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Capitulo 7: Memorias Parte 1
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La noche había caído y la habitación se había oscurecido. La única iluminación venia de una pequeña lámpara en una mesa cercana. La luz era muy suave, pero lo suficientemente brillante. La chica de cabellos rosas abrió lentamente los ojos y puedo distinguir dos figuras familiares delante de ella.
La jovencita se encogió en los cojines del sofá. No estaba segura de que tendrían que decirle sus padres. Aun con el recuerdo de la pelea aun fresco no tenía el valor de enfrentarlos.
Lentamente se puso de pie y se alejó de ellos unos pocos pasos.
—Mamá... papá... ¿Qué están haciendo aquí?
Su madre le dedico una sonrisa. En ese momento ella se parecía más a la Serena adolescente que a la Neo Reina. Su vestido formal había desaparecido y era reemplazado por unos pantalones vaqueros desgastados y una camiseta de punto suave. Su pelo también estaba fuera de su estilo normal y lucia hermoso recogido en una alta cola de caballo.
—Bueno, nos invitaron a cenar aquí—Serena miro a su hija con un aire misterioso—…Y al llegar fuimos informados de que cierta jovencita había llegado de forma inesperada y era bastante molesta.
— ¿Sucedió algo?—La profunda voz de su padre la llenaba de tranquilidad. También había cambiado su atuendo real, por pantalones vaqueros y una camiseta— ¿Quieres hablar?
Rini negó con la cabeza.
—No, en realidad no—Agacho la mirada, mientras algunos mechones le cubrían la cara—Sé que ya saben lo que pasó. Yo me porte muy mal con ambos—Su voz se quebró y algunas lagrimas corrieron por sus mejillas.
Su madre se levantó de su asiento y se acercó. Al instante la joven trató de alejarse, pero la mujer la atrapo entre sus brazos. Un par de fuertes brazos las envolvió a ambas.
Darién exhaló un profundo suspiro.
— ¿Qué voy a hacer con mis dos niñas? Me alegro de que el Cristal de Plata nos brinde el don de la longevidad, o de lo contrario cada cabello de mi cabeza seria de color gris.
— ¡Darién! —Se quejo la reina, jugueteando con su marido— ¿Exactamente lo que supone que significa eso?
Rini se rió, contenta de ver que sus padres no parecían estar demasiado molestos con ella.
—Oh, por favor ustedes dos—Darién sonrió y puso una mirada divertida—Tuve mis manos lo suficientemente ocupadas con Serena. Parecía que cada vez que me daba la vuelta, estabas de camino al peligro—Su mirada se enfoco en Rini—Y luego un pequeño monstruo de cabello rosado cae del cielo y descubro que ella es mi hija. Si esto fuera poco ella parece tener las tendencias al peligro que su madre. Me sorprende no tener un ataque al corazón a una edad temprana.
Serena y Rini sonrieron con complicidad mirando entre ellas. Y saltaron encima del pelinegro en juego de cosquillas. Las carcajadas inundaron el lugar. Hasta que la puerta de la habitación se abrió de improvisto.
La señora de la casa entró.
—Supongo, por las risas que todo está bien.
Los tres en el sofá respiraban pesadamente mientras miraban hacia la recién llegada.
Los ojos de Rini reflejaron de nuevo tristeza
—No, no exactamente—Miro fijamente a sus padres—Yo todavía no sé como remediar lo que hice.
—Te diré exactamente lo que vas a hacer—La voz de su madre sonaba dulce, pero cargada de autoridad—Te vas a marchar de vuelta a al pasado y todos vamos a resolver esto para que podamos volver al trabajo.
Rini negó con la cabeza.
—No sé si puedo hacer eso.
Darién puso su brazo alrededor de su hija.
—Claro que puedes cariño. Sólo recuerda, tu madre y yo ya hemos visto esto desde el otro lado. Y reconozco que me equivoqué en saltar a conclusiones acerca de ti y Helios. En el pasado yo solo soy un joven veinteañero—Un leve sonrojo apareció en sus mejillas—Embravecido de hormonas, así que, naturalmente, pensé que eso era algo que todo hombre tendría en su mente .
Rini hizo una mueca de desagrado.
— ¡Papá! demasiada información.
Todos se rieron durante un minuto antes de volver a la seriedad del asunto una vez más.
Rini suspiró.
—Creo que voy a volver entonces.
—Esa es mi niña—Serena le regalo una sincera sonrisa.
Rini dio a cada uno de sus padres un gran abrazo, y luego se volvió hacia su hermana. Se miraron la una a la otra durante un minuto antes de abrazarse con fuerza.
Rini oyó un susurro al oído.
Cuando todo salga a la luz, mi yo del pasado no manejara demasiado bien la situación—Se detuvo un poco antes de continuar—Sólo prométeme que estarás ahí para mí, hermanita.
—Lo haré—Rini susurró antes de dejarla ir. Camino al otro lado de la habitación antes de sacar la llave del tiempo.
—Te veré más tarde—Y con un par de palabras conjuradas, una luz de color rosa brillante llenó la habitación. Cuándo se desvaneció, Rini se había ido.
Serena se recostó en el pecho de su marido.
—Espero que todo salga bien. Un movimiento en falso podría cambiar la historia y alterar el futuro.
Darién besó la frente de su mujer.
