Inalcanzable

Capítulo 6: Una perfecta mentira

"Lo siento, no me di cuenta"

Mi mentira me persiguió en sueños.

Pude decir la verdad, no habría mejor momento para ello, pero me amedrenté, fue fácil pensarlo, pero verme al descubierto me llenó de un pánico que no me hizo sentir orgullosa, no, no iba a decirle nada a Camus, nunca, le estaba haciendo un favor, a ambos, no tendría que pasar por la culpa de mis futuras acciones, y yo no tendría que decir lo que no me atrevía a soltar.

No supe si Camus me creyó, no estaba viendo sus ojos cuando lo dije, cuando me disculpé por haber liberado unos segundos mi cosmos, cual novata, la excusa era algo dudosa, pero no podía ofrecerle otra que no fuera una confesión.

Luego nos envolvió el silencio, en mi posición, aún escondida en el hueco de su cuello, podía sentir su mandíbula tensa, lo lento de su respiración y como el pulso se le había agitado ligeramente. Algo andaba mal.

"Ten más cuidado, Milo"

Fueron las palabras que me regaló, últimas de esa noche.

Por un buen rato esperé oír algo más, pero no hubo más nada, y tuve que conformarme con pensar que había salido bien librada, aunque no me sintiera así.

La mañana me sorprendió aún en los brazos de Camus, que descubrí que eran el perfecto lugar para descansar, suaves, firmes, cómodos, llenos de una calidez que contrastaba con su cosmos y persona.

Camus ya estaba despierto, aún que no se había movido de su lugar, sus ojos azules me contemplaban, fueron lo primero que vi al despertar, esas ollas de agua profunda que se abrieron lugar entre mis párpados entrecerrados, tardé en comprender que ya no estaba soñando.

Mis ojos viajaron hacía su mano izquierda, que tenía enroscado uno de mis mechones de cabello y jugaba con él. Por un momento no dije nada, como queriendo prolongar esa calma que estábamos compartiendo, esa sensación de irrealidad que me generaba despertar junto a él, estaba dándome cuenta de algo, que por estúpido que fuera, no dejaba de captar mi atención.

"Es la primera vez que dormimos juntos"

El detuvo su mano unos instantes, también arrugó sus perfectas cejas, luego retomó el mismo movimiento.

"¿De qué hablas?"

"Nunca antes dormimos juntos, solo hemos tenido relaciones, siempre te vas cuando acabamos o… me pides que yo me vaya"

Esa última acusación hizo que soltara mi cabello y en sus ojos se dibujó un nuevo sentimiento ¿Remordimiento, quizás?

"No podemos pasar la noche fuera de nuestros templos, retozar con un compañero no es una buena razón, pensé que lo entendías"

"No te he acusado de nada"

Me liberé de su agarre para salirme de la cama, volviendo a imponer cierta distancia, mientras me alisaba la camisa.

"Quiero desayunar, no tengo nada en mi…"

Mi cuerpo azotó contra el colchón, y ni tiempo tuve de entender la maniobra que hizo Camus, pero yo estaba de vuelta en la cama, y él estaba encima mío, apresando mis muñecas sobre mi cabeza, una en cada mano.

"¡¿Qué crees que haces?!"

"¿Tratas de alejarme?"

La pregunta me tomó por sorpresa, no supe que decir a eso, pero no importó, no esperaba respuesta, porque emboscó mi boca con furia, acallando todas mis quejas y derrumbando mis defensas.

"No va a funcionar" Sentenció, y yo acaté la sentencia. El segundo beso lo recibí con anhelo, sabía lo agradable que era esa boca, no hacía falta la fuerza bruta, no tenía pensando huir a ningún lado.

Mi cuello se llevó el resto de las atenciones, llenando de alegría mi vientre, y otras zonas de mi cuerpo que también añoraban a Camus, sus labios y sus manos.

La camisa que separaba nuestros cuerpos pronto fue historia, mis senos se irguieron de gusto al rosar el pecho de mi compañero otra vez más, y yo enloquecí cuando su boca fue la que se encargó de atenderlos, a los dos por igual, para que no hubiera reproches. Separó mis piernas con su rodilla y pronto nuestras prendas íntimas fueron historia.

