Hola a mis queridos lectores!
¿Cómo se encuentran? Espero que bien, yo tuve una semana muy pesada, así que una disculpa por no actualizar antes. ¿Leyeron el Edward POV? Bueno, para las que no saben de lo que hablo, vayan a mi perfil y busquen mi otra historia, son algunos outtakes de esta historia.
Hoy me enteré de una gran autora que se retira de FanFiction, ¿la razón? bueno, ella dice que antes sus lectores la animaban a seguir escribiendo, la alentaban a continuar, sus historias conseguían muchos reviews, y ahora, consigue muy pocos reviews, cosa que la desanima. Nosotras como autoras, podemos ver cuántas vistas ha tenido la historia y un capítulo, (sí, nos damos cuenta de que nos leen y no nos dejan sus comentarios), y ella se ha dado cuenta de que tiene muchas vistas a sus historias pero muy pocos reviews. Siente que sus lectores ya no la apoyan, así que se retira de FF.
Esto es algo muy triste, muchas autoras se retiran por ésta razón. De verdad es un poco desalentador ver cuántas vistas tiene nuestra historia y luego darte cuenta de que (hablando por mí), solo hay uno o dos review. Creo que sí lastima un poco que nosotras nos tomemos nuestro tiempo para escribir y ustedes no pueden tomarse tres minutos para dejarnos saber qué les parecen las cosas que escribimos. No es que yo les exija un review, pero de verdad, no tienen idea de la euforia que se siente cuando ves que alguien te dedicó unos segundos de su vida para hacerte saber que le gusta lo que escribes.
Así que las/los invito a dejar un review en las historias que lean, sean terminadas o en curso. Tal vez no me hagan caso, pero me siento mejor pensando que hice que por lo menos una persona tomara en cuenta mis palabras.
Pero bueno, ahora pasemos a la razón por la cual están aquí.
¿Les gustó el capítulo pasado? ¿tienen dudas? ¿qué personaje les gusta más? ¿hay algo que quieran? Déjenmelo saber junto con sus comentarios, si les gustó o no o qué puedo mejorar.
¡Saludos!
Capítulo 6
In The Night
Desayuno. La comida más importante del día. Muy raras veces Bella lo dejaba pasar, casi nunca. A Bella le encanta cocinar, aunque más bien aprendió por necesidad, cuando sus padres faltaron, la tía Sue no cocinaba una gran variedad de cosas, pero juntas fueron aprendiendo. Leah era pequeña en ese entonces, y Seth aún no había nacido, así que no había tantas bocas que alimentar, aunque Bella debía admitir que se había cansado de comer casi lo mismo todas las semanas. No hacían ni dos meses de la muerte de Charlie y Renée y aún no encontraban su ritmo, aún se estaban acostumbrando.
Se encontraban desayunando un día, Leah acabada de terminar su papilla y se encontraba jugando en un tapete en el suelo, cuando la tía Sue había exclamado:
–No puedo más Bella, estoy cansada de comer lo mismo, y si yo lo estoy, tú también debes estarlo. Sé que no soy buena cocinera, y no se hacer muchas cosas, hasta el día de hoy hemos sobrevivido, pero no puedo seguir viviendo de hot cakes y sopa por siempre. Hoy remediaremos esto.
Y esa misma tarde se encontraron las tres mujeres en la librería, en el área de libros de comida, examinando los libros cuidadosamente.
–¿Qué tal este? –había señalado Bella con cuidado ya que tenía agarrada de la mano a Leah para que no huyera. Se encontraba en la temible edad en que corría por todos lados queriendo agarrar todo –Dice "Comidas en 30 Minutos".
Los tres libros que llevaban eran de comidas fáciles de hacer, y es que tampoco esperaban que fueran a hacerse chefs de un minuto al siguiente, así que pensaban tomárselo con calma. Tal vez una vez que hubieran aprendido lo suficiente, pudieran probar algo más avanzado, pero por ahora, Rachel Ray sonaba bien.
–¿30 minutos? Definitivamente tenemos que llevarlo –había dicho Sue.
En quince minutos habían llegado a la caja para pagar los cinco libros que llevaban, y en otros diez se encontraban en el supermercado con uno de los libros abiertos en el carrito, escogiendo de los estantes los ingredientes que necesitarían para las recetas que habían escogido para la semana.
Y así fue como Bella había comenzado con su aprendizaje culinario, y debía admitir que en esos ocho años había aprendido bastantes buenas recetas. Resultó que ella y la tía Sue se habían interesado mucho en la cocina, por lo que cada vez que se sentaban a comer, había algo diferente en la mesa, y una vez se hubieron acabado todas las recetas de todos los libros, comenzaron a repetir sus favoritas.
Una vez Leah hubo crecido, había supuesto un nuevo reto para ellas: hacerla comer. Leah era muy testaruda, y mientras estaba sentada en su silla para niños, ponía sus pequeñas manos en su boca y decía la palabra "no" al tiempo que sacudía su cabeza, haciendo que sus dos coletas se balancearan.
–Vamos Leah, tienes que comer. Yo como, Bella come, mira ¡qué rico! –trataba de convencerla la tía Sue.
–Noooo.
–Si no comes no podrás ir a jugar.
–Noooo.
–No te dejaré irte hasta que comas.
–Noooo.
–¡Leah!
–Noooo. ¡Quiedo galleta! –Había exclamado Leah.
–No puedes comer galletas hasta que hayas terminado tu comida.
–¡Noooo! ¡Galleta!
Bella se había bajado de su silla y se había acercado a la alacena, encontró la caja de galletas y vació su contenido en un contenedor para después esconderlo, llevándose con ella la caja vacía hacia la mesa.
–Leah, no hay galletas ¿lo ves? –le había enseñado Bella la caja a la niña, la cual se le quedó mirando fijamente.
–¿No galletas? –había dicho con su pequeña voz de bebé, y Sue y Bella miraron cómo se le llenaban los ojos de lágrimas.
–No galletas. Pero si comes, te llevaré por un gran helado, ¿de acuerdo? –dijo Bella.
–¿Helado? –dijo Leah mientras frotaba su manita contra sus ojos llorosos.
–Sí, helado. Pero solo si terminas tu comida.
–¡Helado! –aplaudió Leah.
–Comida Leah, tienes que comer.
–Comer ¡Am, am! –dijo Leah mientras seguía aplaudiendo.
Y Leah comió.
A partir de ese día se las tuvieron que ingeniar de algún modo para que la niña comiera, desde pintar sus waffles color rosa hasta vestirse de princesas y pretender que tomaban el té. Sí, en esa casa nunca vivió el aburrimiento.
Pero el día de hoy, Bella se encontraba con la mente en blanco. No sabía qué hacer de desayunar. Normalmente se despertaba con antojo de algo, y mientras iba al baño y se lavaba la cara, ya iba pensando lo que prepararía y qué jugo haría.
Pero hoy no tenía idea de qué hacer de desayunar. ¿Waffles? No, eso hizo el jueves. ¿Cereal? Muy aburrido ¿Huevos? Nah. ¿Sándwich? Eso cenó ayer.
Se dirigió al refrigerador para ver lo que tenía. De la vista nace el amor ¿no? A ver, fresas, tocino, queso, huevo, sopa, pollo, tomates… Hmm… Estaba pensando seriamente en volver a la cama y dormir otro poco para ver si así se le ocurría algo, pero luego escuchó su celular vibrar en la barra de la cocina. Lo tomó y contestó.
–¿Hola?
–¡Buenos días Bella! –saludó Alice.
Era sábado en la mañana, (bendito Dios), así que no tenía idea de qué querría Alice. Desde el lunes que habían ido a comer y Alice había comprado media tienda de Bath & Body, no habían vuelto a salir, tenían tarea que terminar y libros que leer para el resto de la semana, y que Bella recordara, no tenían ningún trabajo juntas pendiente.
–Hey Alice, ¿qué tal?
–¿Qué estás haciendo?
–Estoy viendo qué hago de desayunar, no tengo idea de qué hacer –dijo Bella mientras cerraba la puerta del refrigerador para dirigirse a la alacena –¿Por qué?
–¿No quieres venir a desayunar con Esme y conmigo?
Bella se quedó parada en media cocina.
–¿Con tu madre? –preguntó.
–Sí, con Esme y conmigo –volvió a decir Alice.
