AUTORA:
Se que he desaparecido por casi un mes o un poco más. No lo se del todo. Pero bueno. Por si alguien va un poco perdido, que sería totalmente comprensible acabe el último capitulo con el secuestro de Scarlett y Sebastian, fue la guarra de Carla jajajaja Tomad fic que supongo que lo querréis. xD
NO AL PLAGIO:
Los personajes no me pertenecen, estos son exclusivamente propiedad de CAPCOM. Lo único que me pertenece es la historia y su trama.
NOTA IMPORTANTE:
· Letra Normal: Para las acciones.
· Letra Negrita: Para los diálogos.
· Letra Cursiva: Para recuerdos, sueños o pensamientos.
.Cicatrices que marcan.
.Chapter 7.
El sonido de sus zapatos de tacón de aguja impactar contra el frío suelo hacía estremecer a cualquiera que se encontrara en un rango de diez metros. Inevitablemente su piel se erizaba al tiempo que seguía el caminar de "su" mujer y que por primera vez en toda su vida temía interponerse en su camino.
Él era Leon Scott Kennedy y aunque estuviese más que seguro de que ella sería incapaz de dañarlo... prefería no arriesgarse. Tan siquiera cruzarse. Porque una diminuta parte de su ser desconfiaba de su auto control.
De pronto sintió el dolor punzante cerca de su pecho: sus hijos. ¿Secuestrados? Difícil de creer, pero tan real como que había despertado de un coma. Y este no era el verdadero punto, porque si él sentía dolor y rabia, ella entonces, ¿que emoción experimentaba? La observo desde atrás, a menos de un metro; sus pasos precavidos pero amenazantes, un movimiento forzado de cadera le hacía pensar que andaba más nerviosa de lo normal, y por sus músculos tensos deducía que estaba furiosa. Sin embargo le sorprendía como Ada era capaz de contenerse. "No perder el control" era lo ideal. La observo por un instante de reojo y fue testigo de ese ligero movimiento que ella misma contuvo y transformo en rabia; el puño cerrado, conteniendo la rabia y rezando para no asesinar a nadie.
Su mente era capaz de almacenar muchísima información, tanta que hablaba más de seis idiomas diferentes. No obstante ahora solo pensaba en dos cosas: sus hijos y como haría pagar a Carla por lo sucedido. Avistó en pocos segundos una puerta delante suyo que la hizo calmar y despejar, por una milésima de segundo, su mente. Se acercó más, y leyó "push" y de una manera casi inconsciente y de un fuerte golpe abrió la puerta de par en par dando paso a su esbelto cuerpo, mirada asesina y ansias de matar... pero sobretodo, sed de venganza.
Entro en alguna especie de sala importante. Era espaciosa, formal, con una mesa circular en el centro, sillas a su alrededor y una gran pantalla al fondo. Todos los presentes quedaron en silencio, seguramente pensando en lo sucedido. Era una cosa más que obvia que a los cinco minutos la noticia hubiese llegado hasta los de recepción. Unos se compadecían, y otros entre su minoría llegaban a regodearse solo por la infelicidad de sus almas, de su gran envidia y por más que egoísmo.
Cambió su semblante ante la incomodidad que el silencio le estaba produciendo, y cuando llegó a la mesa principal explotó como nunca; estampó ambas manos sobre la mesa con tal delicadeza que la hizo vibrar, y furiosa hundió la cabeza intentando buscar las palabras adecuadas para conversar sin soltar juramentos o insultos a cada segundo.
Todos los demás quedaron como estatuas, nadie era capaz de dirigirse a Ada. Hablarle por el miedo a decir las palabras erróneas o incluso la inseguridad y el temor a que ella no pudiese controlarse, impedía que soltaran algún sonido. Leon la observó de lleno por un momento preocupado, en realidad no había dejado de observarla ni un segundo pero nunca la había visto así. Quería consolarla, decirle que dentro de poco pondría al mejor grupo de personas en busca de sus hijos y le gustaría prometerle que los traería de vuelta sanos y salvos. Pero hasta él sabía que había ciertas promesas que...
— ¿Alguien puede explicarme como ha sucedido? — Preguntó conteniéndose y sin mirar a nadie en concreto. Quizá un punto muerto de la superficie de la mesa.
— No sabemos como es que sigue viva, pero...— Empezó Ingrid algo asustada y cohibida por Ada mientras elevaba sus gafas de trabajo sobre su nariz y sentada alrededor de la mesa circular disponía de su gran portátil. Pero de pronto Ada estalló.
— ¡Me importa una mierda Carla y todo lo que la relacione! — Gritó levantando el rostro y fijando la vista en la informática que se asustó ante ese tono de voz. — Quiero saber como es que se ha llevado a mis hijos delante de mis narices, si esta mierda de base tiene uno de los mejores sistemas de vigilancia y seguridad del mundo. — Se detuvo un segundo a respirar... "Calma" se dijo a si misma inconsciente a la vez que cerraba los ojos. Era conveniente que ella no perdiese los papeles, porque entonces estaban todos perdidos.
— El sistema... — Empezó Ingrid algo insegura por si de verdad era conveniente hablar o mejor era callar como todos los otros dentro de la sala. — en teoría, nos avisó de un fallo, pero tardaron en corroborarlo ya que eran tus huellas dactilares las que estaban siendo escaneadas en la entrada. —
— Pero si había entrado hace treinta minutos, —Contraatacó de manera furtiva. — ¿Nadie se dio cuenta de que había otra mujer como yo? ¿Nadie sospechó nada? — "perfecto" cada vez estaba más furiosa y tenía más ansias de derramar sangre y lo peor de todo es que era consciente y no intentaba nada para controlarse, porque llegaba un punto en el que ni ella misma podría detenerse. Porque una pizca de su ser aún seguía aferrada a esa antigua vida de "libertad".