—Va a estar bien. Fue un camino difícil de seguir, pero todo salió bien al final.
—Por supuesto que todo va bien—La mujer de pie junto a ellos, sonrió—Todavía estoy aquí ¿no?
Serena asintió mientras sus ojos se llenaron de tristeza.
—Pero casi no estabas. Casi te pierdo por segunda vez—Se dio la vuelta y abrazó a la mujer que estaba a su lado. Después de unos momentos se separaron con los ojos llenos de lágrimas.
La otra mujer sollozó mientras miraba a la reina.
—Que dramática eres Serena. Pensé que con los años madurarías.
Darién rió.
—Puede que a ustedes dos no las una un lazo de sangre en esta vida, pero juro que son tan parecidas. Y si añadimos a Rini en la mezcla, tenemos un desastre triple.
Las dos mujeres se rieron de eso
—En realidad no, me gusta pensar que tengo más rasgos de personalidad de mi padre—Sonrió la mujer.
— ¡Hey! ¿Tengo que llevar la cena allí o qué?—Una voz sonó desde el pasillo—La comida se enfriara.
La señora de la casa suspiró.
—Y el chef ha hablado. Supongo que vamos mejor. Si se lo hacemos esperar, terminara volviéndome loca y me odiara por mandarlo a dormir al sofá…de nuevo.
Serena dejo escapar una risita.
—Ah, las alegrías de la vida matrimonial. Supongo que es mejor bajar, antes de que tu marido decida alimentar con nuestra cena a los perros.
Todos salieron de la habitación directo a la planta baja, al comedor. Sin embargo por dentro los tres pensaban acerca de los acontecimientos del pasado con la esperanza de que nada inesperado sucediera.
Serena estaba sentada sobre una inmensa roca de forma semiesférica, de frente a la pared de árboles que marcaba el inicio del bosque. A sus espaldas, la pradera se extendía como una mar verde bajo el cielo del atardecer, con la lejana silueta de las montañas asomándose en el horizonte.
Había caminado hasta ese lugar después de la cena. Necesitaba estar sola. En su mente los pensamientos acerca de su pasado y sobre el enfrentamiento con Rini, daban vueltas en un torbellino de ideas.
Se recostó en la suave hierba debajo de ella y cerró los ojos. No le gustaba pensar que su relación entre ella y su hija del futuro pudiera ser dañada sin posibilidad de reparación. Había tratado de convencer a Setsuna de permitirle ir al futuro para hablar con Rini. Pero la misma persona no podría existir en el mismo tiempo.
Mientras yacía allí perdida en sus pensamientos, sintió que alguien se sentaba a su lado. Se quedo quieta con los ojos cerrados. No necesitaba abrirlos para saber de quién se trataba, podía sentir la calidez de su presencia.
— ¿Te gustaria un poco de compañía?
Abrió los ojos para mirarlo.
—Es curioso—Respondió ella—Es algo que usualmente yo te preguntaría a ti.
Darién sonrió, aliviado de que ella no empujara lejos.
—Es cierto, yo soy el que se aparta y tu vienes a mi—Su mirada se suavizó—estás preocupada por Rini, ¿verdad?
Serena se sentó y envolvió sus rodillas con los brazos
— ¿Y si ella esta tan enfadada con nosotros que nunca vuelve? —Hundió la cara entre sus brazos—No creo poder vivir conmigo misma si eso sucede.
Darién puso su brazo alrededor de ella y levanto su rostro para que su cabeza descansara sobre su hombro.
—Ella va a estar de vuelta pronto—Susurró—Tiene demasiada bondad para permanecer lejos.
Se sentaron en silencio por un rato al ver el resto de la puesta del sol. Cuando la última astilla del sol había caído más allá del horizonte, Darién se puso en pie y tendió una mano a Serena para ayudarla a levantarse.
—Supongo que es mejor que regresemos con los demás, y ver lo que Helios tiene reservado para nosotros.
—Darién... Serena...
Ambos se giraron y se enfrentaron a la visión de un Rini desaliñada.
Sus ropas estaban arrugadas y su pelo totalmente despeinado en una masa de color rosa enredada hasta la cintura. Sus ojos y nariz estaban rojos de tanto llorar.
— ¡Rini! — Serena gritó, mientras corría hacia la pequeña y la envolvió en un gran abrazo. Unos momentos más tarde, ambas fueron casi levantadas del suelo cuando Darién las agarró en un abrazo de oso.
Rini sonrió para sus adentros, recordando el abrazo similar que había compartido con sus padres del futuro hace un rato.
—Me retracto de todo lo que dije, ustedes dos son igual que mis padres, después de todo.
Al poco rato se separaron. Serena miró a su futura hija con preocupación.
—Cariño ¿por qué tienes la ropa húmeda. Parece que has estado caminando bajo una tormenta?
Rini sonrió tímidamente.
—Estaba lloviendo en Tokio de Cristal cuando llegué allí. Y yo no tenía un paraguas. Yo estaba demasiado avergonzada para ver a mis padres. Así que fui a hablar con alguien más. Ella es una buena amiga de mis padres, y ella los había invitado a cenar. Así que hablamos y me convencieron de volver aquí.
—Bueno, me alegro de que lo hayan hecho—Darién le sonrió a su futura pequeña.
—Yo también—Serena estuvo de acuerdo.
Rini los miró.
