N/A: Hey! Para quién lea esto, por favor retroceda al episodio anterior y lo vera más completo con detalles adicionales y su buen par de párrafos más. Lo cierto es que me pareció que la forma en la cual Aoshi había sentido la muerte de su hermano y en si el fallecimiento de este mismo había resultado superfluo y muy mal descrito, es cierto que Aoshi es bastante frío y poco dado a los sentimentalismos, pero de niño no podía serlo aunque fuera serio y callado. Así que seguí la idea de que al fin de cuentas fueron sus experiencias las que lo volvieron alguien más callado y tendencioso a la oscuridad. Entonces cambié todo el párrafo final para reflejar ello. Pues bien espero disfruten la lectura.

¡Por cierto! desde la primera división escuchar : http: / www. youtube . com / watch? v=nwhT1LJh5cI&feature=related


Capitulo VII

Hogar

— Aoshi parecía muerto en vida…— dijo la mujer — creo que fue en aquella época en la cual se volvió como es ahora— volteó entonces hacia Misao — nunca fue muy hablador, pero al menos cerca de él se sentía paz— la vio encogerse de hombros y finalizar con total indolencia — supongo que por eso me gustaba.

Midori o Natsuko, volvió la vista hacia el cielo a veces se perdía durante largos minutos en este, completamente en silencio, Misao no dejaba de preguntarse si es porque este le traía recuerdos o si buscaba respuestas lejanas a sus dudas. No es que Midori lo pareciera, pero a medida que la mujer hablaba, con ese tono tan monocorde y tranquilo, no pudo menos que sentirse tonta al haberle juzgando con tanta rapidez, bajo todo lo que había dicho, ya no le parecía fría, como Aoshi lo fuera, solo algo perdida y profundamente frustrada.

Poco a poco comenzaron a ser audibles las gotas que repiqueteaban contra el tejado del Aoya.

A los ojos de Misao, la imagen de Aoshi siempre había pasado por ribetes en los cuales ella se llenaba de admiración hacia él. Y por lo mismo los sentimientos que este le infundiera no eran tan "calmos" como los que aquella mujer describía. Aún bajo esas largas horas de meditación, la calma que despedía Aoshi estaba enmarcada en el auto control y la culpa. No en la emanación de paz, por lo menos no hacia ella.

Nuevamente se censuró por haber visto lo que quiso y no lo que era.

Vio como con dificultad Natsuko se colocaba de pie y con kunai en mano se dirigía hacia ella. Pero a diferencia de las horas pasadas, no percibió amenaza alguna, de hecho una extraña sensación de agradecimiento se estaba extendiendo por todo su pecho. Al notar esto quiso soltar las amarras de sus muñecas y comprendió molesta que tenía los brazos entumecidos.

No le extrañó cuando ella se acercó y le liberó. Con atención entendió que sus ganas de atacarla se habían disuelto ante la experiencia de aquella mujer y sus propios deseos de saber más. La vio tomarse el costado y presionarlo con fuerza, se vio a si misma tratando de ayudarla para ser alejada bruscamente. Y como si fuera un gato en peligro la vio alejarse de dos saltos a la posición que había mantenido hasta ese entonces.

— Eh, yo… no iba — trató de explicar.

— No me interesa — cortó de inmediato ella — aún eres mi prisionera… ¿Has escuchado? — de nuevo aquella frialdad y dureza se apoderaron de sus facciones. Contrariada Misao asintió en silencio y comenzó a masajearse los brazos, quizás por desconfianza o seguridad Midori le mantuvo las piernas atadas.

La liberación de sus brazos solo había sido un pequeño gesto.

El silencio se mantuvo por varios minutos más, a veces era interrumpido por un goteo más poderoso de la lluvia o por pasos de quienes transitaban fuera de la habitación. Pero aquello le sirvió a Misao para ordenar tanto sus ideas como sentimientos; estaba agradecida sí, de no ser por esa mujer mucho de lo ocurrido con Aoshi habría quedado en una cueva perdida en la mente de este, mientras que la sensación de traición parecía ahogarse ante los restos de la curiosidad que le seguía embargando, lo quisiera o no ese baúl que Aoshi representaba, siempre había necesitado una fuerza mayor a la que ella representaba para ser abierto.