–¿A desayunar?
–Sí Bella, ¿no me escuchaste? Desayuno. Tú. Esme. Yo. Ahora.
–Pero no la conozco –¿Por qué querría Alice que conociera a su madre?
–Pues para eso exactamente tontita, para que se conozcan. Sucederá tarde o temprano, así que, ¿qué dices?
–Sí, seguro, ¿por qué no? –dijo Bella al cabo de unos momentos. No tenía nada que hacer hoy, y qué mejor para resolver el problema del desayuno que salir a desayunar.
–¡Genial! –gritó Alice –Nos vemos en media hora en el Café Fonte ¿de acuerdo?
–Mejor en cuarenta, no estoy vestida –pidió Bella mientras volteaba a ver su pantalón de pijama azul marino con lunares blancos.
–De acuerdo. En cuarenta minutos. Café Fonte.
–Ahí nos vemos –dijo Bella para después colgar.
Bella se paró ante su armario sin saber qué ponerse, un pantalón de mezclilla claro, pero ¿cuál blusa? No es como si tuviera mucho de dónde escoger tampoco. Después de estar cinco minutos sin saber qué elegir, se volteó para dirigirse al baño a arreglarse un poco. Se cepilló el cabello, se puso corrector en las ojeras y se planchó un mechón de cabello rebelde a un lado de su sien que se negaba a cooperar. Cuando estuvo lista volvió al armario.
–Bella, ¿qué te sucede? Es solo la madre de Alice, por lo que sabes de ella no es una mala persona, no hay nada que temer –se dijo a sí misma mientras arrancaba una blusa cualquiera de su gancho. De todos modos, no es como si fuera a conocer a su futura suegra ¿verdad?
Bajó las escaleras, tomó sus llaves (que después de buscar las encontró en la cocina. ¿Quién las puso ahí?), y salió de casa.
El Café Fonte era el favorito de Bella, fue suerte que Alice le dijera que se encontraran ahí. A Bella le encantaban todos los cafés de ahí, e iba cada que podía. La última vez que había ido fue el fin de semana pasado, y podía decir que ya extrañaba su latte Rosa del Desierto. ¿Qué les parece? Su apetito había regresado. Bien, lo necesitaría para el encuentro con Alice y Esme.
A Bella le costó trabajo encontrar un lugar para aparcar, era fin de semana y normalmente el lugar estaba lleno en el horario de desayuno, así que cuando Bella finalmente se bajó de su camioneta y vio que faltaban dos minutos para la hora acordada, corrió para alcanzar a llegar. Sabía por experiencia que debía de haber una larga fila de espera para entrar al local, y debían de estarla esperando, así que cuando llegó y buscó con la mirada entre las personas en la fila, se sorprendió cuando no encontró a Alice.
¿Había llegado tarde? Miró nuevamente su celular para revisar. No, exactamente la hora acordada. Mientras buscaba el número de Alice para llamarle, escuchó que la llamaban.
–¡Bella!
Miró a su alrededor pero no vio a nadie, hasta que se dio cuenta de un Mercedes aparcado justo en frente del local. Un Mercedes negro tan nuevo y brillante que la luz del sol reflejada en el capó la cegó momentáneamente. Iba a desviar la mirada, cuando se dio cuenta de que la persona que la llamaba se bajaba del auto.
–Alice.
–Estábamos esperando a que llegaras para entrar.
–Lo siento, no encontraba un lugar dónde aparcar.
–No te disculpes, ya estás aquí –y mientras hablaban, una hermosa mujer se situó al lado de Alice –. Bella, te presento a Esme, mi madre.
–Bella, encantada de conocerte. Esme Cullen –se presentó –. Me han hablado mucho de ti –y en lugar de tomar la mano que Bella ofrecía, Esme se acercó y le dio un abrazo.
–Mucho gusto señora. ¿"Han hablado"? Espero que Emmett dijera cosas buenas –dijo Bella una vez la hubo soltado.
–¿Emmett? –Esme buscó con la mirada a Alice, para que después de que ésta le sonriera, Esme volteara de nuevo con Bella –Claro, Emmett. Sí, mi hijo es un poco hablador ¿no es así? Pero vamos, vengan, vamos a desayunar. Muero de hambre.
Y antes de que Bella dijera otra cosa, Esme entrelazó su brazo con el de Bella por un lado, y por el otro tomó a Alice, encaminándose al restaurante sin ir a hacer fila y dirigiéndose directamente con la encargada.
–¿No deberíamos…? –comenzó a decir Bella señalando la fila.
–No te preocupes Bella –le dijo Alice.
–Mesa para tres, por favor. A nombre de Cullen –dijo Esme con una amable sonrisa.
–¡Señora Cullen! Pase por favor. Tenemos lista su mesa –la encargada obviamente sabía quién era Esme, a juzgar por la sonrisa en su cara y el gran trato –¿Gusta alguna bebida para comenzar?
–¿Bella? –dijo Esme una vez se hubieron acomodado. Era una mesa donde obviamente cabían más de tres personas, y las otras mesas se encontraban alejadas de donde se sentaban, dándoles cierto aire de privacidad.
–Un jugo de naranja, por favor.
–Nosotras tomaremos jugo de arándano, por favor –dijo Alice.
–¿Nos pueden traer fruta también, si es tan amable? –dijo Esme.
–Claro que sí señora, en seguida. Cualquier cosa que necesiten estamos a sus órdenes –y la encargada se fue.
–Así que, Bella, gracias por ser amiga de mis hijos, normalmente no suelen socializar mucho, son un poco… reservados.
Hasta ese momento Bella no había prestado mucha atención a Esme Cullen, claro, había notado lo hermosa que era (tenía que ser), pero no fue hasta ese momento que en realidad la miró.
Esme no era tan grande como Bella se la imaginaba, estaría a mediados de los veinte, claramente podría hacerse pasar por una hermana más que una madre de sus hijos. Su cabello castaño acaramelado caía en ondas más allá de sus hombros, por lo que observó, era de cuerpo curvilíneo y delgado. En esencia, era hermosa, no se pudo imaginar nada diferente y mejor como madre de los Cullen.
–No, creo que más bien debería darle las gracias a ellos. Alice es la primera amiga que he tenido en mucho tiempo, y realmente no sé por qué razón está interesada en pasar tiempo conmigo.
–Por lo que me han contado, eres muy buena persona. Crié a mis hijos para saber diferenciar entre lo bueno y lo malo, y estoy segura de que no se equivocaron al creer que eres un ser humano que vale la pena tener como amiga.
–Bueno, no es como si me hubiera podido resistir mucho a Alice, creo que sabrá que nadie puede ganarle. Una vez me conoció, no me dio a elegir sobre ser su amiga o no.
–Sí, eso suena como mi Alice –Esme miró con una sonrisa a Alice.
–Aquí están sus menús, señora Cullen –una mesera se acercó a ellas y le dio a cada una un menú, y una señorita que venía detrás de ella les entregó sus bebidas, y detrás de ella, otra señorita venía con tres platos enormes con diferentes frutas cada uno. Ahora Bella sabía por qué la mesa era tan grande.
–Sírvete lo que quieras Bella –añadió Esme cuando vio que Bella solo observaba.
–Gracias.
Bella estaba buscaba algo con la mirada entre la diferente variedad de frutas, que se sorprendió cuando un cuenco fue puesto frente a ella.
–Aquí tiene señorita –dijo la mesera para después irse.
–Les dije que trajeran las mejores fresas que pudieran conseguir –le dijo Alice.
–No era necesario Alice.
–Tonterías. Pero aún así puedes comer de lo que gustes.
–Gracias.
–Isabella es tu nombre completo ¿verdad? Hermoso nombre –platicó Esme.
–Sí señora, pero prefiero Bella.
–Dime Esme cariño, me haces sentir vieja.
–De acuerdo, Esme.
–Dime Bella, ¿cómo escogieron tu nombre tus padres? ¿Eran italianos?
–No, creo que mi madre lo leyó en algún libro. Realmente no tiene un significado.
–De todas maneras es hermoso, el idioma italiano es hermoso.
–¿Usted habla italiano? –preguntó con interés Bella.
–Solo un poco, me doy a entender. Mi esposo es quien domina muchas lenguas, mis hijos también.
–No seas modesta mamá, hablas muy bien el italiano, y el español, y el francés –dijo Alice mientras comía un pedazo de sandía.