— Ada, ¿porque no dejamos de discutir y nos centramos en dar con ella? — Intervino con voz firme Leon pero con un tono calmado. Ada giró en redondo para mirarlo a los ojos como si fuera a matarlo sin justificación, pero por una vez estaba de acuerdo con él.
— Tienes razón... — Suspiró relajando los músculos y miró a todos los de su alrededor; Rebecca, algo preocupada pero sin embargo no intervenía y estaba claro que era por temor a su amiga, luego se encontraba Ingrid y sinceramente se arrepentía por haberle hablado antes de esa forma ya que no era su culpa. Un poco más a la derecha se encontraba Walter Grey que no decía nada y que parecía estar meditando sobre algo, seguidamente pudo ver a Leon que estaba bastante enfadado pero a diferencia de ella se controlaba más o quizás no compartía el mismo sentimiento de madre que Ada, y por último vio a Chris. Sinceramente no se esperaba encontrarlo, parecía ocultarse entre la sombra de alguna persona. Sin embargo, ¿que estaba haciendo él allí? ¿Reírse de ella, dar soporte o solo lo habían encontrado por casualidad...?
— Ingrid. — Esta se sorprendió y fijó la vista en su superior: Walter Grey. — Necesito que busques información de Carla; cualquier indicio de vida, localización, archivos ocultos, lugares, fechas... Todo. — Esta asintió firme y luego se puso a teclear el ordenador a la velocidad de la luz. Walter giró la cabeza y buscó a Ada dándole a entender que haría todo lo que estuviese en sus manos para encontrarlos.
Retrocedió unos pasos de la mesa que empezaba a fastidiarle y en vez de ir con Leon, se desvió y fue hasta quedar detrás de Ingrid sin dejar de observar cada detalle reflejarse en la pantalla del portátil. Pudiera darse el caso que Ingrid tecleara y buscase información a la velocidad de la luz, quizá haciendo el momento bastante confuso, pero Ada entendía todo y lo mejor; era capaz de leerlo. La memoria fotográfica era su fuerte.
— La base de datos no me da más de lo que ya conocemos. — Declaró sin previo aviso la informática.
— Busca por otros medios. — Le dijo Leon. Y Ada de pronto lo miró sabiendo de sobras a que se refería. Tal vez recurrir a métodos menos convencionales. Ingrid sonrió de lado con cierta maldad y en un abrir y cerrar de ojos, gustándole la idea, se puso manos a la obra.
Por un segundo dejo de prestar atención a Ingrid y sus veloces dedos impactar contra las teclas, para mirar de reojo aquella sombra que se ocultaba. Le pareció que se movía acompañada de un espasmo tímido, pero seguramente fuese su imaginación. Porque en realidad era alguien con quien no contaba, al que no necesitaba y siendo sincera tampoco le desagradaba. Se enteró que Chris, era uno de los mejores amigos que tenía Leon, al menos la relación que se había forjado por Claire y el trabajo era amistosa. Quizá Chris estuviera en este momento presente, para dejar de lado sus tratos personales y dignarse a hacerlo correcto.
— No hay nada. — Dijo la informática decepcionada al no encontrar absolutamente nada, y por nada quería decir; nada. Lo único que fue capaz de encontrar fueron un par de imágenes que la relacionaban con el caso de Simmons, y verificaban claramente su muerte. Pero dada la situación estaba claro que no lo estaba.
...
Apretó los ojos con cierta gracia, parecía un lince apunto de cazar a su presa. Su cuerpo tranquilo y la mirada clavada en su "objetivo". Permanecía sentada en su asiento y por segunda vez en el viaje, observó a Hunk al frente. Dejó de mirarlo a los ojos y bajo la vista un poco para encontrarse con...
— Se parecen tanto a mí... — Rió con maldad y se detuvo a recorrer sus rostros de arriba abajo. Parecían estar a punto de congelarse en el acto y eso no era conveniente. — Nos estamos acercando. —
Hunk se dio cuenta de que era una especie de indirecta y se levanto. Fue hasta la parte trasera del avión y cogió algo. Volvió y lo dejo recostado encima de uno de los asientos.
— ¿Que haremos con ellos? — Preguntó sin mucho entusiasmo al verlos estirados e inconscientes, seguramente drogados, en unos sillones a no más de un metro de ellos.
Sonrió con diversión y los observo tan indefensos, tan pequeños... En realidad podía hacer lo que le viniese en gana, los tenía a su merced. Era ella quién controlaba el juego y le tocaba mover ficha a Ada.
— Puedo matarlos, ¿que te parece? — Declaró Carla con un tono sádico. Hunk no respondió. — Me gustaría ver la cara de Ada cuando viese a sus hijos en el suelo, apunto de congelarse y con el corazón parado, ¿o sería mejor verlos descuartizados? —
— Creo que... — Empezó Hunk, pero fue interrumpido por Carla.
— Esa mirada cristalina apunto de llorar, esa expresión de desesperación y sentirse impotente, eso es lo que quiero ver reflejado en Ada. Cuando haya llegado el momento en el que ni ella sea capaz de seguir viviendo un día más, cuando su existencia ya no tenga motivo y ya no le quede ni la soledad... Entonces, la matare. — Y de esta misma forma se habían condenado la una a la otra. Porque era una guerra que solo la podía...
