Exención de responsabilidad: Los personajes y la historia creados por Hiro Mashima no me pertenecen, son propiedad suya, y escribo esta historia sin ánimo de lucro
En el anterior capítulo nos quedamos con la llegada de Jellal. ¿Qué habrá venido a hacer aquí? ¿Y quién demonios es ese tal Jella? ¿Por qué Erza lo conoce?
He de confesar que éste capítulo me ha costado bastante trabajo, seguramente el próximo lo demoraré unos días. Debo ponerme al día con mis otros fics antes de seguir éste. Al llevar ya 3 al mismo tiempo, no podré escribir tan rápido como hasta ahora, pero seguiré intentando publicar un capítulo por semana
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ARCO DE LA ISLA SANTUARIO
CAPÍTULO 7
AUNQUE ME CUESTE LA VIDA
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El victorioso Equipo Dragón tenía delante a lo que parecía claramente una nueva amenaza. De unos veinte años, pelo azul, y envuelto en una capa negra de viaje. Tenía un extraño tatuaje de color rojo recorriendo uno de los lados de su cara.
– Jellal… Fernandes – susurró la pelirroja, como si hubiera visto al mismísimo diablo. Natsu la miró sin comprender, sin dejar de proteger con su cuerpo a su compañera. Pero entendió que ese tipo era una amenaza, igual que el resto de compañeros. Lucy tomó su látigo, y a su lado se colocó su querido dron Zodiac, que había salido del Dragon Force. Mirajane desenvainó, igual que Gray, mientras Jack en la retaguardia miraba desde el suelo con rabia, sin poder hacer nada debido a sus heridas. Natsu encendió su puño de llamas, y Happy se preparó para saltar hacia un lateral mientras dejaba salir la punta de sus filosas cuchillas triples.
Nota del autor: tema recomendado Sakusen Kaishi de One Piece
– Veo que has conseguido un grupo de valientes compañeros, Erza Scarlet – comentó el peli azul sin parecer preocupado– Es una lástima que vaya a tener que matarlos a todos para poder llevarte conmigo.
– Como si fuéramos a permitírtelo – murmuró Natsu saltando sobre él. Su puño metálico rodeado de llamas impactó contra el brazo que el peli azul había alzado. La capa negra se le había abierto, y todos comprobaron que debajo de ella tenía una armadura de cuerpo completo, compuesta de grebas, coraza pesada con forma de loriga segmentada en el abdomen para mejorar la movilidad, faldar de tela beige y unas largas hombreras. Todas las piezas eran de color plateado, que brillaba extrañamente y que no parecía hecha del típico acero. Debajo de las zonas sin armadura tenía ropas de color azul oscuro, que debían ser de kevlar, como las suyas. La mano y el antebrazo estaban protegidos por un guantelete metálico, y habían aguantado el impacto y las llamas de Natsu sin sufrir el menor daño. Jellal sonrió con suficiencia y con su mano derecha golpeó al peli rosa en el abdomen, arrancándole todo el aire en el impacto y dejándolo doblado en el suelo. Mirajane y Gray saltaron sobre él, pero del guardabrazo del peli azul brilló un cristal, y ambos cayeron derribados sintiendo una insoportable presión sobre sus cuerpos que les impedía el movimiento.
Zodiac y Lucy por un lado, y Happy por el otro, atacaron por los costados, pero Jellal giró su cuerpo y atravesó con una cuchilla retráctil al dron, que cayó al suelo envuelto en chispas y humo. El peli azul, sin detener su giro desvió el látigo eléctrico de Lucy, y encajó las cuchillas de Happy con su otro brazo. Happy comprobó asustado cómo el metal del misterioso hombre aguantaba perfectamente tanto su acero como las toxinas paralizantes que había pretendido inyectar al peli azul. Se llevó un puñetazo en la cara que le mandó rodando por el suelo, y Lucy habría sido golpeada de no haber saltado Natsu para patear el otro brazo de Jellal, que se vio obligado a retroceder.