Volver a unirnos fue sublime, y tan necesario para mí, Camus y yo nuevamente estábamos conectados, en completa sincronía, danzando al ritmo de nuestra respiración, latidos, deseos, completamente ajenos al mundo que nos rodeaba, nuestros rangos y deberes, el único deber en el que pensábamos era el de disfrutar el cuerpo del otro y prolongar lo más posible el placer.

La puerta fue golpeada varias veces en medio de nuestro encuentro, pero no dejamos que nos distrajera, yo veía a Camus a los ojos, solo unos segundos, de a momentos, su mirada intensa no se apartaba de mi, y en esos momentos, donde conocía sus instintos, toda la pasión que guardaba debajo de su fachada de indiferencia, me intimidaba, me sentía pequeña, diminuta, frente a la imagen tan majestuosa y llena de poderío que presentaba Camus frente a mí, él parecía estar en completo control mientras yo sentía que enloquecía.

Todo acabó con un profundo gemido mío. ¿Sería el señor Lombard quién golpeaba la puerta? ¿Me habría escuchado él decir con anhelo el nombre de Camus varias veces y gemir extasiada? En esos momentos no podía importarme menos.

Tuve poco tiempo para recuperarme. Mi compañero me cargó para llevarme con él a la ducha de a junto, me hubiera quejado por ese gesto, pero tenía las piernas cansadas y algo flojas aún, no entendía como él podía ponerse de pie tan rápido.

Nos bañamos juntos, eso no era tan nuevo, algunas pocas veces lo habíamos hecho, solo que con más tiempo que el de esa mañana.

Al cabo de media hora ya estábamos listos para recibir a nuestra visita, que había preferido dejar un mensaje y esperar a ser solicitado en el Lobby del hotel, sí, se trataba del señor Lombard.

"Buenos días, disculpen la hora" Se excusó cuando le permitimos entrar, ninguno de los dos respondimos nada, no sabíamos qué hora era después de todo, solo habíamos despertado y perdido la noción del tiempo jugando entre las sabanas, y yo recién en esos momentos recordé que se suponía que estaba indispuesta… ¿Camus no me había creído esa mentira? ¿Qué tanto creía de lo que le decía? ¿Qué tanto sabía?

"Imagino que nos tiene novedades" Comenzó Camus, obviando todo protocolo. Nuevamente permaneció de pie mientras nosotros tomábamos asiento.

"Sí, conseguí que aprobaran la ceremonia, pero el tiempo mínimo fue de una semana, la programaron para el próximo Domingo"

"¿Una semana?" Pregunté mortificada, era demasiado tiempo.

"Señorita Milo, le suplico que comprenda que un evento social de tal magnitud lleva meses de planificación, una semana es bastante generoso"

"Él tiene razón Milo, se trata de la mansión presidencial después de todo"

Me contuve de acotar que Arles no era tan protocolar, si Camus decía que debía ser así pues no me quedaba otra que confiar en él

"Una semana" Repetí pasándome las manos por el cabello "¿Qué haremos en tanto tiempo?"

"Estar alertas, como cuando estamos en el santuario, mom chat"

"¿Alertas, solo eso?" Me giré un poco sobre el sillón para poder verlo a mi espalda "Y no me digas así"

"Si decide moverse antes iremos en su búsqueda, antes no nos queda mucho por hacer"

Odiaba eso. Esperar, además necesitaba volver a Grecia cuanto antes, una semana… no me hacía feliz una cifra tan grande, más cuando no era seguro que se presentara mi presa, podía llegar a extenderse mucho más el tiempo.

Bajé mi rostro mortificada, y el Señor Lombard carraspeó para que le prestáramos atención.

"El evento será una fiesta de gala en honor de un nuevo pintor, ya se tenía pensando hacer algo así pero no en esta época, Le fair es oriundo de…"

"Señor Lombard, el griego no es su idioma natal, deje de asesinarlo" Lo interrumpí. Desde que llegara a París había notado el esfuerzo que ese hombre hacía para que le comprendiéramos, y no tenía nada de elegante su acento destrozando mi lengua original.

"¿Dis… disculpe?"

"Tanto Camus como yo manejamos varios idiomas, se hablar perfectamente el Francés" Mis últimas palabras fueron en esa lengua, para probar mi punto.

Mi interlocutor lejos de ofenderse, pareció fascinado con esa revelación y tardó en salir de su ensoñación para rascarse la nuca, nervioso.

"Discúlpeme por favor"

"¿Qué más necesitamos saber?" Intervino Camus.

