Disclaimer. Los personajes le pertenecen a LJ Smith, gracias por crear a estos maravillosos personajes. La historia no me pertenece, es de la maravillosa Martina Bennet. ¡Gracias por dejarme adaptar esta maravillosa historia!
N/A: Esta historia puede tocar temas como las vidas pasadas, violencia, Lemmons y demás asuntos que pueden afectar la sensibilidad del lector o ir en contra de sus creencias.
¡Disfruten!
CAPÍTULO 6
…
Pretendes incumplir tu palabra,
y salir vencedor en esta tú batalla.
Aprovechas el momento,
y te impones cual caballero.
No te das cuenta que así me pierdes,
no te das cuenta que no me tienes.
…
—No creo que pueda esperar a que terminen de hablar —dijo Caroline frotándose las manos en claro signo de desesperación y angustia.
— ¡Yo tampoco! —Concordó Rebekah —Necesito saber qué está pasando allí dentro.
— Y esas malditas paredes que aíslan el sonido no ayudan nada… ¡Ya sé! —Exclamó Katherine con cara de triunfo. —Si tratamos de abrir esta puerta, —Señaló la puerta de Presidencia —Nos descubrirán, pero si vamos por la puerta de la Sala de Juntas, abre para el lado contrario y no nos verían, ni nosotros a ellos, pero sí podríamos oírlos.
— ¡Eso es perfecto Katherine! —Dijo Rebekah tomando a las otras dos de las manos y arrastrándolas hacia el lugar acordado.
En la oficina de Klaus, se encontraba reunido él con Kol y Stefan.
Kol había entrado sin avisar, casi enseguida que Caroline aceptara la propuesta de Klaus. Estaba claro que se encontraba más molesto con su primo que con su asistente por lo sucedido.
—Es el colmo que por tu actitud de niño malcriado y posesivo yo me quede sin el mejor asistente que he tenido. —Había dicho Kol muy molesto, sin importarle la presencia de Katherine y Caroline en la oficina. —Eso sin contar con el hecho de que ese chico tiró todo por la borda por tu culpa.
—Tú lo has dicho Kol. —Había respondido Klaus. —Él fue el que comenzó, yo no hice nada, y si se quiere largar que lo haga, yo no pienso rogarle para que se quede.
—Le recuerdo señor que tenemos un trato —Le dijo Caroline ubicándose a su lado y hablándole en voz baja. Ella sabía perfectamente cuáles eran los puntos del acuerdo, y si él se iba, ella también, y estaba segura de que Klaus no lo permitiría. —Porque no tiene sentido que yo me quede si…
Klaus la había tomado por el brazo y acercándola a su cuerpo le dijo: —No me retes Caroline, ya sé que tenemos un trato y mi maldito nombre es Niklaus, ¡Klaus!, o ¿Acaso olvidaste el "trato"? —Caroline lo miró con rabia y sonriendo hipócritamente se había apartado de él.
—No te preocupes Kol, Stefan no irá a ningún lado, ¿Cierto Klaus? —Katherine lo miró con su característica ceja levantada y con los brazos cruzados en su pecho.
Klaus gruñó y dándole la espalda a todos dijo: —Si quiere hablar conmigo aquí estoy, tampoco pienso salir a buscarlo.
—Eso no será necesario Señor. —Todos voltearon al escuchar la voz proveniente de la puerta. —Pero no estoy aquí para hablar sobre mi permanencia en esta empresa, sino de algo más importante. —Su mirada se había posado sobre Caroline al pronunciar las últimas palabras.
La chica se acercó a él, le agarró el brazo y lo miró con súplica. —Por favor Stefan, piénsalo, hablen y aclaren las cosas, pero por favor, no hay necesidad que desperdicies por lo que tanto has luchado.
—Espera afuera. —Fue lo único que le dijo, luego de habérsela quedado mirando por un momento.
Solo habían pasado un par de minutos desde que las mujeres salieran, pero ya se encontraban inclinadas junto a la puerta entreabierta de la Sala de Juntas que daba a Presidencia.
—…Solo me interesa saber qué tipo de relación tienen ustedes dos —dijo Stefan.
Caroline recordó en ese momento, que no había tenido tiempo de decirle a Klaus lo que había hablado con su amigo, por lo que, teniendo una idea, tomó el celular que cargaba siempre en un bolsillo interno de la falda y envió un mensaje de texto al celular de su jefe, rogando porque él no decidiera dejarlo para después.
Me ves como a Rebekah, y te preocupas por mí. Por si pregunta.
Añadió lo último para que él no se diera cuenta que estaban escuchando y volvió a mirar por la rendija que formaba la puerta entre las bisagras al abrirse. Desde ahí solo tenía visión para el escritorio y el hombre sentado en él.
Klaus se había quedado mirando a Stefan y según dedujo Caroline, para hacer tiempo mientras algo se le ocurría, le había contestado: —Por lo que veo, es cierto lo que dijiste abajo: la quieres mucho.
En esos momentos sonó el timbre de mensaje de texto y Klaus miró de reojo el celular. Lo tomó y revisó el mensaje mientras escuchaba la respuesta de Stefan.
