Disclaimers en el capítulo 1
Primavera de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi es lo que al final del capítulo deben poner, trataré de relatar lo que pasa en el momento pero la música es música y no hay mucho que explicar más que escuchar, sólo para entender que es lo que hace Regina al dirigir la orquesta del grupo de Emma. Espero que disfruten este capítulo porque es uno de mis preferidos, los sentimientos de Emma avanzan y se confunden aún más.
Muchas gracias por comentar como siempre, así da gusto seguir escribiendo.
Capítulo 4: Ocultando una delicada lágrima (Parte II)
Emma estaba demasiado nerviosa, a pesar de que en los últimos dos días habían logrado un resultado asombroso con la sinfónica de su grupo de clases, ser el primer violín siempre le pareció una gran responsabilidad, y si ella no estaba segura transmitiría esa inseguridad a todos los demás. Ya estaba atardeciendo y no dudó en llamar a la Srta. Mills para un último ensayo por parte de ella, la cual no tardó en presentarse en la residencia de las alumnas para ayudarla.
—Emma, ya basta de pensar tanto ¿Por qué estás tan insegura? –le decía mientras sacaba su violín y comenzaba a afinarlo- En el ensayo de la tarde todo se escuchaba perfecto.
—Se trata de mí, a veces me siento incómoda y no sé por qué –Emma hacía lo mismo con su violín aprovechando las notas ya afinadas de Regina.
—Veamos, ¿Te parece si tocamos una pieza juntas? Estaré observándote, creo que ya sé qué es lo que te incomoda y no es nada referente a tu técnica de interpretación.
—¿Algo de Mozart le parece bien? Concerto 21 Allegro Maestoso.
—Y ahora te haces la prodigia –Regina se reía, no era una pieza fácil siendo que era escrita para piano y no para violín- Veamos qué es lo que te incomoda.
Luego de un rato de majestuosa interpretación, y de observar la cara de Emma, sus posturas, sus manos y su técnica, estaba todo claro para Regina, el problema era demasiado simple.
—¿Has pensado qué peinado vas a usar para mañana? –Le hacía esa pregunta mientras tomaba y recogía el pelo rubio de Emma en un simple moño hacia atrás, con sus manos.
—Las verdad no lo había pensado ¿Es eso importante? –A Emma se le subían los colores a las mejillas siempre que Regina la tocaba, y ahora era más notorio, eso la hacía sentirse más avergonzada.
—Claro que es importante porque noté que tu incomodidad es por tu torpeza con el cabello, hay veces que estás a punto de enredar el arco él.
—¿Era sólo eso? –Emma comenzó a reírse- la verdad es que siempre me preocupo de no estar cometiendo alguna torpeza, sería una vergüenza cometer un error así tan estúpido.
—Mañana péinate el cabello y lo atas bien, o haz lo que quieras con él, pero mantén tu rostro despejado Emma, tienes un rostro demasiado bello –le soltaba el pelo para tomar su mentón ya que la rubia siempre se escondía bajando la mirada- no veo por qué tengas que esconderte en él. No puedes mostrar inseguridad, porque realmente eres talentosa, convéncete de ello Emma, aquí en Saint Gold, eres la mejor.
Mientras Emma hizo lo que Regina le decía con su cabello y volvía a tocar notando que realmente eso la despreocupaba bastante la morena se iba a la cocina de la residencia en busca de un té, se entretuvo un rato hablando de cocina con la cuidadora y luego de un rato volvió donde Emma. Para su sorpresa, la pequeña rubia se había quedado dormida en el sillón de la sala abrazando su violín.
—Estas niñas no tienen ninguna consideración conmigo –dijo la cuidadora- tendré que despertarla para que se vaya a su dormitorio, a mi edad ya no puedo cargarlas.
—Descuide, no la despierte, mañana será un día muy ocupado y debe descansar. Yo me ocupo de ella.
