2:17 a. m.

... No puedo dormir.

A pesar de estar físicamente cansada por el cúmulo de estrés causado por todas las tareas y trabajos realizados durante el periodo de clases, mi mente se encontraba ocupada pensando. Intenté de todo para poder dormir: leer un libro, jugar con mi celular, incluso escuché algo de música relajante, pero nada funcionaba ni hacía que mi mente se distrajera de ese pensamiento que rondaba por cada parte de mi cabeza: Levi...

Era demasiado irritante tener que soportar el insomnio por culpa de ese maldito enano odioso y amargado, como si no fuera suficiente tener que soportar su presencia día con día y tener que fingir que todo estaba bien dentro mío. Definitivamente estaba en problemas, y lo único que podría ayudarme sería sacarlo todo, hablar con alguien y que me diera algún consejo o solamente que me ayudara a desahogarme, pero... Lo cierto era, que desde que me alejé de Armin y Eren la única persona a la que le he confiado mis cosas era el mismo Levi, y no podía llegar a decirle ''oye, ¡me gustas!''... sería demasiado trágico el rechazo. No me quedaba de otra más que mantenerme en silencio, ocultar mis sentimientos y cargar con ellos, aunque tampoco me agradaba la idea de sufrir por el insomnio; tenía que encontrar una forma de desahogarme sin la necesidad de que el mundo se enterara de cómo me sentía.

De pronto, como si una luz me iluminara, vi sobre el pequeño escritorio frente a mi cama mi diario, aquel pequeño cuaderno que tenía desde los 10, 11 años y que había dejado abandonado cuando comencé a cursar la preparatoria. Curiosamente lo había encontrado entre mis cosas un día que estaba aburrida y no tenía más que hacer que ordenar el apartamento; me puse a leerlo y me entretuve buen rato dándome cuenta de lo inocente que era. Fue entonces cuando la idea de escribir llegó a mi cabeza y, tomando un bolígrafo, escribí mi primera ''carta'' para Levi.

Querido amigo:

La verdad es que me sorprende que esté escribiendo esto, pero no encuentro otra forma de sacarte de mi cabeza y creo que ni siquiera esto funcionará. Como sea... quiero escribir aquí lo que verbalmente no podría decirte... y es lo siguiente: hace días que he estado pensando en porqué aparecerás tanto en mis sueños y en porqué eres tú el que me salva en cada situación de vida o muerte o, incluso... fui yo quien llegó a salvarte la vida en ocasiones... y la única respuesta que pude conseguir fue que eres alguien realmente importante para mí. Te quiero.

...

El sueño me llegó de golpe, como si descargar poco a poco el peso que llevo dentro me ayudara a relajarme. Dejando a un lado el bolígrafo, me regresé a mi cama y a los pocos minutos caí rendida.

6:50 a. m.

— ¡No puede ser! ¡Me quedé dormida!

Bien dicen, ''lo que mal comienza, termina peor'', pero yo no me iba a dejar influenciar por lo que dice la ley de Pudder. Me apresuré para arreglarme, recoger todo lo que encontré en el escritorio, meterlo en mi mochila y, finalmente, salir veloz como un rayo hacia la universidad. Cuando me estaba por fin acercando, vi cómo comenzaban a cerrar el portón, por lo que grité ''ESPEREN'' logrando que un señor que pasaba por ahí diera un brinquito del susto, pero estaba tan apurada que ni detenerme a disculparme pude.

Por fin llegué al campus, pero apenas. No dejé de correr, mi salón quedaba algo lejos de la entrada y ya me había pasado por 3 minutos, si llegaba después del profesor, toda esa carrera sería en vano. Tal vez debí bajar la velocidad, o tal vez debí fijarme en lo que tenía en frente mío, cualquiera de las dos opciones habría sido buena, haciendo alguna de esas acciones no habría chocado y caído al suelo provocando que mis cosas se salieran de la mochila. Adolorida y muerta de coraje, comencé a recoger las cosas, cuando una mano se acercó a mí.

— Perdón Mikasa, no debí pararme a mitad del pasillo...

Conocía esa voz, aunque tenía tiempo sin escucharla. Giré mi rostro siguiendo el sonido que emanaba de los labios de aquel joven de ojos esmeralda.

