Capítulo 7. Una serie de momentos inoportunos
Desde que Ron y Hermione decidieron tener un hijo, todo había sido un impedimento. Habían acordado no decir nada a nadie hasta que no fuera seguro, ya que ambos sabían lo pesadas que se pondrían sus familias.
Por un motivo u otro, cada vez tenían menos tiempo para estar juntos y cuando conseguían verse, por las noches, estaban tan cansados que se dormían al momento. Esos meses habían sido una serie de momentos inoportunos.
Primero, Harry consiguió un ascenso a director del departamento de aurores, por lo que no dudó ni un segundo en nombrar a Ron como coordinador de equipos de rastreo y estrategias. Su nuevo cargo tenía un sueldo mejor, lo que les vendría bien cuando tuvieran al bebé, pero implicaba más horas de trabajo y dirigir todas las misiones de captura o, lo que es lo mismo, menos tiempo con Hermione.
Por otra parte, Hermione tuvo que asistir a un curso de leyes mágicas que impartía el Ministerio Mágico de Francia. Estuvo fuera durante tres meses, solo volvía a casa durante los fines de semana. Por eso aprovechaban cualquier momento para intentarlo pero, por el momento, no había sido de mucho éxito.
Era un lluvioso día de abril cuando, cansado de tantos impedimentos y de la tensión que estaba comenzando a aflorar entre ellos, Ron decidió pedirle a Harry unos días libres. Durante el descanso de la comida, Ron se dirigió al despacho de Harry. Llamó a la puerta y, sin esperar una respuesta, entró.
―Harry, tengo que contarte algo y... Necesito un favor, colega ―se sentó en la silla de enfrente de su amigo. Hermione le mataría si se enterara de que se lo había contado a Harry.
―Claro, dime, ¿Pasa algo entre Hermione y tú? ―Harry tenía mucha paciencia, pero las discusiones de sus amigos le superaban.
―No, no... Aún no... ―Ron se puso nervioso. Harry, por su parte, le miró con curiosidad―. Verás, hace unos meses que Herms y yo intentamos tener un hijo. Pero entre su curso en Francia, mi ascenso y, las navidades en la Madriguera... No hemos tenido suerte. Me gustaría pedirte unos días libres para estar con ella, sin estrés. Hermione está empezando a agobiarse y ya sabes cómo se pone... Da miedo.
―Caray Ron, eso es genial. ¿Por qué no nos lo dijisteis a Ginny y a mí? Desde que nació James estamos más ocupados, pero hemos estado quedando los cuatro muchas veces, podríais haberlo dicho. Entiendo que necesitéis unos días de vacaciones, han sido unos meses muy ajetreados...pero...
―Gracias tío, sabía que me entenderías ―sin dejar terminar a su amigo, Ron se levantó. Hablaría con Hermione esa misma noche y planearían unas vacaciones―. Bueno ya te diré cuando me cojo las vacaciones. Te dejo que sigas con el papeleo.
Casi había llegado a la puerta cuando...
―Ron, espera. No quería decírtelo aún, pero creo que necesitas saberlo para planificar las vacaciones. He recibido una lechuza del equipo de aurores de Escocia ―la cara de Ron cambió al blanco. Sabía que vendría a continuación―. El equipo y tú os marcháis a finales de mayo para llevar a cabo la misión de captura del grupo de mortífagos que estamos investigando. Estaréis allí cuatro meses. Les espiaréis y esperaréis a que se reúnan con otros mortífagos con los que se están comunicando. Yo me quedaré aquí, coordinando a tu equipo y a los aurores que repasan la información que nos va llegando. Lo siento.
―¡PERO HARRY ME HAS DICHO QUÉ ME ENTENDÍAS, MALDITA SEA! ¿Cuándo cojo mis vacaciones? ¿Después de la misión? ¿Antes de irme? ―Ron estaba perdiendo los papeles. Habría jurado que Harry le había dado permiso para coger las vacaciones, le había dicho que les entendía―. ¿Qué le digo a Hermione ahora? No te imaginas la ilusión que le hace tener un hijo...
―Lo siento de verdad colega. Sé que Hermione y tú habéis estado unos meses separados por su trabajo y ahora sale esto... Eres el mejor planificando estrategias, por eso te di ese puesto. Ron te prometo que después de esta misión podrás coger unas largas vacaciones, te las mereces ―Harry parecía arrepentido. Ron se calmó al ver que su amigo no lo estaba pasando bien dándole esa información. Sabía que Harry preferiría no mandarle a una misión tan larga. No después de haber estado lejos de Hermione estos meses.
―No pasa nada, lo entiendo. Hablaré con Hermione y la contaré la situación. Ya lo intentaremos más adelante. Hasta luego Harry.
