero no le dio importancia y se dispuso a relajarse media hora después se sentía tan bien cuando salió. Se llevo la borla del polvo hacia la nariz y aspiro el suave aroma; finalmente sus ojos se dirigieron a la ropa interior.
Se deslizo desnuda y aromatizada de la cama y se dirigió a la mesa antigua donde se encontraba la caja con el logotipo dorado y un segundo después se ponía una prenda de una sola pieza, maravillada por su belleza mientras ella acariciaba la seda y se volvía una y otra vez frente al espejo.
Pensó que él había elegido muy bien…
Llamarón a la puerta
Kagome dio un salto, y con el corazón acelerado corrió a la cama para levantar su bata y ponérsela. No quería que madame Kaede viera lo que estaba haciendo.
Adelante – dijo titubeante al atarse el cinturón de la bata.
La puerta se abrió.
Sesshomaru entró tranquilo y Kagome se quedo boquiabierta al verlo y sentir que él la observaba mientras cerraba la puerta y se apoyaba en ella.
¡Dios mío…! – le faltaba el aire y el corazón resonaba en su pecho-. ¿Qué haces aquí? Apenas son las cuatro y dijiste…
Cambie de opinión – dijo, con una sonrisa petulante en sus labios.
Lo premeditaste. Sabias que yo…
Que no podrías resistirte – asintió con las facciones tensas debido al deseo- Ah, sí, chérie, lo sabía. Y cuando llame hace 45 minutos, madame Kaede me informo que te estabas bañando, así que Salí de inmediato.
Kagome se estremecía.
No acostumbro a salir del trabajo antes de tiempo. De modo que debes darte cuenta, chérie, de que tengo muchos deseos de saber que llevas puesto debajo de la bata…
Kagome pensó que se desmayaría porque el corazón le latía con mucha fuerza.
No llevo nada puesto -. Dijo ella sin pensar y se agarro con más fuerza la bata como temiendo que con solo mirarla él pudiera quitársela.
Él se rio nervioso y camino hacia ella.
¡No! - temblorosa dio unos pasos atrás-. ¡Aléjate de mí!
Él extendió los brazos y la agarro por la cintura
¡No te acerques! – luchó contra él casi sin aliento-. Por favor…
No luches contra mi – murmuro al sentarla en la cama, al lado de él y observar el cuello abierto de la bata-. Déjame verte, chérie- tiro del cinturón.
¡No! – Kagome trató de agarrar el cinturón, pero él le agarro las muñecas y abrió la bata, con lo que reveló la prenda intima de seda roja.
Sesshomaru observó el cuerpo femenino y respiro hondo.
Sí… ése es también mi favorito.
Ay, Dios…- Kagome se estremeció con el cuerpo encendido, los ojos cerrados y los brazos extendidos.
Quítate la bata, chérie – murmuro él con el deseo encendido en sus ojos dorados.
¡No! – exclamó con el pulso acelerado.
No quiero quitártela a la fuerza – murmuró excitado -. Eso destruiría la sensualidad que he creado. Pero tengo tantos deseos de verte que me temo que tendré que quitártela si sigues negándote a hacerlo.
Si me la quito lo tomarás como una invitación a hacerme el amor y no permitiré que lo hagas.
Sin duda lo tomaré como una invitación a besarte – respondió él -. Pero te juro que no te tocaré de manera íntima a menos de que me lo pidas. Te lo prometo, chérie. No me valdré de la fuerza física contigo.
Despacio, Kagome se deslizo de los hombros la bata, que cayó suavemente al suelo.
Sesshomaru respiró hondo, tembloroso y sin dejar de mirar el cuerpo femenino.
¡Eres tan bella! – deslizo una mano a la cintura de ella sin dejar de admirarla -. Ah, Kagome…
Ella lo miró y sin darse cuenta se humedeció los labios con la punta de la lengua.
Él la abrazo y bajo la cabeza para darle un beso largo, lento y sensual que la izo gemir desvalida. Ya no pudo luchar contra el deseo sensual que le llenaba las venas mientras le abrazaba el cuello y entreabría los labios.
De pronto, él se deslizo sobre la cama, exigiendo más con la boca y respirando con dificultad porque el cuerpo sensual, cubierto de seda, estaba dispuesto a ceder debajo del de él.
Sesshomaru… - murmuró ella, acariciándole el pelo. Permitió que le entreabriera las piernas mientras él se movía despacio junto a ella para acomodarla bajo su cuerpo. Estaba atento a los gemidos delirantes de ella.