– A ella ni la toques – susurró Salamander con un tono de voz mortífero. Natsu tenía un aspecto pésimo, por la suciedad, manchas y heridas de la batalla que habían sostenido contra Deliora hasta hacía sólo unos minutos, pero por alguna razón Jellal se sintió amenazado por él. Sería quizá que sus ojos le recordaban demasiado a los de su padre Igneel. Happy y Lucy sintieron la misma impresionante presión que estaban sintiendo Mirajane y Gray, pero por alguna razón no afectó a Natsu. Desenvainó sus espadas lácrima de fuego y se lanzó sobre Jellal lanzando hábiles tajos que él siempre conseguía esquivar o bloquear con sus guardabrazos. Finalmente el peli azul sobrepasó la defensa de Natsu, con intenciones asesinas al hacer aparecer la misma cuchilla con la que traspasó a Zodiac ante la cara de Natsu.
Pero Jack apareció justo a tiempo, y consiguió desviar la cuchillada de una patada, que sólo cortó ligeramente la mejilla del peli rosa. El peli azul y el peli castaño se quedaron mirando de forma evaluadora. El primero tranquilo, el segundo jadeante, aparentando poder sostenerle una pelea que sabía que era incapaz de aguantar.
– ¿A ti tampoco te afecta el gravitoi? Sorprendente – comentó Jellal, que corrió hasta atacar el costado expuesto de Jack. Él no pudo reaccionar a tiempo, y el peli azul le agarró con crueldad del muñón de su brazo antes de que pudiera reaccionar. El peli castaño mientras gemía de dolor intentó golpearle, pero fue detenido por la otra mano del peli azul. Jellal miró a Natsu con una sonrisa cruel, y antes de que llegara para apoyar a su primo, pateó en el kevlar del estómago a Jack, que cayó de rodillas y luego de bruces sobre el suelo, nuevamente inconsciente. Erza apareció saltando en el aire empuñando una de sus espadas lácrima, pero de nuevo la presión que estaban sufriendo sus compañeros la afectó a ella, que quedó aplastada contra el suelo, totalmente incapaz de hacer nada.
– ¡Hijo de puta! – rugió Natsu furioso como nunca, y consiguió golpear el rostro de Jellal con su puño metálico, provocando una explosión y haciéndole rodar por el suelo. Cuando se levantó, ya no sonreía. Tenía el labio partido, y miraba a Natsu con un intenso odio. Las plantas de sus pies comenzaron a brillar de forma extraña, y Jellal salió disparado hacia Natsu.
– ¡Meteoro! – gritó, mientras giraba en el aire a gran velocidad y pateaba a Natsu en el cuello con fuerza, logrando doblarle, pero su fuerza de voluntad le impidió caer. El peli rosa comprendió al momento que Jellal debía utilizar alguna clase de motor en los pies que le permitía volar a gran velocidad, asique intentó agarrarle de allí para destruirlo, pero el otro adivinó sus intenciones y rotó en el aire mientras golpeaba a Natsu en el brazo con otra patada tan fuerte que rompió el metal y el hueso que había debajo. Ahora sí, el peli rosa cayó de rodillas jadeando, mientras se agarraba el brazo roto y miraba con odio a Jellal – Esto es el final, hijo de Igneel. Altaris de nivel uno – murmuró Jellal, mientras alzaba los brazos sobre la cabeza y quedaban a la vista dos lácrimas incrustadas en los guardabrazos. Entre ellas comenzó a brotar una gran energía de color negro, que tenía toda la pinta de ser altamente destructiva. Erza se interpuso con los brazos extendidos entre Jellal y Natsu.