— Y como... —
— Te aseguro que suplicara por morir. — Volvió a interrumpirlo pero como siempre le daba igual. — ¿Y porque quiero que suplique? — Se auto preguntó. — Quiero ver como se rebaja, como se convierte ella en el títere pero sobretodo quiero verme reflejada en sus ojos. Quiero que me vea como la que destrozó su vida, como la que enloqueció a Leon y lo hizo dudar, quiero que sea yo, la que ahora se ria de los demás. —
— ¿Como piensas llevar todo esto acabo? — Preguntó por fin Hunk. Compartieron una mirada extraña y Carla parecía casi emocionada con la idea. Su perfecto plan, su venganza y la batalla "apunto" de ser ganada.
— Así que... ¿matarlos? — Rió a carcajadas. — No quiero ver como se quita la vida después de verlos muertos. — Cruzó las piernas en una posición más cómoda y prosiguió. — Pretendo que su agonía perdure el máximo tiempo posible hasta el punto de querer suicidarse y no poder llevarlo acabo. Para eso tengo algo preparado; jugare con su corazón, su cerebro no será capaz de distinguir la realidad de la ficción y lo peor es que vera como soy yo la que poco a poco ira ocupando su lugar. — Finalizó seria.
Solo Carla conocía sus propios limites y hasta donde podía llegar. Se movió ligeramente en el sillón y se levanto al instante seguida de la mirada curiosa de Hunk. Fue hasta los pequeños y adormecidos encima de sus respectivos asientos, se puso a su altura. Les levanto el rostro con ambas manos sin ninguna consideración como si fuesen animales y quedó mirándolos por más de un minuto. Esos rostros eran capaces de hipnotizar a cualquiera, pero sus rasgos le hacían desear ahogarlos ahí mismo.
...
— Es casi imposible que no haya absolutamente nada. — Medio susurró Ada al tiempo que buscaba y pensaba en algo cuanto antes. Tenía poco tiempo, más bien se estaba quedando sin tiempo, y pensar e idear algo le estaba costando. Se sentía por alguna razón presa del temor, y ante lo desconocido, impotente.
Aunque hubiese sobrevivido a situaciones peores, tenía cierta sensación de pánico que solo ella era capaz de combatir. Ladeo unos segundos su cabeza buscando ideas, haciendo memoria, reviviendo recuerdos, algo... Necesitaba despejarse y para ello miró fijamente los ojos de Leon como si buscase respuestas, pero solo necesitaba concentrarse en otra cosa.
No sabía bien bien que quería Ada expresarle con esa mirada. Pero de lo que si estaba seguro era de que esos ojos cautivadores parecían llorar internamente de angustia. Oscureciéndose a medida que la luz de la triste sala se apoderaba de ellos, sintiendo que el mundo se le vendría encima. Intentó apartar esa mirada triste de Ada por un momento, pero no supo como. Su intención era acercarse hasta ella para tomar iniciativa ante su mirada pero algo le impidió llevarlo acabo. Aspiró aire profundamente y quedó en su posición.
— ¿Y si probamos vía satélite? — Cortó el silenció de pronto Rebecca, al tiempo que Ada reaccionaba y se concentraba en ella. — Quiero decir; si han salido hace unas horas el satélite podría tener imágenes, ¿no? —
— No creo... — Contestó velozmente Ada al tiempo que se apartaba de Hunnigan, y empezaba a andar pensativa. — No es tan tonta como para no haber pensado en eso. — Suspiró molesta por unos segundos mientras no dejaba de mirar a Rebecca a menos de tres metros. — Y si... — Se dijo a sí misma
— ¿Que? — Declaró Rebecca intrigada.
— Quizá funcione. — Susurró para sí misma, y esto llamó la atención de los presentes que intrigados pusieron atención y se concentraron en ella.
— Ada, ¿que es? — Esta vez fue Leon el que habló. Ingrid observaba a Ada detrás suyo, Chris seguía como si fuese una sombra en un lugar desconocido, aún sin intervenir, y por último Walter, que se incorporó ante las palabras de Ada.
— Es lo único que tengo. — Respondió a todos pero en realidad se hablaba a sí misma. Volvió al lado de la informática retomando el momento. Levantó su mano derecha, la elevó hasta la altura de su cuello y sus dos dedos hábiles se introdujeron entre sus dos pechos. La primera impresión de Leon fue más que extraña, algo en su interior quería decirle que se detuviera, que meditara y que no perdiera el control.
— Ada, que estas... — Empezó Leon y se ganó una mirada seria de Ada. Esta detuvo sus movimientos por un segundo y rió con desgana. — No irás... —
— No es momento de juegos. ¿Que crees que iba a hacer? — Y justo al decir esto, extrajo una especie de cajita muy pequeña. Apretó la vista y a su suerte Ada se lo mostró a lo lejos levantándolo y regalandole una sonrisa un tanto divertida. Resopló molesta y se incorporó hacia la poseedora del portátil. — Podrías echarle un vistazo a esto. — Y le entregó el pen drive que había sido extraído de...
— Claro. — Respondió inmediatamente Hunnigan dejando ver una sonrisa entre sus labios. Lo conectó en el puerto USB e inmediatamente se puso a trabajar.