Recordó en aquél momento una conversación que había sostenido con Kaoru años atrás, en donde ella solidarizaba con su situación;

"Cuando Battosai vencía sobre Kenshin…" dijo esa vez"…Parecía que todo el vacío que significa en nuestras memorias aquellos años se llenara con lo peor del ser humano, lo porque al Kenshin que yo conocí, le resultaba imposible dañar a nadie, menos por un ideal político"

Ella lo entendía, así era el Aoshi de sus recuerdos de niña.

"Pero en la batalla contra Jinnei y Saito, algo dentro de Kenshin se quebró, dando paso a ese vacío que arrasó con toda su persona, con toda su consideración y con toda su fuerza, es cierto que Battosai era más apto que Kenshin en la batalla, pero de no haber logrado sepultarlo, Kenshin quizás hubiera perdido la cordura"

"Solo aquella fuerza que representaba Battosai era capaz de hacerlo y solo la fuerza que representaba ese vacío, Saito y Jinnei, eran capaces de quebrar a nuestro Kenshin y volverlo Battosai"

A Misao le parecía que aquella fuerza, la que era capaz de quebrar a Aoshi, estaba ahí frente a ella. Y temía, temía que arrasara con todo lo que él había logrado, temía que él la eligiera y los abandonara de nuevo. Que la abandonara a ella.

— ¿Qué ocurrió después? — interrumpió de repente, Midori volvió la vista hacia ella y como si no le hubiera escuchado habló:

— ¿Cómo dices?

— ¿Qué ocurrió después? ¿Con Aoshi? — Midori bajó la vista tratando de ordenar sus recuerdos.

— Se alejó de nosotros, y yo lo hice de él, para mí era demasiado, Aoshi era un recuerdo muy vivo de lo que había significado Ujio — volvió entonces la vista al cielo — lloré mucho cuando ese niño murió. Aoshi, físicamente, era demasiado parecido a su hermano, solo que jamás sonreía o jugaba conmigo.

"La escuela fue reabierta nuevamente, aquél médico extranjero se quedó con nosotros para enseñarnos a prevenir las pestes y fiebres, a diferencia de la última vez, en aquella ocasión no solo los niños, sino toda la servidumbre más muchos soldados y señores llegaron a ocupar un pupitre entre nosotros, a los niños nos sentaban adelante para captar mejor las lecciones… lo cierto es que el puente que Ujio había formado entre Aoshi y yo se había desmoronado con su muerte. Obviamente no lo culpábamos por ello y entre todos el único que parecía en verdad entenderle era Noriyuki"

"Yo estaba muy triste, porque Ujio ya no estaba y Aoshi se había alejado, fue mi hermano quién esa vez me dijo:

"— Nada sacas con permanecer así, él –yo sabía que se refería a Aoshi y en cierto sentido me avergonzó que él se diera cuenta- ha perdido más que tú y la única forma de sobrellevarlo que tiene es manteniéndose ocupado, nosotros le distraemos, sobre todo tú—"

"Debido a lo hostil que ambos eran jamás habría creído tal madurez en mi hermano. Pero sin embargo no me atreví acércame, supongo que imagine que no estaba al nivel de ninguno de ellos. La seriedad de Aoshi reflejaba la de Noriyuki y a este último lo aguantaba porque estaba acostumbrada, pero me parecía extraño que un niño que yo misma consideraba tan lindo fuera tan parco, no sé si en aquellos momentos mantenía las mismas ideas sobre él. Pero era cierto lo que Noriyuki me había dicho, manteniéndolo alejado no lograría sepultar el recuerdo de Ujio"

— Cuando — interrumpió nuevamente Misao —… decías que sentías paz cerca de él… ¿Cómo era que podías entenderlo? Es decir… aquél sentimiento de paz — Midori se encogió de hombros.