"Ah sí, como les decía, será una gala, naturalmente se les extenderán identidades falsas y proporcionará todo lo necesario, como vestimenta apropiada"

"¿Apropiada? ¿Qué significa eso?" Arrugué la nariz, y luego sentí la mano de mi compañero sobre mi hombro, como dándome consuelo.

"Que tendrás que usar vestido"

"No, me niego" Me puse de pie de inmediato. Un vestido, me era tan humillante, jamás había accedido a ponerme uno, ni por complacer a Amenthys y sus raras ocurrencias.

"Milo…" El tono de Camus fue conciliador.

"¡No! Soy una guerrera, no van a travestirme así"

El Señor Lombard me miró perplejo.

"No lo entiendo, pero si usted es una… chica" Noté que le costó encontrar un calificativo, seguramente convencido de que yo no aceptaría ninguno de los que tenía en mente.

"Milo, la misión es primero"

Mi próxima queja murió al oír esas palabras, fueron un golpe bajo, mi expresión seguía siendo de molestia, pero tuve que bajar a la agresividad.

"¿Por qué me quieren poner un vestido?" Me quejé.

"Porque debes mezclarte entre las demás mujeres y parejas, todas irán de vestido de gala, llamarías mucho la atención si no fueras vestida de acuerdo a la ocasión"

Sí, podía entender eso, pero no dejaba de serme frustrante, me parecía ridículo que para poder luchar tuviera que andarme de princesa por ahí. Di mi brazo a torcer y me senté de nuevo, sin hacer más comentarios.

Camus se dirigió de nuevo a nuestro guía.

"Ella no tiene experiencia, necesitaremos que traiga a alguien que se encargue de su peinado y el maquillaje"

Cerré los ojos y me sentí morir… ¿Maquillaje? ¿Podía haber algo peor?

"Tomo nota Señor Camus, ya pedí un par de trajes para usted como la vez anterior, los traerán por la tarde para que escoja uno, solo me falta la señorita Milo, necesitaría sus medidas para la modista"

"¿Mis qué?" Volví a interrumpir "¿Mi altura?"

"También, pero más que nada cadera, cintura y…b…busto" Acabó casi en un susurro.

"¿Y cómo voy a saber yo la medida de eso?" Inquirí extrañada, no es como si fuera por la vida midiéndome los senos con una regla, no me habían tomado medidas desde que era una niña.

"Mandaré a alguien a que se las tome y ya, no se preocupe" Resolvió de inmediato.

El resto de la mañana pasó sin mayores contratiempos, esos llegaron a la tarde, cuando vinieron con los prometidos trajes para Camus y una chica a tomar mis medidas y preguntar mis preferencias respecto a escote, falda y color, claro que mi amigo respondió por mí, él tenía bien en claro lo que quería.

La semana en París fue eterna, con todo lo que la palabra conlleva, ratos buenos de eternidad y ratos de eterna angustia.

Camus me llevó a ver la torre Eiffel, a una cafetería a comer queso y tomar uno de sus asquerosos cafés, compramos una boina para mí y caminamos por las noches, disfrutando de las luces, la música y el romance, todo lo que la ciudad del amor ofrecía.

En una de nuestras cenas fue que me dio una sorpresa, que en verdad me tomó por sorpresa.

Estábamos sentados en un lugar sencillo, disfrutando de un espectáculo en vivo que ofrecían unos violinistas, ya para ese entonces me costaba recordar el verdadero motivo por el que estaba en Francia, de hecho de a momentos me costaba recordar quien era yo, Camus decidió darme una mano.

"Ten" Me dijo de repente, cuando los aplausos casi opacaban sus palabras. Yo regresé mi mirada a él, pues estaba fascinada con el espectáculo frente a mis ojos. Mi amigo me estaba extendiendo un paquete rectangular, coronado con un moño "Sé que no te gusta que te de presentes, pero si hasta el gobierno griego se lo permite, creo que tengo derecho"

Yo arquee las cejas muy desconcertada, tratando de entender a que se debía la repentina atención, me tomó unos segundos comprender que era lo que pasaba, en que día del año estábamos.

"Es mi cumpleaños" Susurré, como si fuera todo un descubrimiento.

