CAPITULO 7

Draco Malfoy se volteó para ver desaparecer a Hermione por el orificio de la espantosa dama gorda, quien lo miraba como si se tratase de un mortífago o del mismísimo Señor Oscuro. Se encogió de hombros, poco le importaba la opinión de un estúpido retrato de una señora subida de peso. Se alejó caminando con la dignidad de un Malfoy, camino a su sala común.

Su cabeza parecía un torbellino, con todas las emociones que estaba procesando. Había tenido no solo una conversación civilizada con Granger, sino que también interesante. Cuanto más se acercaba a la castaña y mas la conocía se daba cuenta que era impredecible, tanto podría echarse a llorar, como contestar con un comentario despectivo e ignorar.

El podría dedicarse a estudiarla por horas, cada gesto, cada mirada, cada movimiento. El rostro de Hermione era como un libro abierto, esperando que alguien lo lea, era una ventana a sus emociones, las que quiere demostrar y las que no.

Lo que no podía explicar era esa súbita alegría que sentía ni tampoco sabía por qué tenía esa estúpida e imborrable sonrisa en el rostro.

Supuso que la energía positiva de Granger se le había contagiado, aunque últimamente no estaba muy bien anímicamente, gracias a la estúpida comadreja, la chica ya no tenía ese brillo en los ojos que lo hipnotizaba. Se deslizaba por el castillo como una sombra, cuando anteriormente lo hacía con gracilidad y energía. Llevándose las miradas de la mayoría de los alumnos del sexo opuesto, cosa de la que ella ni se percataba, generalmente por ir con la nariz metida en algún libro.

Una vez en su habitación, se quito el uniforme, dejándolo nuevamente tirado por cualquier parte. Tomó el pantalón de seda negro que usaba como pijama y se lo puso, para luego meterse en su cama y sentir la suavidad de sus costosas sábanas. Intentó por varios minutos poner la mente en blanco para poder dormirse, pero la imagen de Hermione no se borraba de su cabeza. Se encogió de hombros, no era una mala imagen, no lo desagradaba en lo absoluto. Por lo que se entregó a los brazos de Morfeo para soñar con ella, su enemiga.

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Si había algo que podría aliviar cualquier pena que sufriera Ronald Weasley, era la comida. Esa técnica había funcionado durante todos estos años, cuando algo no le gustaba o lo hacía sentir mal, se dirigía al comedor e ingería una inhumana cantidad de alimentos. El resultado era inmediato, si su estomago estaba lleno, el estaría feliz.

Sorpresivamente, comer como un jabalí no lo había ayudado en esta ocasión. La comida lo había defraudado. Ya que además de no tener apetito, lo que comía no lo hacía sentir mejor.

Su alma estaba vacía, eso era lo que pasaba. Desde que Hermione lo traicionó su alma se le fue al suelo, sería imposible levantarla. Salvo que encontrara alguna otra chica que le gustara.

-Hola, Ron.- la irritante voz de Lavender interrumpió su línea de pensamientos. Pero algo le impidió responder al saludo de su amiga, para quedarse mirándola con la boca abierta. Se veía estupendamente bien.- ¿sucede algo?- pregunto la rubia, sentándose frente a él.

-No, no es na…nada.- consiguió articular. "estúpido" se regaño mentalmente.

"¿Desde cuándo Lavender se ve tan bien?" se preguntó. "Tal vez yo estaba ciego, encandilado con Hermione". Una punzada de dolor atravesó su pecho al recordar a la castaña, a pesar de todo no podía dejar de amarla, ni de admirar su belleza e inteligencia. Estaba convencido de que pasaría el resto de su vida con ella, de que había encontrado a la mujer perfecta. Hermione había llenado todos los agujeros de su vacía existencia, había elevado su autoestima hasta límites impensables al aceptarlo como novio, lo había hecho sentir la persona más querida del planeta, la más afortunada. Pero todo eso se había evaporado, había desaparecido por completo. Era sorprendente como todo lo que uno amaba podía irse al demonio en tan solo unos minutos. Un día te levantas, sintiéndote el dueño del universo y ese mismo día te acuestas sintiéndote el más estúpido. Sintiéndote traicionado por la persona menos esperada. Eso, sin contar la humillación, era lo peor.

Volvió a centrar su atención en Lavender, quien masticaba lentamente con la mirada perdida en algún punto del transparente techo del comedor. Su cabello había crecido tanto que le llegaba a la cintura, de un rubio resplandeciente, completamente liso. Pero lo que más llamaba la atención de su rostro eran sus labios, eran los más apetecibles que había visto, sin contar los de Hermione, por supuesto. Ignoró el dolor que le produjo ese pensamiento y continuó observando a su compañera embelesado. Los azules ojos de Lavender eran luminosos y sensuales, rodeados de largas pestañas. Sus pupilas, negras estaban fijas en él. Se sonrojó al instante.

