Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Sarah Morgan.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la Warner Bros.
Título: Seducción en el Caribe
Summary: Ella cree tenerlo todo bajo control y el va a disfrutar demostrándole lo contrario.
Nota de la autora: Aqui estoy otra vez con un capitulo mas. Gracias a todas los que me siguen.
Capítulo 6
Hermione se paró bajo la ducha y dejó que el agua helada le enfriara el cuerpo y las ideas. ¿Cómo había sido capaz de pensar que podría lidiar con Malfoy durante toda una semana? Sólo habían pasado unas horas y ya estaba tan tensa que empezaba a sentirse físicamente mal. Tenía una sensación en el cuerpo que el agua fría no podía borrar. El ni siquiera la había tocado y, sin embargo, se sentía muy débil y pesada. Era como si él fuera una droga a la que estaba irremediablemente enganchada.
Enfadada consigo misma, cerró el grifo del agua. Él era arrogante, frío y aterradoramente insensible, y no cabía duda alguna de que esas características habían contribuido a hacer de él un abogado de éxito. ¿Cómo si no era capaz de destruir matrimonios sin perder el sueño?
Pero el problema no era él después de todo. El verdadero problema era ella misma. Sus sentimientos, su reacción…
Consumida por la desesperación, Hermione se sentó en el suelo de la ducha y se rodeó las rodillas con los brazos. El cabello húmedo le caía por la espalda y tenía las pestañas cubiertas de gotas de agua. Se limpió los ojos con los dedos.
Sí. Draco era arrogante, frío y aterradoramente insensible, pero lo que realmente la preocupaba era que tenía razón en todo lo que le había dicho.
Por mucho que intentara concentrarse en otra cosa, siempre terminaba pensando en el sexo. Le bastaba con mirarle los labios una vez para empezar a preguntarse cómo serían sus besos. Con un suspiro de enojo, se cubrió la cara con las manos. No podía dejar de imaginarse junto a él, en la cama… Y por primera vez en su vida empezaba a entender cómo la gente tomaba decisiones equivocadas movidos por un impulso sexual.
Si él hubiera estado junto a ella en ese momento, no habría dejado de tocarle ni un instante. Pero eso habría sido un desastre porque Draco Malfoy no era hombre para ella. Era un amante experimentado y emocionante, pero ¿qué más podía darle? La respuesta a esa pregunta era muy sencilla.
«Problemas y más problemas…».
Con un gemido, dejó caer las manos y apoyó la cabeza contra la pared. Habría sido tan sencillo llamar a la puerta de su habitación… Sin duda alguna él habría tomado la iniciativa inmediatamente. Era esa clase de hombre.
¿Y después qué?
Ella sabía bien de los peligros de ese tipo de relación. Se había pasado inedia vida aconsejando a la gente para que fueran capaces de ver más allá.
Sin embargo, en ese momento, era incapaz de tomar la decisión correcta. ¿Pero por qué? «Porque nunca en la vida he deseado a un hombre como deseo a el…».
De repente sintió un ataque de ira hacia Jean. Todo era culpa suya. Si no hubiera abandonado su puesto de trabajo… ¿Acaso su hermana estaba experimentando algo similar con el hermano de Draco? Sí así era, no era de extrañar que hubiera desaparecido sin que le importara nada.
Además, no podía enfadarse con ella. En realidad no era responsabilidad de ella.
Después de una infancia desordenada y una larga lista de relaciones catastróficas, era fácil ver que se dejara deslumbrar por la riqueza y el carisma de los hermanos Malfoy.
Con un suspiro, Hermione se puso en pie y se envolvió en una de las suaves toallas que estaban a su disposición. Ya era hora de recomponer los pedazos de su identidad. ¿De qué le iba a servir a su hermana si dejaba que le rompieran el corazón así como así?
No. El sexo con Draco Malfoy sin duda habría sido maravilloso, pero el precio era demasiado alto. Se alegró de haberse marchado a tiempo y entonces se sintió orgullosa de sí misma.