— No sabría explicarlo, cuando crecimos creí que lo había sentido nuevamente, después de matar a su primer enemigo Aoshi pasó varias noches meditando sobre ello y yo creía que era como volver a ese tiempo… pero no, no era así. Que él lograra la paz consigo mismo no era igual a irradiar aquello que lo diferenciaba cuando era niño, después entendí que era por la historia, por su historia y la nuestra, por la de Japón y la del Oniwabanshu… — Midori volteó hacia Misao con ese gesto que la volvía humana y cálida. Y como si se tratara de una vieja amiga le sonrió al decirle — Es por el agua que pasa bajo el puente, ya ha sido mucho, fue mucha en su tiempo y siempre lo será, no hay nada que rodee a Aoshi que sea solo algo tibio o neutral, desde que decide brillar por un ideal hasta que busca la perdición en la oscuridad, todo va de un extremo a otro… — volvió la vista al cielo — creo que por eso todos terminamos estrellándonos en él… lo que hacía o sabía de niño jamás volvería hacer o saber, ya que desde ese momento él y todos nosotros cambiamos para siempre— Misao no notó cuando asintió completamente de acuerdo.

Era lo mismo que había ocurrido con ella y la percepción que tuviera del mundo antes y después de Makoto Shishio.

La forma brusca en la que ella misma había decidido madurar se veía contrarrestada por la decisión unánime de todos ellos que aún más pequeños que ella había tomado un camino similar. Nuevamente se sintió humillada. Estaba tan atrasada en todo aquello, con respecto a todos ellos. En aquél momento todo el rencor que pudiera sentir hacia ella derivó en algo parecido a una tranquila envidia, en la cual no solo la aceptaba como la amante de Aoshi, sino que entendía el por qué él le había elegido. Después de todo, lo que ocurrió entre ellos, había sido años antes de que siquiera ella naciera. Por eso mismo sintió, sino simpatía un fuerte respeto.

"Solo cuando llegó la primavera todo pareció volver a su cauce, desde el fallecimiento de varias de mis primas Nariaki-sama se había mostrado especialmente atento con todos nosotros y cumplía varios de nuestros caprichos, el de Noriyuki había sido llenar de animales extraños el castillo — Volteó Misao y habló esta vez con entusiasmo — le trajeron animales de la india; monos y tigres de bengala, tortugas gigantescas que no acostumbradas al lago murieron al poco tiempo, gatos de todos los colores y perros… lobos gigantescos y elefantes, si bien la calma se perdió fue reemplazada por un caos lleno de superflua alegría, después de todo afuera la guerra se recrudecía y el Shogun enviaba constantes mensajes a su padre por consejo y ayuda… mi capricho en tanto solo se limitó a que mi padre me enseñara a usar la espada, Aoshi, gracias a Noriyuki había sido tomado en cuenta para ello y yo solo quería estar a su lado. Mi hermano no dijo nada cuando lo pedí y mi padre, que siempre había sido muy gentil no se opuso en lo absoluto… solíamos entrenar en la esquina noreste del lago, justo enfrente de un pozo del cual solían sacar agua"

Midori se detuvo al escuchar pasos acercarse a la habitación, cogió su kunai y su espada. Dejando de lado la torpeza con la cual se acercó a Misao la primera vez, no tardó en dar tres seguros pasos y colocar la hoja de la espada tras la nuca de la muchacha. Cuando la puerta de papel se abrió apareció tras ella Okina junto a dos muchachos.

— ¡Misao! — exclamó el anciano — ¿Estas bien? — y antes de que la muchacha contestara ordenó — ¡Por favor Matsuzawa aleja eso de ella! — Misao iba a contestar pero el sentir el acero en la nuca, decidió a guardar silencio.

Toda la cercanía que había sentido hacia aquella mujer desapareció en menos de un segundo, siquiera a merced de Usui se había sentido tan amenazada.

— Ella está bien anciano… ¿No ves que no sangra del cuello? Además su cabeza sigue donde mismo

— ¡Aleja eso de ella!

— ¡No, mientras tú estés en la misma habitación!