-¿Qué tanto miras, Ron?- preguntó la rubia.

-Te ves bien.- murmuró encogiéndose de hombros, sorprendiéndose con su respuesta. No se sentía nervioso con ella, ni sentía que estaba haciendo el ridículo. Misteriosamente, con Lavender se sentía cómodo.

-Gracias, Ron. Aunque no puedo decir lo mismo de ti… mira esas ojeras, parece que no has dormido en toda la noche ¿Te pasa algo malo? ¿O acaso estás enfermo? Yo creo que te pasa algo malo, de otra forma no estarías comiendo como un mamut, aunque, pensándolo bien, tú siempre comes como un mamut. Tal vez eso es lo que hizo que te enfermes, algo te cayó mal, tanta comida no es saludable para un organismo. Verdaderamente, no sé como haces para estar tan delgado, si yo comiera como tú, en vez de caminar andaría rodando por todo Hogwarts, seguramente el Quidditch te ayuda mucho ¿Vas a decirme que te pasa o tendré que adivinarlo?- Ron no pudo evitar sonreír ante el interminable monologo de Lavender, quien no lo había dejado contestar ninguna de sus preguntas.

-Si dejaras de hablar como un loro te contaría.- contesto, sonriente.

-Pues ya me he callado ¿Qué esperas?- Lavender enarcó una ceja y se cruzó de brazos.

-Hermione y yo terminamos.- murmuró.

-¡¿Qué?! ¿Cómo que han terminado? ¿Por qué? ¿Qué sucedió? Acaso…- Lavender tomo aire para iniciar una de sus hipótesis, pero Ron la interrumpió antes de que comenzara.

-Antes de que empieces a sacar tus propias conclusiones, te diré yo mismo que es lo que pasó.- cerró los ojos y colocó los dedos en sus sienes, para concentrarse. Luego los abrió y comenzó a relatarle lo sucedido a su amiga, quien abría cada vez más la boca a medida que el avanzaba con su relato.

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Hermione se levantó optimista. Al salir de su cama para mirar por la ventana había visto un deslumbrante sol que acariciaba con sus rayos las colinas que rodeaban el castillo. Le hubiera gustado que fuera sábado para poder disfrutar del día en los jardines. Pero lamentablemente debía asistir a clases. Se preguntó desde cuando no le agradaban las clases. Generalmente se levantaba extremadamente feliz los días de semana.

Decidió ignorar el asunto. Se duchó y se puso su uniforme, guardo sus libros en la mochila y luego de colgársela al hombro tomó los libros que no habían entrado en ella y que le gustaría llevar "por si acaso" y salió de la sala común.

Al atravesar el retrato se encontró con Harry, quien miraba en todas direcciones, aparentemente preocupado.

-Hola, Harry.- lo saludó

-¡Aquí estas!- exclamó su amigo, para luego abrazarla fuertemente, enterrando su cara en el cuello de Hermione.

-¿Harry? ¿Qué sucede?- preguntó Hermione, confundida.

-Estaba muy preocupado por ti, Hermione. Anoche te dije que te esperaría en la sala común y no apareciste. Te esperé durante horas y hasta muy tarde. Y esta mañana no estabas en la sala común, como siempre y me preocupe muchísimo. No quiero que te pase nada.- la apenada voz de Harry en su oído le rompía el corazón, ya que era su culpa que él estuviera así, ella se había olvidado de que su amigo la estaría esperando la noche anterior.- ¿Recuerdas cuando en segundo año, te dejé sola y terminaste petrificada? ¿Y cuando en primero casi te asesina un Trol? No quiero que este año sea una pesadilla, tal vez estoy paranoico, pero estaba seguro de que algo malo te había sucedido.

-Harry, lo siento, de verdad. Olvide por completo que ayer me estarías esperando. Yo simplemente me quedé leyendo un libro y no vine hacia aquí porque no quería encontrarme con Ron, estoy bien, no quería preocuparte.- Hermione rodeo el cuello de su mejor amigo con sus brazos y lo atrajo aun más hacia sí.

-No vuelvas a hacerlo, casi me vuelvo loco. Si no fuera porque Ginny me gritó que estarías leyendo por ahí habría tomado mi capa de invisibilidad y te hubiera buscado.

-Eso no era necesario, enserio, nada malo ocurrió ¿si? – tomo a Harry por los hombros y lo obligo a mirarlo a los ojos. Este asintió.- bien, ahora vamos a clases, o llegaremos tarde, tendremos que saltearnos el desayuno.