Se secó el cabello metódicamente y entonces se puso un camisón de seda que nada tenía que ver con lo que ella solía llevar para acostarse.
Entonces se metió en la cama, y por primera vez en toda su vida, se sintió verdaderamente feliz. Era evidente que ella era la única mujer que le había rechazado. Apretó la cara contra las almohadas y se tapó con las mantas.
Tenía que pensar en los puntos débiles de aquel ejemplar perfecto de masculinidad. Tenía que pensar en todas las razones lógicas por las que no podían estar juntos. Estaba claro que había motivos más que suficientes…
Cansada tras una noche de insomnio, Hermione arrastró sus pesadas extremidades por el camino de piedras que llevaba al club náutico. Sí hubiera podido elegir, habría desayunado ella sola. Habría cerrado con llave y se habría relajado en la tranquilidad refrigerada de su dormitorio, pero eso no era una opción. Estaba allí para hacer un trabajo y era perfectamente consciente de que Draco todavía podía echar a Jean, si no desempeñaba sus funciones con diligencia.
Por lo menos ya estaba en guardia. Había infravalorado el efecto que un hombre como él podía tener en ella, pero ya se estaba acostumbrando.
Ya estaba preparada. Después de pasar la noche en vela, había tenido tiempo más que suficiente para elegir un traje de día, uno que no fuera tan generoso como el del día anterior.
Después de descartar los trajes de baño, los pantalones cortos y los pareos, había elegido una falda blanca que le llegaba hasta la mitad del muslo, y lo había combinado con un top de tirantes de color lila de escote lo bastante alto como para no ofrecer vistas golosas. Además el conjunto le sentaba muy bien y no había posibilidad de enseñar más de lo debido si se inclinaba hacia delante. En un impulso de feminidad que no había podido contener, se había puesto unas pulseras de plata.
Todo marchaba bien hasta que llegó a la terraza de la cafetería y le vio allí. Estaba sentado en una mesa junto a la flamante piscina. Se estaba tomando una taza de café.
En ese momento hablaba con un hombre que llevaba un traje ligero. En cuanto la vio llegar, arrugó los ojos y dijo algo que ella no pudo oír. El otro hombre se marchó de inmediato.
—Buon giorno —le dijo en un tono de voz grave. Su mirada era aguda y penetrante—. ¿Has dormido bien?
—Muy bien. Gracias —Hermione apartó una silla y se sentó frente a él, ignorando su sonrisa irónica—. ¿Sabes algo del cliente?
—Ha habido un aviso de huracán. Ha decidido no viajar hasta que mejore el tiempo.
Alarmada, ella lo miró con ojos incrédulos. —¿Un huracán?
—No te preocupes. Kingfisher Cay lleva sesenta años librándose de los huracanes. Apenas nos rozará.
Hermione miró el diáfano cielo azul y entonces vio algunas nubes en el horizonte. —Espero que tengas razón.
—¿Te dan miedo las tormentas?
—Me encantan las tormentas —sin mirarle, se sirvió algunas rodajas de pina y mango—. Así que, si esperas que me refugie en tus brazos fuertes, te vas a llevar una gran decepción.
Él se rió. —Hasta ahora no he tenido que ayudarme de las tormentas para meter a una mujer en mi cama.
—No me cabe la menor duda —contempló la dorada carne del mango con atención—. Si hay dinero, hay mujeres.
—Oh, Hermione, eso ha sido cruel —todavía seguía riéndose de ella, como si la última indirecta no le hubiera afectado en absoluto.
—No, en serio, me das pena —agarró el tenedor y trinchó un trozo de mango—. Debes de sentirte muy solo. El sexo sin amor tiene que volverse aburrido después de un tiempo.
—Obviamente nunca has tenido sexo del bueno —dijo él con sequedad.
Hermione continuó mirando el plato de fruta, escogiendo otra pieza. —Para ti es como un deporte, ¿no? Un ejercicio físico. No comprometes tus emociones bajo ningún concepto. ¿Nunca has querido más?
