¡Disfrútenlo!
Capítulo VII
Edward's POV
La fiesta fue realmente maravillosa, no cabio la menor duda de que Alice, mi madre y Renée pusieron mucho empeño al momento de prepararla.
La hermosura de mi maravillosa esposa —se sentía tan bien llamarla así—, me tenía realmente abrumado y anonadado, cada detalle de su anatomía, el brillo que destellaba de ella por su maravilloso carisma, como cuando la alagaban sus mejillas se coloreaban, aunque nada comparable como lo estaban en el momento de nuestro primer baile.
La tenia fuertemente apretada contra mi pecho con un brazo, mientras hacía suaves caricias en su cintura, y la otra mano la tenía sobre su cremosa mejilla izquierda, sintiendo el calor. Sus labios rojos… acerqué mi rostro al suyo y con mi nariz acaricié la de ella, cerró los ojos al momento del contacto y no permití que los míos se cerraran, no podía perderme la maravillosa vista de mi ángel.
Estaba ansioso porque todo eso se acabara y estar a solas con mi Bella, en la privacidad de nuestra habitación, adorándonos, sintiéndonos; pero por otra parte, me sentía sumamente nervioso, no sabía cómo actuar llegado el momento de consumar el matrimonio.
El tiempo a su lado se hacía lento y a la vez rápido, cuando todos los invitados a la ceremonia y a la fiesta nos hubieron felicitado e ido, tomé su mano y la conduje hasta mi cuarto, que desde ahora sería el suyo también.
Apenas entramos se dedicó a pasar una rápida vista por todo el lugar, y luego se sentó con extremada suavidad en el lecho, mientras yo me quitaba el saco y desanudaba la corbata del traje, dejándolas en la pequeña silla continua a la entrada. Caminé hasta ella, su mirada estaba baja, no quería seguir siendo privado de la admiración de sus hermosos ojos. Me arrodillé frente suyo y la tomé de las manos, haciendo suaves círculos sobre sus palmas, siguiendo por momentos las líneas que se formaban en ellas, y admirando por un ínstate nuestras argollas.
—Bella, mírame. —la incité, pero seguía reacia a alzar su rostro. Se mordía con ferocidad el labio inferior—. Cariño, yo también siento temor, temo a herirte por no saber cómo actuar. Mírame, Bella. —con dos de mis dedos tomé su mentón y la obligué a mirarme—. Te amo, ¿me oyes? Te amo.
Sus brazos con rapidez y urgencia se envolvieron en mi cuello, no pude hacer otra cosa que acercarme más y abrazarla por la cintura mientras nuestros labios se unían, urgentes de besos, de caricias, urgentes de recibir el aliento del otro.
Nos separé un momento para quitarle con cuidado las zapatillas que llevaba puestas aún. Besé cada uno de sus pies con devoción. Me puse en pie y le tendí la mano para que se parara frente a mí.
—¿Confías en mí? —no pude evitar preguntarle.
—Con mi vida, Edward. —respondió mirándome fijamente, con sus mejillas ardiendo bajo mi tacto.
Tomé un respiro profundo y sonreí. La vida me había premiado con el mejor regalo de todos, me había premiado dándome a mi Bella.
La pegué más a mi cuerpo, desatando en el acto el lazo de la cinta satinada, la cual se deslizó entre nuestros cuerpos hasta perderse en el suelo. Acaricié sus costados, hallando así el cierre, lo bajé hasta llegar al tope e inmediatamente acuné su rostro para besarla con suavidad, sus brazos cayeron a los costados y mis manos descendieron por su cuello hasta llegar a sus hombros, donde se toparon con el vestido, las seguí bajando y con ellas la tela. Sentí como su piel se erizaba y temblaba ligeramente. Me separé un momento para dejar un casto beso sobre su hombro derecho, saboreando el dulce sabor que de ahí se desprendía. Cepillé con mi nariz todo el camino de regreso hasta su boca, la escuché soltar un pequeño suspiro.
Sentí como su vestido calló con un ruido sordo, mientras sus manos se alzaban hasta el borde de mi camisa y empezaban tímidas a desabotonarla. Esta calló para hacerle compañía a sus ropas. Su pequeña y frágil mano se coló temblorosa bajo mi camisilla, acarició suavemente mi abdomen, logrando que un gemido involuntario brotara de lo más profundo de mi pecho. Se sentía tan bien sentir su tacto, algo indescriptible empezó a recorrer cada parte de mi cuerpo.