Ron salió del despacho con la cabeza baja. No podía creer que en un mes tuviera que marcharse. Aún no sabía cómo se lo iba a decir a Hermione.
Esa noche, cuando Ron llegó a casa, encontró la mesa decorada con velas. Hermione salió de la cocina llevando dos platos de lasaña, llevaba puesto un vestido azul y sonreía, estaba muy guapa.
―Hola amor, ¿Qué tal ha ido el día? ―Hermione dejó los platos en la mesa y le dio un cálido beso.
―Hola pequeña. ¿Qué celebramos?
―Nada, solo quería darte una sorpresa...y crear una atmósfera más romántica ―a Ron se le venía el mundo encima solo de pensar en lo que Harry le había dicho. Hermione debió de notar algo en su cara, porque se separó de él y cambió su tono de voz―. ¿Qué pasa Ronald?
―Ven, siéntate ―se sentaron en el sofá, uno al lado del otro. Hermione le miraba preocupada―. Tengo algo que decirte, no son buenas noticias.
―No te preocupes Ron ―la chica le cogió la mano y, en un gesto de apoyo, la apretó suavemente entre las suyas.
―Verás... Esta mañana, he ido a hablar con Harry. Le quería pedir unos días libres para estar contigo e intentar lo del bebé... ―Ron notaba como las palabras se atragantaban en la garganta―. Harry me ha dicho que me mandan a una misión a Escocia... Cuatro meses...me voy a finales de mayo... Lo siento Herms, de verdad que lo siento.
La chica notó como unas lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. No podía creerlo. No quería creerlo. Miró a Ron, esperando ver una sonrisa que indicara que estaba de broma. Pero cuando le miró, el chico se encontraba con la cabeza agachada y los hombros caídos. Sabía que él tampoco quería ir a esa misión.
―No pasa nada, nos apañaremos. Lo seguiremos intentando cuando podamos, y ya veremos qué pasa. Solo te pido que vuelvas de esa misión.
Ron levantó la cabeza. Ver a Hermione llorando era algo que odiaba. La abrazó fuertemente y ambos se quedaron allí, olvidándose de la cena.
―Claro que voy a volver tonta. Acuérdate de que siempre que esté lejos de ti y quiera volver, el desiluminador me guiará hasta donde tú estés.
...
Mayo pasó rápidamente y, antes de lo que ellos esperaban, llegó la noche antes de la partida de Ron. Al final, la misión se había retrasado una semana más, lo que permitió que Ron y Hermione cogieran unos días libres para ir de vacaciones. Pero la realidad había vuelto a sus vidas y al día siguiente Ron se iría a Escocia hasta septiembre.
―Vamos Ron, tenemos que pasar a recoger a mis padres de camino a la Madriguera ―Hermione ya le estaba esperando en la puerta.
―Ya voy. No entiendo por qué tenemos que cenar todos juntos... Yo solo quiero estar contigo. Me voy mañana y voy a estar lejos cuatro meses, mi familia puede esperar... Venga Herms, vámonos juntos donde sea ―Ron la rodeó con sus brazos. A pesar de que Hermione pensaba lo mismo que él, ella era la responsable, la que siempre hacía lo correcto...
―No podemos Ronald. Venga que nos están esperando ya.
Como siempre, Hermione tenía razón. Cuando llegaron a la Madriguera ya estaban todos esperando. La casa estaba tan llena como cuando vivían todos los Weasley allí. La Señora Weasley había decidido que pasaran el verano allí todos reunidos, Hermione sabía que lo hacía para que ella no estuviera sola en casa mientras Ron estaba en Escocia y agradecía ese gesto.
Después de la cena, tan abundante como siempre solían ser las cenas en la casa de los Weasley, todos se dirigieron al jardín. Los más pequeños, a excepción de Lucy, la hija pequeña de Percy, se divertían con unos muñecos que cambiaban de forma, el último invento de George. Harry y Ron jugaban al ajedrez mágico, mientras Bill, Charlie, Percy y George estaban enfrascados en una partida de naipes explosivos. Las mujeres charlaban sobre el trabajo, los niños y los planes que podían hacer ese verano. El Señor Weasley y el Señor Granger hablaban sobre su tema favorito, los inventos del mundo muggle y del mundo mágico.
Sobre medianoche Ron y Hermione decidieron que era hora de volver a casa. Se trasladarían por la Red Flu, ya que era más rápido que volver en coche. La Señora Weasley les acompañó hasta el salón.
―Ronnie ten mucho cuidado. Si puedes, escribe de vez en cuando ―abrazó a su hijo y le apretó las mejillas como solía hacer cuando era pequeño.
―¡Mamá, es una misión de captura, se supone que no tienen que saber que estamos allí! ¿Cómo quieres que te escriba? ―Ron odiaba cuando su madre le trataba como si aún fuera aquel niño pelirrojo y larguirucho.