—¿Te refieres al matrimonio? —se tomó lo que quedaba del café—. Creo que me conoces demasiado bien como para preguntarme eso.
—No te conozco en absoluto.
—Porque tú quieres —le dijo él con un destello en los ojos—. Te invito a conocerme cuando quieras. Pareces cansada. Hermione. ¿No dormiste bien anoche? ¿Tus pensamientos te quitaron el sueño quizá?
—Dormí muy bien. Así que, si no tienes que ver a ningún cliente, ¿qué vas a hacer?
—Tengo otro caso difícil que necesita mi atención. Tengo intención de salir en el yate. Un cambio de aires me ayuda a concentrarme.
Aliviada ante la idea de librarse de él durante el día. Hermione se terminó la fruta que se había servido y esbozó una sonrisa. —Claro. No te preocupes por mí. Entiendo que necesites tiempo para ti.
Después de todo parecía que las cosas no iban a ser tan difíciles. Podía refugiarse en su habitación con un buen libro. Una vez tuviera la certeza de que él estaba lejos de la isla, podía ponerse uno de esos sugerentes trajes de baño y darse un chapuzón en el mar.
—Estaré bien.
—Ya lo sé —Draco se sirvió un poco de fruta—. Porque estarás conmigo. Eres mi asistente, ¿recuerdas? Donde yo voy, tú vas.
—Cuando estás trabajando, sí. Pero hoy te vas a tomar el día libre para dar un paseo en yate.
—Yo no me tomo días libres. Tan sólo estaré trabajando en otro lugar —con sus poderosos dedos partió la fruta mientras Hermione le observaba con cara de angustia.
¿Esperaba que fuera con él? —¿Vas a trabajar en el yate?
—En realidad es un catamarán. Está amarrado justo ahí, en el embarcadero.
Hermione se volvió y contempló aquel portentoso vehículo. El casco brillaba bajo el sol del Caribe. Los dos solos. Atrapados en un barco. Estar en una isla ya era malo, pero en un barco…
—No sé nada de barcos.
—Yo me ocupo de eso —le hizo señas a uno de los camareros para que le trajera más café—. Tus obligaciones serán muy distintas.
A Hermione le dio un vuelco el estómago. —¿Y qué quieres que haga exactamente?
—Todavía no estoy seguro —esbozó una sonrisa lenta—. Pero cuando lo decida, serás la primera en saberlo.
A pesar de la desconfianza de Hermione, el viaje en barco fue muy agradable. Dos horas de gloriosos rayos de sol mientras el catamarán se deslizaba sobre las olas. Las velas ondeaban al son de la brisa marina.
Cuando Draco dirigió el barco hacia una bahía cercana, Hermione ya tenía la cara enrojecida, y la piel le ardía por la sal del agua del mar.
Pero se sentía muy bien. Incapaz de esconder su emoción, se agachó en el asiento y miró por la borda del catamarán. Las profundas aguas del mar Caribe brillaban bajo sus pies. Era como mirar en una enorme pecera. La luz del sol se reflejaba sobre la superficie y se podía ver un arco iris formado por miles de peces que nadaban por debajo. Y ante ellos se extendía una playa perfecta de arena blanca, rodeada de palmeras y una exuberante vegetación.
Hermione miró a Draco. —¿Somos los únicos en la isla?
—¿Quieres dar una fiesta? —con movimientos seguros y precisos, ató una cuerda y echó el ancla.
—Es como si hubiéramos naufragado —dijo Hermione, contemplando la playa desierta.
—Un naufragio de cinco estrellas —Draco sacó una botella de champán y le sacó el corcho. Sirvió dos copas y le ofreció una—. Por una tarde provechosa.
Hermione se puso en pie y tomó la copa. —No suelo beber a medio día.
—Dale un trago —levantó su propia copa hacia ella—. A lo mejor descubres un nuevo vicio.
Hermione le dio un pequeño sorbo. La deliciosa y espumosa bebida parecía brillar en su boca. Tragó y sonrió. —Está delicioso —dijo, y le dio otro sorbo—. Muy refrescante. No sabe a alcohol.