—Muchísimo, quiero lo mejor para ella y estoy dispuesto a cualquier cosa para que este bien.
Klaus asintió y dejando el celular a un lado lo miró directamente. —Yo tengo una hermana menor, por la cual mataría y moriría de ser necesario. Entiendo lo que piensas y sientes, pero quiero que sepas que Caroline a mi lado estará segura, yo solo quiero protegerla, cuidarla, darle todo lo que le fue negado en algún momento. —Klaus hablaba con tono pausado y extrañamente suave. —Sé de la muerte de su padre, aunque no tengo los detalles, e imagino que fue algo muy duro para ella. Su situación legal también me preocupa, y no quiero que tenga problemas con eso, pero no podré hacer nada si ustedes se van, si ella se va de esta empresa. —Stefan intentó hablar pero Klaus lo detuvo. —Déjame terminar. —Acercó un poco más la silla a su escritorio y se inclinó hacia adelante. —Stefan, cuando te escuché hablándole de esa manera… diciéndole eso… —Klaus cerró los ojos con fuerza, y apretó la mandíbula. Por favor, que no se descontrole, por favor. Pensaba Caroline desde el otro lado de la puerta, sabía que Klaus era capaz de cambiar de ánimo en cualquier momento, y ese no era el momento.
—Eso solo fue una broma que ella misma se inventó para fastidiar a Greta —Explicó Stefan, al darse cuenta de que Klaus no iba a pronunciar más palabras.
— ¡En serio! —Exclamó Kol, divertido. Mientras Klaus abría los ojos y miraba a Stefan con curiosidad. —Cuenta de qué se trataba, una buena broma siempre es digna de contar.
Klaus miró mal a Kol, pero no dijo nada.
—Greta se me acercó, cuando llegó a la oficina esta mañana, y me dijo que la chica que vivía conmigo, que según ella le había dicho, conocí en el avión hacia acá, quería meterse en mi cama por la noche. —Kol se carcajeó fuertemente, al igual que las chicas, pero estas lo hicieron en un tono muchísimo más bajo. Stefan sonrió y continuó. —Conozco a Caroline hace mucho tiempo y estoy seguro que lo que quería era jugarle una broma a la chica, al tiempo que corroboraba su capacidad de transmitir información.
Kol rió aún más fuerte. — ¡Es mi heroína! —Gritó. —Klaus, no puedes dejar que esa chica se nos escape, no sé cómo van a hacer ustedes dos para solucionar sus diferencias, pero Caroline ¡No se va de aquí! —Terminó de decir de forma rotunda, mientras continuaba riendo.
Klaus y Stefan se miraron fijamente, como tratando de descifrar los pensamientos del otro.
—Ya escuchaste a Kol. —Klaus fue el primero en hablar. —No los dejará ir a ninguno de los dos, y yo… tampoco. —Caroline sabía que ese "Tampoco", se refería a ella únicamente.
—No lo pienses más. —Intervino Kol. —Tú mismo me contaste que desde hacía varios años, te estabas preparando con cursos y estudios por Internet, y ahorrando, trabajando en cosas que ni siquiera te gustaban solo para poder ganarte esa beca y venir aquí. No desperdicies la oportunidad que la vida te está dando, con nosotros puedes llegar muy lejos. —Le colocó una mano en el hombro y apretó en señal de apoyo.
Stefan se quedó mirando el suelo por un largo momento, luego levantó la vista y miró a Klaus.
—Caroline merece ser tratada y respetada como toda una dama. No quiero que termine como "la querida" de alguien.
Klaus se levantó de su asiento, apoyó las manos sobre el escritorio, y se inclinó hacia adelante, sin apartar la mirada del rubio. —Te puedo asegurar Stefan, que tú mismo la entregarás en el altar.
Caroline frunció el entrecejo. ¿Por qué Klaus decía eso? Ella era muy joven aún para pensar en el matrimonio, y cuando llegara el momento, haría ya mucho tiempo que se habría ido de Inglaterra.
— ¿Me lo asegura? —Preguntó Stefan luego de un breve silencio.
—Te lo prometo —Respondió Klaus.
Todos habían estado tan concentrados en el momento, que nadie se dio cuenta cuando Kol, se levantó de su asiento y se dirigió a un lado de la oficina. Sin previo aviso, abrió rápidamente la puerta que daba a la Sala de Juntas, al tiempo que gritaba: — ¡Chismosas!
Las tres mujeres gritaron, sorprendidas por el repentino movimiento.
Stefan y Klaus rieron por lo bajo, mientras Kol se burlaba de ellas abiertamente.
—Cuídala Klaus, porque no me importará quién seas, si le llegas a hacer daño —dijo Stefan ya sin reír, y en voz baja para que nadie más escuchara, pero aun así con firmeza. —Pero sobre todo ámala, ámala con todas tus fuerzas.
—Ya lo hago Stefan, no te imaginas cuánto. —Respondió Klaus mirando intensamente a Caroline.
