¡Buenas! Siento la tardanza pero son cosas que ocurren. Espero que esto os haya "servido" para abrir el apetito para un nuevo capítulo. Como siempre, dar las gracias a mi querida amiga Sonia por estar revisando los capítulos antes de ser publicados.

¡Espero que os esté gustando la historia! ¡Ah! Y este capítulo es algo más largo que de costumbre ;D

P.D: Evidentemente no me pertenece ningún personaje del Universo Marvel o DC, sólo los OCs que aparecen.

Los primeros rayos de sol comenzaron a colarse por la ventana del salón, dando de lleno en la cara de Daisy. Frunció el ceño aun con los ojos cerrados. No quería despertarse, tenía la sensación de que acababa de quedarse dormida. Poco a poco fue consciente de que su cuerpo comenzaba a despertarse y un dolor en el cuello se apoderó de ella. ¿Por qué le dolía?

Entornó los ojos y parpadeó varias veces antes de abrirlos por completo. Estaba en el salón y no en su habitación. Miró a su alrededor y se percató de que había un brazo rodeándole la cintura. Levantó la vista y se dio cuenta de que tenía la cabeza apoyada en el pecho de Paul, el cual seguía plácidamente con los ojos cerrados. Después de tanto vino y tanta charla se habían quedado dormidos en el sofá.

Como pudo se deshizo del férreo brazo que la rodeaba y se separó lo suficiente como para quedar sentada en el tresillo. Se quedó con la vista fija en el rostro de Paul, que parecía ajeno al movimiento que había a su alrededor.

- Me estás mirando fijamente. - Dijo Paul sin abrir los ojos.

- ¿Qué? - Preguntó Daisy sobresaltada por la voz.

- Que me estás mirando... - Paul abrió sólo un ojo. - mientras duermo. - Añadió.

- Qué tonterías dices. - Respondió Daisy algo nerviosa, mientras se levantaba del sofá.

- Es algo espeluznante, por cierto. - Paul bromeó.

- No es verdad. - Daisy estiró los brazos para desperezarse.

- ¿Qué no me estabas mirando o que no es espeluznante? - Dijo Paul con una amplia sonrisa.

- Que no te estaba mirando. - Daisy puso las manos en la cadera. - ¿Qué nivel de ego tienes?

- Uno muy alto, he de admitir. - Paul sonrió con burla. - ¿Me invitas a un café?

Antes de que Daisy pudiese contestarle a esa pregunta, que supuso que era retórica, Paul se levantó del sofá y se dirigió a la cocina.

- Vas a tener el honor de probar mis famosas tortillas. - Paul comenzó a abrir armarios buscando los platos.

- Ya, respecto a eso... - Daisy se rascó la nuca.

- ¿Me estas echando sutilmente? - Paul bromeó y abro la nevera que para su sorpresa, estaba prácticamente vacía. - ¿No tienes ni un mísero huevo? - Asomó la cabeza por detrás de la puerta del refrigerador.

- Eso es lo que quería decirte. - Daisy sonrió con vergüenza. - Llevo poco tiempo aquí y no he tenido tiempo de ir comprar.

- ¿Y de qué te has estado alimentando? - Paul cerró la nevera. - ¿Del aire? Ah no, no, no. Ahora mismo te invito a desayunar.

- ¿Y también me vas a hacer la compra? - Daisy bromeó.

- Si eso es lo que hace falta para que comas como una persona normal te llevo allí hasta de la mano. - Dijo Paul de manera tajante.

Daisy se echó a reír y negó con la cabeza.

- Eres un exagerado. - Daisy hizo un gesto con la mano. - Me cambio y vamos a desayunar. - Puso rumbo hacia su habitación. - Pero invito yo.

- Está bien. - Paul asintió con la cabeza y volvió al salón. - Pero la próxima vez prepararé mis famosas tortillas.

- ¿Quién dice que habrá una próxima vez? - Dijo Daisy asomando la cabeza por la puerta de la habitación.

- ¡Auch! - Paul se llevó una mano al corazón. - ¡Eso ha dolido!

Daisy cerró la puerta del cuarto mientras se escuchaban las carcajadas que salían de su boca.

Varios minutos después ya estaba arreglada y ambos salieron de su apartamento. No se fueron muy lejos ya que al lado de su casa había una cafetería donde la especialidad eran las tortitas y Daisy llevaba tiempo queriendo ir allí.

