¿QUIEN ES MI ALIADO?

Cruce el mar, ignore al viento. Anhelando verte volando en el cielo.

Espere por ti toda una vida.

Para ser fiel a ti.

Pero fui cegada por tu venganza donde usaste mi cuerpo

Y teñiste no solo tu alma en sangre, si no que mancillaste mi corazón.

Donde deshonraste mi orgullo y el afecto que tenía por ti.

Murmullo de la Santa Madre a un hombre corrupto.

La marcha era constante y ella había sido relegada a la retaguardia, a pesar de ello siempre se mantenía alerta o al menos lo intentaba. Ya que era la quinta vez desde que asignaron posiciones que intentaban tirarla del caballo. Definitivamente el príncipe Bakugou deseaba volverle el hazme reír de sus tropas pero una cosa era segura, mientras ella aun respiraba eso jamás sucedería.

Pero si hubiera sabido lo que les esperaba más adelante, hubiera preferido mil veces ser el hazme reír. Ahora sabía que siempre debía obedecer los consejos de su maestro y jamás seguir a las masas ya que habían sido atacados en cuanto se adentraron al bosque.

Maldecía una y otra vez, no solo eran goblins quienes les atacaban sino que también orcos. Sabía que tomar el camino entre el bosque era una mala idea pero ¿Quién le hacía caso en ese lugar? Nadie por supuesto y para colmo todos los enemigos querían solo pelear contra ella, no le costó mucho tiempo encontrar la razón, deseaban a toda costa los tesoros que portaba. La armadura, la espada y el medallón. Menos mal que había dejado ir a Ícaro o también intentarían adueñarse de él.

-¡Vamos caballero negro! ¡Demuestra de que estas hecho!- gritaba uno de los tantos soldados que habían abandonado sus caballos y ahora se concentraban en las ramas de los árboles. Le habían dejado a su suerte en el campo de batalla y que decir del príncipe, ver su sonrisa deleitante de superioridad era más que suficiente para saber que lo estaba disfrutando.

-Hermano Katsuki. ¿No crees que esto es demasiado injusto?- Kirishima estaba observando la batalla. Su piel se erizo cuando vio como un orco mando a volar al caballero y lo estrello contra un árbol haciendo que este se partiera en dos - el rey no estará muy contento cuando se entere que no lo ayudamos

-Cállate pelos de mierda, no te atrevas a decirme que hacer- las chispas amenazantes de sus manos se presentaron ante su mejor soldado y este solo negó mientras veía la carnicería. El ver como el caballero evitaba matar a los goblins mientras recibía los golpes de los orcos era algo que incluso su orgullo le impedía soportar.

Pero la agonía que se escuchaba en cada grito le erizaba la piel, miro a sus compañeros que igual que el príncipe disfrutaban la batalla. Se mordió el labio, aunque después fuera tratado como un paria prefería ayudar al caballero que quedarse con los brazos cruzados.

Estaba a punto de saltar cuando sintió la vibración de las ramas, toco el tronco y este parecía temblar. Maldijo por lo bajo al saber que criatura lo ocasionaba, frente a ellos un Ciclope se abría paso entre todas las criaturas mientras derribaba los arboles a su alrededor.

Las ovaciones hacia el gigante se escuchaban por todo el lugar, el Ciclope sin hacer esperar a su ejército con agilidad alzo su mano con su garrote en alto y sin demora alguna lo dejo caer encima del caballero negro.

En la tierra grandes grietas se originaron alzando una nube de polvo que les impedía ver lo que estaba pasando. Todo el escuadrón procuro no hacer algún ruido ya que no debían llamar la atención de la inmunda criatura, claro si es que no querían ser asesinados en el acto.

A pesar de que fueran guerreros entrenados aun eran muy jóvenes y peor, aún no habían pasado por la ceremonia de mayoría de edad. Transformarse en ese momento era algo impensable y pelear no era una opción. Quedarse quietos como unas sabandijas era lo mejor si querían sobrevivir.

-Los relatos que contaban de tu raza ciertamente son acertados- todos miraron incrédulos como el caballero había esquivado el golpe- pero aun así atacarme sin presentarse es una falta de respeto

-Vaya, ¿Qué tenemos aquí?- el ciclope tomo a Izuku con torpeza acercándola para mirarla mejor-¡Pero que sorpresa estoy teniendo! ¡Un caballero de la orden de Arturo! Pensé que ya habían dejado de existir hace siglos- empezó a reír golpeándose el estómago con su maso tratando de contener su emoción- aunque eres algo joven se nota que has sido entrenado por bastante tiempo

-Tomare eso como un cumplido- Izuku trato de abrir la enorme mano que la mantenía prisionera, desgraciadamente el agarre del ciclope era demasiado fuerte. Sintió sus huesos crujir y su sangre helarse, estaba en problemas.

-Déjame decirte esto, a pesar de que tengas un legado tu insignificante existencia no evitara que te devore y te reparta entre mis hermanos- apretó con más fuerza su mano deleitándose con la agonía de su presa- había olvidado la hermosa melodía que cantaban los humanos al sentir como todas sus tripas están a punto de explotar y van a salirse por sus bocas

Kirishima se dejó caer impresionado, el sentimiento que estaba experimentando por primera vez era tan desagradable que le estaban dando ganas de vomitar. Sus piernas temblaban y no podía levantarse, se tapó la boca mientras se llevaba su otra mano a la garganta. Le estaba costando respirar, miro por todos lados, izquierda, derecha, arriba y abajo; no era el único que se encontraba en ese estado.