Stefan supo en ese momento, que ese hombre poderoso y arbitrario que tenía al frente, jamás dejaría ir a su hermana, costara lo que le costara. Sintió tranquilidad al ver la intensidad en su mirada y saber que ese hombre podía protegerla de todo lo que intentara hacerle daño; pero al mismo tiempo sintió miedo, porque no sabía si sería capaz de evitar que fuera el mismo Klaus quien la dañara, aunque al menos haría hasta lo imposible por impedirlo.
Caroline no se enteró de esa conversación.
…
— ¿Qué quieres almorzar hoy, amor? —Preguntó Klaus sin apartar la vista de la pantalla de su computadora.
— ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me digas "amor"? —Dijo una Caroline muy molesta. Ya había pasado una semana desde el incidente en la oficina de Vicepresidencia. Klaus la hacía almorzar todos los días con ella como había prometido, pidiendo siempre lo que ella deseara comer. También la había hecho permanecer hasta tarde en la oficina con él, muchas veces sin hacer nada, mientras él adelantaba trabajo. Luego, de camino al apartamento de ella, él la invitaba a cenar, pero Caroline siempre se negaba, porque no quería darle más alas de las que él ya mismo se había creado, y también porque no quería que Stefan se enterara de sus demoras; aunque en esa semana, se había estado comportando de forma extraña. La llamaba por las noches durante los cambios de clase, cuando Caroline aún seguía en la oficina, y le preguntaba si todo estaba bien, si ella se encontraba bien, y que siempre, pasara lo que pasara, podía contar con él, para lo que fuera. No le había vuelto a tocar el tema de Klaus, pero Caroline sentía que algo había pasado, porque por todo lo anterior, y la forma cómo la miraba: como un padre que mira a su niña que ya está saliendo con su primer novio, intuía que entre él y Klaus pasó algo más que ella no pudo escuchar.
— ¡No me pelees! Y solo dime ¿qué quieres? O si prefieres, podemos ir a algún restaurante y…
— ¡Que no! Klaus. —Lo interrumpió —El que haya accedido a tus pretensiones no indica que tenga que intimar contigo de esa manera, el acuerdo decía cenas de negocios, no personales. Así que pediremos algo aquí, ya que no quieres bajar a almorzar como la gente normal, en el comedor de tu propia empresa.
—No se me había ocurrido algo así. —Se detuvo por un momento y miró hacia el techo en actitud pensativa. —Si eso es lo que quieres, vamos a almorzar en el comedor. Nunca he probado la comida de aquí y sería bueno saber qué clase de almuerzos le sirven a mis empleados —dijo Klaus suspendiendo su computadora y poniéndose de pie.
— ¿Estás hablando en serio? —Preguntó Caroline con incredulidad.
—Claro nena, si eso es lo que tú quieres, no veo por qué no hacerlo. —Caroline se lo quedó mirando con la boca abierta.
Ese hombre hacía apenas una semana se había impuesto ante ella con condiciones y exigencias, que sabía solo iban encaminadas a tratar de seducirla, y ahora como si nada, accedía a algo que ella solo había insinuado.
— ¡Definitivamente eres bipolar! —Dijo rodando los ojos y encaminándose a la puerta de la oficina.
—Pero ¿Qué dije ahora? —Preguntó Klaus levantando los brazos para enfatizar la duda que tenía y la siguió.
Al salir a la sala de recibo Fred y April ya se encontraban organizando sus escritorios para salir, al igual que Katherine que estaba incluso con el bolso bajo el brazo.
— ¿Van a almorzar en algún restaurante? —Preguntó Katherine uniéndose a ellos.
—No, vamos al comedor —Contestó Klaus.
—Suerte entonces —Comentó Katherine quitándole importancia y se dirigió hacia el ascensor.
—April, Fred —Klaus llamó la atención de los dos chicos. — ¿Vienen con nosotros?
—Muchas gracias por su amable invitación Señor Mikaelson. —Habló primero Fred con su típico aire de suficiencia y empleado adulador. —Pero ahora tengo un almuerzo con mi tutor, para finiquitar unos puntos sobre mi trabajo de grado.
—Yo sí voy con ustedes, Señor —dijo April de forma tímida. Caroline le sonrió, agradeciéndole mudamente que no la dejara sola con él, porque, aunque no estarían solos, no quería más habladurías de las que ya Greta había divulgado. April le había contado que ya varios empleados comentaban que la chica nueva de Presidencia, pasaba demasiadas horas con el jefe, y que luego se iban juntos mucho tiempo después de terminada la jornada laboral, y esos eran solo los que no sabían del altercado con Stefan. Caroline estaba muy molesta por todo eso, pero no por ella, sino porque llegara a oídos de su amigo, que por la manera como se comportaba, lo más seguro es que ya Greta le hubiera informado de las últimas noticias.
Los cuatro se dirigieron al otro ascensor. Fred continuó, mientras que los otros tres se bajaron en el piso del comedor.
La mayoría de los empleados, sobre todo los más jóvenes, miraban boquiabiertos cómo el Presidente de MikaelsonWorld, se ubicaba en lo último de la fila para comprar el almuerzo.
