And it's not too long before you point it out
I cannot cry
Because I know that's weakness in your eyes
I'm forced to fake, a smile, a laugh
Every day of my life
My heart can't possibly break
When it wasn't even whole to start with
- Kelly Clarkson
- Adelante,- Lily podría reconocer aquella voz aterciopelada que la invitaba a pasar desde el otro lado de la puerta en cualquier lugar. La joven abrió la puerta suavemente y tardó unos instantes en acostumbrarse a la penumbra que invadía la guariada de Lucius Malfoy, iluminada tan solo por el brillo anaranjado de algunas velas. Lo primero que vio Lily fue a Damek, sentado en una silla frente a una larga mesa que ocupaba toda la habitación. La chica reprimió un escalofrió, y se recordó que a Lucius le gustaba mantener sus estancias a una temperatura más baja de la habitual, a pesar de las velas y lumbres que daban al entorno un aspecto gótico.
-Lily…- la voz de Lucius susurró su nombre como si de una serpiente se tratase, indicándole que se acercase y le besase ambas mejillas. Lucius insistía en que sus súbditos y prostitutas siguiesen una estricta ley. Las bienvenidas no eran besos en la boca ni abrazos, sino besos ligeros en la cara. Lo demás vendría después.
Ya que Lily era una de las favoritas de Lucius, no tuvo que esperar más de unos segundos para que Lucius se señalase los labios con el dedo. Ella forzó una sonrisa y volvió a inclinarse, rozando sus labios sobre los de él sin mostrar una pizca de pasión. A Lucius no le gustaban los amantes dominantes y controladores. Prefería una mujer pasiva, fácil de someter. Lily había tardado mucho en aprender a comportarse así ante Lucius, ya que aquel comportamiento iba en contra de su forma de ser. Pero, con tal de sobrevivir, solo había tardado unos meses en aprender la lección. Lucius había anunciado más de una vez que ella era su favorita pero, como con todo lo demás, los gustos de Lucius solían ser bastante pasajeros.
Tras unos segundos manteniendo la boca pegada a la de Lucius, Lily se retiró con suavidad y logró controlar el instinto de limpiarse los labios con el dorso de la mano. No era que no le gustase besar a Lucius o que no se sintiese atraída a él más allá de los besos, sino que saborear en sus labios a otra mujer le resultaba repulsivo. Claramente justo antes de llegar ella, Lucius había estado con otra mujer.
Lily intentó dar un paso hacia atrás pero enseguida la detuvo uno de los brazos de Lucius, que la atrajo de nuevo hacia él.
- Ya he oído lo mal que te portaste con Damek hace unas semanas,- empezó a decir Lucius en tono ligero.- ¿Es por eso por lo que no has venido por aquí últimamente?
Lily tragó saliva y se atrevió a mirar a Damek, el cual sonrió con suficiencia mientras se recostaba cómodamente en la silla.
- Damek,- dijo Lucius de repente, haciendo que el otro hombre se incorporase de inmediato.
- ¿Sí, Lucius?
No era difícil oír el miedo en la voz de Damek. Cuando Lily hacia algo por Lucius, era solo para sobrevivir. Lo hacía para poder ver el día de mañana en un sitio caliente y cómodo. Cuando Damek hacia algo por Lucius estaba siendo un cobarde, fingiendo que si se quedaba por allí durante un tiempo Lucius acabaría por darle algo de poder. Pero Lily sabía que Lucius no tenía ningún plan para Damek. Solo le aguantaba porque sabía que haría cualquier cosa por él, el muy imbécil.
- ¿Por qué no nos dejas a Lily y a mí a solas?
Lily intentó no moverse y mantenerse tranquila en el abrazo perezoso de Lucius.
Damek asintió y se levantó, saliendo de la habitación sin decir nada más.
Una vez estaban solos, Lucius se levantó y dejó de rodear la cintura de Lily con sus brazos. El hombre se giró hacia una mesita con una botella de vino y vasos mientras empezaba a hablar:
- Damek me ha dicho que ya nunca te ve por el campus de la universidad.
Lily se encogió de hombros.
- Ya me conoces. Nunca voy a clase.
Lucius volvió a girarse hacia ella con dos vasos de vino en la mano.
- También me ha dicho que ya no te ve por los sitios de siempre… fiestas, habitaciones, la Trastienda… dice que llevas semanas desaparecida. ¿Es verdad?
- Damek es…- empezó a decir Lily, pero Lucius la interrumpió con un gesto de la mano.
- No me interesan tus explicaciones. Tienes un carácter independiente. Solo me gusta saber dónde está mi chica favorita de vez en cuando. Si está pasando más tiempo del esperado con alguno de mis enemigos como…- Lily intentó no temblar, sabiendo lo que estaba por venir,- James Potter.