Los gritos aumentaron haciendo que su atención regresara al caballero que se retorcía tratando de escapar del fortuito ataque. Hasta que algo sorprendente sucedió, Izuku se encontraba sobre lo que quedaba de la mano del Ciclope y subía corriendo por todo el brazo manteniendo su espada aferrada a la carne del monstruo el cual chillaba de la sorpresa.

-Cállate ¿Quieres?- ella llego hasta el hombro donde enterró su espada ocasionado que saliera un mar de sangre- chillas peor que los cerdos que se mueren de hambre

-¿Cómo pudiste escapar? ¡Maldito mocoso!- el ciclope intento quitarse al humano de encima ignorando el dolor de su brazo- ¡Pedazo de mierda! No me subestimes, no por nada gobierno este bosque - con toda sus fuerzas llevo su otra mano a donde se encontraba su hombro para aplastar a la mosca que se había atrevido a herirlo pero el horror fue más rápido ya que ahora veía como trozos de carne caían sin piedad en la tierra. Había perdido su otra mano.

-Deberías ser tu quien no debería subestimar a otros- Izuku balanceo su espada quitándole los rastros de sangre y de un fino movimiento corto de manera limpia el hombro- sabes, había escuchado que los ciclopes eran seres a los cuales se les debería venerar por su fuerza más no por su inteligencia y gracias a ti puedo decir que eso es irrefutable- alzo lo suficiente a Ávalon cuando se encontró cerca del cuello e ignorando las suplicas corto parte de la carne haciendo caer al gigante. Quien intentaba en vano detener el sangrado, acostándose en el suelo a causa del dolor.

Izuku por su lado camino alrededor de la cabeza, sin quitar la mirada del ciclope quien se ahogaba en su propia saliva mezclada con la viscosa sangre.

-Aunque no acostumbro matar, tú te lo has buscado al atacarme. Espero que en tu próxima reencarnación no seas tan impertinente- una vez más alzo su espada y de un último corte separo la cabeza del cuerpo del gigante provocando silencio entre los presentes- ¿Qué sucede Goblins, Orcos? ¿No piensan tomar venganza por su líder?

Los monstruos dejaron caer sus armas desesperados por huir o al menos lo intentaron, Izuku sentía la euforia en su cuerpo, No sentía el dolor, mucho menos el cansancio por ello baño la tierra con más sangre ignorando los gritos y las suplicas haciendo que varias cabezas volaran y piernas al igual que brazos fueran desmembrados.

De su boca solo salían gritos guturales, ya no solo ocupaba su espada sino que también los puños, acorralando a los orcos que presas del miedo dejaban de moverse esperando su inminente final. ¿Por qué nadie le decía que parara? ¿Acaso la gente de Iskandar tenía tan poco corazón que le daba igual la vida de otros? Ella al ver a los últimos goblins y orcos asustados detrás de la cabeza del Ciclope es cuando decidió parar.

-Váyanse y no molesten a más viajeros, si desean vivir trabajen la tierra para conseguir alimento y críen a su descendencia para no ser tan insensata como ustedes lo fueron hoy- vio como emprendieron la huida, cuando estuvieron lo suficientemente lejos Izuku miro su costado, una daga de Goblins había atravesado su armadura. ¿En qué momento había pasado? No lo recordaba y ya no sentía su brazo derecho como tampoco su pierna izquierda. Ahora que las miraba bien su armadura ahora parecía un pedazo de papel arrugado- ¡Vaya! Mi maestro va a golpearme por esto- se dejó caer derrotada, le daba igual lo que sucediera después. Lo que más anhelaba en ese momento era una buena siesta y un pan de arándano acompañado con un poco de agua miel.

Miro el cielo, era tan naranja y rojizo. Tan maravilloso y ver que unas cuantas aves pasaban volando le hizo recordar a la reina Mitsuki y su deseo de querer surcar los cielos. Por fin lo entendía, cerró los ojos dejándose cegar por el sueño, después de la batalla se merecía un buen descanso.

El viento en ese momento se volvió más gélido llevándose consigo un par de hojas y levantando la tierra que estaba alrededor de Izuku. Kirishima fue el primero en moverse y caer de espaldas al suelo, aunque el golpe fue doloroso no le importo y se acercó a la inerte armadura sorprendiéndose en el estado en que había quedado.

Cuando Izuku despertó el sol había sido tragado por la inmensa oscuridad de la noche, escucho murmullos por todos lados y sintió calor de un solo lado de su cuerpo. Todo por culpa de una fogata que estaba a una corta distancia, decidió que no se movería hasta saber qué demonios pasaba.

-Esto es inútil, no puedo quitársela para nada- sintió un ligero movimiento en su pierna- esto está pegado a su cuerpo, será un dolor de trasero intentar quitársela sin causarle más daño

-Al menos debemos intentarlo. No podemos dejarlo así como así, eso no es de hombres

-Si claro, lo dice el que no pudo ni siquiera mover un poco la espada y por eso prefirió patearla

-¿Qué querías que hiciera? Esa cosa esta endemoniadamente pesada, de seguro pesa más que un caballo

Izuku sintió que jalaban con más fuerza de su pierna haciendo que el dolor que tenía solo se intensificara. Suspiro y con trabajo se sentó haciendo que aquellos que le estaban tocando le soltaran de inmediato.