—Oh... descuida, Eren, más bien debo ser yo quien se disculpe...

Tomé su mano algo sonrojada y una vez me ayudó a levantarme, recogió el resto de mis cosas y me las puso en la mano.

—No hay problema, ya es algo tarde. Creo que deberías seguir, o no alcanzarás a ganarle a tu profesor.

El chico dirigía sus ojos por sobre mi hombro y, para ver qué era lo que el castaño observaba con atención, giré mi rostro y pude ver a mi profesor caminando rápidamente hacia nosotros con la mirada fija en unos papeles.

Demonios... debo apresurarme.

Me despedí de Eren y retomé mi camino hacia el aula, donde ya todos mis compañeros se encontraban. Al ver cómo abría la puerta muchos se sentaron en sus lugares como si esperaran que se tratara del profesor, pero al ver que era yo, regresaron al desorden en el que se encontraban.

Sin hacerles mucho caso, me encaminé a mi lugar me dispuse a acomodar nuevamente mis cosas en la mochila, cuando me encontré con mi pequeño diario.

—Oh... así que te traje conmigo...

Lo miré por unos segundos y, viendo que el profesor no llegaba aún porque seguramente había ido a firmar a la coordinación de la carrera, me decidí a escribir de nuevo, ahora hablando sobre mis sueños. En realidad, eso fue lo que hice el resto de la clase. A mitad de la explicación del profesor, Jean se acercó a mí y me preguntó por el diario, a lo que respondí que no era de su incumbencia. Creí que con eso acabaría el martirio, pero otra chica, Annie, se acercó curiosa a nosotros al escuchar la conversación.

—Oh, Ackerman, ¿es acaso eso un diario?

—Ya he dicho... no es de su incumbencia, narizona.

— ¡¿Cómo me llamaste?!

—Oigan chicas, cálmense...

—¡TÚ CÁLLATE JEAN!

El grito que dimos las dos al unísono, fue suficiente para que un chico de cabello azabache y ojos azul naval entrara al aula y se acercara a nosotros.

— Mikasa, ¿qué demonios haces? Te he estado esperando en la puerta y no te dignas a salir.

—Oh, Levi... perdóname, me distraje un poco...

—Puedo notarlo, ¿qué es eso?

—¿E-Esto...?

—Es un diario, donde seguramente escribe cosas de amor para el chico que le gusta

¡Maldición! Sólo esto me faltaba...

No me llevaba con Annie, de hecho era la primera vez en el semestre que le dirigía la palabra, pero la chica por alguna razón quería evidenciarme ante Levi, justo lo peor que podía hacer en esos momentos.

—Ah, ya veo...

—Levi...

— Tsk, ¿vamos a irnos o te quedarás aquí?

— ...

Lanzándole la peor mirada asesina que pude a Annie, salí del aula detrás del enano. Tenía el diario abrazado a mi pecho, caminando cabizbaja y con mucha curiosidad sobre lo que pensaría Levi de lo que le dijo la chica, pero no podía simplemente preguntarle... ¿o sí?

—Um... oye, Levi...

—Entonces sí te gusta alguien

Frené en seco, totalmente frustrada por no poder responderle. Él, al verme detenerme, giró sobre sus talones y dio un paso hacia mí, lo que me hizo enrojecer las mejillas y, sin embargo, a pesar de los nervios, me mantuve en mi lugar.

—¿Qué? ¿No confías en mí? Pudiste decírmelo.

—Levi, no entiendes...

—Entiendo a la perfección que te hice una pregunte ayer y respondiste algo totalmente diferente a lo que me he enterado ahora, quiero que me digas la verdad.

— Levi... es que...

—Tsk.

El chico me dio la espalda y continuó su camino a paso veloz, dejándome a la mitad del pasillo, confundida y con un dolor en el pecho que no sabía describir.

Entonces, Levi, sólo te molesta que no te lo haya dicho... no el hecho de que exista el diario y escriba en él sobre el chico de mis sueños...

Un tanto decepcionada, seguí mi camino al lado contrario de donde él se dirigía, había perdido el apetito y además estar con él en esos momentos no sería muy agradable.

Lo siento, Levi...