La joven no pudo evitar un estremecimiento y se maldijo a sí misma por ser tan obvia. Lucius fijó su mirada en ella y se acercó un poco más, ofreciéndola el vaso que tenía en la mano. Ella negó con la cabeza, dando un paso hacia atrás.
- No tengo sed la verdad.
- ¿No tengo sed la verdad?- repitió Lucius, mirándola con curiosidad.- Otra novedad. Primero, te pasas semanas sin venir a verme y, segundo, no tienes sed. Pero tu cara cuando mencioné a Potter mostró una reacción. Por favor, cuéntamelo, Lily. Llámame curioso.
Lily le dio la espalda a Lucius.
- Nada. He bebido mucho agua antes de venir aquí.- La pelirroja podía mentir con mayor facilidad cuando los ojos grises de Malfoy no la estaban analizando.- Y siento mucho no haberme pasado más a menudo por aquí pero tú, de todas las personas, deberías saber que pierdo la cuenta de los días cuando estoy colocada y borracha.
Esta última frase era una completa mentira. No había bebido ni tomado drogas desde que James la había recogido aquella tarde enfrente de la cafetería. Llevaba semanas limpia y sabía perfectamente qué día era hoy. La única forma de que Lucius supiese que estaba mintiendo era si hablaba con las personas que la proporcionaban las drogas. Pero dudaba que Lucius se tomase esa molestia por tan solo unas semanas de ausencia. Tendrían que ser meses. Esta no era la primera vez que Lily desparecía durante un tiempo. Hubo una vez que se pasó mes y medio sin ver ni siquiera a Damek, y mucho menos a Lucius.
Esta mentira debería servir para protegerla.
Nadie sabía ser más cuidadoso alrededor de Lucius que Lily Evans.
- ¿Y cómo se está tomando la madre de Potter tus adicciones y problemillas? ¿Sigue siendo la señora esperanzada y fiel que recuerdo?
Lily apretó los dientes ante la mención de Annette por parte de Lucius. Ambos la habían ayudado con su situación en la calle con la diferencia de que, mientras Lucius intentaba poner a Lily en contra de Annette, la mujer se limitaba a advertirla de vez en cuando sobre Lucius.
- Oh, Lily,- sus manos acariciaron el hombro de la chica, quien se tensó de inmediato.- A veces puedes ser tan sensible.
Una de las manos de Lucius se deslizó por el brazo de Lily, recorriendo su estómago hasta llegar a zonas más inferiores de su cuerpo. La joven cerró los ojos al sentir una mano fría que se introducía debajo de su falda y subía por su muslo. La otra mano la acariciaba el pecho a través de la fina tela de la blusa. A veces, si cerraba los ojos con fuerza, casi podía imaginar que quien la acariciaba en esas partes tan íntimas era alguien que la amaba y adoraba.
- Soy la única persona en la que puedes confiar, Lils. La única que comprende todo por lo que has pasado, por lo que todavía estas pasando.- El susurro de Lucius en su oreja la hizo estremecerse.- No Potter, ni Black, ni Lupin. Solo yo. Fíate solo de mi, Lils. De mí.
- James, tenemos que hablar.
James se quedó de piedra y miró a Shauna.
Tal vez esto termine aquí.
- Nunca me llevas a ningún sitio,- se quejó la mujer sentada frente a él.
James procuró no echar un vistazo al sitio donde estaban sentados. Se trataba de la zona de restaurantes del centro comercial más caro de Los Angeles, California. Posiblemente el centro comercial más caro de toda la costa oeste. Intentó no fruncir el ceño, recordándose que el hecho de seguir manteniendo una relación con Shauna era culpa suya y de nadie más.
Pero sentía que era mejor que estar solo, o sin alguien especial a su lado. Además, mantenía alejados a los grupos de chicas que intentaban llegar a mantener una relación con él. Seguían espiándole en el campus y le mandaban notitas típicas de adolescentes, pero todo aquello no tenía importancia comparado con lo que le harían si estuviese soltero.
- Y ni siquiera me quieres decir si toda esa ropa que has comprado era para mí.- Shauna le mostró una sonrisa inocente.
James mordió un trozo de su pan italiano y la miró fijamente.
- Ya te lo he dicho. Es para la gente del Refugio.
Shauna se recostó en su silla con un quejido.
- Jolín, James, esas personas están sucias. No necesitan ropa nueva. Podrías ir a alguna fundación o algo y robar esa ropa.
James frunció el entrecejo. ¿Tendría corazón aquella mujer?
- Quiero decir que no necesitan Gucci ni Prada ni toda esa ropa que acabas de comprar más que yo. Yo tengo una reputación que mantener.- Al terminar su comentario, Shauna se cruzó de brazos y le lanzó una mirada sucia.
Él suspiró, negando con la cabeza. No tenía corazón.