-¿Pensaban que estaba muerto y pretendían quedarse con mi armadura?-Izuku retiro con rapidez la daga que había estado carcomiéndole la carne, al parecer no encontraron ningún beneficio o satisfacción alguna al quitarle un arma Goblin del cuerpo. La herida dolía enormemente pero prefería la muerte que gritar para el deleite de otros- si todos ustedes aparte de robarle a un supuesto muerto desean burlarse de mí pueden esperar, ya que por lo que veo hay una larga fila de guerreros que lleva un buen rato esperando su turno – lo dijo por todos los que estaban sentados alrededor de la fogata, se levantó tocando su costado sujetándose de lo primero que encontró y ese era Ícaro. Agradecía enormemente que este estuviera cerca y no tuviera heridas, al menos no se vería tan miserable como se sentía en ese momento, tomo su espada que estaba a unos pocos pasos de ella y la guardo- llévame lejos de este lugar- le susurro a su caballo. Este la miro y acato su pedido llevándola con cuidado hacia donde se habían escondido antes todos los guerreros.

-¡Espera!- se escuchó el grito ensordeciendo el lugar, ella no volteo pero detuvo su andar-nosotros solo queríamos ver como estabas

-Si vas a mentir hazlo mejor mocoso- Kirishima se rasco la mejilla y bajo un poco la mirada. Admitía que en ese momento se sentía culpable, no solo por dejar abandonado al caballero en la batalla si no que ninguno pudo quitarle la armadura para curarle las heridas.

-No es ninguna mentira, en verdad deseábamos ayudarte a quitarte la armadura. De seguro tu cuerpo está hecho puré y mañana debemos irnos temprano para no retrasar la reunión- dijo otro tratando de calmar el tenso ambiente.

-No tienes de que preocuparte niño, mañana estaré antes de que el sol de sus primeros rayos y si no estoy en condiciones de viajar déjenme aquí, así no retrasare la reunión- siguió caminando, deseaba alejare de todos. Kirishima golpeo a su amigo porque había empeorado las cosas, entre los dos veían el caminar entorpecido del caballero, atentos ante los gemidos ahogados que intentaba ocultar. Verlo en tal estado les estaba revolviendo el estómago.

-Ve a disculparte idiota- Kirishima empujo con fuerza a su amigo haciendo que chocara con Izuku y esta gritara del dolor clavando una rodilla en el suelo por haber perdido el equilibrio.

-Perdona no fue intencional, por favor deja que te ayude a levantarte por cierto soy Kaminari- intento tomarle del hombro pero fue recibido con el filo de Ávalon en la garganta.

- Por tu propio bien aléjate de mí, lo mismo va para ti mocoso- sus palabras sonaban pesadas pero llenas de rabia-con lo que sucedió hoy me han demostrado que no somos camaradas, incluso los Rouge poseen más compañerismo que todos ustedes juntos- alzo la mirada para observar sus ojos llenos de sorpresa- sí, conocí a esa tribu en el pasado y por ello puedo decirles que aunque no tengan honor al menos saben cuidarse las espaldas-con torpeza se reincorporo apoyándose toscamente en su caballo sin apartar la espada del cuello del niño rubio que tenía frente a ella.

-Vamos no seas así- Kaminari intento acercarse, teniendo cuidado de que no le rebanaran el cuello pero el relinche de Ícaro le obligo a mantenerse quieto.

-Como dije antes déjenme solo y váyanse a burlar de mí con sus compañeros y su príncipe- escupió el titulo con asco que no pasó desapercibido por nadie del campamento- que al parecer eso es lo mejor que saben hacer los guerreros de Iskandar. Porque para pelear son una total deshonra y vergüenza para sus ancestros - retiro su espada usándola para su pesar como bastón y siguió alejándose teniendo cuidado de no tropezar. Se adentraría al bosque y se tiraría en el mejor lugar posible para poder descansar y curar sus heridas.

-Oh hombre, será difícil recuperar su confianza- Kirishima se rasco la nuca sintiendo la culpabilidad en su pecho y por lo que veía no era el único. Todos los guerreros que les acompañaban permanecían en silencio, incluso Bakugou que a pesar del insulto no exploto como siempre lo hacía, solo se limitó a practicar sobre el cadáver del Ciclope.

La noche en definitiva sería bastante incómoda para todos.

Izuku cuando se sintió lo bastante lejos de todos dejo que el peso venciera sus piernas y su cuerpo se estrellara una vez más contra el piso. No tenía ni la fuerza suficiente como para voltearse y que sus ojos miraran las espesas hojas de los árboles.

Ante esto su caballo relincho y con su cabeza le dio la vuelta a Izuku. Con su hocico le quito la tierra junto con las hierbas que se habían colado entre las hendiduras del casco.

-Gracias Ícaro, siempre tan lindo- intento levantar la mano para acariciarlo pero era inútil. Todo su cuerpo dolía horriblemente y el ardor de su costado era todavía peor- sería bueno que en vez de tener pezuñas, tuvieras manos ya que así podría decirte cómo curarme- sintió seca la garganta y como esta se pegaba con cada palabra que decía- te diría que usaras una lagrima de sirena y un ojo de dragón para detener el sangrado. Una risa de hada para anestesiarme y estabilizar mi pulso cardiaco y por ultimo un grito de mandrágora para neutralizar el vene…no- cerro los ojos, estaba demasiado cansada. Dejo que su cabeza se hundiera en el casco, si tenía suerte mañana se despertaría para poder curarse.