— ¡Jovencito, ya era hora de que te bajaras del pedestal! —Un hombre de unos sesenta y cinco años, cabello rubio, casi blanco y algunas arrugas surcándole los ojos, le colocó una mano en el hombro a Klaus.
— ¡Stuart! —Exclamó Klaus. —Pensé que ya habías dejado este mundo hacía mucho tiempo.
—Todavía no te voy a dar el gusto muchachito —El hombre se irguió orgulloso. —Soy un roble, y todavía tengo energías para pegarte unos buenos coscorrones como te sigas metiendo conmigo.
— ¡Tranquilo! Viejo cascarrabias. —Respondió Klaus levantando las manos en signo de rendición, y sonando divertido. —Con los que me diste cuando niño fue suficiente.
—Eso espero. —El hombre se giró para mirar a Caroline que se encontraba sorprendida por el intercambio tan informal que habían tenido los dos hombres. —Tú eres la chica que está haciendo de asistente de este hombre, ¿Cierto?
—Así es Señor, Caroline Forbes —Se presentó.
—Stuart Sutton. —Extendió la mano para recibir la que la chica le ofrecía. —Y como Jefe del Departamento de Presupuesto por más de treinta años y conocedor de la familia Mikaelson, te aconsejo que tengas mucha paciencia con este de aquí —dijo señalando a Klaus. —Es un malcriado que le gusta que se haga lo que él dice, y nada más. —
Klaus resopló. —Te lo digo yo que muchas veces tuve que sacarlo a rastras de mi oficina cuando tenía ocho años, porque pretendía usar mis barcos de colección para ponerlos a navegar en los fregaderos de las cocinas.
— ¡Me gustaban tus barcos! —Replicó Klaus falsamente enfurruñado.
— ¡Pero estaban más seguros en mi repisa! —Defendió el anciano.
April y Caroline rieron. Le parecía increíble que un hombre como Klaus, tan autoritario y exigente, se tratara de esa manera con sus empleados, y sobre todo, que su niñez haya sido, al menos en un sentido, como la de cualquier otro.
Aunque pensándolo mejor, ya eran tres las personas que decían que Klaus era un malcriado, y por experiencia propia, ya se sentía con autoridad de confirmar esa teoría.
Algunos empleados, observando el intercambio de palabras entre los dos hombres, se acercaron a saludarlo, y los que estaban antes en la fila le ofrecieron avanzar en los puestos. Caroline se sorprendió aún más al darse cuenta, de que Klaus conocía los nombres de la mayoría de sus empleados, y a los que no, recordaba en qué área estaban trabajando.
Luego de escoger del bufet lo que comerían, Klaus insistió en llevar la bandeja de April y Caroline hasta la mesa y luego regresar por la suya.
—Trato amable con empleados y caballeroso con las damas, no me extraña de ti. —Comentó Caroline en tono sarcástico.
—No sé por qué el sarcasmo ne… Caroline —Se corrigió enseguida, cuando Caroline lo miró con advertencia y enseguida a April, que al parecer no estaba prestando atención. —Todas las hojas de vida pasan por mis manos, me gusta saber a quiénes se emplea, y aunque confío plenamente en John Gilbert, prefiero estar al tanto de todo. Además, ¿por qué no habría de tener un trato amable con ellos? Son los que sostienen la empresa, sin ellos todo esto se vendría abajo. Yo no soy de esos jefes cabrones que se pasean por los corredores como si fueran dioses mirando su reino, ¡eso es ridículo! Eso solo lo hacen los que nunca han tenido control de nada, y cuando adquieren un poco de este, ya creen que tienen a Zeus agarrado de las pelotas.
Caroline lo miraba con atención, le impresionaba ver cómo un hombre como él, podía tener pensamientos tan acertados, y más aún, tan parecidos a los de su padre. —Si un jefe es arrogante, no merece el puesto que ocupa, mi niña. —Era lo que su padre siempre le decía cuando veían el caso en alguna película o de algún conocido.
—Y con respecto a lo de ser caballeroso. —Continuó Klaus. —Uno debe serlo con todas las mujeres, incluso las que no se lo merecen. Un hombre que solo lo es con ciertas mujeres, entonces no es caballeroso, solo es un maldito hipócrita que sabe lo que le conviene —Terminó Klaus encogiéndose de hombros, como para remarcar lo obvio.
— ¿Me estás diciendo que tú nunca has usado a una mujer para tu propio beneficio o placer? —Preguntó Caroline con ironía.
—No se usa a una mujer cuando ella misma se ofrece Caroline. Y aún en esos casos, ser un patán no es de hombres, solo de cobardes.
— ¡No te entiendo Klaus! —Caroline bajó la voz para que April no pudiera escuchar. —Me retienes de esta manera, me chantajeas, me humillas, y aún así ¿piensas todo eso? De verdad que no lo entiendo.