—¿Quiere que también le prepare una habitación? Ya es tarde –Le dijo mientras Regina le quitaba el violín y la alzaba en sus brazos
—No, debo volver a la casona –Habría sido bastante cómodo pero ella sabía que debía salir de la casona la mañana siguiente como Rey Miller, debía volver aunque fuera tarde.
—Entonces, buenas noches Srta. Mills, luego yo me encargo de llevar el violín a la habitación de Emma.
Regina subió las escaleras con Emma en brazos, abrió como pudo la habitación y recostó a la pequeña en su cama, pero antes de poder separarse de ella, Emma tomó su cuello acercándola peligrosamente a su rostro. Regina se sintió incómoda, extrañamente sus mejillas se sonrojaron, no lo había visto venir, de pronto pensó que Emma la besaría, sólo hasta que la pequeña comenzó a hablar
—Gracias Srta. Mills, gracias por no dejarme sola –le dijo medio durmiendo- Mientras aún la tenía abrazada por el cuello.
—Duerme Emma, que mañana serpa un largo día –le dijo bajito, separándose de ella con una sonrisa en el rostro.
¿Qué había sido ese sentimiento? Ya se sentía extraña cargando a Emma a su habitación, y su corazón se puso a mil por hora tan solo con que la rubia la hiciese acercarse. Regina, sabía que empezaba a tener sentimientos por la pequeña, es sólo que la veía tan débil y sola que no podía evitarlo, pero eso era solamente, al menos eso pensó, cada vez que estaba con ella sentía unas enormes ganas de protegerla y de hacerla sentir que valía mucho. Debía ser el cansancio, no era menor trabajar el doble, y más encima con doble personalidad.
Emma, la pobre Emma se había quedado dormida y de un golpe se levantó de la cama ante el grito de Ruby desde la puerta que la apuraba para que se levantara, y de un real golpe, porque del puro susto se fue abajo de la cama golpeándose antes de poder reaccionar completamente. Se vistió rápidamente, arregló todas sus cosas, su uniforme de gimnasia, tomó su violín y se fue al cajón de su mesita de noche para sacar algo muy importante. Era el día de padres e hijos y ella no saldría sin el recuerdo de su madre, así que sacó la fotografía que tenía de ella y la guardó en su bolsillo, saliendo rápidamente de la residencia por si alcanzaba a las chicas en el camino.
Mientras tanto en la entrada del Saint Gold estaban Killian y Leroy tratando de convencer a los guardias de que ellos eran familiares de uno de los alumnos para poder colarse en la clase de Rey y poder hacer de las suyas sacando fotografías o recrear la vista con las mallas de las chicas durante la clase.
Lo que no esperaron es que antes de que pudieran siquiera entrar la Sra. Lucas venía a toda prisa en su nueva y refaccionada Harley Davidson por ellos. Sacando su arma de balas de goma los puso en alerta inmediata, simplemente levantaron las manos en señal de rendición para que no les disparara, incluso los guardias no entendiendo nada fueron capaces de hacer algo. Pero al momento en que la abuela derrapó en la moto y jaló el gatillo se fueron corriendo escapando de ella y sus disparos.
—¡No escaparán de mí par de pervertidos! –Gritaba la Sra. Lucas mientras volvía a hacer arrancar su máquina para ir detrás de ellos.
Entre correr y correr, Killian y Leroy llegaron al puente Toll, y fue ahí donde la abuela pudo adelantarlos cerrándoles el paso para que no pudieran seguir adelante, ante la desesperación se lanzaron del puente hacia abajo, lo que no vieron fue que Emma pasaba por ahí mismo, y como lo niña iba sumida en la fotografía de su madre tampoco se fijó en lo que ocurría a su alrededor. Sin querer, fue empujada por Killian, cayendo al suelo sin mucho peligro.