— Estoy bien Okina— dijo finalmente Misao, tratando de enviarle toda la calma posible a su abuelo, no notó cuando Midori sonrió pedante ni cuando uno de los muchachos se adentró en la sala.

— Matsuzawa – san — dijo este

— Nos han llegado informes del grupo de Hisashi…— habló el otro.

— Encontraron a Shinomori— finalizó Okina — está bien, aunque fue atacado— nuevamente Midori sonrió con su gesto de superioridad.

El corazón del Misao se detuvo por una milésima de segundos para volver a latir con fuerza, así mismo sintió el rostro arder y sin notarlo se llevó las manos a las mejillas, no quería evidenciarse y ocultando el rostro en estas esbozó una pequeña sonrisa, mientras que apelaba a su voluntad para no dejar escapar las lágrimas que amenazaban con aparecer.

— ¿Ahora me crees viejo? — preguntó brusca Matsuzawa.

— No — cortó en seco Okina — quienes lo atacaron perfectamente pudieron haber sido de los tuyos— Misao la sintió tensarse tras ella.

— Bien, de momento seguiremos acá… envíanos comida y dile a Akira que venga…

— Matsuzawa –san… — dijo uno haciendo una reverencia y desapareciendo en el acto. Midori se quedó mirando a Okina.

— ¿Quieres acompañarnos? — Okina asintió en silencio, por mucho que todo se hubiera calmado seguía desconfiando de Midori — Perfecto — dijo la mujer con ironía — cuando llegué Akira y la comida podrás pasar…— dicho esto se adelantó, sin dejar de extender la espada hacia Misao y le cerró la puerta en las narices — Parece que el viejo aún es un brujo — Misao, atenta en no lucir muy interesada en Aoshi delante de ella, aunque suponía que ya había fallado en ello, le quedó mirando como si no entendiera

— ¿A qué te refieres?

— Cuando éramos niños el viejo siempre aparecía si hablábamos de él, creíamos que era brujo o un demonio…— la cara de extrañeza de Misao le decía que aún no era capaz de entender ambas ideas, Midori cojeó y se dejó caer en el lugar que hasta ese momento había ocupado — La primera vez que en mi vida vi a Okina, fue saliendo de ese pozo.

ŒΩŒ

Tenía los brazos acalambrados, había sido su primer día sosteniendo una espada de verdad y jamás había imaginado lo mucho que pesaban. Sus manos apenas podían rodear y sujetar con fuerza el mango, aquellas que tenían la funda de bambú le resultaban más cómodas pero Seidama –san había ordenado que practicaran con las Katanas normales. Lo que había declinado en el entumecimiento que Aoshi sentía en aquél momento.

Llevabas semanas sin poder conciliar el sueño. Después de haber despertado de la fiebre un cansancio asfixiante se había apoderado de él, y como en sueños se había dejado llevar por todo lo que en aquél momento había que hacer. En aquella ocasión se le había exigido cubrirse el rostro y llevar guantes en las manos, sobre todo cuando se ingresaba al palacio de los niños, Aoshi que ya sabía contar supo que en su primer día de regreso al trabajo habían sacado trece cuerpos, cinco de niños, dos mujeres de la servidumbre y seis hombres, entre los que estaban el primo de Nariaki-sama, mucho más anciano que este, que sin embargo había resistido con fuerza hasta la noche anterior, cuando había fallecido.

Al pasar por la habitación que le habían designado a él y al resto de los niños, sintió que nuevamente desfallecía, creía haber visto a Ujio siendo vestido de muñeco por Natsuko –sama.

Se les dio la orden de quemar todos los cuerpos y él había asistido a cada una de esas cremaciones, Aoshi creía que debido a eso jamás se había impresionado cuando viera arder a Makoto Shishio y a la mujer que fuera su amante, ya muerta. De hecho Yumi Komagata, le había recordado a Kaori Mitogayashi, era una cortesana que servía en el castillo bajo las órdenes de Eiko-sama esposa de Nariaki-sama. Había estado en el grupo de mujeres que sacara a la difunta esposa de Seidama-san del carruaje lleno de sangre y siempre le había parecido hermosa y distante, cuando le tocó arrastrar su cuerpo, este le resultó demasiado liviano para ser el de un adulto, la había cogido de los antebrazos y podía rodearlos sin dificultad con sus pequeñas manos, sintiendo desaparecer bajo estas toda la carne y musculo para solo palpar una tela que no era otra cosa que la piel, junto al agua y no sangre que parecía moverse entre esta y el hueso.

