Aunque tengamos la evidencia de que hemos de vivir constantemente en la oscuridad y en las tinieblas, sin objeto y sin fin, hay que tener esperanza.

Pío Baroja

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Sesshomaru no había conseguido ningún rastro de Inuyasha estos días, a pesar de sus habilidades superiores; ninguna muestra de su hermano estaba presente.

La decisión de Sesshomaru en buscar a su medio hermano, no era porque sintiera alguna preocupación por el mestizo, eso no era el caso-o por lo menos es lo que quería pensar-, era por otras cuestiones, como, por ejemplo: si encuentra a Inuyasha, encontraría a Naraku y Magatsuhí. Cualquier motivo era suficiente para ir detrás de Naraku, Inuyasha sólo era algo que se había atravesado, simplemente no era preocupación por su medio hermano.

Sesshomaru ya no tenía ningún interés en asesinar a Inuyasha, Sesshomaru tenía su propia espada, no veía la necesidad de ensuciar sus manos con la muerte innecesaria del hibrido. Inuyasha se había ganado su derecho, pero eso no quería decir que Sesshomaru aceptaría a su medio hermano con los brazos abiertos.

— ¡Amo Sesshomaru! — saludó Rin corriendo hacia él.

— ¡Amo bonito! — corrió Jaken junto a Rin, ya extrañaba a su señor, estar aquí con tanto humano le fastidiaba. Podía soportar a Rin, tenía que hacerlo, no quería morir por las amenazas de su Amo. Sin embargo, le había tomado aprecio a la niña.

Sesshomaru visitaba a Rin –y a Jaken- en la aldea humana, preferentemente en la ausencia de los compañeros de Inuyasha. La mujer humana que parecía tener algo con su hermano, era la más irritante y su actitud inestable. Todo el grupo de su hermano tenía una extraña actitud; un día parecían llenos de optimismo y haciendo la búsqueda incesante por Inuyasha y en otro, completamente tristes y abatidos buscando con desesperación. Le preocupaba que Rin tomará esas extrañas actitudes, la niña había perdido la alegría y su sonrisa habitual. Pero siempre parecía traerlos a la vida cuando lo veía.

—Amo Sesshomaru, Kohaku ya se siente mejor. ¿Cuándo podremos irnos? —Preguntó Rin. Quería estar de vuelta viajando junto a su señor, Ah-Un, Kohaku y Maestro Jaken.

—Rin no debes presionar al Señor Sesshomaru, él tiene sus motivos para dejarnos aquí — regañó Jaken —. Aunque concuerdo esta vez con Rin. No quiero presionarlo amo bonito, pero ¿cuándo podremos irnos? — preguntó con nerviosismo.

—Aún no— respondió Sesshomaru.

— ¿Es porque aún no encuentra al Señor Inuyasha? No se preocupe, puedo entenderlo. Yo tampoco me quiero ir hasta que lo encuentren, no quiero ver a todos tristes antes de irnos.

Jaken no intervino a la espera de alguna reacción de su señor. El mestizo podría ser un dolor de cabeza cada vez que se cruzaban, pero no quería esto tampoco.

Para desgracia de Rin, Sesshomaru ya no tenía pensado seguir llevándola con él. Rin merecía convivir con humanos, a pesar de que eran extraños –en opinión de Sesshomaru-, pero eso era lo que era Rin y tenía que tener la oportunidad de vivir entre ellos. Hasta que ella tuviera la edad de elegir lo que deseara.

Sesshomaru tenía que velar por la seguridad de Rin, después de todo, ella era su responsabilidad. Responsabilidad que jamás sintió hacía su hermano…

—Amo Sesshomaru, ¿Puedo hacerle una pregunta?

Sesshomaru no asintió, negó ni tampoco respondió. Rin tomó eso como un sí. Su señor era alguien de muy pocas palabras.

— ¿Por qué pelea con el Señor Inuyasha si él es su hermano?

Jaken iba a regañar a Rin por la pregunta, pero él también tenía curiosidad sobre ello.