—Sí. Realmente lo siento chicos. Por el drama de hace un rato. No era mi intención.
—Nosotros no queríamos sonar tan gruñones—Serena dijo mientras ponía su brazo alrededor de la chica.
—Siempre voy a ser un poco sobreprotector con ustedes, pero voy a tratar de ser más tranquilo—Respondió Darién—Ahora vamos a llevarte dentro y cambiarte esa ropa mojada.
— ¿Has comido algo?—Pregunto Serena—Lita preparo un montón de comida para la cena.
Todos se rieron al oír su estomago gruñir.
—Supongo que debería haberme quedado y cenar con mis padres. Pero era tanta prisa por volver que no pensé en eso.
—Vamos. Estoy seguro de que tenemos una noche de mucho trabajo por delante—Las apresuro el pelinegro.
Más tarde esa noche Helios llevó a todos en una gran sala que se asemejaba a una enfermería. Las camas se alineaban a ambos lados de la habitación, dejando un amplio pasillo central por el centro.
—Entonces, ¿qué estamos haciendo aquí, Helios? —Serena expresó la pregunta que estaba segura de que todos los demás estaban pensando.
Helios se volvió para mirarlos.
—La mejor manera de restaurar sus recuerdos es ponerlos en un estado de sueño. Entonces los recuerdos regresaran a su mente al igual que si fuera un sueño. Esta es la única habitación lo suficientemente grande como para que todos estuvieran cómodos.
— ¿Así que lo haremos todos a la vez?—Preguntó Darién.
—Sí, es la manera más fácil. Todos ustedes revivirán sus recuerdos hasta el momento de su muerte en el Milenio de Plata. Cuando despierten tendrán sus recuerdos intactos.
Cada uno de los generales se acercó a su respectiva novia y puso sus brazos alrededor de ellas. Cada una de sus acciones decían la misma cosa.
"Por favor, no me odian cuando esto termine.Ya me odio a mí mismo lo suficiente. "
Todas las chicas se volvieron para sonreír a sus amores. Cada uno de ellos tomó un momento para tranquilizarlos.
Serena y Darién estaban allí disfrutando de la escena entre sus amigos y tutores
Helios se aclaró la garganta.
— ¿Están todos listos?
Serena dio una risita nerviosa.
—Tan listo como podemos estar.
—Está bien—Helios instruyó—Todo el mundo tome una cama y recuéstese. Vamos a empezar el proceso.
Todos ellos se separan para encontrar un lugar. Serena y Darién se fueron hacia el lado izquierdo de la sala y eligieron camas juntas.
Rini los siguió y se paró entre sus camas. Cuando se acostaron, ella extendió la mano y agarró cada una de sus manos.
—Voy a estar aquí cuando regresen—Dijo con una sonrisa.
Cada uno de ellos le apretó la mano y le devolvieron la sonrisa. Luego caminó hacia Helios.
Helios dejo escapar un suspiro.
—Estamos listos para comenzar. En unos momentos ustedes dormirán y la restauración de su memoria va a comenzar—Comenzó a cantar un antiguo encantamiento que sólo un sumo sacerdote sabría. Parecía que ser un guardián de la tierra de los sueños tenía sus ventajas.
Serena sintió que sus párpados se volvían pesados. Extendió una mano a través del espacio que la separaba de Darién. Él tomo su mano.
—Te veré en el otro lado—Dijo atontado.
—Sí, nos vemos allí. Te amo, Darién—Respondió con voz cansada.
Darién bostezó.
—Yo también te amo, Serena ...
Eso fue lo último que escuchó mientras se deslizaba en la inconsciencia.
Un pequeño niño de cabellos negros corría alegremente entre los jardines llenos de rosas rojas. Detrás de él, un hombre mayor de idénticos cabellos negros lo seguía en medio de un juego.
La voz de un mujer llamándolos los hizo detenerse.
—Papa, mama nos llama—Dijo el pequeño Endimión.
La mujer de largos y brillantes cabellos celestes se acerco hasta ellos.
— ¿Qué ha sucedido para que nos llames de esa manera tan alarmante? —Pregunto el rey con una sonrisa.
—Acabo de recibir noticias del reino de la Luna—Los ojos de Althea; reina de la Tierra brillaban con emoción—Serenity acaba de dar a la luz a una pequeña niña. Tenemos que ir a conocerla y presentar nuestros respetos en la brevedad posible.
El rey Tereo, le dedico una sonrisa.
—Muy bien. Iremos en cuanto la pequeña esté lista para recibir visitas.
...
Varias otras memorias pasaron y de pronto Endimión estaba de pie en la sala del trono del palacio de la Luna.
Estaba de pie en medio de sus padres. Delante de ellos estaban los reyes de la Luna con la pequeña princesa en una pequeña cuna plateada. No alcanzaba a ver bien todo el espectáculo. Su madre tomo a la pequeña princesa rubia en brazos. Para después regresarla a brazos de la reina Serenity.
Un poco curioso se acerco hasta la cuna, donde la reina había dejado a la bebe. La pequeña parecía estar dormida, pero cuando sintió la presencia del niño abrió lentamente los ojos. Endimión quedo atrapado en la belleza de aquel par de brillantes zafiros.
—Eres muy bonita—Susurro el pequeño niño. Y extendió su mano para tomar la de la niña. Ella tomo la mano de él, dando un suave apretón a uno de sus dedos—Valla, eres fuerte, para ser una chica.