– Basta ya… por favor. Iré contigo, pero no lo mates… no lo mates – suplicó ella con lágrimas en los ojos. La presión seguía aplastando su cuerpo, pero un impulso más fuerte que esa energía la había hecho moverse. El impulso del miedo y el del amor. Jellal sonrió, habiendo logrado su objetivo. A fin de cuentas había logrado que la pelirroja actuara de forma dócil y sumisa bajo la amenaza de acabar con la vida del peli rosa. Al fin y al cabo, había estado observando y estudiando toda la pelea contra Deliora, esperando que ellos quedaran debilitados como así había sido. No dudaba de sus capacidades, pero prefería un trabajo sencillo y rápido que una cruenta batalla.
– Sea pues. Nos vamos – dijo, aparentemente perdonando la vida al peli rosa, y se alejó unos pasos. Pero Natsu se puso en pie sujetando a Erza, impidiéndola marcharse con él. Desde el suelo, Happy, Lucy, Mirajane y Gray contemplaban la escena totalmente impotentes, sin fuerzas si quiera para poder hablar. La presión que sentían era cada vez mayor, era como si la propia gravedad aumentara donde ellos estaban.
– Aunque me cueste la vida… aunque me cueste mi propia vida… no voy a permitir que la hagas daño… voy a derrotarte – murmuró Natsu mientras avanzaba tambaleante hacia Jellal. Con el único brazo que todavía le funcionaba sacó su carabina ligera con munición ígnea, y comenzó a disparar a Jellal, pero éste corrió y esquivó todos los disparos. Natsu caminaba medio a ciegas, pero por el rabillo del ojo pudo ver como el suelo entorno a sus derribados amigos comenzaba a agrietarse – No sé como haces eso, pero vas a liberarlos ahora mismo – añadió el peli rosa.
– Energía gravitacional, Natsu Dragneel. No sois rivales para mi poder, ni para mi armadura… y menos en las condiciones en las que estáis – contestó Jellal mientras se agachaba junto al cuerpo de Jack – He accedido a perdonaros la vida, pero si insistes en ello, entonces mataré primero al hijo de Äldunade, y luego aplastaré a tus cuatro compañeros. ¿Quieres eso, cazador de caminantes? – y alzó a Jack mientras situaba su puño junto a la garganta del inconsciente peli castaño. Mirajane intentó ponerse en pie y correr hacia él, pero no puedo hacer nada más que derramar unas lágrimas de impotencia y rabia. Natsu tiró el arma al suelo sin saber qué hacer. Ahora sí que se sentía derrotado. Si era su vida la que estaba en juego le daría igual seguir luchando por imposible que fuera, pero se trataba de la vida de sus compañeros. Se quedó angustiado mirando a Jack, a sus compañeros, y luego a Erza, que le había tomado de la mano, liberada por alguna razón de buena parte de la presión gravitacional que generaba Jellal. Éste aprovechó que Natsu había bajado la defensa para saltar sobre él y golpearlo con fuerza inhumana en el estómago, causando que éste escupiera una gran cantidad de saliva y cayera de bruces, casi inconsciente. Soltó a Jack como su fuera un fardo, y arrastró a Erza hasta el helicóptero, que intentó resistirse preocupada por Natsu. Pero de nada le valió. Jellal la subió al helicóptero, mientras los ojos de ella se cruzaban por última vez con los de el semi inconsciente Natsu. No dijo nada, pero con esa mirada, Natsu supo perfectamente lo que ella realmente sentía, aunque jamás lo reconocería. El helicóptero comenzó a despegar ante los impotentes ojos de sus compañeros.
– No intenten seguirnos, Equipo Dragón. O vuestra preciosa amiguita morirá – gritó, para hacerse oír por encima del sonido de las hélices. El helicóptero desapareció en la distancia con Erza, ante los derribados, derrotados y malheridos compañeros.
"No intentes venir a rescatarme, Natsu… pero por favor… sálvame" Eso era lo que la mirada de Erza le había dicho.