Era verdad, era 8 de Noviembre. No era la fecha en que yo había nacido, no existía en la memoria de nadie ese día, se trataba de la fecha en que había recibido mi armadura, el verdadero cumpleaños de un santo de Athena, el aniversario del día en que nos habíamos consagrado como uno, por lo que yo oficialmente tenía… dos años. Por eso la prueba para conseguir una armadura siempre estaba sujeta al mes de la constelación, por eso y porque debía ser llevada bajo la luz de la misma.

"¿Lo habías olvidado?" Fue el turno de Camus de sorprenderse.

No era del todo comprensible que yo olvidara una fecha así, por lo que decidí justificarme.

"Amenthys me celebra el 5 de Enero, porque fue cuando llegué al santuario, por eso se me pasó"

Recibí el paquete que me ofrecía y lo observé con detalle, recorriendo el forro brillante con mis dedos.

"¿Enero? Es ridículo, naciste bajo la constelación de escorpio, de eso no cabe duda, celebrarte en esa fecha es decir que eres Capricornio"

"No, por favor, no me hagas revivir la eterna riña entre mi maestro y Amenthys, esa mujer no escucha razones"

"Pues ábrelo de una vez"

Lo miré una vez más, y abrí el regalo con sumo cuidado, estaba ansiosa pero temía romperlo.

"Veo que las joyas no son lo tuyo, por eso preferí optar por algo diferente"

Y había dado en el cabo.

Ante mí tenía un pequeño cuadrito, a simple vista artesanal, de borde de madera con unos lindos grabados, dentro de esos bordes había una foto, recientemente tomada y revelada, en esa foto estábamos Camus y yo, compartiendo un abrazo frente a la torre Eiffel al atardecer, al pie de la foto estaban nuestros nombres y la fecha del evento.

"Esta foto… es la que nos tomamos anteayer"

"Pues ahora ya sabes para qué la quería"

Mis manos temblaron al observarla con más detalle.

Era perfecta, tan romántica e inocente, Camus y yo, cual pareja de jóvenes enamorados, él me envolvía en sus brazos, yo lo abrazaba por la cintura y sonreía para la cámara. Era perfecta, una perfecta mentira.

"Gracias"

Estiré mi mano y tomé la suya sobre el mantel, apretándola, de verdad estaba agradecida, pero ese sentimiento estaba sufriendo, al ser apretado por muchos otros más, como el temor, la incertidumbre, vergüenza, dolor… Había demasiado dentro de mí y no cabía duda que algo de todo eso iba a acabar prevaleciendo y manifestándose pronto.

Los demás días transcurrieron igual.

En medio de eso hubo riñas, más de mi parte, y algunos malestares que insistían en encarcelarme en el baño, y la eterna puntada de culpa que me recordaba que estaba viviendo una fantasía, pronto debería volver a la realidad.

La realidad explotó en mi cara ese Domingo, cuando por fin llegó la fecha señalada.

Una mujer mayor llegó temprano con otra más joven, lista para ponerme mi vestido y su asistente para asistirme en todo lo que faltara, dejé que me recogieran el cabello de manera sencilla, pero alejé a toda costa el maquillaje de mi rostro, solo un poco de delineador me fue aplicado, y me dolió reconocer que mis ojos lucían impactantes.

El vestido que me confeccionaron era negro, con la espalda descubierta, el escote se ataba en mi cuello, amoldándose muy bien a la forma de mi pecho, delineaba mi cintura y cadera, cayendo luego de manera libre hasta el suelo, la falda de abajo era de raso, la de arriba era de tul y traslucía a la otra. Era un vestido fresco y liviano, elegante pero sin ser tan ostentoso, también me costó reconocer que no era tan desagradable.

Me coloqué una sandalias con tacón a juego, que caminé sin problemas, mi armadura ya tenía tacón, y salí de detrás de biombo que habían armado, para ver a Camus.

Él me daba la espalda, de pie frente a un espejo en la pared, ya estaba casi listo, camisa y pantalones, acababa de ajustarse la corbata cuando me vio detrás suyo en el reflejo.

Lo vi detenerse de golpe, y sin acabar lo que sus manos hacían, voltear hacía mí, aún en completo silencio. Sus ojos me recorrieron de pies a cabeza y estuve segura de que la sangre se me había acumulado en las mejillas.

"¿Qué? ¿Nos vas a decirme que luzco adorable?" Bromee para cortar la tensión, incómoda porque no me decía nada.

