Bien, ya estamos aquí de nuevo con otro capítulo. Me estoy empezando a dar cuenta de que mis capítulos se van haciendo más largos cada vez, bueno este no, este es más cortito que el anterior, pero solo un poquito (?). Me costó mucho intentar escribirlo porque sabía lo que quería poner pero no sabía como explicarlo con palabras y tuve que reescribirlo como unas tres veces para que quedara más o menos como lo tenía en mente.
Bueno el caso es que no voy a dar más la vara y os dejo leer XD.
Keyra se quedó mirando aquel hermoso paisaje mientras bajaban a aquella impresionante cuidad por los delicados puentes que la conectaban. Aquello era un sueño, algo tan hermoso no podía existir. Desvió la mirada para encontrarse con el hobbit que, al igual que ella, contemplaba con gran admiración todo aquello que lo rodeaba, como si nunca hubiera pisado nada igual. Continuó observando a los demás integrantes de aquel grupo que al parecer marchaban desganados hacia el interior de la ciudad, parecían incómodos ante la presencia de aquel lugar, pero, el que más incomodo estaba a su parecer era el rey enano, se notaba que no se encontraba a gusto en aquel lugar mientras observaba con cierto disgusto en aquellos ojos azules cualquier cosa a su alrededor. No quiso saber mucho sobre aquello pero esa mirada la hizo pensar que algo debió de haber pasado para que aquel hombre de porte real mirara con tanto desprecio algo que ella misma la denominaría una maravilla del mundo.
Cuando llegaron a la ciudad pararon a descansar en una plaza circular que se debía pasar a través de un arco. La joven se quedó mirando esa maravilla, se trataba de una arco de color nácar decorado alrededor de él por miles y miles de flores tanto aromáticas por el sutil olor que su nariz había llegado a alcanzar como aquellas que estaban llenas de color y vitalidad. Sin duda alguna era hermoso de ver y se sentía afortunada de poder presenciar dicha obra de arte. Al poco rato unos elfos se acercaron a darles la bienvenida.
-Desde este instante hablaré yo-susurró el mago sabiendo que Thorin no utilizaría buenos modales ante los elfos.-Venimos a hablar con vuestro Señor Elrond.
-Me temo que eso no será posible Mithrandir. Nuestro Señor Elrond no se encuentra ahora mismo en Imladris.
-¿Ah no?-Gandalf sonrió astutamente. En la lejanía se escuchaban los cascos de los caballos que seguramente habían entrado a la blanca ciudad por alguna otra de sus puertas. Desviaron la mirada hacia los provenientes sonidos mostrando un grupo de elfos con brillantes armaduras aproximándose.
El señor de aquella ciudad bajó ágilmente de su caballo para saludar al mago hablando en una lengua que la muchacha no reconoció.
-¿Qué idioma es ese?-preguntó en un susurro hablando más para si misma que para nadie aunque fue escuchada por el mediano.
-Se llama Sindarin, es la lengua de los elfos.
Keyra quedó asombrada por aquellas palabras que escuchaba, jamás había oído tal sutileza en la forma de hablar, ni de la manera tan dulce que pronunciaban. En cambio los enanos se vieron ofendidos por tal acto, utilizar aquella lengua que no conocían delante de ellos les resultaba una especie de burla demostrando su disgusto aferrando sus armas. Antes de que nadie pudiera iniciar nada los jinetes aun montado sobre los caballos lo vieron como una amenaza encerrándolos en un círculo alrededor de ellos. Tanto Gandalf como Elrond giraron deteniendo la disputa entre elfos y enanos. Viendo aquello el señor elfo comenzó a hablar en la lengua común.
-Sed bienvenidos a mi Casa. Aquí podréis descansar y comer con total tranquilidad, también sanaremos vuestras heridas.-Elrond observó al grupo-Espero que vuestra estancia sea de tu agrado Thorin hijo de Thráin.
-Creo que no nos conocemos-mencionó cortante el enano.
-Conocí a tu abuelo cuando era rey bajo la montaña-pero la mirada del señor elfos se desvió posando sus ojos en la joven que se encontraba escondida detrás de los enanos.-Tú también eres bienvenida aquí.
Los enanos desviaron la mirada a Keyra que se sintió incómoda en aquel momento viendo como toda aquella gente se la quedaba mirando. Elrond se acercó para observarla mejor.
-Había oído hablar de la belleza de las mujeres de Ithilien pero veo que esos argumentos se quedan cortos. Lamento lo de tu abuelo joven, algo así no debería haber ocurrido.-Fue en ese entonces cuando la mejilla y el brazo de la chica le llamaron la atención ocasionando que frunciera el ceño-esas heridas necesitan curación. Nindë, por favor llévatela y trata sus heridas.