La ayudé con la tarea de deshacerme de la camisilla, y al instante, cuando mi pecho quedó desnudo, sus manos acunaron mi rostro, me atreví a abrir los ojos para hallarme con la imagen más hermosa que algún día pude haber visto.
Era magnífico como el tiempo pasaba lento cuando la admiraba, como cada parte de ella o de las cosas que la rodeaban, como la luz tenue de la habitación en ese momento hacia un contraste fabuloso con el color de su piel. Sus ojos cerrados, sus párpados, de un suave color rosa, sus labios entreabiertos, respirando un poco con dificultad.
Descendió con su toque hasta mis hombros y luego a mi espalda, donde sus dedos se doblaron y trataron de tomar parte de mi piel, apegándome más a ella. Suspiró profundo y acto seguido me abrazó fuertemente. Nuestras frentes seguían unidas, pero sus ojos lentamente se abrieron, una chispa celestial refulgía de ellos.
—Te amo. —dijo, y no hice más que sonreír antes de besarla, antes de continuar guiándome por lo que mi instinto me decía. No tenía idea de donde iba a parar si seguía, solo era consciente de que quería sentir su cuerpo en su totalidad, quería sentir cada parte de su piel envuelta con la mía.
Llevé mis manos hasta sus hermosas hebras castañas, y tomándome el tiempo de apreciar cómo se sentía cada cabello envuelto entre mis dedos, deshice las pocas horquillas que sostenían el velo. El olor celestial inconfundible de él llegó hasta mí, me detuve un momento para saborearlo.
La tomé de la cintura, dejando un momento sus labios, me agaché un poco para tomar sus piernas y alzarla, sus brazos se enroscaron más a mi cuello, sus ojos se abrieron, dejándome ver la sorpresa en ellos, le sonreí y me regresó el gesto. Caminé unos pasos hasta que toqué el borde de la cama, me arrodillé sobre ella quitándome de un rápido movimiento los zapatos, y sin dejar de mirarla la coloqué con suavidad en el centro del lecho. Ahora que podía apreciarla mejor pude ver que estaba enfundada en un corsé blanco, lograba que sus pechos se vieran exquisitamente rellenos, y en el centro de ellos un lazo; en la parte inferior, del mismo corsé, se desprendían más lazos, los cuales sostenían sus medias; y finalmente, un pequeño y provocativo pantaloncito terminaba de vestirla. Se veía exquisitamente hermosa, su piel centellaba.
La recorrí entera, admirándola, y cuando llegué a su rostro, sus mejillas estaban sumamente coloradas y se mordía con nerviosismo los labios.
—Te vez hermosa. —dije, perdido en su exquisitez.
Suspiró hondo y lo hice con ella.
Desaté delicadamente cada uno de los lazos, acto seguido mis manos descendieron perezosas por cada una de sus largar piernas, quitando a su paso las finas medias que la cubrían. Bella permanecía quieta, con sus párpados cerrados, respirando entrecortadamente, justo como lo estaba haciendo yo al sentir la suavidad de la piel de sus muslos.
Desaté así mismo el lazo superior y los ganchos del corsé, dejándome ver bajo él, el perfecto y hermoso cuerpo de mi esposa. Las manos de Bella se alzaron para cubrirse.
—No, Bella, no tengas vergüenza de mí, déjame maravillarme con tu hermosura. —sus mejillas estaban ardiendo, me incliné un poco y besé sus labios.
Hice a un lado sus manos, y no pude evitar quedarme embobado ante tanta belleza. Sus pechos, exquisitamente redondos y perfectos, su delgada cintura, su abdomen subiendo y bajando por la rapidez de su respiración. Mi mano se alzó sola, y dos de mis dedos empezaron a arrastrarse alrededor de su pequeño ombligo, empezaron a liberar parte del cosquilleo que atormentaba a todo mi cuerpo por sentir cada poro de esa piel sublime.