Rebecca rió divertida ante la situación y aunque sabía que no era momento de risas, no pudo contenerse y mirar a Leon que parecía bastante avergonzado. Por otro lado, Chris miró en dirección a Ada justo cuando se estaba extrayendo el pen drive de su escote y Ada pudo darse cuenta de este pequeño detalle cosa que la desconcertó aún más. Deseaba saber que es lo que pensaba Chris de ella, desde que estaban reunidos no dijo ni una sola palabra, ¿y un simple acto que ella llevo a cabo le hizo reaccionar? ¿Podría ser porque sentía curiosidad de ver lo que haría ya que él era un hombre y ella una mujer bien dotada, y su deseo sexual lo había delatado? ¿O podría ser porque desconfiaba de ella y no bajaba la guardia ni en estas situaciones?
— ¿Que es todo esto? — Preguntó sorprendida de golpe la informática sin dejar de analizar todo lo que se reflejaba en su monitor. — Esta lleno de datos, fechas, días... Y hay una localización. — Sus últimas palabras fueron en un tono de sorpresa.
— Déjame ver. — Declaró Ada. Y un par de segundos bastaron para apartar a Hunnigan de su silla y tomar ella su puesto. Empezó a leer toda la información que Billy le dio y algo dentro suyo la incitaba a disculparse con él, por no haberle hecho caso y actuar cuando él se lo advirtió.
Cogió un mando a distancia que estaba encima de la mesa y encendió la pantalla de detrás suyo. Al encenderse, se pudo ver reflejado todo lo que ella estaba viendo desde el portátil. Le dio a "enter" y se levanto casi corriendo. Fue hasta la pantalla que acababa de encender y tras la mirada curiosa de todos los presentes quedó pensativa.
— Se donde pueden estar... — Empezó Ada con cierta duda. Se hecho a un lado y dejo que todo el mundo pudiese ver el mapa que ahora se proyectaba ante sus ojos. En el centro se podía ver un punto rojo parpadeante seguido de unas coordenadas.
— Eso no es... — Empezó Leon.
— ¿Canadá? — Espetó Walter confuso y Ada asintió al momento en su dirección. — ¿Como puede ser? Teóricamente debía estar muerta ¿y ahora surge lo que parece una base en medio de Canadá? — Preguntó esperando respuesta. Era evidente que no estaba muerta y eso la enfurecía, porque todos estos años entonces solo había hecho que augmentar su fuerza, o incluso algo peor...
— Teóricamente. — Declaró Ada sería. — Yo misma la mate y no era que digamos un cuerpo de carne y hueso. Nadie nunca concreto su muerte ya que no se encontró el "cadáver", — Remarcó esa última palabra con un tono despreciable y continuó. — me temo que fue más lista que nosotros y aprovechó la situación. —
— ¿Como? — Intervino Leon.
— Con la ayuda de alguien, de eso estoy segura. — Fijo la vista en Leon e intentó ser paciente, pero no pudo. Se movió inquieta y se disculpo dejando una oleada de aire a su paso. — Disculpadme. — Salió por la puerta seguido a cada segundo por los ojos preocupados de Leon.
...
Salió sin alarmarse, necesitaba hacer una llamada y luego se pondrían en marcha. Se recostó en una pared, saco su móvil y mientras tecleaba un número, miraba insegura hacía ambas direcciones del pasillo no vaya a ser que hubiese algún curioso. Pulsó "llamar" y esperó.
Sabía que las cosas no andaban demasiado bien. No por Carla y sus hijos, sino también por todo lo que conllevaba. Sabía perfectamente que eso era un trampa. ¿Como podía ser que supieran su posición exacta?
— ¿Hola? — Preguntó una voz ronca y un poco seca. Si tuviera que apostar diría que estaba durmiendo. Bostezó y suspiró.
— Billy. — Fue directa sin vacilaciones o formalidades. — Tenías razón. — Cerró los ojos por unos segundos y se prometió que nunca más ignoraría nada de alguien que fuese Billy. Y lo peor es que se creía incapaz de evadir las cosas, siempre las había afrontado, pero cuando se presentó Billy en su casa y le dijo todo aquello, no quería creerlo. No porque no confiara en él, sino porque todo era perfecto para ella; Leon despierto, sus hijos felices, poderse imaginar una vida perfecta, la cegó.
— Siempre la tengo. — Dejo escapar una risa amplia y calló volviendo a bostezar.
— Tomatelo con seriedad. — Y fue cuestión de segundos que el hombre callara sin saber porque. Seguramente fuera porque una pizca de su ser no quiso tentarla. Se incorporó sobre la cama, rechazó la idea de ducharse, pero si que cogió sus pantalones. Se los puso, y mientras llevaba todo esto a cabo, no se escuchaba nada detrás de la linea. Se detuvo con el cinturón medio abrochado, cogió el teléfono con más fuerza y habló.
— Ada, ¿que ha ocurrido? — Preguntó. Se sentó en el filo de la cama, y fijó la vista en un punto muerto. Algo más allá de la ventana, la clara luz de la tarde y las nubes blancas, casi grises.
— Creo que se quien esta detrás de todo. — Y en un instante que fue mínimo le pasaron multitud de recuerdos por su mente.
— ¿Quien? — La curiosidad le pico, y aunque fuera solo esto, deseaba conocer el nombre de aquel que les jodió, y casi acaba con sus vidas.
— Carla Radames. — Apretó un puño con todas sus fueras. Era tan frustrante. — La muy perra sigue viva. Seguramente buscara venganza. Pero te juro que como les ponga un dedo encima la descuartizo. — Billy estaba algo en shock.