Al parecer la peste lograba que los hombres se hincharan y las mujeres se volvieran famélicas. Junto a ella se ordenó la quema de todos sus kimonos de seda. A riesgo de caer enferma y desobedeciendo todas las indicaciones del médico extranjero, Eiko-sama la maquilló y peinó, como en muchas otras situaciones Aoshi lo había visto y nuevamente había sentido el corazón oprimido.

Con la anciana y solemne Eiko-sama recitando un poema que él no lograba entender, mientras las piras se encendían a su alrededor, se creía perdido nuevamente en esos sueños que lo arrastraban a un lago de espadas, haciendo que se sintiera ahogado y sudoroso. Eiko-sama alejándose de ellos para que cogieran el antinaturalmente pequeño cuerpo de Kaori y lo lanzaran, vestida con un pomposo kimono que seguramente pesaba más que ella, al fuego. Mientras la dejaban convertirse en cenizas y apagar en si el desastre que sobre ellos se había cernido. Aoshi solía preguntarse si es que no había caído nuevamente enfermo y todo no era un delirio de la fiebre.

Lo cierto es que perdido en esa sensación de estar bien y enfermo al mismo tiempo, no era capaz de saberlo. Y sus dudas le siguieron hasta sus actuales días de adulto.

A su lado llegó Noriyuki arrastrando el cuerpo de uno de sus primos, un niño de la edad de Ujio y a Aoshi le pareció adecuado creer que era su hermano. Al fin de cuentas no había estado en el funeral de este. Junto a Noriyuki cogieron el pequeño cuerpo y no lo lanzaron, sino que lo depositaron junto al de Mitogayashi, luego ambos fueron al castillo de los niños y sacaron todos los juguetes que tiempo atrás habrían causado su envidia, todas las telas que reflejaran batallas y todas las armaduras que brillaran para sus habitantes, eran recuerdos de una época mejor, la cual desde hace un par de años había comenzado a declinar. Aoshi lo había escuchado entre los sirvientes que sobrevivieran y aquellos que no habían enfermado:

"La pérdida de los herederos era el peor castigo"

Él sabía que así era, pero en ese tiempo no lograba entender el sentido completo de aquellas palabras.

Días después fue Noriyuki en persona a sacarlo del agujero en el cual dormía en las cocinas, para Aoshi las horas pasaban con la lentitud abrumadora de quién tiene mucho que pensar, o en su caso recordar. Extrañaba terriblemente a su hermano y si aún era posible a Natsuko-sama, la extrañaba aún más. Después de todo siempre había estado atento a lo que ella hiciera, desde que le ayudara con Seidama-sama, Natsuko –sama se había vuelto algo así como una niña que velaba por el bien de su hermano, ya que no podía hacerlo por el de él. Así que no dormía en las noches, pensando en ellos, y el cansancio sempiterno que sintiera pasó a ser común dentro de su rutina.

— Noriyuki-sama — lo saludó inclinándose. Este solo le miró con ese gesto altivo y autosuficiente que solía traer. Sin embargo desde las piras que Aoshi ya no sentía aquél desprecio por él. Toda aquella tragedia lo había suavizado y Noriyuki era lo único cercano que le quedaba de su edad. Un niño tan extraño como él lo era.

— Sígueme — ordenó este y sin agregar nada más salió de las cocinas.

Fue ahí cuando lo llevó al lago, el primer día en que Aoshi cogiera una verdadera espada había coincidido con su cumpleaños número siete.