La cara de Emma fue de espanto, no por su golpe al caer, sino porque la fotografía de su madre se le cayó al agua y no quería perderla. Bajó corriendo del puente y llegó a la orilla del rio para ver si había alguna señal de la fotografía de su madre, miró hacia todos lados y pudo ver que no muy lejos, estaba la fotografía atascada en un pedazo de rama, cuando estuvo a punto de meterse al agua para rescatar su preciado recuerdo Rey que iba pasando por ahí la tomó por la cintura evitando que corriera peligro.
—¡¿Qué haces Emma?! –la alejaba de la orilla con rapidez- Es peligroso.
—Pero, es que la fotografía de mi difunta madre se ha caído al agua, está atascada ahí –Emma le mostraba el lugar, mientras poco a poco sus ojos se iban aguando- es el único recuerdo que me queda de ella.
Sin pensarlo Rey entró al agua en busca del objeto, no era cualquier fotografía, era la de su madre, y si no tenía otro recuerdo se arriesgaría por traerla de vuelta. Como pudo fue andando, si bien el caudal era pequeño tenía poder como para tumbarla, si Emma hubiese ido por ella probablemente el agua se la llevaría.
Ante la mirada angustiada de Emma, iba Rey como podía, debía ser cuidadoso, poco a poco se fue acercando a las ramas que se movían peligrosamente por la corriente. Cuando estuvo a punto de tomar la fotografía, el agua hizo un giro extraño, haciendo que el objeto rápidamente se fuera por la corriente abajo, Rey trato de alargar el brazo pero fue inútil, se había perdido. Cuando giro la cabeza para mirar a Emma, no pudo evitar sentir que su pecho se apretaba, la pequeña rubia había puesto las esperanzas en recuperar su tesoro, y no había podido hacerlo.
Más adelante la abuela conseguía su propósito en la persecución de Killian y Leroy. Con total maestría, sacaba una soga y los enlazaba a ambos, volviendo a arrancar el motor de la Harley, arrastrándolos por el suelo a ambos.
—¡Haré que paguen cariñosamente esto! –Les gritaba la abuela, que al parecer fue la única que se había percatado del incidente con Emma.
Cuando Rey volvió del agua, Emma seguía viendo hacia la corriente del rio, como si se despidiera nuevamente de su madre.
—Emma, lo siento –le dijo Rey mientras la tomaba por el hombro.
—No se preocupe –se volteaba a mirarlo y volvía a esbozar una sonrisa- Esta bien.
—Pero Emma… -Rey no comprendía cómo siempre la niña reaccionaba de manera positiva, incluso en momentos como este- La verdad es que me sorprendes, eres mucho más fuerte de lo que aparentas –la voz de Rey se quebraba- Siempre tienes una sonrisa en el rostro.
Emma hacía de su sonrisa una aún más amplia
—No siempre fue así, cuando era pequeña era muy llorona. Pero mi madre me decía "No importa lo que suceda, siempre debes sonreír" –La sonrisa de Emma flaqueaba y los ojos comenzaron a lagrimear- Por eso es que… -Bajó la mirada, y en silencio una lágrima le caía por el rostro, sin mostrar ningún sollozo, tratando de seguir sonriendo sin poder conseguirlo.
Ya en la sala de profesores, Rey desembalaba de una caja los uniformes deportivos extras que le había conseguido la abuela, pensaba en Emma, en la pérdida de su madre y en lo sola y triste que ahora mismo se podría estar sintiendo, la fotografía de su madre era la visita de ella en esta clase con los padres hoy, y la había perdido y no había podido hacer nada por ella, su intento fue inútil y no pudo dejar de sentirse culpable.
—¡Debo hacer algo! –Dijo en voz alta mientras golpeaba la mesa. La verdad es que le dolía ver a Emma tan triste.
Rey tomó el teléfono y llamó a la abuela, mirando por todos lados por si alguien estuviera cerca, cuando la abuela contesto, le preguntó por un mapa detallado de Storybrooke, y ciertos detalles de la madre de Emma. En pocos segundos le llegó en su teléfono móvil el mapa y todo lo que necesitaba saber al respecto.