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Han pasado dos días desde que Erza fue capturada por Jellal. Un grupo de soldados enviados por Ichiga encontró a todos los miembros del Equipo Dragón inconscientes, y a Natsu dando tumbos en un estado lamentable. Había tenido que hacer frente a varias decenas de caminantes rezagados que habían llegado después de que Jellal se fuera. Fueron trasladados hasta la ciudad, en la que se había librado una cruenta lucha, pero en la que habían obtenido la victoria. Ahora, todos se encontraban reunidos y cabizbajos en la enfermería. A esas alturas, la noticia de que ellos solos habían eliminado a Deliora se había esparcido como la pólvora, pero ninguno de ellos parecía interesado en cualquier cosa relacionada con la misión. A media tarde, para su sorpresa, entraron por la puerta de la enfermería Juvia, Lily, Gajeel y Levy. Juvia se lanzó sobre Gray, que demasiado cansado para huir de ella se dejó abrazar.
– ¡Gray sama, Juvia se sentía muy preocupada por usted! – lloraba ella, y para sorpresa de todos Gray la dio un ligero y breve abrazo afectuoso, con la intención de calmar a la peli azul. Las consecuencias de dicho abrazo fueron que Juvia se derritió y quedó en un coma profundo tirada sobre el peli negro, que soltó un suspiro de exasperación.
Levy se sentó junto a Lucy, que tenía entre sus manos a su gravemente dañado dron. Eran tan amigas que no necesitaban palabras para entenderse. Gajeel y Lily se sentaron entre las camas de Natsu y Mirajane.
– Estamos enterados de todo lo relacionado con Erza, Salamander. Nos envía el Mariscal… quiere que regreséis al gremio para coordinar una estrategia – dijo Gajeel después de un breve silencio. Como líder de su Equipo, le correspondía a él actuar, aunque fuera solo por un momento, de forma aparentemente profesional.
– No voy a regresar sin ella – contestó Natsu. Tenía el brazo roto vendado y escayolado, y algunas vendas más por el torso y el abdomen. También grandes ojeras, señal de que no había pegado ojo en toda la noche, pero seguía decidido a solucionar las cosas – Dile al Marsical que si tiene información útil, puede decírnosla, y si no, nos buscaremos la vida para encontrar la base de ese hijo de puta.
– No creo que sea buena idea. Os ha machacado él solo, y sin duda debe de tener tropas de apoyo en su base. No es buena idea que vayáis sin hablar antes con el viejo – intervino Lily.
– Creo que tienen razón, cabeza hueca – dijo Gray sin mucha alegría. Natsu levantó la cabeza y le dirigió una mirada furiosa. Lucy no dijo nada, pero cruzó una mirada apenada con el peli rosa, que la dedicó una breve sonrisa. Ella se puso un poco roja y bajó la vista. Estaba dolida porque creía que lo tenía todo perdido con el peli rosa, pero por otro lado pensaba actuar. Se sentía triste por su amiga Erza, y si Natsu iba a rescatarla, ella iría con él. Iría con él hasta el fin del mundo, de ser necesario. Pero no lo haría sin antes decirle la verdad sobre lo que sentía.
– Quédate aquí lamiéndote las heridas, si eso quieres. Yo no voy a abandonar a Erza – contestó Natsu tras un breve silencio, mientras se ponía en pie y se dirigía hacia la puerta. Desde el fondo de la habitación, con un gruñido, Jack se puso en pie y se colocó a la par con Natsu – No puedes detenerme, primo – avisó el peli rosa, ahora con una voz de total empatía y comprensión. Jack tenía el aspecto más horrible de todos. Tenía vendas en la cara para curar las quemaduras, y sólo el ojo izquierdo estaba a la vista. También llevaba varios vendajes por el cuerpo, y a nadie se le escapaba la ausencia de su brazo izquierdo hasta un palmo antes del hombro.
– No he venido a detenerte. Voy contigo – contestó él con voz impersonal. Natsu negó con la cabeza, y Mirajane intentó arrastrar a Jack de vuelta a alguna de las camas.