Detrás de los pequeños niños, el par de reinas los miraban sonriendo, y pensando en su futuro juntos.
…
Muchos otros recuerdos pasaron. Jugar con amigos, vacaciones en familia, más viajes a la luna, y la familia real de la Luna, visitando la Tierra.
Un joven Endimión de catorce años, montaba su gran caballo pura sangre. Había pasado parte de la mañana cabalgando con sus guardianes y amigos, y ahora regresaban a los establos.
—Me sorprende que no vallas corriendo al palacio—Kunzite sonrió de medio lado—Según se, tu prometida está de visita.
Endimión lanzó a su amigo una mirada exasperada.
— ¡Ella no es mi prometida!—Dijo casi en un grito—Ella es la hija de una amiga de mi madre. Eso es todo.
—Entonces imagino que el compromiso acordado por sus padres, no significa nada—Jedite continuo con la molestia.
— ¡Ya basta! —Ordeno Endimión—Sólo somos niños. Tenemos un largo tiempo antes de que tengamos que pensar en el matrimonio.
—Cierto—Dijo Neflyte—Por cierto, he odio que ha venido con varias chicas mas.
—Un pequeño grupo de niñas malcriadas. Princesas de los planetas vecinos—Se quejo Endimión—Me da dolor de cabeza solo de escucharlas gritar y parlotear.
—Miren quien se acerca—Zoycite volteo hacia la entrada de los establo.
Un grupo de cinco pequeñas niñas, todas ataviadas con hermosos vestidos, apareció en las puertas.
Una pequeña niña rubia de cabellos recogidos en dos coletas y vivaces ojos azules, dio un paso al frente.
—Príncipe Endimión—Saludo educadamente—Estamos interesadas en conocer los establos. Su madre la reina nos indico que estabas aquí. Pero veo que está ocupado, regresamos más tarde—Un leve sonrojo apareció en sus mejillas.
La comitiva de las cinco chicas comenzó a alejarse. Pero algo en el le gritaba que no la dejara ir.
—Princesa Serenity…—La llamo, mientras bajaba del caballo—No estamos ocupados. Solo estoy con mis amigos.
La pequeña princesa se detuvo mirando al grupo de jovencitos.
—El es Jedite—Continuo Endimión, mientras miraba a un jovencito de cabellos rubios y mejillas pecosas—El Zoycite—Un tímido chico de cabello rubio oscuro y verde mirada les sonrió—Este de aquí es Neflyte—Puso su brazo sobre el chico de cabellos castaños, que les sonreía de manera coqueta—Y ese de allá es Kunzite—Señalo al chico moreno de cabello celestes que se mantenía algo separado del grupo—Es…algo serio—Agrego con una sonrisa.
La princesa le dedico una sonrisa educada.
—Ellas son las princesas de los planetas interiores—Serenity presentaba a su grupo—Ella es Amy Mizuno, princesa de Mercurio—La joven chica de cabellos azules y vestido celeste les regalo una tímida sonrisa—Reí Hino, princesa de Marte—Miro a una jovencita de cabellos negros y mirada de fuego, lucía un vestido rojo. Ella los miro con aires de superioridad—Lita Kino, princesa de Júpiter—La hermosa castaña de vestido esmeralda, los saludos con un movimiento de su mano—Y ella…
—Yo soy Mina Aino, princesa de Venus—Se apresuro la pequeña rubia de vestido amarillo.
Los cuatro jóvenes hicieron una pronuncia reverencia ante las jóvenes princesas.
—Pueden, mirar todo lo que quieran, solo tengan cuidado—Su mirada se enfoco en los ojos de la princesa de la Luna.
—Gracias—Contesto Serenity—Es muy amable.
Y junto con las demás chicas se alejaron al interior de los establos.
—Pensé que habías dicho que eran unas malcriadas—Kunzite dijo acercándose a Endimión.
Endimión negó con la cabeza.
—Por lo general lo son. Sólo esperen, y verán.
Diez minutos más tarde, todos vieron que su príncipe tenía la razón. El establo se lleno de gritos y murmullos. Las chicas no podían evitar soltar un grito de alegría o sorpresa al ver los diferentes animales en el lugar.
Endimión miraba embobado a la princesa de Luna.
—Son hermosas…—Neflyte se acerco a su lado—Me agrada la alta y castaña.
Endimión estaba por reclamar. Cuando algo llamo su atención.
Serenity acerco su mano hasta posarla en el hocico de un osco y agresivo caballo blanco. Endimión corrió hasta llegar a su lado justo en el momento en que el caballo se preparaba a morderla.
— ¡Cuidado!
En un rápido movimiento Endimión jalo a Serenity por los hombros hacia atrás, evitando la agresión del animal. Ambos chicos cayeron sobre un montón de paja.
— Gracias…— Murmuro la chica entre asustada y nerviosa.
— ¿Acaso no sabes leer?— Gruño el pelinegro—Aquí dice claramente que no se debe estar cerca. Es una bestia agresiva e indómita—Señalo el pequeño cuadro, donde marcaba la señal de "cuidado".
— Yo…Lo siento— Los ojos de Serenity comenzaron a llenarse de lagrimas—Es que es tan hermoso, yo solo quería mirarlo más de cerca—Su voz se quebró.