Mientras tanto en la oficina del Sr. Gold ya estaba la esposa del sostenedor siendo recibida por ellos, sentada en uno de los sofás, tomándose un té.
—Es un espléndido día para la visitas de los padres, va a ser un día hermoso –Dijo Zelena mientras bebía un sorbo de té con una risita al terminar de tragar.
—El Sr. Midas nunca se pierde estas oportunidades para evaluar la eficiencia de la escuela, me extraña que no haya querido posponer la visita para cuando se encontrara mejor de su enfermedad –Gold le sonreía cínicamente, odiaba tener que lidiar con una mujer- Es usted muy entusiasta y amable al venir en su lugar.
—Y si no es una visita sorpresa no tiene ningún valor, por eso vine yo. La verdad si me entusiasma poder fiscalizar la labor de Saint Gold, pero me sentiría mucho más entusiasmada si en esta escuela no enseñaran sólo hombres –Las miradas de Zelena y Gold se cruzaron en una batalla de odio por el comentario, pero luego de un silencio los dos se rieron al unísono, cínica e hipócritamente, siendo seguidos por la otra falsa risa de Sidney que estaba presenciando la conversación. Ninguno de los dos se toleraba, pero lo hacían por cortesía- Entonces –prosiguió Zelena- la primera clase será la de gimnasia ¿Verdad?
—Claro, vamos ahora mismo. Luego sigue la clase de la Srta Mills, verá que está equivocada al pensar que sólo enseñan hombres en esta escuela –Gold se levantó junto con Zelena, saliendo por la puerta en dirección a la clase del profesor Miller.
Ya afuera de la escuela, estaban todos los padres de los alumnos, y como siempre poniéndolos nerviosos y a algunos avergonzados al ser animados por ellos con sus palabras desde lejos, algunos otros muy emocionados y orgullosos de ellos, unos cuantos conversando con ellos debido al largo tiempo de no verse. Entre ellos apareció el padre de Graham, con un vestuario bastante curioso, es que parecía pordiosero, sin embargo se disculpó con los otros padres por su vestuario, venía recién saliendo de su turno de trabajo.
—Por Dios –Dijo Graham en un suspiro, bajando la mirada mientras se cruzaba de brazos.
—¿A qué se dedica tu padre? ¿Por qué viene vestido así? –Preguntó August.
—Es detective privado –dijo secamente.
Emma que estaba entre la muchedumbre de padre e hijos, comenzó a buscar con la mirada a Rey, por alguna razón siempre sentía cuando se aproximaba, cuando logró divisarlo, esbozó uuna gran sonrisa.
—¡Atención todos! –Llegaba Rey con la caja de uniformes- Siento mucho haberlos hecho esperar. Estamos casi listos para empezar, pero antes de que comience quería proponerles algo.
Mientras Rey explicaba venían bajando por la escalera principal Sidney y Zelena, explicándole la importancia de la clase de gimnasia y de cómo se llevaba a cabo en Saint Gold hasta que escuchó lo que Rey les estaba diciendo a los padres, parando de seco impresionado.
—Les pido por favor que se pongan los uniformes de gimnasia. Queremos que participen en la clase de hoy –les decía Rey mientras le mostraba el uniforme.
—¡Profesor Miller! Esto no tiene ningún sentido –Le dijo Sidney muy molesto ante la idea de Rey.
—No se puede aprender nada de la clase de gimnasia con tan solo mirar. Quiero que los padres experimenten la educación de sus hijos.
—Ha perdido completamente el juicio profesor –los puños de Sidney se apretaban de lo enojado que estaba. Sin embargo, Zelena estaba atenta escuchando las explicaciones del profesor Miller.
—En realidad creo que es una buena idea –dijo Zelena- me apunto a tomar la clase también.
—Pero Sra. Midas –Sidney bajaba el tono al ver que Zelena aprobaba la proposición.