– No puedes… no puedes hacer nada Jack… no en éste estado – susurró ella con lástima, mientras intentaba hacerle caminar de vuelta a una de las camas. Pero la reacción de Jack les dejó a todos sorprendidos. Se la zafó con un giro y chocó su frente con la de Natsu con fuerza.
– Dejad todos de mirarme con lástima. Tú eres de mi familia, Natsu. Si decides ir a rescatarla, yo voy contigo – murmuró apretando los dientes. Natsu entendía la sensación de impotencia que él debía sentir, no tan fuerte como la que él mismo sentía por no haber podido derrotar al peli azul, pero igualmente dolorosa. Especialmente porque Jack, aunque se negara a reconocerlo, necesitaría semanas, o puede que incluso meses, para recuperarse y estar listo para volver a la lucha. Y tampoco podían esperar que volviera a ser igual de efectivo en las futuras peleas teniendo que llevar una prótesis de brazo completo. Antes de que nadie pudiera decir nada, un oficial entró a la carrera en la habitación.
– Natsu Dragneel… Jack Minastir… tengo órdenes de llevarles al Centro de Comunicaciones de inmediato – dijo él, mientras recuperaba el resuello. Natsu y Jack se miraron sin entender, pero ninguno de los dos se movió, por lo que el oficial decidió añadir algo más – Tenemos una línea de comunicación nivel prioritario con el Almirante Dragneel y el General Minastir, que exigen hablar de inmediato con ustedes.
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Natsu y Jack estaban sentados en una habitación de acero, debajo de las instalaciones principales de la ciudad. Se encontraban en una cámara aparentemente privada, mientras esperaban que el monitor de una pantalla de color negro se encendiera. Natsu decidió romper el incómodo silencio
– ¿Cúanto hace que no hablas con tu padre? – preguntó el peli rosa. Jack, que había estado recostado contra la pared, abrió el ojo y le miró.
– Cerca de un año… más o menos como tú con tu viejo ¿no? – contestó él. Natsu asintió, las fechas cuadraban.
– Sabes… estaba pensando en que hace tres días estábamos a estas horas en el cuarto de Lucy, todos juntos, felices… es sorprendente cómo cambian las cosas en tan poco tiempo – comentó Natsu en voz baja. Su comentario hizo que Jack alzara la ceja que tenía visible.
– Ostias primo, ¿desde cuándo esa vena filosófica? – rió Jack, por primera vez desde que combatieron contra Deliora – No es que me parezca mal, pero es raro verte así – añadió, pero entonces reparó en su brazo perdido y dejó de hablar con un nudo en la garganta. A Natsu no se le escapó su reacción.
– Encontraremos alguna solución para tu brazo. Ya perdiste la mano, tampoco te supondrá tanto problema quedarte un poco más manco – le dijo, recuperando un poco su ánimo con la semi burla. Ninguno de los dos se dio cuenta de cómo la pantalla se encendía y dos cabezas aparecían en ella, escuchando y observando todo lo que decían y hacían.
– Sí, es mejor que te falte un brazo que no tener cerebro, como otros – se burló de vuelta Jack – Además, necesito alguna alternativa rápidamente si vamos a ir detrás del cabrón de Jellal. Seguro que en ésta base, en algún sitio, tienen información de cómo encontrar su escondite. Me da que ese tío es famoso.
– Si nos intentan detener podemos hacernos con el control del Dragon Force durante la noche. Happy no dudará en seguirme ni un segundo, y aunque no me gustaría llevarle podría ocuparse de pilotar el caza mientras buscamos alguna pista de Jellal. Los demás no se darán cuenta que nos hemos largado hasta mañana – añadió Natsu. Ambos estaban haciendo sus típicos locos y absurdos planes, como cuando eran niños.