—Tal vez no deberías estar aquí, este no es lugar para princesas caprichosas—La molestia en la voz de Endimión era evidente. Pero más que enojo lo que sentía era miedo. Miedo de que algo le sucediera a Serenity.
—Lo siento, tal vez debería irme—La lagrimas corrieron por sus mejillas. Y salió corriendo del lugar con la princesa de Mercurio detrás de ella.
—Espera yo…
—Ya basta—La princesa de Júpiter, se interpuso en su camino.
—Eres un príncipe bastante grosero—Grito la princesa de Venus, mientras se alejaba en compañía de sus amigas.
—Eso fue…Interesante—Jedite se paro junto a su amigo pelinegro.
Endimión no le hizo caso y se dedicó a poner su caballo de nuevo en su puesto. Sin embargo una preocupación se alojo en su corazón.
Un poco más tarde el grupo de chicos caminaba de regreso al palacio. Endimión miro el cielo cubierto de nubes grises. Una fuerte tormenta se aproximaba.
Al entrar en el vestíbulo del palacio, se encontraron con todo el lugar hecho un caos. La gente corría en todas las direcciones. Endimión vio a su madre y se dirigió a su lado.
—Madre, ¿qué está pasando? —Preguntó.
Althea se giró y miro su hijo, en su mirada había pánico.
—Es la princesa Serenity.
El corazón de Endimión se detuvo un segundo, y un escalofrió le recorrió la espalda.
— ¿Qué pasa con ella?
—Después de su incidente en los establos, las princesas regresaron al palacio para buscar a Serenity. Pero ella jamás llego al palacio. La buscamos por todas partes, pero no la encontramos. La reina esta preocupa, ha dicho que las tormentas asustan a la princesa.
Una punzada de culpa se alojo en el pecho de Endimión. Sabía que era él la razón por la que la chica había salido corriendo del lugar.
—Iré a buscarla…
—Pero Endimión, algo podría pasarte—Se alarmo la reina.
—Mama…—El joven miro por el ventanal hacia el oscuro cielo—Es mi culpa, yo le grite, fui muy grosero con ella…Debo ir a buscarla.
—Ten cuidado…—La reina abrazo a su hijo y le dio un beso en los oscuros cabellos. Sin duda su hijo era ya un hombre.
Endimión salió en búsqueda de la princesa. Se dirigió corriendo hacia el establo, uno de los caminos daba hacia la zona boscosa. Si se había perdido, debería estar en esa zona. La lluvia comenzó a caer, mientras el cielo se iluminaba con un relámpago.
— ¡Serenity!—Llamo en medio de la lluvia.
Comenzó a correr en medio del camino bordeado de grandes árboles.
— ¡Serenity!—Llamo de nuevo.
— ¡Aquí!—Un suave susurro le llego a través de la lluvia.
Avanzo un poco mas y en una pequeña barranca pudo ver la pequeña figura temblando de frio. Estaba completamente mojada y su blanco vestido cubierto de lodo.
—Serenity…
Endimión se agacho hasta quedar cerca de la princesa. Instintivamente se quito la capa, para cubrir a la princesa.
—Endimión, yo…me perdí, ya no supe regresar a palacio, y luego caí en este lugar—Su pequeño cuerpo temblaba debajo de la capa.
—Todo, estará bien, no te preocupes—Endimión la tomo en brazos y la levanto.
Serenity se acurruco en el pecho del pelinegro.
—Gracias…—Dijo ella en un susurro de voz.
—Lo siento—Respondió—No debí ser tan grosero. Todo esto es mi culpa—Miro a la chica en sus brazos—Jamás permitiré que algo te dañe, mientras este con vida yo siempre te protegeré…
…..
A partir de entonces, un lazo especial nació entre ellos. Durante el próximo año, pasaron mucho tiempo juntos. Siempre hablando mientras sus padres se reunían. Darién comenzaba a pensar que quizás no fuera tan malo casarse con la princesa de la Luna. Sin embargo el destino es cruel.
Una profecía se había esparcido entre la población de la Tierra. Una profecía que anunciaba el fin del universo con la unión de dos seres de diferentes razas.
Su padre, fue quien le dio la noticia, y junto con ello se dio por terminado el compromiso de matrimonio entre los dos jóvenes.
Aun se veían de vez en cuando; como amigos. Endimión decidió ocultar sus sentimientos hacia la joven princesa. Pero eso se volvía cada vez más difícil ya que con el paso del tiempo, Serenity crecía en belleza y gracia, y con ella los sentimientos en el corazón del príncipe de la Tierra.
Endimión con ya dieciocho años de edad, corría por el gran pasillo del palacio rumbo al gran salón. Sabía que ese día llegaba la comitiva de los reyes de la Luna. Hacia un año que no miraba a Serenity.
El se que como petrificado cuando entro al salón del Trono.
Delante de él estaba una hermosa joven. Lucia un brillante vestido blanco con círculos de oro en el pecho. Su largo cabello dorado acomodado en dos largas coletas caía largo hasta debajo de la cintura. En su frente brillaba la hermosa Luna dorada, símbolo de su linaje real. Sus ojos celestes miraban el lugar, como buscado algo…O a alguien.