—Bueno, créeme cuando te digo que sí lo es —dejó a un lado su propia copa y se inclinó por detrás de ella para recoger una cuerda—. No bebas mucho, sobre todo si no estás acostumbrada. No quiero tener que sacarte del agua.
—¿Y entonces por qué me has hecho beberlo?
—Porque este champán en particular es una experiencia que todo el mundo debería tener por lo menos una vez en su vida —sonrió—. Es como el sexo sin compromisos.
Hermione bebió otro sorbo. —Para mí el sexo tiene que ser una expresión del amor.
—Eso es porque no has probado la otra forma.
—No querría hacerlo.
El se volvió hacia ella y esbozó una suave sonrisa.
—Oh, claro que sí quieres —se acercó un poco a ella. Ya casi podía tocarla—. Sí que quieres. Pero tienes miedo.
De pronto Hermione se sintió mareada. Dejó la copa en el asiento de al lado.
—Claro que tengo miedo. Tengo miedo de que me hagan daño.
—No, no es eso —se acercó más y Hermione sintió el roce de su mandíbula sobre la mejilla. Le susurró al oído—. Creo que tienes miedo de disfrutarlo. Y si así fuera, ¿qué sería de ti? Una consejera matrimonial que se ha hecho un nombre criticando el sexo por el sexo, involucrada en una aventura sin ataduras. Tendrías que replantearte tu carrera.
Hermione cerró los ojos. El olía de maravilla y sus sentidos se tambaleaban deliciosamente. Dio un paso atrás y entonces se enredó en la cuerda recogida, pero él la agarró justo a tiempo.
En un gesto instintivo, Hermione le puso una mano en el hombro. Sus duros músculos eran como piedras. Por un instante permaneció inmóvil. Su cuerpo lanzaba señales que se esforzaba por ignorar.
—¿Llevas un traje de baño debajo? —le preguntó de repente, tras soltarla.
—Sí.
—Entonces nos vendrá bien darnos un baño —sin esperar una respuesta, se quitó la camisa y los pantalones cortos. Se detuvo un instante al borde del bote y se zambulló en el agua con un salto perfecto.
Hermione se dio cuenta de que llevaba varios segundos conteniendo la respiración. En realidad, la última vez que había respirado había sido cuando se había quitado la camisa, dejando al descubierto aquellos poderosos hombros; su piel bronceada.
No era ninguna sorpresa que las mujeres estuvieran locas por él. En ese momento él emergió de las profundidades y se pasó una mano por la cara para aclararse la vista.
—Vamos, Hermione.
Ella lo miró con una mezcla de pánico y desesperación. Bañarse con él en el agua parecía algo simbólico. Si saltaba, si daba ese paso…
—El bote podría irse a la deriva.
—El bote estará bien. Si no te tiras, iré a por ti.
Lentamente, Hermione se despojó de la camiseta y los pantalones cortos. Hacía mucho calor y su traje de baño era perfectamente decente.
En ningún momento se le pasó por la cabeza zambullirse como lo había hecho él. En cambio, fue hasta la punta del bote y se metió poco a poco bajando la escalera.
—La Hermione de siempre —dijo Draco—. La que nunca salta si puede agarrarse a la escalera.
Ignorando su tono de burla, Hermione trató de soltarse de la escalera.
La fría agua cubrió todo su cuerpo y por un momento fugaz se sintió pequeña e insignificante. No había nada excepto el océano a su alrededor y bajo sus pies.
—Es un poco extraño —desconcertada, miró hacia abajo y se sorprendió al ver un banco de peces azules que nadaban bajo sus pies.
—Oh, Dios mío.
—Hay acantilados. El submarinismo en esta zona es espectacular.
Sintiéndose un poco estúpida. Hermione nadó hasta él. —¿No hay tiburones?
Draco miró por encima del hombro de ella y la sonrisa se borró de su rostro.