La imagen del amanecer perdiéndose dentro de las aguas del lago para dejar subir al sol, también era un recuerdo que Aoshi asociaba al mundo de los delirios que su fiebre y cansancio había mantenido en su cabeza y no lograba separarlo de aquellos que fueran reales. Pero la primera vez que había podido ver aquél amanecer fue, y él lo sabía, al lado de Noriyuki.

Entonces una pena que no había sentido jamás pasó a golpearlo con fuerza desde el estómago hasta el pecho, como la pesada patada de un enemigo poderoso. El ceño se le frunció y sintió como el rostro parecía caérsele en una mueca derretida del cráneo. Sus intentos por evitar que las lágrimas saltasen se volvieron completamente inútiles cuando Noriyuki le llevó una mano a la espalda, fue como si un yunque de plomo cayera en su espalda quitándole de pronto el aire y las fuerzas; se inclinó en cuclillas y apoyando la cabeza en las rodillas, se dejó llevar.

ŒΩŒ

Con el tiempo y poco a poco fue logrando dominar técnicas que para Noriyuki ya eran sabidas, en comparación con el hijo de Seidama – san estaba bastante atrasado, pero este no mostraba problema alguno en ayudarle con los aspectos del entrenamiento que le resultaran más difíciles, así como Seidama –san, me mostraba tremendamente comprensivo con la situación de Shinomori.

Aoshi no notó todo el cambio que se generó en el exterior sobre todo cuando Nariaki-sama quiso devolver la vida al castillo cumpliendo los deseos de todos los nietos que sobrevivieran, su atención se había centrado en los entrenamientos con Noriyuki y las clases en la escuela.

Ahí había vuelto a ver a Natsuko y esta parecía inconsolable. Ante lo cual, sin embargo, fue incapaz de acercarse. El recuerdo de haberla extrañado y de haberse admitido así mismo que lo hacía, lo llenaba, no sabía por qué, de vergüenza, era como si hubiera aceptado que ella en su vida resultaba mucho más importante de lo que en verdad era; solo una sombra filantrópica, que había cuidado de su hermano.

"Y que le había robado un beso"

¿Podría ser posible que desde aquella vez sintiera esa extraña sensación hacia ella? Si había alguna respuesta para eso, Aoshi no la sabía y tampoco se dedico a pensar mucho en ello. Desde que llorara a su hermano en el lago, su pecho y miembros parecían haberse liberado de un abrumador peso que hasta hace poco estuvo amenazándolo con destruirlo.

Por órdenes de Seidama-san, Aoshi, junto a varios niños más de la servidumbre fueron instalados en los primeros pisos del castillo de los niños, el cual después de ser limpiado en todos sus rincones y amueblado nuevamente, se volvió a utilizar. El resto de la servidumbre también fue trasladado a este y Nanaka había quedado al mando de todos ellos. Eso hizo feliz a Aoshi, si bien también extrañaba a Nobuo-san, Nanaka era mucho más gentil con todos los niños de lo que nunca fuera el antiguo mayordomo, este seguía a cargo del castillo, pero solo trataba con Nariaki-sama y el resto del Mito. Nanaka tenía la estricta orden de ocuparse solamente de los niños y su atención, ya que si bien varios primos de Natsuko y Noriyuki habían sobrevivido, muchos aún estaban débiles y necesitaban una continua atención, por eso y bajo el ánimo de Nariaki-sama de cumplir los caprichos de todos ellos.

Una noche mientras ayudaba con la cena que Seidama-san y Nariaki-sama compartían a solas los escuchó. Obviamente no tenía intención de hacerlo, pero las palabras se filtraban en su cabeza, consciente de que no entendía absolutamente nada de lo que decían, Nanaka a su lado se mostraba seria y concentrada, cuando la recordaba ya no era el rostro de Nanaka el que viera, sino el de Misao, solo que la madre de la muchacha había carecido de aquellos destellos azules en sus ojos la chica ostentaba. Aquella conversación, significó una vuelta en la historia, no solo suya, sino de todos aquellos niños que habían sido trasladados al castillo. Solo que él había sido incapaz de entender porque, las palabras dichas aún estaban en su cabeza y podía repetirlas a la perfección.