— ¿Se los ha llevado? — Estaba muy confuso. ¿Cuando había sucedido?
— Si… — Suspiró y giró la cabeza hacía su derecha. Pudo ver como Leon se acercaba hasta ella. — Necesito pedirte que vengas, alguien con experiencia. No los soldados que me van a proporcionar. Además, tú me proporcionaste esa información. —
— Claro. Mañana estaré allí. —
— Date prisa. — Colgó la llamada y guardó el teléfono. Se dió la vuelta casi por completo y quedó mirando a Leon. No dijo nada. Era consciente de la gravedad de la situación y sus misterios. No sabía como había sobrevivido, cuando fue el momento en el que deseo vengarse de ella y el porque.
— Va a venir, ¿cierto? — Preguntó adoptando una posición diferente. Esta asintió firme y Leon se inclinó hacía ella observándola. Parecía triste y furiosa. — Te prometo que... — Era su obligación como padre y hombre darle esperanzas, aunque no las necesitase. Porque Ada Wong no era débil, pero ahora dudaba de esta idea que por más parecía quebrarse en el interior de su dama.
— Lo sé. — No le dejó acabar la frase que ya lo estaba mirando otra vez directo a los ojos. Sabía de qué promesa estaba hablando. Una pequeña luz en el interior de sus ojos brilló, lo abrazó y se recostó sobre su pecho. Este correspondió delicadamente y acarició toda su espalda.
— Te lo prometo. — Volvió a susurrarle pero esta vez con un tono firme y un timbre de voz que resonó en el interior de su corazón. Sintió como los brazos de la mujer apretaban su espalda y por una milésima de segundo creyó que lo ahogaría ahí mismo, la presión que estaba produciendo era más de lo normal.
— No hace falta que lo prometas, se que lo harás. — Y después de unos largos segundos en esta misma posición, se separó de Leon con una expresión que parecía dulce, pero ocultaba tristeza.
La miró a los ojos de igual forma que Ada lo había hecho con anterioridad. Pero esta no era partidaria de recibir ese tipo de miradas sino más bien de hacerlas, así que no pudo contenerse e intervino.
— Leon, — Se detuvo por unos segundos apartando la mirada de Leon y este, tomo su rostro entre sus manos y la obligo, en contra suya, a quedar cara a cara. — se que no estoy en las mejores condiciones para pedirte nada, pero… Necesito que me prometas algo. — Y ante estas palabras Leon quedó confundido; frunció el ceño y retiró las manos del rostro de la mujer.
— Lo que sea. — Contestó sin dudarlo un segundo. Ada retrocedió un paso insegura y continuó.
— Sea lo que sea que pueda llegar a suceder, no quiero que... —
— No va a ocurrir nada. — Interrumpió declarando firme y dibujando una expresión molesta en su rostro a la vez que se apartaba ligeramente de Ada, tomando así, una actitud más seria. Esto no quería decir que no estuviese serio, pero ahora sentía que la conversación tomaría otro rumbo.
— Los dos sabemos que Carla esta loca. — Indudablemente. — No quiero pensar en lo que pueda llegar a suceder, pero no me gustaría que pasara como... — Ahí es donde Ada quería llegar.
— No volverá a ocurrir. — Susurró con voz dulce como si intentara consolarla de mil penas acumuladas que estuvieran asfixiando su corazón en un intento inútil de retenerlo.
Dejo escapar el aire molesta. Ocurrir, estaba más que claro que "algo" si ocurriría, pero a ella le daba absolutamente igual que fuera a sucederle. Bajó la cabeza como si no pudiese soportar su propio peso, y cogió aire. Leon quedó observándola sin saber que diría.
— Ese no es el punto Leon. — Este frunció el ceño y Ada continuó. — Lo que quiero decir, es que me prometas que no ocurrirá como la última vez. — Y al finalizar esto, quedó mirando fijamente a los ojos a Leon.
— No pasara nada. Esta vez no estamos solos. —
— No me entiendes. — Dejo escapar una risa triste e ingenua.
— Explícate. — Ada, en respuesta suspiró.
— La última vez quedaste en coma. Yo estaba embarazada y... —
— Ahora no estas sola, me tienes a mi. — Volvió a interrumpir y Ada no pudo contenerse ni un segundo más.
— ¡Que fácil es decirlo! — Elevo su tono considerablemente. — ¡No quiero volver a pasar por ello! — ¿Miedo? ¿Soledad quizás? — Y ahora estas aquí, como si tuvieras una segunda oportunidad. Como si hubieses renacido. Y debería sentirme feliz, pero algo me carcome por dentro... — El corazón de Ada bombeaba frenéticamente mientras, furiosa con sigo misma, no dejaba de hablar y Leon temía por su... — ¡Todo fue culpa mía! Y nunca en mi vida me he sentido culpable de casi nada, pero ahora es diferente. Ahora me ahoga... — Y en un acto casi reflejo Leon la abrazó, la envolvió y la calmó.
— Shhh... — La envolvió por completo mientras le susurraba, y como si fuese una costumbre Ada se dejo. — Tranquila. — Acarició su cabello negro con la palma de su mano mientras con su otra mano sujetaba la espalda de la mujer. Y poco a poco, Ada fue bajando el ritmo de su respiración.