–Alice mencionó que es diseñadora de interiores. Eso es genial, mi tía lo es también. Debo decir que yo no tengo tan buen gusto para decoraciones.
–Es un trabajo hermoso. Me encanta la manera de poder transformar los lugares completamente. Puedes hacer lo que quieras con tan solo un pequeño espacio, hay tantas opciones. Tomo un trabajo aquí y allá de vez en cuando, pero prefiero pasar tiempo con mi esposo y mis hijos.
–Eso es genial.
En ese momento la mesera se les acercó y tomó su orden. La mayoría de la comida fluyó con una charla amena y tranquila, y Bella se encontró con que Esme Cullen le agradaba, era más como si estuviera en compañía de una amiga que de la madre de Alice. Se imaginó cómo sería vivir con una madre como Esme, tan joven, hermosa, inteligente y divertida. A lo largo del desayuno Bella aprendió muchas cosas de Esme, como que en sus años de universidad había viajado por Europa, recorriendo ciudades y pueblos para buscar ideas para sus diseños. Supo que Esme y Carlisle se conocieron en un hospital donde Carlisle trabajaba en ese entonces, y tiempo después se volvieron a encontrar para no mucho tiempo después casarse. Supo que Esme adoraba infinitamente a su esposo y a sus hijos, aunque no se atrevió a preguntarle por qué nunca habían tenido un hijo propio y en cambio habían adoptado.
Para cuando terminaron y hubieron pagado la cuenta (Esme. Aunque Bella trató de pagar su parte, fallando nuevamente), Bella se había pasado una buena mañana y sintió que había hecho una nueva amiga. Se dirigieron fuera del restaurant y pararon frente al Mercedes negro de Esme.
–Bella, fue un tremendo placer conocerte. Espero verte de nuevo pronto, ven a la casa cuando quieras, eres bienvenida, mi esposo desea conocerte también –dijo Esme tomando las manos de Bella en las suyas.
–Muchas gracias Esme, ojalá nos veamos pronto.
–La verás pronto. Estoy planeando una noche de chicas próximamente –dijo Alice.
–Muy bien. Entonces, esperaré. Cuídate Bella.
–Adiós Esme –y Bella la observó meterse al auto. Pero Alice aún estaba parada allí. Bella la miró y Alice se puso frente a ella, al parecer tenía algo que decirle.
–Bella, te tengo una propuesta –comenzó Alice.
–¿Cuál propuesta? –preguntó Bella precavida. Viniendo de Alice, una propuesta podría desde ir de compras hasta ir a Paris. Y sí, de compras también.
–Mis hermanos y yo pensábamos salir esta noche y…
–Oh no Alice. No pienso ir –negó Bella.
–¡Vamos Bella! ¡Me lo debes por el otro fin de semana! No es como si te estuviera invitando a ir a emborracharte. Solo iremos a tomar unos pocos tragos y bailaremos.
–Yo no bailo Alice.
–Bella, iremos todos. Jasper, Emmett, Rosalie… Quiero que conozcas a mis hermanos.
–¿Irá tu hermano misterioso del que no me quieres hablar? –preguntó Bella.
–¡Sí! ¡Por eso tienes que ir! Te divertirás, te lo prometo. En cualquier momento en el que te quieras ir, te llevaremos a tu casa. ¿Por favor?
–No, Alice. De todas formas, no tengo nada que sea remotamente un atuendo para salir de noche.
–¿Esa es tu excusa? –preguntó Alice con una mirada sospechosa.
Bella no conocía tanto a Alice como para saber todas sus expresiones faciales, pero sabía lo suficiente como para saber cuándo tenía algo planeado. Y en ese momento, Bella supo que cualquiera fuera la excusa que pusiera, Alice tendría una respuesta para ello. Lo que Bella no sabía era si debía estar atemorizada por ello.
–Ni zapatos –añadió rápidamente –. Tampoco tengo zapatos.
–¿Me estás diciendo que si tuvieras un vestido y zapatos irías con nosotros?
–Eh… ¿Sí? –en ese punto ya no sabía qué contestar.
–¿Es que aún no me conoces Bella? –preguntó Alice mientras iba hacia la cajuela del auto y sacaba una gran y larga bolsa negra con algún nombre de diseñador estampado en el frente y una caja que se veía sospechosamente como una de zapatos, igualmente negra, las cuales le ofreció.
–¿Y eso Alice?
–Es un vestido y zapatos. ¡Duh! Ahora podrás salir con nosotros.
–Debí saberlo –dijo Bella mientras pasaba sus manos por su cara.
–Son de tu talla, y estoy completamente segura de que se verán genial en ti.
Bella solo atinó a mirarla. ¿En qué se había metido haciéndose amiga de Alice? Esto no estaba bien. La gente normal no andaba por ahí regalando vestidos y zapatos que costaban quién sabe cuánto a sus amigos, y sobre todo no a alguien a quien conocían de tan poco tiempo. ¿Es que los Cullen tenían tanto dinero como para andar gastándolo en ella? ¿No podían donarlo a asociaciones benéficas o algo así? ¿De verdad?
–Está bien. De acuerdo –dijo, a lo que Alice respondió chillando y saltando.
–Muy bien, toma –le extendió las cosas –. ¿Qué te parece si te recogemos a las nueve y media? ¿O quieres que llegue antes para ayudar a arreglarte?
–¡No! No, estoy bien. Yo sola me arreglaré –dijo rápido Bella. Quién sabe cómo la maquillaría Alice. No, mejor ella se las apañaba. Tal vez llamara a la tía Sue para pedirle algún consejo de maquillaje.
–De acuerdo. Nueve y media. Quiero que luzcas más linda que de costumbre, ¿de acuerdo? –dijo Alice señalándola con un dedo.
–De acuerdo Alice. Nueve y media, pero me puedo ir al momento en que yo decida ¿verdad?
–Totalmente. Pero créeme, no querrás –le dijo con un guiño antes de caminar hacia el Mercedes esperando –¡Nos vemos en la noche Bella!
–Nos vemos Alice –y se despidió con la mano del Mercedes que aceleró por la calle.
Miró las cosas en sus manos antes de ponerse a caminar rumbo a su camioneta, y no pudo evitar pensar nuevamente ¿En qué se había metido?
–A–
Bella se encontraba parada frente al espejo en su baño, tratando de hacer que el delineador de un ojo quedara parejo con el otro. Ese siempre fue un problema, comenzaba sumergiendo la brocha en un poco de agua, lo escurría un poco, lo sumergía en el delineador en gel, quitaba el exceso y lo llevaba a su párpado superior tratando de que el ala quedara a la misma altura que la otra. Todo iba bien, bien… solo un poco más y… ¡Listo!
Bella sonrió a su reflejo en el espejo satisfecha. No se maquillaba seguido, en su rutina mañanera solo incluía un poco de corrector en sus ojeras que negaban a irse, pero sabía cómo maquillarse decentemente debía añadir. Era otra de las cosas que aprendió con la tía Sue, y desde que comenzó su enseñanza de maquillaje a los trece años, había ido mejorando hasta el punto de que ella misma maquillara a su tía, de vez en cuando, cuando se lo pedía. Pero su delineado siempre había sido un dolor de cabeza.
Ésta vez había optado por usar solo una ligera base de maquillaje y delineador. Y su cabello lo había ondulado un poco, en realidad lo único que intentó fue que no se viera esponjado o como si acabara de salir de la cama. No es como si fueran a una after party de los Oscars de todos modos.
Se roció un poco de fijador, se miró una última vez al espejo y se dirigió a su habitación, donde la bolsa y la caja de zapatos negra aún sin abrir se encontraban en su cama. Se sentó en su cama y lo primero que tomó fue la caja. La sostuvo en sus piernas sin saber qué esperar, ojalá no fueran unos tacones altísimos con los cuales no pudiera dar ni un paso. Suspiró y la abrió.
"Bueno, no están mal" pensó Bella. Volteó la tapa y se fijó nuevamente en el nombre que tenía impreso.
Christian Louboutin.
Solo por curiosidad, Bella buscó en la caja para buscar un ticket o algo que le diera alguna pista sobre el precio de aquellos zapatos. Nada. Aunque pensándolo bien, prefería no saberlo.
