"Es valiente el que teme lo que debe temerse, y no teme lo que no debe temerse". –León Tolstói.


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Corazón Reprimido

Capítulo 7

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En situaciones en las que se requiere que exprese lo que siento y percibo de mis emociones, prefiero callar y que se malinterprete todo lo referente a mí. Decidí hace mucho tiempo vivir con la personalidad que muchos dibujaron por encima de mí mismo. Creí que sería normal ser la persona que otros creen que no soy, o al menos ocultarme detrás de la máscara que muchos hicieron para mí.

¿Cuál fue la razón de que en mí naciese el deseo de expresarlo? Nunca lo sabré.

— En serio, si te soy sincera, quedé boquiabierta.

¿No hubo una manera en que pudiese callar? Aparentemente, no.

— Pero, al parecer esa sorpresa no te disgustó.

¿No hubo un deseo mayor por mantener las cosas como estaban? En cantidad parece que fue menor.

— Kou, no hagas eso —murmuró Hikari avergonzada—. Me haces ver como una pervertida.

¿No me había prometido callar? Ciertamente lo había hecho.

— Lo siento, lo siento —sonreí al notar su rubor—. Me alegra mucho de que las cosas estén mejorando.

— Sí, yo también —una tierna felicidad se expresó en el rostro de mi acompañante.

— Y también me alegro de que puedas saciar tu curiosidad de ver el torso desnudo de Takeru —y con ese comentario su rostro enrojeció por completo—. Supongo que ese tipo de cosas vuelve locas a las chicas…

— ¡Oye, te dije que no hagas eso! —recibí un ligero golpe de su parte, si es que puede considerarse como golpe—. Además… n-no es como si yo lo estuviese vigilando —musitó inaudiblemente, yo fingí no oír y me acerqué queriendo entenderle mejor—. ¡Habían estado haciendo ejercicio, y…! y… ¡Takeru supuso que yo no estaba en casa, así que cuando entró con mi hermano, también se quitó su camiseta! Yo no…

— Tranquila, Hikari —intenté calmarla al ver lo nerviosa que se ponía y lo roja que estaba su cara—. Lo sé, ya me lo dijiste. Es que a veces es divertido molestarte —un mohín de enojo se presentó en su rostro.

— Tal vez comienzas a tener malas influencias —giró su rostro disgustada, yo reí.

— Tal vez tengas razón, soy muy influenciable.

¿No significan nada para mí mis palabras? ¿No tienen la menor validez?

Ya había pasado tiempo de la última vez en que me había planteado cambiar la situación. Había cruzado mi cabeza reiteradas veces intentar algo diferente para captar tu atención, para dirigirla hacia mí únicamente. Habían sido ridículos mis planes, y más aún mis prácticas y ensayos frente al espejo. Denotando mi clara intención de estar más cerca de ti.

— Todos somos influenciables en cierta manera.

Los ojos de Hikari se perdieron en lo lejano de sus cavilaciones. Observé el momento preciso en que sus palabras la ahogaron en lo profundo de sus pensamientos. La vi ausente por varios segundos, quizá minutos, mientras recapacitaba en lo que escapó de sus labios, rebelde, libre, anárquico…

Luego de un momento, la burbuja en donde había estado flotando explotó y cayó a la realidad. Me vio sorprendida y bajó la cabeza avergonzada. Quién sabe qué habría estado pensando.

— Creo que no podría estar más en desacuerdo.

Su curiosidad dirigió su mirada hacia mi rostro. Redirigió la vista al suelo analizando lo que dije, y luego me volvió a ver esperando una aclaración que jamás di.

¿Hay una explicación a porqué sigo lastimándote sin molestarme? Llegué a creer que la hay.

El viento meció el mantel blanco de la mesa que compartíamos con Hikari. Ella dio un sorbo tranquilo a su jugo mientras yo tomaba mi café, lo dirigía a mi boca pero sin beberlo.

Los minutos se extendieron hasta romper el espacio tiempo y abandonarme en un laberinto de dudas e inseguridades. Caminé sin rumbo y sin ambición alguna. Llegué a creer que estar perdido era el verdadero camino, sin razón por la cual tener un objetivo, una dirección. Pues sin saber adónde ir, ¿por qué sería necesario saber cuál camino tomar? Me perdí hasta que tu voz me halló, me susurró y alentó a encontrarte. Y cuando salí confiado de esa trampa, la mirada de mi compañera esa mañana estaba expectante de lo que fuese a decir.

La vi y sonreí esperando quitar su mirada sobre mí. No funcionó, su seriedad seguía firme y valiente en aprisionarme. Yo reí rendido ante su valor.

— ¿Podrías contarme más?

