Capitulo VII


Mierda, no tengo tanta fuerza como me había pensado. La verdad es que creo que me he emocionado demasiado rápido. ¡Menudo bofetón me he dado contra el suelo! Nada, no vuelvo a intentarlo. Pero... jo... me apetece tanto dar un traguito... tengo la garganta encogida y reseca después de décadas (entre siglo y siglo suelo dar un traguito, pero soy buena, lo prometo, ellos no sufren) y me pica.

Bueno, voy a sentarme aquí, en el pasillo, sobre la todavía mullida aunque desgastada alfombra de terciopelo. Ella todavía calienta mi cuerpo. Es maja. Me hace bien. Creo que se va a convertir en mi nueva amiga, fíjate lo que te digo.

Ah... el primer paso será dar la luz, si es que no cortaron el suministro (¿seguiré ganando dinero y pagando facturas? ¡Será posible!) y luego me arrastraré entre recuerdo y recuerdo hasta la bodega. Sí, eso haré.

Bien, iba porque el médico quería cortarme la mano, ¿cierto? Y yo me quedé boquiabierta, ¿cómo iba a cortarme la mano? Me negué, me negué en rotundo.

"¡No! ¡Ni hablar!"

"Pero Sra. Lovett..."

"¡Ni lo sueñe!"

"¡Escuche de una vez, insensata! Si no se lo quitamos ahora se extenderá y habrá que amputarle el brazo."

"¡Jamás!"

"¡Podría morirse!"

"Señora, ¿por qué no hace caso? Sabemos que usted es muy determinada, pero..."

"¡Y tú cállate, furcia! ¿¡O dejarías que te arrancaran a esa criatura que te han puesto!" le grité histérica. Realmente no estaba en mi ser, eso lo veo ahora. Pero tampoco me arrepiento de no dejarles. Bueno, un poco.

La mujer me miró dolida y todos los demás estaban escandalizados, pues no sabían nada de esto. Es más, desconocían que Mary hubiera dejado su trabajo precisamente por eso, y que yo le había dado cobijo. Se fue.

"Eso es un no" les traduje ofuscada.

"No se obceque..."

"¿Quieren cortarme la mano? ¡Muy bien! Pero no dejaré que un sin luces como usted lo haga, señor. ¿Quieren quitarmela? ¡De acuerdo! ¡Busquen al Sr. Todd, a Sweeney Todd! ¡SÓLO dejaré que me la corte ÉL!"

Las luchas se extendieron durante horas, en las que yo solo lloraba y forcejeaba con ellos porque me dejaran en paz. Le echaba de menos y quería que volviera, y si tenían que cortarme la mano no dejaría que fuera otro que el mejor barbero del mundo, el cual, casualmente, era mi mejor amigo y estaba desaparecido.

Cuando pensé esto, sola en mi habitación, eché a temblar. Era una de las pocas posibilidades que no había considerado. ¿Y si se había muerto y algún depravado me había quitado su cuerpo? Aquella perspectiva me hizo llorar y gritar y sufrir, porque probablemente era lo que había pasado. Él había muerto, por mi culpa.

Pues bien, ahora moriría yo por su falta. No consentiría que me cortasen la mano.

Me tumbé de lado y traté de que no me escuchasen llorar.

A la mañana siguiente volvieron para tratar de convencerme, otra vez, y me hicieron saber que Mary se había ido. Tonta. Yo no lo había dicho con mala intención, sólo quería que me dejasen en paz. En fin, ¡allá ella!

Wilson también trató de convencerme. Él fue más agradable conmigo, me trajo flores y me hizo reír. Luego, cuando la tarde tornaba a su fin y el sol empezaba a esconderse detrás de los tejados, que por una vez fue agradable y cariñoso con las gentes de Londres, sacó el tema. Él quería lo mejor para mí, y sentí el sentimiento egoísta de tenerlo para mí y olvidarme del Sr. Todd. Pero no, no lo haría.

"Dejaré de gustarle..." me lamenté.

"Ni un ápice" me prometió. "Usted siempre me gustará, sea como sea, aunque esté mal decirlo" me hizo sonrojar.

"Es poco listo al insinuar eso" acabé lamentándome tímidamente.

"¡DÉJENME PASAR! ¡QUE ME DEJEN PASAR HE DICHO!" unas siniestras voces llegaron del pasillo.

"¿Qué ocurre?" se preguntó mi compañía al tiempo que se levantaba. Una figura reventó la puerta de mi habitación, y antes de que me diese cuenta estaba junto a mi cama. Sin palabras.

"¡S-Se...!"

"Sra. Lovett, ¿se encuentra bien?" preguntó preocupado. Negué con la cabeza ya que con la lengua no podía expresarme. "¿Qué le han hecho?"

"Q-Quieren amputarme la mano..." sollocé como una niña pequeña para que me mimara. Había estado tanto tiempo deseando que volviera que ahora me parecía completamente normal.

"¡QUÉ!" gritó horrorizado. "¡Fuera! ¡Todos! ¡FUERA DE LA CASA!" les echó a patadas. "¡NADIE VA A CORTARLE NADA A NADIE!"

"¿No ve que está infectada?" le echó en cara el médico. "¡Morirá sino lo hacemos pronto!"

"¡Eso lo decidiré yo, enfermero de pacotilla!"

"¡Cómo se atreve...!"

"¡LARGO DE AQUÍ!"

"¡Por supuesto que me voy! ¡Qué insulto tan gratuito! Jamás me había sentido tan ofendido."

"Bien" vino a mi, levantó la puerta y la cerró para que Tobías no pudiera tener parte en esto, y tampoco otra personita que yo todavía no había conocido.

"Sr. Todd... no me puedo creer que haya..."

"Ya habrá tiempo para emocionarse luego, querida, ahora debe tomarse una medicina."

"¿Medicina?"

"Sí, curará todos sus males, que por lo visto tiene muchos."

¿El dolor de corazón también? ¿Y la confusión?

"Sí, tome" me quedé un poco sorprendida. ¿Habría...? Sí, lo hizo, pero ni lo sospechaba. "Bébalo."

"¿Está seguro?"

"Totalmente, Sra. Lovett. ¿Alguna vez la he fallado?" empecé a contar con los dedos. "¡Tómelo!"

"Está bien, está bien..."

Miré el brebaje de la pequeña botellita, era denso y de color rojo oscuro, o negro tal vez... tenía mala pinta. Ahora mataría por un poco de él.

Bebí. Al principio sabía mal, era como óxido más sal, pero algo más oscuro y... demoníaco. Según iba tomando, un poco más y otro poco más, empezó a gustarme.

"¡Deme más!" pedí, casi llorando.

"No."

"¡Por qué! ¡Quiero más!"

"Sra. Lovett, es una adicta, no habrá más. Esa sustancia es altamente adictiva, y usted..."

"¿Yo QUÉ?"

"... usted es débil, querida."
"Yo no... yo no... yo quiero..."

"Shhh, shhhh... duérmase, tesoro."

Vino hacia mí suavemente y me besó la frente. Eso bastó para cerrarme los ojos y quitarme todos los males. Él sí que era adictivo, él sí que me curaba. Todo el éxtasis y la histeria del minuto anterior habían pasado, y suavemente, me dormí, como una niña pequeña.

Al día siguiente despertaría llena de energías. ¡Tantas como ya tengo! Ale, me voy a arrastrar un poco más, que me va a dar el fin del mundo aquí si sigo recordando a este ritmo tan lento. Sep. Whisky, ¡allá voyyyyy!

Ay.