El corazón de Endimión dio un brinco de alegría y una gran sonrisa se dibujo en sus labios, cuando la hermosa chica giro su mirada hasta posarla en el. Estaba como un trance, atrapado por aquel par de pedacitos de cielo que eran los ojos de la princesa.
—Endimión—Hablo su padre, regresándolo a la realidad— ¿Dónde has estado? Ven a saludar a nuestros invitados.
El joven camino hasta llegar delante de aquellas personas.
—Rey Orión, Reyna Serenity—Saludo haciendo una leve reverencia—Sean bienvenidos al palacio dorado.
Su mirada se volvió hacia el objeto de su interés y un leve sonrojo se dibujo en sus mejillas. Se odio a sí mismo. Debía verse realmente tonto, con las mejillas rojas. Sin embargo logro retomar la compostura.
—Princesa Serenity—Tomo su mano entre la suya, y puso un suave beso en la parte posterior—Tan hermosa como siempre—Dijo con total caballerosidad. Su voz se había vuelto grave y varonil.
Serenity pudo observar como sus rasgos se habían perfilado, y su pecho mas amplio al igual que sus hombros. También estaba más alto. Todo eso lo hacía realmente atractivo.
—Príncipe Endimión, eres muy galante—La princesa correspondió con una sonrisa. Mientras un ligero rubor aparecía en sus mejillas de porcelana.
Endimión no podía despegar la mirada de la princesa. Miro sus mejillas sonrojadas, luego sus ojos y por ultimo sus labios. Esos labios que se veían realmente suaves y tersos. Se pregunto si eran tan suaves como parecían y por un momento sintió la necesidad de acercarse para comprobarlo con un beso.
—Creo que es hora de pasar al comedor—Interrumpió la reina de la Tierra—Deben estar hambrientos después del viaje—Con un moviente de su mano los invito a andar—Se ha preparado un gran banquete en honor del cumpleaños de la princesa.
—Su majestad, no debió molestarse de esa manera—Serenity se dirigió a la reina de la Tierra.
—No te preocupes pequeña—Hablo la reina rompiendo toda formalidad—Eres la hija de mi mejor amiga. Todos disfrutaremos de tu fiesta de cumpleaños.
Los reyes comenzaron a caminar hacia el gran comedor.
—Me haces el honor—El príncipe ofreció su brazo de manera galante.
—Sera un placer—Respondió tomándolo del brazo.
El banquete había terminado y la noche había llegado. El joven pelinegro yacía en su habitación, en su cama mirando el techo. Daba vueltas de un lado a otro, sin lograr conciliar el sueño. No era por insomnio, si no por los pensamientos en los que la diosa de cabellos dorados se había metido sin ningún permiso.
Serenity se había sentado frente a él en la cena. La conversación se había vuelto amena con ella y con las demás personas alrededor. Sin embargo el había permanecido hechizado por la sublime belleza de la joven. Tanto así que ni siquiera recordaba los alimentos servidos.
Se dio por vencido en su intento de dormir y decidió salir de la cama. Camino hasta el balcón de su habitación. Sentir la suave caricia del viento en su piel le hizo sentir mejor. Más despejado.
Se puso de pie, delante del barandal y observo la brillante luna llena en toda su plenitud. Su luz era tan suave y sublime, como la presencia de su joven princesa. Bajo la mirada y vio los bellos jardines llenos de flores y rosas.
Cerró los ojos y aspiro la suave brisa de la madrugada. Los abrió lentamente y pudo observar una figura que se movía entre los jardines. La luz de la Luna se reflejaba en las ropas de aquella persona.
El joven pelinegro dejo escapar una sonrisa y corrió a su habitación para ponerse algo de ropa.
Se puso de pie junto a la barandilla y miró hacia el gran jardín de rosas mientras respiraba profundamente el aire fresco de la noche. Se detuvo cuando vio una figura que se movía por uno de los caminos que conducían hacia el centro del jardín.
Unos minutos más tarde, el mismo estaba también caminando en medio de los jardines.
Una suave risa le llego en medio del murmullo del viento. Se giro para ver a la causante, pero solo pudo ver como desaparecía en medio de flores.
De nuevo la risa llego a él, y corrió para encontrarla. Pero fue inútil. Nada.
El joven se detuvo y se rasco la mejilla. Algo rato estaba pasando. De pronto un par de pequeñas y delicadas manos se deslizaron desde su espalda hasta llegar a sus ojos.
—Príncipe Endimión—Hablo con vos suave—Es muy tarde para que este fuera de sus habitaciones.
— ¿Eres acaso un ángel que ha venido a llevarme de vuelta?—Hablo él, siguiendo el juego. Alzo sus manos hasta posarlas encima de las de ella—Princesa Serenity, deberías estar en cama.
Ella sonrió. Su sonrisa era escuchar el canto de miles de ángeles juntos.
—Solo vine a caminar un poco.
El se giro para mirarla. Bajo la luz de la llena llena sus rasgos eran hermosos, como esculpidos en mármol por los mismos dioses.
—No puedo dormir, tengo muchas en mi mente—Continuo la chica, y dejo escapar un suspiro—La rosas siguen igual de hermosas como siempre. Recuerdo la primera vez que vinimos aquí. La primera vez que mostraste estos jardines.
Había sido unos días después del incidente del establo. Tratando de compensar el mal momento, el la llevo a aquellos hermosos jardines de brillantes y variadas flores. Ella había quedado encantada con lo sublime del lugar.
