ME ENCANTABA LA CASA DE BRUCE WAYNE. A los pocos días de estar encerrado en esa casa ya empecé a acostumbrarme a la buena vida, y, bueno, a hacerme más cómodo. ¿Por qué? ¡Pues muy fácil! Porque Brucey ya me permitía el contacto social, con, bueno, con su mayordomo. Había cosas bastante curiosas sobre Brucey, por ejemplo, generalmente siempre hacía lo que el viejo decía, sin excepción. Se obedecían mutuamente, y generalmente el que ponía pegas era el viejo servidor. JA! Lo que tiene uno que ver, ¿eh?

De todas maneras, se…notaba que la relación de Brucey con el viejo iba más allá de lo profesional. El viejo le reñía como si fuera un niño pequeño, y Bruce Wayne, atentos, Bruce Wayne se dejaba, se dejaba regañar. ¿Anhelo de la figura paterna, Bruce? Eso le hubieran dicho los loqueros de Arkham. El viejo, era, divertido. Divertido a más no poder, en serio. Nunca, jamás, se enfadaba, nunca soltaba su ira, por muy reprimida que la tubiera. Un perro bien enseñado, si señor. Y a causa de eso, yo tenía carta blanca, para, mmm…hacer lo que me viniera en gana. En cuanto a él respecta, claro está. No me direís que no es divertido meterte con una persona que no conoces de nada, mientras lo único que esta hace es mirarte indiscretamente, como si quisiera asesinarte, sacarte las tripas en el mismo momento, sin embargo sabiendo que jamás te pondría un dedo encima.

¡Anda, como Batsy!

La verdad es que me tenía un poco olvidado esos días, y mientras yo no hiciera nada, no vendría. Yo sabía, que, que eso tenía fácil solución, pero quería aprovechar un poco más tiempo la bondad de Brucey. Todo a su debido tiempo, eso es.

Pero ya me estoy tirando por las ramas…hablábamos del viejo. Tuve muchos episodios con el viejo, he aquí uno de los más…reveladores. Era por la mañana. Brucey se había ido donde quiera que fuese durante el día, a trabajar como Yuppie en alguna de sus empresas o a donar dineros a los lémures de Madagascar. El caso es que el viejo me trajo el desayuno a la cama. ¡Todo un caballero! Se movió un poco por la habitación una vez que hubo dejado la bandeja encima de la mesilla, buscando algún indicio de desorden. JA! Eso no se lo creía ni él, sólo me estaba observando, invisiblemente, en silencio, como siempre hacía él. Yo y mi capacidad de captar a las personas tan…rápido.

-¡Psss!¡Psss!

Nada.

-¡Psss!¡Psss!

Nada.

-¡Jeffrey!
-Por el amor de Dios, no todos los mayordomos nos llamamos Jreffrey -respondió, con una mirada acusativa.

Me felicité a mi mismo en ese instante, porque era la primera vez en más de una semana que conseguía sacarle una sola palabra a Jeffrey. Era taaaaan callado…

-Es que…nunca me dijiste tu nombre…Si no me lo dices, no podemos llevar nuestra relación a un nivel más…personal.
-Estás enfermo, señor.
-¡Eso me dicen! Yo, personalmente, no les creo, pero, cada uno tiene fe en lo que quiere, ¿mmm? Como tú, en tu señorito, Jeffrey. Apuesto lo que quieras a que si tedijera que te sacaras los ojos con el tenedor de la comida, lo harías sin rechistar, ¿eh?

El mayordomo por fin adoptó una expresión de enfado, para luego mutarla en una de neutralidad.