Los padres asintieron, muchos pensaron que en realidad el profesor tenía razón, si no experimentaban lo que sus hijos hacían no tenía sentido que estuvieran ahí mirando. Poco a poco las reacciones afirmativas comenzaron a verse entre los padres.
La cara de Emma era de preocupación, un poco triste, iba a estar sola, pero en realidad siempre se preocupaba cuando Rey tenía problemas con la dirección de la escuela, esperaba que su idea no le llevara problemas más adelante, porque si miraba a Sidney podía ver claramente que no estaba de acuerdo con él.
Ya con todos los padres, incluida la Sra Midas, vestidos y preparados para la ocasión se dispusieron en grupo para atender las instrucciones del profesor Miller.
—¿Cómo me veo Belle? –Le preguntó su madre- ¿Aún me veo sexy con una malla verdad?
—Ay mamá ya cálmate, qué vergüenza, compórtate como una de tu edad –Belle bajaba la mirada avergonzada.
—No te exijas mucho papá, ire contigo. Si te sientes cansado me avisas –Le dijo August a su padre, que era bastante mayor y no le exigiría tanto.
—No me vencerás Graham, esto será una competencia entre tú y yo –le dijo su padre ahora sin el traje de espía que usaba al llegar, totalmente afeitado y con un semblante bastante atlético, llamando la atención de Eric y August, al fin creyendo la historia de que su padre era detective privado.
—¡¿Estan todos listos para empezar?! –dijo Rey en voz alta llamando la atención de todos y calmando los murmullos- Hoy tendremos una maratón muy larga.
Los alumnos comenzaron a quejarse, no esperaban una maratón, les iba a tocar duro, la única que mantenía su cara triste sin importarle lo que hicieran era Emma.
—Sin quejas –Rey palmeo las manos- Madres y padres corran junto a sus hijos y síganme – dio un par de saltos y comenzó a trotar.
—Bien, entonces, hagamos caso a lo que el profesor Miller nos dice –dijo Zelena a los padres. Así lo hicieron por la entrada principal donde Rey los esperaba para darles las últimas instrucciones.
—Va a ser un largo recorrido, siéntanse libres de descansar si es demasiado para ustedes.
Emma corrió detrás del grupo, mirando como sus compañeros eran acompañados de sus padres, iba a hacer la maratón de todos modos, aunque no podía evitar cierta tristeza y envidia al verse tan sola.
—Emma –Rey la acompaño al lado- Puedes tomarte todo el tiempo que sea necesario, pero quiero que completes el recorrido sin rendirte ¿Está bien? –Emma asintió y Rey aceleró la marcha para adelantarse al grupo.
Realmente un aire familiar inundaba la maratón, muchas situaciones curiosas iban pasando mientras todos corrían. A medida que iban avanzando el grupo se iba disolviendo, algunos más adelante y otros rezagados. A medida que avanzaban se iban cansando más y más, realmente para algunos sería agotador llegar al final.
Emma pasó por cada uno de ellos, no iba rápido, se estaba tomando su tiempo, y pudo ver las cosas que pasaban a su alrededor mientras iba pasando, como por ejemplo a Ruby compitiendo con su madre de quien corría más rápido, Eric junto a sus padres se acercándose a la familia de Ariel para presentarse mutuamente o Tinker junto a su madre echarle un vistazo rápido al padre de Graham, el cual no se dio ni por enterado del descaro de sus miradas porque notó que Emma ya los alcanzaba, cosa que lo ponía muy nervioso, decidiendo correr más rápido para no estar a su lado y tener que darle explicaciones a su padre.
—¡Papá! ¿Estás bien? –Le dijo August a su padre, ayudándolo a apoyarse en el debido a un dolor en su pierna- si quieres podemos descanzar.
—Tranquilo hijo es sólo un calambre, ya estoy viejo para esto –le dijo Marco riéndose.