James era un mentiroso pésimo pero Shauna tenía tan poca idea que ni siquiera era capaz de darse cuenta de cuando él mentía o decía la verdad. En este caso, claramente estaba mintiendo. Cuando Shauna le había anunciado que su cita de aquel día sería en el centro comercial, James se había duchado con prisa y había entrado en el cuarto de Lily para comprobar su talla en las etiquetas de sus vaqueros y camisetas. Quería hacer algo bonito por ella.
Normalmente, cuando Shauna le llevaba de compras con ella, James permanecía detrás, arrastrándose de tienda en tienda. Pero hoy él había guiado a la mujer a muchas tiendas que jamás habría querido entrar de no ser por su misión. No le había querido decir a Shauna para quién era la ropa hasta el final, pero ella se había hecho a la idea de que las siete bolsas de ropa que ahora descansaban junto a él en el suelo eran su regalo de navidad anticipada.
James ya se había reprochado en más de una ocasión el hecho de haberle comprado un montón de ropa (y cosas más íntimas) a una mujer que no era su novia y con la que ni siquiera se estaba acostando. Eso sin mencionar que la chica en cuestión era Lily, incapaz de dar las gracias o aceptar regalos. Ya había pensado en diferentes formas de darle la ropa a Lily pero la mejor opción parecía ser dejarlo en su habitación, irse del apartamento y esperar que la chica no lo tirase todo a la basura al confundir generosidad con compasión.
- ¿Hay otra mujer, James?- le preguntó Shauna por la enésima vez aquel día.
- Shauna, estoy harto de que me hagas esa pregunta,- contestó respirando hondo.
- ¿Sí o no?- sus ojos le analizaban detenidamente, esperando una respuesta satisfactoria.- Como llevamos tanto tiempo sin dormir juntos…
- Excepto anoche cuando llegué a casa a las tantas,- señaló él. Habían salido a ver una peli y a cenar y, justo cuando la estaba dejando en su casa, Shauna le había asaltado y no le quedó más remedio que dejarse arrastrar hasta la habitación de la chica. James no había disfrutado demasiado pero, claro, con Shauna nunca había logrado obtenido mucho placer.
Sin embargo recordaba la noche anterior porque, tras el sexo horrible que había tenido con Shauna, había salido corriendo hacia Cactus Jack's para hacer un pedido y volver cuanto antes a su propio apartamento. Esperaba encontrarse su casa destrozada por la ira de Lily, o algo semejante, pero la chica estaba acurrucada tranquilamente en el sofá viendo la tele. Aquella había sido la primera noche que la chica no se había vuelto loca al ver que no había comida y, tal vez por eso, James sentía la necesidad de complacerla, de comprarla ropa nueva.
Ignoró el sentimiento de que era como un adulto que recompensaba a un niño por portarse bien y se dijo a sí mismo que, aunque al principio se sintiese ofendida, Lily acabaría por aceptar la ropa. Aquella pelirroja era distinta al resto de las chicas pero seguía siendo una chica, y las chicas adoraban tener ropa nueva que las hiciese sentir guapas.
- Lo de anoche no estuvo demasiado bien. No pareciste disfrutarlo,- se volvió a quejar Shauna.
James apartó la vista, poniendo los ojos en blanco y alejándose de la mesa.
- No seas tan insegura, Shauna. Estuvo bien,- dijo mientras se estiraba y la miraba.- Debería irme. Tengo que corregir unos exámenes para el profesor Teal.
Shauna también puso los ojos en blanco, levantándose de la silla con cara de disgusto.
- Pues vale. A veces puedes ser tan pardillo…
Sirius gruñó al oír que alguien llamaba a su puerta.
- ¿Quién cojones es?- rugió desde su posición en la cama.
- Soy yo,- le llegó la respuesta desde el otro lado de la puerta.
Sirius se levantó de la cama de un salto y se acercó de prisa a la puerta, abriéndola de par en par.
- Hola,- le dijo Bella en voz baja.
Habiéndose calmado un poco, Sirius sonrió malignamente.
- Hace mucho que no te veía por aquí, enana.
La chica entró en la habitación, echando un vistazo al amplio espacio en el que vivía Sirius.
Él suspiró antes de cerrar la puerta y girarse hacia ella. Luego se apoyó contra la puerta en una postura relajada.
- Siento no haber querido hablar antes contigo,- empezó a decir Bella.
Sirius se encogió de hombros.
- No sería la primera vez.
Ella respiró hondo antes de girarse hacia el hombre moreno.
- Pensaba que…
Sirius se alejó de la puerta hasta colocarse frente a la hermana pequeña de su mejor amigo.
- ¿Que haría qué?
- Restregarme que tenías razón sobre Kyle,- contestó Bella con honestidad.- Eso no sería la primera vez.
