Sip, he sido algo más rápida esta vez, por lo cual les brindo la séptima entrega de este fan fic. Desde ya, MUCHAS gracias por los reviews recibidos y es que ellos me animan mucho a seguir escribiendo, no saben cuánto. Siendo así, sólo me queda desearles una grata lectura y que disfruten el capítulo (:

Disclaimer: Frozen NO me pertenece, sino que a Disney y a sus asociados.


Gélido

Por E. Waters

Capítulo VII

Anna POV.

No podía evitarlo, en serio que no; no podía evitar quedarme viendo embelesada a Elsa, cuando nos topábamos en clases, no podía evitar seguirla con la mirada, cuando me la encontraba en los pasillos, y no podía evitar soñar con ella despierta a la hora de almuerzo, cuando Kristoff me hablaba.

—¿Anna?

—¿Uhm…?—y muy distraída posé mis ojos en la figura de Kristoff, mientras caminábamos hacia su auto, después de ir al cine.

—¿Qué sucede? Te ves algo distante.

—Oh, nada. — mentí rápidamente. Y es que en todo ese rato, no pude evitar que mis pensamientos fuesen conducidos hacia Elsa, pensando como el día de anteayer había acariciado su suave y blanca mejilla.

—Te quiero mucho, ¿lo sabes? —y él miró con una ternura, la misma la cual yo le profesaba a la propia Elsa.

—Lo sé. — me hubiera gustado haberle correspondido, decirle que yo también lo quería mucho, que lo amaba, que estaba enamorada de él, pero todo sería una mentira, una sucia y cruel mentira, de la cual yo no estaba dispuesta a participar. — así que, ¿cómo te fue en el examen de matemáticas? —le dije, como tratando de cambiar el tema.

—Oh, el examen. — Kristoff se rascó la nuca. — sinceramente, dudo que haya sacado más de un seis… si es que saqué un seis, claro. ¿Y a ti?

—Te puede parecer raro, pero creo que me fue mucho mejor que en los más recientes. —inevitablemente, sonreí. — Elsa me ayudó a estudiar.

—¿Elsa? —mi novio pareció algo sorprendido. — ¿no que ella no ayuda a nadie? Además, ¿no que se supone que ustedes se llevaban mal?

—El profesor Keane se lo pidió a ella expresamente. —expliqué lo más veloz que pude. —y bueno, últimamente nos hemos llevado mejor. —dije, encogiéndome de hombros.

—Eso es genial, Anna. —él pareció realmente alegrarse, a la vez que conducía hacia la mansión Arendelle. — después de todo, aunque dicen que ella es 'la reina del hielo', parece que pudiste enternecer su corazón, ¿no?

Cuando Kristoff me dijo eso, yo enrojecí y una boba sonrisa se esbozó en mis labios, por unos brevísimos instantes. Y es que yo en serio esperaba eso, esperaba haber traspasado la armadura de hielo de Elsa, y en el acto poder entrar otra vez en su vida.

—Espero que así sea, Kristoff.

Y realmente eso era lo que esperaba, con todas mis fuerzas.

Finalmente, y en menos de lo que yo esperé, llegamos a mi actual hogar. Como era obvio, él como novio que era mío se despidió de mí un beso en los labios, y por raro que pudiese ser, sentí que estaba engañando a Elsa, cuando era todo lo contrario… Kristoff era mi novio, Elsa no.

Siendo así, me bajé con un gran sentimiento de culpa del auto de mi novio—palabra que me hacía sentir más culpable aún—, y me encaminé hacia la puerta de la inmensa casa, de la cual yo tenía una copia de llave.

Al entrar, fue el propio Olaf, el mayordomo de los Arendelle, quien me recibió.

—¿Y Elsa?

—Oh, ella ha salido con el joven Hans, pero no debe tardar en llegar.

Tan pronto como cuando me dijo eso, yo dibujé una gran mueca en mi rostro. Cierto, lo había casi olvidado… ella le había dado una segunda oportunidad a Hans, cosa que hacía que mi sangre hirviese más que nunca.

—¿Usted está bien, señorita Anna? —me preguntó Olaf, a lo que yo negué con la cabeza. No podía dejar que me afectase, después de todo ambas teníamos novios y punto… tal y como Elsa lo quería.

Pero yo no lo quería así, y realmente no me rendiría de forma tan fácil. Verdad, estaba Kristoff, mas más mal le hacía yo mintiéndole al ser su novia, que no serlo y no engañarlo.

Miré ansiosa el reloj que estaba colgado en la pared de la sala de estar, viendo que eran casi las ocho de la noche, que era precisamente la hora en la cual todos nos sentábamos a cenar, casi como una norma, o algo por el estilo.

—Señorita Anna, la cena está lista. —me informó Olaf, cuando yo no paraba de mirar el reloj.

—¿Y Elsa? —repetí esa pregunta, por segunda vez en todo ese rato.