"Adorable no es la palabra que se me cruzó por la mente"

En ese instante se abrió la puerta y pude ver al Señor Lombard ingresar acelerado con un sobre de manila en su manos, no duró ahí, porque lo dejó escapar y me regaló la misma expresión que acababa de darme Camus.

"Pensé que la idea era que no llamáramos la atención" Le cuestionó mi amigo.

"Tal vez… la debimos dejar ir vestida de varón"

"No estoy seguro de que hubiera diferencia"

"¡Hey!" Los interrumpí tan irritada como avergonzada, empezando a sentirme arrepentida de haber cedido en un principio a usar esa cosa. "No hablen como si no estuviera presente" Reclamé.

Los dos me miraron, el Señor Lombard lucía avergonzado, Camus no parecía muy preocupado por mi reacción.

"Lo siento mucho señorita Milo, déjeme decirle que luce usted como un ángel"

"¿Ángel? Tampoco se me cruzó esa palabra por la mente" Insistió mi amigo. Y como ya era la costumbre yo dejé salir todo el aire que contenía "¿Qué hay en ese sobre?" Inquirió tras echar un vistazo a lo que tenía en manos nuestro guía, éste pareció volver de su trance al oírlo.

"¿Esto? Ah, son sus invitaciones para poder pasar por seguridad y nueva documentación, naturalmente cambiamos sus nombres, son invitados de nuestro agasajado, pero les sugiero evitar entrar en conversación dentro de la ceremonia y huir a la prensa, sus rostros no son conocidos, no les pondrán especial atención si mantienen un perfil bajo"

Mientras el Señor Lombard escupía toda esa información, yo me dediqué a observar a Camus, que lo escuchaba mientras se colocaba un saco, lucía tan elegante y sofisticado, como si perteneciera a la realeza desde la cuna, le preocupaba que yo llamara la atención cuando él definitivamente iba a hacerlo.

Alisé mi falda, haciendo tiempo mientras recibíamos las últimas indicaciones.

Debajo de mi vestido llevaba unas calzas ajustadas, para cuando tuviera que colocarme la armadura, si todo salía bien esa misma noche lo haría, acabaría mi misión con éxito y regresaría al santuario a poner todo en orden, solo que un 'todo' es demasiado para pedir que éste en orden, había demasiadas cosas que podían salir mal.

"Señorita Milo" Levanté la mirada de mi contemplación al suelo para observar interrogante a nuestro guía, que me extendía un estuche delgado y muy alargado para que lo tomara.

"¿Qué es eso?" Arquee una ceja.

"Del primer ministro, para complementar su atuendo y una… muestra de aprecio"

Muy sorprendida recibí lo que me daba, era el segundo presente en una semana, todo un record, en especial porque provenía de alguien que no me conocía para nada.

"Una gargantilla" Dije al abrirlo, era delgada y de plata, de la misma colgaban chispas de diamante sumamente brillantes, no era indiferente del todo a las joyas, por lo que pude apreciar que era toda una belleza.

"Dimitri…" Le llamó la atención Camus, posicionado a mi lado para ver de cerca lo que acababa de recibir también "Jamás me has dado una muestra de aprecio" Le cuestionó remarcando las últimas palabras.

El Señor Lombard volvió a teñirse de rojo mientras daba un brinco nervioso.

"¡No sabía que le gustaran las… joyas! Puedo conseguir un reloj"

Mi amigo solo dio un suspiro, y con una mano en mi espalda me indicó que era hora de irnos.

Al llegar al Lobby del Hotel nuestro guía se acercó a mí para colocarme un abrigo sobre los hombros, y luego se apresuró a abrirme la puerta de la limusina que nos esperaba.

Pocas veces era capaz de darme cuenta de cuando tenía alborotado a un hombre, esa fue una de esas veces, al pobre no se le iba la sangre de la cara.

Ya cuando el coche arrancó volvimos a ser solo dos, como lo seríamos el resto de la noche.

Me permití otro capricho, me recosté sobre el hombro de Camus mientras él apretaba mi mano, con todo lo que ya había pasado, no había diferencia.

Llegar al evento en sí superó todo lo que mi imaginación había adelantado.

Muchas luces, demasiada gente rodeando la entrada, sacando fotos, haciendo preguntas. Tuve que sujetarme fuerte del brazo de Camus y avanzar evitando a toda costa mirar de frente a alguna cámara.