No supo cómo pasó pero cuando despertó en la mañana ya no sentía tanto dolor como antes, miro las bolsas donde guardaba las hierbas y justamente las que necesitaba para curarse ya no estaban. Al lado de ella varias hojas tenían rastros de haber sido utilizadas para preparar una loción.

Acerco una a su casco y el olor paso por las hendiduras, definitivamente tenían medicina en ellas, miro alrededor temiendo que alguien del campamento fuera quien le curo pero solo encontró a Ícaro durmiendo plácidamente.

-¿Qué demonios paso?-toco todo su cuerpo o al menos lo intento, afortunadamente aun tenia puesta la armadura. Cerro despacio su puño derecho sintiéndolo temblar, quien le había curado había hecho un magnífico trabajo ya que el dolor a pesar de ser persistente era soportable. Acaricio a su caballo el cual reacciono de manera perezosa girándose para verla- hola amigo, perdona por haberte preocupado y espero que hayas dormido bien porque nos espera una larga caminata- se levantó para estirarse escuchando el crujir de sus huesos y el chirrido de la armadura.

Bueno, se había llevado una decepción el día anterior y ninguno del escuadrón compartiría las provisiones con ella así que tendría que ver que conseguía en ese bosque. Empezó a caminar, descartando en un instante las frutas ya que no había de ningún tipo aparte de un par de arándanos y un rio que aunque pudo haber pescado algo decidió que no era la mejor opción ya que no contaba con la madera idónea para hacer una fogata y mucho menos el tiempo.

-A este paso nos volveremos unos conejos Ícaro- suspiro cansada mientras recolectaba su parte y le daba lo demás a su caballo que aunque no lo aparentaba estaba en desacuerdo en comer eso- aguanta un poco amigo, de seguro en Partevia encontraremos algo bueno que comer- haciendo muecas comieron lo que pudieron y lo demás lo guardaron en pequeñas bolsas. Cuando terminaron, caminaron de regreso al campamento en donde todos estaban recogiendo las tiendas.

-¡Escuchen bastardos, tienen que recoger todo lo más rápido que puedan! ¡Ya hemos perdido mucho tiempo con lo que paso ayer y aún estamos a tres días de los límites de Partevia!- Katsuki daba órdenes arriba de su caballo mirando que nadie estuviera haciendo el tonto, miro como el caballero se acercaba y aunque le desagradara tendría que ir a preguntar cómo se encontraba.

-Oye Izuku. ¿Ya te encuentras bien?- menos mal que uno de sus hombres era tan confiado, le había ahorrado la humillación.

Ella lo escucho pero mantuvo sus labios cerrados, siguió caminando tomando algunos costales de comida para cargarlos a una de los carros de carga que tenían a la mano. Con eso esperaba que se contestara su pregunta. Escucho murmullos pero no les prestó atención, siguió haciendo su trabajo ignorando a aquellos que intentaban acercarse a ayudarle o entablar una conversación.

Cuando todo el cargamento estuvo en los carros todos se subieron a sus caballos para emprender la marcha a excepción claro de ella que se acercó a lo que quedaba del ciclope y toco su frente acariciándola, brindándole una plegaria esperando que la madre tierra aceptara ese cuerpo para fertilizar el bosque.

-¿¡Qué demonios crees que estás haciendo inútil!? Sube a tu maldito caballo y deja de retrasarnos- y ahí de nuevo estaba el príncipe, dando órdenes a diestra y siniestra. Ella se separó del cadáver y subió en Ícaro para mantener su posición en la retaguardia.

Evitaron los bosques para no tener otro ataque sorpresa, prefiriendo ir por campo abierto. Al menos esa era la mejor idea que tenían en ese momento y sentían que era buena ya que a esas horas de la mañana todo monstruo dormía.

El trayecto fue tranquilo, haciendo que uno que otro bostezara. Pasaron por el primer poblado, posiblemente eran renegados que no pertenecían a ningún reino, por ello fueron ignorados por todo el escuadrón e incluso por Izuku quien había aprendido por las malas que ayudar a alguien que no buscaba ser ayudado era un gran error.

Recorrieron parte del camino sin inconveniente alguno, pararon solo dos veces para que los caballos descansaran y tomaran agua. Izuku masajeaba cada tanto su costado, al parecer el veneno de Goblin era más efectivo de lo que creía y le estaba provocando que respirara con dificultad. Tomo un arco y un par de flechas del carro de armas ya que en su estado le sería imposible empuñar su espada sin lastimarse más de la cuenta aparte le ayudaría a conseguir su comida.

Llegando el anochecer se instalaron en una llanura, todos ayudaban a montar las tiendas de campaña y otros tantos prendían las fogatas y las antorchas.

-Ve tu Kirishima. Yo la verdad no quiero hacerlo enojar como ayer- Kaminari empujaba a su amigo a la carpa de Katsuki quien tomaba de su vino mientras veía el mapa.

-Ni loco, casi nos mata porque no dejamos tirado a Izuku después de que se desmayara

-No digas su nombre o te molera a golpes- los dos ya estaban en la entrada y como buenos amigos que eran decidieron que entrarían juntos.

-¿Qué quieren par de atolondrados?- no despego su mirada del mapa, poseía varias rutas y tenía que escoger cual era la mejor para la cantidad de idiotas que llevaba con él.