– ¡NAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAATSUUUUUUUU! – rugió una voz en los altavoces de la habitación. Natsu soltó un gritito de terror y saltó del asiento, para encontrar en la pantalla a un hombre de largo cabello pelirrojo, de ojos verdes y severos, y con una alargada cicatriz que le cruzaba el ojo izquierdo, al igual que otra cicatriz en forma de X en la mejilla. Parecía a punto de comerse al peli rosa, que se encogió de terror detrás de Jack. Se trataba del padre del peli rosa, el Almirante General de la Flota Igneel Dragneel. En la pantalla apareció otro hombre, con el pelo castaño de color muy claro y corto, ojos azules relampagueantes y una cuidada barba del mismo tono que su pelo. Era Äldunade Minastir, hermano mayor de Igneel y padre de Jack, aunque inferior al pelirrojo en rango, ya que actualmente era el General del Mando Estratégico.
– Te creía menos inconsciente hijo tonto – dijo Äldunade, peleándose con su hermano por ocupar más espacio en el proyector
– ¡VIEJOOOOOOO! – chilló Jack, esperando en cualquier momento llevarse uno de los clásicos coscorrones que su padre le pegaba cuando le pillaba haciendo trastadas con Natsu. Alegres recuerdos de la infancia, dirían algunos.
– ¿QUÉ ES ESO DE SALIR A ESCONDIDAS DETRÁS DE JELLAL? – rugió Igneel, encogiendo aún más al aterrorizado Natsu – ¡UN DRAGNEEL VA DE CARA!
– Vamos vamos, cálmate hermanito – sonrió Äldunade mientras "caponeaba" a su hermano. Natsu y Jack dejaron de temblar al ver como sus padres iniciaban una pelea.
– Y tenéis los huevos de sermonearnos, par de críos – comentó Natsu rodando los ojos. Ambos se pararon y le dirigieron una mirada amenazadora. Los dos hombres, de unos cuarenta años, recuperaron la seriedad y formalidad propias a sus cargos.
– Chicos… queríamos felicitaros en primer lugar. Las noticias vuelan, e incluso aquí nos hemos enterado que os habéis encargado del Kaiju Deliora. Estamos orgullosos de vosotros – empezó Igneel.
– En realidad, fue Natsu quien… – intentó explicar Jack, pero su padre hizo un gesto con la mano.
– Quién diera el golpe de gracia a la bestia es lo de menos. Ahora ya conocéis los módulos de regeneración que todos los Kaijus poseen en sus cuerpos. No puedo contaros más sin una línea plenamente segura, pero vamos a enviar a alguien para que os ponga al día cuando volváis a vuestro gremio – dijo Äldunade. Natsu entendió aquélla frase sin necesidad de oír más.
– No voy a volver al gremio, papá. No sin antes rescatar a Erza – dijo el peli rosa con una mirada de absoluta resolución. Para su sorpresa, Igneel sonrió.
– Era lo que esperaba oír. No he dicho en ningún momento que vuelvas… de inmediato. El viejo Makarov seguramente opine de modo distinto, pero si crees que es tu deber salvar a esa chica, debes hacerlo Natsu – contestó Igneel, sorprendiendo a los dos chicos.
– Y para que podáis hacerlo, hemos enviado de camino unos regalitos para vosotros dos, tras conocer las consecuencias de vuestra pelea con Deliora y con Jellal. Hijo, ya veo el estado en que ha quedado tu brazo, pero tengo una buena noticia para ti… no puedo regenerarte ese mismo brazo, no hago milagros. Pero puedo darte una prótesis especial, inventada recientemente en los laboratorios de Bosco, llamada automail. Estoy seguro te permitirá mejorar tu cañón Kai Flash. Con eso podrás recuperar una vida más o menos normal, y serás más fuerte en la batalla de lo que eras con tu brazo original – continuó Äldunade. Jack frunció el ceño, pero asintió, confiando en su padre. Aunque se sentía un poco sobreprotegido por su parte… pero para ayudar a Natsu, estaba dispuesto a dejar de lado las dudas y aceptar que necesitaba algo que le permitiera volver a pelear.