Los zapatos no eran nada complicado, eran unos zapatos de tacón (no tal altos, afortunadamente), azul oscuro, con suela color rojo. En realidad, le agradaron.
"Muy bien. Ahora el vestido"
Se acercó a la gran bolsa negra, la levantó y bajó el cierre lentamente. Una vez estuvo abajo, la bolsa negra cayó al suelo y el vestido se reveló.
Lo primero que pensó fue que estaba al revés, viéndolo por la espalda, pero luego se dio cuenta de que no era la espalda, era el escote del frente, y gritó.
–¡Alice!
Le dio vueltas una y otra vez, notando defectos cada vez que lo miraba nuevamente. ¿Es que Alice se había vuelto loca? Bueno, está bien, no. Ya lo estaba. Por más que lo miraba Bella no podía dejar de notar el gran escote del frente y lo corto que era.
¿Era una broma no? ¿Cómo podía siquiera Alice pensar que eso le quedaría? ¡Era tan corto!
No no no no.
No.
Estaba matando el vestido con la mirada cuando se dio cuenta de que su celular vibraba. Tomándolo y viendo el identificador de llamada, se dio cuenta de que era la tía Sue.
–¿Hola? –contestó.
–¿Cómo vas Bella?
–Tía, es horrible –se quejó Bella, sentándose en su cama.
–Apuesto a que no. Tu delineado ha mejorado –contestó tía Sue. Ojalá fuera su delineado el problema. Eso tenía arreglo. El vestido, claramente no.
–No hablo del delineado. Hablo del vestido.
–¿De qué hablas?
–Hablo de que es demasiado corto. Y demasiado escotado. Es… es… simplemente… no lo usaré –dijo decidida Bella.
–¿Qué? Debes estar exagerando seguramente Bella. Sueles hacerlo.
–No tía, no estoy exagerando, el escote casi llega a mi ombligo, y estoy segura de que mi trasero se podrá ver.
–Hmm. Envíame una foto, por alguna razón no te creo.
Suspirando, Bella tomó una foto del vestido y la mandó.
–Espera un segundo, deja la veo –aproximadamente dos segundos después pudo escuchar cómo tomaba aire la tía Sue – ¡Bella! ¡¿Estás bromeando verdad?!
–¡Te lo dije! ¡Es demasiado … –pero la tía Sue no la dejó terminar.
–¡Bella es hermoso! Esto debe ser alta costura, seguramente. ¿Qué marca es?
–Tía, no sé, y no me importa, no lo usaré.
–¡Estás loca! ¡Claro que lo usarás! Tú usándolo es lo más cerca que estaré de este tipo de vestidos. Seguramente es un Giambattista ¿no es así?
–No lo sé tía. Pero los zapatos… los zapatos son… –Bella buscó el nombre en la caja nuevamente ya que no recordaba el nombre –¿Christian Lou…
–¡Christian Louboutin! Dios mío Bella, debes de tener unos quinientos dólares en tus manos, por lo menos.
–¡¿Quinientos dólares?!
–Bella, es como caminar en el cielo.
–Pues no estoy tan segura. Al final de la noche sentiré como que camino en clavos, te lo aseguro.
–No importa Bella, son unos Louboutin. ¿Me los prestarás después verdad? –tía Sue sonaba de verdad emocionada.
De repente Bella escuchó el timbre sonar. Alice no debería estar aquí hasta dentro de media hora, ¿quién podría ser?
–Tía, ¿eres tú quien está tocando el timbre? –preguntó Bella saliendo de su habitación para asomarse por una ventana.
–No, pero me tendrás ahí mañana a primera hora para ver frente a frente ese hermoso vestido y los Louboutin.
–Tía, tengo que colgar, siguen insistiendo –dijo Bella mientras bajaba las escaleras.
–De acuerdo. Los niños y yo iremos mañana. Que te diviertas Bella. Cuídate. ¡Y mándame una foto tuya con el vestido y los zapatos!
–Está bien, los espero. Buenas noches, saluda a Leah y Seth por mí ¿sí? –dijo mientras abría la puerta.
–Te lo dije Rose –dijo Alice extendiendo la mano hacia la mujer que parecía sacada de una pasarela de Europa.
La gran rubia le pasó un billete a Alice antes de quedársele viendo a Bella fijamente.
–¿Qué haces aquí Alice? Aún falta media hora… –preguntó Bella quitando la mirada de la modelo de Victoria's Secret para ver a su pequeña amiga.
La cual no lucía para nada pequeña con las enormes botas de tacón que traía puestas.
–Supuse que te negarías a usar el vestido. Así que vine a meterte en él –dijo Alice mientras entraba a la casa con la modelo siguiéndola.
Cuando la rubia pasó al lado de Bella sintió su mirada aún en ella, y cuando levantó la vista (en serio, ¿cuánto medía? ¿Uno noventa?) quedó con su mirada sumergida en unos hermosos ojos dorados enmarcados por grandes y gruesas pestañas negras.
–Rosalie Hale –le dijo finalmente extendiendo su mano.
–Bella Swan –dijo Bella tomando su mano.
–Lo sé. Eres de lo único que se habla últimamente en casa. Es desesperante, en serio.
Bella abrió mucho los ojos ante las palabras de aquella mujer. Auch. ¿Acaso no se merecía ni el beneficio de la duda? Nunca la había visto, porque Bella estaba segura que recordaría un rostro tan perfecto como aquel de haberlo visto antes.
–Rose –la regañó Alice.
Donde Alice era pequeña y hermosa, Rosalie era alta y con una belleza arrebatadora digna de los ángeles. Alta como la modelo que seguramente era (porque luciendo así no podías ser otra cosa), Rosalie Hale tenía una cabellera rubia larga, la cual estaba peinada en perfectas ondas que caían por su hombro, estaba maquillada como si hubiera ido a un salón, con unos ojos ahumados que hacían que su mirada quemara. Y su cuerpo… Bella sintió la necesidad de cubrirse con una manta repentinamente a pesar de que no hacía frío dentro de la casa. Su cuerpo era curvilíneo, delgado pero sin perder todos los atributos que la hacían verse como Afrodita. Iba vestida para matar, o eso le parecía a Bella. Llevaba un vestido corto y ceñido al cuerpo rojo y negro, con diseños parecidos a los del vestido de Bella, con unos flecos largos que colgaban de las mangas de sus brazos. Era un vestido que si alguien más usaba, se vería ridículo. Pero en Rosalie, lucía como si lo hubieran hecho a su medida y pensando en ella. Y claro, sus zapatos negros tenían que tener una apariencia de femme fatale. Cómo no.
Bella apartó la mirada de tanta perfección solo para aterrizar en Alice.
Mirando a ambas, Bella se dio cuenta que ambos vestidos se parecían en algo al suyo. Debían ser del mismo diseñador o algo así.
Alice lucía un vestido con bordados rosa pálido que se difuminaba hasta llegar a ser blanco, con un poco de verde oscuro por aquí y allá, de mangas largas y de falda suelta, no ceñido como el de Rosalie y Bella, el cual completaba con sus botas altas hasta el muslo, las cuales no la hacían parecer para nada pequeña. Aunque Bella supuso que andando con alguien como Rosalie, cualquiera querría lucir alto.
–¿Podemos? –señaló Alice por las escaleras a su habitación.
–Claro.
Ambas se veían tan fuera de lugar en su pequeña casa mientras subían por la escalera con unos andares tan elegantes como si estuvieran en la semana de la moda en Milán.
–Muy bien Bella, ven acá –dijo Alice cuando agarró el vestido.
–No lo usaré Alice, es demasiado corto.
–Claro que lo usarás. Prometiste que irías –dijo Alice acercándose lentamente a ella.
–Eso fue antes de saber que querías que me visitera como prostituta Alice. No lo haré –dijo mientras daba pasos hacia atrás tratando de alejarse de su amiga.
Pero olvidó la presencia de Rosalie en la habitación, así que se sorprendió cuando chocó contra ella de espaldas.
–¿Tienes idea de lo que es ese vestido? –preguntó con voz incrédula Rosalie.
–Hum… ¿un vestido?
–Eres de las pocas mujeres en el mundo que puede presumir de tener un vestido de alta costura, ¿y lo llamas ropa de prostituta?
–Eh… –dijo Bella intimidada.
–Déjala Rose. No la asustes –dijo Alice –. Ven aquí Bella, te lo pones o te lo pongo.