Pasaron gran parte del desayuno entre risas e indirectas, que en realidad eran directas muy directas. Estaba más que claro que ambos se gustaban y lo pasaban muy bien en compañía del otro.

- ¡Que siiii! - Dijo Daisy mientras abría la puerta de la cafetería para salir de allí. - Prometo solemnemente que iré a hacer la compra. Palabra de 'girl scout'. - Levantó la mano derecha a modo de juramento.

- ¡Pero si tú no has sido 'girl scout'! - Paul se rió.

- ¿Y tú qué sabes? - Daisy se cruzó de brazos.

- Porque uno... - Paul levantó el dedo índice. - no te pega nada y dos, no te imagino yendo de casa en casa diciendo, "señor, ¿me compra galletas para las girl scout?" - Puso voz de niña pequeña.

- Pues era muy buena vendiendo galletas. - Declaró Daisy.

-¿En serio? - Paul levantó una ceja.

- ¡Por supuesto que no! - Daisy se echó a reír. - Cuando era niña no sabía lo que era estar al aire libre. Me pasaba los días detrás de una pantalla de ordenador.

- Ya decía yo. - Paul asintió despacio. - ¿Y qué hacías tanto tiempo con los ordenadores?

- ¿Conoces el "WriteCom"? - Preguntó Daisy con fingida inocencia.

- ¡Pues claro! ¿Quién no lo conoce? - Paul se apartó un poco para dejar pasar a una señora que quería entrar en el establecimiento. - Con eso es con lo que mis amigos y yo hablábamos desde el ordenador sin usar el teléfono.

Daisy simplemente se le quedó mirando con una pequeña sonrisa en la boca, esperando a que hablase.

- Espera... - Paul frunció el ceño. - ¿Me estás diciendo que mientras yo jugaba al fútbol y salía con mis amigos tú estabas creando el "WriteCom"?

- De nada. - Le respondió Daisy y le guiñó un ojo.

- Te estás quedando conmigo, ¿verdad? - Preguntó Paul aún sin dar crédito.

- ¿Ves que me esté riendo? - Daisy se señaló la boca.

- ¡Joder con la pequeña 'girl scout'! - Paul le dio un golpe con la cadera. - ¿O debería llamarte mejor 'genio de la tecnología'?

- Skye está bien. - Daisy hizo un gesto con la mano, como restándole importancia al asunto.

Ambos se miraron y se echaron a reír.

- Eres toda una caja de sorpresas. - Dijo Paul seriamente.

- ¡Uf! No lo sabes tú bien.

De pronto el móvil de Paul comenzó a vibrar. Lo sacó del bolsillo del pantalón y le echó un vistazo.

- Argg. - Paul hizo un ruido con la lengua. - Será mejor que me vaya. No me acordaba que tenía que ir a casa de mi madre a montarle un armario. - Se la quedó mirando. - No serás también una experta montando muebles de Ikea, ¿verdad?

- Ordenadores y café sí, muebles ya no. - Daisy se sonrió y negó con la cabeza.

- Una lástima. - Paul sonrió de medio lado. - Hablamos, ¿vale?

- ¡Claro! - Daisy sonrió.

- Y recuerda que tienes que llenar la nevera. Que la pobre da mucha lástima. - Paul le señaló con el dedo a lo que Daisy contestó asintiendo con la cabeza.

Paul volvió a guardar el teléfono móvil en el bolsillo y se agachó un poco para darle a Daisy un beso en la mejilla. Sin decir nada más se sonrieron y Paul se marchó.

Daisy se quedó en el sitio y suspiró. Luego miró la hora y decidió que lo mejor era hacerle a Felicity una visita para decirle lo que había pensado sobre la propuesta de trabajo. Así que sin más puso rumbo a Palmer Technologies.

El edificio era todavía más imponente desde abajo. Era prácticamente todo cristal. Una vez entró se dirigió al puesto de información que tenía delante, donde había un hombre trajeado.

- Disculpe. - Daisy apoyó las manos en el mostrador. - ¿Podría decirme dónde puedo encontrar a Felicity Smoak?

- ¿Tiene una cita? - Ralph, que así se llamaba el hombre según la placa que tenía en la solapa del traje, levantó la vista para preguntarle.

- Eh... No. - Contestó Daisy. - Soy una amiga.