—Ah, parece que sí —le dijo suavemente—. No te muevas, Hermione. Seguramente sólo quiere husmear un poco.
Aterrada, Hermione se aferró a su cuello, pero ya era demasiado tarde. La chispa de sus ojos brillaba en todo su esplendor. —Oh, te odio. ¡Te odio! Eso no ha tenido ninguna gracia.
—No hay tiburones —la agarró de la cintura—. El arrecife les impide acercarse mucho a la costa.
—Es un poco intimidante tener tanta agua debajo de ti —sin atreverse a apartarse tanto como hacía en tierra firme—. Es precioso. Y… extraño. No poder tocar el fondo…
—¿Nunca has nadado tirándote de un bote?
—Nunca he tenido oportunidad, trabajando como trabajo.
El esbozó una sonrisa. —Tienes que replantearte tu jornada laboral. La vida es para vivirla, no para sobrevivir a ella.
—Me gusta mi vida.
—Eso es porque no sabes lo que te estás perdiendo. Te traeré un respirador —dijo, y se alejó de ella, subió al bote y volvió unos segundos más tarde con dos máscaras en la mano. Ignorando sus objeciones, le puso la máscara—. Mete la cabeza y comprueba si tiene fugas.
Después de un momento de vacilación. Hermione cedió. Aguantó la respiración y metió la cabeza. Todo un mundo subacuático de tesoros escondidos se extendió ante sus ojos. Cuando sacó la cabeza, sonreía.
—De acuerdo. Por una vez tengo que admitir que tienes razón en algo. Me encanta.
Draco le enseñó cómo respirar por el tubo y cómo zambullirse, y entonces la dejó usarlo por sí sola.
Hermione se dejó llevar por la aventura y contempló las maravillas del océano: miles de peces de colores nadaban a su alrededor.
Cuando por fin sacó la cabeza del agua, Draco estaba llevando el bote en dirección a la playa. Nadó hasta la orilla, se quitó la máscara y el respirador y caminó hacia él. La blanca arena tenía un tacto de seda bajo sus pies y el sol le quemaba la cabeza y los brazos.
—He traído algunas provisiones —sacó unas cestas del bote y le dio una—. Esta isla es muy bonita. Merece la pena explorarla —arrastró el bote sobre la playa, lejos de las olas rompientes.
Entonces sacó una pequeña nevera y una manta y se dirigió hacia las palmeras.
—Tu pálida piel inglesa necesitará algo de sombra.
Hermione observó sus hombros dorados y su espalda bronceada. El tenía la clase de piel que se bronceaba al instante.
—Una hora —le dijo, al tiempo que se tumbaba sobre la manta y cerraba los ojos—. Pasaremos una hora aquí y después volveremos a Kingfisher Cay.
Ella se sentó, respetando la distancia de seguridad entre ellos.
—¿Cómo encontraste este lugar?
—Un día salí a navegar y me lo encontré. Lo compré.
—¿Terapia de compras. Malfoy?
Con los ojos todavía cerrados, él sonrió.
—Tenía la absurda idea de construirme una casa en ella algún día. Me gusta el hecho de que sea relativamente inaccesible. La curva de la tierra impide que sea visible desde otras islas. Nada de fotógrafos con zoom de largo alcance. Me gusta tener privacidad.
—¿Es por eso que no permites cámaras en Kingfisher Cay?
—Sí. Quiero que los huéspedes se sientan verdaderamente de vacaciones.
—¿Entonces te vas a construir una casa aquí?
—Quizá. De momento sólo la usan huéspedes privilegiados que quieren vivir una aventura en una isla desierta.
—¿Y cómo encontraste Kingfisher Cay? Quiero decir, eres italiano.
—Siciliano —le dijo él—. Soy siciliano.
—Muy bien, siciliano, ¿pero por qué el Caribe? Hay muchas islas en Italia.
—Nadie me vendería Sicilia —le dijo en un tono irónico.
Hermione también se echó a reír, pero una parte de ella se preguntaba si no estaba hablando en serio. —¿Siempre tienes que poseerlo todo?