"Recuerda, eres Emma Jobs, y yo soy Frank Ever"

"Pudieron darnos mejores nombres ¿No?"

"Ni los vamos a usar, mom chat"

Como nunca agradecí que Arles me enviara con Camus, no hubiera sabido moverme en semejante lugar sin su ayuda, el desgraciado era un mentiroso de primera, con toda la diplomacia del mundo se movía entre las personas, hablando con habilidad sobre el tema que prefirieran, cultura era lo que le sobraba, y sin delatar en ningún momentos nuestros humildes orígenes, nadie dudaría que él pertenecía ahí.

Yo decidí hacer lo que Camus me había sugerido desde un principio "No hables, solo sonríe, asiente con la cabeza, y vete bonita" parecía ser un insulto, pero debía reconocer que era eficiente, si alguien buscaba entablar conversación conmigo mi amigo se aseguraba de despacharlo con elegancia, me acercaba más a su cuerpo, marcando su territorio, y con sutilezas espantaba al temerario que se atrevió a medirse con él.

No tenía motivos para molestarme, yo había empezado exhibirme más cuando la primer jovenzuela se atrevió a poner su mano en el hombro de Camus y comentar algo como 'Cuánto tiempo sin verlo'

En un momento de la noche dos hombres se aproximaron y pidieron que los siguiéramos. Nos escoltaron hasta una oficina pequeña en el siguiente piso, sin ventanas, con dos enormes libreros, uno a cada lado, y un gran escritorio de madera en el medio. El suelo estaba completamente alfombrado de color bordó, y ahí de pie nos esperaba un hombre bastante anciano, aún que sin signos de calvicie, a diferencia del Señor Lombard él era bajito, su rostro estaba muy arrugado y sus ojos grises me parecieron demasiado desagradables, como todo lo que era su presencia.

"Buenas noches, es un placer conocerles, mi nombre es Gilbert" Extendió su mano a Camus en primer lugar y luego a mí, agradecí internamente que nos tratara como iguales con ese simple gesto, algo me decía que él estaba más acostumbrado que el Señor Lombard a ver santos de Athena, nuestra edad o mi género no le incomoda en absoluto.

"Usted es el primer ministro" Confirmó Camus, yo ya había llegado a esa conclusión también.

"Efectivamente, imagino que Dimitri les ha hablado de mí"

"Por supuesto"

En realidad solo lo había mencionado, pero no supe si mi amigo estaba siendo nuevamente diplomático o en el pasado habían compartido charlas más largas con nuestro guía.

"Les agradezco su presencia en París, como ya saben ésta situación es bastante delicada"

"Sí, también sabemos eso"

No nos ofreció asiento, así que imaginé que esa reunión sería muy breve, aunque él si rodeo el escritorio para tomar su lugar y observarnos desde aún más abajo.

"Hemos seguido sus indicaciones y no ha sido fácil organizar un evento de semejante magnitud en tan poco tiempo"

"Somos conscientes de eso" Prosiguió Camus.

"Por lo que esperamos que todo resulte acorde al plan"

"Le aseguramos que ese también es nuestro deseo" Y ya estaba hablando por los dos.

"Una vez que ese cretino muera podremos tranquilizarnos y medir el daño que ha hecho"

¿Muera? Él si sabía que era una misión de exterminio, no me parecía preocupante, pero si un gran contraste con todo lo que había visto en el Señor Lombard, por lo visto el pobre en verdad era solo un mensajero y no tenía idea de las personas a las que servía.

"Puede contar con eso"

Yo solo asentí, no deseaba agregar nada, ese tipo seguía sin agradarme, aun que llevara un presente suyo en mi cuello.

"Conocí a sus antecesores" Mencionó de repente, consiguiendo que yo cobrara interés en la conversación "Grandes hombres, en dos ocasiones estuvieron juntos en París, el patriarca Shion nos brindó sus servicios, y aún les estamos muy agradecidos"

Así que mi maestro y el de Camus tomaron misiones, en el pasado, juntos y justo donde estábamos en esos momentos.

"Usted debe llevar demasiado tiempo en el poder para haberlos visto"

Ese comentario por parte de mi amigo me tomó por sorpresa, había sonado con dobles intenciones y nuestro interlocutor pareció captar el mensaje también.