Juntos emprendieron un incesante camino ascendente hasta el punto más alto de uno de sus senos, que a mi tacto se volvió aún más duro, se alejaron para ir y prestarle atención a su gemelo, el cuál reaccionó de la misma manera, mientras su dueña alzó su pecho a medida que soltaba pequeños suspiros entrecortados.
—Edward. —murmuró. Respiré profundo y me coloqué sobre su cuerpo, el contacto de nuestros pechos fue devastador, una sensación hormigueante en crescendo se apoderaba de mi anatomía. Sostuve mi peso sobre uno de mis codos y con mi otra mano hice a un lado algunos de los mechones que caían sobre su rostro.
—Bella. Te amo—murmuré de regreso mientras me acercaba para fundir mis labios con los suyos.
A partir de ahí, nuestros instintos, nuestros corazones, nuestras almas, nuestro amor, nos guiaron con sus hilos, con sus fantásticos hilillos de luz para entregarnos por completo y para siempre, el uno al otro.
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Bella, mi amor, nuestra primera noche fue mágica, en realidad todas nuestras noches fueron mágicas. Cómo las extraño, como añoro volver a sentir como tu cuerpo y el mío se complementaban, como nos retorcíamos juntos, como los gemidos se mezclaban en el aliento del otro. Toqué el cielo a manos llenas a tu lado… y hoy, no tengo nada más que recuerdos y tu esencia marcada al rojo vivo en mi memoria.
Otra carta más y no sé si voy a resistir seguir leyendo…
Cada que abro una, el olor inconfundible de tu cuerpo se desprende, y me trae una vez más el doloroso recuerdo del porqué las escribiste.
Este es mi calvario mujer, este es mi castigo eterno…
Te amo, te amo, te amo, te amo ¡TE AMO! Y espero que desde donde estés puedas escuchar el grito de mi alma, clamando por tenerte nuevamente a su lado, a sabiendas que eso en esta vida no va a ser posible, y se consume en la soledad y a tristeza, la desesperanza la agobia por no saber si habrá una vida para ella después de esta.
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13 de Septiembre de 1934
Mi cumpleaños… sabes que nunca me ha gustado celebrarlo. Pero hoy más que nunca lo detesté, desperté y supe que no iba a ser un día bueno.
Sentí como la cama se removió y te fuiste, como lo haces las raras veces que duermes en nuestra cama. Sin mirarme, sin notarme, sin prestare un poco de atención. Haciéndome sentir más sola que nunca. Lloré en la soledad del lecho, con las sábanas que te cubrían contra mi pecho, sintiendo el olor inconfundible de tu cuerpo, de tu aliento. Alice llegó poco después y me encontró sumida en el más profundo de los abatimientos. Pero su entusiasmo desbordante, su carisma alegre fue contagioso, solo un poco, y preparamos junto con tu madre la cena, hicimos tu comida favorita a mí petición.
Sabía que no ibas a dejar tu estudio, sabía que no ibas a dejar de pintar por venir a cenar conmigo, en mi cumpleaños, así que les pedí que colocáramos una meza a tu lado, no quería celebrarlo sin ti, si es que se puede llamar celebración. Pero cuando estuvimos todos reunidos, Esme encendió las velas que adornaban el pastel.
"Me cambian la tonalidad de la luz con esas velas, apáguenlas y salgan." Murmuraste con monotonía, sin ningún sentimiento en tu voz. Las lágrimas se desbordaron de mis ojos una vez más. Carlisle te reprendió y Alice te gritó tan fuerte, pero no escuchaste, seguiste con tus pinceladas sobre el lienzo. No pude evitar salir corriendo y refugiarme en nuestro cuarto.
¿Dónde estás? Ese hombre que tiene la misma apariencia externa que tu ¿Qué te hizo?
Regresa, amor. Te necesito. Quiero que me abraces fuerte y me beses, haciéndome olvidar todo, haciéndome vagamente recordar todo como una terrible pesadilla. Ven y despiértame de este calvario.
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Rosalie's POV
El día siguiente llegó tan rápido que no nos dimos casi cuenta. Albert pasó muy puntual en su camioneta vieja por nosotros. Nos saludó, y mientras conducía nos advirtió que si esperábamos tener alguna información por parte de Elena no nos hiciéramos muchas ilusiones, su enfermedad estaba bastante avanzada, su pérdida de memoria estaba cada vez más grave y casi no se daba cuenta de quién era, de donde estaba, o de cualquier cosa a su alrededor.