Zelena que también iba corriendo se detuvo delante de ellos preocupada por el señor de avanzada edad, al notar que todo estaba bien les sonrió.
—¿Está todo bien? Pueden dejarlo hasta aquí si quieren –les aconsejó la Sra. Midas- [Esto es excelente, verdadera comunicación entre padres e hijos]
—Buenos días Señor, ¿se encuentra bien? –Emma paraba para preguntar por el padre de August.
—Todo bien Emma, sigue adelante lo haces bien –le dijo August sonriéndole nervioso y avergonzado por preocupar a los demás por su padre.
Al ver que estaba todo bien, Emma siguió con la carrera, sonriendo esta vez, de a poco se iba olvidando de estar tan sola, ella solo imaginaba llegar al final para cumplir con lo prometido a Rey.
Al llegar a la zona de la playa de Storybrooke, Graham y Ruby se encontraron codo a codo, y con un par de miradas supieron que era un duelo, simplemente comenzaron a correr más rápido para adelantarse, cada vez más y más rápido.
—No me ganará Graham, no me dejo vencer por ningún chico –Ruby ponía todo de su parte.
—A tu lugar Ruby, no me dejaré ganar tampoco –Le respondió Graham.
No pudieron seguir ese ritmo, simplemente tuvieron que caer de rodillas agotados por la ansiosa carrera que habían hecho. Avanzaron tanto que alcanzaron al profesor Miller.
—Si quieren terminar deben calmarse, administren sus energías, la idea no es ganar, es hacer todo el recorrido –Rey se quedaba trotando en su lugar mientras les aconsejaba a los chicos, hasta que levantó la vista y vio como a lo lejos se iba acercando Emma, con fuerza tenaz y constancia. Simplemente sonrió y siguió hacia adelante.
Emma pasó por al lado de Graham y Ruby sin ponerles mayor atención, aunque Ruby se quedó boquiabierta al ver que Emma aún seguía en carrera, no pudo hacer más que animarla a seguir adelante.
Algo en la memoria de la pequeña rubia le hacía estremecerse, esta playa, este lugar, le recordaba a algo y no sabía bien que era. Siguió corriendo y miró como Rey se detenía a lo lejos para verla, ella simplemente sacudió su cabeza y siguió el camino, por ahora solo quería concentrarse en alcanzar a Rey y terminar la maratón.
Pero ella estaba en lo cierto, este era un lugar especial, al salir de la playa siguió corriendo por el sendero de un parque, sin quererlo ahora estaba sólo a algunos metros de distancia de Rey, y es que no se había dado cuenta de que lo había alcanzado porque estaba inmersa en ver el lugar a su alrededor.
—Este lugar, lo conozco –iba reduciendo la velocidad hasta comenzar a caminar lentamente. Comenzó a recobrar el aliento mientras Rey se le acercaba a ella y le tomaba el hombro ofreciéndole una sonrisa.
—Muy bien Emma, hemos llegado.
Emma puso atención, y pudo ver una lápida al frente de ella, caminó unos pasos y pudo entenderlo todo, este lugar era donde su madre había sido enterrada, era un hermoso parque del cual ya se había olvidado. Se sentó sobre sus piernas y miró la inscripción de la lápida donde decía el nombre de su madre, Mary Margaret.
—Lo lograste –Le dijo Rey acercándose a ella y sentándose a su lado.
—Pero Profesor… -la voz de Emma era pequeña, casi un susurro- ¿Cómo conocía este lugar? –le dijo ahora recuperando más su voz.
—Tengo mis contactos –le sonrió afectuoso- Ahora bien, ¿Por qué no le hablas? Recién comienza tu día de padres e hijos.
Los ojos de Emma comenzaron a ponerse brillosos, porque no pudo evitar recordar el día en que su madre la había dejado. Cerró los ojos y revivió el momento.