-Terminamos de preparar la cena hace poco y queremos saber quiénes estarán en la primera guardia

-Pregúntenle al idiota de Sero, tengo cosas más importantes en las que pensar- les aventó su copa para que se largaran y le dejaran pensar en cómo continuarían su camino.

Kirishima y Kaminari salieron huyendo escuchando solo el ruido de la copa cuando cayó al piso, no pensaban ir a recogerla. Se acercaron a la fogata donde varios guerreros esperaban impacientes su turno para comer.

-Oye Sero, te toca poner la guardia-grito Kaminari llamando la atención de todos- recuerda que tienes que ser justo o nos vengaremos después

-Como molestas amigo- Sero dejo de lado su plato y miro a los que estaban cerca- ustedes tres se van a cuidar el lado derecho, ustedes dos el izquierdo, tú al frente y – se quedó viendo a los que quedaban. Eran bastantes los que habían hecho turno ayer así no pretendía hacerlos trabajar doble-Izuku te toca cuidar de la retaguardia- aviso al caballero que estaba apartado de todos.

Ella solo alzo la mano empezando a caminar a donde le correspondía.

-¿¡Acaso te volviste loco!?- Kaminari y un puñado de guerreros gritaron sorprendidos por la estupidez de su amigo- el peleo contra un Ciclope ¡Solo! Y salió victorioso. ¿Por qué demonios lo mandas a cuidar la retaguardia?

-Me pidieron que fuera justo al momento de asignar la guardia. Él no se quedó despierto el día de ayer así que le toca- se justificó mientras se servía un poco de estofado.

-¡Ese no es el punto Sero!- gritaron todos sorpresivamente alto alterando un poco a los caballos- si no fuera por el ahora mismo estaríamos siendo el mondadientes de ese gigante

-Por favor, él es un guerrero y ha demostrado ser más fuerte de lo que aparenta. Hacer una guardia no lo va a matar

Todos lo miraron convencidos, ciertamente Izuku había demostrado ser fuerte y con ello obtuvo el respeto de todos. Podían relajarse un poco si él estaba cuidándolos en la noche.

Los días siguientes fueron iguales a ese, nada nuevo y su avance era bueno. Llegarían a tiempo a la reunión pero existía un problema, todos miraban de vez en cuando a la retaguardia porque Izuku seguía renuente a hablar con alguno ya que este solo se empeñaba a cumplir con su trabajo. Incluso cuando Sero intento acercarse para que conviviera con el grupo solo fue recibido con un enorme silencio dando como resultado que la incomodidad lo superara y regresara a su posición.

-¡Dentro de poco llegaremos a los límites de Partevia! ¡A la llanura de Samael, estén atentos y protejan al príncipe Bakugou!- grito Kaminari tendiendo en alto la bandera de Iskandar siendo seguido por los gritos llenos de euforia de todo el escuadrón.

Frente a ellos una muralla se presentaba de manera galante y amenazante conforme avanzaban, todos hicieron que los caballos fueran más rápido sin hacer que perdieran la formación.

Izuku como era la última siempre permanecía al margen, sin hacer movimientos innecesarios pero la vista que estaba teniendo en ese momento era algo digno de alabar. Grandes estatuas de mujeres con alas siendo acompañadas de escudos y espadas se alzaban elegantes encima de la muralla intimidando a los forasteros que se atrevían a acercarse a esas tierras. Estaban pulcramente limpias y cuidadas denotando la devoción de la gente de esa ciudad.

Bajaran el ritmo de la marcha cuando se acercaron al puente y los guardias con sus lanzas les impidieron el paso.

-Soy el príncipe de Iskandar Katsuki Bakugou y vengo a la reunión que planearon los reyes de nuestras naciones-hizo una señal y Kaminari se apresuró para entregar el pergamino en el cual les invitaban a entrar a la ciudad.

-Su entrada ha sido revisada y aprobada por favor continúen hacia el palacio- los guardias levantaron sus lanzas al igual que la mano para que los centinelas dieran la indicación de abrir el portón. La colosal puerta de hierro fue abierta permitiéndoles la entrada.

-¡Adelante!- grito Sero señalando hacia enfrente. Todos entraron causando un alboroto menos Izuku que miraba embelesada la arquitectura ¡Todo en Partevia era totalmente blanco, no había rastro alguno de tierra y los caminos se formaban magistralmente y que decir de todas las esculturas que adornaban las calles! Era como estar en un castillo gigante.

Ícaro relincho sacando de su ensoñación a Izuku, ella miro al frente viendo que la habían dejado atrás y ahora se había convertido en el centro de atención de los que transitaban la avenida principal. Por respeto bajo de su caballo empezando a caminar, no tenía que ser tan lista para saber dónde estaba el palacio, a fin de cuentas era la única estructura que reflejaba la luz del sol. Habían hecho un magnífico trabajo empleando los cristales y espejos como paredes.

Analizo las vestimentas de cada persona, las mujeres usaban vestidos recatados y mantenían su cabello arreglado en una trenza mientras era decorado con pequeñas tiaras plateadas, los hombres si no eran soldados usaban un traje de lino y los niños al igual que las niñas usaban pequeños vestidos, lo único que tenían todos en común era que solo usaban colores blancos y adornos plateados. Ninguno estaba carente de calzado, también pudo ver el tipo de tiendas que ofrecía ese reino; pudo apreciar las joyerías, la carpintería y la herrería.