Sin embargo, no quería desaprovechar la oportunidad de conocerla.
El acilo estaba ubicado a las afueras de Forks, colindaba con el espeso bosque. Era la hora de visita y no tuvimos inconvenientes en entrar, solo con el hecho de que los encargados del lugar se mostraron sorprendidos por nuestra presencia. Nadie, en los dos años que ella llevaba ahí la había visitado, claro, con la excepción de Albert, a quien por supuesto conocían muy bien.
Nos condujeron por unos pasillos a través de un patio central, en el cual había un árbol bajo, rodeado por demás plantitas de colores vivos, haciendo que el lugar se mostrara cálido a pesar de encontrarse en un lugar tan frio como lo es Forks, realmente el lugar se mostraba acogedor.
Llegamos a un inmenso prado, una especie de parque, ubicado en la parte trasera del lugar, donde había varios asientos fabricados de manera natural, con troncos, puestos por todo el lugar al igual que más plantas, y más allá se podía ver perfectamente un lago, rodeado por algunos árboles.
Seguimos a la enfermera y de reojo pude ver los ojos de Albert que se iluminaron con un brillo extraño, seguí su vista y en uno de los tantos bancos, bajo un inmenso árbol, estaba una mujer de aproximadamente 70 o 72 años, de cabello corto y blanco. Estaba con una pequeña matera en sus manos, con una florecita roja y con la mirada perdida, mientras acariciaba los delicados pétalos de la planta.
Estábamos parados justo en frente de Elena Hale Cullen, mi tía, realmente no cabía duda de que ella era hermana de mi abuelo, tenían un parecido gigantesco, los mismos rasgos faciales, la forma de los ojos y la nariz, la piel…
—Un hombre totalmente consumido en el dolor, ese hombre fue el que conocí durante mis diez primeros años de vida. Morir para él fue lo mejor que le pudo haber pasado. Era un hombre joven de edad, con 38 años a sus espaldas, pero con el sufrimiento en el alma totalmente marcado en su rostro, en su mirada, en su cuerpo completo.
"Los días sin el amor de su vida eran simplemente tiempo, eterno azotador. Pero a la vez pasaban sin importancia, sin relevancia alguna, solo por el hecho de que cada minuto que transcurría era un recordatorio más de que ella no estaba.
Nunca conocí a Bella, pero como él la describía… era una mujer sumamente hermosa, justamente como en su retrato, y el amor que aún después de muerta él le profesaba lograba hacerla ver aún más magnífica, su inocencia, su mirada, su sonrisa…
Pasaba días enteros en su estudio, sin comer y sin dormir, con la mirada perdida en ese pedazo de lienzo que se había convertido en su vida. Contemplar esa pintura era lo único que él tenía para vivir, esa pintura era la vida de su amada y la atesoraba más que a nada.
¿Qué pasaba por su cabeza? No lo sé. Solo sé algo de lo que su exterior muy vagamente reflejaba, apuesto a que su alma estaba aún más afligida.
Un día entré a su cuarto, y ahí lo encontré, acurrucado como un niño en medio de esa gigantesca cama. En ese momento no lo entendía, era pequeña para entender la magnitud de su dolor. Me acerqué y vi que gruesas lágrimas silenciosas se desbordaban de sus ojos, subí a su lado y lo abracé. Algo raro me pasó en ese momento, algo extraño me invadió…
'No llores, estaré contigo siempre' murmuré a su oído mientras limpiaba sus mejillas. Me miró por un instante, sus brazos se movieron y me envolvieron como si la vida se le fuera en ello.
'Te amo, te esperé por tanto tiempo.' Me dijo de regreso, con un brillo extraño en sus ojos. Yo no lo entendía en ese momento, no lo sabía. Sonrió y cerró sus ojos, para quedarse dormido eternamente. Ahora lo sé, ahora sé que Bella, su Bella habló a través de mí, habló a través de mí porque venía a llamarlo, a llevarlo con ella.