—Caroline. —Pronunció su nombre mirándola a los ojos. —Se usa a una persona, cuando solo se espera algo efímero de ella sin que esta tenga conocimiento, y luego se deja tirada cuando ya no sirve más. El tener una aventura con una mujer no es usarla si ella sabe a qué atenerse. El despreciarla de forma humillante no es de hombres, es de maricones desmadrados con ínfulas de grandeza. Hay mujeres que les gusta eso, pero solo porque son una extensión de ellos, no creen merecer algo mejor y se aferran al que les presta atención así sea para ofenderlas. Yo no soy un hombre de rosas ni serenatas, ni siquiera sé conquistar a una mujer, nunca he tenido que hacerlo. —Se encogió de hombros. —Me gusta tomar lo que quiero sin importar las consecuencias, pero no me gusta humillar a nadie, como te dije, eso es de cobardes que se escudan en el poder para no demostrar a los demás que no son nadie. Ya quisiera ver a un hombre así sin poder y sin protección, te juro que no sería más que una rata asustadiza y llorona. —Rió por un momento de su propio comentario, enseguida cambió la expresión a una más seria, estiró un poco la mano y con un dedo rozó la de Caroline, quien la retiró enseguida. —Yo no te estoy usando Caroline y mucho menos humillando, jamás haría algo así, tú misma aceptaste el trato, tú viniste a mí rogando por tu amigo, yo solo aproveché el momento para obtener lo que quería.
—Eso se llama manipulación —Refutó Caroline.
—No. —Contestó Klaus con vehemencia. —Eso se llama desesperación.
Caroline se lo quedó mirando por un momento. El término "Desesperación" no le gustó para nada. Todos sabían que un hombre desesperado era capaz de cualquier cosa, y más aún uno como él, con un razonar tan profundo y un actuar tan descarado.
— ¿Qué es lo que quieres de mí, Klaus? —Se encontró preguntando, cuando su intención solo había sido pensarlo.
Niklaus la miró fijamente, sus ojos azules como los de la estatua del sueño parecían querer traspasar su alma y adentrarse en lo más profundo de su ser.
— Come Caroline, se nos acaba el tiempo del almuerzo. —Se enderezó en su asiento y entabló una conversación banal con April, para darle a entender a Caroline, que el tema estaba clausurado.
…
—Caroline, mañana vamos a salir a bailar, paso por ti a las 5:30 para ir a la casa de mis tíos a arreglarnos —dijo Katherine mientras se encontraba sentada frente al escritorio de Klaus, quien revisaba unos documentos que ella le acababa de entregar.
Caroline la miró con interrogación. — ¿Me estás preguntando? ¿O estás ordenando? —Preguntó.
— ¿Tú qué crees? —Contestó Katherine con sarcasmo.
Caroline se mordió el labio, necesitaba hacer una pregunta, y aun así ya se imaginaba la respuesta, y estaba segura que no le iba a agradar para nada. — ¿Quiénes van?
—Pues Kol, Rebekah, Klaus, Stefan, tú y yo.
¡Lo sabía! Pensó Caroline. La idea de salir a bailar con Klaus, así fuera en grupo, no le gustaba nada y mucho menos con Stefan ahí. Miró a Klaus por un momento para ver su reacción, pero él no se había inmutado con la conversación.
—No sé si pueda Katherine, y ¿Stefan dijo que sí?
—De Stefan se encarga Kol, y tú no me vengas a salir con peros Caroline, ¡porque no te servirán de nada! —Katherine se levantó de su asiento, caminó hacia ella y le habló haciendo uso de su característica y cruda sinceridad. —No conoces a nadie aquí en Londres, no tienes trabajo que hacer, no estudias, no tienes novio, no tienes amigos, no tienes nada, así que deja de estar inventando excusas y confirma la hora de una buena vez.
—Gracias por recordarme que estoy sola en este continente Katherine—dijo Caroline con sarcasmo pero a la vez divertida.
—Eso no es cierto —Las dos miraron a Klaus sorprendidas, quien se suponía, estaba concentrado en su trabajo. — Me tienes a mí, y con eso basta para que no estés sola.
—Preferiría estar en un manicomio, rodeada de locos. —A pesar que Caroline habló más para sí misma que para los demás, Klaus la escuchó.
—Yo estoy loco Caroline. —Klaus la miró directo a los ojos desde su escritorio. — No necesitas buscar en otro lugar la obsesión que en mí encontrarás.
Caroline frunció el entrecejo. Una chica de dieciocho años, que nunca se había topado de frente con la pasión que encerraban actos de maldad y posesión, no entendió lo que el hombre, al que le temía y despreciaba al mismo tiempo, le quiso decir.
Katherine, al parecer, necesitando cambiar de tema, insistió a Caroline para que respondiera.
—Olvídalo, no le prestes atención —dijo moviendo una mano para restarle importancia. —Entonces paso por ti a las 5:30.
—Al menos ¿Puedo invitar a dos amigos? Es que no quisiera que…
— ¿Qué amigos? —Preguntó Klaus de forma brusca desde su lugar.
Caroline lo miró con rabia. Ahí estaba de nuevo con su autoritarismo y posesión, pero no iba a reñirle, estaba decidida a respirar hondo y sobrellevarlo el poco tiempo que ahí estuviera. Aunque tenía solo dieciocho años, sabía de gente mucho más joven que había muerto de un infarto, y ella no pensaba sufrir algo así en medio de una rabieta, y mucho menos si esta se producía por culpa de Niklaus Mikaelson.