—Si me preguntas si soy un hombre posesivo… —se encogió de hombros—. Sí. Sí quiero algo, entonces, sí, tengo que tenerlo —le dijo, mirándola a los ojos.
—¿Puedo pedirte algo?
—Pide.
—¿Quién te hizo odiar el matrimonio?
El guardó silencio un momento. Se incorporó, se inclinó adelante y abrió la cesta. —¿Tienes hambre?
—Dijiste que podía preguntar.
—Y lo has hecho —sacó algunos platos preparados.
—Pero no me has contestado.
—No te dije que contestaría —partió el pan y le dio un pedazo—. Dije que podías preguntar.
Exasperada, Hermione lo miró a los ojos. —¿Nunca dejas de ser abogado?
—¿Estoy siendo abogado en este momento?
—Cuidas cada palabra que dices.
El tardó un momento en responder. —De la misma forma que tú cuidas cada cosa que haces —le dijo, sonriendo.
Hermione picoteó el pan. —Deberías haber sido político. Sólo revelas lo que quieres revelar. No importa de qué se trata, porque la única respuesta que obtienes de Draco Malfoy es la que quiere darte.
—Nunca me ha gustado sincerarme porque sí.
—Y sin embargo, la prensa habla de ti todo el tiempo.
—Eso es cosa de ellos, no mía. Yo no les doy nada.
—¿Por qué no vives en Sicilia? ¿O es que tampoco quieres hablar de eso?
—Sicilia no es un buen lugar para llevar un negocio internacional. Paso la mayor parte de mi tiempo entre mi despacho de Nueva York y el de Roma.
Hermione terminó de comer y se limpió los dedos. —¿Nunca vas a Sicilia? ¿Tienes familia allí?
En ese momento se produjo un cambio casi imperceptible en la expresión de él. —Sólo mi hermano, pero él está conmigo en Roma —le dijo.
—¿Y tus padres siguen vivos?
El se movió tan rápidamente que Hermione no tuvo tiempo de reaccionar. Un segundo antes estaba manteniendo una conversación casi normal con él, y en cuestión de una fracción de segundo había terminado tumbada en la arena, debajo de él.
—Yo no concedo entrevistas.
Durante unos segundos interminables su boca estuvo tentadoramente cerca, sin llegar a tocarla, y la promesa de ese beso imaginario desató un cosquilleo en los labios de Hermione; un ansia deliciosamente dolorosa que apenas la dejaba respirar. Sólo podía esperar que la besara, para así calmar su sed. Sus sentidos estaban despiertos y su corazón latía sin control. Cada nervio de su cuerpo se consumía como una mecha encendida.
Y justo cuando pensaba que él ya no iba a hacerlo, ocurrió.
Y no fue nada parecido a lo que había imaginado. Siempre que había pensado en besarle, le había imaginado acariciándole el cabello mientras tomaba lo que quería con impaciencia. Pero la realidad había resultado ser muy diferente. La presión lenta y seductora de sus labios había sido toda una sorpresa. El era un amante experimentado y habilidoso que sabía cómo provocar la puesta que buscaba en una mujer. Una ola de calor recorrió el cuerpo de Hermione, prendiendo cada terminación nerviosa de su piel.
De pronto ella empezó a sentir una sensación caliente y palpitante en el bajo vientre.
Con un movimiento preciso y delicado, Draco la hizo entreabrir los labios y entonces sintió la suave caricia de su lengua. No quería que parara porque aquél era el beso más delicioso y perfecto que podría haber imaginado. Y si el mundo hubiera terminado en ese momento, entonces no le habría importado.
Era como si la hubiera drogado. El tacto de su piel anulaba todo su pensamiento racional. El se inclinó un poco más sobre ella y le rodeó los hombros con el brazo.
Un momento después comenzó a besarle los pechos, y entonces Hermione se dio cuenta de que le había bajado el tirante del traje de baño.
La joven perdió el control y gimió levemente. Se incorporó un poco, buscando su boca, y su frenética respuesta fue recibida con una carcajada cómplice.