La persona nombrada se acercó siendo una hermosa elfa de cabellos rubio oscuro, como el color del trigo meciéndose por el viento y de ojos pardos, como el bosque más profundo. Keyra jamás había visto mujer igual, era como si la propia elfa brillara con luz propia. Envió una sonrisa a la chica y se la llevó al interior de la ciudad.
-Venid, estoy seguro de que estaréis hambrientos.
Los enanos siguieron a aquel elfo de porte noble aunque no se fiaban ni un pelo. Thorin envió una mirada de odio a Gandalf, les había traído junto al enemigo y eso era algo que el rey enano no podía tolerar.
En el interior de la ciudad todo estaba en calma, era muy agradable y Keyra pudo observar a muchos elfos por las calles, algunos escribiendo, otros otorgando a los demás melodías espléndidamente armoniosas. Sin duda aquel lugar era mágico.
-Increíble...
-Parece que fuera la primera vez que ves elfos-la dulce voz de su acompañante hizo que prestara atención. Fue entonces cuando aquella elfa de cabellos rubios soltó una risita-veo que si.
Keyra bajó la mirada avergonzada, un momento... ¿por qué se avergonzaba? Ella no era el tipo de persona que acababa escondiéndose por cualquier cosa... bueno, tal vez un poco pero ver a un elfo por primera vez no era una razón.
Antes de que pudiera darse cuenta se encontró en una habitación, tan blanca como el resto de la ciudad y donde los muebles, también blancos, estaban perfectamente colocados a los alrededores. Parecía un sueño... un sueño... Keyra creyó que esto ya lo había visto... ¿en un sueño?
-¿Te encuentras bien?
Nindë observó a la chica con preocupación, parecía que se había quedado en un trance. Pero fue por un corto periodo de tiempo ya que la miró confusa, al parecer por la pregunta. Suspiró, ¿quién iba a imaginarse que entre un grupo de enanos se encontraría tal jovencita?
La elfa la condujo al cuarto de baño en donde una bañera igual de blanca la esperaba ya llena de agua. Ella la mandó quitarse las extrañas ropas (según la elfa) que portaba y que se metiera. Así lo hizo, comenzando con la camiseta que intentó quitarse sin rozar la herida del brazo aunque sin mucho efecto ya que la dichosa prenda rozó la piel enrojecida y ensangrentada ocasionando que siseara de dolor, a continuación fueron los zapatos y después los pantalones quedando en ropa interior de la que también de deshizo y se metió en el agua tibia que la bañera de color blanco le otorgaba.
Se quedó mirando la bañera, hasta esta estaba decorada con lo que parecía caligrafía o algo parecido pero que la hacían ver preciosa. Pero fue entonces cuando se dio cuenta en la situación en la que se encontraba al ver el agua volverse rojiza... ¿qué haría ahora? Estaba sola... completamente sola y no sabía como volver a su casa... y su abuelo... él ya no estaba, aun recordaba como cayó, como aquella flecha atravesó su pecho como si se tratara de un simple muñeco. Se estremeció y en sus ojos comenzaron a formarse unas lágrimas que caían ahora libremente por su rostro.
-No llores por aquellos que ya no están-la voz de Nindë la devolvió a la realidad, elevó el rostro y se secó las lágrimas con la mano siendo detenida por la elfa-así ocasionarás que la herida de tu mejilla se infecte.
Dejó a la elfa curar sus heridas con una especie de ungüento que ella no parecía haber visto nunca aunque su olor, al igual que todo en aquel lugar, era dulce y para nada desagradable al olfato. Después del baño salió envolviéndose en la toalla que la ofrecían mientras su pelo era secado con suavidad, se sorprendió de ver a la elfa meter los dedos alrededor de las hebras caobas, ni ella podía desenredarlo cuando se duchaba.
-Espera aquí un segundo, voy a traerte algo de ropa.
-¿Mi ropa no está bien?-preguntó curiosa.
La elfa de hebras doradas sonrió.
-No es eso, pero creo que tenemos algo que concuerda mejor contigo.
Y dicho esto se marchó en sigilo dejando a la chica sola. La verdad es que aunque aquel lugar fuera precioso y silencioso, el silencio a veces incomodaba y ese era una de las veces en las que desearía escuchar a su amigo Ian gritándola y molestándola... Ian... lo echaba de menos.