"De hecho sí, he tenido una buena carrera política"

"Que se ha impulsado con el apoyo del patriarca Arles, según parece"

Mis ojos debieron delatar mi sorpresa, porque los sentí muy abiertos al escuchar a Camus, ¿Qué rayos era todo eso?

"El Señor Arles ha sido muy generoso, no podría negarlo"

"Señor…" Ya había olvidado su nombre "Disculpe que lo mencione, pero me sorprende que no pregunte nuestros nombres" En ningún momento nos había dado lugar a presentarnos, si bien eso me importaba poco, fue lo único que se me ocurrió tan rápido para cambiar de tema.

"Tengo contacto directo con el santuario, sé muy bien que son Camus de Acuario y Milo de Escorpio, aún que he de reconocer que nunca antes había recibido a una mujer con tan alto cargo, fue toda una sorpresa cuando Dimitri me lo mencionó, el patriarca Arles no me advirtió nada al respecto"

Definitivamente, a veces las primeras impresiones eran las correctas, ese tipo era un desagradable.

"No tenía nada que advertirle me temo, mi Señor bien sabe que no hay diferencia alguna" Me jacte indispuesta a dejarme menospreciar.

"Eso espero, sinceramente" Sus dedos repiquetearon sobre la madera "En fin, solo los llamé para cumplir con el protocolo, mi asistente me mencionó que no estaba muy conforme con los intermediarios"

Así que de eso se trataba.

"El Señor Lombard es un hombre humilde y educado, creo que preferiría seguir tratando con él"

A diferencia de lo que esperaba, mi comentario no pareció alterarlo en lo absoluto, de hecho una ligera sonrisa se dibujó en esos labios delgados.

"Sabia decisión, ya no les quito tiempo, tienen trabajo que hacer"

Camus me tomó por el codo y arrastró consigo hacía afuera de nuevo, tratando de impedir que yo dijera algo más, sabía mi incapacidad para cerrar la boca o dejar que otro se quedara con la última palabra.

"¡Pero qué tipo tan desagradable!" Me quejé cuando supe que nadie nos escucharía, la música alrededor opacaba nuestras voces, y si nos manteníamos cerca podíamos hablar sin problemas.

Mi compañero no agregó nada a mi comentario, lo que me recordó sus acciones.

"¿Y qué fueron todas esas preguntas?"

Él ni siquiera fingió no saber de qué estaba hablando, de hecho no se dignó a mirarme, seguía observando la fiesta con aparente atención.

"Solo eso fue una pregunta Milo"

Repasé lo que acababa de pasar buscando su error, pero descarté esa idea de inmediato, indispuesta a caer en su juego.

"Sabes a lo que me refiero"

Volví a ser ignorada. Él pasó un brazo por mi cintura y me arrastró a la pista de baile, hecho que consiguió que olvidara todo el asunto de inmediato, yo no sabía bailar.

"¡¿Qué haces?!"

"Tranquila, solo sígueme" Tomó una de mis manos y la colocó sobre su hombro, atrapando la otra con su propia mano para comenzar a guiarme por el salón. Yo solo rogaba que la falda tapara lo suficiente mis pies.

"¡Camus!" Estaba furiosa, me sentía demasiado expuesta al ridículo, no podía hacerme algo así.

"Vas bien" Me aseguró, ayudándome a moverme ejerciendo presión sobre mi cintura "Además, luces tan hermosa que la gente te perdonaría cualquier cosa"

Esas palabras distrajeron mis sentidos, tanto que para cuando me di cuenta mis pies ya no tocaban el suelo, yo, al igual que otras mujeres, acababa de dar una vuelta por el aire, con ambas manos de mi pareja sosteniéndome en alto, antes de regresarme al suelo.

"¿Dónde aprendiste a bailar así?" tartamudee cuando pude pisar firme otra vez, debía reconocer que la sensación no había sido del todo desagradable.

"Mi maestro siempre considero a la danza como una disciplina muy necesaria, más para movernos en la alta sociedad"

Era verdad, mi maestro nunca me enseñó a bailar, de hecho… me costaba imaginarlo a él mismo bailando, no parecía el tipo de hombre que dedicaría tiempo a algo así, pero sí dejó que una de las doncellas, ya retirada, me enseñara a cantar, pensó que era el menor de varios males y que algún día podía serme útil, aunque ese día todavía no había llegado.

