Cuando Marinette ingresó al colegio, enseguida Adrien se acercó a ella.
—¿Viste lo qué pasó en el patio? —le preguntó Adrien.
Ella no respondió. Solo vio como había muchos estudiantes reunidos en el patio, ellos murmuraban algunas cosas y cada vez se acercaban más y más.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Marinette.
—Alguien ha estado metiéndose al colegio en la noche —le explicó Adrien —. Creen que hay un fantasma.
Marinette iba a reír, pero no pudo hacerlo.
—Solo los idiotas creen en los fantasmas —se burló Chloé —. Me sorprende que te juntes con esta gentuza, Adri-bu.
Adrien le restó importancia.
—Más que fantasmas yo creo que se trata de alguien misterioso —Kim se acercó a ellos —. Pienso que puede ser Marion.
Marinette estuvo a punto de ahogarse, pero se mantuvo firme. No podía dar pistas sobre su identidad secreta, tuvo que fingir que estaba bien.
—Marion es misterioso, pero no malvado —lo defendió Nino.
—¿Cómo lo sabes? Con suerte sabemos su nombre —se defendió Kim.
—¿Y quién es Marion? —preguntó Chloé.
Lo que menos necesitaba era que Chloé supiera de su identidad secreta. Se alejó del círculo que se había formado y se dirigió al salón de clases. Adrien observó a su amiga, pero decidió no seguirla, aunque suponía que algo la estaba molestando.
Durante todo el día todos estuvieron hablando sobre el supuesto fantasma. Marinette no tenía una opinión al respecto, principalmente porque el tema no le interesaba en lo absoluto.
—Yo lo vi... —susurró Nathaniel sentándose al lado de la azabache.
—¿Qué fue lo que viste? —preguntó Marinette.
Nathaniel le agradaba, no le importaba escuchar sus historias.
—Al fantasma.
—No me digas que crees en esas cosas —se quejó Marinette —. Es... —recordó como todos se burlaban porque ella creía en los kwamis y lo mal que se sentía. También como Nathaniel la había apoyado con el asunto —. ¿Qué fue lo que viste?
—Estaba en el patio dibujando y de pronto las plantas se movieron demasiado, me acerqué un poco y vi unos ojos celestes mirándome —explicó Nathaniel.
¿Ojos celestes? Los ojos de Tikki eran de ese color. ¿Acaso Tikki había entrado al colegio y robaba cosas? No. Eso era imposible, ¿verdad?
—¿Tú me crees? —Nathaniel parecía un niño pequeño y asustado.
—Te creo —aseguró.
A la hora del almuerzo, Marinette se sentó al lado de Adrien.
—¿Tú crees que puede ser un kwami? —preguntó Marinette.
—No creo que sea Plagg, él no es travieso —respondió Adrien —. Y Tikki es como un bebé, pero al menos te hace caso —respondió.
—¿Entonces quién es? —preguntó la azabache de nuevo.
Adrien no sabía qué responder, porque si de algo estaba completamente seguro era de que los fantasmas no existían.
—Un fantasma no es —respondió completamente seguro —. ¿Qué te parece si nos quedamos aquí después de clases y observamos?
—¿No tenemos que volver a casa? —preguntó Marinette preocupada.
—Tranquila, ya pensaremos en algo.
Las clases pasaron, todos se retiraban. Ellos se escondieron en el armario de deportes, iban a esperar a no sentir nada, de ese modo estarían a salvo.
—Te dije que no soy yo —se defendió Plagg.
—No hagas ruido —lo regañó Adrien —. Estaremos aquí hasta que algo suceda.
—Podríamos haber traído algo de comida —Marinette tenía hambre y también estaba bastante aburrida.
De pronto, escucharon unos saltitos fuera y se tensaron.
—¿Y si es un fantasma? —preguntó en un susurro asustado Marinette.
—Pues... eh... —Adrien estaba sin palabras.