Inuyasha era un medio humano, razón suficiente para que su señor lo odiara. Ser un hibrido entre una familia demoniaca tan respetuosa y poderosa como lo era la familia del señor Sesshomaru, era suficiente vergüenza. Era motivo suficiente para que su amo Sesshomaru quisiera deshacerse de él. Pero Jaken sabía algo más. El señor Sesshomaru mantuvo un ojo en Inuyasha cuando este era más joven, a pesar de que los encuentros no fueron del todo amigables y en la mayoría de las ocasiones prefirieron mantener sus distancias y fingir que no existía el otro.

Jaken llevaba años junto a su amo bonito, pero siempre era bueno conocer un poco más de su señor. Jaken al igual que Rin esperaron pacientes la respuesta de su amo.

Sesshomaru no había esperado esa pregunta. Rin nunca preguntaba cosas personales, esto fue inesperado. Sesshomaru no tenía respuesta para ello.

¿Por qué odiaba a Inuyasha?

Inuyasha era un hibrido, una clara vergüenza e insulto para cualquier demonio completo; por culpa de Inuyasha y la despreciable madre humana del mestizo su padre había muerto. Su padre había decidido hacer todo a un lado sólo por esos patéticos sentimientos de "amor", renunció a su orgullo y respeto de los demás demonios por esa humana y el media sangre.

Su padre, el más fuerte demonio de todos, el más respetado y poderoso. Dejándolo todo por seres inferiores, y no sólo eso, le había dejado al hibrido una de las armas más poderosas. Poder que Sesshomaru creía que Inuyasha no era merecedor. Su padre lo había hecho menos a él por el desgraciado.

Pero ahora que había recuperado su brazo, creado una espada propia y las palabras que dijo Totosai, comprendió: Su padre había planeado todo y él fue lo suficientemente ciego para no verlo. Entendió las razones por las que el hibrido merecía la espada; Inuyasha necesitaba de toda la ayuda posible, al ser un hibrido jamás podría crear un arma propia, jamás podría tener la fuerza de un demonio completo… jamás podría defenderse solo. Si Inuyasha había sobrevivido tanto tiempo era por su espíritu inquebrantable, resistencia, terquedad y deseos de vivir –De vez en cuando ayuda de Sesshomaru que no iba a admitir, y actualmente Tessaiga y la protección del grupo humano-. Sesshomaru poseía una gran ventaja sobre Inuyasha, y si su padre le había heredado Tessaiga a Inuyasha era para la protección.

Se dio cuenta que mantenía un odio erróneo hacía Inuyasha, su verdadera molestia era hacía su padre, molestia que había superado ahora que entendía porque su padre había hecho todo esto. Sesshomaru ya no tenía necesidad de Tessaiga, ya ha superado a su padre. Entonces, ¿Qué motivos tenía para odiar a su hermano? Lo último que le quedaba era odiar a Inuyasha por ser un media sangre, pero eso sería hipócrita de su parte porque viajaba con una niña humana; La niña a la que cuidaba, con la que estaba más cerca, por la que se preocupaba. Atenciones que jamás tuvo ni sintió hacía su propia sangre.

Mestizo o no, lleva tu sangre… es tu hermano, eres la única familia real que tiene—. La voz irritante y nostálgica de la sacerdotisa vino a su mente.

Miró a Rin, quien aún lo miraba en busca de alguna respuesta al igual que Jaken, respuesta que no tenía.

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Kagome sentía como si estuvieran buscando en círculos, la búsqueda no los llevaba a ninguna parte. Ella no admitiría que se sentía de esa manera, no quería destruir las esperanzas que tenían. Byakuya les dijo que Inuyasha estaba con vida, pero eso no la aliviaba en lo más mínimo, ¿En qué condiciones estaba Inuyasha?, esa pregunta permanecería en Kagome hasta que lo encontrara.

Estar tanto tiempo separada de Inuyasha la estaba torturando. Si Naraku quería hacer daño, lo estaba consiguiendo de la peor manera. Nuevas lágrimas se formaron en sus ojos, pero secó rápidamente para que Miroku y Sango no la vieran.

No podía perder a Inuyasha sin decirle cuanto lo amaba.