— ¿Realmente crees que el castillo necesita ese tipo de protección?

— No solo es castillo, Yoshinobu también la necesita, solo que se ha vuelto tan terco como tú, Otosan, pero no se limita solo a la protección, también de la instrucción de nuevos soldados…

— Tenemos nuestro ejército, tenemos al Shinsengumi

— El Shinsengumi está en la capital y tus herederos casi han desaparecido de la faz de Japon, al menos los que corresponden al Mito, Keiki ha debido de cambiar de clan y de nombre para ser proclamado Shogün y así como vieron con malos ojos que pidiera asistencia de los franceses, también lo harán si es que decide ayudar con "protección" a su familia, muchos de los que acá nos sirven han perdido a su familia y los niños son casi todos huérfanos… — recordaba las miradas que ambos le habían lanzado.

— Lo pensaré Seidama… lo haré

Nuevamente había comenzado a nevar, un pequeño copo que se había cruzado frente a sus ojos le hizo reaccionar, a su lado cabalgaba Hisashi y ambos lideraban al grupo de Oniwabanshu que les seguían, la herida le molestaba ante el vaivén del caballo, pero solo sentía que la piel le tiraba, el dolor y las molestias habían desaparecido hace algunas horas, había comido y descansado en abundancia así que su ánimo estaba bastante tranquilo. Además aquella mañana al cruzar el Asahi, el mensaje de que Matsuzawa había llegado al Aoya le infundió cierto optimismo, estando al lado de Okina, Matsuzawa podía sentirse segura y en el peor de los casos ser tranquilizada. También les había llegado la noticia de que Kaneshiro, soldado enviado por Kaede, había tomado la avenida completa para neutralizar a las fuerzas que habían seguido a Midori, manteniéndolas en el Aoya, a su vez esta había secuestrado a Misao, noticia que si bien le había alterado al principio entendió rápidamente que había servido para lograr aquella tensa paz en la cual se mantenían en Kyoto, estando Okina era imposible que Midori secuestrara a Misao, y al mismo tiempo conocía las tretas de la mujer para asegurarse.

Solo estaba seguro de que Okina la mantendría a raya y si Midori se valía de Misao para no ceder ante la presión del resto. Realmente estaba de acuerdo.

— Llegaremos a Tottori cerca de la media noche Shinomori-san, ahí tomaremos un barco hasta Kioto — Aoshi en silencio asintió. Nunca habría creído lo lejos que había llegado de Kyoto y cada vez se lamentaba más el haber decidido separase de Misao para esclarecer sus ideas.

Lo peor es que sentía que los había abandonado y temía el pensar que aún con todo el optimismo que le rodeaba, las razones de Matsuzawa para buscarle no fueran las que él creía.

Que a Misao le ocurriera algo y él no pudiera evitarlo…

Simplemente le parecía impensable.


Acá corresponde que haga algunas aclaraciones que pueden servir para aclarar ciertos puntos que pueden resultar confusos.

1.- Lo cierto es que no me he apegado con fidelidad a la historia del Japon en el sentido de como ocurrían las cosas en el Castillo de Edo, pues fuera de los rasgos más superficiales de la Era Tokugawa y sus respectivos Shogunes no hay mucho en internet que al menos este en español. No pude encontrar los nombres de los nueve hijos de Nariaki-sama, así que el de Seidama es invención mía, del único que sale información es de Yoshinobu, quien es Keiki y que después debió cambiarse de Clan y Nombre para ser un candidato apto para el Sogunato.

2.-No sé si es que en el castillo de Edo funcionaba como un refugio para los Tokugawa que pertenecían al clan Mito, ya que el Sogunato Tokugawa en los tiempos de la revolución tenía tres clanes "ramas" podría decirse, de los cuales elegía a sus candidatos para el liderazgo.

Bueno, de momento no sé en que más podría aclarar, pero si tiene dudas, pueden dejarlas en los review o a modo de PM. Nuevamente doy mis agradecimientos a:

lore89

Okashira- Janet

Wendy

Kassandra Caldina