— Por favor Leon, lo único que te pido es que no vuelvas a dar la vida por mi. — Y por un segundo que pareció eterno, el lugar quedo en silencio. Ambos seguian abrazados, sus corazones latían casi a la misma velocidad y Leon sonrió con dulzura. Todo esto, la confesión y la culpabilidad, significaba que Ada le tenía cierto apreció, o cariño, como se quiera llamar. Pero le sorprendió que le dijera todo esto justamente ahora, y no hace unos años. Había cambiado, o más bien, algo la había hecho cambiar.
¿No vuelvas a dar la vida por mi? — No digas tonterías... — Rió en voz baja mientras la estrechaba con más fuerza y la hacía presa de sus brazos pero al instante Ada se soltó.
— Estoy hablando en serio Leon. — Estaba algo enfadada.
— Yo también. —
— No quiero que lo hagas. —
— ¿Porque? — Se atrevió a preguntar. Aunque siendo honestos quería escuchar la respuesta.
— Si te volviese a pasar algo, no podría... — No continuó.
— Ada, — La tomó por ambas muñecas. — puedes enfadarte conmigo si quieres, pero no puedo prometerte algo así. — La miró a los ojos. — ¿Por qué crees que lo hago? — Y de pronto, al escuchar esta pregunta, Ada cayo sin fuerzas encima del pecho de Leon. Conocía perfectamente la respuesta. Era la misma que la de ella y por esta misma razón estaba perdida. — Porque no me imaginó una vida sin ti y si te pasara algo, no podría perdonármelo. Soy egoísta. Llámame idiota si lo prefieres. —
— ¿Porque me haces esto? —
— ¿Porque me lo pones tan difícil? —
— ¿No te cansas nunca de dar todo y no recibir nada a cambio? —
— ¿Te refieres a no recibir nada de ti? Creo que me acostumbré a ello hace ya mucho tiempo. Además, recuerdo que fuiste tú la que me dijo que uno aprende a vivir con las cosas. —
— ¿Quieres decir que es culpa mía? — Si Leon decía que si, esta moriría en el acto. No podía ser culpable de más cosas. No podría soportarlo. Necesitaba estar perfectamente para salvar a sus hijos y no se permitiría ningún fallo.
— Si. — Confesó como si nada. — Has sido tú la causa de mis desvelos, mis mas oscuros pensamientos y mis llantos. Cuando me di cuenta de que contigo no podría llegar a más, aprendí a vivir de manera distinta. No me importaba nada, solo quería verte una última vez, y si eso significaba salvarte la vida, lo haría.
...
— Llévalos. — Ordenó alzando una mano y girando la muñeca con despreció. Mientras, con su abrigo de piel puesto, bajaba las escaleras frías del avión. Llego a pisar el suelo y se hundió unos cinco centímetros cosa que le molesto. Anduvo un par de metros hasta que se acostumbro a ese molesto suelo y fijo la vista al frente.
Era perfecto. En las montañas y aislado de la ciudad. Perfecto para una bienvenida. Observó de reojo a Hunk para comprobar que había seguido sus ordenes y así era. Llevaba al niño en un brazo y a la niña en el otro, como si fuesen sacos de patatas, aunque no tan pesados claro. Retomó su camino y concentró la vista al frente, se llevo sus manos frías a los bolsillos y un escalofrió le recorrió de arriba abajo.
Llegó en medio de la nada, se detuvo y esperó a que llegasen Hunk y "sus" dos pequeños. Un panel que salió de debajo de la nieve, empezó a subir hasta llegar a la altura de Carla. Tecleo el panel acompañado de una secuencia de números y se escucho un sonido y una luz verde parpadeante. El suelo vibro casi parecido a un terremoto casi inofensivo y justo delante suyo se abrió paso el suelo formando unas escaleras que bajaban hacía el interior de algún lugar.
Quedó por un instante asombrada y mirando a lo que parecía el camino hacía el abismo, por lo oscuro y frió que llegaba a estar, pero fue poco el tiempo que paso de estar inmobil a sonreír con maldad y empezar a bajar peldaño a peldaño. Con un caminar rígido pero a la vez vacilante era la primera que descendía seguida de Hunk.
Ambas figuras más las pequeñas siluetas de los pequeños bajaban. Y no tardaron en pasar de ser figuras visibles a ser comidas por la oscuridad. Poco a poco perdían color y brillo, y se hacían menos visibles. Antes de perder por completo la visión, una brisa fría salió al exterior. Y no mentiría si dijera que ese aire helado, salió produciendo un ruido similar al de un grito desesperado. Como si al final del camino solo te esperara la muerte.
...
— Debemos actuar con rapideza y estar muy atentos. — Declaró Walter. — Sabemos el lugar donde supuestamente estará Carla, así que quiero a un equipo listo y preparado para mañana. — Ordenó mirando fijamente a Chris.
— Creo señor, que sería imprudente preparar a un equipo y mandarlo a un lugar desconocido. Además, no sabemos si tal información es o no fiable. — Explicó Chris. Todos los presentes prestaban atención.
— Tienes razón Chris, — Interrumpió Ingrid. — la información no es del todo fiable, pero hasta ahora, todo lo que he leído en estos archivos parece ser cierto o coincidir con muchas de las cosas que ya se sabían. Así que quizá sea verdad. —
— Es un riego que hay que correr. — Dijo Walter.
— No si son mis hombres. — Chris no parecía demasiado convencido ante la idea de mandar a uno de sus equipos, porque sabía que tarde o temprano le pediría a soldados suyos.
— Chris... es para ayudar a Ada. — Declaró Rebecca algo apartada del resto. — ¿De verdad no vas a ayudarla? — Chris no dijo nada. Nunca lo hacía cuando alguien le preguntaba algo que la respuesta estaba más que clara, pero no quería decirlo nunca en público.