—Si se trata de un fantasma yo los defenderé —respondió Plagg.
Y de un momento a otro, la puerta se abrió de golpe. Los tres pegaron un gran grito y corrieron fuera del lugar.
—¡Amigos, amigos! —escucharon una voz muy tierna y se levantaron del suelo.
Frente a ellos vieron algo que parecía ser un perrito. Tenía partes naranjas y todo lo demás era blanco.
—¡Es un Copito! —exclamó Marinette mientras lo tomaba entre sus brazos.
—¿Un Copito? —preguntó Adrien extrañado.
—En realidad se llama...
—¡Copito! —se adelantó en decir Marinette.
—¡Copi, Copi! —la criatura similar a un perro saltó de los brazos de la azabache y se dirigió a Plagg, comenzó a saltar a su alrededor —. ¡Podemos jugar! —y del armario sacó una pelota.
—Niño, yo no juego.
Copito seguía saltando a su alrededor.
—¿Es un kwami? —le preguntó a Adrien.
—Es un kwami bebé al parecer —respondió Adrien —. Un kwami que provocó miedo a todo un colegio —se burló Adrien.
—Creo que no podemos dejarlo solo, es muy pequeño e indefenso —Marinette se asustó por la seguridad de Copito —. Deberíamos buscar un Prodigio para que lo cuide.
—¿Y quién podría ser? —preguntó Adrien.
—Mm... tengo una idea, vamos.
Marinette tomó a Copito entre sus brazos y salieron del colegio. Adrien también llevaba a Plagg en sus brazos.
Llegaron al parque donde normalmente ella jugaba disfrazada de Marion.
—Ese niño de piel blanca se llama Nino, es muy responsable y podría cuidar bien de Copito.
Adrien lo analizó, no le pareció la opción adecuada.
—Lo conozco bien y no tiene paciencia con los niños, créeme.
—Vaya, eso sería un problema —Marinette pensó que quizás Nathaniel lo podría cuidar, pero era demasiado miedoso como para darle un kwami —. ¿No conoces a alguien tú?
—Mi hermana no es una opción.
Ambos se dirigieron al escondite de Tikki y dejaron ahí a Copito. Tikki estaba feliz, le gustaba tener a alguien con quien jugar. Mientras tanto, Marinette y Adrien estaban en la panadería perteneciente a la azabache, comían pastel mientras seguían considerando las opciones que tenían.
—¿Mamá, puedo tener un perrito? —preguntó para que Adrien entendiera que esa no era una opción.
—¡Te dije que no! Tenemos una panadería y una mascota es muy desordenada, además, la casa no es lo suficientemente grande —respondió Sabine a modo de regaño.
—Te lo dije... —le susurró a Adrien.
—Mm... —Adrien también estaba preocupado por Copito, era pequeño e indefenso.
Lo que ellos no sabían era que ambos kwamis se habían dirigido al colegio. Y que por arte de magia, un kwami campo de batalla había aparecido. Frente a ellos había un kwami pequeño, similar a una rana que tiraba bolas de fuego por la boca.
—¡Copito, corre! —le gritaba Tikki —, Yo te protegeré.
Tikki atacaba pero no era suficiente, esa rana era bastante fuerte, su fuego era capaz de hacer pequeños agujeros en la tierra.
—¡Ustedes no saben nada! —escucharon la voz de Alya —. Ganemos esto, Trixx.
—Siempre —aseguró Trixx.
Marinette y Adrien sintieron como sus prodigios se activaron, sabían de la pelea. Corrían a toda velocidad para intentar llegar rápido, por lo menos el prodigio les indicaba dónde ocurría la batalla.
—¡Tengo que ayudar a Tikki! —Plagg se separó de los humanos y corrió aún más rápido, su amiga le preocupaba demasiado.
—¡Esto es terrible! —se lamentaba Marinette —. ¡Les advertí que no salieran!
—¡Solo debemos correr!