Cerró los ojos por un momento y contestó: —Son Jeremy el hijo de John Gilbert y April. Ellos nos han recibido muy bien y, —Miró a Katherine con fingida molestia. —A diferencia de lo que algunas personas creen, son nuestros amigos y teníamos planes de reunirnos y ver algunas películas.
Caroline quería que Jeremy y April se conocieran. La chica castaña de lentes ya había visto al joven una vez y confiando en Caroline, le había contado que le parecía muy guapo, pero dudaba que alguna vez se fijara en ella. Caroline le había comentado a Stefan, sin entrar en detalle sobre los sentimientos de su amiga, que quería incitar algo entre los dos. Stefan no muy convencido de que su amigo se pudiera fijar en alguien como April, había accedido renuentemente, y solo por complacerla, a invitarlo al apartamento ese fin de semana.
—No quisiera dejarlos plantados —Terminó mirando aún a Katherine.
—Por mí no hay ningún problema. Solo dile a la chica que esté en tu casa a esa hora, para recogerlas juntas. —Katherine corrió la silla que estaba junto a Caroline y se sentó. Klaus no dijo nada y volvió su atención a los documentos.
—Yo les digo entonces. —Caroline bajó la voz para que Klaus no escuchara. —Katherine, ¿Qué me pongo de lo que compramos? En New Orleans no salía a bailar, a menos que fuera una fiesta de cumpleaños de algún conocido, y en su casa. No sé qué se está usando y menos aquí.
—Katherine, pasa más temprano por ella y cómprale un vestido, zapatos, lo que necesite.
— ¡¿Estás aquí o estás allá?! —Preguntó Caroline exasperada. Ese hombre estaba siempre pendiente de lo que hiciera y dijera, y tomaba decisiones sobre ella con la mayor naturalidad posible, como si tuviera algún derecho a hacerlo.
—Estoy donde se me dé la gana —Contestó Klaus de forma monótona, como restándole importancia a la molestia de Caroline. —Llévense a April también, lo más seguro es que no tenga nada que ponerse.
—Tú no tienes por qué estar comprándole cosas a April —dijo Caroline con los dientes apretados, pero enseguida se arrepintió del comentario. Su idea no era sonar celosa, porque no lo estaba, pero le molestaba el hecho de que Klaus hiciera algo así por ella, solo porque era su amiga y también necesitara tener control sobre ellos.
Klaus despegó los ojos de los documentos y los clavó en Caroline. Su mirada era seductora y la acompañó con una sonrisa torcida de satisfacción y diversión. Se levantó de su asiento y caminó lentamente hacia ella. Si Caroline no hubiera tenido sentimientos previos de fastidio y rabia hacia él, ese hombre le habría parecido extremadamente sexy. Se acercó a ella y colocando una mano en el respaldo de la silla y otra en la mesa, se inclinó y dejó su rostro a pocos centímetros del de ella.
— ¿Debo creer que estás celosa? —Habló pausadamente, como saboreando cada palabra en su boca para luego acariciarla con ellas.
¡Ni siquiera le importa que Katherine esté aquí! Pensó Caroline indignada, aunque ya sabía perfectamente que el hombre era un descarado. No quería demostrarle temor, sabía que eso podía enardecerlo más, pero sí estaba dispuesta a manifestarle toda su animadversión hacia él.
Caroline miró por un momento en la dirección de Katherine, y la vio abriendo la puerta para salir de la oficina. Había estado tan concentrada, que no había escuchado ni siquiera sus tacones repiqueteando en el suelo. ¡Maldita traidora!
Miro de nuevo a Klaus y acercando aún más su rostro al de él, buscando enfatizar sus palabras como hacían los malos en las películas, habló apretando la mandíbula.
—No me importa en quien gastas tu dinero, solo no quiero que manipules a mis amigos con tu maldito poder.
Caroline se lo quedó mirando, inmóvil. Esperaba una respuesta agresiva por su parte, o lo que fuera, pero en ese momento cayó en la cuenta de que Klaus no la miraba a los ojos, sino un poco más abajo.
Klaus estaba embelesado mirando sus labios. ¡No será capaz… Tenía que retroceder enseguida y así lo hizo, pero el pensamiento no llegó lo suficientemente rápido a su cerebro, ni la orden al resto del cuerpo. Sintió como algo húmedo y cálido le acariciaba suavemente el labio inferior. Fue solo un leve roce, pero suficiente para alcanzar a enardecer su ira, y extrañamente, a activar algo desconocido en su cuerpo.
Con cuerpo y mente en una refriega sin precedentes, se terminó de retirar bruscamente, para comprobar, al ver a Klaus cerrando la boca, que había sido precisamente su lengua la que había rozado sus labios.
Caroline no dio para pronunciar palabra. Su cerebro le gritaba que lo golpeara, lo insultara; pero la suave y fugaz sensación que había experimentado, la mantuvo observándolo con expresión de confusión en el rostro.