Un sonido a la lejanía llamó la atención de Keyra que se dirigió al pequeño balcón que tenía la habitación y se asomó. Era una melodía suave y relajada pero al menos no era silencio. Se apoyó en la barandilla y vio ese precioso atardecer que las vistas la otorgaban y a la lejanía, más bien en la otra punta de la blanca cuidad, observó pequeñas siluetas algo regordetas que distinguió como a los enanos que la acompañaban. Sonrió para si misma, eran extraños, de eso estaba segura pero la habían ayudado y estaba realmente agradecida. Fue entonces cuando pareció ver una de las figuras voltearse y saludar a donde estaba ella, enfocó un poco los ojos y observó al enano moreno que había ido a buscarla con el rubio. Parecía bastante alegre así que le devolvió el saludo.
-No deberías ponerte ahí, alguien podría verte.
Keyra volteó para encontrarse cara a cara con Nindë pareciendo extrañada por sus palabras hasta que segundos después se percató de que solo llevaba aquella toalla que anteriormente la elfa la había ofrecido por lo que entró rápidamente con las mejillas enrojecidas. Fue entonces cuando se percató de lo que llevaba aquella mujer entre sus brazos.
-¿Qué es?
-Un vestido-respondió sutilmente. Keyra frunció el ceño, odiaba los vestidos. La elfa al ver la expresión que ponía aquella invitada en Rivendel sonrió aun más-tranquila, te gustará ya verás.
No muy convencida por las palabras de la rubia aceptó siendo ayudada a colocárselo. La verdad es que era un vestido ligero, algo que no se esperaba, sintió la fina seda deslizarse por su cuerpo y fue una sensación bastante agradable.
-Listo.
Entonces se miró en el espejo que poseía la habitación, se quedó son palabras, jamás había pensado que le encantaría un vestido. Le costaba creer que aquella imagen que se reflejaba en aquel espejo fuera ella. El vestido era de color azul, un azul extremadamente claro que se ajustaba debajo del pecho con lo que parecía una cinta dorada llena de adornos. El vestido era de tirantes pero de la que colgaban ambos lados dos mangas semitransparentes del mismo color del vestido dejando los hombros al descubierto, y en el centro del vestido, justo donde se abrochaba en el pecho descansaba un pequeño bronce en donde estaba incrustado un zafiro cuyo intenso color sobresaltaba con el suave color cielo del vestido.
Tocó con la punta de los dedos el reflejo... aquella chica no podía ser ella.
-Pareces una princesa.
-No soy una princesa...
-Bueno, ese es tu criterio, ¿sabes? Me recuerdas a tu abuela.
Keyra volteó rápidamente.
-¿Conociste a mi abuela?
La elfa asintió y la pidió que se sentara para que pudiera peinarla.
-Era una mujer hermosa, curiosa y también muy divertida-la chica prestaba atención mientras notaba como Nindë comenzaba a trenzar el pelo-físicamente te pareces mucho a ella. Cuando llegó a Imladris con aquel dúnedain no parecía lo que realmente era.
-¿Dúnedain? ¿Qué es un dúnedain?
-Todo a su momento querida, no tienes que ser impaciente.
La comida no fue como los enanos pensaban, al sentarse en aquella mesa pensaron que comerían como nunca antes lo habían hecho, pero en cambio, lo único que encontraron fue solo platos con verduras y hortalizas silvestres, ¿dónde demonios habían dejado la carne aquellos estirados elfos?
Además, aquella música no era de su agrado, era tan... tan... delicada, ¿dónde estaban esas animadas canciones? Miraron hacia todos los lados algo resignados por todo lo que estaba ocurriendo. Óin al no querer escuchar nada más metió en su trompeta un pañuelo agradeciendo el silencio que este le proporcionaba. Kíli observó a una de las elfas que tocaba el arpa, le parecía hermosa, puede que fuera la delicadeza con la que tocaba o el brillo de sus ojos... la sonrió acompañado de un guiño que no pasó por alto por parte de Dwalin, le miró con seriedad.
-No me gustan las mujeres elfas, son delgadas y no tienen suficiente bello facial-intentó excusarse-aunque... esa no está mal.
-Eso no es una elfa.
La cara que puso el más joven de los enanos no tuvo precio alguno y estallaron a carcajadas.
-Que vista tienes hermanito-Fíli le rodeó un brazo por los hombros divertido mientras que su hermano, avergonzado por lo que acababa de hacer bajó la mirada.
-Muy gracioso.
Mientras tanto, al otro lado de la mesa Elrond y Gandalf charlaban escuchado por el rey enano que se sentaba junto a ellos.
-¿Qué se suponía que estabais haciendo en el Gran Camino del Este?-Preguntó el medio elfo a Gandalf después de que este le explicara el pequeño encuentro con los trolls y su descubrimiento en aquella caverna de las espadas élficas encontradas.
-Disculpadme-Thorin se separó de la mesa. Detestaba ese lugar, si hubiera sabido a donde les dirigía el mago desde un primer momento no habría durado ni un instante en dar media vuelta.