Alya utilizó un ataque con el cual consiguió clonar a Trixx. Las ilusiones del kwami siempre funcionaban. Con un solo golpe de espinas consiguió derrotar a la rana.
Había ganado.
Hasta que se topó con Copito.
—¡Trixx! —dio la orden de ataque.
—¡Ni lo sueñes! —Marinette se posicionó rápidamente frente a Copito.
—¡Muévete o te dañaré! —amenazó Alya.
—No —respondió de modo firme.
Adrien se posicionó al lado de su amiga. Tikki y Plagg se unieron a la barrera. Todos estaban protegiendo a Copito.
—Jamás te dejaremos dañar a Copito —dijo Marinette.
—Los kwamis no tienen porque dañar a todos los demás kwamis —dijo Adrien.
—¡Copi, Copi! —Copito dio un salto y abrazó la pierna de Alya.
Marinette iba a tomarlo entre sus brazos, pero Adrien se lo impidió. Ellos compartieron una mirada y luego observaron a Alya, ella veía con confusión a aquella criatura.
—Trixx, vayámonos de aquí, no vale la pena ese kwami.
Y lentamente se retiró.
—Creo que en el fondo ella sí tiene sentimientos —comentó Marinette.
—¡Estoy feliz de que estés bien! —Plagg abrazó a Tikki.
—¡Más amigos!
Copito pateaba la pelota, Tikki corría y Plagg también lo hacia.
—Pensé que no te gustaba jugar —le dijo Copito a Plagg.
Plagg miró a Tikki y simplemente respondió: —Las cosas pueden cambiar.
Ambos humanos observaban a sus kwamis con sonrisas en sus rostros, ellos notaban como les gustaba estar juntos, era muy bonito.
—¿Quieres que te acompañe a casa? —le preguntó Adrien.
—No es necesario, no quiero que llegues tarde a tu casa —respondió Marinette —. Sé volver sola. Pero... gracias por todo —le dio un abrazo a Adrien y se despidió.
Él solo vio como su amiga se retiraba y no pudo evitar dejar salir un suspiró.
—Esa chica te gusta, eh —Plagg se posicionó en su hombro.
—¿Cómo? Eh, no —respondió sonrojado —. Solo me agrada lo valiente que es.
—Mm... —Plagg se bajó de un salto —. Llevaré a Tikki a casa, después volveré contigo.
Adrien observó sonriente como ambos kwamis se iban, aunque Copito se quedó ahí, solito.
—¿Quieres venir conmigo a casa? —le preguntó al kwami perro.
—No, gracias. ¡Copito es libre!
Y Adrien observó sorprendido como las orejas del perrito le permitían volar.
—¡Qué desperdicio de tiempo!
Al día siguiente, el patio del colegio estaba algo destruido debido a la kwami batalla de la noche anterior.
Ahora los mitos de que había un fantasma eran aún más grandes, nadie dejaba de hablar de eso.
En el almuerzo, Marinette y Adrien se sentaron con los compañeros de la chica.
—¡Nosotros vimos al fantasma, es aterrador! —comentó Marinette.
Algunos exclamaron debido al asombro.
—¡Es enorme, es perturbador! —prosiguió Adrien.
—Tiene un hacha, puede degollar a alguien con ella —la azabache fingió temblar.
—Y sus ojos te devoran el alma.
Antes de que pudieran seguir con su mentira, muchos de los alumnos salieron corriendo de la mesa. A excepción de Nathaniel. De todas formas, ellos chocaron los puños y no pudieron evitar explotar en carcajadas.
—¿Por qué tú no corriste? —preguntó Adrien.
—Porque lo que yo vi en los arbustos era pequeño, no grande.
—Mm... chico astuto, me agradas.
Alya desde su mesa los observaba con aburrimiento. No entendía cómo esos dos idiotas podían tomar tan a la ligera el tema de ser un prodigio, les faltaba mucho para poder superarla. Solo negó con su cabeza.