-En eso precisamente consiste mi fe en el señor Wayne, en que sé que jamás me pediría una cosa así. Ni a mi, ni a nadie. Al contrario que tú, señor, ya que estoy seguro de que disfrutaría como un niño viendo un espéctaculo así.
-Mmm, pero que bien me conoces, Jeffrey.
-Alfred, señor.
-Claro, por supuesto. Tómatelo como un cumplido, pero no tengo nada que discutir contigo…sabes, todo lo que sale por tu boca la mayoría del tiempo son verdades como casas.
-Esa es mi intención -respondió Jeffrey, que se encontraba en medio de la habitación, incómodamente, mirando nerviosamente a todos los lados, para ver si se me ocurría hacer algún movimiento en falso.
-En eso…en eso creo que nos parecemos…– entonces el mayordomo me miró fijamente.
-¿Y que le puede hacer pensar que usted y yo tenemos algo, la mínima cosa en común, señor?
-A estas alturas de la película, deberías saber, Jeffrey, que la verdad no existe…simplemente hay aproximaciones, ya ves tú. Ambos nos aproximamos a la verdad, Jeffrey, cada uno, bueno…a nuestra manera. Como Batman, ¿habrás oído hablar de él, verdad? –dije con una sonrisa de oreja a oreja –si, estoy seguro, por tu reacción, de que has oído hablar de él…la verdad, la verdad tiene dos caras. Yo pertenezco a una de ellas. Tú, junto con la gran basura social de a pie, pertenece a la otra.

El mayordomo permaneció en silencio durante casi un minuto. ¡Un minuto, mirándome! Justo cuando empezaba a ponerme rojo…

-¿Y en qué lado sitúa eso a Batman?
-Oh…¡Así que te interesa el tema! Pues verás, querido Jeffrey, esa es la gran paradoja…Batman está en la misma cara de la moneda en la que estoy yo.

Otro graaaaaan silencio.

-¿Qué te hace pensar eso?
-Pues…que ambos hacemos las cosas a nuestra manera, a nuestro modo. En el margen de lo que vosotros los patéticos transehúntes llamáis, ley. Que por cierto no sirve para una mierda, pero, ¿quién soy yo para juzgar? Él y yo no somos diferentes, para nada. Desde luego que no lo somos…Tan…contrarios, pero tan…iguales…

Debí de quedarme fijo en el horizonte durante un buen rato, porque cuando volví en mi, Jeffrey se había ido ya.
Un tío interesante, el mayordomo. A partir de ese día se dignaba a dirigirme alguna que otra palabra, a mirarme de vez en cuando, e incluso a dirigirme miradas despectivas cuando rompía algo (cosa que me gustaba mucho) o cuando le llamaba Jeffrey (que también me gustaba, ¿por qué no?) Ya contaré alguna más de las conversaciones que mantuve con él, tengo todo el tiempo del mundo…

Pasaron muchas cosas en esa mansión a lo largo del tiempo que estuve allí, demasiadas cosas. Tantas que…bueno, no sé si podría contarlas todas, pero haré un breve resumen, ¿vale? Bien, bien.

Empezaremos por mi relación con Brucey. Vereis, yo no puedo estar demasiado tiempo encerrado en una habitación, porque me atrofio. Me atrofio, y luego es demasiado dificil levantarme. Así que me busqué las…vueltas para salir. Por supuesto que no salí al pasillo, habría que ser un inepto para no saber que habría cámaras de seguridad en frente de mi habitación, o puede que incluso una alarma de proximidad (ya sabeis como son estos ricos, lo tienen todo). Así que procedí a colarme en la habitación de Brucey.

Esa fue la primera discusión que tuve con Bruce Wayne. Porque cuando me colé, hay, pobre idiota de mí, Brucey estaba sentado en la cama leyendo un libro. Bueno, no leyendo exactamente, más bien me estaba mirando, mirando fijamente, como si me hubiera estado esperando, como si hubiera estado mirando la puerta bastante más tiempo antes de que yo la atravesara. Uy, uy, uy Brucey, ¿quién es el maniaco ahora?

-Deposito mi confianza en ti, ¿y así eso como me lo agradeces, Joker? Tampoco me esperaba una cosa diferente, pero, ¿tan pronto? ¿en serio? Creía que podía esperar más de ti.
-Oooooh…¿te has enfadado? Que tierno…
-¡No me tomes el pelo! –dijo, muy agresivo él, empujándome contra la puerta. Quedé acorralado entre sus dos brazos, cons sus ojos clavandome cuchillas incluso más alfiladas de las que las suelo llevar yo en la chaqueta –no tiene ninguna gracia, Joker.