—Emma… Emma- le decía su madre para calmar el llanto de la pequeña- Si lloras los demás se pondrán tristes también- Mary Margaret acariciaba la cabeza de Emma que la tenía enterrada en las ropas de la cama- No importa lo que suceda, tú siempre sonríe –le tomó el rostro y limpió las lágrimas de sus mejillas ahora que le ponía atención- Yo… yo amo tu sonrisa, más que cualquier cosa en el mundo ¿Lo sabías?
Emma se recomponía y se ponía erguida, asintiendo sólo con la cabeza, tomando la mano de su madre, apretándola más contra su rostro.
—Entonces, sonríe para mí –Le dijo a penas, ya le costaba hablar, eran sus últimas palabras- Sonríe por favor Emma -La niña le ofrecía una pequeña sonrisa entre sollozos- Una sonrisa más grande –Emma hizo el esfuerzo- Ahora mucho más sonriente mi niña –La sonrisa de Emma era amplia ahora, a pesar de su rostro que estaba completamente bañado en lágrimas- Así me gusta verte, eres una buena niña Emma, nunca dejes de sonreír.
Un abrazo de Rey hacía salir a Emma de su recuerdo, se aferró a él firmemente contra su pecho, dejando caer unas pequeñas lágrimas, pero no se quedó ahí por mucho tiempo, simplemente se secó el rostro con su ante brazo y se puso de pie rápidamente.
—Profesor Miller, muchas gracias. Ahora sí puedo empezar con la visita de padres e hijos. Gracias a usted me he dado cuenta de que no necesito ninguna fotografía, mi madre siempre ha estado conmigo… cada vez que sonrío –diciendo lo último miró hacia el cielo y sonrió tal cual como le gustaba a su madre.
Rey se agachó ofreciéndole su espalda de caballete y sin pensarlo Emma corrió hacia él y saltó por sobre su espalda para seguir corriendo.
—Vamos Emma, tenemos que terminar la carrera, luego te espera la Señorita Mills para mostrar su clase.
—Ahora estoy mucho más segura… y por sobre todo feliz. Gracias profesor Miller, ha sido una linda mañana gracias a usted.
Por suerte, el hecho de que hayan corrido todos en la maratón le dio tiempo a Rey de sacarse todo, ducharse y volver a ser Regina Mills. Los padres y los alumnos ya estaban listos y preparados para la función de música que les demostrarían, si bien todos estaban exhaustos, la adrenalina acumulada de hacer ejercicio hacían que lo que venía fuera totalmente relajante y hermoso de presenciar.
Ya en el auditorio completamente arreglado para la ocasión, los padres esperaban sentados y expectantes a sus hijos. Uno a uno comenzaron a entrar en el escenario, tomando posiciones, mientras los instrumentos de viento hacían sus primeras afinaciones dándole las notas a los de cuerda. La última en entrar fue Emma, recibiendo el aplauso de la concurrencia al situarse en su lugar, al lado del director, que en este caso sería la Srta. Mills.
Cuando estuvieron todos listos, la luz se fue siguiendo a Regina, que iba entrando como siempre con total elegancia al caminar. Llevaba un vestido negro largo y sin mangas, un escote simple y suelto, con una rosa grande de la misma tela del traje que adornaba su lado izquierdo del pecho, llevaba la espalda descubierta, pero sin mostrar mucho tampoco. Simplemente despampanante prestancia al saludar al público, que también la recibía con aplausos mientras hacía una reverencia. Se volteó hacia la orquesta que estaba de pie ahora e hizo lo mismo para saludarlos, luego giró hacia Emma, y como primer violín la saludo con un fuerte apretón de manos, ofreciéndole una sonrisa. Saliendo de todo protocolo, Regina se le acercó aún más y la abrazó fuerte, separándose un poco para hablarle al oído.
—Da lo mejor de ti Emma, tu madre te estará escuchando y estoy segura de que está orgullosa de ti en estos momentos –se separó aún más y la tomó de las mejillas- tu primera vez como primer violín. Felicidades pequeña.