–Pero…
–¿Te lo has probado siquiera?
–No pero…
–Te verás hermosa en él Bella, vamos, ven acá –y así Alice la tomó de la mano y la arrastró al baño.
–A–
"Esto no estaba bien. Para nada bien." Pesó Bella mientras se miraba en el espejo.
El vestido cubría solo lo suficiente. Bella tenía la impresión de que si daba mal un paso, un pecho se le saldría, o alguien podría tener un vistazo de su trasero. Pero bueno, andando con Alice y Rosalie, no creía que nadie la volteara a ver. Comenzaba a creer que esto era una mala idea, y luego recordó que aún no se ponía los zapatos, los cuales se encontraban en la habitación con Alice y Rosalie. Oh Dios.
Abrió la puerta del baño tan despacio que no la oyeron entrar a la habitación, y pudo escuchar su plática mientras Alice pasaba las manos por su vestido.
–Te ves bien. Te lo dije en casa, Esme lo dijo. ¿Puedes quedarte quieta? –le decía Rosalie.
–Pero el verde no es mi color. ¿Segura?
–Alice, si supieras que te ves aunque sea un poco menos que bien, no hubieras salido de casa.
–Son los zapatos. Nada puede salir mal con unos Louboutin –la manera en que pronunció la palabra fue tan elegante y le salió tan fluida como si la usara todos los días, aunque siendo Alice, probablemente usaba zapatos tenis de diseñador también.
Y luego la notaron parada en la habitación, a lo que siguió que Rosalie y Alice la miraran de arriba para abajo sin dejar pasar ningún detalle.
–Te ves hermosa, Bella. Te lo dije –le comentó Alice –. Solo faltan los zapatos, ¿a que son encantadores? –los sostuvo en alto.
–Sí, debo admitir que son lindos.
–Anda, póntelos –se los extendió.
Bella los tomó y se sostuvo en la cama mientras se los ponía. Hacía tiempo que no usaba unos zapatos de tacón, por lo que tuvo que quedarse parada unos segundos para acomodarse al cambio. Bueno, no eran tan incómodos, y mirando para abajo, se dio cuenta de que eran encantadores, como había dicho Alice.
–Guau Bella. Todos te voltearán a ver. Te ves muy guapa –dijo Alice mientras sonreía.
–Te ves bien –dijo Rosalie.
Sorprendida por el cumplido, Bella se sonrojó.
–Gracias.
–Bueno, es momento de irnos. No queremos llegar tarde. Estoy segura de que será una noche inolvidable –dijo Alice saltando.
Las tres bajaron por las escaleras, salieron y Bella cerró con llave su casa. Cuando dio vuelta para dirigirse al auto de Alice, se dio cuenta de que en lugar del Porsche se encontraba un auto rojo brillante.
–¿Y ese auto? –preguntó.
–Es mío –respondió Rosalie desactivando la alarma y subiéndose al lado del conductor.
Claro. Tenía que ser.
–Vamos Bella.
Trató de subirse con el máximo cuidado posible, no quería estropear los asientos de cuero. Estaba segura de que si había la más pequeña imperfección en el coche de Rosalie, encontraría un recibo con el precio a pagar clavado en la puerta de su casa a la mañana siguiente.
Rosalie manejaba como una loca, estaba segura que sería excelente si tuviera que huir de la policía, nunca jamás la alcanzarían. Serpenteaba entre los coches, y éstos le abrían camino. De seguro atemorizados de incluso respirar cerca de aquel coche y su conductora. Y aún a la velocidad a la que iban, Bella tuvo la impresión de que fue el viaje en coche más largo e incómodo de su vida. Cuando al final llegaron a una calle algo vacía, Bella se sorprendió de que no era una calle donde se viera que había algún lugar abierto, todos los locales se encontraban cerrados, y se sorprendió cuando Rosalie aparcó y salieron del coche, a lo que Bella se apresuró a bajar también antes de que Rosalie la dejara encerrada en el coche.
Bah. De seguro estaba exagerando. No podía pensar así de Rosalie, no hacía ni una hora que la conocía y ya le daba miedo estar cerca de ella, seguramente había malinterpretado su comportamiento y no era tan mala como Bella creía.
–Apresúrate. Llegaremos tarde por tu culpa –le dijo Rosalie con un tono frío.
Bueno, tal vez no estaba exagerando y Bella en serio no le agradaba.
Alice la esperó mientras Rosalie caminaba por la calle, y comenzaron a caminar juntas.
–No le hagas caso. Normalmente no es así. Está pasando por momentos difíciles, no tiene nada en tu contra –le dijo Alice.
–Pues parece que sí. No sé qué hice para que me trate así, ¿le hice algo y no me di cuenta? –preguntó en voz baja Bella.
–No, claro que no, es solo… Es Rosalie, no le hagas caso, verás que mejorará con el tiempo, en realidad es buena persona, una vez la llegas a conocer.
–¿Y cuándo será eso? Tengo la impresión de que no será una buena noche.
–Tonterías Bella. Te divertirás, vas a ver. Será diversión al estilo Cullen.
–Por cierto, ¿a dónde vamos? –preguntó cuando se dio cuenta de que Rosalie daba vuelta por un lado de un edificio que parecía abandonado y seguía caminando.
–Es un club nocturno.
–¿En dónde? Esto parece abandonado.
–Es un lugar un poco reservado. Se necesita contraseña para entrar, no todos pueden ir.
–¿Es algo ilegal? –preguntó Bella un poco reacia a seguir caminando.
–Claro que no, lo que quiero decir es que hay gente importante, gente famosa, es por eso que no es abierto al público en general, hay guardaespaldas por todas partes. La última vez que vinimos estoy segura que vi a algún príncipe de algún lugar de Europa. No solemos venir demasiado, pero si lo que quieres es divertirte y aún así no ser molestado, es el lugar indicado.
–¿Y crees que me dejen entrar? Digo, si son personas importantes, entonces yo no…
–No digas eso, vienes con nosotras. Te sorprenderías de las puertas que el apellido Cullen puede abrir. Eres mi mejor amiga, claro que entrarás.
Para ese entonces Rosalie estaba parada frente a una gruesa puerta de metal, y cuando llegaron con ella, se volteó y tocó un timbre oculto en la oscuridad, que Bella no había visto y seguro que alguien que no supiera que se encontraba ahí no lo encontraría. Una pequeña rendija en la puerta se abrió y alguien del otro lado susurró algo que Bella no escuchó. Rosalie se inclinó y susurró de regreso, y la rendija se cerró para que casi inmediatamente escucharan el sonido de cerrojos y candados siendo abiertos del otro lado, después de un momento, la gran puerta se abrió y Rosalie entró.
Alice tomó de la mano a Bella e hizo que se moviera. Cuando entraron Bella pudo ver a tres tipos del tamaño de gorilas en la pequeña habitación, y uno habló a la solapa de su saco, a lo que Bella solo atinó a voltear a ver a Alice.
–Vendrán por nosotras –le susurró al oído.
Iba a preguntar quién vendría cuando una mujer que rondaba los veinte y llevaba un vestido corto brillante salió por un pasillo de la izquierda y se les acercó.
–¡Rosalie! ¡Alice! Que bueno que nos visiten nuevamente, es un placer tenerlas de regreso. Se ven hermosas, como siempre. ¿Y sus hermanos? –preguntó antes de poner la mirada en Bella.
–Llegarán en un momento. Alessandra, ella es Bella, es mi mejor amiga. Bella, te presento a Alessandra, la encargada del club.
–Encantada de conocerte Bella, me encanta tu vestido, cualquier amigo de los Cullen es amigo mío. Espero disfrutes la noche. Vengan, síganme –dijo antes de caminar por el pasillo por el que llegó.
Las tres la siguieron por el pasillo hasta llegar a un elevador, el cual se abrió en cuanto se acercaron, se subieron y las puertas se cerraron tras ellas. Era el elevador más elegante que Bella hubiera usado en su vida, y tenía la sensación de no encajar en aquel lugar.
–¿Sus padres cómo están? –preguntó Alessandra.
–Están bien, gracias por preguntar –dijo Alice con una sonrisa.
–Salúdalos de mi parte, ¿sí? –preguntó cuando el elevador se detuvo y las puertas se abrieron solas. –Disfruten de la noche, si necesitan algo, tienen mi número. Adiós Bella.