Su voz sonó grave, ronca. Me, me derretí, me derretí, para qué mentir. Me recordó taaaanto a Batsy…sin embargo, yo no iba a ceder ante un yuppie pijo, un niño de…de burbuja, como los soía llamar yo.

-Verás, Brucey, porque a mí, a mi si que me parece gracioso…¿quieres saber por qué? Te lo diré. Llevo aquí ya, ¿cuánto, dos semanas? No finjas que no lo sabes, porque, sé que cuentas hasta el último segundo que permanezco encerrado en esa habitación. Sé que hay cámaras por todos lados, Brucey, pero yo, yo te lo tolero, porque me caes así de bien. Sé que no tengo libre albedrío, pero, bueno, me das una buena vida, así que, ¿para qué me voy a quejar? Pero Brucey, ¡yo tengo que SALIR!–dije, agarrándole fuerte de las solapas del pijama–tengo que tener las manos ocupadas en algo, y la mente. Si no me dejas, Brucey, volaré de aquí como un pajarito. Sé que una vez me escape, tarde o temprano iré de vuelta a Arkham, peeeeero…habrá llovido mucho por ese entonces, ¿no crees, Brucey? Podría escaparme de aquí, salir del país, empezar una nueva vida…–dije, empujándole ligeramente hacia el colchón a medida que le distraía hablando –sin embargo, no lo haré…porque, necesito…necesito esta ciudad, Brucey, necesito todo lo que representa tanto como tu necesitas a tu querido mayordomo…–por ese entonces Brucey ya estaba con la parte de atrás de las piernas pegadas a la cama…¿no soy encantador?–así que, no pierdes nada por dejar que me mueva un poco por tu…"humilde morada"–mientras pronunciaba esas dos últimas palabras empujé a Brucey contra el colchón. Un hombre fuerte, Bruce Wayne –así que, Brucey, ya sabes…–dije, echandome encima y apresándole contra el colchón. Vaya cambio de papeles, ¿eh?

Brucey pareció sorprendido, como si hubiera salido de un trance y se estubiera dando cuenta en ese mismo momento de que le tenía preso, a él, que era más alto, y más corpulento.

–ya sabes, o sacas a pasear al perro –dije, susurrándole al oído–o el perro, te morderá.
Retiré un poco la cabeza, para observar la expresión de Brucey. No, no era pánico, como yo me había esperado. Tampoco era amenaza, ni enfado. Simplemente, una seriedad neutral, que me hizo gracia en ese momento. Recuerdo…creo que me reí. Brucey olía a colonia cara y a champú de menta, el mismo que yo usaba en esta casa (porque me obligaban a lavarme, no por otra cosa)

Su cara estaba limpia, sin ninguna imperfección. Tan poco amenazador, tan humano…me pregunté si ése era mi aspecto en aquel momento, sin el maquillaje, sin el colorante, me pregunté, si eran mis cicatrices el único indicio de quién soy en realidad, de…lo diferente que soy de los demás (y a mucha honra) Tal vez sin ellas podría pasar por un patético ser como Bruce Wayne. Bueno, puede que Brucey no me pareciera tan patético, me caía bien, pero, al fin y al cabo, era uno más.

Me pregunté si Batman también sería así sin la máscara. Me pregunté si también llevaría colonia de Hugo Boss, y trajes de Armani. Por un impulso, deslicé una de las manos (que me apestaba a jabón de vainilla), que estaba apoyada sobre la garganta de Brucey , sobre toda la superficie de su mejilla, de su pómulo, hasta colocársela sobre la frente, tapándole los ojos. Sentí como sus ojos se cerraban bajo la palma de mi mano, y observé la parte inferior de su cara, lo que quedaba visible bajo mi mano.

Y tuve una revelación.


¿Qué tal vais? ¿Os sigue gustando? Espero terminarla antes de empezar el instituto, porque no quiero dejarla a medias... dejar algún review, que es gratis y me hace feliz... ¿Y a quién no le gusta estar feliz? =)