— Soldado, ¿tengo que recordarle que si sus servicios son requeridos por el gobierno, esta obligado a colaborar? — Chris podía negarse todo lo que quisiera, pero como habrá dicho Walter, estaba obligado. Y si no era él, pondrían a otro equipo, así que no le quedaba otra.
De pronto se escuchó un ruido proveniente de la puerta. El pomo giró y entraron Leon y Ada. El silencio incomodo se hizo de nuevo, pero Ada no tardó demasiado en hablar.
— ¿Cuando nos ponemos en marcha? — Preguntó después entrar junto a Leon nuevamente a la sala. Miró a Ingrid instintivamente que por alguna razón sabía que le contestaría.
— Eso mismo estábamos discutiendo. — Contestó la informática levantándose de la silla y cerrando la pantalla del portátil.
— ¿Discutiendo? — Espetó Leon mirando a Ada confuso.
Ada noto la presencia de Leon y como la mirada Luego giró la cabeza para observar cada uno de los presentes. Y solo fue un rostro el que le llamó la atención. Aquella sombra que
— ¿Como sabemos que esa información tuya es de fiar? Podría tratarse de una... —
— ¿Trampa? — Continuó una Ada al mismo tiempo que sonreía de lado. — No te voy a mentir, no lo se. Lo más probable es que lo sea o nos estén esperando de todas formas, pero es lo único que tengo. Así que no voy a ignorarlo. Además, ¿que quieres que haga? — Preguntó vacilando. — ¿Esperar una invitación formal? —
Gruño en silencio, frustrado, y no dijo nada. Tuvo que aceptar que la mujer tenía razón. Era lo único que tenía sobre el posible paradero de sus hijos, así que sería absurdo negarlo.
— Entonces, ¿vas a ayudarnos? — Le preguntó Leon a Chris con la esperanza de que su respuesta fuera un si sincero y no por obligación.
— No me queda otra. —
Otra vez alguien y con una fuerza increíble irrumpió en el interior. Abrió la puerta casi de un golpe y entró.
— Siento mucho no haber podido venir antes. En cuanto me enteré vine lo más rápido posible para aquí, pero... — Respiraba velozmente, como si hubiese corrido un maratón, o algo por el estilo. Pero llegaba de una misión y en teoría debería estar durmiendo, pero en vez de esto, estaba aquí.
— Tranquila. — Sonrió Ada con dulzura. — Gracias por venir Helena. —
— Lo que sea por vosotros. — Les tenía un cierto apreció, sobretodo a los pequeños, no porque fueran hijos de Ada, que también, sino porque en muchas ocasiones había ayudo a Ada a cuidarlos. Scarlett y Sebastian la tenían como de la familia. — Señor, — Saludo a su superior. — Leon, los demás. — Los saludo con la mano. —¿Cuando nos ponemos en marcha? —
— Mañana. — Respondió Walter.
— ¿Quien ira, señor? — Intervino Rebecca mirándolo seria.
— Usted como médico. Wong, Kennedy y Chris con su equipo, y ya que Harper se ha presentado voluntaria no estaría de más que fuera. Hunnigan se quedara conmigo y os servirá siempre de apoyo. — Había preparado al equipo que iría. — A las cinco de la mañana os quiero presentes y listos para partir. Id bien abrigados. —
El avión estaría listo una hora antes de partir, cada soldado deberá llevar sus armas y sin conocer el lugar, las sorpresas que puedan tener, deberán afrontarlas. Suelen ser así todas la misiones. Han estado entrenados para cualquier tipo de sorpresa.
...
Fueron depositados, gracias a Hunk, sobre unas camas mientras seguían drogados. Y volvió a observarlos por un instante tan indefensos. Le sorprendía el poder que tenían esos niños y la influencia sobre Ada Wong. Giró el rostro antes de que Hunk se fuera por la puerta y lo llamó.
— ¿Sabes que debes hacer? — Hunk se detuvo de golpe, la miró de reojo y sin contestar continuó andando hacía la salida. Su trabajo había terminado con los hijos de Leon y Ada. Ahora debía centrarse en otra persona. — Yo me quedare con ellos... — Finalizó mientras esperaba la llegada del doctor que debía acudir justo cuando llegase para comprobar el estado Scarlett y Sebastian.
Caminó por el largo pasillo de paredes blancas y en ocasiones metálicas recorriendo sin detenerse las instalaciones subterráneas. El complejo era bastante grande, y lo más curioso es que residían unas cien personas de un máximo de dos cientas, entre ellos; doctores y la mayoría soldados, sin contar a Carla y Hunk.
Introdujo una llave en el ascensor al final del pasillo, la giró veinticinco grados en la cerradura y la extrajo después de ver como el ascensor se ponía en marcha y bajaba hasta su posición. No tardó demasiado en llegar, entró sin prisas, pulsó el último número y en cuanto llego y las puertas metálicas se abrieron, no perdió mucho tiempo y ando como lo había hecho hace menos de cinco minutos.
Su destinó estaba justamente a menos de cinco metros. Una puerta de metal que seguramente pesaría toneladas, lo separaba. Se detuvo delante, introdujo la clave de acceso y la puerta, como si fuese eléctrica, se abrió lentamente, sacando un humo extraño de su interior y un olor casi a podredumbre salió junto con una humedad un tanto extraña.