-Diablos.

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Al entrar al comedor, lo primero que hizo Draco Malfoy fue dirigir su gris mirada hacia la mesa de Gryffindor. Maldiciendo al no encontrar a la persona que buscaba allí. Había tenido un sueño tan extraño, pero a la vez magnifico. Se sentía distinto esa mañana, estaba optimista.

Había decidido, luego de soñar que besaba a Hermione durante toda la noche, que la conquistaría sea como sea, no le importaba lo que pensaban los demás desde hacía mucho tiempo, se dedicaría por completo a entrar en el corazón de esa mujer, cueste lo que cueste. Por eso se decepciono muchísimo al no encontrarla esa mañana desayunando, pero no bajaría los brazos, tenía todo el día para encontrarla y si era necesario, se subiría a su escoba e iría hasta la habitación de Hermione para verla.

Además de decepcionado, estaba preocupado, temía que Hermione se hubiera encontrado con la comadreja y que se sintiera tan mal como para no bajar a desayunar. Pero que no asistiera a clases sería imposible. Además, la comadreja estaba desayunando tranquilamente, conversando con una rubia, bastante estúpida, en su opinión.

Caminó hacia su mesa y se sentó junto a Pansy. Estaba de tan buen humor que incluso soportaría las estupideces de su amiga. Si, Pansy era su amiga. Era otra cosa que había descubierto recientemente. Era la única persona que a pesar del escudo que él había puesto a su alrededor, se preocupaba por él. Como mínimo se merecía que la tratara bien.

-Buenos días, Pansy.- la saludo.

-Hola, Draco.- la pelinegra se giró para plantarle un beso en la mejilla. Ante lo cual Draco se encogió de hombros, ella siempre había sido cariñosa con él.

El desayuno transcurrió en silencio. Cuando terminaron se encaminaron juntos a su primera clase, la de pociones, la cual afortunadamente compartían con los de Gryffindor.

Se encamino a las mazmorras junto con los demás alumnos de séptimo que se dirigían a la clase de pociones. Frente a él se acercaba caminando Hermione tomada de la mano de Potter, charlando muy alegremente. Intentó ignorar la oleada de celos que sintió en ese momento, pero no pudo. Cuando se trataba de Hermione le resultaba imposible mantener la máscara de indiferencia. Tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no lanzarse sobre el cararrajada y molerlo a golpes. Pero estando tan concentrado en esa actividad que no pudo controlar la contracción de los músculos de su cara en una mueca de disgusto, la cual fue advertida por Hermione que se preguntó qué le estaría sucediendo a Draco.

El rubio mantenía los puños y la mandíbula fuertemente cerrados. Sus labios formaban una perfecta línea recta. Y respiraba con dificultad. Se veía muy enfadado. "Me pregunto qué lo hizo enfadar tanto".

Hermione entró a la clase y tomo asiento junto a Harry, quien la miraba como si en cualquier momento fuera a desaparecer.

-Harry ¿quieres calmarte? Me pones nerviosa.- murmuro Hermione sin apenas mover los labios.

-Lo siento.

Harry se incorporo y fijo su vista en algún punto detrás del pizarrón en el que iban apareciendo las palabras que les indicaban los ingredientes para la poción que debían preparar ese día.

Hermione suspiró y tomo su pergamino de la mochila para copiar los ingredientes. Pero al girarse lo que vio le provocó una punzada de dolor en el pecho. Ron estaba sentado junto a Lavender, con quien se reía y mantenía miradas cómplices que luego disimulaban cuando Snape se giraba a buscar la procedencia de aquel bullicio.

No pudo evitar que sus ojos se llenaran de lagrimas, si pestañeaba aquellas caerían sin cesar por sus mejillas, haciendo que toda la clase se dé cuenta de su sufrimiento. Eso no era algo que le molestara, pero en esta clase se encontraba Ron y el no se merecía sus lagrimas, como había dicho Draco la noche anterior.

Tragó con dificultad, debido al nudo que sentía en su garganta y se volteo para fijar su mirada en el mismo punto que anteriormente lo había hecho Harry. En estos momentos no le importaba demasiado copiar los estúpidos ingredientes para la estúpida poción del estúpido de Snape.

Toda la escena había sido advertida por Draco, quien no le quitaba el ojo de encima a Hermione y que además de sentir extremadas ganas de golpear a Potter, sentía la misma necesidad de golpear a la comadreja.

La hora se hacía eterna para varios de los integrantes de esa clase, en especial para Hermione, quien sentía que no podría aguantar las ganas de llorar por mucho más tiempo y que necesitaba encerrarse en un baño inmediatamente. Se desharía de Harry sugiriéndole que tenía algo con "asuntos femeninos" para que el huyera despavorido y luego buscaría el baño más cercano, del cual no saldría en todo el día.