Lo que había sentido era nuevo para ella, no se imaginaba que algo tan simple podía producir una sensación tan placentera. Fue como si una suave brisa de verano, pasara sobre ella, adentrándose en su ropa y acariciando delicadamente su piel; pero no fue frío lo que sintió, sino una calidez que la recorrió centímetro a centímetro, poro a poro, y luego como ave que encuentra el nido, se instaló en la parte baja de su vientre, para ahí, sacudir sus alas levemente, y enseguida levantar vuelo de nuevo, fuera de su cuerpo. Fue algo tan efímero, que no sabía si creer que en realidad había sucedido, o solo fue producto de su imaginación.
De lo que sí estaba segura era de la rabia que sentía, esa sí estaba latente en su cabeza como una serpiente enroscada a punto de atacar, y al parecer así sucedió. Una vez que el reptil, atrapó a la avecilla en pleno vuelo, y la devoró por completo, solo un sentimiento quedó para hacer frente a la situación.
Levantó la mano derecha y haciéndola volar en arco, la estampó fuertemente contra la mejilla izquierda de Klaus, sobre la cual, ya solo quedaba un leve indicio de la pelea con Stefan.
La cara de Klaus, giró hacia un lado por el golpe, enseguida volvió su rostro de nuevo a ella y se enderezó lentamente, sin quitarle la mirada de encima. Su ceño estaba fruncido, y la mandíbula la tenía fuertemente apretada, pero a diferencia de lo que Caroline imaginaba, el hombre dio media vuelta caminando de regreso a su escritorio, se sentó y retomó la revisión de sus documentos.
—Mañana April y tú irán a comprar los vestidos con Katherine y Rebekah. —Habló como si ordenara algo sin importancia a uno de sus empleados, pero había algo en la forma pausada de decir las palabras, que no dejaba cabida a la negación.
— ¡No! —Caroline no levantó la voz, pero la palabra sonó con determinación.
Klaus pasó una mano por su cabello, y tiró de él con fuerza, como si el dolor pudiera apaciguar lo que sea que estaba sintiendo en ese momento. Giró el rostro hacia su dirección y la miró directamente a los ojos. Lo que esos pozos azules demostraron, aún a esa distancia, paralizaron a la chica: Locura y rabia contenida, todo eso formando un remolino violento que giraba en torno a su iris.
— Te recuerdo, que tú y yo tenemos un trato. —Su voz la paralizó aún más. Era como la suave y pacífica superficie de altamar, bajo el cual se estaba formando el tsunami que silenciosamente arrasaría con la costa más cercana. —Y si tú lo rompes, yo no dudaré en hacer lo mismo. ¿Te quedó claro?
Caroline, con un fuerte sentimiento de frustración atenazándole el pecho, se levantó de su asiento y salió lo más rápido que pudo de la oficina.
— ¡Caroline! ¡Maldita sea! —Fue lo último que escuchó antes de cerrar la puerta.
…
— ¿Estás segura? —Preguntó April con incredulidad. —Vas a salir a bailar con los Mikaelson y dijeron ¿Que yo podía ir?
— ¡Que si! April, ya te lo he dicho varias veces. —Respondió Caroline ya algo exasperada. —Katherine me invitó, le dije que los invitaría a Jeremy y a ti, y ella dijo que sí. No hay ningún problema.
April se quedó pensativa por un momento, mirando algo que le pareció interesante en el piso. —Nunca me han invitado a nada parecido. —Levantó la cabeza y la miró con algo de angustia. — ¡Ni siquiera sé bailar! No tengo ni idea qué ponerme, en realidad no creo tener algo que ponerme. No, definitivamente yo no voy.
—Lo de la ropa es otro asunto —dijo Caroline mordiéndose el labio. —Klaus… él quiere que… que salgamos con su hermana y Katherine a comprar lo que nos pondremos.
—Bueno, al menos tengo la escusa de que no tengo dinero. —April se encogió de hombros.
Caroline arrugo la cara, no sabía cómo decirle que el dinero no era un problema, o más bien, que era el más grande.
—Creo que no has entendido, April. Klaus quiere que compremos… con su dinero.
— ¡Que!
— ¡Baja la voz! —Le exigió Caroline mirando hacia todos lados, y agradeció que estuvieran solas en una de las pequeñas cafeterías. Eran las 6:20 de la tarde, y los pocos empleados que aún quedaban estaban en sus oficinas afanados por terminar sus trabajos.
—Ahora sí enloqueciste, —Caroline negó rápidamente. —o entendiste mal. Definitivamente es eso, entendiste mal.
—No, April, me lo repitió dos veces. —Y no de muy buena manera que digamos —Pensó. —Si quieres vamos a preguntarle.
—Es que Caroline, yo entiendo que lo haga contigo, pero…
— ¡Oye!