Regina volvió a su posición y toda la orquesta tomó posiciones para empezar, cuando vio que todos estaban listos elevó la batuta, y con el primer movimiento de su mano derecha el fuerte y enérgico sonido de la pieza musical comenzó a nacer.
Emma se sentía tal cual como estaba sonando la música en sus oídos, despertando. La Emma que ahora estaba tocando no solo para los padres de todo el alumnado sino que también para su madre era otra, era su despertar, su cantar, su fluir completo. En estos momentos era la líder de todo su grupo, cuando llegó su momento en el largo de la segunda parte no pudo evitar mirar de reojo y enterarse de que Regina la miraba con amplia sonrisa mientras dirigía haciéndole una señal de aprobación con la cabeza, realmente se estaba luciendo y los asistentes debían reprimir los aplausos para no interrumpirla, porque los tenía realmente maravillados. Luego en la tercera parte simplemente se dejó llevar por la alegría que estaba sintiendo ahora, mirando hacia el cielo mientras ejecutaba sus partes, agradeciendo a su madre por todo lo que había hecho por ella, por estar con ahí, por sentirla cerca, y por sobre todo por sentirse tan querida y apreciada por quienes la rodeaban en estos momentos.
El aplauso frenético se hizo sentir al culminar, de pie recibían vítores y elogios. Regina hizo una reverencia hacia el público que volvía a aplaudirla con fuerza mientras con su brazo señalaba a Emma que se ponía de pie para recibir las felicitaciones igualmente. Nuevamente, y aunque lo tenía muy claro, Regina se volvía a salir del protocolo, rápidamente se fue detrás del telón y salía con un ramo de flores que se las entregó a la pequeña rubia con una nota a la vista en él, por lo cual no pudo evitar leer lo que decía en el momento.
Nunca dejes de sonreír porque así te ves hermosa.
Nunca dejes que nadie reprima este hermoso don que tienes.
Atentamente, Regina Mills & Rey Miller.
La sonrisa de Emma no podía ser más sincera y agradecida, apretó fuertemente el ramo de flores contra su pecho y cerró los ojos, respiró profundo, calmando la emoción.
—[Mamá… Me estás observando ¿No es verdad?]
El Sr. Gold esperaba a la Sra. Midas en su oficina para que le diera su opinión de las dos clases, la verdad es que estaba nervioso, prescindir de la ayuda de los principales sostenedores del Saint Gold sería la quiebra inmediata de la escuela, no podía permitir que eso ocurriera.
—Ha sido las mejores clases que he visto en mi vida, mi marido se ha perdido lo mejor que ha pasado en Saint Gold durante los últimos diez años. Nunca imaginé una visita de padres donde ellos consiguen compartir de esta manera con sus hijos. Realmente la disfruté. Felicidades Sr. Gold, las últimas contrataciones son una joya, tanto Rey Miller como Regina Mills han superado mis expectativas.
—No esperaba menos de mis profesores –le dijo hipócritamente Gold- siempre me dedico mucho en estudiar a quienes trabajarán en este recinto.
—Tendrá mi informe en su escritorio la próxima semana, junto con el cheque anual que mi marido les da como beneficencia –Zelena se levantó estrechándole la mano a Gold y luego a Sidney- No espero menos si es que vengo otra vez a supervisar una visita de padres. Que tengan una linda Tarde.
Qué difícil poder describir en alguien la música, no lo había pensado que fuera así, quizás por eso fue que demoré tanto en actualizar, porque realmente me metí en las patas del caballo al incluir esta última escena y le estaba haciendo el quite XD, mil perdones, traté de hacerlo de la mejor manera, no soy una docta en música, simplemente una oyente de la música clásica.
Perdón si hay errores, no me ha dado tiempo de revisar con detalle. Y como siempre seré su escritora chantajista: Muchas gracias por leer, espero sus comentarios, que si no, las arrastro por el camino en la Harley de la abuela! Besos!