–Claro, nos vemos –se despidió Alice.
–Adiós –dijo Bella.
Salieron del elevador y Bella escuchó la música y sintió vibrar las paredes. Por donde caminaban, de hecho había una alfombra roja que las conducía por el pasillo donde al final había otra puerta gigante con otro gorila frente a ella, el cual deslizó la puerta en cuanto se hubieron acercado lo suficiente. Las saludó con una inclinación de cabeza y fue entonces cuando Bella pudo ver el interior.
Nunca había ido a un club nocturno, pero Bella estaba segura de que no se veían de esa manera. El lugar a donde acababan de entrar era enorme, tenía candelabros gigantes colgando del techo, luces azules, moradas y rosas se prendían y apagaban por toda la estancia, había gente amontonada tanto en la pista de baile como en las salas dispuestas por todo el lugar para que la gente se sentara. Pero no era el lugar en sí lo que era diferente, sino las personas que se encontraban allí. Bella pudo jurar que las caras que veía las había visto en la televisión, en reality shows, en alfombras rojas o en premios alrededor del mundo, todos vestidos tan finamente como ellas.
Bella tuvo la impresión de que tal vez esto sí era una especie de after party de los premios Oscar.
Algunas personas las miraban y les hacían espacio para que pasaran caminando, y Bella se dio cuenta de que no solo miraban a Alice y Rosalie, sino también a ella. Se cohibió por un momento, pero luego levantó la cara y se enderezó, no quería que pensaran que habían traído a alguien que se encontraron en la calle o algo así, como un acto de caridad. Trató de caminar detrás de Alice intentando parecer que no le importaban todas las miradas, pero aún así sintió sus mejillas enrojecer. Pudo jurar incluso que notó algunos flashes dispararse entre la multitud de gente a su alrededor.
Caminaron hasta llegar a una zona apartada donde se encontraban unos sillones y sofás grandes y elegantes con mullidos cojines a juego en ellos, y Bella pudo notar que era un área más reservada que las demás, la decoración era diferente y de hecho un mesero se les acercó para tomar su orden de bebidas, a diferencia de las demás personas que tenían que levantarse e ir a la barra.
–¿Y? ¿Qué te parece? –le preguntó Alice con una sonrisa.
–Creo que acabo de ver a una Kardashian pasar… –dijo Bella.
–Sí, probablemente sea alguna de ellas, o todas ellas. Te lo dije, gente importante.
–¿Y tus hermanos? –preguntó Bella mientras el mesero regresaba con sus bebidas.
–Estarán aquí pronto –y por alguna razón Alice parecía muy emocionada por eso.
–¿Por qué estás tan emocionada?
–Oh, no es nada –dijo sonriente, a lo que Rosalie resopló. Alice le lanzó una mirada fulminante y después volvió la vista a Bella –Solo que esta es una noche muy importante, es todo. ¿Quieres bailar?
–No Alice, no bailo.
–Entonces ¿para qué estás aquí? –se metió Rosalie.
–¡Rose! Deja de ser tan grosera –dijo Alice molesta. Nunca creía haber visto a Alice realmente molesta.
–No sé por qué insistes tanto Alice, es obvio que no encaja, déjalo ya.
Bella de hecho se sintió mal. No es como si no supiera que no encajaba, y no es como si no se preguntara por qué Alice se veía tan interesada en seguir siendo su amiga, pero no tenía por qué insultarla de ese modo, así que tomó coraje y se encaró a la rubia que no la había tratado bien desde el momento en que la conoció.
–¿Tienes algún problema? ¿Te he ofendido de alguna manera? Deja de estar diciendo cosas de mí, no me conoces en absoluto. Si hay algo que te molesta, me gustaría que me lo dijeras a la cara y dejes a Alice fuera de esto.
Rosalie la barrió con la mirada, sí, la barrió para luego mirarla muy desinteresadamente y hablarle.
–Sí, de hecho sí tengo un problema. Alice te da todo, y tú te comportas como si no lo quisieras, aunque tú sabes y yo sé que lo quieres. ¿Tienes idea de cuánto cuesta el vestido que llevas puesto? Trata con una cifra de cuatro ceros, algo que en toda tu vida no tendrás. No creas por un momento que no se que finges todo esto. Te encanta. A mí no me engañas, ¿acaso tus padres no te enseñaron que a nadie le agrada una persona falsa?
Bella sintió como si la hubieran golpeado en el corazón. Pudo haber dicho cualquier cosa que quisiera de ella, lo que sea, pero tuvo que meterse con lo que más le dolía, sus padres.
–¡ROSALIE! –le gritó Alice.
–Tal vez mis padres no alcanzaron a enseñarme muchas cosas Rosalie, pero de las cosas que me enseñaron antes de que murieran fue ser humilde, no ser grosera y no tratar mal a los demás. Te agradecería que no hablaras de cosas que no sabes. Te pido una disculpa si esa es la imagen que te di de mí. No era lo que pretendía, y te aseguro que no soy así de ningún modo. Alice es mi amiga, y aunque no tenga idea de por qué quiere serlo, la aprovecharé por el tiempo que ella me quiera –repuso Bella antes de que una lágrima resbalara por su mejilla –. Con permiso.
–Bella –trató de detenerla Alice.
Se levantó y caminó sin saber a dónde iba, solo no quería que Rosalie la viera desmoronarse. ¿Era eso lo que pensaba de ella? ¿Esa era la imagen que daba a las personas? ¿Qué solo quería aprovecharse de Alice? No era para nada lo que pretendía. Por primera vez en años tenía una amiga, una amiga con la que comenzaba a encariñarse, y su hermana la odiaba. Cielos, alguien allá arriba de verdad quería destrozarla.
Caminó siguiendo la pared, tenía que haber un baño en algún lado ¿no? ¿O es que las personas ricas no hacían cosas tan mundanas como ir al baño? Al final encontró un pasillo ancho e iluminado con dos puertas a cada lado, una rosa metálico y otra negra, así que decidió ir con la rosa y la abrió. Por suerte era el tan ansiado baño que buscaba y se encontraba solo. Se recargó en la pared y hundió el rostro en sus manos. Y lloró.
Lloró por lo sola que se sentía. Por el vacío en su pecho que sentía desde hace tiempo y no lograba llenar con nada. Lloró por sus padres y por cuánto los extrañaba. Lloró por la amiga que al fin tenía y pronto perdería por culpa de la perra de su hermana.
Lloró por ella.
La música aún retumbaba en las paredes cuando Bella al fin logró controlarse un poco y se atrevió a mirarse en el gran espejo empotrado en la pared. Gracias a Dios había recordado el consejo de la tía Sue y había usado rímel a prueba de agua, si no su cara tendría riachuelos negros y sus pestañas se habrían caído. Aún así pasó sus dedos por debajo de sus ojos y trató de tomar un respiro profundo. Pasó sus dedos entre su pelo y sacudió la cabeza para despejarla.
"Vamos Bella, no dejes que ninguna rubia oxigenada te trate así, y menos que te haga llorar" se dijo a sí misma. Trató de poner una sonrisa en su cara, pero por alguna razón no se veía natural en ella, así que se resignó y se pensó que su aspecto estaba bien en cuanto no se viera que había estado llorando.
Iba a tomar la perilla de la puerta cuando sintió su celular vibrar. La única persona que podría llamarle era la tía Sue, así que lo sacó de donde lo tenía escondido en su vestido y contestó.
–¿Hola?
–¡Bella! Gracias a Dios que contestas. Seth está mal, no sé lo que le sucede, no respira bien… No sé qué sucedió…
–Tía, tranquila, ¿dónde están? ¿qué estaba haciendo?
–No lo sé, todo estaba bien, estábamos cenando y solo me giré por un momento… –sollozó – Bella, no sé qué hacer, no puede respirar bien… Mi bebé…
–Escucha tía, toma a Seth y Leah y vayan al hospital, voy en camino. Estate pendiente de Seth, cuida que siga respirando, vayan lo más rápido posible, ¿de acuerdo? Ponme en altavoz y no cuelgues hasta que llegue –dijo Bella apresuradamente mientras salía del cuarto de baño y caminaba lo más rápido que podía entre las personas. Pudo escuchar en el fondo cómo la tía Sue le hablaba a Leah. Pobre Leah, no debe de tener ni idea de qué hacer.