—Él estará bien— comentó Sango, tratando de animar a Kagome.

"Estará bien", "Él puede hacerlo", "Lo encontraremos". Esas eran las palabras que se repetían constantemente, una y otra vez sin cansancio últimamente, pero esas palabras ya no conseguían el efecto deseado. Se escuchaban tan vacías y sin sentido al igual que sus esperanzas.

Kagome no respondió porque muy dentro de ella sabía que Inuyasha corría un gran peligro y no podía hacer nada para ayudarlo. Su desesperación era tal que quería buscar a Koga y pedirle ayuda, así serían una gran cantidad buscando a Inuyasha. Pero conociendo el orgullo y testarudez de Inuyasha, él no hubiera permitido eso. Probablemente, Inuyasha estuviera completamente sorprendido si supiera que Sesshomaru lo buscaba. La relación de los hermanos era complicada.

Kagome podía ver que Sesshomaru estaba tratando de ayudar, el demonio ya los había ayudado con anterioridad salvando sus vidas a pesar de que éste negaba esas acciones alegando que era porque se habían atravesado en su camino. Tal vez después de todo, Rin tenía razón y Sesshomaru no era el terrible y frío demonio que creían. Aunque para ella era difícil verlo de la manera en la que lo veía Rin. En el primer encuentro que tuvo con Sesshomaru, él intentó asesinar a Inuyasha e incluso a ella, y no solo una vez, sino varias veces. Pero ahora la situación había cambiado, el demonio en verdad ayudaba en cantidades pequeñas pero necesarias y realmente trataba de encontrar a Inuyasha –o por lo menos Kagome se aferraba esa idea-.

Lo desesperanzador era que el demonio de ojos dorados tampoco parecía encontrar nada, lo que reducía sus posibilidades de encontrarlo. La decisión de entregar el fragmento parecía ser la única opción.

Kagome miró brevemente a Sango, quien parecía completamente ajena a su alrededor y perdida en sus pensamientos. Kagome intentó ponerse en su lugar; Si alguien la ponía a decidir entre Sota e Inuyasha, le dividiría el corazón. No podría vivir con su decisión sea cual fuera la que tomara. Era terrible todo lo que estaba sucediendo.

Kagome no podía entregar el fragmento, no quería arrebatarle la vida a Kohaku. ¿Quién les aseguraba que Naraku cumpliera su palabra? Si Naraku conseguía la perla completa, todos sus esfuerzos habían sido en vano. Definitivamente, entregar el fragmento no era una opción válida, pero tampoco lo era perder a Inuyasha.

¿Qué iban a hacer?

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¿Cómo pudo haber sido tan idiota para dejarse capturar por Naraku?, ¿Cómo fue tan ingenuo como para creer que sí obedecía Naraku lo dejaría tranquilo?

El maldito hijo de puta sólo lo había dejado para que sanara y después ocasionarle más dolor. El bastardo no quería matarlo, sólo quería torturarlo.

Todo era su culpa y Naraku y sus recuerdos se encargaban de recordárselo continuamente.

Inuyasha estaba recostado en el suelo, demasiado cansado, demasiado exhausto para intentar escapar, demasiado adolorido por todo y demasiado agotado para llorar más. Inuyasha ya no lloró, suficiente era haberse roto dos veces ante Naraku y sollozado a solas cada vez que se sentía tan desesperado, tan avergonzado e impotente que era doloroso.

Se sentía tan patético por actuar como un niño asustado, nunca había caído tan bajo en su vida como lo era ahora y cada vez caía más y más, a tal punto que sentía que estaba cayendo a un abismo sin salida.

Naraku comenzó a entrar nuevamente y tantas veces, que pudo haber sido una semana, aunque como siempre Inuyasha no sabía cuánto tiempo llevaba aquí. Lo que sí sabía es que Naraku no iba a dejar de venir y no había nada que pudiera hacer para evitarlo.