– Y en cuanto a ti, Natsu… ¿quién crees que movió los hilos para que tuvieras acceso a la lácrima de lava? Fui yo. Encontraste una maravillosa forma de usarla, a juzgar por los informes del estado en que quedó el Kaiju Deliora. Pero eso sólo es el cincuenta por ciento del potencial real de tu nueva arma. Con ella al cien por cien, puedes hacer frente incluso a los aún misteriosos artefactos y armas de Jellal y su guardia de honor. Aguardad en la base de isla Galuna un par de días, y luego podréis salir a cazar al terrorista bastardo de Jellal Fernándes – dijo Igneel. Natsu y Jack se miraron con la esperanza renacida, y un poco agobiados por tanta súbita información. Natsu recordó lo efectiva que había resultado ser su Espada Fénix… si ése era sólo la mitad de su poder real, estaba deseando investigar su alcance completo. Jack se dio cuenta de algo que había mencionado Igneel.
– ¿Terrorista? ¿Qué clase de conexión pueden tener Erza y un terrorista? – preguntó con el ceño fruncido.
– Tenéis derecho a saber un par de cosas. Sólo puedo hablaros de Jellal, aunque ésta línea es bastante segura, no puedo contaros cosas que son secreto de estado… Jellal es un antiguo terrorista que operaba en todo el continente americano. Su organización está detrás de cientos, puede que miles según los cálculos de la CIA, de muertes y desapariciones durante los años previos a la invasión zombie, principalmente en los antiguos países del centro de América y los antiguos Estados Unidos. Por supuesto, también se dedicaba al tráfico de armas, investigaciones prohibidas, tráfico de drogas etcétera. Un tipo con conciencia, vamos. Ignoramos totalmente qué clase de relación tienen Erza y Jellal, o por qué su objetivo era capturarla. Es posible incluso que el ataque de Deliora tuviera el propósito de atraeros hasta esta isla, lejos de la protección del Mariscal Makarov y de vuestro gremio, aunque aquí estamos especulando – reconoció Igneel mientras se rascaba distraídamente la oreja.
– Pero luego de eso, cuando la mayor parte de la población de América murió, desapareció sin dejar rastro. Los restos de su organización fueron perseguidos y capturados, pero nunca se encontró a sus oficiales de más alto rango, conocidos como Oración Seis. Tampoco se pudo acceder a los detalles de sus divisiones de investigación y desarrollo. Al menos, así fue hasta el año pasado… pero no puedo informar de los detalles de esa operación. – continuó hablando Igneel, para luego seguir seleccionando las palabras que les debía decir a ambos chicos, mientras observaba como ambos centraban toda su atención en sus palabras.
– Pero hace un año reapareció. Hasta donde sabemos, el Kaiju Deliora no estaba bajo su control… si no de alguien muy superior. Según todos los informes y pruebas recabadas, Jellal trabaja para alguien – continuó el pelirrojo – Jellal Fernandes, trabaja para Zeref
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Hasta aquí el capítulo, un poco corto como siempre, pero éste fic está centrado en capítulos más cortos que el otro. Ya sabemos quién es Jellal Fernandes. Y se vienen un par de power ups para los dos personajes que podían resistir el misterioso poder de Jellal. En el próximo capítulo, más centrado en el romance, Lucy se decidirá a dar el paso con Natsu, y sabremos algunas cosas más del segundo arco de esta primera saga, que empezará en cuanto acabe el siguiente capítulo.
Por otro lado, hemos conocido al Igneel humano, y parece que tanto él como su hermano Äldunade son un poco críos hasta que recuperan el control.
Como siempre, espero vuestras reviews. Éste es un capítulo de transición, entre la batalla contra Deliora y la guerra contra Jellal, por lo que que no os sorprenda el bajón claro en el ritmo que se ha visto aquí.