Iba llegando a la salida cuando escuchó que alguien gritaba su nombre, pero no tenía tiempo de lidiar con nadie, tenía que llegar al hospital cuanto antes. Pero antes de que llegara a la puerta, alguien la tomó del brazo y la hizo darse la vuelta.
–¡Bella! ¿A dónde vas?
–Alice, no tengo tiempo, tengo que llegar al hospital.
–¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué sucede?
–Seth está mal, no sé exactamente, tengo que irme…
–¿Bella? –escuchó una pequeña voz al teléfono.
–¿Leah? ¿Qué sucede? –preguntó mientras comenzaba a caminar de nuevo.
–Vamos en el auto, mamá va manejando.
–Está bien, no me cuelgues, háblame pequeña, ¿y Seth?
–No lo sé, sigue sin poder respirar bien, hace ruidos raros, está un poco azul… –se notaba que Leah estaba asustada, a juzgar por el temblor de su voz.
–Bella, diles que se dirijan al Hospital de Niños de Seattle. Mi padre trabaja allí. Los atenderán –le dijo Alice.
–Eh, Leah, dile a tu mamá que vayan al Hospital de Niños de Seattle y… y…
–Que pregunten por el Doctor Cullen.
–Pregunten por el Doctor Cullen. Voy para allá, estaré allí pronto.
–De acuerdo.
–No me cuelgues, sigue conmigo ¿sí?
–Sí Bella.
Bella y Alice casi corrían por la calle, y Bella no estaba realmente viendo a dónde se dirigían, solo seguía a Alice, así que no se dio cuenta de que en lugar de subirse al BMW en el que habían llegado, se subieron a un Volvo plateado que aún olía a nuevo.
Alice aceleró por la calle sin importarle los semáforos en rojo, se oían bocinas de coches por todos lados, y Bella seguía con el teléfono pegado a su oreja, deseando escuchar algún indicio de que la tía Sue había llegado al hospital.
–Hablé con Carlisle, estará ahí para recibir a Seth –dijo Alice. Bella no se había dado cuenta de que iba hablando por teléfono hasta ese momento.
–Llegamos Bella –dijo Leah.
–Está bien, dime lo que está ocurriendo.
Bella escuchó puertas de auto abriéndose y cerrándose, y movimiento del otro lado de la línea, para escuchar nuevamente la voz de Leah.
–Mamá está hablando con una enfermera.
–Que pregunten por Carlisle, Bella… –dijo Alice nuevamente.
–Un doctor acaba de llegar, se llevó a Seth.
–Llegamos –dijo Alice al tiempo que aparcaba el coche.
–Estoy en el estacionamiento Leah, ya casi estoy ahí –dijo Bella.
No le importó que llevara unos tacones de diez centímetros, corrió lo más rápido que pudo y entró por las puertas del hospital buscando a Leah y la tía Sue con la mirada.
–Ahí están –dijo Alice, señalando un pasillo.
Bella miró y ahí se encontraban. No le importó tampoco que dejara caer su celular y corrió hasta llegar con ellas y no paró hasta estar frente a la tía Sue.
–¿Qué pasó?
–Se lo llevaron Bella. No tengo idea de qué es lo que sucede. Mi bebé –y se arrojó a sus brazos llorando.
–Ssh, tranquila, todo estará bien. Tranquila –la meció Bella entre sus brazos.
Duraron así unos diez minutos, hasta que las puertas blancas volvieron a abrirse y un doctor con cabello rubio y en bata blanca salió por ellas.
–¿Sue?
–Sí, soy yo –dijo.
–Buenas noches, soy el doctor Cullen. Seth sufrió de una reacción alérgica, está estable en estos momentos, se pondrá bien –dijo con una sonrisa amable.
–Muchas gracias –Sue se abalanzó a él y lo abrazó.
–No hay de qué agradecer, actuó rápidamente. Fue bueno que lo trajo en cuanto vio que algo no andaba bien.
Cuando la tía Sue se separó de él, Bella lo vio bien.
Así que él era el padre de los Cullen. Por supuesto, ¿quién más? Apuesto como sus hijos, Carlisle Cullen tenía los ojos dorados y cabello rubio, era alto pero no demasiado, piel pálida que contrastaba con la camisa azul que llevaba debajo de la bata. Tenía una sonrisa amable mientras miraba a Bella a los ojos, y no la despegó hasta que Alice habló.
–Papá, éstas son Sue y Leah Swan –dijo Alice presentándolas a pesar de que ella tampoco las había conocido –Sue, Leah, éste es mi padre, Carlisle Cullen.
Sue miró entre ambas personas, dándose cuenta finalmente de la presencia de Alice.
–Tú debes ser Alice.
–La única. Mucho gusto. Lamento conocernos en tales circunstancias.
–Sí, no son las mejores. Pero me da gusto conocerte al fin –dijo la tía Sue con una sonrisa cansada.
–Que bonito vestido –dijo Leah a Alice.
–¿Tu gusta? Te regalaré uno algún día –le dijo Alice con una sonrisa.
–Cumplo años en enero –dijo Leah, para que Alice supiera.
–¡Leah! –la regañó Bella y Sue al mismo tiempo.
–No se preocupen. Once años es una edad importante Leah, debes presumir tu edad mientras puedas –le dijo con un guiño.
–¿Quieres venir a mi fiesta de cumpleaños? Estás invitada.
–¡Claro que sí! Muchas gracias. Estoy segura de que Bella me dirá todo conforme se acerque la fecha.
–¡Genial!
En ese momento una enfermera salió por las puertas y se acercó a decirle algo a Carlisle.
–Está bien, gracias Elsa.
–Por nada doctor –y se fue por donde vino.
–Lamento interrumpir, pero, Sue, puede pasar a ver a Seth en el momento en que quiera. Normalmente solo puede pasar una persona, pero haré una excepción y podrán pasar las tres a verlo ¿de acuerdo? –les dijo.
–Muchas gracias, iremos ahora mismo –dijo la tía Sue.
–Por aquí –les dijo Carlisle mientras abría las puertas y las hacía pasar.
A pesar de tener la edad de un año y medio, Seth era un bebé muy tranquilo y alegre. No se había enfermado jamás y no sabían de ninguna enfermedad hasta el momento, por lo menos hasta que Carlisle les dijo que era alérgico a alguna cosa. Les hiso preguntas, pero la tía Sue no tenía idea de qué era lo que lo había hecho ponerse así.
Seth se encontraba dormido tranquilamente con una pequeña bata de hospital blanca con ositos en ella, en una camilla miniatura y un suero en su pequeña mano.
–Mordió mis galletas –dijo Leah de repente.
Todos la miraron y ella se sonrojó, bajando la mirada.
–¿Qué cosa? –le preguntó su madre.
–Tomó una de mis galletas y la mordió, pero se la quité porque eran mías y él tenía su comida. Siempre quiere robar mi comida.
–¿Y de qué eran esas galletas? –le preguntó el doctor Cullen.
–Nueces. Me gustan las nueces –dijo sonriendo Leah.
–Entonces eso fue. A esta edad hay que tener mucho cuidado con lo que ingieren los niños, hay que evitar exponerlos a alérgenos, como las nueces, el polen, lugares con mucho polvo. En este caso las nueces. Solo hay que evitar que en un futuro ingiera algún alimento que contenga nueces –explicó el doctor.
–Claro, sí, lo entiendo. No más nueces cerca de Seth, Leah. ¿Entendido?
–Sí –dijo la niña bajando la mirada.
–Lo mantendremos en observación por la noche, solo para asegurarnos. Mañana en la mañana, antes de irme vendré y les daré el alta.
–Muchísimas gracias doctor.
–No hay de qué, si surge algo no dude en buscarme. Adiós Leah, adiós Bella –se despidió.
–¡Adiós doctor! –dijo Leah.
Y Carlisle Cullen se marchó.
–A–
Bella caminó fuera de la sala de urgencias del hospital con Leah a su lado, cuando abrieron las puertas vieron a Alice recargada en la pared en todo su esplendor. La gente se le quedaba mirando como si no creyeran lo que veían, y no podría ser de otra manera ya que aún iba vestida como si fuera a irse de fiesta en cualquier momento. La gente la miraba y se susurraba entre ellos, especialmente una pareja de señoras que aunque procuraban hablar en voz baja, aún se escuchaba hasta donde estaban.
