Promesa

Son amigas. De las que comparten chismes, cotilleos, faldas, revistas y risitas tontas. Pero también de las que se apoyan mutuamente pase lo que pase y de las que sienten el dolor de la otra como suyo propio.

Por eso Marietta siempre estuvo allí cuando Cho necesitaba un hombro en el que llorar, y por eso fue Cho la que ayudó a Marietta a ocultar los granos que Granger -¡maldita rata de biblioteca, esta me la paga! ¡Estoy mil veces peor que Eloise Midgeon por culpa de esa marisabidilla de segunda!- había hecho aparecer en su cara. Y Marietta aún está a su lado, para secarle las lágrimas y curar la herida que la muerte de Cedric dejó en el corazón de Chang.

—Tranquila, Cho, sé fuerte…—susurra con delicadeza— No estás sola.

—Lo sé. Tu estás aquí.

Cho la mira con esos ojos orientales, de rasgos exóticos y tan oscuros y profundos que cualquiera se puede perder en ellos.

—Pero, ¿Qué haré cuando te vayas, cuando tú ya no estés conmigo?

—No me voy a ir, te lo juro—y lo dice con seriedad, sabiendo que cumplirá esa promesa, porque ya ha visto demasiadas lágrimas derramadas por su mejor amiga.

Cho asiente con la cabeza; sabe que Marietta está siendo sincera. Se lo agradece, y la abraza.


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