Mi intento de escape no se presentó inadvertido. Hikari exhaló calmada y procedió a su relato, me comentó de cómo fue que su tarde pasó de ser un día para lavar ropa a una larga charla con Takeru. Me contó reflexiva lo serio de su conversación, lo intenso de los pensamientos del joven en cuestión, lo mucho que no decía. Y también me dijo nuevas impresiones que se grabaron en su cabeza luego de escucharlo hablar.

Al pasar varios minutos mi mente se perdió, no estoy seguro en qué momento preciso, así que no fui consciente de cuando el relato se convirtió en preguntas en cuanto a tu estado. Me sorprendí de escuchar tu nombre por lo suave y tierno de la voz de Hikari. Yo escuché lo más tranquilo que pude su preocupación y dudas en cuanto a muchas cosas que tenían que ver con tus palabras y acciones.

Mi condenado orgullo me mantuvo serio y aprisionó severamente la posibilidad en que me quiebre al recordar cómo te hice llorar el día pasado. Pero entonces, Hikari se dirigió a mí.

— Yo llegué a pensar que lo único que esperas es que por alguna razón misteriosa y mágica, Mimi se enamore de ti y tenga que confesarse y pedirte que la aceptes —lo directa que fue no me sorprendió, sino lo bien que puedo interpretarme—. No estoy segura de todos modos si planeas hacer algo, además de guardar silencio. Aunque me sorprende de que seas consciente de lo cruel que eres al mentirle y no hacer nada al respecto —lo último quebró lo que me quedaba de orgullo—. Olvidas que eres una buena persona, Koushiro. Creo que tomas como excusa lo malo que crees que eres, y por ello te permites lastimar a Mimi, e indirectamente a sus amigos.

Quedé sin palabras. Mi rostro demostraba lo impresionado que había quedado. Lo mucho que pensó la menor frente a mí, me demostró que se preocupaba tanto por ti, como por mi maldita persona.

Tomé mi cabeza sin darme cuenta, pues mi atención estaba enfocada únicamente en detener la secreción de lágrimas que se agrupaban en mis ojos.

— ¿Qué fue lo que sucedió ayer?

Y la verdad se escapó de mis labios. No fui yo quien habló, la secuencia se reprodujo a través de mi boca sin que le diera permiso. Las palabras expresaron claramente mi silencio, mi mentira, mi engaño… Hikari guardó silencio al escucharme, y cuando oyó mi falta de palabra en algo aparentemente importante, tapó su boca intentando ocultar su asombro.

De mis labios salieron palabras como "la engañé", "no le respondí" e "hice que llorara".

Esperaba enfado de parte de Hikari, de hecho lo deseaba. Quería que me tratase mal, no solo que me recriminase mi falta de hombría y valor de aceptar tanto mis emociones como mis sentimientos. Quería que me gritase, incluso me golpease si fuere necesario para entender algo que ya entendía. Pero no lo hizo. Esperó que siguiese hablando, pero me daba temor hacerlo. Tenía miedo de decir lo que planeaba hacer, estaba aterrado de revelar lo que había estado pensando.

¿Tan cruel es mi pensamiento que incluso yo le temo?

El ardor en mis ojos acompañó la caída de pesadas lágrimas que se estrellaron al tocar mis manos. Tragué pesado a través de una estrangulada garganta, y esperé a que mi respiración se calmase.

No sucedió.

La tibia mano de Hikari me infundió aliento y sentí que debía hablar. Al abrir los, entre lo borroso de lágrimas, reconocí su tierno rostro, que sonreía a pesar de la persona que tenía frente suyo. ¿Por qué lo haría?

— ¿Qué harás entonces? —su voz cuestionó.

Y me hallé arrinconado frente a la verdad.

¿Podría realmente dejar todo atrás?

¿Podría empezar de nuevo si tan solo no estuvieras?

¿Podría apartarme y así no lastimarte?

¿Podría… moverme?

Mi respiración no se normalizó en más mínimo, mis ojos ardían y mi garganta estaba aprisionada por la sensación de terror que mi cuerpo percibía. Pero aún así decidí acostumbrarme a ello, y a escapar como muchas veces hice. Sólo que esta vez, alguien más sabría cómo lo haría.

Alguien sería testigo de mi cobardía.

— Me marcharé.

Sólo así, no podré lastimarte…


Notas: Y aquí se presenta nuevamente un capítulo de esta triste historia…

Bueno, lamento mucho el retraso. Últimamente se ha vuelto difícil actualizar. Espero que disfruten lo escrito y me hagan saber qué les parece, si lo desean

Por cierto, dedico este capítulo a Syb-zilla, quien ha estado siguiendo esta historia. ¡Saludos!