Recuperada de la sorpresa inicial, y ya mucho más relajada, Camus tenía razón, no era tan difícil, decidí abordar de nuevo el tema que había sido interrumpido, pero una nueva distracción se presentó.

Fue fugaz, como la luz de un rayo entre las nubes, apenas un rápido pestañeo, pero bastó para que ambos nos pudiéramos en alerta, el desertor había llegado.


Hasta aquí

Perdooooooooon!

Se que prometí más, pero fue imposible, no por falta de inspiración, sino porque me di cuenta que dejaba muchas cosas al aire, no podía hacer que las cosas avanzaran con mucha más rapidez, intente, pero la trama se notaba forzada, así que hice un paréntesis y decidí extenderme.

Ahora, en el próximo capítulo Milo entra en acción.

Y se que quizás le haya aflojado demasiado al drama, pero me pareció que saltar de lleno al mismo sin establecer bien la relación entre Milo y Camus como algo más… sólido, sería estar refugiándome exclusivamente en el canon del anime y quería más que eso, lamentablemente el capítulo que viene retoma el drama XD y… les traigo una sorpresa que me va a generar bardeadas quizás, y es todo lo que diré.

Aclaraciones:

Haber, lo del cumpleaños de Milo pensaba explicarlo mejor, no tan breve, pero no queda mucho que decir, me pareció que eso de que tengan 'Fecha de nacimiento' cuando son huérfanos hallados de ve tu a saber dónde… no es del todo convincente, así que me inventé eso, celebran mejor el aniversario de que ganaron su armadura, cuando pasan a ser Santos de Athena, suena a plagiado de Avatar, pero en realidad Avatar lo plagio de muchas tribus XD hay culturas en las que se considera ya que cumples años cuando te ganas un lugar en la sociedad, y me pareció bueno para los santos.

¿Camus bailando? ¿Qué me fumé? Él es muy elegante, y me imaginaba las antiguas cortes, él hubiera sido un gran bailarín y cortesano real XD (Sí, algo me fumé) Y por que no creo que lo mencione, si alguien no lo casó, la sacó a bailar para cambiar de tema XD ya empezamos a ver al Camus 'demasiado curioso' que a Arles le preocupa.

¿El Señor Lombard? Me cae bien XD es buen tipo, quedó medio pedófilo en éste capítulo, para ya tenía pensando desde que lo cree que Milo lo tuviera arrastrándose XD no es intencional, es que ella es muy hermosa y pues… es hombre.

¿Quién es el desertor y que carajo busca? Eso lo veremos al principio del próximo capítulo.

Bueno, creo que había algo más que mencionar, pero no lo recuerdo, respondo por Review, que les agradezco porque en verdad me animan a escribir, los espero con ansias ni bien publico, sirve para saber si el fic va bien, gusta o no gusta y las sugerencias sirven también, ya tengo definido el final pero no cada capítulo.

A los que mandan Review anónimos que no puedo responder:

Ayame: Gracias por tu comentario, espero que éste capítulo también te haya gustado, y falta poco para que el asunto del Beby se defina XD

Eiri: Pues… te aseguro que yo estoy igual que tú jajaja soy la que escribe y no me defino, se que va a hacer pero… no estoy segura de la reacción inicial, mis manos escriben sin consultarme nada y también me voy enterando sobre la marcha jaja.

Guest: Tu review me encantó, fue muy completo, siento hacerte sufrir así y que encima no se haya definido nada XD pero te diré que como verás manejo una interpretación personal de Camus, él no es indiferente, más bien sabe mantener el control sobre sus emociones y tomar decisiones con la cabeza, pero ama a Milo, he ahí el asunto, hablamos del Camus que dio la vida por Hyoga, su alumno… y por Surt, su amigo (Como que la autora trata de no recordar esa saga), que pese a estar del lado de Surt protegió a Milo de su primer ataque (Lastimándolo en el proceso pero evitando que Surt lo matara) Camus pese a lo que predica siempre se sacrifica por quienes quiere y traiciona sus propios ideales, acusó a Hyoga de sentimental… y él lo encerró en un ataúd de hielo para preservarlo y evitar que lo mataran. Milo es misericordia pura, pero Camus tiene su venita también, no lo veo tan frívolo, más bien serio y controlado, pero sensible en el fondo.

Y sin más me despido! Prometiendo esforzarme para que el próximo capítulo este pronto arriba y la historia avance más rápido.

Saludos!