- Lo siento, pero sin una cita previa no puede pasar. - Ralph bajó de nuevo la vista hacia el ordenador.

- Pero si la llama y le dice que estoy aquí seguramente haga una excepción. - Daisy levantó las cejas.

- Lo siento. - Fue todo lo que contestó el hombre.

Daisy se mordió los labios, exasperada. Se separó del mostrador lo suficiente como para que 'Ralph' pudiese oírla. Sacó el móvil del bolsillo de su vaquero y marcó.

- ¿Sí? - Respondió la voz del otro lado de la línea.

- Felicity, soy yo, Skye. - Sonrió. - Estoy aquí en Palmer Tech pero un tal Ralph no me deja pasar. - Daisy miró de reojo al hombre que, al escuchar su nombre, levantó la vista. La ex agente le sonrió con una pizca de malicia.

- ¿Qué estás aquí? - Felicity se sorprendió. - No te preocupes, ahora mismo vas a pasar. - Y sin más, la rubia colgó el teléfono.

Daisy se quedó esperando en mitad del hall y vio como Ralph se ponía algo nervioso mientras miraba de reojo el teléfono que estaba en el mostrador. Al cabo de unos minutos Daisy pudo oír el repiqueteo de unos tacones aproximándose.

- ¡Skye! - Dijo Felicity más alto de lo normal por culpa del eco que producía el ser un hall tan grande.

- ¡Hey! - Daisy se aproximó a ella y ambas mujeres se abrazaron.

- No esperaba tenerte por aquí. - Felicity la sonrió.

- Ha sido una decisión en el último momento. - Contestó Daisy. - Quería hablar contigo.

- Ahora subimos a mi despacho. - La CEO de Palmer Technologies miró un momento al mostrador que estaba detrás de ellas. - Ven conmigo.

Ambas mujeres comenzaron a andar hacia donde Ralph se encontraba, visiblemente nervioso al ver a Felicity acercarse.

- ¡Buenos días Miss Smoak! ¿Puedo ayudarla en algo? - El hombre sonrió algo azarado.

- Buenos días Ralph. - Felicity le sonrió y apoyó los brazos en el mostrador. - Quería que pusieses ahí - señaló el ordenador - que Skye tiene total libertad para poder subir a mi despacho, ¿vale?

- Sí, sí - asintió con la cabeza - por supuesto, ahora mismo lo dejo notificado.

- Bien. - Felicity dio unos golpecitos en el mostrador con los dedos. - ¡Gracias!

Antes de irse, Daisy le dio una última mirada a Ralph y le sonrió. Ambas mujeres se fueron caminando por el gran hall hasta llegar a los ascensores. Felicity pulsó el botón de subida y las puertas se abrieron frente a ellas.

- ¿Has venido a contarme lo que pasó ayer entre Paul y tú? - La rubia le miró con picardía. - No podías esperar a contarme por teléfono, ¿verdad?

- ¿En serio? - Daisy se rió.

- Yo nunca bromeo con este tipo de cosas. - Dijo Felicity claramente. - ¿Y bien? ¿Se quedó a dormir?

- Sí y no. - Daisy jugueteó con la cremallera de su chaqueta de cuero.

- Bueno vale, "dormir" no es el término indicado. - Felicity movió las cejas repetidamente.

- Solamente estuvimos hablando. - Daisy hizo un gesto con la mano.

- ¿Hablando? ¿Ahora lo llaman así? - Felicity levantó una ceja. - ¿Y qué tal "habla"?

- De verdad, sólo - hizo énfasis en esa palabra - hablamos. Sin más.

- ¿En serio me estás diciendo que sólo charlasteis? - La CEO levantó las cejas, incrédula. - ¿Con toda esa cantidad de vino de por medio? ¿Pudiste resistirte a sus encantos?

- Todo un logro, ¿verdad? - Daisy se rió.

- Desde luego. - Felicity asintió con la cabeza. - ¿Entonces? ¿Se fue pronto?

- No. - Daisy negó. - Nos quedamos dormidos en el sofá.

Las puestas del ascensor se abrieron y ambas salieron. Daisy no perdía detalle de lo que la rodeaba. Felicity la guió hasta un gran despacho recubierto por ventanas.

- Alucinante, ¿verdad? - Comentó Felicity cuando vio la cara que se le había quedado a Daisy.