Se podía notar la riqueza incluso en el piso de mármol que adornaba las calles, todo a costa de la explotación de sus minas y tierras fértiles.

Llego a lo que creía era el centro de la capital, una enorme fuente se erguía para su asombro. Su protagonista era una mujer que lloraba y sus lágrimas se volvían parte de la fuente siendo acompañada por un par de hombres con armas arrodillados frente a ella mientras le mostraban fidelidad.

-Impresionante ¿No lo crees?- escucho a sus espaldas, no sentía hostilidad así que respondería.

-Ciertamente lo es, el acabado de los rostros es exquisito. Se nota el esmero y empeño que pusieron con cada cincelada, las expresiones que tiene cada uno denotan la habilidad del artista que tallo esta pieza

-Por supuesto, no por nada es el orgullo de la capital. Representa a la fundadora de este reino, muestra Santa Madre– Izuku supo por su voz que era una mujer no más grande que ella - Por cierto ¿De dónde eres viajero? Se nota que no eres de por aquí

-Vengo como intermediario de Iskandar pero fui dejado atrás- siguió observando los detalles de las espadas y el rostro de la mujer de cierta manera le resultaba familiar. Como si conociera a la fundadora del reino.

-¿Enserio? No pensé que alguien de esa nación se interesaría en la arquitectura y la escultura de Partevia- ella se acercó al viajero siendo atraída por la curiosidad. Él era lo que más resaltaba en la ciudad, era un punto negro entre la pureza de sus caminos y paredes.

-Soy distinto a ellos ya que no nací en sus mismas tierras- se arrodillo admirando el detalle de los dedos de los pies de los guerreros, casi parecían reales- solo vine a petición de su alteza real Masaru

La escucho silbar e Izuku avergonzada se levantó tomando con más fuerza las riendas de su caballo, alzo la cabeza mirando el cielo, si no se equivocaba no pasaba del medio día.

-Si vas al castillo yo te llevare ya que tengo que entregarle unas cosas a la princesa-de pequeños brincos se posiciono enfrente del viajero haciendo resaltar la máscara dorada que cubría su rostro y la fina capa que abrazaba celosamente su cuerpo - me llamo Toru Hagakure y soy la mensajera de la familia real

-Soy Midoriya Izuku, caballero de la orden sagrada del Rey Supremo- los que estaban cerca y escucharon eso se quedaron parados y de forma poco obvia voltearon a verla con sorpresa.

-¡Conoces al Rey Supremo All Might!- Hagakure alzo los brazos sorprendida, esa información iba a volver locos a todos- ¿Cómo es el? ¿Dónde vive? ¿Es cierto que es tan viejo que apenas si puede mantenerse en pie? ¿Su sonrisa sigue siendo tan deslumbrante que te cegaría en un instante?

-Antes de que hagas más preguntas solo puedo contestarte que él es tal y como lo dicen las leyendas- acaricio a Ícaro que se mantenía tranquilo ante la energía que desprendía la chica- él es un hombre entre hombres y si se llegara a dar el caso, lo protegería a costa de mi propia vida

-Tú en verdad lo estimas pero si alguien como él pudo criarte puedo estar tranquila- suspiro aliviada juntando sus manos como si fuese a dar una pequeña plegaria.

-¿Puedo saber porque estas tan confiada?- Izuku empezó a caminar ya que la chica ya se había adelantado un par de pasos- puede que sea una persona vil que solo busca dañar al prójimo

-Eso es porque en vez de maltratar la estatua de la Santa Madre, la admiraste y por eso ya eres una buena persona- aunque ninguno pudiera ver sus rostros sabían la expresión que hacia cada uno. Una sonrisa y una sorpresa.

Caminaron en silencio deteniéndose momentáneamente cuando Izuku veía algo interesante como flores con franjas doradas o animales que eran más grandes de lo que deberían ser y aunque las palabras no eran dichas entre ellas sentían una pequeña conexión, esta posiblemente se debía a la admiración hacia el arte de esa nación.

Al momento en que llegaron a las puertas del palacio, los guardias se irguieron intentando mostrar respeto, posiblemente el rumor de que era aprendiz del rey supremo se había expandido como lava hirviente por todo el reino.

-¡Hola Koda! Perdona que esté llegando tarde pero tuve que ayudar a este viajero

-No te preocupes pero debes ir a la habitación de la princesa, está impaciente por su paquete

-Buu, que aguafiestas eres pero te hare caso solo porque la princesa Fuyumi lo vale- se cruzó de brazos dejando ver una canasta que estaba siendo cubierta por un paño azul- bien caballero Izuku, aquí es donde nos tenemos que despedir pero espero que podamos vernos de nuevo

-Seria todo un honor pasar mi tiempo contigo- bajo un poco la cabeza- agradezco que me hayas acompañado hasta aquí Hagakure, no olvidare este día

-Oh vamos no seas así o me harás sonrojar- movió frenéticamente las manos tratando de no sentirse avergonzada- Koda si eres tan amable escóltalo hasta la entrada, dejare instrucciones para que lo guíen con sus demás compañeros

-¿Compañeros?- pregunto un poco intrigado, a lo mejor había más de un caballero sagrado y eso le hacía sentir la piel de gallina. ¡Podría escuchar anécdotas del Rey Supremo de alguien que en verdad lo conoce!