—Adoro il tito corpo… Le susurró mientras contemplaba sus deliciosos pezones. —Me encanta tu cuerpo —como si fuera a demostrárselo deslizó la mano a lo largo del muslo de Hermione.
Los sentidos de la joven se volvieron locos. Era emocionante y completamente adictivo.
Hizo un intento desesperado por recuperar el control, pero cada vez que intentaba poner alguna objeción, él la tocaba en algún lugar en particular, y ella se hundía en un remolino de delicioso y perverso placer del que no había escapatoria posible.
Finalmente lo que la hizo volver a la realidad fue el potente empuje de su erección contra el muslo.
—No, Draco, no… —le dijo, poniéndole la mano en el pecho— No puedo. De esta manera no.
El estaba sobre ella. Su peso la aplastaba sobre la arena. — ¿Qué sucede? ¿Peso demasiado? De repente sonaba puramente italiano. Su inglés impecable parecía menos fluido que de costumbre.
Con la punta del dedo trazó una línea tentativa sobre los labios de Hermione. —¿Te da vergüenza?
No había forma de expresar con palabras lo que sentía en ese momento porque nunca antes lo había sentido. Ella estaba acostumbrada a tener el control. Siempre se había creído segura de Sí misma y asertiva, pero ¿dónde estaban esas cualidades en ese momento? Yacía sobre la arena de la playa, dominada por un hombre seguro de su sexualidad, y para colmo de males, estaba disfrutando con ello. Una pequeña parte de ella estaba maravillada ante tanta fuerza y virilidad.
Draco nunca había oído hablar de la expresión «políticamente correcto»… Cerró los ojos para romper la explosiva conexión que había entre ellos.
—No hemos… Es sólo un impulso y está mal. El sexo debería ser una decisión consciente, no un impulso. Debería ser planificado.
—Hasta ahora, las cosas están saliendo tal y como las había planeado —murmuró él en un tono burlón. Le dio un beso en el cuello—. Dime algo, Hermione… —le dijo en un tono peligroso—. Si no hubiera un mañana, ¿lo harías?
Le había puesto la tentación delante de los ojos sin vacilación ni reparo alguno. Lindsay suspiró y rechazó la respuesta que tenía en la mente.
—Sí que hay un mañana.
—Pero a veces es bueno vivir la vida como si no lo hubiera —murmuró, acariciándole la mejilla—. Eso está bien, ¿no?
Por un momento ella guardó silencio, y entonces comprendió sus palabras.
—Espera un momento —tenía la voz ronca, así que se aclaró la garganta—. ¿Has dicho que lo tenías planeado?
—Estamos solos y medio desnudos en una isla desierta —le dijo, besándola justo debajo de la barbilla.
Ella se puso tensa. —¿Y eso hace que el sexo sea inevitable?
—No me gusta malgastar las oportunidades.
Ella cerró los ojos para soportar el golpe de la realidad.
«Soy una idiota… Soy una idiota…». —Yo soy una persona, Draco, no una oportunidad —le dijo con la voz quebrada. Le dio un empujón en el pecho y él se apartó de inmediato.
—Parecías estar pasándolo bien.
—Me gusta el chocolate, pero sé cuándo decir que no. ¿Es que no tienes moral?
—Claro que Sí —le dijo en un tono frío, y se tumbó sobre la espalda—. Tú has dicho que no y yo he parado.
—Haznos un favor a los dos la próxima vez. No empieces —Hermione se sentía caliente y despierta, como si alguien hubiera apretado un interruptor que ya no se podía apagar—. No vuelvas a tocarme, Draco.
—Sí. Tienes razón. Fue bueno —se rió levemente y ella lo miró con fiereza.
—Yo no dije que ha sido bueno…
—Pero no quieres que vuelva a tocarte —le dijo con una sonrisa arrogante—. Y eso dice más que mil palabras.
—¡Dice que no quiero que vuelvas a tocarme! —le dijo, fuera de sí—. ¿Es que tienes problemas con el inglés?