-Pero bueno ¿qué clase de música es esta? Estos elfos no saben divertirse.
Bofur se subió a la mesa preparado para empezar lo que sería una animada canción.
Haaaaaaay una posada alegre y feliz
al pie de un cerro gris,
cerveza dan tan negra es
que el hombre de la luna bajo a beber
¡y se trago un barril!
Todos los enanos parecieron disfrutar del cambio de música porque comenzaron a cantar a coro mientras Bofur continuaba con la alegre canción dejando desconcertados a los elfos que se encontraban en ese momento con ellos.
Uuuun mozo tiene un gato allí
que toca el violín,
el arco mueve sin parar
lo ves chirriaaaaaaaaaar, ronroneaar
¡al gato borrachín!
Parecían disfrutar como si de niños se tratara, era animada y alegre, tal vez demasiado tosca pero estaba claro que tratándose de enanos las cosas que hacían o las canciones que cantaban entre ellos no iban a ser refinadas.
Yyy el gato tocaba
¡jei jei jiji jajaja! Movía muy bien los pies,
sirviendo, brincando, el baile presó
y al hombre de la luna el patrón gritó
¡que son mas de las 3!
Todo acabó en desastre, comida por los aires, enanos riendo sin parar. Gandalf suspiró resignado, ¿es que acaso no sabían comportarse?
-Mi Señor Elrond-la suave voz de Nindë llamó la atención de todos dejando ver detrás de ella a muchacha que anteriormente se encontraba con aquel grupo de enanos.
La Compañía no había tenido tiempo de obsérvala mejor anteriormente debido al ajetreado camino que habían tenido que experimentar y ahora que la tenían delante de ella podían darse cuenta de que, a pesar de ser muy joven, era muy bella. Aquel vestido élfico que se ceñía a su cuerpo dejaba ver de ella algo que no se podía describir con palabras.
-Veo que te queda a la perfección-Sonrió el Señor de Imladris.
-Es un poco largo para mi...
-No te preocupes querida, eso no lo hace menos bello. Ven, acércate y come algo.
Ese era un ofrecimiento que no iba a negar, estaba hambrienta y la verdad, viendo lo expuesto en las mesas no le desagradaba la idea de llevarse a la boca dicho alimento. Se acercó lentamente, como temiendo hacer algún movimiento en falso y tropezar pasando por delante de los enanos que cada uno la miraba de forma distinta, ese simple gesto por parte de ellos hizo sonrojar a la chica, ¿por qué la miraban tanto?
Acabó sentándose al lado de Gandalf que la recibió con una sonrisa en la cara.
-Sin duda tu nuevo aspecto te hace ver como una princesa.
Keyra no pronunció palabra alguna, solo se limitó a mirar su plato dejando aquella sala en un extraño (y para ella muy incómodo) silencio. Por suerte no fue demasiado duradero y los enanos poco a poco comenzaron de nuevo con sus charlas y bromas pero hubo uno que no lo hizo. Fíli se quedó mirando a la chica de cabellos caoba, nunca había conocido a una mujer tan bella, sentía atracción hacia su persona. Fue entonces cuando ella levantó la mirada para encontrarse con los ojos del enano de hebras rubias. Marrones y azules se vieron conectados por un momento, fue algo que no se podía explicar con palabras y, al ver que la muchacha estaba incómoda en aquel ambiente, Fíli la sonrió, fue una sonrisa amable y tranquilizadora que consiguió que Keyra se relajara por un momento y le devolviera la sonrisa con timidez.
Pero había alguien a quien no se le escapó por alto la mirada de aquellos dos. Kíli intrigado de el porque de esa sonrisa a la chica y las mirada que se echaban. Empezó a planear algo en su cabeza creándole una pícara sonrisa en los labios. Sin duda, este viaje iba a ser algo más inesperado de lo que pensaba.
¿Qué os ha parecido? Tenía ganas de meter la escena de Bofur cantando en Rivendel XD. ¡Gracias versión extendida, gracias! También lo de Kíli, me reí mucho mientras lo estaba escribiendo porque encima tenía en la tele puesta la peli y es que ver su cara me mataba, confieso que dejé en pausa la peli en esa escena porque era demasiado para mi XD. También quería mostrarle como el pícaro, el que tiene una idea retorcida en la cabeza para usarlo con su hermano, pobre Fíli XD.
También comenté en el capítulo anterior que os enseñaría un boceto de como me imaginaba a Keyra y aquí os la dejo:
art/Keyra-501909638 (ponedlo en DeviantArt)
Se lo enseñé a una amiga y me dijo que quedaría mejor con pecas, ¿Qué opináis? Solo es un boceto chorra pero me divertí dibujándolo.
En fin, ¡hasta el próximo capítulo! :D