—Ha llamado recién, dice que no llegará a cenar.

Inevitablemente, eso me puso de mal humor. En verdad, me ponía de mal humor toda acción que hiciese que Elsa no estuviese a mi lado, como yo tanto lo ansiaba y lo necesitaba.

—Anna, ¿te sucede algo cariño? —fue la pregunta de mi madre, cuando estábamos ella, mi futuro padrastro y yo cenando.

¿Qué si me sucedía algo? ¡Por supuesto que sí! Pero obviamente, no podía decirle a ellos que yo tenía esa cara, porque amaba a Elsa y ella se encontraba con el estúpido de Hans, y no conmigo.

—Es solo cansancio.

—Oh…—y mi futuro padrastro bebió algo de su vino. — ¿y qué tal el examen de matemáticas?

—Mucho mejor que los anteriores.

—Siendo sincero, me sentí muy feliz cuando supe que Elsa te ayudó… ya sabes, un gesto fraterno como las futuras hermanas que serán, ¿no lo crees así, Anna?

No, no lo creía, porque yo quería a Elsa más que una simple hermana en ley.

—Por supuesto. —y otra vez mentí.

La cena entonces finalizó, y yo con mucho desgano fui en dirección hacia el cuarto que ella y yo compartíamos. Estaba a punto de pisar el primer escalón, cuando sentí el motor de un auto en la entrada de la mansión. Ansiosa, me dirigí hacia la entrada, y estaba a punto de recibir a Elsa, cuando escuché la conversación entre ella y Hans.

—¡Maldito pervertido! —la oí con claridad. — ¡No me vuelvas a tocar ni un solo pelo, jamás!

—P-pero, Elsa.

—Pero nada, Hans. —su voz era fuerte e intensa. — el que te haya dado una segunda oportunidad, no quiere decir que me quiera acostar contigo.

—¡Yo soy el chico más guapo del instituto! ¿No es normal que quieras intimar conmigo? —apreté fuertemente los puños, y estaba por ir hacia él y darle una gran cachetada, cuando él dijo otra cosa más. —¿o serás rarita, como tu querida hermana?

Empalidecí.

¿Acaso Hans sabía lo que yo sentía por Elsa? Pero… ¿cómo? ¿Cuándo fue el momento, en el cual él lo supo? Yo había sido cuidadosa, o al menos lo más cuidadosa y cauta que pude.

—¡No metas a Anna en esto! —y seguidamente escuché el sonido de una gran cachetada. —¡Que no me quiera acostar contigo, no quiere decir que sea homosexual! Aunque de todas formas, Hans, Anna en mucho más tentadora que tú.

Mis ojos se abrieron mucho al oír las últimas palabras provenientes de Elsa, al mismo tiempo que mi corazón daba un brinco de pura emoción. ¡No había sido mi imaginación! ¡Ella lo dijo…! ¡Ella piensa que soy 'tentadora'!

—Y una palabra contra Anna, Hans, y yo le digo a todos que trataste de sobrepasarte conmigo. —la voz de ella era fuerte y clara. —si lo quiero, yo voy a ser de tu vida un infierno.

Lo siguiente que escuché, fue como probablemente Elsa cerraba la puerta del auto de Hans, sólo para después escuchar como sus típicos pasos se dirigían hacia la entrada de la mansión.

En vista que no quería ser pillada, corrí hacia nuestra habitación, me lancé sobre mi cama y encendí el televisor, poniendo una película animada.

Pronto, muy pronto, escuché como inconfundiblemente Elsa subía las escaleras y entraba al cuarto.

—Hola… Elsa.

Al escucharme, ella ladeó su rostro en mi dirección, y pude percibir como estaba ligeramente despeinada, y sus blanca mejillas muy, pero muy rojas.

—Hola, Anna. —me respondió, y noté que ella trataba de ser suave en su hablar, cosa que costaba un poco tomando en cuenta lo alterada que estaba. —necesito una ducha—fue lo que dijo seguidamente, sacando su camisola debajo de su almohada, y caminando hacia el baño.

¿Ella me diría lo que había sucedido con Hans? Después de todo, Elsa carecía de amigos, en verdad lo más cercano a un amigo era el propio Hans… y claro, en muy cierta forma yo misma.

Aunque obviamente, mis intenciones con ella iban más allá de una simple amistad.

Tan pronto como sentía que Elsa encendía la ducha, me puse rápidamente mi pijama y me cobijé hasta el pecho, tratando en lo posible poner atención en la película, y es que mi mente aún no terminaba de procesar esa conversación entre Elsa y Hans.

Estaba en eso, cuando ella salió del baño con su cabello rubio platinado suelto y húmedo. Al verla en tal estado, sin tener control de mí, me sonrojé de forma intensa cosa que creo que Elsa percibió, puesto que se detuvo para mirarme.