-No te emociones, viene con Bakugou pero no te preocupes- aclaro ante la cara de disgusto que se formó en su amigo- el solo vino por petición del rey Masaru ya que Izuku no es originario de Iskandar

-¿Debería creerte eso?- le miro desconfiado, no es que su amiga sea de las que mienten pero lo que decía se le hacía difícil de creer.

-Pues no llego con todo ese escuadrón de barbaros ruidosos y aparte le gusto la estatua de la Santa Madre. Eso ya habla bastante bien de él-le dio varios codazos haciendo que el otro se riera un poco- incluso le gusto las flores de tigre que vende tu madre

Koda se veía sorprendido y aunque debía hacer el chequeo de rutina por esta vez lo dejo pasar por la insistencia de la chica ya que consideraba al caballero como algo "inofensivo". Cuando Hagakure se despidió el solo pudo suspirar derrotado, una vez más le había ganado una mujer.

-Sígueme, te llevare a la entrada del castillo y perdona por la actitud que te mostro Hagakure, a veces no sabe controlarse

-No me molesta, prefiero que las personas sean libres a su manera- guio a Ícaro por el camino empedrado cuidando de que este no se tropezara. Todo estaba inmaculadamente limpio a excepción de la entrada en la cual se veían huellas de zapatos y pezuñas- ¿Puedo dejar que mi caballo ande libremente? Ha estado muy estresado desde que fui atacado en el bosque

-Por supuesto, puede dejármelo a mí- Koda miro el brazo y la pierna del caballero comprendiendo que había tenido una pelea bastante dura- si no le molesta ¿Podía contarme los detalles de ese combate?

-Claro, por mí no hay problema y aunque puede que ya lo sepas. Me llamo Izuku Midoriya

-Cierto, no nos hemos presentado formalmente- él sonrió señalando la entrada del palacio- soy Koji Koda, llámame Koda por favor

-Es un placer Koda y te encargo mucho a mi pequeño compañero, le gusta hacer travesuras mientras no lo estoy viendo- acaricio el cuello de Ícaro el cual relincho en protesta- oh, parece que presiente que me voy a ir por un rato, si tienes tiempo y si no es un problema aliméntalo por favor. No ha comido bien en cuatro días

-No será un problema- y una vez más se contuvo de preguntar- ¿Hay algo que prefiera comer?

-Frambuesas, a él le encantan- pego su casco a la cabeza de su caballo sintiéndolo tenso- no te preocupes estaré bien dentro del castillo y si llega a pasar algo te llamare- le susurro con tanta ternura que a Koda le provoco una sensación agradable en el pecho. Pensaba que él era el único que les hablaba dulcemente a los animales- gracias por cuidarlo Koda, te debo un gran favor

-Por favor no se preocupe y entre, seguramente Hagakure ya ha enviado por usted

-Gracias de nuevo- se despidió del chico. Cuando paso las puertas una mucama lo esperaba pacientemente.

-Bienvenido sea al palacio de Partevia, estoy aquí para llevarlo a la sala del príncipe- Izuku arqueo la ceja al escuchar eso. ¿No debía llevarla a la sala del trono?

-Agradezco su amabilidad- inclino la cabeza sorprendiendo a la mujer. Quien quedo estupefacta y tras un pequeño lapso de tiempo empezó a guiarlo al tercer piso por medio de las escaleras. Cuando estaban en la segunda planta escucho el sonido de un violín y se detuvo- las clases de baile de la princesa Fuyumi acaban de empezar por ello no podrá acompañarlos hoy en su recibimiento

-Entiendo, gracias por aclarar mi silenciosa duda

-No se preocupe, por favor sígame por aquí- subieron un nivel más y caminaron por un enorme pasillo. A diferencia de Iskandar aquí gobernaba el color azul en sus distintas tonalidades. Llegaron a una puerta de roble donde la mucama abrió tratando de no hacer mucho ruido, Izuku entro con cuidado y se arrodillo al igual que todos los demás que se mantenían en silencio. Sentía tenso el ambiente y no era para menos, dos príncipes de naciones enemistadas estaban frente a frente.

-Me alegra sumamente verle príncipe de Iskandar- aquel chico que a pesar de no haber apartado la mirada de su libro mantuvo una postura firme demostrando ante todos que era alguien digno de respeto. Alabando la crianza que había sido instruida duramente en su niñez, demostrando que estaban frente a alguien nacido en un ceno de realeza.

-Me gustaría decir lo mismo pero no puedo, príncipe bastardo- y ahí estaba el heredero de Iskandar siendo…el.

-Sigues siendo igual de irrespetuoso Bakugou- el tono de su voz helo a todos los presentes incluso a las sirvientas. Izuku lo pudo saber por la manera en que temblaban.

-Y tú igual de imbécil Todoroki- pequeñas explosiones se formaron en sus manos. Las cosas estaban claras, ninguno se doblegaría ante el otro.

-Dejemos la hostilidad para otra ocasión y dejen que mis sirvientas curen sus heridas. Aparte deben de darse un baño antes de siquiera entablar una conversación con el rey- aplaudió y la muchedumbre no tardo en posicionarse al lado de cada invitado a excepción de Izuku que a pesar de su orgullo dejo que le ayudaran a levantar-por favor disfruten del hospedaje y esperen el banquete. Laura, Flora ustedes retírense y dispongan sus servicios a la cocina.