—No me malinterpretes. Te he podido conocer bien en estas semanas y sé que los cuentos de Greta no son ciertos. —April miró a todos lados, acomodó sus gafas y bajó la voz. —Pero es imposible no darse cuenta, sobre todo para los que estamos ahí todo el día, que tú le gustas al Señor Mikaelson, y mucho. Después de lo que pasó con Stefan en la oficina del Señor Petrova, se han tejido miles de historias, claro entre los más jóvenes, los veteranos no se meten en esos asuntos, y todo eso a pesar que Katherine se encargó de explicar que todo había sido un malentendido por unos documentos y no sé qué más. —Caroline tenía la cara tapada con las manos y la movía de un lado a otro. Soy la puta de MikaelsonWorld, Stefan tenía razón. April pareció leer sus pensamientos. —No te angusties, lo importante es que tú sabes la verdad y tus amigos también.
—Todo esto es culpa de Niklaus.
—No le eches la culpa, esa clase de hombres están acostumbrados a conseguir lo que quieren, y al no tenerlo actúan de esa manera. —April se inclinó un poco. — ¿Cuánto te apuesto que con una sola de sus sonrisas, ha tenido a cuanta mujer ha querido metida en su cama?
Caroline levantó el rostro y se la quedó mirando extrañada. — ¿Cómo sabes todo eso?
—Lo he visto en las películas y leído en los libros —dijo la rubia encogiéndose de hombros.
Caroline rió, la chica compartía sus mismos gustos, pero casi enseguida volvió a estar seria. —No importa, después de todo tienes razón, aunque no se me quita la idea de que Stefan no me cree. Me llama a cada cambio de clase que tiene, cuando llega al apartamento me pregunta si estoy bien, si tengo algo que decirle, me dice que puedo confiar en él, cosas así. Estoy segura de que él cree que tengo algo con Klaus, a pesar de que le he dicho mil veces que no es así.
— ¿No has pensado en hablar con el jefe sobre eso?
—Con él no se puede hablar, es autoritario, arrogante, insinuante… —Caroline se ruborizó fuertemente al pronunciar la última palabra, en realidad se le había salido. April le sonrió con comprensión.
—Tú tampoco le tienes mucha paciencia que digamos, varias veces has salido de esa oficina echando chispas. — April torció la boca. —Incluso he tenido que frenar los comentarios malintencionados de Fred.
— ¿Paciencia? —Exclamó Caroline ignorando la referencia de Fred, ese era el que menos le interesaba. —April, ¿Cómo te sentirías si ese hombre estuviera todo el día pendiente de ti, ordenándote cosas como si fuera tu dueño, y haciéndote ojitos cada vez que puede?
—Pues yo no sé, pero sí te puedo decir que la mayoría de las mujeres de Londres, de cualquier edad, estarían encantadas de estar en tu lugar. —April miró su reloj y continuó. —Él es uno de los solteros más cotizados de Inglaterra, incluso algunas chicas de la nobleza están detrás de él, según las revistas. Así que, según las estadísticas, deberías sentirte afortunada.
— ¡Estás loca, y están locas todas! —Dijo Caroline arrugando la cara. —Por mí que vengan a ocupar mi lugar cuando quieran, yo le pongo un moño de seda en el cuello y se los regalo sin rechistar.
April soltó una carcajada. —No me lo imagino usando un lazo rojo en el cuello, eso debe ser muy gracioso.
— ¡No te rías! Que esto es serio. —Exigió Caroline riendo a su vez.
—Lo siento Caroline —dijo April controlando los espasmos. —Pero sí te reitero que es mejor que hables con él. Yo no sé nada de relaciones, pero en la universidad nos enseñaban sobre relaciones interpersonales y diálogo conciliatorio. Lo mejor para solucionar un problema es hablarlo, y si definitivamente, no se llega a ningún acuerdo, usa sus debilidades en su contra y ¡Destruye, destruye la maldita empresa!
Caroline se la quedó mirando sorprendida por el arrebato de energía que acababa de tener su amiga. Por un momento pensó que la mujer se iba a abalanzar sobre ella.
April se dio cuenta de la reacción de Caroline y encogiéndose de hombros explicó: —Eran las palabras favoritas del Señor Lauper, cuando nos impartía la clase de "Estrategia empresarial".
—Definitivamente… ¡Estás loca! —Logró decir Caroline en medio de fuertes carcajadas.
El timbre de su celular sonó y riendo aún, lo revisó.
¿Dónde estás? Te necesito aquí conmigo, ven enseguida.
—Tengo que ir a cambiarle el pañal al niño —dijo Caroline torciendo la boca.
April volvió a reír. —Yo también me tengo que ir ya. —Pasó una mano por la mesa y tomó la de Caroline, antes de que esta se levantara. —Piénsalo Care, es mejor que hables con él, así sea para saber a qué atenerte.
Caroline asintió. Quizás su amiga tenía razón. —Lo del vestido es cierto. Te espero mañana a las cinco, no me vayas a dejar sola en esto.
April asintió frunciendo el ceño, la idea le agradaba tan poco como a Caroline.
Bueno, no se ustedes pero yo me muero por ver que sucederá en esa salida de baile. Casi me da un infarto cuando leí la parte de la pequeña lengua juguetona de Klaus *guiño, guiño*
Nos leemos en el próximo capitulo.
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Besos.