Serenity tomo una de las rosas entre sus manos y luego camino hasta sentarse en una de las bancas de mármol. Su semblante de había ensombrecido de repente.
De inmediato Endimión se dio cuenta del cambio. Camino hasta quedar frente a ella y puso de cuclillas quedando frente a frente.
— ¿Qué pasa? —Pregunto suavemente y puso su mano la barbilla para levantar su cara.
—Escuche a mis padre hablar—Su voz sonaba triste—En un año cumpliré los dieseis años. Ellos han dicho que será momento de elegir a alguien para formalizar un compromiso y luego un matrimonio.
El corazón de Endimión se detuvo al escuchar aquellas palabras. Se quedo quieto, no sabía que decir, como contestar. "Conseguirás un buen marido", "Serás una buena esposa". Todo eso sonaba estúpido. Una punzada dolió en su corazón.
—Yo siempre espera que tú y yo…—Continuo Serenity, su voz temblaba.
Endimión miro como las lágrimas amenazaban con escapar de los bellos ojos azules de su princesa.
—Serenity…—Susurro.
— ¡Pero tenía que aparecer esa maldita profecía! —Termino rompiendo en llanto—Hace un año que no te veía.
El corazón de Endimión se detuvo durante medio latido al escuchar aquellas palabras.
—Yo estoy enamorada de ti…—Las palabras salieron de la boca de la chica de manera rápida, tal vez algo torpes. Un furioso sonrojo lleno por completo su cara.
—Ella me ama…—Se dijo Endimión a sí mismo sin creerlo por completo.
En un momento la princesa se paro con la intención de abandonar el lugar, pero él se levanto detrás de ella y la tomo entre sus brazos.
—Lo siento, yo…—Susurro ella. Su aliento choco cálido en la cara del chico.
Endimión la envolvió entre sus brazos, y en un lento movimiento capturo sus labios entre los suyos. Un dulce escalofrió lo recorrió, cuando sintió los brazos de Serenity sobre su cuello.
—Yo te amo—Dijo el pelinegro separándose un poco—Y te prometo que no serás de ningún otro hombre. No me importa ninguna profecía. Tú serás mi esposa.
Ella estaba a punto de decir algo más, pero él la silencio con un dulce beso.
Desde los balcones la reinas de la Luna y Tierra, veían entre aterradas y felices, el hermoso espectáculos de sus primogénitos.
Habían pasado algunos días, y la familia real de la Luna había regresado a su lugar de origen. Algunos hechos de violencia se habían presentado en la Tierra.
Endimión camino por el largo pasillo hasta llegar delante de aquella puerta. Y todo un par de veces suavemente.
—Adelante—Una grave voz lo invito a pasar.
—Padre…—Dijo de manera respetuosa— ¿Querías verme?
—Pasa Endimión, toma asiento—El rey permanecía de pie delante del gran ventanal, mirando el reino. Un reino que siempre había protegido y que ahora amenazaba con destruirse a sí mismo.
— ¿Que pasa padre? —Pregunto el príncipe intranquilo.
—Endimión…—Su padre se giro y lo miro directo a los ojos. En su mirada había tristeza, miedo, pero sobre todo determinación—El grupo de radicales del reino, ha hecho varias amenazas referentes a lo de la profecía. Siempre exigiendo que la gente de la Luna no forme parte de este reino. Eso no importaba cuando solo eran palabras. Sin embargo en últimas fechas las palabras han tomado forma y se han convertido en hechos. Hechos de violencia.
—Lo sé—Respondió Endimión bajando la mirada. Cuando la comitiva del familiar lugar regresaba a casa, un grupo de gente radical, los habían atacado. Todo se había tornado violento, y el rey Orión había resultado gravemente herido. Un par de días después murió en la Luna—Pero…
—Eh decidido cortar todo tipo de relación con la gente de la Luna—Lo interrumpió el rey. En su voz no había cabida para una réplica.
—Pero padre, eso no puede ser—Endimión se levanto de golpe de su lugar—Ellas necesitan más que nunca nuestro apoyo.
—Lo siento, la decisión se ha tomado. Sé que no es justo, pero es lo mejor para ambos reinos.
— ¡Todo esto es por esa maldita profecía! —Endimión grito lleno de furia.
—Te equivocas hijo mío—Su padre se acerco hasta quedar frente a él—Esto son hechos de personas reales, no son palabras de un destino incierto. El milenio de Plata tiene más aliados en los demás planetas. Estarán bien.
Endimión dio media vuelta para salir de la habitación. Todo aquello era realmente inconcebible.
—Endimión…—Hablo su padre. El joven se detuvo a un par de pasos de la puerta—Tienes prohibido cualquier contacto con gente de la Luna. Cualquier desacato será severamente castigado. Tanto aquí como en la Luna.
El joven salió corriendo del lugar y se dirigió rápidamente en su habitación. Entro y cerró la puerta tras de sí. Una vez dentro se quedo recargado contra la fría puerta.
—Serenity, no concibo una vida sin ti, no ahora que se que también me amas—Se dirigió a su armario y de inmediato se cambio sus ropas reales, por ropas oscuras. Tomo el cinturón con la funda de su espada. Y sin hacer el mínimo ruido salió de la habitación. Camino por uno de los pasillos de palacio. Tenía que llegar hasta la plataforma de tele transportación antes de que alguien lo descubriera.