¿Deseas que te toque, chérie? – preguntó junto a su boca.
Sí, sí…- se oyó decir Kagome. Un segundo después sintió que las manos masculinas le acariciaban los senos doloridos a través de la seda.
La boca de Sesshomaru le quemaba los labios, sus manos le descubrieron los senos y se los acariciaron para excitarla aún más.
Ella deliraba, estaba tan excitada que no pudo reprimirse en tanto se balanceaba de manera instintiva. Luego sintió que él deslizaba la mano por sus muslos y que la subía hasta que llego al centro pulsante de su cuerpo.
Gritó cuando la mano de él le tocó suavemente la tela rosa que ocultaba la carne caliente y húmeda que ningún hombre había tocado.
De pronto, él gimió ronco por el deseo. Le acaricio los hombros, la besó de nuevo, y termino de deslizar la seda hasta la cintura.
¡Ah, Sesshomaru! – murmuró presa de la pasión y estremeciéndose por el placer sensual que causaban en ella los dedos que le acariciaban la parte interior de los muslos, que lo invitaban a llegar hasta el calor que se encontraba junto a la seda húmeda.
¡Ah, je te veux! – Sesshomaru respiró hondo para llenarse los pulmones de aire-. Te deseo tanto que estoy ardiendo -. Le dijo junto a su oído y empezó a besarle el cuello y nuevamente los labios.
Entonces él empezó a quitarse la corbata con manos temblorosas, el rostro encendido y los ojos ardiendo. Luego se quito la chaqueta.
¿Qué estas… sintió que emergía del ensueño sensual -. …haciendo? – lo miro horrorizada mientras que él seguía besándole el cuello y sus labios-. Dijiste que no…
¡Pero si tú misma me pediste que te tocara, chérie! – respondió ronco- me lo pediste – expulso el aire con mucha excitación -. Kagome, permite que te haga el amor…
¡No! – murmuró ronca y horrorizada y se aparto de él.
¡Sí! – insistió tembloroso con fuego en la mirada y se apoderó de los labios femeninos para darle un beso profundo.
¡He dicho que no! – y comenzó a luchar contra él por el temor-. Basta, por favor detente -. Le golpeaba los hombros y trató de arañarle la cara.
¡Está bien, está bien! – alejó la cabeza y la agarró las muñecas y las presiono fuerte contra la cama para observarla con furia -. No te violaré; cálmate.
Ella lloraba y tenía los labios temblorosos y lo miró. Vio en sus ojos dorados furia, le latió el corazón aceleradamente porque se había dado cuenta de lo fácil que fue perder el control, que así sucedía siempre con Sesshomaru y que así sucedería en el futuro. El deseo de ella por él se estaba volviendo muy peligroso.
¿Por qué no me permites hacerte el amor? – pregunto él, entre furioso y desolado -. Sabes tan bien como yo que soy el único que puede darte todo lo que necesitas.
Porque no es todo lo que necesito – sintió que se le llenaban de nuevo los ojos de lágrimas-. ¡También necesito cariño!
Ah, si… l' amour – murmuró Sesshomaru después de observarla en silencio y de sonreír burlón -. ¡Me preguntaba cuándo mencionarías ese tema!
¿Qué tiene de malo ese tema? – pregunto Kagome, algo decepcionada por la forma en que él se había expresado al ella mencionarlo.
Nada. Pero no hablaré de eso en la cama contigo – la soltó y se alejo de ella, se levantó de la cama y se pasó una mano por su largo cabello. Su rostro estaba muy serio-. Levántate y vístete, vamos a salir.
Continuara…
Hola a todas mis lectoras espero que aun les guste la historia, se que Kagome aun esta dando demasiada larga a esta situación pero entiéndala después de una casi violación y que un hombre al que ella quería mucho le destruyo su autoestima no creen que estaría asi de temerosa por iniciar una relación casi se podía decir que ha quedado frígida pero al darse cuenta que Sesshomaru despierta ese Deseo en su interior le da mucho mas miedo que solo él este jugando con ella y eso es algo que ella no desea, ella quiere iniciar otra vez pero que esa sea una relación segura.
Cualquier pregunta o duda no duden en decírmela, estoy pensando en hacer otra adaptación y algunas otras historias pero aun no se si me de tiempo y depende de cómo valla esta historia y si gusta hasta el final jajjaj tal vez me anime en hacer las otras si ustedes me animan sin mas que decir chaito .