Lo primero que hizo, fue buscar a tientas, el interruptor de la luz. Por lo que recordaba, debía estará a la derecha. Porque hacía años que no entraba en el lugar. Estaba muy oscuro y podía llegarse a escuchar un ruido repetitivo, molesto y escalofriante: una gota, que caía seguramente de alguna tubería, no dejaba de impactar contra el viejo suelo llegando a formar un charco de agua cristalina, apunto de congelarse sino fuera porque cada vez que caía una nueva gota el agua se movía y era imposible que llegase a congelarse.
Pulsó, gracias a Dios, el maldito interruptor que tenía enganchado una tela de araña y después de limpiarse la mano con su ropa, entró a paso lento. A su derecha; una silla, una pantalla grande y la triste pared de madera vieja y húmeda casi pudriéndose. A su izquierda; una mesa de metal con un proyector conectado a un ordenador y una lampara con una luz amarillenta y triste de esas que no alumbran nada, pero que con suerte servían para ver poco.
Se llevó las manos al rostro y escupió todo su aliento sobre estas, se las froto con suma velocidad y respiró con fuerza. El frió era de notar por aquel lugar, y él, estaba más acostumbrado a sitios cálidos o al menos tropicales, pero no helados. Cogió unas cadenas que estaban encima de la mesa y las puso alrededor de la silla que tenía en el centro de la habitación. Encontró graciosa la situación. La maldita gota impactar contra el suelo y su sonido repetitivo como si formara eco, llegaba a hacerle creer que le salpicaban gotitas de agua de cuando impactaban contra el suelo.
Rió, se levantó con velocidad y después de haber atado las cadenas alrededor de la roñosa silla, apagó la luz y salió.
...
Observaba como, el doctor joven de cabello castaño extraía sangre de los bracitos de los pequeños, solo para comprobar que estaban bien. Este o era un novato que en su vida había sacado sangre o la presencia de Carla a su lado, lo intimidaba hasta temblar.
— ¿Algún problema doctor? — Preguntó Carla sentada en una silla, con los brazos cruzados mientras levebaba una pierna y la dejaba encima de su rodilla. Adoptando una postura mucho más incomoda para el presente, pero más divertida para ella.
— Na-na... da, señora. — No la miró a los ojos por temor a ver su muerte reflejada y optó, con la excusa, de continuar con su trabajo. Acabo de extraerles a ambos una muestra de sangre, comprobó su pulso y su temperatura corporal, y en efecto estaban perfectamente bien. No debería haberles pasado nada malo si por supuesto hicieron caso y les pusieron mantas para que no pasaran frio en el viaje ya que iban inconscientes.
Carla sonrió con maldad y se levantó produciendo un leve gruñido de la silla en la cual estaba sentada. El doctor que se encontraba de espaldas a ella, tragó saliva y rezó el ave maría en menos de un minuto con la esperanza de que sirviera de algo, pero una mano, delicada y fina como la hoja de una navaja, se poso en el hombro del muchacho que tembló ligeramente aún sentado encima de la cama de los pequeños.
— Levántate. — Su voz parecía dulce. Pero, ¿quien no quiere parecer dulce antes de matar a alguien, o quien no regala caramelitos a unos niños para luego secuestrarlos? Era todo por puro placer y ella solo conocía el dolor ajeno.
Se levantó porque no tenía más opción. Había dejado las muestras de sangre sobre la cama y con temor dio la vuelta hasta quedar cara a cara.
— ¿Como te llamas? — Preguntó a menos de un metro del joven que ahora parecía más calmado que hace unos segundos.
— Jere... —
— No me importa. — Confesó. — ¿Me temes? — Este quedó de piedra, ahora si que iba a morir.
— No... — Tembló su voz, su garganta y sus rodillas.
— ¿No? — Se acercó hasta el joven muchacho. Acarició su cuello con la yema de los dedos y preguntó. — ¿Entonces porque cierra los ojos? — Empezó a sudar ligeramente, los ojos medio cerrados y la saliva corría por su garganta.
— Debería irme señora... Por favor. — Suplicó. Aunque no iba a morir nadie. La muy maldita de Carla necesitaba algún entretenimiento durante el día. Con Hunk era bastante divertido, pero cuando le gustaba más, era con los pobres imbéciles que trabajaban para ella. Creían que valían mucho como para malgastar el tiempo en sus inútiles vidas. Sonrió con sadismo y apretó las uñas en la yugular del joven hasta que este soltó lo más parecido a un llanto lamentero. Lo soltó al instante y se dió la vuelta.
— Puede retirarse. — Volvió a sentarse junto a los pequeños y solo hizo que esperar. Su intención era que no despertaran hasta que llegase. Y conociéndola calculaba que mañana a primera hora estaría infiltrada buscando a sus hijos y exigiendo la cabeza de Carla.
Sonaba gracioso, si todo salía según el plan, el cuerpo que caería sería la de Ada y todo por una pequeña y tonta confusión. Y ya se estaba haciendo la idea de que sería suya la historia aún sin nada confirmado, es decir, solo tenía a sus hijos. Eso no significaba nada, pero a la vez tenía mucho conseguido. Podía controlarla a ella, y entonces a Leon y quizá a su superior y de aquí conseguir muchas cosas.
Continuara...
Un capítulo que no me acaba de convencer mucho ajajajajaj creo que es porque hace tiempo que no publicaba, pero ahora esta aquí. El siguiente será más emocionante y el otro, será aún mejor. Así cada vez.
Buenas noches lectores y hasta otra. Espero reviews ;)