Inuyasha suspiró observando al techo a una extraña roca con forma de pico a una distancia considerable de él. Inuyasha tenía la esperanza que la extraña roca cayera y lo matará, así todo sería más fácil. Kagome, Sango, Miroku y Shippo ya no lo necesitaban, ellos podían recuperar la perla sin él. Ellos eran lo suficientemente fuertes para hacerlo, eran mucho más fuertes que Inuyasha ahora. Ellos estaban mucho mejor sin él. Y Sesshomaru, Sesshomaru jamás sintió ningún interés por él, ¿porque habría de hacerlo ahora?, Sesshomaru tenía una espada propia ya no tenía ningún interés.

Jamás tuvo interés en ti, era en Tessaiga, una pequeña voz resonó dentro de su cabeza. Y tenía razón, su "hermano" jamás tuvo ningún interés en él, sólo en la espada, sólo en Tessaiga; Tessaiga el poderoso colmillo de su padre, lo que su padre le había heredado para la protección.

Inuyasha siempre se había preguntado como era su padre, a pesar de que lo vio una vez a duras penas, no lo distinguió lo suficiente para darse una idea, por lo menos había escuchado su voz, era más de lo que podía pedir. Su padre sea donde sea que este debe de estar retorciéndose de vergüenza y decepción al verlo de esta manera. La vida de su padre valía mucho más que la de él, él era una desgracia, un monstruo… un error. Inuyasha no entendía porque su padre había dado su vida para salvarlo. Sesshomaru tenía todo el derecho de odiarlo.

Y su madre, aquella mujer que lo amo incondicionalmente, que lo educó, que le enseñó algunas cosas para sobrevivir, que lo había defendido hasta su último aliento y con la que tenía sus recuerdos más preciados. Estaría devastada por su situación, avergonzada por todo lo que él había hecho.

A pesar de tener estos recuerdos tan tristes y nostálgicos, no lloró, no podía permitírselo de nuevo, sus lágrimas no cambiarían nada. Alejó de él esos pensamientos tan devastadores, no había nada que pudiera hacer para cambiarlo.

En este lugar tampoco había nada que hacer, más que esperar la llegada de Naraku, una salida mágica o milagrosamente un rescate –El segundo estaba lejos de sus posibilidades-. Sus esfuerzos por salir eran inútiles y sus esperanzas debía mantenerlas en él si no quería sucumbir por completo a este infierno.

No importaba cuantas veces Inuyasha luchara contra Naraku, Naraku siempre conseguía lo que quería y disfrutaba cuando Inuyasha luchaba. Inuyasha lo sabía, sabía que Naraku disfrutaba de sus peleas, al igual que también disfrutaba que no mostrará ninguna resistencia. Cualquier cosa que hiciera Inuyasha, a Naraku le satisfacía. A Naraku no le importaba sí Inuyasha estaba en el dolor, si estaba dormido o si estaba preparado para ello. Naraku iba a obligarse a entrar dentro de Inuyasha tan duro como si quisiera desgarrarlo en dos, podría hacerlo rápido o tortuosamente lento.

Inuyasha no estaba a salvo ni dormido ni mucho menos despierto, no había ningún momento de tranquilidad para él. A pesar de que estaba en la oscuridad y en el silencio total cuando Naraku no estaba acosándolo, las alucinaciones y pensamientos terribles estaban en su cabeza. No estaba tranquilo, pero definitivamente estaba solo.

La imagen de Kagome y sus amigos, vino a su mente. Si tan sólo supieran por todo lo que está pasando, seguramente lo abandonarían y lo evitarían como todo en la vida. Oh, espera, ellos ya lo estaban abandonado por lo que decía Naraku. Inuyasha no creía en Naraku, aunque entre más tiempo pasaba más la soledad y la traición lo invadían.

—No, ellos no me abandonarían aquí— se dijo a sí mismo. Eso es lo que quería Naraku, que perdiera la fe en sus amigos, pero él no lo haría, él no iba a permitir que Naraku ganará.

—Voy a salir de aquí—murmuró —Tengo que salir de aquí.

Tenía que aferrarse a esas palabras, sin ellas estaría completamente perdido, tenía que aferrarse a cualquier gramo de esperanza si no quería romperse por completo.