- Pero todavía no lo he hecho, ¿verdad?,- preguntó Sirius con un tono algo irritado.- Estoy intentando controlarme con todas mis fuerzas.
- Ya me he dado cuenta,- asintió Bella.- Siempre intentas cuidarme porque soy la hermana pequeña de tu mejor amigo.
Él alargó la mano y acarició la mejilla de la chica, negando suavemente con la cabeza.
- No, eres más que eso.
Bella inclinó la cara hacia la palma de su mano.
- ¿De verdad? A veces pienso que soy algo más pero luego…- sacudió la cabeza.- Ni siquiera lo sé.
Él frunció el cejo, y las líneas se marcaron en su frente arrugada.
- ¿A qué viene todo esto, Bella?
El corazón de la joven palpitaba con fuerza en su pecho. Desde que conocía a Sirius como el mejor amigo de James, había sentido algo muy profundo por él pero nunca pensó que Sirius la miraría algún día de la forma en la que se miraban en este momento. El moreno había tardado años en darse cuenta de que ella se estaba convirtiendo en una mujer, que atraía a hombres de verdad que la deseaban por motivos que no eran su capacidad de correr más rápido que muchos chicos o por los escupitajos enormes que lanzaba. Los hombres se sentían atraídos por una joven que se convertía en mujer gracias a sus propios esfuerzos.
- He pasado tantos años, Sirius… pensando en ti y viéndote con todas esas otras chicas.- Bella agachó la vista, avergonzada pero firme en su decisión.- Solo quería ser una de esas chicas a las que abrazabas sin pensarlo o besabas a escondidas…- sacudió la cabeza.- Pero solo me estaba engañando a mi misma porque tú nunca me habías mirado de esa forma. Solo como a la hermana pequeña de James.
Él negó con la cabeza, acercándose más a ella.
- Eso no es verdad.
- ¿En serio?- sus ojos se encontraron.- Siempre que me ves con un chico que está interesado en mí, empiezas con tu jueguecito de que solo te importa porque soy la hermana de James.
Los ojos de Sirius se oscurecieron y tragó saliva.
- Cada vez que te veo con un chico que está interesado, quiero hacerle daño.
Ella se le quedó mirando, con ojos brillantes y curiosos.
- Admitir eso delante de ti me aterra,- admitió lentamente el chico.- Para mi eres más que la hermana pequeña de James, pero si James llegase a enterarse…
Bella le silenció colocando un dedo en sus labios. Los ojos oscuros del joven parecían interrogantes pero lentamente, muy despacio, ella se puso de puntillas y remplazó el dedo por sus labios. Sus labios se rozaron un par de veces. Al principio, Sirius no respondió pero cuando ella le acaricio la mejilla mientras le besaba, el joven empezó a devolverle el beso lentamente.
Fue un beso suave y dulce.
- Bella,- susurró Sirius contra los labios de la chica, sujetándola firmemente.
James quería romper algo.
Ya era más de media noche y Lily aún no había vuelto a casa.
¿Dónde demonios se había metido?
No podía dejar de caminar impacientemente de un lado a otro del salón.
Al llegar a casa lo primero que había pensado era que tal vez estuviese en el Refugio pero, al llamar allí hacia las cinco de la tarde, la secretaria le había dicho que Lily no se había pasado por allí en todo el día. Fue entonces cuando empezó a asustarse, y rechazó tres ofertas de salir a tomar algo para ponerse al día con viejos amigos.
Una hora más tarde, había cogido el teléfono pero había colgado enseguida, sin saber si debería llamar o no a Remus. Estaba seguro de que Remus se daría cuenta de que estaba preocupado y, tal y como estaba su situación, prefería que uno de sus amigos no se tomase la preocupación por Lily como algo más.
¿Estaría perdida? ¿Borracha? ¿Y si estaba colocada? Si así fuese, se pondría furioso. Después de todo lo que había hecho por ella, lo agradable que había intentado ser… ¿para nada? ¿Marcharse sin siquiera recoger sus cosas ni darle las gracias? No tenía ningún derecho. O tal vez quería darle las gracias pero no fuese capaz de hacerlo… Joder, ¿y qué pasaba si estaba en apuros y él seguía en su apartamento como un imbécil enfadándose con ella? ¿Y si alguien la había hecho algo? Ahora que lo pensaba, Lily siempre estaba hablando del peligro que corría y de intentar mantenerse a salvo… ¿Y si aquello que la perseguía la había alcanzado y él no estaba a su lado para protegerla? Entonces sería culpa suya…
Respirando hondo se pasó una mano por el pelo y, echando un vistazo al balcón, tomó su decisión. Salió del comedor corriendo y cogió su chaqueta y las llaves.
Sin mirar atrás, se alejó del apartamento.