Es increíble pensar en que su obsesión la mató, aunque estoy convencida que él no tuvo la culpa, no la tuvo de ninguna manera… investigué, era un obsesivo compulsivo (1), y supe que fue en contra de su voluntad, era algo inmanejable que se apoderó lentamente de su juicio, sobrepasando incluso a sus inmensos sentimientos por ella, no fue su culpa aunque todos lo culpaban y lo tachaban de loco; mamá ni siquiera le hablaba, ella sufrió mucho también con la pérdida, papá trataba de ayudarlo al igual que la abuela y el abuelo, pero él los alejó.
Demasiado tarde le llegó la cordura, demasiado tarde."
Elena terminó de decir la última frase en un murmullo bajo, doloroso y lejano.
—Perdón. —dijo la enfermera. —ha estado diciendo eso desde que se despertó, lo repite constantemente.
Me quedé anonadada ante lo que me acababa de rebelar.
—No te preocupes Carmen, estaremos con ella solo un momento. —le informó Albert de manera sonriente mientras se sentaba a su lado y la tomaba por los hombros para acercarla a su cuerpo, dejando un delicado beso en el tope de su arrugada frente. La enfermera Carmen asintió en medio de una sonrisa y se fue.
Miré a Emmett y estaba igual de estupefacto que yo, me tomó de la mano y le dio un suave apretón.
Me arrodillé frente a ella, la hierba estaba húmeda. Me solté de Emmett y tomé entre mis manos la libre de Elena, la otra la tenía ocupada en su regazo con la planta, y sobre ella la mano de Albert. Realmente me hacía feliz que a pesar de que estuvo sin su familia en ese pueblo, haya encontrado a alguien que la acompañara, y que además de eso la amara.
Ese era otro de los interrogantes que tenía que solucionar ¿Por qué el abuelo se alejó tanto de su pasado? De eso me encargaría más tarde.
La miré, y por un momento me pareció que estaba mirándome, incluso pareció reconocerme, me sonrió.
—Hola, soy Rosalie Hale. —murmuré despacio—. Vine a Forks por casualidades del destino y me encontré con que mi abuelo Vladimir era de aquí. —le sonreí y su mirada se perdió nuevamente.
—Vladimir. —susurró.
—Sí, es tu hermano ¿verdad?
—Vladimir. —repitió.
—Sí. Él no me habló nunca de ti, por eso nunca pude venir a verte. Pero ahora estoy aquí y me da gusto conocerte.
—Vladimir. —Siguió mirando al objeto que tenía en sus manos y repitiendo el nombre del abuelo.
Nos quedamos un rato más y Albert se ofreció a llevarnos hasta el pueblo para comprar algo de comida y regresar a la casa, lo cual le agradecimos.
Regresar al confort de la casa, con el ambiente tan cargado de memorias nos hacía bien, o por lo menos a mí, un ambiente tranquilo para procesar la información que Elena nos había dado. Esto se estaba volviendo cada vez más interesante y esperaba que el diario me revelara muchas cosas más. Y esa no era la única visita que pensaba hacerle a Elena.
(1) Obsesivo compulsivo: Es un trastorno mental, de ansiedad, se muestra de manera progresiva. Pueden mostrarse síntomas desde edades muy tempranas.
En este caso, la obsesión de Edward era la pintura, pero no fue identificada como tal, sino confundida con una mera pasión, un simple gusto, debido a su innegable talento.
Cuando él pintaba, como se explica en varios fragmentos del fic, se abstraía y llegaba a perderse, al punto de que por ejemplo, cuando pintó al cisne o el jardín de lirios azules, no se había dado cuenta de lo que pintó sino hasta el final, cuando hubo dado las últimas pinceladas. Todas estas son pequeñas muestras de la progresión del trastorno.
Hasta aquí llego por hoy ** Gracias infinitas por sus comentarios, favoritos, alertas, por sus visitas clandestinas a leer ** es un pago verdaderamente genial…
Espero sus opiniones, y más explicaciones de lo que está pasando en cuanto al trastorno de Edward lo explicaré en unos capítulos más, no falta mucho la verdad ^_^
Gracias a Sol, fue una ayuda grande en este capítulo, no solo con su ayuda con música para mi inspiración, sino con su ayuda a corregir cosillas que no se entendían… te amu abu, gracias. Y Vicko… ella siempre anda ayudándome jeje gracias te amu.
Gracias por leer, y nos volveremos a leer pronto ;)
Beijos
Merce