―Buenas noches Molly. Mañana al mediodía vuelvo ―ahora la Señora Weasley abrazaba a Hermione.
―Muy bien querida. Te estaremos esperando todos aquí. Bueno marcharos ya, que es tarde.
Los dos chicos entraron en la chimenea y desaparecieron. Al instante, el salón de su casa aparecía ante sus ojos. Hermione comenzó a revisar que Ron hubiera cogido todo lo necesario, odiaba ver aquella maleta en la entrada, siempre significaba estar separados. Tras comprobar todo, volvió a la habitación y se sentó en la cama. Al salir de la ducha, Ron la encontró llorando, inmediatamente la atrajo hacia sí y la abrazó fuertemente.
―Herms, por favor, no llores. Ya verás cómo pasa rápido el tiempo y te prometo que, en cuanto vuelva, le voy a decir a Harry que me dé un tiempo libre de misiones, que trabajaré desde aquí ―no podía verla así, no quería que la última noche antes de irse fuera de esa manera―. Sabes, me gustaría poder quedarme para siempre en esta semana de vacaciones que hemos tenido. Solos tú y yo. No quiero que estés así en los últimos momentos que nos quedan para estar juntos antes de irme.
―Lo...lo siento... ―Ron la limpió las lágrimas con el dorso de la mano―. Debería ir a lavarme la cara...
Sin dar oportunidad de levantarse a la chica, Ron la besó apasionadamente. Necesitaba sentir entre sus brazos el cuerpo de ella, el roce de sus labios por su piel. Poco a poco, la respiración de ambos se fue acelerando, confundiéndose con gemidos que se escapaban de sus bocas. Las lágrimas de Hermione habían desaparecido para dar paso a una necesidad de buscar y encontrarse con los labios de Ron. Él recorría con sus manos el cuerpo de ella, deteniéndose en sus pechos, acariciándolos mientras su boca se deslizaba por su cuello. Lentamente fue descendiendo hasta sus muslos, robando gemidos a Hermione, acelerando el pulso de los dos. Sus caderas encajaban a la perfección, acompasadas en un va y ven rítmico, que fue aumentando hasta que ambos cayeron uno al lado del otro, quedándose abrazados.
―Mañana me iré pronto, no quiero que te levantes tan temprano.
―Me da igual Ronald. Me levantaré a despedirme de ti y punto. Además, después tengo que volver a la Madriguera con todos.
―Está bien, ya sé que puedes llegar a ser muy cabezota ―Ron la besó en la cabeza―. Será mejor dormir ya. Buenas noches pequeña.
―Buenas noches amor ―se quedaron dormidos en los brazos del otro. Hermione apoyaba la cabeza en el pecho de Ron.
A la mañana siguiente, a pesar de que Ron había insistido la noche anterior de que siguiera durmiendo, Hermione se levantó la primera y preparó el desayuno. Cuando el pelirrojo entró en la cocina, se encontró a su mujer sentada en la mesa con la mirada perdida en su plato de tortitas.
―Con lo lista que eres y ¿no sabes que las tortitas se comen? Por mucho que las mires no van a desaparecer ―la chica le miró y le regaló una sonrisa algo triste. Al menos había conseguido que levantara la cabeza―. Herms, ya sabes que no me gusta verte así. Cuatro meses pasan volando, ya lo verás.
Ron se sentó a su lado y le apretó la mano con cariño. Sin esperar una respuesta por parte de Hermione, le colocó el tenedor en la mano que tenía cogida y la insistió en que comiera. Cuando terminaron, Ron recogió todo y se fue a coger su capa de viaje para marcharse. Hermione le siguió al salón.
―Bueno amor, me voy ya. Pásatelo muy bien en la Madriguera con todos, ya verás como el tiempo pasa volando ―Ron la rodeó con sus brazos y la atrajo hacia él.
―¿No podrás escribirnos? Al menos para saber que estas bien ―Hermione le miraba con los ojos vidriosos.
―No pequeña. No podré escribiros, podrían encontrarnos y la misión fracasaría. Pero no te preocupes, estaré bien ―la alzó la cabeza para que le mirara―. Siempre vuelvo, recuérdalo.
―Por favor, Ron no intentes ninguna estupidez. Si ves que algo va mal, vete. Aborta la misión y vuelve a casa.
―Lo haré, te lo prometo. Ahora tengo que irme. Te quiero mucho, no lo olvides nunca.
Sabiendo que no podía alargar más la despedida, Ron la besó, como si fuese el último beso de ambos. Cuando se separaron, se metió en la chimenea y pronunció su destino. Lo último que vio, antes de que todo se volviera un borrón, fueron los ojos llenos de lágrimas de Hermione.
Holaa! Aquí os dejo el nuevo capítulo, como prometí es un poco más largo que el anterior. Espero que os guste. ^^