—Así que…—y moví mi figura en dirección a la cama de Elsa, la cual estaba mirando la televisión, o al menos eso intentaba. — ¿yo soy más tentadora que Hans?

Los ojos azul hielo de ella, se abrieron más que nunca y un fuerte rojo adornó su delicado y fino rostro.

—¿A qué te refieres, Anna? —y ella titubeó un poco, sólo un poco.

—¿No me contarás lo que sucedió con Hans?

Ella me miró atenta, al mismo tiempo que el color común de su piel volvió a ser el mismo de siempre, y su semblante se tornó un poco más serio.

—No hay mucho que contar, salvo que es un estúpido. —la voz de Elsa, casi parecía incluso más helada que siempre. —te pido como un favor, que no le cuentes a nadie lo que escuchaste, yo veré como me las arreglaré con él.

—¿Pero lo que dijiste…?

—¿Qué cosa? —su voz pareció ligeramente más débil, que su tono de voz anterior.

—Lo que dijiste sobre mí, que yo era más tentadora que Hans, ¿es cierto? —al decirlo mi corazón comenzó a latir fuertemente. ¡Por favor! ¡Cómo esperaba la confirmación de Elsa! Era casi como si todo dependiera de ello.

—Anna…—y Elsa me miró como nunca antes lo había hecho. — lo mejor será dejar todo esto aquí.

—Pero…—y yo en mi desesperación me levanté de mi cama, y me senté a la orilla de la cama de Elsa. —yo realmente…—mi voz parecía quebrarse.

—Anna…—repitió otra vez ella, con esa misma expresión en su cara. —Krsitoff es una buena persona, está enamorado de ti, y…

—¿Y?

—Es un chico. —al decir esto, los ojos de Elsa parecieron haberse puesto más duros.

—¿Tanto te importa eso, Elsa? —y me acerqué a ella, y cuando la observé de cerca supe que nunca encontraría a alguien más hermoso. —Si tan sólo, Elsa, tú me dejaras…

—No, Anna, estás confundida y…

Pero antes de que ella pudiese decir cualquier otra cosa, me lancé hacia ella, la rodeé con mis manos de forma delicada su cintura, y posé mis ansiosos labios sobre sus helados labios, una frialdad que hacía que mis hormonas se revolucionasen.

Sentí como Elsa trataba de retroceder, pero yo insistí más y profundicé el beso, y subí una de mis manos hacia su cabeza, acariciando sus cabellos y tratando de acercarla más y más hacia mí.

Fue el momento, en el cual decidí dar otro paso más, y saqué un poco mi lengua, tratando de ingresar a la boca de Elsa.

Tal y como yo lo esperaba, ella comenzó de a poco a aflojarse, a dejarse tentar por mis besos. Besos que eran mejores de los que Hans, o al menos eso supuse.

Estuve a punto de posar una de mis manos sobre su pecho, cuando inevitablemente fui yo quien soltó un sonoro quejido, todo provocado por el embriagante beso que Elsa y yo no estábamos dando.

Los ojos de ella se abrieron mucho, y sacando Elsa fuerza de no sé dónde, logró que nuestros cuerpos se separaran.

—Al parecer, Elsa, la confundida eres tú—fue lo que solté, sintiendo aún la helada sensación de los labios de Elsa, sobre los míos.

La expresión en la cara de Elsa era prácticamente indescifrable, como de aturdimiento, como de sorpresa, como de confusión propiamente tal.

Quise darle otro beso más, pero sabía que si lo hacía, en cierta manera me estaría aprovechando de la situación, cosa que era lo menos que yo quería. Siendo así, me levanté de la cama de Elsa y besé castamente sus labios.

Con una gran sonrisa en mis labios, como sintiéndome ganadora, como sintiéndome la absoluta triunfadora, de toda esa situación cosa que en cierta manera lo era; no sólo Elsa me había defendido de Hans, sino que después, aunque con algo de incentivo por parte mía, eso sí, me había correspondido mi beso.

Y lo mejor de todo, es que ella parecía realmente confundida, como si realmente estuviese en la duda que si yo le… ¿gustaba?

Al pensarlo, mi corazón, ya como varias veces en esa noche, dio un gran brinco.

¿Era acaso posible? ¿Era posible que a Elsa yo le atrajese? No quería hacerme ilusiones, y engañarme y hacerme daño en el acto, pero cuando si le había dicho esas cosas a Hans, por algo tenía que ser.

Como última imagen el ver a una estática Elsa sentada sobre su cama y con su dedo índice sus labios, me cobijé y cerré, más contenta que desde hace mucho, mis ojos y como era esperable, esa noche soñé con Elsa, sólo que esta vez el sueño era algo más real que los anteriores.

Porque ahora, o eso creía yo, tenía reales posibilidades con ella…


¡Y... recuerden, un fic y una autora feliz, es igual a recibir reviews ^-^!

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