–Claro que son Louboutin, mira, tienen la suela característica roja, y su diseño es simplemente Christian. Son inconfundibles –dijo una señora rubia.
–Lo sé, lo sé… pero mira su vestido, debe ser un Valli o algo así. Juro que lo acabo de ver en la colección otoño–invierno –murmuró la otra señora.
Pero sus voces se apagaron en cuanto Bella estuvo a la vista, entonces la miraron fijamente, bueno, más bien a lo que llevaba puesto, y comenzaron a hablar nuevamente.
–Alice, ¿aún estás aquí? –preguntó Bella.
–¿Cómo creías que me iba a ir? Te dije que en cualquier momento que te quisieras ir te llevaría a casa ¿recuerdas?
–Bella, ¿puedo ir a comprar algo a la máquina de golosinas? –le preguntó Leah.
–Claro, pero regresa en seguida –cuando desapareció por la esquina volvió la mirada a Alice –No era necesario que me esperaras. Debes estar cansada de llevar esos zapatos.
–¿Bromeas? ¡Yo nací en tacones! –Dijo Alice alegre, como si no estuvieran en un hospital –Además, tengo que pedirte disculpas.
–¿Disculpas? No hiciste nada malo.
–No, yo no. Pero Rosalie sí.
–No quiero hablar de Rosalie –dijo Bella cabizbaja.
–Lo que hizo estuvo mal, no debió hablarte de esa manera. Mis hermanos y yo estamos realmente disgustados con ella. ¿Crees que no me di cuenta de que estuviste llorando? No sabes lo furioso que se puso Edward, casi le arranca la cabeza a Rosalie ahí mismo…
–¿Edward? –preguntó Bella sorprendida.
–Eh… sí, Edward –dijo Alice mirando a todos lados menos a ella.
–¿Quién es Edward?
–Edward es… Eh, mi hermano –era la primera vez que Bella veía a Alice sin palabras.
Edward. No sabía por qué le sorprendió ese nombre. Quiero decir, era un nombre común ¿verdad? Miles de personas en el mundo se llamaban de ese modo, así que no tendría por qué sorprenderse del nombre del hermano de Alice. No, claro que no, no tenía nada que ver que el chico que soñaba casi todas las noches se llamara así, es más, Bella no sabía siquiera si ese era su nombre, solo era así como ella lo llamaba, y claro, el Edward de sus sueños no tenía que ser la misma persona que el Edward hermano de Alice, ¿cierto? Pero entonces ¿por qué Alice le había preguntado semanas atrás el significado que ese nombre tenía para ella?
–¿Por qué no me habías dicho que su nombre es Edward?
–Porque quería que lo conocieras en persona. Justo llegó con Emmett y Jasper en el momento en que le estaba gritando a Rosalie, y en cuanto supo lo que había sucedido… Uff, créeme, no quieres tener a Edward enojado contigo. Es escalofriante –dijo Alice mientras fingía temblar.
A Bella se le hacía un poco rara la actitud de Alice, pero ¿quién era ella para juzgar su comportamiento? Alice se comportaba de manera diferente cada minuto, era tan cambiante como un camaleón, Bella nunca sabía qué era lo próximo que haría, porque simplemente, era Alice.
–Hablé con Carlisle, está decepcionado por todo lo que te dijo Rosalie, y espera a que Esme se entere. De todas formas, Carlisle me dijo que te dijera que pedía disculpas, que nunca debió haberte dicho eso.
–Entonces ¿no piensas eso de mí? ¿No crees que estoy contigo solo para aprovecharme?
–Claro que no Bella –la tomó de las manos –, por supuesto que no creo eso. Eres una persona maravillosa, Rosalie solo está un poco mal emocionalmente, ha tenido días difíciles, pero aún así no tenía por qué decirte todas esas cosas. No pienso eso de ti porque te conozco y eres la persona más amable y linda que he tenido el placer de conocer en mi vida. Ignora a Rosalie, no suele ser tan mala persona, bueno, tampoco es muy buena persona que digamos, pero no suele comportarse tan…
–¿Perra? –sugirió Bella.
–Sí, perra –rió Alice –. No te detendría si la próxima vez que ves a Rosalie le das una bofetada, es más, yo la sostengo para ti.
–No suelo ser tan agresiva, en realidad las cosas que dijo me dolieron más que molestarme. Aunque espero no volver a verla en un tiempo.
–No te preocupes, no dejaré que se te vuelva a acercar. Incluso Emmett está enojado con ella. Hubieras visto la cara de decepción que puso en cuanto les dije todo lo que te dijo –suspiró –. Pero bueno, basta de eso. ¿Te llevo a casa?
–Sí gracias, ¿y Leah?
–Aquí estoy –dijo la niña sentada en una silla a un lado de donde Alice y Bella estaban paradas.
–¿Nos vamos? Alice nos llevará –le extendió la mano.
Iban caminando al lado de las señoras que aún las miraban sin descaro alguno cuando Alice se paró frente a ellas y les habló.
–A propósito, no es un Valli. Es un Nicolas Jebran –les dijo con una sonrisa para luego dar la vuelta y seguir caminando.
Las dos señoras se le quedaron mirando boquiabierta y Bella riendo se dio cuenta que toda la sala de espera la miraba caminar con sus andares de bailarina mientras se alejaban. Aún reían cuando llegaron frente al Volvo aparcado y Alice desactivó los seguros.
–¿Y este auto de quién es? –preguntó Bella mientras le abría la puerta trasera a Leah para que subiera.
–Edward –dijo con un guiño.
Se subieron y Alice arrancó.
–¿Y te lo prestó?
–Tenía las llaves en mi mano en cuanto supo que algo sucedía. Yo tenía el presentimiento de que saldrías corriendo, solo no sabía por qué.
–¿Un presentimiento? ¿De verdad creíste que me iba a quedar con Rosalie rondando por ahí? Hubiera sido muy incómodo.
–Quería ir a buscarte él mismo, pero le dije que era mejor que fuera yo. De todos modos no lo conocías.
–Siento haberte estropeado la noche Alice. Estabas emocionada por hoy, y estabas vestida como estrella de cine, deberías regresar con tus hermanos y disfrutar la noche.
–¿Bromeas? El ambiente debe estar muy tenso, ¿y en serio crees que me iría de fiesta sin mi mejor amiga? Luego me lo repondrás, no te preocupes.
El resto del viaje transcurrió en un silencio cómodo, nadie habló hasta que estuvieron frente a la casa de Bella.
–Entonces, ¿te veo mañana? –le dijo Alice.
–¿Mañana? –preguntó Bella, a lo que Alice respondió señalando el reloj del tablero, y Bella se dio cuenta de que era pasada la medianoche, por lo que ya era domingo, y efectivamente, mañana tendrían escuela –Oh, sí, supongo que nos vemos mañana. Discúlpame con tus hermanos, diles que otro día será.
–Yo les digo. ¡Adiós Leah! –se despidió Alice sonriendo.
–¡Adiós Alice! –dijo la niña alegremente mientras se bajaba del auto.
–Oh, Alice, mañana que te vea te regresaré el vestido y los zapatos –dijo antes de bajarse.
–No seas tonta Bella ¿para qué los querría yo? Ese vestido y zapatos son tuyos. Son un regalo, y no aceptaré un no por respuesta –dijo cuando vio que Bella abría la boca para responder –. No son de mi talla de todas maneras, no los usaría. Son tuyos.
–De acuerdo. Gracias –salió del auto y cerró la puerta tras ella.
–Me gusta –dijo Leah cuando Alice aceleró por la calle.
–Sí, a mí también. Vamos adentro –sonrió –. Mañana regresaremos al hospital para recoger a tu mamá y hermano. Tienes que dormir.
Para cuando se acostaron, era la una de la mañana. Leah había querido cenar, ya que no había terminado por salir corriendo al hospital, así que Bella le sirvió algo y luego subieron a su habitación. Ambas durmieron en la cama de Bella, y recordó cuando Leah era pequeña y solía salir de su cama en medio de la noche para escurrirse al cuarto de Bella y dormir con ella.
Mientras Bella caía en un sueño profundo, pudo sentir que se perdió de algo importante esta noche, y por un momento sintió que el hueco que llevaba desde hacía tiempo se llenaba solo un poco.