—No, pero creo que tú tienes algún problema con «tus» elecciones. Estabas segura de lo que querías, y ahora no.
Ella se puso en pie y apartó la vista de él.
—Quiero volver a Kingfisher Cay. Quiero irme ahora.
—Desafortunadamente no podemos.
—Claro que sí. Has navegado hasta aquí y puedes navegar de vuelta.
—No, no puedo —le dijo en un tono repentinamente serio—. Tú y yo tenemos un verdadero problema.
Ella se tocó la frente y la rabia se convirtió en desesperación.
—Ya sé que tenemos un problema —su cuerpo aún vibraba de deseo, pero Hermione respiró hondo y lo miró a los ojos—. Será mejor que ignoremos el tema. Los dos somos adultos y somos perfectamente capaces de resistir la tentación si nos lo proponemos.
—No nos estamos entendiendo. No hablaba de la química entre nosotros. Eso no supone un problema para mí —se volvió con una sonrisa sarcástica en los labios—. Y para que lo tengamos claro, yo no tengo intención de resistir la tentación, así que, si vas por ese camino, estarás sola. Resistirás sin mi ayuda.
Hermione se mordió los labios. —Bueno, si ése no es el problema…
—¿Cuándo fue la última vez que miraste el mar o el cielo? —le preguntó en un tono engañoso y sutil, y miró más allá de ella—. ¿Recuerdas la tormenta que mencioné?
Hermione lo miró con una expresión de perplejidad y entonces se volvió hacía el océano.
De alguna forma, en algún momento, el mar se había revuelto considerablemente. Las olas rompían en la orilla con gran violencia y el cielo se había vuelto gris.
—Oh, Dios mío… No me di cuenta.
—Creo que los dos estábamos distraídos —le dijo con ironía, y se puso en pie.
Ella sintió un latigazo de pánico. —Llama a alguien. Usa el teléfono móvil.
—No lo traje. No tiene cobertura aquí. Además, los barcos no saldrían con un tiempo como éste y el viento es demasiado fuerte para el hidroavión. Tendremos que capear el temporal.
A Hermione le dio un vuelco el estómago. —¿Es el huracán?
—No, pero sospecho que debe de haber cambiado de rumbo. De lo contrario no tendríamos este tiempo. Miró al cielo un instante y entonces se puso a recoger las cosas. —Aseguraré bien el bote y después iremos a buscar refugio. Hay una vieja cabaña abandonada al otro lado de la isla. Allí estaremos más seguros. Nos refugiaremos hasta que pase la tormenta.
Horrorizada, Hermione lo miró fijamente. —¿Y cuánto durará eso?
—No tengo ni idea.
—¿Me estás sugiriendo que nos quedemos aquí solos? —miró hacia el mar embravecido—. Lo has hecho a propósito.
—Me halaga que me creas tan poderoso, pero ni siquiera yo puedo cambiar el curso de un huracán. Con un poco de suerte pasará rozando la isla y perderá fuerza sobre el mar. Vamos. Si no pasa pronto, tendrás tiempo de sobra para echarme la culpa por los pecados del mundo durante los próximos días. Recoge la manía del picnic y el resto de la comida. Tengo que ocuparme del barco.
—Pero ya está en la playa.
—Créeme cuando te digo que dentro de unas horas no habrá playa.
Hermione lo miró con una expresión de terror. Esperaba ver un mínimo atisbo de preocupación en los ojos de él, pero en lugar de eso había una chispa de anticipación. —Estás disfrutando, ¿verdad?
—Es algo extraordinario y, sí, es emocionante de alguna forma. A diferencia de a ti, a mí no me gusta que la vida sea demasiado predecible. ¿Dónde está el desafío? Vamos. Tenemos que encontrar refugio.
Bueno aqui las cosas van a subir de tono.
Podra Hermione resistirse o caera ante Draco. leanlo en el siguiente capitulo.
Gracias a Todos y nos leemos pronto.
XOXO!