- Desde luego. - La ex agente recorrió con la vista todos los rincones del despacho y se acercó a la enorme ventana. - Casi se puede ver toda la ciudad desde aquí.

- Y es todavía más impresionante de noche. - Felicity se colocó al lado de Daisy. - Te hace sentir que eres diminuto a su lado.

- La verdad es que esto es una de las mejores cosas de trabajar aquí. - La CEO le miró de reojo. - Además de los aparatos chulísimos que creamos...

- No vas a dejarlo pasar, ¿verdad? - Daisy se rió.

- No suelo darme por vencida. - Felicity le guiñó un ojo.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? - Daisy se giró para mirarla.

- ¡Claro! Dispara.

- ¿Qué se siente al ser jefa de una gran empresa? - Preguntó Daisy con curiosidad.

- ¿Sinceramente? Es agotador. - Felicity se fue hasta su mesa y apoyó el trasero en el cristal. - No sé cómo Oliver podía con ello. - Se quedó pensando. - Bueno sí lo sé, me tenía a mí. - Sonrió.

- ¿Y estáis trabajando ahora en algo? - Daisy se apoyó en el sofá que tenía detrás de ella y que estaba frente a Felicity.

- En muchas cosas. - Felicity se cruzó de brazos. - ¿Quieres ver las instalaciones? No te puedo hacer el tour completo si no trabajas aquí pero algunas zonas sí que son visitables por el público.

- ¿Y si me las enseñas completamente? - Daisy sonrió de medio lado.

Felicity se la quedó mirando, extrañada por un momento. Poco a poco fue relajando el gesto hasta que se le iluminaron los ojos.

- Un momento. - Felicity alzó las manos. - ¿Eso quiere decir que aceptas el trabajo?

- Después de tanto insistir he decidido que puede ser una buena oportunidad. - Daisy se encogió de hombros. - Además, me gusta la idea de ayudar a crear cosas.

- ¡Bieeeen! - Felicity dio palmas de alegría. - ¡No te arrepentirás! - Fue hacia Daisy y la abrazó.

Cuando se separaron, Felicity cogió a Daisy del brazo y la sacó casi a rastras del despacho, llevándola hacia el ascensor.

- ¿Pero dónde vamos? - Dijo Daisy entre risas.

- Pues a enseñarte el edificio. - Contestó Felicity de forma obvia y pulsó uno de los botones del ascensor.

Después de unos minutos yendo hacia arriba y hacia abajo, Daisy había visto prácticamente todo el lugar.

- Y ahora próxima parada el laboratorio. - Felicity estaba emocionada.

La rubia presionó el botón correspondiente del ascensor. Cuando éste se paró, salieron por la puerta y recorrieron un pequeño pasillo.

- Vaya, se parece bastante al piso donde está tu despacho. - Daisy no se perdía detalle de lo que iba viendo.

- Sí. - Felicity asintió con la cabeza. - Hay veces que no me doy cuenta de que no estoy en mi despacho hasta que no me topo con algún prototipo de algo.

Las chicas entraron a la habitación que estaba llena de aparatos por todos lados. En una de las esquinas se encontraba uno de los empleados que estaba tecleando rápidamente en el ordenador.

- ¡Curtis! - Le llamó la CEO.

- ¡Ah Felicity! - El chico giró la silla donde estaba sentado.

- Ven, que voy a presentarte a nuestra nueva adquisición. - Felicity se calló un momento. - ¿Ha sonado eso raro? Porque cuando lo he pensado sonada muy bien en mi cabeza pero al verbalizarlo ya no estoy tan segura de ello.

- Ha quedado bien, tranquila. - Daisy asintió. - Al fin y al cabo, sí soy una nueva adquisición.

- Soy Curtis. - El chico se acercó y le dio la mano. - Veo que has caído en las fuertes redes de Felicity.

La CEO le miró mientras levantaba las cejas, incrédula ante el comentario.

- Que eh, son unas buenas redes. - Curtis tragó saliva. - Ojo, yo estoy muy contento de estar aquí, es más pagaría por trabajar aquí.

- Oh es bueno saber esto último, Curtis. - Felicity se rió.

- A ver, tampoco exageremos. - Él hizo un gesto con las manos. - Que uno está contento y esas cosas pero... Creo que tengo que empezar a aprender a tener la boca cerrada.