Se preguntó si Harry le creería el cuento de los asuntos femeninos, ya que en varias ocasiones le había preguntado si se encontraba bien. Hermione no supo si esto fue porque su amigo vio a Ron sentado unos bancos más atrás con Lavender o por la cara que tendría ella en estos momentos, haciendo esfuerzos inhumanos para que ninguna gota saliera de sus ojos almendrados.

Por su parte Draco planeaba interceptar a Hermione antes de que pudiera meterse en cualquier baño de niñas y la arrastraría a la fuerza si era necesario a algún lugar tranquilo donde pudieran estar solos y ella se sintiera bien. Desde su ubicación, a la izquierda del banco de la castaña, podía verla morderse el labio inferior con tanta fuerza que en cualquier momento sangraría y los ojos brillantes por las lágrimas contenidas.

Hacia aproximadamente veinte minutos que Draco la había visto tomar su pluma y comenzar a copiar, agujereando el pergamino en varias ocasiones, por la fuerza con que lo hacía.

Finalmente, el profesor dio por terminada la clase. Hermione y Draco guardaban sus cosas con velocidad, siendo observados con extrañeza por sus respectivos compañeros de banco.

Por el rabillo del ojo, la castaña vio alejarse a Ron junto con Lavender, tomados de la mano, como una maldita parejita feliz. Se preguntaba como Ron podía ser tan idiota como para refregarle que salía con Lavender por la cara, no cabía en su cerebro como era capaz de hacer una cosa así. No hacia ni una semana desde su rompimiento y ya se paseaba con otra por ahí como si nada. Maldito.

Terminó de guardar sus cosas y se volteó para mirar a Harry. Puso cara de incomodidad y dijo:

-Harry, tengo algunos asuntos femeninos que resolver, te veo en la próxima hora.

-¿asuntos femeninos?- Hermione casi pudo oír sonar la alarma en la cabeza de su amigo.- de acuerdo, cuídate, ya sabes cómo me pongo si no lo haces.

-Claro, Harry, nos vemos.

Hermione pensó si salir corriendo era muy mala idea y como la parte racional de su cerebro le indico que lo mejor era caminar normalmente, no le quedo otra alternativa que esperar a que sus lentas piernas la llevaran lejos de allí.

Buscó el primer baño de prefectos que se le vino a la mente y se dirigió allí, no se encontraba muy lejos.

Comenzó a caminar más rápido, necesitaba derrumbarse, las lágrimas amenazaban con salir ahora que el pasillo se encontraba desierto.

Cuando llego a su destino se propuso entrar al baño pero una fría mano en su muñeca se lo impidió.

-Malfoy.- murmuro Hermione luego de ver de quien se trataba.- ¿Qué haces aquí?

-¿Crees que dejaré que desperdicies tus lagrimas llorando en un baño por esa estúpida comadreja? – contestó Draco, alzando una ceja.

Hermione no supo qué responder. Estaba tan sorprendida. Draco se había dado cuenta de lo que le sucedía cuando ella apenas había advertido su presencia en clase. Se sentía tan agradecida, el gesto del rubio la emocionó tanto que nuevamente sus lágrimas amenazaron con caer libremente por su rostro.

-Ven aquí.- murmuró Draco para luego rodearla con sus fuertes brazos en un abrazo.

Hermione no pudo aguantar más y dejó que un par de lagrimas cayeran, pero no muchas, no quería convertirse en una llorona. Rodeó con sus brazos la cintura de Draco y aspiró su aroma, el que la hacía sentir tan bien. Últimamente el rubio había sido su cable a tierra, se encontraba allí para sostenerla cada vez que ella amenazaba con derrumbarse y perder la cabeza.

-Gracias.- susurro Hermione, contra la camisa de Draco.

-No hay de qué.- contesto este, apoyándose en la cabeza de Hermione.

Permanecieron así durante algunos minutos. Luego Draco tomo la mano de Hermione y comenzó a caminar.

-¿A dónde vamos?- preguntó Hermione.

-No lo sé.- contesto Draco encogiéndose de hombros.

Hermione lo miró extrañada, pero decidió seguirlo. Por más extraño que pareciera, no quería que Draco la dejara sola y se fuera, se sentía demasiado bien con él. Continuaron caminando por los pasillos de Hogwarts, tomados de la mano como dos viejos amigos, hablando de cualquier tipo de cosas, como las clases, sus amigos, las vacaciones e incluso sobre el Señor Tenebroso. Y así Hermione pudo recomponerse y olvidar el mal momento que Ron le había hecho pasar en la clase.