— ¿Vas a algún lado Endimión?—Pregunto una voz masculina a sus espaldas.
El joven pelinegro se giro para encarar al dueño de aquella voz
—Kunzite. Yo solo voy a caminar un rato, necesito aire fresco.
— ¿En serio, en ropas negras?—Pregunto en tono de burla—Pareces un fugitivo.
—Kunzite…
—No te preocupes mi príncipe, ve con cuidado. Yo jamás vi nada—Lo miro de manera cómplice—Saluda a la princesa y a su madre de mi parte. Y también a esa escandalosa joven de Venus.
—Gracias hermano.
—Ten cuidado mi príncipe.
Esa noche comenzó una serie de visitas encubiertas entre Endimión y Serenity. Algunas noches él viajaba a la Luna y otras ella se encaminaba a la Tierra. Siempre con el cuidado y respaldo de sus guardianes.
Un año había pasado desde su declaración de amor en el jardín de rosas. Endimión estaba, la celebración del dieciseisavo cumpleaños de la princesa estaba próxima. Finalmente se presentaría ante todos para tomarla como su esposa.
El último año había sido tranquilo para los grupos radicales.
Esa mañana había llegado una invitación mandada por la misma princesa de la Luna. El salto de la cama y después de tomar un baño, se vistió con sus mejores atuendos. Tendría que verse muy bien cuando pidiera la mano de Serenity.
Con una sonrisa dibujada en el rostro, bajo hasta el comedor donde estaban sus padres.
—Padre—Le dio una ligera palmada en la espalda—Madre—Se acerco hasta besar su mejilla— ¿Como están esta mañana? —Pregunto sonriendo.
—Parece que alguien tuvo una noche muy agradable—La Reina Althea sonrió a su hijo.
—No es la noche, es el día lo que esperaba. Tengo una invitación para el cumpleaños de la princesa Serenity.
El silencio invadió el gran comedor.
—Endimión…—La voz de su padre era muy dura.
—Papa, por favor.
—Endimión, debes entender—Su madre trataba de intermediar.
—Madre, ella personalmente hizo la invitación.
—Y estoy seguro que fue severamente reprendida por ello—La voz del rey Terrestre no dejaba mostrar sentimiento alguno—Ella cometió un desacato al entrar en contacto con gente de la tierra.
—Ella no lo hizo por eso.
— ¡Basta Endimión! —La voz de su padre lleno el lugar— ¡No retomaremos los lazos con la gente de la Luna. Esa decisión fue tomada. Esto ha lograda la paz en la Tierra y no se cambiara!
—Yo…Yo la…—La palabras se atoraron su garganta. Ya no pudo con eso, todo rastro de felicidad despareció de su mirada, siendo remplazada por ira y tristeza.
Llevaba un rato cabalgando sin robo fijo, sentía la necesidad de avanzar y despejarse. Miro un pequeño lago y se acerco para que su caballo tomara un poco de agua. Desmonto y se quedo un rato sentado sobre el pasto. Escucho pasos a sus espaldas y giro para mirar.
Una joven sumamente atractiva caminaba hacia él. Era una mujer sumamente sensual, lucía un vestido celeste que se acomodaba a cada contorno de su cuerpo como una segunda piel. El largo cabello del color del fuego le caía largo hasta media espalda y sus ojos. Ese par de ojos marrón intenso lo miraban con un brillo de seducción.
Por alguna razón Endimión no podía apartar la mirada de la joven, estaba como hipnotizado. La belleza de Serenity era sublime y elegante. Pero esta mujer era sensual y agresiva. El se puso de pie para recibirla.
—Príncipe, lo he estado esperando—Hablo la mujer con una voz cargada de seducción. Y camino hasta quedar a escasos centímetros de él.
Un escalofrió recorrió su cuerpo, cuando sintió el calor de la mujer cerca del suyo. Un brillo rojizo apareció en los ojos de Endimión, quien estaba perdiendo toda resistencia. La mujer paso sus brazos alrededor de su cuello.
—Eres muy hermosa—Susurro él— ¿Quién eres?
—Mi nombre es Beryl, mi señor.
—Beryl…—Repitió el. La imagen del líder de los grupos radicales vino a su mente. Siempre junto al hombre de cabellos blancos iba una jovencita; su hija. Una joven de cabellos de fuego. Una joven como la que estaba a punto de besar. Los labios de Beryl estaban por rozar los suyos. Cuando un pensamiento llego a su mente.
"Serenity"
Tratando de no ser agresivo tomo a la mujer por las muñecas y la separo suavemente de él.
—Lo siento, esto no está bien, alguien más espera por mí. Debo irme.
Sin esperar una respuesta subió a su caballo y galope lejos. Tenía que alejarse de esa mujer, de su magia, sus hechizos. Se maldijo una y otra vez, por ser tan débil y estar a punto de caer en la trampa de aquella mujer.
Había peleado con su padre por sus sueños y había estado a punto de perderlos. Le había hecho una promesa a su princesa y la cumpliría: la tomaría como su esposa.
—Espérame Serenity, voy por ti…
Comienza la primera parte de los recuerdos...Lo se mucho drama, pero todo es necesario para la trama.
Espero disfruten, siguen momentos intensos.
Áureo-chan.