- No te preocupes, tienes vía libre para decir lo que quieras. - Le aseguró Felicity. - Al fin y al cabo gracias a ti puedo volver a sentir el dolor en los pies producido por los tacones. - Bromeó.

- Oh, ¿entonces tú eres el famoso creador del chip milagroso? - Daisy abrió mucho los ojos.

- En carne y hueso. - Curtis hizo un gesto con las manos, señalándose el cuerpo. - De hecho yo lo llamo "pequeño Lázaro".

Daisy y Felicity se miraron entre ellas y luego a él.

- ¿En serio? - Curtis miró primero a una y luego a la otra. - ¿"Lázaro, levántate y anda"? ¿Nada? ¿Es que no habéis leído la Biblia?

- Judía. - Felicity levantó la mano.

- Agnóstica. - Daisy hizo el mismo gesto que la rubia.

- Lo que me sorprende es que tú sí la hayas leído. - Se asombró Felicity. - ¿No eras ateo?

- Sí, pero eso no impide que me lea uno de los libros más leídos de toda la historia. - Dijo Curtis de forma evidente.

Felicity iba a decir algo pero su móvil comenzó a sonar.

- Genial, no me acordaba de que tenía reunión con la Junta. - Dijo tras mirar la pantalla del teléfono.

- Necesitas una secretaria. - Le dijo Curtis.

- No la necesito. - Hizo un gesto con la mano. – Curtis, ¿puedes enseñarle un poco lo que haces por aquí mientras estoy fuera?

- Desde luego. - El chico asintió.

- Luego te veo. - Felicity sonrió a Daisy.

- ¡Qué tengas una buena reunión! - Le dijo Daisy, a lo que la rubia le contestó levantando uno de los pulgares.

Curtis y Daisy se quedaron unos segundos en silencio hasta que él rompió el hielo.

- ¿Y cómo te llamas?

- Oh, Skye. - Se dio cuenta de que no se había presentado formalmente.

- Es un nombre un tanto... - Se quedó pensando.

- ¿Extraño? - Dijo Daisy.

- Curioso. - Respondió Curtis a la vez que ella había hablado, lo que hizo que ambos se sonriesen. - Y original. Por cierto, siéntete como en tu casa.

Daisy le respondió con una sonrisa y se puso a cotillear un poco lo que había por allí. Demasiados aparatos extraños de los que era difícil averiguar su función.

- ¿Qué es esa cosita tan mona? - Preguntó Daisy mientras alargaba la mano para cogerlo.

- ¡No lo toques! - Dijo Curtis alarmado.

El grito sorprendió a Daisy por completo, retirando la mano antes de que llegase a tocar el aparato.

- Es una batería para el móvil que tiene duración de una semana - Respondió Curtis acercándose a ella. Cogió el dispositivo con guantes y se lo puso en la palma de la mano. - Lo que pasa es que aún no está calibrado y explota con el más mínimo contacto con la piel.

- Vaya... - Daisy alzó las cejas. - Es una buena idea. - Curtis la miró. - Lo de la duración, no lo de que estalle nada más tocarlo. ¿Quién querría tener algo así? - Dijo de forma evidente. - Aunque bueno, como explosivo para los militares sería genial. Quiero decir, no genial de "¡genial!" sino de útil y eso.

Curtis no le quitó ojo de encima y parpadeó varias veces.

- Dios mío. - Dijo el científico. - Pensé que sería imposible pero no, hay dos.

- ¿Dos de...? - Daisy entrecerró los ojos.

- Dos Felicitys... Bueno tres si contamos con su madre. - Contestó Curtis para sí mismo aunque en voz alta.

- Bueno, o cuatro. - Dijo Daisy y Curtis se la quedó mirando. - Porque por lo que he visto tú tampoco te quedas atrás.

- Touché. - Curtis asintió con la cabeza. - ¿Y tú qué es lo que vas a hacer aquí?

- Pues aún no lo sé con certeza. Daisy se encogió de hombros. - Soy muy buena con la tecnología.

- Hum... - Curtis hizo un ruido con la boca. - Vamos a ver si eso es cierto... Ven, que te voy a enseñar en lo que estoy trabajando, a ver si a ti se te ocurre que hacer.

Daisy le miró y asintió. "Una prueba", pensó. Pues estaba más que dispuesta a demostrarle de lo que era capaz.

Como siempre, ¡muchas gracias por leer!