Sorpresas
La alerta de emergencia timbró por todo el Seireitei. Shinji se levantó exaltado y se vistió, tocó a la puerta de Hinamori y ella ya se encontraba vestida con su zanpakuto en la mano.
-Momo, reúne al escuadrón en lo que averiguo qué está pasando.-
-Si capitán.- Hirako se metió a su oficina y una mariposa infernal estaba posada en su escritorio.
Estaban bajo ataque. Y peor aún, por un antiguo enemigo que se creía extinto; el clan Quincy. Dio la orden de unirse a la lucha a su escuadrón, no se quedarían atrás en la defensa del Seireitei.
Hinamori y él van detrás de las tropas cuando una fuerte explosión los aturde, ya han llegado ahí. Si bien los shinigamis son buenos combatientes son rebasados en número y fuerza. No resiste ver a sus subalternos caer; se lanza contra el enemigo. Escucha que alguien grita su nombre y el sonido de la espada.
Teniente más leal no pudo tener. Momo, al defender su espada, resulta herida. Shinji corre en su auxilio, la sostiene en brazos.
-Momo, por favor resiste. Iré por ayuda.- Ella se aferra a su capa de capitán, la herida en su costado sangra infinitamente.
Huye de ahí. Nunca se perdonaría el haber abandonado a sus tropas pero ellos jamás le perdonarían que dejara morir a la teniente de esa manera. Sabe que tiene que llegar al cuartel del cuarto escuadrón lo más pronto posible; corre, brinca, se arrastra pero llega ahí.
Grita por ayuda. La entrega, o mejor dicho, la arrancan de sus brazos. Se queda de pie, olvidando que hay una batalla allá afuera.
-Shinji, regresa con tu escuadrón. Te necesitan ahora.- Dice Unohana, a esa mujer no se le puede decir que no. Regresa a su cuartel pero ya es tarde, la batalla ha terminado y las bajas son innegables.
Lleva a los heridos a que sean atendidos mientras espera noticias de la teniente. Se siente culpable, si no hubiera sido tan impulsivo ella no estaría herida.
-Capitán, la teniente quiere hablar con usted.-
-Gracias, teniente Isane.- Entra a la habitación y la ve ahí, tendida en su cama, diminuta. Pálida como las sábanas que la cubren.
-Capitán.- Exclama débilmente.
-No hables, Momo. Ya estoy aquí y quiero agradecerte lo que haz hecho por mí.- Sostiene su mano, la siente algo fría.
-Capitán, hay algo que quiero pedirle. Mi tiempo es valioso, pues no me queda mucho.- Tose cancinamente.- Sólo… quiero morir como una mujer casada, con una argolla en mi dedo. Se puede negar, yo comprenderé…-
-No digas más. Sí es lo que deseas, tú y yo nos casaremos ahora mismo. Iré a hablar con la capitana Unohana.- Los ojos de la chica brillan. Él se levanta y sale de la habitación.
Se siente pálido como la cera, si bien el no tenía deseos de realizar a acabo ello, cumpliría la última voluntad de su teniente. Se apresuró, el tiempo lo apremiaba.
Habló con la capitana del cuarto escuadrón y estuvo de acuerdo. Le ordenó regresar al lado de Hinamori diciéndole que ella se haría cargo de todo.
Hace caso y regresa con ella. Se sienta a su lado y sostiene su mano, mientras acaricia su cabello y tararea una canción. Su respiración se torna cada vez más y más lenta. El tiempo se le hace eterno ¿Cuánto más tardarán?
Retsu entra, detrás de ella están Hachi, Kensei y Rangiku.
-Hirako, el señor Hachigen realizará la ceremonia. Creí que les gustaría tener a un par de amigos como testigos.- Shinji asiente y el ritual inicia, ella cada vez está más débil.
Al fin llega el momento y él pone el anillo en su pequeña mano. Siente como Momo torpemente pone el suyo en su gran manasa.
-Gracias, capitán.- Suspira.
-Ahora soy Shinji, señora Hirako.-
-Eso…suena bien. Gracias, Shinji. – Esboza una sonrisa. Con esa última sonrisa, Hinamori expira.
Los reunidos se quedan ahí, en silencio. La observan y la notan diminuta. Isane cubre el rostro de la chica, el cual todavía tiene el fantasma de su última sonrisa. Uno a uno salen.
Shinji acaricia el anillo dorado en su dedo anular izquierdo, éste sigue caliente por el contacto con la chica.
-No sé como agradecerte lo que haz hecho por ella, Shinji. Lo mejor será ir a informar a mi capitán de lo sucedido.- Dice Rangiku, lo abraza antes de irse.
-Sé lo duro que fue para ti, amigo. Me honra haber estado aquí ante el acto de lealtad que acabas de cometer.- Kensei le da unas palmaditas en el hombro antes ir a recibir unos puntos en los nudillos de la mano derecha.
Y así, se queda solo, con la mirada perdida. Sentía que nunca pudo hacer por Hinamori tanto como ella había hecho por él. Esa era, de cierta manera, una pequeña retribución por su parte.
-Gracias por todo, Momo.- Susurró antes de ir a ver el estado de su escuadrón.
Así fue cómo se realizó el sueño de Hinamori, de casarse con su capitán. A costa de su propia vida.
El funeral de Momo se realizó en privado, no como el de los otros caídos en la batalla. Fue enterrada al pie de un cerezo. A la ceremonia acudieron sólo Shinji, Rangiku, y Hitsugaya. Éste último estaba muy dolido por la pérdida de su amiga de la infancia, a quien había jurado proteger a toda costa.
En la diminuta tumba sólo se podía leer el nombre "Momo Hinamori" con la frase "Amada hija, amiga y teniente", dado lo apresurado de su matrimonio no había habido tiempo para el cambio de "Hinamori" a "Hirako". Shinji no quiso que su apellido apareciera en su lápida, sentía que no era digno de ser escrito.
-Hirako.- Escuchó el rubio.- Gracias por lo que hiciste por Momo, me alegra saber que cumpliste su última voluntad.- Hitsugaya estrechó su mano y éste sólo asintió con la cabeza.
Acabado el ritual, Rangiku y Hitsugaya se fueron. Él espero un poco en silencio. Dejó un ramo de gerberas rosas sobre la tumba y se fue.
Bueno, como éste capítulo estuvo corto es probable que suba hoy mismo el siguiente, dado que ya está escrito en Word y sólo necesito hacerle algunos cambios.
Si la trama ha estado algo lenta, es por que intento no "traicionar" (por así decirlo) la personalidad y el carácter de cada personaje. Bien dice la frase "lento que llevo prisa".
Gracias por tomarse la molestia de leer éste fanfic y sus reviews.
Hisana K.