-Como usted ordene alteza- una de las sirvientas realizo una calculada reverencia mientras cerraba los ojos y su compañera realizo el mismo acto. En un instante el salón fue vaciado y los gritos de los guerreros de Iskandar dejaron de escucharse, las sirvientas que fueron asignadas a Izuku tuvieron que pedirle disculpas ya que habían sido asignadas a otra área.

Ya estando sola suspiro cansada moviendo su brazo y pierna heridos. Encontrar un herrero que le reparara la armadura iba a ser todo un suplicio.

-¿Por qué no has ido al lado de ellos?-Todoroki se levantó de su asiento dejando de lado su libro. Sentía curiosidad por esa persona desde que le vio entrar.

-No soy alguien bienvenido para acompañar a la gente de Iskandar- Izuku no miro al príncipe, toda su atención se había centrado en el único balcón que había en esa habitación. La necesidad de conocimiento la estaba absorbiendo, la diferencia entre todos los reinos era abismal. Mientras que Iskandar era casi desértico y ligeramente empobrecido, Partevia estaba desbordante de lujos y excesos con gente entregada a su régimen y religión.

-Si tienes curiosidad puedes ver la ciudad desde aquí- sin esperar más Izuku abrió la puerta de vidrio admirando la grandeza de esa nación pero se sentía vacía a pesar de estar atestada de gente. Aunque ese sentimiento le duro poco ya que otro más fuerte se apodero de ella.

-Por la persistencia de su mirada en mí, puedo asegurar que usted desea hablar conmigo- Izuku cruzo sus brazos sintiendo la tensión de sus músculos al no recibir una respuesta inmediata. Teniendo miedo de haber confundido sospecha con amabilidad.

-Al parecer no eres tan tonto como lo es Bakugou- Todoroki se acercó con calma a Izuku mientras ella admiraba los acabados de la torre de vigilancia- Tienes razón, deseo hablar contigo pero no quiero incomodarte pero aun así agradezco que te hayas quedado en este salón y que hayas escuchado mi silenciosa petición

-Príncipe, sé que usted debe cumplir con un protocolo y más con alguien extranjero en sus tierras pero pido que deje de alargar esta conversación y que pregunte lo que desea saber- ella cerro los ojos al sentir como el dolor de sus heridas regresaba. Al parecer el tratamiento que le habían dado no había sido suficiente.

- Sera un problema si Bakugou se entera que estamos hablando. Aunque mi pregunta puede ser incómoda para ti

-No se preocupe príncipe Todoroki yo como alguien ajeno al reino de Partevia debo contestar las dudas que tenga su majestad- se posiciono frente a él y bajo la cabeza reconociendo su título de realeza pero jamás se arrodillaría frente a el- si mis conocimientos le son de ayuda por favor pregúnteme lo que desee

-¿Eres hijo del Rey Supremo?- el silencio después de la pregunta fue inmediato, incluso se escuchaba la lección de baile que estaba tomando la primer princesa y las risas de las mucamas que trabajaban arduamente en la limpieza un piso arriba.

-¿Qué?- la pregunta fue bastante directa como extraña para ella- discúlpeme príncipe por contestarle de esa manera pero ¿Qué?

-Por tu reacción puedo decir que no lo eres pero eres cercano a él. La armadura que posees es la que cuentan las leyendas artúricas, es la que poseyó el famoso clarividente y caballero Nighteye- la toco del hombro congelando esa parte en un instante- y que decir de tu espada, la tan aclamada Ávalon la cual podría rivalizar con la misma Excalibur- intento tocarla pero Izuku se lo impidió, los ojos que tenía el príncipe en ese momento estaban vacíos, similares a los del Rey Supremo cuando hablaba de su maestra.

-¿Pretende intimidarme alteza? O ¿Solo desea infundir una amenaza?- retrocedió hasta chocar con el barandal sintiendo la helada briza por las hendiduras de su armadura.

-Ninguna de las dos pero si deseo algo de ti- se mantuvo en el mismo lugar respetando el espacio que había impuesto el caballero - pelea contra mi poniendo nuestro honor de por medio y por honor me refiero al de mi padre y al del Rey Supremo

-¿Tanto odias a mi maestro como para manchar su reputación?-apretó sus manos hasta hacerlas temblar, debería sentir rabia en ese momento pero la profunda pena que emitía Todoroki se lo impedía. Sentía que sufría y que el arrepentimiento carcomía su alma pero nada se comparaba a la ira que suprimía su alma.

-No lo odio, solo es un obstáculo que debo superar para así dejar de lado los caprichos de mi padre- se arregló su chaleco sin quitar su mirada de la persona que estaba frente a él, ignorando lo mal trecha que estaba la armadura- ¿Aceptas mi propuesta caballero oscuro?

-Sería una falta de respeto no hacerlo pero solo aceptare con una condición- Izuku señalo al príncipe- dígame que dolor aqueja su alma y el de su familia, si no contesta me opondré a su pedido príncipe Todoroki

-No esperaba menos de ti caballero. Sabes leer bien a las personas- el torció los labios mostrando una mueca que hizo que ella se estremeciera- te lo contare antes del encuentro, por ahora ve y come. No deseo pelear con alguien que está muriendo de hambre- dio la vuelta azotando la puerta del balcón haciendo vibrar el cristal.

Izuku espero hasta que el príncipe saliera de la sala y se dejó caer en el piso exhausta.

-¿¡Porque todos quieren pelear conmigo Maestro!?- grito derrotada. ¿Por qué solo a ella le pasaban estas cosas?